| Fragmentos a su imán (selección)
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- Universalidad del roce (fragmentos)
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- La universalidad del roce,
del frotamiento, del coito de la lluvia y
sus menudas preguntas sobre la tierra. ¡Qué engendros para una nueva
raza! ¡Qué nueva descendencia del hombre y de la piedra! Una caja de
fósforos esparcida sobre los cabellos que comienzan agitándose como
fragmentos que se unen en un gusano lleno de plumillas. La tijera
cortando las aspas del ventilador y el marco de una ventana que se
cae sobre un jarro de leche. El anverso y el reverso en el borde de
la hoja. Acaricio el nuevo monstruo, después, ya me acostumbro, y lo
veo caminar hacia el oeste del abismo con
pinares. Entrechocado, frotándose los pies con la llave maestra del
patio secreto que asciende en el elevador. Precipitándose sobre una
cascada congelada la rotación convertida en coito universal, de la abeja
con la respiración, del sombrero con los siete anillos de Saturno. ¿Qué
hijos darían que siguiesen conversando cuando soplan la lluvia? El gato
copulando con la marta no parece un gato de piel shakeasperiana y
estrellada, ni una marta de ojos fosforescentes. Engendran el gato
volante.
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El pabellón del vacío (fragmentos) |
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Voy con el tornillo preguntando en la pared, un sonido sin
color un color tapado con un manto. Pero vacilo y
momentáneamente ciego, apenas puedo sentirme. De pronto,
recuerdo, con las uñas voy abriendo el tokonoma en la
pared. Necesito un pequeño vacío, allí me voy reduciendo para
reaparecer de nuevo, palparme y poner la frente en su lugar. Un pequeño
vacío en la pared. [...] Tener cerca de lo que nos rodea y cerca de
nuestro cuerpo, la idea fija de que nuestra alma y su envoltura
caben en un pequeño vacío en la pared o en un papel de seda raspado con
la uña. Me voy reduciendo, soy un punto que desaparece y vuelve y
quepo entero en el tokonoma. Me hago invisible y en el reverso
recobro mi cuerpo nadando en una playa, rodeado de bachilleres con
estandartes de nieve, de matemáticos y de jugadores de
pelota describiendo un helado de mamey. El vacío es más pequeño que un
naipe y puede ser grande como el cielo, pero lo podemos hacer con
nuestra uña en el borde de una taza de café o en el cielo que cae por
nuestro hombro. [...]
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