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El
punto de partida privilegiado para tratar nuestro tema es obviamente la
gran pasión amorosa de Leopardi, la que ocupó gran parte de su vida
adulta, la "unión" con Antonio Rainero (1806-1888). Por una
parte, en efecto, quien intenta una lectura gay descuida los doctos
estudios dedicados a esta extraña amistad; por otra parte, otros estudios
desde diferente óptica, eluden pura y sencillamente la pregunta "escabrosa" No
soy el primero en hablar de esta "extraña pareja" desde una óptica
gay. Sin embargo no considero inútil re-estudiar esta amistad, porque
tengo la impresión de que no ha sido dicha aun la ultima palabra. He
querido por tanto encarar la cuestión usando los estudios para plantear
las preguntas "escabrosas" y espero haber encontrado algunas
respuestas convincentes. Leopardi
conoció en 1827 en Florencia al napolitano Antonio Raniero, estudiante
aplicado, que un biógrafo describe como:"joven, guapísimo, con una
gallarda apariencia personal" y con "aquel ardor y entusiasmo de
animo que tanto gusta al sexo bello" (y no solamente a ellas, añado
yo). En 1839 la relación
se hace asidua y en el invierno del 1831/1832 los dos personajes pasan
cinco meses juntos en Roma, oficialmente por la salud de Leopardi, en calidad
porque Rainero quiso estar junto a la actriz Maria Maddalena Pelzet
(casada) a la que ansiaba. Cuando
en 1832-1833 Raniero volvió a Nápoles, pues su familia pasaba por
desordenes financieros cada vez mas graves. Leopardi le escribió desde Firenze
frecuentes cartas de amor. En estas leemos declaraciones como esta: Mi
Raniero, tu no me abandonarás nunca ni desfallecerás en el amarme. Yo no
quiero que tu te sacrifiques por mi, y deseo ardientemente que lo primero
para ti sea el estar bien. Espero que puedas disponer las cosas como
cuando vivíamos el uno para el otro, o al menos yo por ti; solo esto es
lo que mantiene mi esperanza. Adiós alma mía. Te aprieto en mi corazón,
que ante cualquier circunstancia posible o imposible, será eternamente
tuyo. Una
amistad tan encendida no paso inadvertida, como se deduce de otra carta
que señala los escarnios que azuzaba: "Mi
pobre Raniero. Si los hombres se burlan de ti por mi causa, me consuela al
menos que yo que siempre te he mostrado mi respeto y mostraré mas que
niño. El mundo siempre se ríe de aquellas cosas que si no se riese estaría
obligado a admirar; y siempre se reprocha como la zorra, aquello que
envidia. Oh, mi Raniero. ?Cuando te recobraré?. Hasta que no haya
alcanzado ese inmenso bien estaré temblando que esto suceda. Adiós, alma
mía, con toda la fuerza de mi espíritu. Adiós infinitas veces. No te
canses de quererme"
Y en otra: "Mi
Ranieri, no necesitas que te diga que donde sea que estés y de cualquier
modo que quieras, yo estaré contigo. Considera bien y fríamente tu
propia conveniencia (...) y después resuelve. Mi decisión ya está
tomada desde hace tiempo: es la de no separarme mas de ti. Adiós"
Y cuando finalmente
Raniero parte nuevamente hacia Florencia para encontrarse con su amigo, al
que ha propuesto vivir juntos en Nápoles, Leopardi escribe:"Ranieri,
¿Te encontrará esta carta aun en Nápoles? Te aviso que ya no
puedo vivir sin ti, y me ha invadido una impaciencia morbosa por volverte
a ver, y que es cierto que si te demoras un poco, yo moriré de
melancolía antes de haberte tenido. Adiós, adiós" Diré
enseguida que leyendo esta y las otras cartas se saca la impresión de que
existe una relación entre ambos escritores. Hay que recordar que en el
ochocientos, la amistad se expresaba en términos mas ardientes y
expresivos que en la actualidad. Esto que es cierto, pero es igualmente
cierto que en estas cartas se sobrepasa lo habitual en las convenciones de
la relación amistosa incluso en la consideración de una amistad romántica,
como demuestra la consideración de Leopardi a propósito de
"escarnios" que les implicaba su unión. Así,
para mayor información, Raniero nos transmite su evocación acerca de
sucesos relativos al "escándalo " y el escarnio, de la excesiva
intimidad de ambos. Apenas llegan a Nápoles juntos, en 1833:..." he
dejado mi antigua cama, durmiendo en una habitación que no es la mía
(cosa que en las costumbres del país de aquella época rozaban el escándalo)
para dormir junto a él". Tanta solicitud suscitó la sospecha de la
dueña de la casa que: "me declaró: yo le había introducido a un
tísico en casa; que, queriéndole tanto para cuidarle por la noche, no
puede ser causa de que se las haga en mi casa (no había razón para no
hacerlo en mi casa) por eso ella quiso ser desvinculada por el alquiler"
Un incidente similar
había sucedido durante una estancia conjunta en Roma en 1831/1832: un
peluquero malvado paisano de Leopardi se asombra de la convivencia entre
ambos, comenzó a propagar ciertas habladurías sobre Ranieri: "Yo
soy - me dijo - de Recanati (...) ¿Como es que tiene consigo al hijo del
Conde Monaldo?. Golpeado por la repentina interrogación, atendí por
encima de mi jefe y le miré. Y sorprendiéndole con un cierto aire
malicioso, tuvo un momento de estupor. Luego, recuperado el ánimo dijo:
"Conmigo..? comentó con severidad: "No se que queréis dar a
entender. Somos dos amigos que han tomado una vivienda (apartamento)
juntos". Ignorante de que estaba próximo a donde yo estaba, y por
tanto, sin hablar todo lo bajo que habría debido, él repitió,
sonriendo: "He dicho esto, porque conozco muy bien las cosas de
allá, del humor del padre y del hijo; el odio implacable de este al clima
y a los habitantes de aquel país". Y añadió, con importuna
locuacidad con en énfasis de una duplicada severidad otros detalles de
los que no me ocupe ni tuve interés en conocer".
Apenas salió el
peluquero cotilla, se desfoga Leopardi "Sabes?,
yo me convierto en un loco, solo con imaginar lo que andan diciendo las
bocas de aquella gente (los recanatesis), sabes? yo me invento e
inventaré todos los cuentos, todas las novelas de aquella tierra, para
salvarme de esta horrible desgracia".
(como buena musa de
los cuentos y las novelas su Silvia es bella compañía) Ranieri le
reconfirma su amistad, pero añade con cierto veneno: "Pero, yo
confieso, que no habría entendido nunca concederle tal libertad a que se
refiere si hubiera leído alguna de sus cartas. Yo por tres veces intente
hacer esta lectura, y por tres veces fui preso de la fiebre".
Entonces llegamos al
punto crucial, como eran las convenciones de la amistad del ochocientos,
si Ranieri mismo nos dice que las cartas de Leopardi eran mas allá de lo
aceptable, al punto que la lectura le procuraba la fiebre décadas después.
Pero entonces estaban
juntos liados o no? A juzgar por el hecho de que Leopardi necesitaba de
ciertos "misteriosos paseos" y de ciertos encuentros con
proletarios desconocidos, no diría que esa relación fuese o no una relación
erótica. "Leopardi
era absolutamente celoso de sus secretos (...) Nosotros, por otra parte, éramos
desdeñosos de las habladurías o de conocer noticias de hechos ajenos, y respetuosísimos
de su libertad, no quedándonos otra elección que abstenernos de tocar
cualquiera de esos temas o de comentar sobre ello, y a mi, en particular,
de salir constantemente de la habitación cuando algunos de esos momentos
innombrables llegaba"
Hace falta añadir algún
comentario?
Hasta aquí la información
que los protagonistas nos han dejado. Vamos ahora integrarla con la que
los biógrafos hemos descubierto.
Un primer dato que emerge
leyendo la biografía es que Ranieri fue un mujeriego impenitente y
desconsiderado, como ejemplifica su aventura con la Pelzet (que no fue la
única). Leopardi, al contrario, no tuvo aventura o historia conocida con
mujeres.
Un segundo dato es que la
memoria escrita de Ranieri es incoherente. Tal vez fueron escritas mas
para ocultar algo que para dejar constancia? Quizás una relación
homosexual? Cabe la
posibilidad de que se tratase de una alambicada relación parasitaria, lo
que no solo calla en las Memorias, sino mas bien oculta describiendo a
Leopardi como su huésped corriendo con los gastos, en la medida que su
familia estaba en la bancarrota (la de Rainieri). En los años en que
ambos convivieron era Leopardi quien pagaba las cuentas. Así, en un
cierto momento se encuentra en la casa la hermana de Ranieri, Paolina. Este
descubrimiento cambia la óptica en la que leer la relación. Que Leopardi
fuese amigo intimo de Rainieri lo demuestran suficientemente las cartas.
Que Rainieri, perdido en sus amoríos con mujeres, respondiera a tal amor,
lo niega su biografía. Si existió el amor fue un amor en una sola dirección. Se
entiendo pues que Rainieri, de su plurianual convivencia con Leopardi,
haya dejado únicamente habladurías e insinuaciones: en parte la
grandiosidad personal de Leopardi le impactó. Para el, Leopardi era únicamente
un ricacho enamorado, de cuya debilidad humana se aprovechó. Se comprende
entonces que había que transmitir la imagen fraternal como hace: para
establecer que "el richachón era eso", Leopardi, no él. En
este enfoque toman sentido preciso las sibilinas quejas de Rainiero, a propósito
de los soliloquios amorosos (en circunstancias en que los mas correcto era
el silencio) con los que Leopardi le atormentaba. Los
eruditos heterosexuales han entendido que los
"soliloquios" concernían a "amores imposibles"
por mujeres inaccesibles. Me permito dudar sobre ellos, y por fortuna no
soy el único que piensa así: Los soliloquios amorosos en cuya escabrosas
sinuosidades Ranieri dice estar inmerso y con una gran angustia, no tienen
otro modo de interpretarse que como desvaríos de amor que se habría
visto obligado a escuchar de la boca del poeta. ¿Pero como y porque
obligado?. Estas son las circunstancias sobre las que guarda un bello
silencio. Si esto
es cierto, como he oído vociferar, no solo el jovencito estimulado por
Aspasia de la que habla Carducci, no es otra cosa que el simulacro de ella
en la mente alucinada del poeta, tal vez apuntando hacia el amigo Ranieri;
lo que aclararía la reticencia de este lugar y tema, que de otra manera
seria inexplicable. No
puedo negar la importancia de un testimonio que habla de algunas
reflexiones aparentemente orientadas a Aspasia cuando en realidad iban
hacia el objetivo mas opaco de un "joven adjunto". Y finalmente
nos enteramos que tal amor plasmado en versos no se orientase a otra
persona mas que al amigo Renieri. Por fin aparece esto. De
nuestra parte añadimos que nos parece extravagante que Leopardi,
enamorado vanamente de la bella Fanny Targioni, alias "Aspasia"
(con la cual Ranieri tuvo un enredo amoroso) acuciado por el furor amoroso
trasegara la pasión sobre jovencito adjunto, porque desease ocupar su
lugar. Tal vez no llegase a trasfundirlo en Aspasia, en la que estaba
transfiriendo el ardor por su Rainieri? En este Punto, porque no sobre el
caballo de la bella amada? La
energía empleada en intentar salvar a Leopardi de la sospecha de
homosexualidad se ha terminado por convertir unos tópicos en un autentico
caso clínico capaz de arrojarse encima de cualquier cosa que caminase
sobre dos piernas y respirase. Cualquiera que conozca la realidad y no las
fantasías homofobas de los críticos literarios heterosexuales, parece
como mas plausible que en la anécdota referida por Carducci en su
conferencia, el "jovencito adjunto" que aparece no era otra cosa
que un intento de desviar la atención. Llegados
a este punto, en cambio, nos damos cuenta que hemos recogido indicios de
las preferencias homosexuales de Leopardi, pero no sobre las de Rainiero.
Entonces, la idea de una relación entre Leopardi y Ranieri, bella, poética,
romántica, evidentemente no se sostiene. Y hasta lo lamentamos, porque la
habríamos acogido como un rayo de sol y manantial de alegría en la
atormentada vida de Giacomo. Tuvo razón Rainero: el ricachon era
ciertamente Giacomo: sobre el vamos a concentrar nuestra atención.
Y que pasa entonces
con Leopardi? Ante
todo, existen una serie de documentos inéditos que los actuales condes
Leopardi han rechazado poner a disposición de los investigadores. Se
trata, afirman los condes, de obras juveniles irrelevantes que no aportan
nada a la comprensión del escritor. La
tesis es bizarra, dado que si son cosas irrelevantes, no debería haber
motivo alguno para no dejarlas consultarlas. A menos que contengan
fantasías y confesiones que no desean que los herederos no desean hacer
publicas.
Y el hecho de que
Leopardi fuese capaz de escribir abiertamente de homosexualidad lo revelan
tras apuntes del Zibaldone, datado entre 1821 t 1842 que, a mi parecer,
documentan la atormentada tentativa del joven Leopardi de pactar con una
parte de si mismo. La
primera nota, con un tono falsamente aséptico, mas bien rociado con una
cierta execración, señala como el amor verdadero, en la antigüedad, era
el homosexual: "El amor platónico, sublimemente expresado en Fredo
(de Platón) no es pederastia. Todos los sentimientos nobles, que el amor
inspiraba en los griegos, todo su sentimiento del amor, aunque sean
escritos, no pertenece a otro que la pederastia, y en los escritos de
mujeres (...) al amor de una mujer por otra mujer. Basta con conocer un
poco la literatura griega desde Anacreonte a las novelas, para no dudar de
esto, como algunos han hecho" De
inmediato, tras estas líneas, tal vez asustado por haber ido demasiado
lejos, Giacomo, añade: "Tal vez sea la exuberancia de la vida se
pueda atribuir la gran universalidad de la pederastia en la Grecia
(antigua)... mientras entre nosotros no hace falta convenir que esto es
solo un vicio antinatural, una inclinación que solo el exceso de una
libido desnaturalizadora de los gustos y las inclinaciones de los hombres,
puede producir" Giacomo
vuelve sobre el asunto en 1824, retomando las dos puntas del dilema:
"Entre otras barbaries humanas que se pueden anotar se
encuentra la pederastia, desnaturaleza infame (...) no solo propia de los
bárbaros sino también de toda una nación civilizada como la griega, y
por mucho tiempo (dejemos a los romanos)... y si de suyo los griegos
escriben del amor en verso y en prosa, entienden (excepto en bien raras
ocasiones) que de eso se trata. Para
Leopardi, con poco mas de vente años, la homosexualidad es aquella cosa
que es noble entre sus queridos griegos, pero en su actualidad es sórdida
y torpe. ¿Como
resolverá la contradicción? Quizás
amando "castamente" a los hombres, por ejemplo a Rainero, pero negándose
al sexo. O quizás como millones de homosexuales en todos los tiempos,
antes cediendo a los sentidos y luego avergonzándose de aquello que se ha
hecho. O quizás de otras maneras, que solo los papeles inéditos de los
herederos de Leopardi pueden desvelar, o de formas que no sabremos
nunca...  Lamentablemente
Leopardi se convirtió, ya en vida, en una especie de "santo patriótico",
una gloria nacional italiana sobre la que únicamente estaba permitido
decir cosas buenas. Nos falta en su caso, el distanciamiento histórico
que solamente emerge , tal vez décadas después, de sus narraciones,
cartas, diarios, memorias de contemporáneos. Especular sobre su
vida sexual, habría sido un sacrilegio. El único que podía haberlo
comentado, Ranieri, fue constreñido a decir y a no decir.
Por tanto estoy
convencido de que una lectura en óptica gay de la obra de Leopardi
es necesaria.
Y bien pensado, que otra
cosa es "El sábado en la aldea" sino el lamento de quien ve la
"juventud del loco "(hetero) que "mira y es mirado"
mientras es excluido de la fiesta del amor?
Y que cosa es "el
gorrión solitario" sino la expresión del aislamiento de un homosexual
que se siente "único en el mundo". Quizás
los documentos mas significativos de la condición homosexual de Leopardi están
justamente ahí, bajo la mirada de todos: son las poesías que habíamos
estudiado en la escuela elemental. Nos
han contado que Leopardi vivió solo porque era jorobado. Tonterías. Era,
sino rico, acomodado, un noble, fue apreciado. Una mujer que se casase con
el, en una época en que las bodas eran vistas como asuntos económicos,
la habría encontrado si lo hubiese deseado. En cambio insisten los tópicos
en que se dedicó a cortejar a mujeres casadas o imposibles. Típica estrategia
para no ser correspondido. Solo
si Antonio, el bello Antonio, hubiera aceptado y correspondido ese amor,
su vida habría podido ser de verdad diferente.
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