1903  -  1956

 

Breve Antología de César Moro 

por John Martínez Gonzales



LA TORTUGA ECUESTRE
(1938-1939)


OH FUROR EL ALBA SE DESPRENDE DE TUS LABIOS
Vuelves en la nube y en el aliento
Sobre la ciudad dormida
Golpeas a mi ventana sobre el mar
A mi ventana sobre el sol y la luna
A mi ventana de nubes
A mi ventana de senos sobre frutos ácidos
Ventana de espuma y oleaje
Sobre altas mareas vuelven los peñascos en delirio y la alucina-
             ción precisa de tu frente
Sobre altas mareas tu frente y más lejos tu frente y la luna es tu
             frente y  un barco  sobre el mar y las adorables tortugas
              como  soles poblando  el mar y  las algas nómadas y las que
              fijas  soportan  el oleaje y el galope de  nubes  persecutorias
              el  ruido  de las conchas  las  lágrimas  eternas  de los  coco-
              drilos  el paso de las ballenas  la creciente del Nilo el  polvo
              faraónico  la  acumulación  de  datos  para  calcular  la  velo-
              cidad  del crecimiento  de   las  uñas en  los tigres jóvenes la
              preñez  de la  hembra  del  tigre  el  retozo  del  albor  de  los
              aligatores  el  veneno  en  copa de  plata las primeras huellas
              humanas  sobre el mundo tu  rostro  tu  rostro  tu  rostro 
Vuelven  como el  caparazón  divino de  la  tortuga   difunta  envuelto
            en luz de nueve
El  humo  vuelve   y  se  acumula  para  crear   representaciones  tangi
            bles de tu presencia sin retorno
El  pelo  azota  el  pelo   vuelve  no  se  mueve el pelo golpea sobre un
             tambor   finísimo  de  algas   sobre  un  tambor   de  ráfaga  de 
             viento
Bajo  el  cielo  inerme  venciendo  su  distancia golpeas sin sonido
La  fatalidad   crece  y  escupe   fuego  y  lava  y  sombra  y  humo  de
           panoplias y espadas para impedir tu paso
Cierro  los  ojos y  tu imagen  y  semejanza  son  el mundo
La  noche  se  acuesta  al lado mío y empieza el dialogo al que asistes
             Como   una  lámpara   votiva  sin  un  murmullo  parpadeando
             y  abrazándome  con  una  luz  tristísima  de  olvido  y de casa
             vacía  bajo  la  tempestad  nocturna
El día se levanta en vano
Yo  pertenezco  a  la   sombra  y  envuelto  en sombra yazgo sobre un 
             lecho de lumbre.



EL FUEGO Y LA POESIA

 
En el agua quemante el sol refleja la mano de cenit


I

Amo el amor
El martes y no el miércoles
Amo el amor de los estados desunidos
El amor de unos doscientos cincuenta años
Bajo la influencia  nociva del  judaísmo  sobre  la vida monástica
De las aves de  azúcar de  heno de  hielo  de alumbre o de bolsillo
Amo el amor de faz sangrienta con dos inmensas puertas al vacío
El amor como apareció en  doscientas cincuenta entregas durante
             cinco años
El amor de economía quebrantada
Como el país más expresionista
Sobre millares de seres desnudos tratados como bestias
Para adoptar esas sencillas armas del amor
Donde el crimen pernocta y bebe agua clara
De la sangre más caliente del día



II
 
Amo el amor de ramaje denso
salvaje al igual de una medusa
el amor-hecatombe
esfera diurna en que la primavera total
se columpia derramando sangre
el amor de anillos de lluvia
de rocas transparentes
de montañas que vuelan y se esfuman
y se convierten en minúsculos guijarros
el amor como una puñalada
como un naufragio
la pérdida total el habla del aliento
el reino de la sombra espesa
con los ojos salientes y asesinos
la saliva larguísima
la rabia de perderte
el frenético despertar en medio de la noche
bajo la tempestad que nos desnuda
y el rayo lejano transformando los árboles
en leños de cabellos que pronuncian tu nombre
los días y las horas de desnudez eterna.




LA VIDA ESCANDALOSA DE CESAR MORO
 

Dispérsame  en  la  lluvia  o  en  la humareda  de  los  torrentes que 
           pasan
Al margen de la noche en que nos vemos tras el correr de nubes
Que se muestran a los ojos de los amantes que salen
De sus poderosos castillos de torres de sangre y de hielo
Teñir el hielo rasgar el salto de tardíos regresos

Mi amigo el Rey me acerca a su tumba real y real
Donde Wagner hace la guardia a la puerta con la fidelidad
Del can royendo el hueso de la gloria
Mientras lluvias intermitentes y divinamente funestas
Corroen el peinado de tranvía aéreo de los hipocampos relapsos
Y homicidas transitando la terraza sublime de las apariciones
En el bosque solemne carnívoro y bituminoso
Donde los raros paseantes se embriagan los ojos abiertos
Debajo de grandes catapultas y cabezas elefantinas de carneros
Suspendidos según el gusto de Babilonia o del Transtévere
El río que corona tu aparición terrestre saliendo de madre
Se precipita furioso como un rayo sobre los vestigios del día
Falaz hacinamiento de medallas de esponjas de arcabuces
Un toro de significativa alegría muerde el seno o cúpula
De un templo que emerge en la luz afrentosa del día en medio
           de las ramas podridas y leves de la hecatombe forestal

Dispérsame   el vuelo de los caballos migratorios
En el aluvión de escorias coronando el volcán longevo del día
En la visión  aterradora que persigue al hombre al acercarse  la
          Hora  entre todas  pasmosa del mediodía
Cuando las  bailarinas hirvientes están a punto de ser decapitadas
Y el hombre  palidece en la sospecha  pavorosa de la aparición de-
            finitiva trayendo  entre los  dientes  el oráculo legible como
             sigue:

	Una  navaja sobre un caldero atraviesa un cepillo de cerdas 
de dimensión ultrasensible; a  la  proximidad  del  día las cerdas se 
alargan  hasta  tocar  el crepúsculo; cuando la noche se acerca las 
cerdas se transforman en una lechería de apariencia modesta y campesina. 
Sobre la navaja vuela un halcón devorando un  enigma  en forma  de  
condensación  de vapor; a veces es un cesto colmado de ojos de  
animales y de  cartas de  amor llenas  con una sola letra; otras veces un perro
laborioso  devora  una cabaña  iluminada  por  dentro. La oscuridad 
envolvente puede interpretarse como una ausencia  de pensamiento 
provocada por la proximidad invisible de  un  estanque  subterráneo  habitado 
por tortugas de primera magnitud.

	
El viento se levanta sobre la tumba real
Luis II de Baviera despierta entre los escombros del mundo
Y sale a visitarme trayendo a través del bosque circundante
Un tigre moribundo
Los árboles vuelven a ser semillas y el bosque desaparece
Y se cubre de niebla rastrera
Miríadas de insectos ahora en libertad ensordecen el aire
Al paso de los dos más hermosos tigre del mundo..                




EL CASTILLO DE GRISU
(1939-1941)


LLAMADO A LOS TRES REINOS
 
Hablo a los tres reinos
al tigre sobre todo
más susceptible de escucharme
a las limaduras a la carbonilla
al viento que no se sitúa en ninguno de los tres reinos
para la tierra habría que usar un lenguaje de cieno
para el agua un lenguaje de ventosa
para el fuego apretar la poesía en un torno y romper el cráneo
               atroz de las iglesias
 
Hablo a  los sordos de orejas tumefactas
a los mudos más imbeciles que su silencio impotente
huyo de los ciegos pues no podrán comprenderme
todo el drama sucede en el ojo y lejos del cerebro
 
Hablo de un cierto encanto incomprensible
de un habito desconocido e irreducible
de ciertas lágrimas secas
que pululan sobre el rostro del hombre
del silencio que resulta el gran grito del nacimiento
de este instinto de muerte que nos subleva
a nosotros los mejores de entre los hombres
cada mañana se hace tangible bajo la forma de una medusa
        sangrante a la altura del corazón.
 
Hablo a mis amigos lejanos cuya imagen confusa
tras una cortina de estrépito de cataratas
me deleita como una esperanza inaccesible
bajo la campana de un buzo
simplemente en la soledad de un claro de bosque.



EL DOMINIO ENCANTADO

Ni un dedo se alza sin que fluya la amargura
Lágrima a lágrima en un mundo de olvido
Sin que el ojo  noche por noche cierre sus puertas al amor
Sin que una falsa embriaguez descorazonada abra su herida
Sin que un hilo se rompa por siempre jamás 

Por un tiempo acostumbrado por un tiempo desierto
De la aventura no queda cuando deberían salvarse los restos
Sino polvo y sombra de polvo
Y sed de tierra barrida por el hastió
Para que una vez al fin se alce el reflejo sin encanto 
De una muerte sin enigma.




CARTA
 1939


III

         Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio de mi sueño 
y me levantas y como un dios, como un autentico dios, como el único y 
verdadero, con la injusticia de los dioses, todo negro dios nocturno, todo 
de obsidiana con tu cabeza de diamante, como un potro salvaje, con tus 
manos salvajes y tus pies de oro que sostienen tu cuerpo negro, me 
arrastras y me arrojas al mar de las torturas y de las suposiciones.
          Nada existe fuera de ti, sólo el silencio y el espacio. Pero tu eres
el espacio y la noche, el  aire y  el agua que bebo, el  silencioso  veneno
y el volcán en cuyo abismo  caí hace  tiempo,  hace  siglos,  desde  antes  
de  nacer,  para que  de  los cabellos  me  arrastres  hasta  mi  muerte.   
Inútilmente   me debato,  inútilmente pregunto. Los dioses son mudos; 
como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed 
quemante de mi vida.
          ¿Para qué resistir a tu poder? Para qué  luchar con tu fuerza de 
rayo, contra tus brazos  de  torrente; si  así  ha de ser,  si  eres  el punto, 
el polo que imanta mi vida. 
           Tu historia es la historia del hombre. El gran drama en que mi existencia 
es el zarzal ardiendo, el objeto de tu venganza cósmica, de tu rencor de acero. 
Todo sexo y todo fuego, así eres. Todo hielo y  todo sombra,   así eres: 
hermoso demonio de la noche, tigre implacable de testículos de estrella, 
gran  tigre negro de semen inagotable de nubes inundando el mundo.
        Guárdame junto a ti, cerca de tu  ombligo en  que principia el aire;
cerca  de tus axilas donde se acaba el aire. Cerca de tus pies y cerca de
tu manos. Guárdame junto a ti.
         Seré tu sombra y  el  agua de  tu sed, con ojos; en tu sueño seré aquel
punto luminoso  que  se agranda y  lo convierte  todo en lumbre; en  tu  
lecho al dormir oirás  como  un  murmullo y un  calor a  tus  pies  se  anudará  
e   irá  subiendo y lentamente se apoderará de tus miembros y un gran descanso
tomará tu cuerpo y al extender tu mano sentirás un cuerpo extraño, helado:  
seré yo. Me llevas en tu sangre y en tu aliento, nada podrá borrarme. 
Es inútil tu fuerza para ahuyentarme, tu  rabia  es menos  fuerte que  mi  
amor; ya tú  y yo unidos para siempre, a pesar tuyo,  vamos  juntos. 
En el  placer que tomas lejos de  mi  hay un  sollozo y tu nombre. 
Frente a tus ojos el fuego inextinguible.

                                                                                18 de junio de 1939




HOMENAJE DE EMILO ADOLFO WESTPHALEN


CÉSAR MORO

Por un campo de miga de pan se alarga desmesuradamente una manecilla de
reloj
Alternativamente se iluminan o se apagan en ella unos ojos de cangrejo o
serpiente
Al contraluz emerge una humareda de pestañas caladas
Y dispuestas como una torre que simulara una mujer al desvestirse
Otros animales más familiares como el hipopótamo o el elefante
Hallan su camino entre el hueso y la carne
Una red de ojos de medusa impide el tránsito
Por el arenal que se extiende como una mano abandonada
A cada paso una bola de marfil dice si el aire es verde o negro
Si los ojos pesan iguales en una balanza cruzada de cabellos
Y encerrada en un acuario instalado en lo alto de una montaña
Rebalsando a veces y arrojando a veces como una catapulta
Cadáveres rosados o negros o verdes de niños a los ocho extremos
Cadáveres pintados según las cebras o los leopardos
Y que al caer se abren tan hermosamente como una caja de basura
Extendida en medio de un patio de mármol rosado
Atrae a los alacranes y a las serpientes de aire
Que zumban como un molino dedicado al amor

Aparte un hombre de metal llora de cara a una pared
Visible únicamente al estallar cada lágrima.



(de Belleza de una espada clavada en la lengua)



HOMENAJE DE ENRIQUE MOLINA

NO HAY SOMBRAS ALLI

A André Coiné

A solas en la sed del gran sol negro
sólo para él idéntico al sol de todos en el viento de las islas
César Moro

Era de noche cuando lo conocí tal vez sería su casa
                     La luz frontal
de una lámpara
me enceguecía
             El Gran Inquisidor
interrogando hasta el fondo de su entraña
a todo ser y cosa de este reino -su mundo-
arena y sol eternos del Perú
                     Más allá
de la sórdida baba del día de los muertos
la antorcha de gaviotas
su juramento nunca roto de meteoro del sueño su secreto
   poder inmemorial
de atravesar los muros la luz pura del desdén
aura de fruta de paraíso arcaico
devuelta por las olas
y la ultima vez que me encontré con el en carne y hueso
y llamarada de vida palpitante
poco antes de morir
completamente vestido sobre su lecho en viaje
como Rimbaud sobre las angarillas a través del infierno
en su mansión de naufrago
el piso prolongado por el talud marino cubierto de retratos
    y corbatas
hasta el sordo movimiento horizontal de las nubes remotas.

La habitación atravesada siempre por una gran corriente
de alcatraces
la cafetera y el oro enterrado vivo
del rescate para pagar la muerte
el hervidero de su voz de vértigo
una costa caliente
                           sin olvido
Tierra minada por su voz humana
perdido reaparece
en los brazos eternos de la noche de las caricias
en las grandes mutaciones aladas
pasan de un reino a otro los amantes
un trago de pisco un rugido de espumas ávidas
la hermosa ira del amor sin perdón
un conjuro o un canto atronador de grandes piedras
entrechocadas sin fin en la bahía
las mandíbulas roncas del océano
la delicia inaudita del amor hasta el ultimo refugio.

Tan delicada es toda lejanía tan implorante
envueltas en vendas
las vendedoras de pescado frito en la escollera
las azoteas con balaustras de madera de insomnio
              Lima de la memoria
una segregación lasciva
de escapularios y caderas viciosas reverberando entre
      las oraciones
el redoblar de crótalo adánico del tambor
el "cajón" bajo las palmas negras
    tanto tiempo
yo estaba entre las fauces errantes del amor
sobre senos torturados por un río de plumas
te veía pasar el más puro hasta siempre
el más desnudo
en tu gran habitación de sal gema
con una mirada burlona a través de los hilos dorados
     de la muerte
con el cetro del día
                               César Moro
en el enigma de la avalancha
tu fabulosa tortura de salir de la jaula
el gran filtrado por los pájaros
has devorado tus plátanos de la isla y tu cebiche de
     Guermantes
en todas direcciones el sabor de la vida
con tus labios oscuros
                                  un clima vagabundo
                                  Lima
resucitada de la costa
envuelta en niebla
tu perfil de cometa en el cielo de lo imprevisto
tu perfil de relámpago en el alma
y no hay sombras allí
el león del Aduanero se acerca y lo olfatea
el olor a pasión  de la manigua
                                    el gran perfume
de un corazón desesperado donde arden vivas todas las palabras
César Moro en su atmósfera carnívora de las constelaciones
  de otro cielo
de aorta confundida con las algas
al pie de su gran dolmen de la luna peruana
             el suyo
un grito de adiós
el salvaje testimonio de una aventura de los absoluto.

(de Los últimos soles.)

 

 

 

 

 

 

 

 

John Martínez Gonzales: Nació el 01 de abril de 1981 en Lima, Perú. Dirigió las revistas:"Ventana de Medusa" y "La Noche Boca Arriba". Actualmente radica en Buenos Aires.  Ha realizado esta importante compilación de los poemas de Cesar Moro para la web argentina aquí referenciada.

FUENTE: http://www.zapatosrojos.com.ar

Más información: nochebocarriba@hotmail.com

 

 

 

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