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Arqueología
Hogarth, director del Ashmolean y de la expedición a Carchemish para
el Museo Británico, estaba impresionado por las habilidades de Lawrence
como investigador y por su personalidad inquisitiva, así que accedió de
inmediato a incluirlo en el equipo de excavaciones para Carchemish.
Lawrence llegó a Jebail (Líbano)
donde pasaría dos meses aprendiendo el dialecto del Norte de Siria en la
American Mission School. La temporada preliminar se inició en Marzo. El
equipo de arqueólogos estaba formado por D.G. Hogarth, como director;
Campbell Thompson, su asistente y Lawrence.
Los hombres de Jerablús, una
aldea vecina, formaban la fuerza de trabajo. Las labores comenzaban al amanecer: Campbell Thompson
relevaba el sitio, Hogarth registraba los resultados por escrito y
Lawrence copiaba los relieves aplicando papel húmedo sobre ellos
(squeezing), dibujaba las inscripciones y esculturas, y junto al
capataz dirigía a los hombres.
Además se encargaba de las tareas manuales
en la casa de la expedición: colocando estantes, amurando puertas y
ventanas, siendo el más hábil en carpintería y, gracias a las enseñanzas
de su padre en la materia, se hallaba muy calificado para desempeñarse
como fotógrafo de la expedición. Continuó estudiando árabe y lo hablaba con los trabajadores: así
adquirió fluidez y pudo conocer las costumbres y la forma de pensar de los
habitantes de Siria. Sus viajes a pie le habían
enseñado a vivir pobremente y a desarrollar un talento natural para
comprender y llevarse bien con los árabes.
No era un estilo de vida confortable,
pero Lawrence lo disfrutaba, tomando con humor las incomodidades y los
contratiempos diarios. Él se había acostumbrado a esta existencia rústica
y hallaba las excavaciones muy interesantes. A veces los trabajos se
tornaban rutinarios y la frustración se hacía evidente en sus colegas,
pero Lawrence siempre podía encontrar una anécdota divertida aún en la
situación más adversa.
Cuando concluyeron las excavaciones,
Lawrence decidió visitar los castillos de las cercanías. Recorrió a pie
durante quince días los más desolados parajes, deteniéndose en los
pueblitos para pernoctar. Los árabes son tradicionalmente hospitalarios
con los peregrinos y hasta en el más modesto campamento beduino le
ofrecían algo de comer y unas mantas para pasar la noche. Durante este
viaje escribió un diario con sus impresiones sobre la geografía, la gente,
sus costumbres y detalles sobre la arquitectura de los castillos
visitados. Regresó a Jerablús el 28 de Julio con el fin de terminar unas
tareas pendientes, pero al día siguiente enfermó de disentería. Estaba muy
débil, así que decidió abandonar sus exploraciones y regresó a Inglaterra.
Tardó varios meses en recuperarse, pero
en Noviembre partió otra vez hacia Siria, a pesar de las recomendaciones
médicas. Pasó un mes en Egipto en la excavación dirigida por el egiptólogo
Flinders Petrie para aprender nuevos métodos arqueológicos. El sitio era
un antiguo cementerio y Lawrence encontró bastante desagradable
desenterrar momias resecas para despojarlas de alguno que otro amuleto de
valor. Sin embargo, valoraba la oportunidad de aprender junto a Petrie,
quien a su vez, llegó a apreciar las cualidades profesionales de Lawrence
hasta el punto de ofrecerle dos temporadas de excavación en Bahrein a su
cargo. Este proyecto nunca se concretó.
La segunda temporada comenzó en Marzo
con la llegada de Leonard Woolley y Lawrence se sintió feliz de regresar a
las limpias excavaciones de Carchemish y a la gente que apreciaba en
Siria. Ambos formarían un buen equipo: Woolley era un experimentado
arqueólogo de campo, pero Lawrence conocía bien el idioma y la zona. Era
bueno dirigiendo a la gente porque sabía cómo motivarlos sin ser
autoritario o despótico. Trabajarían juntos durante cinco temporadas muy
exitosas, aunque no exentas de problemas.
A fines de 1912 la situación
política del Imperio Turco comenzó a deteriorarse y durante ese tiempo
turbulento Lawrence aprendió mucho sobre las aspiraciones de los árabes
locales. Preocupados por su seguridad personal y la de las excavaciones,
Lawrence y Woolley cultivaron la amistad de jefes kurdos y árabes y
llegaron a familiarizarse con el accionar de algunos movimientos
independentistas, cuyo resurgimiento era una consecuencia de la
inestabilidad del gobierno turco.
A principios de 1914, Lawrence y Woolley
fueron requeridos por el Palestine Exploration Fund para
acompañar a un grupo de ingenieros militares. Ellos realizarían un
relevamiento topográfico de un área del Sinaí sin cartografiar; Lawrence y
Woolley harían un reconocimiento arqueológico. Tal como ellos sospechaban,
su presencia le daría un viso científico a la expedición: de otra manera,
el gobierno Turco les habría denegado el permiso a los británicos, quienes
tenían sus buenas razones, tanto militares como estratégicas, para querer
un mapa de esta franja desconocida.
Si bien las largas jornadas a lomo de
camello y la desolación del lugar hacían el trabajo muy penoso, la
experiencia fue valiosa. Lawrence llegó hasta la región de Akaba con sus
exploraciones y aprendió de los ingenieros militares técnicas de
reconocimiento, la geología del desierto y la coordinación de diversos
equipos de trabajo. Todo esto le sería de utilidad en el
futuro.
Culminado este trabajo, Lawrence y
Woolley regresaron a Carchemish para la sexta temporada y trabajaron
arduamente hasta fines de Junio. Regresaron a Inglaterra para descansar,
con planes de volver en Agosto e iniciar la próxima temporada. En Oxford
se dedicaron a completar el informe arqueológico sobre el Sinaí.
Desafortunadamente, en Agosto de 1914 estalló la guerra y todos los planes
se desvanecieron. Lawrence nunca regresaría a Carchemish.
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