«LAWRENCE DE ARABIA». Esta película del
director inglés David Lean toma la historia del arqueólogo, escritor
y militar T.E. Lawrence, autor de Los siete pilares de la sabiduría
y una de las figuras con mayor leyenda a sus espaldas de todo el
siglo XX. Su vida ha quedado para siempre asociada a las imágenes de
la mítica cinta, a pesar de sus numerosas concesiones artísticas y
de los diversos problemas que tuvo que lidiar con la censura de la
época para retratar los conflictos del personaje.
En noviembre
de 1917, mientras los bolcheviques llevaban a cabo un golpe que les
entregaría el poder en Rusia, un joven oficial británico destacado
en Oriente Medio sufría una experiencia que cambiaría radicalmente
su vida. Disfrazado de árabe, se había acercado a inspeccionar una
población de nombre Deraa y en el curso de su misión fue sorprendido
por los soldados turcos. Confundido, en virtud del color claro de su
piel, de sus ojos y de sus cabellos, con un desertor circasiano, el
oficial fue detenido y esa misma noche llevado ante la presencia de
un mandatario turco que pudo ser el comandante de la guarnición
Bimbashi Ismail Bey o el jefe de milicias Ali Riza Bey.
Este no pretendía interrogarle, como hubiera sido lógico
esperar, sino mantener relaciones homosexuales con el prisionero. La
respuesta del cautivo ante los primeros acercamientos del turco fue
de tajante rechazo y el resultado final fue que los soldados lo
torturaron salvajemente y facilitaron así su ulterior violación por
parte de su superior.
Problemas de censura
Años después, cuando la vida del oficial británico que no era
otro que el famoso Lawrence de Arabia fuera llevada al cine, el
episodio provocaría sus problemas al director David Lean y al
guionista Robert Bolt. Ambos eran más que conscientes de que una
violación homosexual no podía ser reflejada en la pantalla. Sin
embargo, sabían también que Lawrence no había sido el mismo desde
aquel terrible episodio y que el posterior enloquecimiento del
personaje un trastorno magistralmente interpretado por un Peter
O'Toole que, paradójicamente, se parecía muy poco en el físico al
héroe británico hundía sus raíces más siniestras en la agresión
homosexual sufrida en Deraa.
Finalmente, se filmaría una secuencia en la que José Ferrer
encarnaba al violador pero donde los hechos acontecidos se les
escapaban a la mayoría de los espectadores que no conocían la
historia. Esta fue sin ningún género de dudas verdaderamente
excepcional.
Lawrence había nacido en
Tremadoc, una población situada al norte
de Gales, en 1888. Era hijo ilegítimo una circunstancia recogida
también de pasada en la película fruto de la unión entre un
terrateniente anglo-irlandés llamado Thomas Chapman y una
institutriz escocesa llamada Sarah Maden. Sus padres se quisieron
siempre de manera dulce y profunda y, de hecho, tuvieron varios
hijos pero no pudieron casarse por la sencilla razón de que la
esposa de Chapman se negó encarnizadamente a concederle el divorcio.
Seguramente, esa empecinada conducta le produjo algún placer si
tenemos en cuenta los tormentos de conciencia a que sometió a su
antiguo esposo y, sobre todo, a su nueva mujer que era una piadosa y
convencida evangélica.
Desde los ocho años, la vida de Lawrence estuvo estrechamente
ligada a la ciudad de Oxford, adonde se trasladó su familia y aún no
había cumplido los 10 cuando comenzó a interesarse por la historia
de Oriente Medio a impulsos de su afición por las Cruzadas. Su
entrada en la universidad no hizo sino confirmar esa temprana
vocación. En 1909 dedicó el verano a recorrer Siria a pie una
aventura verdaderamente extraordinaria y al año siguiente leyó su
tesis sobre Castillos cruzados que fue calificada con un
sobresaliente. La obra era notable e incluía abundantes dibujos de
Lawrence. Agotada hace tiempo, pude comprobar recientemente que los
ejemplares de viejo rondan los 2.000 dólares de precio (unos 2.325
euros).
A lo largo de los años inmediatamente anteriores al estallido de
la primera Guerra Mundial, Lawrence participó en diversas
expediciones arqueológicas en Mesopotamia y Egipto y fue en este
último país donde conoció al amor de su vida, precisamente la
persona, conocida con las iniciales de S. A., a la que dedicaría Los
siete pilares de la sabiduría, su obra cumbre. Durante décadas el
movimiento gay ha pretendido convertir a Lawrence en uno de sus
miembros, una circunstancia que provoca escalofríos si tenemos en
cuenta el episodio de Deraa, pero es que además hace unos años
salieron a la luz las cartas de amor dirigidas a S.A., que no era
sino una hermosa maestra egipcia de ojos rasgados que inició a
Lawrence no sólo en el amor, sino en los entresijos del nacionalismo
árabe
Un libro para la Historia
En 1914, al estallar la primera Guerra Mundial, el ejército
británico lo destinó al departamento de inteligencia en el Cairo el
lugar donde lo encontramos al inicio de la película en parte, por
sus conocimientos de preguerra y, en parte, porque Lawrence era un
hombrecillo de tan sólo metro sesenta y seis de estatura que
transmitía una imagen de fragilidad. En semejante enclave vegetó
hasta la primavera de 1916 en que fue enviado a Mesopotamia. Para
aquel entonces sus hermanos Frank y Will ya habían muerto
combatiendo en las trincheras del frente occidental.
Ni los británicos fueron los únicos en impulsar la rebelión de
los árabes el papel francés fue también muy notable ni Lawrence fue
el único oficial que desempeñó un cometido de primer orden en la
sublevación. Sin embargo, Lawrence supo escribir un libro
extraordinario sobre aquel escenario de tercer orden en el cuadro
global de la guerra y se ocupó conscientemente de reducir el papel
de los franceses a los que aborrecía y de sus compañeros de armas
hacia los que no abrigaba los mejores sentimientos en todas y cada
una de sus páginas.
Fue, sin embargo, muy generoso en su descripción de los árabes
que, a diferencia de los encarnados por Omar Sharif, Anthony Quinn y
Alec Guinness, no sólo dieron muestras repetidas de cabilismo e
incompetencia militar, sino que se movieron fundamentalmente por
intereses tribales y personales y estuvieron más de una vez a un
paso de traicionar a los aliados y firmar una paz por separado con
los turcos. Como, también de pasada, queda reflejado en la película,
cuando llegaban determinadas épocas del año, los árabes se volvían a
los lares tribales y el oficial británico se quedaba solo y
desasistido a la espera de tiempos mejores para continuar la lucha
contra los turcos.
Lawrence, a diferencia de lo relatado en la película, no creyó
jamás en la causa de la independencia árabe porque consideraba que
sus dirigentes nativos eran demasiado sectarios y torpes como para
establecer naciones estables que pudieran progresar. Así, a pesar de
sentir cierta simpatía personal por algunos de ellos, a favor de los
cuales abogó durante la conferencia de paz de París de 1919, era
partidario del establecimiento de protectorados británicos en
Oriente Medio que permitieran la perduración del imperio de Su
Majestad y, poco a poco, llevaran a los árabes hacia la
civilización.
También era Lawrence un defensor del sionismo y participó, entre
otros episodios, en un acuerdo firmado entre Feisal y Weizmann el 3
de enero de 1919 en virtud del cual los árabes permitirían el
asentamiento de cinco millones de judíos en Palestina y su
participación en las tareas de gobierno a cambio de su ayuda
técnica. En el incumplimiento de ese acuerdo se cimentarían
terribles dramas posteriores, como el de la imposibilidad de huir
del Holocausto nazi o el actual conflicto de Oriente Medio.
En el curso de la inmediata posguerra, mientras redactaba Los
siete pilares, Lawrence tuvo que intervenir en Jordania para que la
monarquía recientemente creada no se entregara a un baño de sangre
pero, sobre todo, buscó una paz interior que le había abandonado
desde la violación en Deraa. Estuvo a punto de lograrla cuando se
alistó en la RAF en agosto de 1922 bajo el nombre de John Hume Ross
y vivió la existencia rutinaria de un soldado raso ocupado
fundamentalmente de limpiar barracones y tener el equipo listo.
Aquella experiencia que quedaría reflejada en su obra El troquel
duró poco. En diciembre de 1922 fue descubierto por la prensa y en
enero de 1923 se le expulsó de la RAF.
Salvar un trauma
Los siguientes años estuvieron marcados por un intento tras otro
de salvar el trauma de Deraa a la vez que intentaba dar un sentido
satisfactorio a una vida que había quedado marcada para siempre por
una violación. En junio de 1925, estuvo incluso a punto de
suicidarse pero, en paralelo, continuó sirviendo en el ejército la
RAF lo readmitió y escribiendo. Incluso en mayo de 1928 dio inicio a
una traducción de la Odisea de Homero cuya lectura resulta
especialmente grata. Cuando comenzó la década de los años treinta
parecía a punto de superar sus transtornos gracias a la afición por
las máquinas que iban de las lanchas rápidas a novedosos aviones.
Cuando en febrero de 1935 se licenció de la RAF y se instaló en
Clouds Hill daba toda la impresión de ser un hombre en paz y
dispuesto a disfrutar de la existencia. Como comentaría a lady Astor
al rechazar una de sus invitaciones, estaba «bien alimentado,
rodeado de buenas compañías y sanas costumbres».
La mañana del 13 de mayo cuando se dirigía a su casa en una
motocicleta, se encontró con dos niños que venían de frente montados
en bicicleta. Maniobró para evitar atropellarlos pero aún así no
pudo evitar chocar con uno de ellos que resultó herido levemente.
Lawrence, por el contrario, se estrelló fracturándose el cráneo.
Murió el día 19 sin haber recuperado el conocimiento. Tras una
ceremonia religiosa a la que asistieron amigos y camaradas de armas,
fue enterrado en el cementerio de Moreton bajo la sombra acogedora
de un cedro blanquecino.