Entrada Lawrence

1888 - 1935

 

 

Sobre la película y el hombre

por CESAR VIDAL




«LAWRENCE DE ARABIA». Esta película del director inglés David Lean toma la historia del arqueólogo, escritor y militar T.E. Lawrence, autor de Los siete pilares de la sabiduría y una de las figuras con mayor leyenda a sus espaldas de todo el siglo XX. Su vida ha quedado para siempre asociada a las imágenes de la mítica cinta, a pesar de sus numerosas concesiones artísticas y de los diversos problemas que tuvo que lidiar con la censura de la época para retratar los conflictos del personaje. 

En noviembre de 1917, mientras los bolcheviques llevaban a cabo un golpe que les entregaría el poder en Rusia, un joven oficial británico destacado en Oriente Medio sufría una experiencia que cambiaría radicalmente su vida. Disfrazado de árabe, se había acercado a inspeccionar una población de nombre Deraa y en el curso de su misión fue sorprendido por los soldados turcos. Confundido, en virtud del color claro de su piel, de sus ojos y de sus cabellos, con un desertor circasiano, el oficial fue detenido y esa misma noche llevado ante la presencia de un mandatario turco que pudo ser el comandante de la guarnición Bimbashi Ismail Bey o el jefe de milicias Ali Riza Bey.

Este no pretendía interrogarle, como hubiera sido lógico esperar, sino mantener relaciones homosexuales con el prisionero. La respuesta del cautivo ante los primeros acercamientos del turco fue de tajante rechazo y el resultado final fue que los soldados lo torturaron salvajemente y facilitaron así su ulterior violación por parte de su superior.

Problemas de censura

Años después, cuando la vida del oficial británico que no era otro que el famoso Lawrence de Arabia fuera llevada al cine, el episodio provocaría sus problemas al director David Lean y al guionista Robert Bolt. Ambos eran más que conscientes de que una violación homosexual no podía ser reflejada en la pantalla. Sin embargo, sabían también que Lawrence no había sido el mismo desde aquel terrible episodio y que el posterior enloquecimiento del personaje un trastorno magistralmente interpretado por un Peter O'Toole que, paradójicamente, se parecía muy poco en el físico al héroe británico hundía sus raíces más siniestras en la agresión homosexual sufrida en Deraa.

Finalmente, se filmaría una secuencia en la que José Ferrer encarnaba al violador pero donde los hechos acontecidos se les escapaban a la mayoría de los espectadores que no conocían la historia. Esta fue sin ningún género de dudas verdaderamente excepcional.

Lawrence había nacido en Tremadoc, una población situada al norte de Gales, en 1888. Era hijo ilegítimo una circunstancia recogida también de pasada en la película fruto de la unión entre un terrateniente anglo-irlandés llamado Thomas Chapman y una institutriz escocesa llamada Sarah Maden. Sus padres se quisieron siempre de manera dulce y profunda y, de hecho, tuvieron varios hijos pero no pudieron casarse por la sencilla razón de que la esposa de Chapman se negó encarnizadamente a concederle el divorcio. Seguramente, esa empecinada conducta le produjo algún placer si tenemos en cuenta los tormentos de conciencia a que sometió a su antiguo esposo y, sobre todo, a su nueva mujer que era una piadosa y convencida evangélica.

Desde los ocho años, la vida de Lawrence estuvo estrechamente ligada a la ciudad de Oxford, adonde se trasladó su familia y aún no había cumplido los 10 cuando comenzó a interesarse por la historia de Oriente Medio a impulsos de su afición por las Cruzadas. Su entrada en la universidad no hizo sino confirmar esa temprana vocación. En 1909 dedicó el verano a recorrer Siria a pie una aventura verdaderamente extraordinaria y al año siguiente leyó su tesis sobre Castillos cruzados que fue calificada con un sobresaliente. La obra era notable e incluía abundantes dibujos de Lawrence. Agotada hace tiempo, pude comprobar recientemente que los ejemplares de viejo rondan los 2.000 dólares de precio (unos 2.325 euros).

A lo largo de los años inmediatamente anteriores al estallido de la primera Guerra Mundial, Lawrence participó en diversas expediciones arqueológicas en Mesopotamia y Egipto y fue en este último país donde conoció al amor de su vida, precisamente la persona, conocida con las iniciales de S. A., a la que dedicaría Los siete pilares de la sabiduría, su obra cumbre. Durante décadas el movimiento gay ha pretendido convertir a Lawrence en uno de sus miembros, una circunstancia que provoca escalofríos si tenemos en cuenta el episodio de Deraa, pero es que además hace unos años salieron a la luz las cartas de amor dirigidas a S.A., que no era sino una hermosa maestra egipcia de ojos rasgados que inició a Lawrence no sólo en el amor, sino en los entresijos del nacionalismo árabe

Un libro para la Historia

En 1914, al estallar la primera Guerra Mundial, el ejército británico lo destinó al departamento de inteligencia en el Cairo el lugar donde lo encontramos al inicio de la película en parte, por sus conocimientos de preguerra y, en parte, porque Lawrence era un hombrecillo de tan sólo metro sesenta y seis de estatura que transmitía una imagen de fragilidad. En semejante enclave vegetó hasta la primavera de 1916 en que fue enviado a Mesopotamia. Para aquel entonces sus hermanos Frank y Will ya habían muerto combatiendo en las trincheras del frente occidental.

Ni los británicos fueron los únicos en impulsar la rebelión de los árabes el papel francés fue también muy notable ni Lawrence fue el único oficial que desempeñó un cometido de primer orden en la sublevación. Sin embargo, Lawrence supo escribir un libro extraordinario sobre aquel escenario de tercer orden en el cuadro global de la guerra y se ocupó conscientemente de reducir el papel de los franceses a los que aborrecía y de sus compañeros de armas hacia los que no abrigaba los mejores sentimientos en todas y cada una de sus páginas.

Fue, sin embargo, muy generoso en su descripción de los árabes que, a diferencia de los encarnados por Omar Sharif, Anthony Quinn y Alec Guinness, no sólo dieron muestras repetidas de cabilismo e incompetencia militar, sino que se movieron fundamentalmente por intereses tribales y personales y estuvieron más de una vez a un paso de traicionar a los aliados y firmar una paz por separado con los turcos. Como, también de pasada, queda reflejado en la película, cuando llegaban determinadas épocas del año, los árabes se volvían a los lares tribales y el oficial británico se quedaba solo y desasistido a la espera de tiempos mejores para continuar la lucha contra los turcos.

Lawrence, a diferencia de lo relatado en la película, no creyó jamás en la causa de la independencia árabe porque consideraba que sus dirigentes nativos eran demasiado sectarios y torpes como para establecer naciones estables que pudieran progresar. Así, a pesar de sentir cierta simpatía personal por algunos de ellos, a favor de los cuales abogó durante la conferencia de paz de París de 1919, era partidario del establecimiento de protectorados británicos en Oriente Medio que permitieran la perduración del imperio de Su Majestad y, poco a poco, llevaran a los árabes hacia la civilización.

También era Lawrence un defensor del sionismo y participó, entre otros episodios, en un acuerdo firmado entre Feisal y Weizmann el 3 de enero de 1919 en virtud del cual los árabes permitirían el asentamiento de cinco millones de judíos en Palestina y su participación en las tareas de gobierno a cambio de su ayuda técnica. En el incumplimiento de ese acuerdo se cimentarían terribles dramas posteriores, como el de la imposibilidad de huir del Holocausto nazi o el actual conflicto de Oriente Medio.

En el curso de la inmediata posguerra, mientras redactaba Los siete pilares, Lawrence tuvo que intervenir en Jordania para que la monarquía recientemente creada no se entregara a un baño de sangre pero, sobre todo, buscó una paz interior que le había abandonado desde la violación en Deraa. Estuvo a punto de lograrla cuando se alistó en la RAF en agosto de 1922 bajo el nombre de John Hume Ross y vivió la existencia rutinaria de un soldado raso ocupado fundamentalmente de limpiar barracones y tener el equipo listo. Aquella experiencia que quedaría reflejada en su obra El troquel duró poco. En diciembre de 1922 fue descubierto por la prensa y en enero de 1923 se le expulsó de la RAF.

Salvar un trauma

Los siguientes años estuvieron marcados por un intento tras otro de salvar el trauma de Deraa a la vez que intentaba dar un sentido satisfactorio a una vida que había quedado marcada para siempre por una violación. En junio de 1925, estuvo incluso a punto de suicidarse pero, en paralelo, continuó sirviendo en el ejército la RAF lo readmitió y escribiendo. Incluso en mayo de 1928 dio inicio a una traducción de la Odisea de Homero cuya lectura resulta especialmente grata. Cuando comenzó la década de los años treinta parecía a punto de superar sus transtornos gracias a la afición por las máquinas que iban de las lanchas rápidas a novedosos aviones.

Cuando en febrero de 1935 se licenció de la RAF y se instaló en Clouds Hill daba toda la impresión de ser un hombre en paz y dispuesto a disfrutar de la existencia. Como comentaría a lady Astor al rechazar una de sus invitaciones, estaba «bien alimentado, rodeado de buenas compañías y sanas costumbres».

La mañana del 13 de mayo cuando se dirigía a su casa en una motocicleta, se encontró con dos niños que venían de frente montados en bicicleta. Maniobró para evitar atropellarlos pero aún así no pudo evitar chocar con uno de ellos que resultó herido levemente. Lawrence, por el contrario, se estrelló fracturándose el cráneo. Murió el día 19 sin haber recuperado el conocimiento. Tras una ceremonia religiosa a la que asistieron amigos y camaradas de armas, fue enterrado en el cementerio de Moreton bajo la sombra acogedora de un cedro blanquecino.

 

 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO