1872 - 1936


 

 

 APUNTES  BIOGRÁFICOS  

 


Giacomo Leopardi nació en Recanati, (Italia), el 29 de junio de 1789, en el seno de una familia aristocrática en decadencia, siendo su padre el Conde Monaldo y su madre la Marquesa Adelaide Anticci. El Conde había dilapidado su fortuna pero logró salvar una copiosa y rancia biblioteca, manteniendo su fanatismo hacia la monarquía y el catolicismo. Su madre, exagerada fundamentalista religiosa, que conjugaba su conservadurismo con su férrea concepción del matriarcado. Era la dictadora de su entorno familiar.

Tenía dos hermanos menores, Carlo y Paolina, que crecieron al igual que Giacomo en un ambiente ultrareligioso, conservador y autoritario. 

El padre de Giacomo crió a su hijo en una atmósfera religiosa estricta y quiso que Giacomo se hiciera un erudito tradicional. A Giacomo le complació los deseos de su padre fácilmente, viendo que la manera más fácil  de  librarse de la frialdad de su madre y la atención sofocante del padre fue perderse entre los libros. Leopardi disfrutaba jugar con sus hermanos más jóvenes durante su infancia, pero llevaba una vida solitaria cada vez más cuanto más se centraba en sus estudios.Giacomo Leopardi en un retrato de  A. Ferrazzi, hoy en Recanati,  1826

Tanto él como sus hermanos estuvieron bajo la tutela educativa de Sebastiano Sanchini y Vincenzo Diotallevi, que le ayudaron en sus estudios. Mucho influyó en estos conocimientos la notable biblioteca del padre, en Recanati, haciendo que desde los diez años  se distinguiese como filólogo clásico y erudito de las lenguas modernas. Con solamente dieciséis años profundizó por su propia iniciativa en latín, francés, ingles, español, hebreo y griego y era conocedor de filosofía, matemáticas, astronomía  

En 1809 se acerco a los clásicos, comenzando a componer textos líricos, sermones, cuentos, epigramas y su primera tragedia "La virtud indiana. Un año después escribió una segunda tragedia "Pompeo in Egipto", y los "Epigramas".

Los tutores que le estaban preparando para el sacerdocio, rápidamente tuvieron que reconocer que Leopardi había superado sus propios conocimientos. Desafortunadamente esta capacidad intelectual de Giacomo provocó la cerrazón de su padre que se negó a cualquier salida del muchacho a otros entornos. En 1813, el Conde Monaldo prohibió que Giacomo visitase a su tío en Roma por temor a "perder a su único amigo" inclusive por poco tiempo.

Durante los siete años siguientes Leopardi entre en un periodo de enfermizo estudios. Giacomo tradujo y puso anotaciones a textos clásicos y cristianos, escribió un texto erudito sobre astronomía y compuso un poema al estilo griego antiguo de forma tan convincente que lo paso por tal.

Solo cercano a la madurez el escritor vivió en varias ciudades italianas (Firenze, Roma, Bologna, Roma, Nápoles, Pisa, colaborando con varias editoriales

Victima desde la infancia de una deformidad física y enfermedades crónicas, - ceguera, asma, escoliosis e irregularidades cardíacas, con secuelas de depresiones -  que periódicamente le impedían llevar a término sus intentos de trabajos, no logró por esta circunstancia alcanzar la independencia económica de su familia, cosa que le llevó a estar sometido a los imperativos de su erudito y reaccionario padre. La infelicidad derivada de esto (y, según el investigador Giovanni Dall'orto, de su amor homosexual nunca nítidamente público) han contribuido a asignarle la etiqueta de "poeta del pesimismo". El se refería a si mismo como "un sepulcro andante" y estaba a disgusto con el efecto que su apariencia física causaba sobre las personas.

1813. Después del estudio del griego y el hebreo, se dedicó a la filología, que consideraba el instrumento necesario para alcanzar la gloria intelectual, aplicándose con toda su energía a este área del conocimiento. Nacieron así entre 1812 y 1817 obras como la "Historia de la Astronomía", el "Ensayo sobre los errores populares de los antiguos, terminado en dos meses de trabajo, y en 1814 obras específicamente filológicas como "Comentarios de la vida y escritos retóricos" y "Fragmenti patrum secundi saeculi"

En 1815 compuso "Julium Africanum Jacobi Leopardi Recanatensis Comitis Lucubrationes" y al tiempo realizó una serie de traducciones como los "Idilli di Mosco" y la "Batracomiomachia"

En 1816 comenzó la conversación literaria sobre "el interés por la literatura y la poesía" y tradujo los escritos de Frontone, según versión de Angelo Mau, las "Inscripciones griegas: el Moretum", el primer libro de "La Odisea" y el segundo libro de "La Eneida" Compuso el Himno a Neptuno, mientras concretaba el Ensayo sobre el "Discurso sobre la vida y obra de M. Cornelio Fronton" y sobre el "Discurso de la fama de Horacio preso de los antiguos déspotas anacreónticos". En la primavera escribió su primer texto idílico, "La evocación"; en el curso de ese año también plasma en papel el cántico "Apresamiento de la muerte" y "La carta a los compiladores de la biblioteca italiana"

En 1817 inició la correspondencia con Pietro Giordano y sus relaciones con la corriente del clasicismo ilustrado; de ahí el concepto de una poesía muy interesada por la oratoria civil que le llevo a definir mejor las rasgos de una poesía personal. En el verano comenzó a plasmar en un cuaderno sus impresiones, pensamientos, recuerdos. Este cuaderno de apuntes titulado  Zibaldone, le acompañará hasta 1832; Asimismo comienza a escribir sus "Memorias del primer amor", refiriendo la dramática experiencia  de su crisis amorosa por la ilusión de lograr el amor de su prima Geltrude Cassi- Lazzari, que había deslumbrado los sueños de un adolescente, que fue rechazado de plano por sus deformidades físicas por el objeto de su idolatría. Estando tan enclaustrado, quizás no es sorprendente que Giacomo se enamorase de la primera dama encantadora que visitara su casa. En 1817, Giacomo produjo una intensa cantidad de folios sobre Geltrude Cassi, una mujer casada que estaba ajeno a sus sentimientos. Este especie de apego romántico desdichado y idealizado por una mujer inalcanzable se repetiría varias veces durante toda la vida de Leopardi.

En ese delicado momento surge la amistad con Pietro Giordano que encaminó a Leopardi hacia una original solución: importar el Romanticismo en el Discurso de un italiano entorno a la poesía romántica encontró una sólida presencia de Giordano a través de un equilibrio dialéctico entre el pasado y el presente, dónde está presente la nostálgica atención hacia la antigüedad considerada me reflejo de una naturaleza auténtica e incorrupta, juventud feliz del género humano, ya negada al hombre contemporáneo. El equilibrio alcanzado en este momento no fue de una duración demasiado larga.

1818. a los veinte compone los que recogerá como sus primeros cantos: "A Italia", y "Sobre el monumento a Dante". El mismo año en que Leopardi empezó a compilar sus libretas en las que plasmó sus meditaciones, sus planes literarios y los aforismos. Planeó divulgar selecciones de sus libretas periódicamente, de forma que a su muerte alcanzase una enciclopedia - bajo el título "Enciclopedia de Conocimientos inútiles"  de 4.500 páginas. El Conde Monaldo frustró las ambiciones académicas propias de Giacomo continuando la exigencia de ingresar en el sacerdocio incluso después de que su hijo se  manifestase hostil hacia la religión.

1819.- Al año siguiente, enfermo de la vista y del espíritu, intenta en vano fugarse de Recanati.

1820-1822. Es este periodo escribió los primeros Idilios: "El infinito", "A la luna", "La noche de fiesta", "La vida solitaria" y "Recuerdos de infancia y adolescencia". La trágica presencia de la infelicidad individual surgió en 1820, en la "Canción de Angelo" cuando había encontrado el libro de Cicerone "Sobre la Republica" para transformarse en 1821 en un pesimismo cósmico  en el "Bruto Minore" prosiguiendo en 1822 con "El ultimo cando de Safo". En el periodo 1820-1822 también escribió "En la boda de la prima Paolina" y a "Un vencedor del balón" y la canción "A la primavera" y otros.

En noviembre, finalmente logró trasladarse a Roma, a la casa de su tío Carlo Antici donde finalizó la versión del "Martirio de los santos Patrios"Giacomo Leopardi

1823.- En mayo, decepcionado por la experiencia romana, regresa a Recanati donde escribió en siete días la canción "A su señora" y la "Sátira de Simonide sobre las mujeres"

En 1824 compone la primera de sus veinte "Operetas morales" y el "Discurso sobre el estado presente de las costumbres de los italianos".

En 1825 fue invitado por el editor Antonio Fortunato Stella para trasladarse a Milán, e intensifica sus propios estudios de filosófica antigua traduciendo a Sócrates, Teofrasto, Prodico y el Manuel de Epíteto. Las conquistas estilísticas de ese periodo serán decisivas para la poesía leopardiana. Probablemente el silencio que siguió a los trabajos prosísticos en las "operetas morales" tuvo que ver la conciencia de haber alcanzado una dimensión de calidad difícilmente superable. En este periodo trabajo todavía en una edición de la obra de cicerone. De octubre de 1825 a noviembre de 1826 se traslada a Bologna donde escribe las "Cartas al Conde Carlo Pepoli" recitaba el lunes de pascua en la Academia de los Dilsinei, y editado en esa ciudad el volumen con esos versos. En noviembre retornó a Recanati.

Este periodo transcurrió en medio de una oscura melancolía, entre Milán, Bologna y Recanati, marcado por una falta de inspiración poética. El trabajo no le faltó y no obstante de estar atormentado por la enfermedad y la necesidad de esforzarse, inició un trabajo que le desgastaría hasta lo indecible, en su situación de pésima salud, que fue el comentario del "Cancionero de Petrarca"

En 1827, la Editorial Stelola publica en Milán el volumen dedicado a la prosa de la "Crestomazia italiana" y las "Opusculos Morales", escritos en forma de diálogo en el que aparecen expuestas las ideas de Leopardi acerca de la desesperación. Se estableció en Florencia y entró en contacto con el circulo de Vieusseux; en septiembre es recibido por  Alessandro Mazona. En el año siguiente entra en un fervor creativo que implica la reanudación de la inspiración y de un equilibrio espiritual muy poco habitual. Surgen "Copernico" y "Dialogo de Plotinio" donde la fantasía alcanza una libertad total. En noviembre de 1827 deja a sus espaldas Florencia y se establece en Pisa hasta junio de 1828, atraído por el clima mas benigno. En Pisa reencuentra la disposición para la poesía, que se plasma en "El resurgimiento" y "A Silvia", dos cantos pisanos, pero este oasis espiritual duro bien poco: la salud empeoró nuevamente, la situación económica era de crisis y en mayo fallece su hermano. Después de ese descanso florentino, regresó a Recanati junto a Gioberto. La prisión se cerraba nuevamente sobre el escritor: renacen la rabia, el aburrimiento, la melancolía. De esta situación se repone otra vez mas, creando los grandes idilios recanatesos, entre agosto y septiembre de 1829: "La evocación", "La quietud tras la tempestad", "El sábado de la aldea", "El canto nocturno del pastor errante de Asia"

A principios de 1830, escribe  "El gorrión solitario", probablemente esbozado en su adolescencia.. En abril de ese año, Leopardi abandonó definitivamente Recanati, cerrando para siempre una etapa con altibajos creativos y de tranquilidad de espíritu. Para solucionar el problema de su independencia económica solicitó la intervención de Viesseux y acepto la propuesta de Colletta para promover una suscripción en su favor entre los amigos de la Toscana.

Fue en noviembre de 1830 cuando inició su unión afectiva y amistosa con Antonio Ranieri, a quien había conocido en 1828, y conoce al filólogo Luigi de Sinner.

Giacomo Leopardi en un busto de Giulio Monteverde (1898)

Decidida la salida hacia Florencia, donde lo esperaba el fervor de sus amigos encontró una renovada vena creativa. Leopardi abandono la memoria y la evocación de un tiempo de sombras y afronto con entereza la batalla con la realidad de su presente. No obstante que Florencia actuó como un catalizador, surgió la figura de Fanny Targione Tozzetti, que no era la imagen etérea soñada y perdida de la prima de su juventud. Fanny fue una presencia real con la que el poeta se golpeo duramente. En este caso el balance fue destinado a provocar el lamento por la felicidad inaccesible y perdida. La conciencia del fracaso se transfirió al  plano de la negatividad en la vida y la perdida de la esperanza y la ilusión. 

Así entre la primavera de 1831 y 1834 escribió el llamado "Ciclo de Aspasia" una serie de composiciones inspiradas por la pasión infeliz hacia las mujeres. La serie estaba conformada por cinco líricas: El pensamiento dominante (1831), Amor y muerte (1832), Consalvo (1832), A el mismo (1833) y Aspasia (1834)

En marzo de 1831 el Comité del Gobierno Provisional nombró a Leopardi diputado de la Asamblea Nacional de Bologna, pero el retorno de las tropas austriacas hicieron inasequible el nombramiento. En abril apareció la primera edición del Canto dedicado a los amigos de la Toscana. Mientras tanto el aislamiento florentino se acentuó y su único refugio fue la mantenida amistad con Ranieri que seguía en Roma cuando Giacomo tuvo que trasladarse en octubre de 1831. Leopardi permaneció en Roma en un estado de postración hasta marzo de 1832. Allí terminó el "Dialogo de un vendedor de calendarios y de una pasajera", iniciando el "Dialogo de Tristan y de un amigo" Entre agosto y el otoño escribió "Amor y Muerte y el Consalvo". En este año finaliza definitivamente "Zibaldone".

En 1833 la enfermedad de los ojos se agravó notablemente. Aun así escribió el esbozo del "Himno a Arimane". En septiembre se trasladó desde Firenze a  Nápoles, instalándose en la casa de su amigo Ranieri, encontrando poco beneficio para la salud con el clima benigno, mas bien al contrario. Con todo logró dedicarse a la composición de "Pensamientos".

En la primavera de 1834 escribe el ultimo de los cantos inspirados en Aspasia e inició la redacción de los "Paralipomeni alla Bratracomiomachia". Al año siguiente escribió la "Palinodia al marqués Gino Capponi" y la sátira "Los nuevos creyentes"; compuso las dos canciones fúnebres "Sobre un bajorrelieve" y "Sobre el retrato de una bella dama". Ese mismo año inició para la editorial Starita de Nápoles la publicación de su Opera, de la que salieron dos volúmenes: el Canto y la Operetas moral. 

A pesar de las desastrosas condiciones de salud, para huir de la amenaza del cólera que arrasó Nápoles entre 1836 y 1837, Leopardi fue obligado a instalarse sobre una ladera del Vesubio con su hermana Paolina y Ranieri. Todo esto no favoreció la salud de Leopardi sino que agravó su enfermedad, y el poeta comenzó a ser consciente de que se acercaba su final. Muy probablemente es en  este periodo que redactó los últimos cantos: " El ocaso de la luna", "La retama o la flor de desierto"

Giacomo Leopardi falleció el 14 de junio de 1837 en la casa de Antonio Ranieri, a la edad de treinta y nueve años. Poco antes había escrito a su padre:

      «Mis sufrimientos físicos diarios e incurables han llegado con la edad a tal punto que no pueden aumentar más: espero que, superada finalmente la pequeña resistencia que les opone mi cuerpo moribundo, me llevarán al eterno descanso que invoco a diario con toda mi alma, no por heroísmo sino por el rigor de las penas que sufro».

   ***** 

 

 

Sobre la vertiente homosexual de Leopardi

Giovanni Dall'orto

 

El punto de partida privilegiado para tratar nuestro tema es obviamente la gran pasión amorosa de Leopardi, la que ocupó gran parte de su vida adulta, la "unión" con Antonio Rainero (1806-1888). Por una parte, en efecto, quien intenta una lectura gay descuida los doctos estudios dedicados a esta extraña amistad; por otra parte, otros estudios desde diferente óptica, eluden pura y sencillamente la pregunta "escabrosa"

No soy el primero en hablar de esta "extraña pareja" desde una óptica gay. Sin embargo no considero inútil re-estudiar esta amistad, porque tengo la impresión de que no ha sido dicha aun la ultima palabra. He querido por tanto encarar la cuestión usando los estudios para plantear las preguntas "escabrosas" y espero haber encontrado algunas respuestas convincentes.

Leopardi conoció en 1827 en Florencia al napolitano Antonio Raniero, estudiante aplicado, que un biógrafo describe como:"joven, guapísimo, con una gallarda apariencia personal" y con "aquel ardor y entusiasmo de animo que tanto gusta al sexo bello" (y no solamente a ellas, añado yo).

En 1839 la relación se hace asidua y en el invierno del 1831/1832 los dos personajes pasan cinco meses juntos en Roma, oficialmente por la salud de Leopardi, en calidad porque Rainero quiso estar junto a la actriz Maria Maddalena Pelzet (casada)  a la que ansiaba.

Cuando en 1832-1833 Raniero volvió a Nápoles, pues su familia pasaba por desordenes financieros cada vez mas graves. Leopardi le escribió desde Firenze frecuentes cartas de amor. En estas leemos declaraciones como esta: Mi Raniero, tu no me abandonarás nunca ni desfallecerás en el amarme. Yo no quiero que tu te sacrifiques por mi, y deseo ardientemente que lo primero para ti sea el estar bien. Espero que puedas disponer las cosas como cuando vivíamos el uno para el otro, o al menos yo por ti; solo esto es lo que mantiene mi esperanza. Adiós alma mía. Te aprieto en mi corazón, que ante cualquier circunstancia posible o imposible, será eternamente tuyo.

Una amistad tan encendida no paso inadvertida, como se deduce de otra carta que señala los escarnios que azuzaba: "Mi pobre Raniero. Si los hombres se burlan de ti por mi causa, me consuela al menos que yo que siempre te he mostrado mi respeto y mostraré mas que niño. El mundo siempre se ríe de aquellas cosas que si no se riese estaría obligado a admirar; y siempre se reprocha como la zorra, aquello que envidia. Oh, mi Raniero. ?Cuando te recobraré?. Hasta que no haya alcanzado ese inmenso bien estaré temblando que esto suceda. Adiós, alma mía, con toda la fuerza de mi espíritu. Adiós infinitas veces. No te canses de quererme"

Y en otra: "Mi Ranieri,  no necesitas que te diga que donde sea que estés y de cualquier modo que quieras, yo estaré contigo. Considera bien y fríamente tu propia conveniencia (...) y después resuelve.  Mi decisión ya está tomada desde hace tiempo: es la de no separarme mas de ti. Adiós

Y cuando finalmente Raniero parte nuevamente hacia Florencia para encontrarse con su amigo, al que ha propuesto vivir juntos en Nápoles, Leopardi escribe:"Ranieri, ¿Te encontrará esta carta aun en Nápoles?  Te aviso que ya no puedo vivir sin ti, y me ha invadido una impaciencia morbosa por volverte a ver, y que es cierto que si te demoras un poco, yo moriré de melancolía antes de haberte tenido. Adiós, adiós"

Diré enseguida que leyendo esta y las otras cartas se saca la impresión de que existe una relación entre ambos escritores. Hay que recordar que en el ochocientos, la amistad se expresaba en términos mas ardientes y expresivos que en la actualidad. Esto que es cierto, pero es igualmente cierto que en estas cartas se sobrepasa lo habitual en las convenciones de la relación amistosa incluso en la consideración de una amistad romántica, como demuestra la consideración de Leopardi a propósito de "escarnios" que les implicaba su unión.

Así, para mayor información, Raniero nos transmite su evocación acerca de sucesos relativos al "escándalo " y el escarnio, de la excesiva intimidad de ambos. Apenas llegan a Nápoles juntos, en 1833:..." he dejado mi antigua cama, durmiendo en una habitación que no es la mía (cosa que en las costumbres del país de aquella época rozaban el escándalo) para dormir junto a él". Tanta solicitud suscitó la sospecha de la dueña de la casa que: "me declaró: yo le había introducido a un tísico en casa; que, queriéndole tanto para cuidarle por la noche, no puede ser causa de que se las haga en mi casa (no había razón para no hacerlo en mi casa) por eso ella quiso ser desvinculada por el alquiler"

Un incidente similar había sucedido durante una estancia conjunta en Roma en 1831/1832: un peluquero malvado paisano de Leopardi se asombra de la convivencia entre ambos, comenzó a propagar ciertas habladurías sobre Ranieri: "Yo soy - me dijo - de Recanati (...) ¿Como es que tiene consigo al hijo del Conde Monaldo?. Golpeado por la repentina interrogación, atendí por encima de mi jefe y le miré. Y sorprendiéndole con un cierto aire malicioso, tuvo un momento de estupor. Luego, recuperado el ánimo dijo: "Conmigo..? comentó con severidad: "No se que queréis dar a entender. Somos dos amigos que han tomado una vivienda (apartamento) juntos". Ignorante de que estaba próximo a donde yo estaba, y por tanto, sin hablar todo lo bajo que habría debido, él repitió, sonriendo: "He dicho esto, porque conozco muy bien las cosas de allá, del humor del padre y del hijo; el odio implacable de este al clima y a los habitantes de aquel país". Y añadió, con importuna locuacidad con en énfasis de una duplicada severidad otros detalles de los que no me ocupe ni tuve interés en conocer".

Apenas salió el peluquero cotilla, se desfoga Leopardi "Sabes?, yo me convierto en un loco, solo con imaginar lo que andan diciendo las bocas de aquella gente (los recanatesis), sabes? yo me invento e inventaré todos los cuentos, todas las novelas de aquella tierra, para salvarme de esta horrible desgracia". (como buena musa de los cuentos y las novelas su Silvia es bella compañía) Ranieri le reconfirma su amistad, pero añade con cierto veneno: "Pero, yo confieso, que no habría entendido nunca concederle tal libertad a que se refiere si hubiera leído alguna de sus cartas. Yo por tres veces intente hacer esta lectura, y por tres veces fui preso de la fiebre".

Entonces llegamos al punto crucial, como eran las convenciones de la amistad del ochocientos, si Ranieri mismo nos dice que las cartas de Leopardi eran mas allá de lo aceptable, al punto que la lectura le procuraba la fiebre décadas después.

Pero entonces estaban juntos liados o no? A juzgar por el hecho de que Leopardi necesitaba de ciertos "misteriosos paseos" y de ciertos encuentros con proletarios desconocidos, no diría que esa relación fuese o no una relación erótica. "Leopardi era absolutamente celoso de sus secretos (...) Nosotros, por otra parte, éramos desdeñosos de las habladurías o de conocer noticias de hechos ajenos, y respetuosísimos de su libertad, no quedándonos otra elección que abstenernos de tocar cualquiera de esos temas o de comentar sobre ello, y a mi, en particular, de salir constantemente de la habitación cuando algunos de esos momentos innombrables llegaba"

Hace falta añadir algún comentario?

Hasta aquí la información que los protagonistas nos han dejado. Vamos ahora integrarla con la que los biógrafos hemos descubierto.

Un primer dato que emerge leyendo la biografía es que Ranieri fue un mujeriego impenitente y desconsiderado, como ejemplifica su aventura con la Pelzet (que no fue la única). Leopardi, al contrario, no tuvo aventura o historia conocida con mujeres.

Un segundo dato es que la memoria escrita de Ranieri es incoherente. Tal vez fueron escritas mas para ocultar algo que para dejar constancia? Quizás una relación homosexual?

Cabe la posibilidad de que se tratase de una alambicada relación parasitaria, lo que no solo calla en las Memorias, sino mas bien oculta describiendo a Leopardi como su huésped corriendo con los gastos, en la medida que su familia estaba en la bancarrota (la de Rainieri). En los años en que ambos convivieron era Leopardi quien pagaba las cuentas. Así, en un cierto momento se encuentra en la casa la hermana de Ranieri, Paolina.

Este descubrimiento cambia la óptica en la que leer la relación. Que Leopardi fuese amigo intimo de Rainieri lo demuestran suficientemente las cartas. Que Rainieri, perdido en sus amoríos con mujeres, respondiera a tal amor, lo niega su biografía. Si existió el amor fue un amor en una sola dirección.

Se entiendo pues que Rainieri, de su plurianual convivencia con Leopardi, haya dejado únicamente habladurías e insinuaciones: en parte la grandiosidad personal de Leopardi le impactó. Para el, Leopardi era únicamente un ricacho enamorado, de cuya debilidad humana se aprovechó. Se comprende entonces que había que transmitir la imagen fraternal como hace: para establecer que "el richachón era eso", Leopardi, no él.

En este enfoque toman sentido preciso las sibilinas quejas de Rainiero, a propósito de los soliloquios amorosos (en circunstancias en que los mas correcto era el silencio) con los que Leopardi le atormentaba.

Los eruditos heterosexuales han entendido que los "soliloquios"  concernían a "amores imposibles" por mujeres inaccesibles. Me permito dudar sobre ellos, y por fortuna no soy el único que piensa así: Los soliloquios amorosos en cuya escabrosas sinuosidades Ranieri dice estar inmerso y con una gran angustia, no tienen otro modo de interpretarse que como desvaríos de amor que se habría visto obligado a escuchar de la boca del poeta. ¿Pero como y porque obligado?. Estas son las circunstancias sobre las que guarda un bello silencio.

Si esto es cierto, como he oído vociferar, no solo el jovencito estimulado por Aspasia de la que habla Carducci, no es otra cosa que el simulacro de ella en la mente alucinada del poeta, tal vez apuntando hacia el amigo Ranieri; lo que aclararía la reticencia de este lugar y tema, que de otra manera seria inexplicable.

No puedo negar la importancia de un testimonio que habla de algunas reflexiones aparentemente orientadas a Aspasia cuando en realidad iban hacia el objetivo mas opaco de un "joven adjunto". Y finalmente nos enteramos que tal amor plasmado en versos no se orientase a otra persona mas que al amigo Renieri. Por fin aparece esto. 

De nuestra parte añadimos que nos parece extravagante que Leopardi, enamorado vanamente de la bella Fanny Targioni, alias "Aspasia" (con la cual Ranieri tuvo un enredo amoroso) acuciado por el furor amoroso trasegara la pasión sobre jovencito adjunto, porque desease ocupar su lugar. Tal vez no llegase a trasfundirlo en Aspasia, en la que estaba transfiriendo el ardor por su Rainieri? En este Punto, porque no sobre el caballo de la bella amada?

La energía empleada en intentar salvar a Leopardi de la sospecha de homosexualidad se ha terminado por convertir unos tópicos en un autentico caso clínico capaz de arrojarse encima de cualquier cosa que caminase sobre dos piernas y respirase. Cualquiera que conozca la realidad y no las fantasías homofobas de los críticos literarios heterosexuales, parece como mas plausible que en la anécdota referida por Carducci en su conferencia, el "jovencito adjunto" que aparece no era otra cosa que un intento de desviar la atención.

Llegados a este punto, en cambio, nos damos cuenta que hemos recogido indicios de las preferencias homosexuales de Leopardi, pero no sobre las de Rainiero. Entonces, la idea de una relación entre Leopardi y Ranieri, bella, poética, romántica, evidentemente no se sostiene. Y hasta lo lamentamos, porque la habríamos acogido como un rayo de sol y manantial de alegría en la atormentada vida de Giacomo. Tuvo razón Rainero: el ricachon era ciertamente Giacomo: sobre el vamos a concentrar nuestra atención.

Y que pasa entonces con Leopardi? 

Ante todo, existen una serie de documentos inéditos que los actuales condes Leopardi han rechazado poner a disposición de los investigadores. Se trata, afirman los condes, de obras juveniles irrelevantes que no aportan nada a la comprensión del escritor.

La tesis es bizarra, dado que si son cosas irrelevantes, no debería haber motivo alguno para no dejarlas consultarlas. A menos que contengan fantasías y confesiones que no desean que los herederos no desean hacer publicas.

Y el hecho de que Leopardi fuese capaz de escribir abiertamente de homosexualidad lo revelan tras apuntes del Zibaldone, datado entre 1821 t 1842 que, a mi parecer, documentan la atormentada tentativa del joven Leopardi de pactar con una parte de si mismo.

La primera nota, con un tono falsamente aséptico, mas bien rociado con una cierta execración, señala como el amor verdadero, en la antigüedad, era el homosexual: "El amor platónico, sublimemente expresado en Fredo (de Platón) no es pederastia. Todos los sentimientos nobles, que el amor inspiraba en los griegos, todo su sentimiento del amor, aunque sean escritos, no pertenece a otro que la pederastia, y en los escritos de mujeres (...) al amor de una mujer por otra mujer. Basta con conocer un poco la literatura griega desde Anacreonte a las novelas, para no dudar de esto, como algunos han hecho"

De inmediato, tras estas líneas, tal vez asustado por haber ido demasiado lejos, Giacomo, añade: "Tal vez sea la exuberancia de la vida se pueda atribuir la gran universalidad de la pederastia en la Grecia (antigua)... mientras entre nosotros no hace falta convenir que esto es solo un vicio antinatural, una inclinación que solo el exceso de una libido desnaturalizadora de los gustos y las inclinaciones de los hombres, puede producir"

Giacomo vuelve sobre el  asunto en 1824, retomando las dos puntas del dilema: "Entre  otras barbaries humanas que se pueden anotar se encuentra la pederastia, desnaturaleza infame (...) no solo propia de los bárbaros sino también de toda una nación civilizada como la griega, y por mucho tiempo (dejemos a los romanos)... y si de suyo los griegos escriben del amor en verso y en prosa, entienden (excepto en bien raras ocasiones) que de eso se trata.

Para Leopardi, con poco mas de vente años, la homosexualidad es aquella cosa que es noble entre sus queridos griegos, pero en su actualidad es sórdida y torpe. 

¿Como resolverá la contradicción? 

Quizás amando "castamente" a los hombres, por ejemplo a Rainero, pero negándose al sexo. O quizás como millones de homosexuales en todos los tiempos, antes cediendo a los sentidos y luego avergonzándose de aquello que se ha hecho. O quizás de otras maneras, que solo los papeles inéditos de los herederos de Leopardi pueden desvelar, o de formas que no sabremos nunca...

Retrato de Giacomo Leopardi en su lecho de muerte - 1837

Lamentablemente Leopardi se convirtió, ya en vida, en una especie de "santo patriótico", una gloria nacional italiana sobre la que únicamente estaba permitido decir cosas buenas.  Nos falta en su caso, el distanciamiento histórico que solamente emerge , tal vez décadas después, de sus narraciones, cartas, diarios, memorias de contemporáneos.  Especular sobre su vida sexual, habría sido un sacrilegio. El único que podía haberlo comentado, Ranieri, fue constreñido a decir y a no  decir.

Por tanto estoy convencido de que una lectura en óptica gay de la obra de Leopardi  es necesaria. 

Y bien pensado, que otra cosa es "El sábado en la aldea" sino el lamento de quien ve la "juventud del loco "(hetero) que "mira y es mirado" mientras es excluido de la fiesta del amor? 

Y que cosa es "el gorrión solitario" sino la expresión del aislamiento de un homosexual que se siente "único en el mundo".

Quizás los documentos mas significativos de la condición homosexual de Leopardi están justamente ahí, bajo la mirada de todos: son las poesías que habíamos estudiado en la escuela elemental.

Nos han contado que Leopardi vivió solo porque era jorobado. Tonterías. Era, sino rico, acomodado, un noble, fue apreciado. Una mujer que se casase con el, en una época en que las bodas eran vistas como asuntos económicos, la habría encontrado si lo hubiese deseado. En  cambio insisten los tópicos en que se dedicó a cortejar a mujeres casadas o imposibles. Típica estrategia para no ser correspondido.

Solo si Antonio, el bello Antonio, hubiera aceptado y correspondido ese amor, su vida habría podido ser de verdad diferente.

 

 

Este ensayo ha sido tomado de la pagina amiga del investigador Giovani Dall'orto.

http://digilander.libero.it/giovannidallorto/biografie/leopardi/leopardiaroma.html


 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO