El primogénito de la familia Loud fue
un hijo de la gloria televisiva, mostrando madera de showman y animal artístico
desde su adolescencia. Logró mucho mas que sus quince minutos
de fama mediática y pasó a ser el primer joven en declararse gay desde
dentro de la pantalla, nada menos que en un reality show que arrasaba
en los Estados Unidos en los años setenta. Lance
nació el 26 de junio de 1951 en La Jolla, California, mientras su padre
estaba en la Guerra de Corea. El muchacho pasó su infancia temprana con
sus padres y cuatro hermanos en Eugene, Oregon, y la etapa siguiente de
su infancia en Santa Barbara, California. Cuando
tenía 13 años, Lance descubrió a Andy Wharhol (y tuvo un rollete con
él), a "The Factory" y a "Velvet Underground". empapándose
de los movimientos vanguardistas de esa época. Siendo
adolescente, Lance tomo a hurtadillas el coche familiar y condujo. junto
con algunos amigos, hasta Haigght - Ashbury para ver "lo que
sucedía". Hizo dedo para asistir al concierto de Los Rolling
que posteriormente sería el objeto del documental Gime Setter.
Fue en los años
setenta cuando la familia Loud participó en pleno de un reality show
"Han Americana Family", donde las pantallas mostraban durante
doce horas el seguimiento continuo de todos y cada uno de los miembros
de esa familia. Incluyendo en su momento el divorcio en directo de los
padres, y, la notoria y destacada, salida del armario del joven Lance. A
menudo realizó escapadas a los Angeles en plena noche, para ver a
figuras del rock legendarias como Jimi Hendrix, los Who o Van Morrison,
en el local Whisky A-Go-Go. Siendo un dedicado seguidor de las
tendencias de la moda, Lance amaba King´s Road, donde le llamaron
"Swinging London, el mejor" Escribió
artículos para muchas revistas, como "Vanity Fair", y
tuvo una columna regular en "The Advocate". Asimismo
incursionó en la música y en la canción, siempre desde sus peculiares
perspectivas y enfoques vanguardistas. Lamentablemente,
abrazó la espada hiriente de las drogas (las multidrogas seria lo mas
correcto) y los excesos, falleciendo por complicaciones debidas al SIDA
y la hepatitis C, el 22 de diciembre de 2001. Un
reality muy reality
Concretamente, el
primer reality show que tuvo lugar en televisión fue "An
American family".
Fue un programa que se emitió
en 1971, y que mostraba doce horas diarias de la familia
Loud, un grupo normal y corriente formado por un matrimonio
conservador
y simpático (Billy y Pat)
y sus cinco hijos adolescentes. Las cámaras seguían a la familia desde
que se levantaban hasta que se iban a la piltra. Les acompañaba allá
donde fuesen, tanto dentro de casa como en el parque, en el trabajo, en
el teatro o de compras. El programa está por lo tanto repleto de
escenas en las que chicos y chicas con pantalones de pata de elefante y
gafas tintadas se quedan con la boca abierta viendo a una pareja de
ancianos paseando perseguidos por una comitiva de periodistas, una cámara
gigantesca y una jirafa con un micrófono.
El individuo que decidió hacer pública su homosexualidad, para pasmo
de toda la sociedad de entonces, fue Lance
Loud, el hijo mayor de la familia, que tan sólo contaba con 20 años.
La historia de Lance Loud es una
historia fantástica de excesos, tiznada de sexo, drogas y rock ‘n’
roll, y con moraleja. De ésas que vale la pena conocer.
Hay que
imaginársele en el contexto de una familia acomodada de las afueras de Los
Angeles, de padre republicano y madre más bien liberal o apolítica.
Era desde muy joven un gran admirador de esas nuevas expresiones artísticas,
musicales y cinematográficas que salían de la
Factory de Andy Warhol,
así como un espabilado e inquieto investigador de la cultura de su país.
Con un nivel intelectual superior a la media y muchísimas ganas de
encontrar la fama, y además aficionado a vestir las faldas y las boas
de plumas de su madre.
Fue Lance
quien insistió casi hasta la extenuación para que sus padres
decidieran presentarse al primer reality de la historia.
El programa no pasó desapercibido. En todos los medios la familia Loud
fue tachada de mal ejemplo para la ciudadanía. Sus costumbres fueron
ridiculizadas y la autoridad de Billy,
un serio y respetado empresario hasta entonces, puesta en duda.
Pero lo
que menos pasó desapercibido, muy por encima de cualquier otro detalle
del programa, fue el "alegre" comportamiento de Lance Loud, el primogénito.
Lance gustaba de pintarse los ojos y
los labios antes de salir de casa. Vestía extraños conjuntos de seda
transparente y bufandas de colores. Continuamente confesaba a sus
hermanas todos tipo de detalles sobre su estado anímico, se mostraba
abrazado a su madre y escondiéndose de su padre, y todos sus amigos
parecían sacados directamente del castillo de Frank’n’Furter.
Hoy en día todo esto es normal, pero no lo era hace 35 años.
El caso es que el programa terminó con un bochornoso descalabro, y con Lance
convertido en una fulgurante estrella mediática.
Una vez en libertad,
fue invitado a varios talk-shows de la época, y en el primero de ellos
no titubeó a la hora de confesar a todo el país lo que ya se
imaginaban después de las cosas que hacía e insinuaba sobre su persona
dentro del reality: que él era uno de esos GAYS. O sea, como
un marciano, a ojos de aquélla sociedad. En pocos días, los principales
rotativos norteamericanos pusieron verde al muchacho, con extensos artículos
homófobos en primera página de sus semanarios. Pero lejos de
amedrentar a Lance, éste aprovechó
el tirón para hacer lo que siempre había soñado: convertirse en una
estrella de rock.
Porque Lance no era un chico
inhibido, tímido o apocado, sino todo lo contrario: culto y con una
verborrea imparable,
fuerte, orgulloso y bromeando continuamente sobre
su condición sexual de una manera que ni siquiera a día de hoy se
atreve a hacer algunos famosos asumidos.
Lance se impulsó
en el trampolín que suponían esos quince minutos de fama, y los alargó
durante años.
Primero, grabando un disco con su banda, The
Mumps ("How
I saved the world", 1975, junto con algunos
singles, recientemente recopilado en el disco póstumo "Fatal
charm", 1994).
Un grupo de rock ‘n’ roll clásico
de los setenta, con una presencia muy similar a la de sus coetáneos Stooges,
con un sonido cercano a Television,
los mismos Stooges o incluso los Ramones,
con mucho carisma y muy cerquita de la estela que dejaba la Velvet
Underground, y que a pesar de que ya existía algunos años antes
del programa tuvo una carrera muy breve en los medios de comunicación,
debido al peso que tenían que soportar el resto de miembros, todos
heterosexuales, al hacer de comparsas del "maricón de An
American family" (en su propias palabras, y entendido
esto con sarcasmo pero con cariño). Según
los que han podido evocar lo que han escuchado de ellos, The
Mumps sonaban bastante bien, y en directo eran arrolladores. Lance
se movía como una pantera-punk, y llegaron a telonear a Van
Halen o a Blondie en los
locales de moda de entonces, como el Whisky
A Go-Go, el Masque de L.A.,
o el sempiterno CBGB’s.
La disolución del grupo fue un mazazo para Lance,
que se veía a sí mismo como un artista completo, un vanguardista, un
iluminado digno de permanecer a la vera de su admirado Andy
Warhol, en lugar de como ese desviado que temían los medios de
comunicación, y al que había que retirar de la opinión pública. A
mediados de los setenta se independizó, y se fue a vivir al corazón de
Manhattan. Ya había echado los
lazos a la Factory, y
escribió varios guiones de cine para Warhol
(de hecho, es algo que ya hacía desde que cumplió 12 años, como si
pudiese intuir que algo iba a pasar con su vida), que nunca vieron la
luz. O actuó en pequeñas obras del Off-Brdway
como "Bigger than Rod".
Lo que sí logró fue ser aceptado por el genio del Pop Art, codearse
con sus colegas y asistir a aquellas desmadradas fiestas en las que lo más
vanguardista y moderno era meterse droga por la nariz hasta que les
saliera por las orejas.
Entró de lleno como crítico musical en el circuito de revistas
neoyorkinas de tendencias de finales de los setenta y principios de los
ochenta, escribiendo (primero desde NY
y luego desde su Los Angeles natal)
en magazines como Cream,
Interview (cabecera creada
por Warhol), Circus
o American Film. Llegó a
ser columnista fijo de varias de esas revistas, y adoptó una línea
particular, dando a conocer a algunas de las mejores bandas que
surgieron entonces, estando en el lugar preciso en el momento indicado.
Pero la vida de Lance Loud no es una
vida de éxito, sino de absoluta vejación y excesos, íntimamente
ligada al consumo descontrolado de drogas y la promiscuidad inocente y
peligrosa de aquellos años de exaltación del sexo libre.
Sus amigos
cercanos siempre le describieron como una persona humilde y normal a la
que le llegó la fama demasiado pronto, y que para no dejarla pasar sucumbió
a todo tipo de excesos, formó parte de un mundo que le venía grande
(siendo como era un angelino de familia bien), y que a pesar de lo que
hacía ver, fue profundamente infeliz con todo aquello.
Durante los años ochenta, Lance ganó
dinero como escritor y guionista, pero con la misma rapidez que le
llegaba se le iba. Fue adicto a la cocaína, a la heroína y sobre todo
al speed inyectado en vena. E inevitablemente (o no) fue atrapado por
esa enfermedad de nuevo cuño que sobrevenía por igual a pobres,
negros, rockeros y artistas de vanguardia. El SIDA fue el protagonista
de sus últimos años. Pasó casi una década de hospital en hospital, y
los cinco últimos ingresado en un hogar para enfermos terminales en Los
Angeles, casi incapacitado para cualquier actividad, soñando
cada mañana con la Cura y retroalimentándose de recuerdos.
La biografía de Lance Loud, está continuamente sumergida en ese anguloso triángulo de
drogas, sexo y rock and roll. Pero hay una cuarta arista: la tele. Así
como fue lanzado a la fama con el primer reality de la
historia, Lance quiso ser retratado en diferentes momentos de su vida, como un Truman
Burbank voluntario adelantado a su tiempo.  Ya en 1983 quiso que
un equipo de televisión le rodara en su casa durante días, en el auge
de su carrera periodística, y en años venideros aparecería numerosas
veces en programas de televisión, siempre divino, siempre impecable, y
siempre dispuesto.
Y cuando ya se sabía moribundo,
entre sus últimos deseos estuvo el ser inmortalizado en el documental "Lance
Loud: una vida en directo", donde se mostraba feliz
entre sus gatos, haciendo memoria de los buenos momentos, orgulloso del
reencuentro y la buena relación de todos los Loud, con el mismo sentido
del humor y del sarcasmo, aunque lamentándose de sus desfases con la
droga y de la ausencia de seguridad en sus relaciones. Muy débil,
esperando pacientemente la muerte, y deseando que se emitiera en horario
de máxima audiencia.
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