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Marco Valerio Marcial, poeta hispano romano, fue uno de los más notables escritores de
epigramas satíricos de la antigüedad. Sus versos ofrecen un retrato vivo
y en ocasiones nada halagüeño de la Roma imperial durante la segunda
mitad del siglo I d.C.
Marcial nació en Bílbilis
(actual Calatayud) y alrededor del año 64 d.C. se fue a Roma en busca de
fortuna. En esta ciudad llevó la vida de un hombre de letras itinerante y
pobre. Entre sus amistades figuraban eminentes literatos y hombres de
leyes, como Plinio el Joven, Juvenal y Quintiliano. Posteriormente se ganó
el favor de los emperadores Tito y Domiciano, y fue nombrado miembro del
orden ecuestre (una clase de ciudadanos con fortuna, al margen del orden
senatorial).
Pero si en la provincia hispánica
ansió la vida
cortesana y pletórica de Roma, en Roma añorará el suave transcurrir
y la tranquilidad segura de su Bilbilis natal, a donde acabará por
regresar, cumplidos ya los sesenta, y donde al fin morirá, hacia el
año 104.
Cuando Marcial llega a Roma piensa
acogerse a la protección de algunos ya célebres literatos hispanos,
como Séneca, Quintiliano, Lucano y algunos otros. Se ha
producido sin embargo la conjura de Pisón, en la que aquellos están
implicados, y Nerón condena sin paliativos a una parte de ellos. El
camino de Marcial se complica en una Roma de grandes arquitecturas,
magníficos literatos, pero llena de desilusión y cansada del mal
gobierno de la dinastía Julia. La paz de los Flavio cambia las cosas
y la ciudad recobra la calma y su pulso habitual. Marcial encuentra
otros protectores y amigos (además del calagurritano Quintiliano,
Silio Itálico y Plinio el Joven especialmente), y tras casi catorce
años de sinsabores y de deambular por los círculos literarios de la
ciudad logra cierta fama, refrendada definitivamente gracias a los
poemas escritos en honor de los juegos y fiestas organizados por el
emperador Tito para inaugurar el coliseo Flavio.
Encarrilada su carrera, Marcial publica
hacia el año 85 dos nuevos libros de composiciones breves -
Xenia y Apophoreta - realizados para que sirvieran
como acompañamiento a la costumbre de enviarse regalos entre los
amigos en las Saturnales (algo similar a nuestro 6 de enero). A
continuación vienen los doce libros de Epigramas, con los que
Marcial conseguirá ser leído por todos los rincones del
Imperio.
Su situación económica nunca fue sin
embargo muy buena, ligada a los avatares del clientelismo hacia los
poderosos. Sus mejores momentos estuvieron ligados a los favores
concedidos por el emperador Domiciano. Regalo de éste (o quizás de
Seneca), poseyó una finca en Nomentum, y también una muy modesta
vivienda en Roma, en el último piso de una ínsula, igualmente donada
por Domiciano. Marcial siempre se quejará de la falta de dinero y de
lo escasamente lucrativa que era la dedicación del poeta. Con los
años Marcial se cansa. Añora su tierra natal. Y poco después de la
muerte de Domiciano, decide regresar a Bilbilis, en un viaje
costeado por su amigo Plinio. En Bilbilis pudo vivir gracias a la
generosidad de su admiradora Marcela, que le regaló una finca donde
transcurrieron los últimos años de su vida, siempre disconforme,
recordando con los fastos de la vituperada Roma.
Entre las razones de su gran
popularidad, está sin duda el hecho de que fuera un escritor sin
artificio, situado a pie de calle, de donde obtiene su inspiración.
Nadie como él para describir en coloridos bodegones y cuadros
callejeros la agitación de la vida romana. Marcial conoce bien la
ciudad y sus gentes: de sus obras podría levantarse un plano de la
misma -angostas callejas, barro, pretores, negras tabernas,
barberos, carniceros- y pintarse un cierto retrato de sus gentes: el
comensal parásito, la vieja borracha, el presumido, el adulador, el
abogado charlatán, etc. Pero también Marcial sorprende como
exquisito poeta elegíaco y lírico:
Su Liber spectaculorum,
la obra más antigua de las que se conservan de este autor, celebra los
actos de inauguración del Coliseo, presididos por Tito en el año 80. Sus
Epigramas posteriores (86-102) abarcan doce volúmenes que incluyen los más
de 1.500 poemas breves en los cuales se basa su fama.
Los epigramas, de métrica
y estrofa variable, atacan las debilidades universales, aunque en su mayoría
están dirigidos a un individuo, real o imaginario, y marcados por una
visión cínica de la naturaleza humana y un ingenioso y mordaz giro de la
frase. Unos lamentan la mezquindad de los patronos, otros piden préstamos
o favores; los dirigidos al emperador Domiciano parecen artificiales e
intencionadamente halagadores.
Muchos reflejan la brillante vida romana, y
en ellos se pone de manifiesto la admiración de Marcial por el heroísmo
del pueblo romano en los días de la República, el afecto hacia los
propios amigos y su amor por la vida campestre. La mordacidad de su obra
sentó las bases del epigrama moderno.
Tenía un extraordinario poder de concentración
cómica, similar al de Aristófanes o Plauto, al que se unían su gran
capacidad de improvisación, su ingenio agudo y sus dotes de observación.
En sus poemas ofrece una visión penetrante de la sociedad y pinta
con maestría la vida cotidiana de Roma, con sus chismes, anécdotas y
sucesos.
Cataloga diferentes tipos de hombres: el débil, el
criticón, el charlatán; sin embargo, y a diferencia de los poetas
satíricos, cuando el ataque es grosero designa a sus víctimas mediante
pseudónimos. En realidad, con su burla mordaz no pretende
moralizar, ya que él mismo es un parásito.
"Se oculta y al mismo tiempo fulgura,
escondida en una gota de sol, y se diría que la abeja está encerrada
en su propio néctar. ¡Digna recompensa logró tanta laboriosidad¡ No
es difícil creer que ella misma quisiera morir así".
Cuando Plinio tuvo conocimiento de la
muerte de Marcial, escribió: "Me acabo de enterar de que Valerio
Marcial ha muerto y bien que lo siento. Era un hombre ingenioso,
agudo, picante y que escribía con mucha hiel y sal, pero también con
ternura... El me dio todo lo que pudo y me habría dado más si
hubiese podido. pero ¿qué cosa mejor puede darse a un hombre que
glora, alabanza y eternidad? No será eterno lo que escribió, tal vez
no lo será, mas él lo escribió como si lo fuera.
Adiós".
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(Epigramas, Libro X, 96)
Te sorprendes, Avito amigo,
de que con tanta frecuencia hable de pueblos remotos, yo que me hice
viejo en Roma, de que esté sediento del aurífero Tajo y del Jalón de
mi patria, y que añore los campos humildes de mi granja bien
abastecida. Me gusta aquella tierra en donde las cosas pequeñas me
hacen feliz y donde escasos recursos bastan para enriquecer: aquí se
alimenta al campo, allí es el campo quien alimenta; con un fuego
miserable se calienta aquí el hogar, allí resplandece con una
hermosa luz; aquí una hambre por la que hay que dar dinero, y un
mercado enloquecedor; allí una mesa dispuesta con las riquezas de su
propio campo; aquí durante el verano se gastan cuatro togas, y a
veces más; allí durante cuatro otoños me cubre tan sólo una. Anda,
ronda ahora a esos reyes, teniendo un lugar que te puede dar, Avito,
lo que no te da ni un amigo.
La
vida feliz (Epig. X 47)
Las cosas que hacen más feliz la vida, gratísimo
Marcial, son éstas: una hacienda no conseguida con esfuerzo, sino
heredada; un campo no desagradecido, un fuego permanentemente encendido;
un pleito nunca, la toga en pocas ocasiones, el espíritu tranquilo; unas
fuerzas de hombre libre, un cuerpo sano; una sencillez prudente, amigos de
igual condición; convites fáciles, una mesa sin aparato; una noche no
ebria, sino libre de cuidados; un lecho no triste y sin embargo casto; un
sueño que haga breves las tinieblas; querer ser lo que eres y no preferir
otra cosa; no temer el último día, ni desearlo.
Virtuosa
miseria (Epig. XI 56)
Porque alabas en exceso, estoico
Queremón, la muerte
¿quieres que me asombre y admire tu grandeza de alma? Esa virtud te la
proporciona un cántaro con el asa rota y un hogar triste que no se caldea
con ningún fuego, y una estera y una chinche y el armazón de una cama
desnuda y una toga corta y la misma durante el día y la noche. ¡Oh qué
gran hombre eres que puedes carecer de los posos de un vinagre rojizo y de
un colchón de paja y de pan negro! Ea, que tu almohada se hinche con lana
de Laconia y que una púrpura nueva rodee tu lecho y que duerma contigo el
adolescente que hace un momento, cuando servía el cécubo, había
atormentado a los invitados con su boca de rosa: ¡Oh cómo desearías tú
vivir tres veces los años de Néstor y cómo querrías no desperdiciar un
momento de un solo día! En situaciones de miseria es fácil despreciar la
vida: obra valientemente el que puede vivir en la miseria.
Una
versión de los epigramas en formato PDF (Publicación número 2.388
de la Institución «Fernando el Católico» (Excma. Diputación de
Zaragoza)) puede localizarse en el site www.dpz.es/ifc/libros/ebook2388.pdf
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