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La cultura árabe a través de la figura de Cidi
Galeb en Oppiano Licario de José Lezama Lima por FATIMA HUPEL |
Una de las interrogaciones que pueden plantearse al lector de
Oppiano Licario, segunda novela de Lezama Lima, es por qué la presencia
de personajes árabes y en qué medida su introducción en la obra contribuye en
abrir una senda para la lectura del texto.
Se ha demostrado muy a menudo que Lezama Lima era un insuperable
asimilador de las culturas universales y resulta difícil contradecir esta
afirmación puesto que tenemos en sus testimonios y en sus escritos señales y
huellas de un prodigioso conocimiento cultural que efectuó un crucero entre la
cultura greco latina y la cultura perso babilónica. Esto constituye ya una
posible explicación a la referencia que hace el autor a la cultura árabe, siendo
esta última un engendramiento de la pérsica y de la babilónica que se reverberó
en la Andalucía desde el siglo VIII hasta el siglo XV.
Me atrevo a plantear que Lezama Lima intentaba de manera
subterránea encontrar en la cultura árabe una probable respuesta a una de sus
mayores preocupaciones : « Un hombre o lo que sea nunca podrá justificar (
... ) por qué es homosexual ... ». Esta sentencia aparece en una página de
Paradiso mediante una intervención del personaje Foción. No obstante,
encontramos una insistente resonancia de la misma reflexión en Oppiano
Licario en los personajes emblemáticos Cidi Galeb y Mohamed reflejando cada
uno de ellos ecos diametralmente opuestos; evolucionando el segundo en el polo
de la armonía y de la belleza espiritual mientras que el primero se pierde en un
dédalo malsano y sin salida. Sin embargo, aunque se le atribuya a Cidi Galeb un
tono negativo, el terreno en que actúa es particularmente interesante y su papel
en la obra es precisamente revelador.
Apareciendo al principio de la obra como un parodista del cual
el narrador exagera los defectos, se vuelve a lo largo de las páginas un
personaje bisagra, indispensable para realzar el papel positivo de Fronesis y de
Mohamed por una parte y contribuye, por otra parte, a la unidad de la obra como
estructura.
Intentaré en un primer tiempo analizar los procedimientos que
permitieron la introducción del personaje en la obra y de qué manera accede a
sus funciones novelísticas. No trataré de explicar al personaje de Cidi Galeb
sino de demostrar la importancia de su papel en la obra y descubrir por un lado
los procedimientos utilizados por el relato para su creación y para su
caracterización; y por otro lado la correlación que teje el autor con la
homosexualidad en el mundo árabe.
Para introducir en Oppiano Licario al personaje de Cidi
Galeb, el narrador utiliza un procedimiento que se puede comparar a un método
cinematográfico que consistiría en mostrar primero una vista de conjunto que va
aproximándose progresivamente al personaje hasta la imagen individual y
detallada. Las indicaciones que nos están dadas se precisarán a medida que
avanza la obra. Personaje de transición entre dos mundos: el oriental y el
occidental, Cidi Galeb hubiera podido representar en la obra una forma de
comunicación entre ellos, si su homosexualidad no fuese tan malvada y abyecta.
En su primera aparición, el relato nos permite situar al
personaje en su generación y su pertenencia racial. Cidi Galeb entra en
Oppiano Licario desvalorizando al mundo al cual pertenece: « Entraba
en la historia como una ardilla pintada de verde, ligerísima, cínica y
jubilosa. », así opinaba el narrador con respecto a nuestro personaje. Su
mundo es un mundo polifacético cuya faceta más destacable es la que encaja la
homosexualidad de un personaje de origen y cultura árabes. Todo da a suponer que
la introducción de Cidi Galeb y de Mohamed, siendo el primero la figura
antitética del segundo, no es más que una invitación por parte del autor a una
reflexión sobre la cultura en el mundo árabe. Sin embargo, un detalle merece ser
subrayado: en el episodio en el que el personaje aparece humillado por Fronesis,
se desvela un carácter inestable y contradictorio de los seres que llevan en sí
una totalidad pero que no podemos percibir más que de manera fragmentaria.La
fragmentación del personaje nos remite a la obra misma que hace resaltar lo
"real " lezamiano apareciendo bajo ángulos múltiples que permiten comparar su
escritura con la pintura cubista o con un montaje cinematográfico donde se
muestra a los seres y a los objetos en imágenes yuxtapuestas y distintas.Dando
del personaje una sucesión de visiones como una serie de fotografías que lo
mostraban cada vez diferente, Lezama Lima se sirve del tema de la homosexualidad
para exponer su concepción de la escritura sobre la cual volveremos
después.
Mientras que ese homosexualismo es « abominación » y
« turpitud » en Cidi Galeb, se vuelve motivo de « progreso
espiritual » en Mohamed. Esta constatación nos da licencia para buscar en la
literatura árabe unos escritos que han podido inspirar a Lezama Lima y que por
supuesto fueron objeto de reflexión en torno al tema que nos ocupa. No tenemos
más remedio que el de remontar hasta la creación de Bagdad durante la cual
encontramos varias corrientes en la expresión poética del amor, como en los
círculos de Kufa, alrededor de personajes picaruelos se canta al vino, a las
mujeres y a la homosexualidad en unos poemas con una violencia singular. Se
trata de una pasión que se permite todo, incluso la homosexualidad y que no es
un mero libertinaje. En su lengua, los árabes lo llaman el « Ibahi » El
personaje más representativo de este género es Abu Nuwas ( 747- 815 ); este
« herético » y « libre pensador » era uno de los poetas más
destacados de su tiempo. Es conocido por sus poemas de temas báquicos y amorosos
recogidos bajo el título de Kamriyat ( elogio del vino ).Abu Nuwas quería
también a los mozos (mignons) que prefería a las hermosas « Quayna »,
famosas esclavas cantadoras que en aquella época procuraban la alegría de la
gente de la corte.
Las verdaderas gacelas son entonces los jóvenes éfebos ( Ghuzlan
) que se llaman también cervatillos. En árabe se nombran «Zabi ».
El poema siguiente es revelador:
Para los niños, de las niñas me he
separado
y para el vino viejo, el agua clara he
dejado.
Lejos del camino derecho sin manera he tomado
el del pecado, porque lo prefiero.
Las riendas he cortado y sin remordimiento
el bocado y la brida quitado.
Ahí, de un cervatillo lindo, enamorado he
padecido,
y por él, la lengua árabe se ha
destrozado.
( Se sobrentiende que Abu Nuwas representa la lengua
árabe.)
Abu Nuwas justifica su pasión afirmando: « El hombre es un
continente. La mujer es el mar . A mí me gusta más la tierra firme. ». Era
Abu Nuwas el prototipo de la gente de su tiempo y de su generación que pensaba
diferentemente del conjunto de sus semejantes. Se le ocurría sublevarse a través
de sus poemas contra el orden impuesto .Ese rechazo de lo común lo llevaba, a
menudo, a la meditación y a la contemplación. A través de lo prohibido buscaba
lo absoluto. Concebía la homosexualidad como un fermento de « progreso
espiritual ». Soñaba con otro mundo , aspiraba a otra parte
desconocida.
Malek Chebel en su libro Esprit du Sérail escribía lo
siguiente : « Abu Nuwas (...) este herético , este libre pensador del Islam
fue el eslabón que permitió que la tradición griega , con sus partidarios de
Sapho, Teócrates, Virgilio, Platón y de la homosexualidad como mediación
espiritual y estética, continuara existiendo en la sensibilidad y la cultura
árabe persa. » Abu Nuwas conocía los textos coránicos que condenan este
tipo de práctica así como la exhortación dirigida al pueblo de Loth ( Corán,
XXVI, 165 ): « ¿ Realizaréis el acto carnal con los varones de este mundo
? » Así, su arrepentimiento fue irrevocable:
Mi versión en español es la siguiente :
Es verdad, dios mío, grande es mi villanía
pero tu clemencia, yo lo sé, es
infinita.
Si sólo los virtuosos osan guardar la
esperanza
¿ a quién, pues, puede invocar al pecador, en quién
creer ?
Te imploro, Señor, con humildad.
¡ No me abandones ! Tú sólo tendrás
piedad.
No creo más que en
tí, benefactor y clemente.
Porque después de todo, yo soy un musulmán
...
Era la costumbre que en las grandes ciudades como Bagdad, el
Cairo, Cordoba, un hombre bien nacido, amigo de las artes y amoroso de la
belleza cortejara a la flor de la juventud; y parecía natural que un hombre de
cierta madurez buscara la compania de un adolescente todavía imberbe. El asunto
era de buen tono e inspiraba mucho a los poetas. Podemos añadir que esta manera
de pensar y de vivir nos recuerda la de los contemporáneos de Sócrates y del
hermoso Alcíbiades.Vivían en Bagdad, por ejemplo, personas que se hacían llamar
los « Fityanu Cidquin » sinceros compañeros de la alegría, eran alegres
pederastas que se daban a un arte de gozar: el « Mujun ». Este es un
arte de vivir.
El monumento del Mujun y del erotismo se encuentra en Las Mil
y Una Noches, donde una de las iniciaciones al saber pasa por el sesgo del
amor. Este último no es más que una obra de dios. Gozar es estar capacitado para
leer en el libro de la creación; de esta manera se toma conciencia del milagro
divino. En este sentido la exclamación de Sherezada se vuelve muy
elocuente:
Gloria a Alá que no quiso crear
espectáculo mas encantador que el de dos amantes
felices.
Envueltos en las delicias de la
voluptuosidad.
Descansan en su lecho
los brazos enlazados,
las manos unidas,
el corazón latiendo en
harmonía.
Es pertinente señalar que es en la tradición coránica donde la
sensibilidad árabe toma su raíz. El texto sagrado de los musulmanes no solo
legitima el deseo sexual « bruto » o sea no fecundo sino que lo
favorece bajo forma de la tolerancia del « coitus interruptus » o del
« coitus reservatus » . El erotismo se presenta en Islam como una
aventura estética y exploratoria del cuerpo del otro. El Corán constituye
también la inspiración básica de la literatura mística cuya figura mas
destacable es Ibn Arabi (1165 -1240 ). En realidad, en este ultimo el amor
erótico se mezcla al amor místico y el amor carnal al amor divino. El amor en
Ibn Arabi no es más que un estado donde la voluptuosidad esta guiada por una
energía carnal.Gracias al texto sagrado, el Corán, el « Shayj » (el
maestro) y el « Murid » (el discípulo) pueden penetrar las
significaciones ocultadas. Así el mundo que los rodea se transforma en milagro
cuando un órgano sutil se despierta, percibe el esplendor.Ese órgano, según Ibn
Arabi, es el « Dawq », ( literalmente: el sabor ).
El sufismo, además de ser una escuela de amor, un lugar supremo,
es un lugar donde una mujer puede hallarse con hombres que son personas antes de
ser varones : « Permanecí una noche y un día al lado de
Rabia,conversando con tanto ardor sobre la vía espiritual y los misterios de la
verdad, que no sabíamos, si era yo un hombre y ella una mujer » nos decía
Hasan el Basri, hablando de Rabia el Adawiya , una de las grandes figuras
sufí.Este paso de un extremo a otro descubre una especie de segunda naturaleza
que trastorna el ser. En árabe, los términos del erotismo son característicos.
El verbo « hawá » (desear) significa ir al precipicio, hacia el
abismo, lo que hay entre cielo y tierra...
Además, existe una derivación en ese homoerotismo que se
desprende en la relación entre personas del mismo sexo pero que no sobrepasa la
unión « simbiótica » es decir una homosexualidad no consumida :
vivir el uno para el otro, el uno por el otro, el uno en el otro sin que haya
interpenetración sexual. Ahmed el Tifachi, ( Siglo XIII ), nos dice en su libro
Las delicias de los corazones:
« Sepa, o lector que una multitud entre la gente del medio
literario pertenece a la categoría de los homófilos, así como la mayoría de los
que tienen un rango elevado en la sociedad (.....) numerosos son los que se dan
a esas prácticas por un amor de « cabeza » y no por un amor físico,
una magia favorable al desarrollo de la inteligencia (....), una manera de
destacarse de las nociones primarias que la gente l común tienen de la
vida ».
En el texto de Lezama Lima, la alusión al mundo árabe es
elíptica, donde casi nada se dice abiertamente en torno la homosexualidad. Casi
todo queda indescifrable para el testigo exterior. Guardamos sólo unas como
fotografías instantáneas y esparcidas. Hemos intentado reagruparlas para obtener
una imagen coherente pero sin mucho éxito y nuestro fracaso se entiende porque
la lectura de la obra lo quiere así. Me explico: el lector, al abrir la obra que
prometía un texto novelístico o sea con secuencias lógicas con el fin de leer
una historia, una fábula con principio y desenlace de una novela tradicional; el
lector como espectador, en vez de encontrar lo esperado, se confronta con una
serie de elipses, de ocultaciones, de vacíos y de fragmentos. El espectáculo
esperado se interrumpe antes de empezar y para comprender lo que sucede, pedimos
la interpretación del texto mismo, a su forma de construcción y de elaboración.
Una vez que la lectura está acabada, empezamos a comprender; porque el texto nos
lo desvela, que acabamos de asistir al nacimiento inmediato de una escritura
instantánea para una lectura instantánea. Sin embargo la inmediatez no hubiera
sido posible sin una reticencia, la discontinuidad, la fragmentación. Por qué la
fragmentación, la reticencia, el vacío que separa las diferentes imágenes ?
En su libro El collar de la paloma Ibn Hazm responde que
el hecho de expresarse con media palabra, por alusión, insinuación, significa
que el hombre no puede acceder inmediatamente a la cosa querida, rebuscada,
solicitada.Sólo un ser infinito, dios, puede darse inmediatamente lo deseado.
Darse sin intermedio lo querido, haciéndolo llegar originalmente a su ser,
inventándolo, es lo que se llama crear.
La organización misma del tejido novelístico Lezamiano nos
remite a penetrar el enigma que reside en cada vacío tal como aquel poema
borrado por el agua que no puede sino reflejar entre otras imágenes la de
Narciso. Las musas que le inspiraron a Lezama el poema perdido, ellas, no se
perdieron pero siguen viajando a través del espacio y del tiempo. Son las mismas
que asistieron a Lezama cuando escribió su primer verso: « Dánae teje el
tiempo dorado por el Nilo »; porque el tiempo en la concepción Lezamiana no
puede ser sino de forma circular; tal como un eterno retorno a las semillas de
las cuales Lezama escoge el nombre de su personaje Cemí. Como la vida que
empieza en la muerte, el comienzo parece confundirse con el final. A la manera
de aquella serpiente que muerde su cola, introduciéndola en la boca hasta su
desaparición (en la boca sólo el ano desaparece), el poema desaparecido, borrado
por el agua en Oppiano Licario, no se pierde sino que se oculta detrás de
aquel poema que abre la creación poética Lezamiana: « Muerte de
Narciso »; cumpliendo así un ciclo perfecto que da lugar a un renacimiento
poético eterno.
Tal como la « germinación del geranio », las culturas
de los pueblos se nutren de la reminiscencia de otras pasadas, las cuales a su
vez sirven de germen para las futuras. Para Lezama Lima, la contemplación de la
Edad Media y del siglo de Oro españoles remite a la contemplación del un mundo
antiguo situándose sobre un puente que une las dos orillas : la occidental
y la oriental.
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