Vuelves en la nube y en el aliento
Sobre la ciudad dormida
Golpeas a mi ventana sobre el mar
A mi ventana sobre el sol y la luna
A mi ventana de nubes
A mi ventana de senos sobre frutos ácidos
Ventana de espuma y oleaje
Sobre altas mareas vuelven los peñascos en delirio y la alucina-
ción precisa de tu frente
Sobre altas mareas tu frente y más lejos tu frente y la luna es tu
frente y un barco sobre el mar y las adorables tortugas
como soles poblando el mar y las algas nómadas y las que
fijas soportan el oleaje y el galope de nubes persecutorias
el ruido de las conchas las lágrimas eternas de los coco-
drilos el paso de las ballenas la creciente del Nilo el polvo
faraónico la acumulación de datos para calcular la velo-
cidad del crecimiento de las uñas en los tigres jóvenes la
preñez de la hembra del tigre el retozo del albor de los
aligatores el veneno en copa de plata las primeras huellas
humanas sobre el mundo tu rostro tu rostro tu rostro
Vuelven como el caparazón divino de la tortuga difunta envuelto
en luz de nueve
El humo vuelve y se acumula para crear representaciones tangi
bles de tu presencia sin retorno
El pelo azota el pelo vuelve no se mueve el pelo golpea sobre un
tambor finísimo de algas sobre un tambor de ráfaga de
viento
Bajo el cielo inerme venciendo su distancia golpeas sin sonido
La fatalidad crece y escupe fuego y lava y sombra y humo de
panoplias y espadas para impedir tu paso
Cierro los ojos y tu imagen y semejanza son el mundo
La noche se acuesta al lado mío y empieza el dialogo al que asistes
Como una lámpara votiva sin un murmullo parpadeando
y abrazándome con una luz tristísima de olvido y de casa
vacía bajo la tempestad nocturna
El día se levanta en vano
Yo pertenezco a la sombra y envuelto en sombra yazgo sobre un
lecho de lumbre.
EL FUEGO Y LA POESIA
En el agua quemante el sol refleja la mano de cenit
I
Amo el amor
El martes y no el miércoles
Amo el amor de los estados desunidos
El amor de unos doscientos cincuenta años
Bajo la influencia nociva del judaísmo sobre la vida monástica
De las aves de azúcar de heno de hielo de alumbre o de bolsillo
Amo el amor de faz sangrienta con dos inmensas puertas al vacío
El amor como apareció en doscientas cincuenta entregas durante
cinco años
El amor de economía quebrantada
Como el país más expresionista
Sobre millares de seres desnudos tratados como bestias
Para adoptar esas sencillas armas del amor
Donde el crimen pernocta y bebe agua clara
De la sangre más caliente del día
II
Amo el amor de ramaje denso
salvaje al igual de una medusa
el amor-hecatombe
esfera diurna en que la primavera total
se columpia derramando sangre
el amor de anillos de lluvia
de rocas transparentes
de montañas que vuelan y se esfuman
y se convierten en minúsculos guijarros
el amor como una puñalada
como un naufragio
la pérdida total el habla del aliento
el reino de la sombra espesa
con los ojos salientes y asesinos
la saliva larguísima
la rabia de perderte
el frenético despertar en medio de la noche
bajo la tempestad que nos desnuda
y el rayo lejano transformando los árboles
en leños de cabellos que pronuncian tu nombre
los días y las horas de desnudez eterna.
LA VIDA ESCANDALOSA DE CESAR MORO
Dispérsame en la lluvia o en la humareda de los torrentes que
pasan
Al margen de la noche en que nos vemos tras el correr de nubes
Que se muestran a los ojos de los amantes que salen
De sus poderosos castillos de torres de sangre y de hielo
Teñir el hielo rasgar el salto de tardíos regresos
Mi amigo el Rey me acerca a su tumba real y real
Donde Wagner hace la guardia a la puerta con la fidelidad
Del can royendo el hueso de la gloria
Mientras lluvias intermitentes y divinamente funestas
Corroen el peinado de tranvía aéreo de los hipocampos relapsos
Y homicidas transitando la terraza sublime de las apariciones
En el bosque solemne carnívoro y bituminoso
Donde los raros paseantes se embriagan los ojos abiertos
Debajo de grandes catapultas y cabezas elefantinas de carneros
Suspendidos según el gusto de Babilonia o del Transtévere
El río que corona tu aparición terrestre saliendo de madre
Se precipita furioso como un rayo sobre los vestigios del día
Falaz hacinamiento de medallas de esponjas de arcabuces
Un toro de significativa alegría muerde el seno o cúpula
De un templo que emerge en la luz afrentosa del día en medio
de las ramas podridas y leves de la hecatombe forestal
Dispérsame el vuelo de los caballos migratorios
En el aluvión de escorias coronando el volcán longevo del día
En la visión aterradora que persigue al hombre al acercarse la
Hora entre todas pasmosa del mediodía
Cuando las bailarinas hirvientes están a punto de ser decapitadas
Y el hombre palidece en la sospecha pavorosa de la aparición de-
finitiva trayendo entre los dientes el oráculo legible como
sigue:
Una navaja sobre un caldero atraviesa un cepillo de cerdas
de dimensión ultrasensible; a la proximidad del día las cerdas se
alargan hasta tocar el crepúsculo; cuando la noche se acerca las
cerdas se transforman en una lechería de apariencia modesta y campesina.
Sobre la navaja vuela un halcón devorando un enigma en forma de
condensación de vapor; a veces es un cesto colmado de ojos de
animales y de cartas de amor llenas con una sola letra; otras veces un perro
laborioso devora una cabaña iluminada por dentro. La oscuridad
envolvente puede interpretarse como una ausencia de pensamiento
provocada por la proximidad invisible de un estanque subterráneo habitado
por tortugas de primera magnitud.
El viento se levanta sobre la tumba real
Luis II de Baviera despierta entre los escombros del mundo
Y sale a visitarme trayendo a través del bosque circundante
Un tigre moribundo
Los árboles vuelven a ser semillas y el bosque desaparece
Y se cubre de niebla rastrera
Miríadas de insectos ahora en libertad ensordecen el aire
Al paso de los dos más hermosos tigre del mundo..
EL CASTILLO DE GRISU
(1939-1941)
LLAMADO A LOS TRES REINOS
Hablo a los tres reinos
al tigre sobre todo
más susceptible de escucharme
a las limaduras a la carbonilla
al viento que no se sitúa en ninguno de los tres reinos
para la tierra habría que usar un lenguaje de cieno
para el agua un lenguaje de ventosa
para el fuego apretar la poesía en un torno y romper el cráneo
atroz de las iglesias
Hablo a los sordos de orejas tumefactas
a los mudos más imbeciles que su silencio impotente
huyo de los ciegos pues no podrán comprenderme
todo el drama sucede en el ojo y lejos del cerebro
Hablo de un cierto encanto incomprensible
de un habito desconocido e irreducible
de ciertas lágrimas secas
que pululan sobre el rostro del hombre
del silencio que resulta el gran grito del nacimiento
de este instinto de muerte que nos subleva
a nosotros los mejores de entre los hombres
cada mañana se hace tangible bajo la forma de una medusa
sangrante a la altura del corazón.
Hablo a mis amigos lejanos cuya imagen confusa
tras una cortina de estrépito de cataratas
me deleita como una esperanza inaccesible
bajo la campana de un buzo
simplemente en la soledad de un claro de bosque.
EL DOMINIO ENCANTADO
Ni un dedo se alza sin que fluya la amargura
Lágrima a lágrima en un mundo de olvido
Sin que el ojo noche por noche cierre sus puertas al amor
Sin que una falsa embriaguez descorazonada abra su herida
Sin que un hilo se rompa por siempre jamás
Por un tiempo acostumbrado por un tiempo desierto
De la aventura no queda cuando deberían salvarse los restos
Sino polvo y sombra de polvo
Y sed de tierra barrida por el hastió
Para que una vez al fin se alce el reflejo sin encanto
De una muerte sin enigma.
CARTA
1939
III
Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio de mi sueño
y me levantas y como un dios, como un autentico dios, como el único y
verdadero, con la injusticia de los dioses, todo negro dios nocturno, todo
de obsidiana con tu cabeza de diamante, como un potro salvaje, con tus
manos salvajes y tus pies de oro que sostienen tu cuerpo negro, me
arrastras y me arrojas al mar de las torturas y de las suposiciones.
Nada existe fuera de ti, sólo el silencio y el espacio. Pero tu eres
el espacio y la noche, el aire y el agua que bebo, el silencioso veneno
y el volcán en cuyo abismo caí hace tiempo, hace siglos, desde antes
de nacer, para que de los cabellos me arrastres hasta mi muerte.
Inútilmente me debato, inútilmente pregunto. Los dioses son mudos;
como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed
quemante de mi vida.
¿Para qué resistir a tu poder? Para qué luchar con tu fuerza de
rayo, contra tus brazos de torrente; si así ha de ser, si eres el punto,
el polo que imanta mi vida.
Tu historia es la historia del hombre. El gran drama en que mi existencia
es el zarzal ardiendo, el objeto de tu venganza cósmica, de tu rencor de acero.
Todo sexo y todo fuego, así eres. Todo hielo y todo sombra, así eres:
hermoso demonio de la noche, tigre implacable de testículos de estrella,
gran tigre negro de semen inagotable de nubes inundando el mundo.
Guárdame junto a ti, cerca de tu ombligo en que principia el aire;
cerca de tus axilas donde se acaba el aire. Cerca de tus pies y cerca de
tu manos. Guárdame junto a ti.
Seré tu sombra y el agua de tu sed, con ojos; en tu sueño seré aquel
punto luminoso que se agranda y lo convierte todo en lumbre; en tu
lecho al dormir oirás como un murmullo y un calor a tus pies se anudará
e irá subiendo y lentamente se apoderará de tus miembros y un gran descanso
tomará tu cuerpo y al extender tu mano sentirás un cuerpo extraño, helado:
seré yo. Me llevas en tu sangre y en tu aliento, nada podrá borrarme.
Es inútil tu fuerza para ahuyentarme, tu rabia es menos fuerte que mi
amor; ya tú y yo unidos para siempre, a pesar tuyo, vamos juntos.
En el placer que tomas lejos de mi hay un sollozo y tu nombre.
Frente a tus ojos el fuego inextinguible.
18 de junio de 1939
HOMENAJE DE EMILO ADOLFO WESTPHALEN
CÉSAR MORO
Por un campo de miga de pan se alarga desmesuradamente una manecilla de
reloj
Alternativamente se iluminan o se apagan en ella unos ojos de cangrejo o
serpiente
Al contraluz emerge una humareda de pestañas caladas
Y dispuestas como una torre que simulara una mujer al desvestirse
Otros animales más familiares como el hipopótamo o el elefante
Hallan su camino entre el hueso y la carne
Una red de ojos de medusa impide el tránsito
Por el arenal que se extiende como una mano abandonada
A cada paso una bola de marfil dice si el aire es verde o negro
Si los ojos pesan iguales en una balanza cruzada de cabellos
Y encerrada en un acuario instalado en lo alto de una montaña
Rebalsando a veces y arrojando a veces como una catapulta
Cadáveres rosados o negros o verdes de niños a los ocho extremos
Cadáveres pintados según las cebras o los leopardos
Y que al caer se abren tan hermosamente como una caja de basura
Extendida en medio de un patio de mármol rosado
Atrae a los alacranes y a las serpientes de aire
Que zumban como un molino dedicado al amor
Aparte un hombre de metal llora de cara a una pared
Visible únicamente al estallar cada lágrima.
(de Belleza de una espada clavada en la lengua)
HOMENAJE DE ENRIQUE MOLINA
NO HAY SOMBRAS ALLI
A André Coiné
A solas en la sed del gran sol negro
sólo para él idéntico al sol de todos en el viento de las islas
César Moro
Era de noche cuando lo conocí tal vez sería su casa
La luz frontal
de una lámpara
me enceguecía
El Gran Inquisidor
interrogando hasta el fondo de su entraña
a todo ser y cosa de este reino -su mundo-
arena y sol eternos del Perú
Más allá
de la sórdida baba del día de los muertos
la antorcha de gaviotas
su juramento nunca roto de meteoro del sueño su secreto
poder inmemorial
de atravesar los muros la luz pura del desdén
aura de fruta de paraíso arcaico
devuelta por las olas
y la ultima vez que me encontré con el en carne y hueso
y llamarada de vida palpitante
poco antes de morir
completamente vestido sobre su lecho en viaje
como Rimbaud sobre las angarillas a través del infierno
en su mansión de naufrago
el piso prolongado por el talud marino cubierto de retratos
y corbatas
hasta el sordo movimiento horizontal de las nubes remotas.
La habitación atravesada siempre por una gran corriente
de alcatraces
la cafetera y el oro enterrado vivo
del rescate para pagar la muerte
el hervidero de su voz de vértigo
una costa caliente
sin olvido
Tierra minada por su voz humana
perdido reaparece
en los brazos eternos de la noche de las caricias
en las grandes mutaciones aladas
pasan de un reino a otro los amantes
un trago de pisco un rugido de espumas ávidas
la hermosa ira del amor sin perdón
un conjuro o un canto atronador de grandes piedras
entrechocadas sin fin en la bahía
las mandíbulas roncas del océano
la delicia inaudita del amor hasta el ultimo refugio.
Tan delicada es toda lejanía tan implorante
envueltas en vendas
las vendedoras de pescado frito en la escollera
las azoteas con balaustras de madera de insomnio
Lima de la memoria
una segregación lasciva
de escapularios y caderas viciosas reverberando entre
las oraciones
el redoblar de crótalo adánico del tambor
el "cajón" bajo las palmas negras
tanto tiempo
yo estaba entre las fauces errantes del amor
sobre senos torturados por un río de plumas
te veía pasar el más puro hasta siempre
el más desnudo
en tu gran habitación de sal gema
con una mirada burlona a través de los hilos dorados
de la muerte
con el cetro del día
César Moro
en el enigma de la avalancha
tu fabulosa tortura de salir de la jaula
el gran filtrado por los pájaros
has devorado tus plátanos de la isla y tu cebiche de
Guermantes
en todas direcciones el sabor de la vida
con tus labios oscuros
un clima vagabundo
Lima
resucitada de la costa
envuelta en niebla
tu perfil de cometa en el cielo de lo imprevisto
tu perfil de relámpago en el alma
y no hay sombras allí
el león del Aduanero se acerca y lo olfatea
el olor a pasión de la manigua
el gran perfume
de un corazón desesperado donde arden vivas todas las palabras
César Moro en su atmósfera carnívora de las constelaciones
de otro cielo
de aorta confundida con las algas
al pie de su gran dolmen de la luna peruana
el suyo
un grito de adiós
el salvaje testimonio de una aventura de los absoluto.
(de Los últimos soles.)