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La
bien pagá
Ná
te debo, ná te pido
me voy de tu vera
olvídame ya,
que he pagado con oro
tus carnes morenas
¡no maldigas, paya!
Que estamos en paz.
No te quiero, no me quieras,
si tó me lo diste
yo ná te pedí.
No me eches en cara
que tó lo perdiste,
también a tu vera
yo tó lo perdí.
Bien pagá,
si tú eres la bien pagá
porque tus besos compré
y a mí te supiste dar
por un puñao de parné.
Bien pagá, bien pagá,
bien pagá fuiste, mujer.
No te engaño, quiero a otra.
No creas or éso
que te traicioné.
No cayó en mis brazos,
me dió sólo un beso,
el único beso
que yo no pagué.
Ná te pido, ná me llevo
entre estas paredes
dejo sepultás
penas y alegrías
que te di y me diste
y esas joyas que ahora
pá otro lucirás.
Bien pagá,
si tú eres la bien pagá
porque tus besos compré
y a mí te supiste dar
por un puñao de parné.
Bien pagá, bien pagá,
bien pagá fuiste, mujer.
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No
me digas que no
A
la vera del agua
tengo
un barco de vela
que
es de miel y canela
de
plata y cristal.
Un
barquito de ensueño
que
es la envidia del mar.
Y
sin que “naide” lo sepa
en
ese barco encantao’
tengo
un cariño encerrao’
que
“naide” lo ve.
Ese
cariño es el tuyo,
que
es mi pasión y mi orgullo
y
mi gloria y mi ley.
No
tengas celos de mí,
que
es un pecao’ mortal
eso
que vas tú diciendo
y
estás murmurando
de
mi voluntad.
No
tengas celos de mí,
ni
dudes de mi querer,
que
si yo vivo y si muero
y
es por que te quiero
de
veras, mujer.
Que
de mí, tú nunca debes dudar,
porque
tú mandas en mi voluntad.
Vente
tú, mi morena,
vente
a Puerta de Tierra,
que
hay un barco de guerra
y
lo vamos a ver.
Vente
tú, mi serrana
y
verás tú que bien.
Y
luego los dos juntitos,
daremos
un paseito
y
tomaremos un chatito
de
vino del tres.
Vente
conmigo, serrana,
que
ese vinillo da ganas...
y
nos va a sentar bien.
No
tengas celos de mí,
que
es un pecao’ mortal
eso
que vas tú diciendo
y
estás murmurando
de
mi voluntad.
No
tengas celos de mí,
ni
dudes de mi querer,
que
si yo vivo y si muero
y
es por que te quiero
de
veras, mujer.
¡Ay!,
nooo... no.
No,
no me digas que no,
que
tú a mí siempre me has dicho que sí,
que
sí, que sí, que sí...
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Dale
arroz
La gitana Catalina,
que hace poco se casó,
a su esposo el Chamusquina
la comía' preparó.
¡Ay!, que toma y que dale,
que le puso arroz
¡Ay!, que toma y que dale,
que le puso arroz.
Por hablar con la vecina,
la paella se pegó
y el calé cuando tragaba
to' el gañote se quemó.
¡Ay!, que toma y que dale,
que se achicharró
¡Ay!, que toma y que dale,
que se achicharró.
Y la suegra con las de un gato,
con el deo' así de tieso,
dijo señalando el plato:
¡Ay!, si hablando tu esposa
con una vecina,
llenita de humo tú ves la cocina
y está la comida igual que el tizón.
Al tomar por el cuello a la indina:
¡Catalina!, ¡Catalina!
Dale arroz, toma arroz, dale arroz.
El gitano, que es cumplio',
al café se la llevó
y un tazón de chocolate
muy caliente le encargó.
¡Ay!, que toma y que dale,
también se quemó,
¡Ay!, que toma y que dale,
también se quemó.
Pues creyéndolo ella frío,
lo bebió de un sorbetón
y al mirarla abrasaito,
él de dijo: ¡Toma arroz!
¡Ay!, que toma y que dale,
que me las pagó,
¡Ay!, que toma y que dale,
que me las pagó.
Y la suegra con gran tomate
a la nuera le decía:
¡Anda y toma chocolate!
¡Ay!, si hablando tu esposa
con una vecina,
llenita de humo tú ves la cocina
y está la comida igual que el tizón.
Y al tomar por el cuello a la indina:
¡Catalina!, ¡Catalina!
Dale arroz, que toma arroz, que dale arroz.
De merienda, Catalina,
a la suegra convidó
y un canasto con mojama
y guindillas se llevó.
¡Ay!, que toma y que dale,
la suegra picó,
¡Ay!, que toma y que dale,
la suegra picó.
La mojama y las guindillas
la inocente se zampó.
Y después que quiso agua,
la otra dijo: ¡Se olvió'!
¡Ay!, que toma y que dale,
la suegra rabió,
¡Ay!, que toma y que dale,
la suegra rabió.
La nuera con gran salero
al mirar que se avanzaba,
dijo: ¡Voy por los perreros!
¡Ay!, si hablando tu esposa
con una vecina,
llenita de humo tú ves la cocina
y está la comida igual que el tizón.
Y al tomar por el cuello a la indina:
¡Catalina!, ¡Catalina!
Toma arroz, que dale arroz, que toma arroz.
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Ojos
verdes
Apoyá
en el quicio de la mansebía,
miraba encenderse la noche de mayo
pasaban los hombres y yo sonreía,
hasta que en mi puerta paraste el caballo.
¡Serrana! ¿me das candela?
y yo te dije: Gaché
ven y tómala en mis labios
y yo fuego te daré.
Dejaste
el caballo y lumbre te di
y fueron dos verdes luceros de mayo
tus ojos pa mí.
Ojos verdes, verdes
como l'arbahaca,
verdes como el trigo verde,
y el verde, verde limón.
Ojos
verde, verdes
con brillo de facas
que s'han clavaíto en mi corazón
Pa mi ya no hay soles, luceros ni luna,
no hay más que unos ojos que mi vida son.
Ojos verdes, verdes
como l'arbahaca,
verdes como el trigo verde,
y el verde, verde limón.
Vimos
desde el cuarto despertar el día,
y anunciar el alba la torre la vela
dejaste mis brazos cuando amanecía,
y en mi boca un gusto de menta y canela.
¡Serrana! para un vestío
yo te quiero regalar
y yo te dije: ¡estas cumplío!
No me tienes que dar ná.
Subiste
al caballo, te fuiste de mi
y nunca otra noche más bella de mayo
he vuelto a vivir.
Ojos verdes, verdes
como l'arbahaca,
verdes como el trigo verde,
y el verde, verde limón.
Ojos
verde verdes, con brillo de facas
que s'han clavaíto en mi corazón
Pa mi ya no hay soles, luceros ni luna,
no hay más que unos ojos que mi vida son.
Ojos verdes, verdes
como l'arbahaca,
verdes como el trigo verde,
y el verde, verde limón.
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NOTA:
SI tienes la letra de otras canciones del repertorio clásico de
Miguel de Molina te agradecemos que nos envíes las mismas o la
forma de localizarlas. Esto enriquecerá esta pagina. |
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| ISLA
TERNURA |
PLAYA |
NO
ERES EL ÚNICO |
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