Robin Hood era gay y
Lady Marianna una invención literaria. Eso al menos sostiene el profesor
Stephen Knight, de la Universidad de Cardiff, que escribió un libro con el
inequívoco título La reina del bosque.
Según el académico inglés, el
príncipe de los ladrones tuvo una acalorada historia de amor, sí, pero con
Little John. La Robin Hood Society inmediatamente reaccionó contra esa
especulación en torno al legendario personaje, mientras que el grupo gay
Outrage! festejó con bombos y platillos la noticia.
Un presunto
descendiente del bandido de Sherwood, el conde de Huntington, en cambio,
se apresuró a declarar: "No hay ninguna prueba histórica de que
perteneciese a mi familia".
¿Qué hacía Robin Hood en el bosque de
Sherwood, además de
contar el dinero robado a los ricos para dárselo a los pobres?
Vivía una
historia de amor, como siempre se supo. Sí, pero ¿con quién? No con Lady
Marianna, la hermosa muchacha de ensortijados cabellos que fue considerada
durante siglos una amante fiel, sino con Little John, su brazo derecho (¿o
ya debería decirse "media naranja"?).
Robin Hood era homosexual. Eso es lo
que dice el profesor Stephen Knight, y todos sus compañeros, mencionados
en las antiguas baladas, no formaban otra cosa que una especie de cofradía
gay, ocultos entre las ramas de la ira del sheriff de Nottingham. No hay
pruebas contundentes, pero sí indicios suficientes para hacer de Robin
Hood un caso. Y los casos siempre generan polémica.
Descubrir secretos en la vida de la gente es un
refinadísimo arte entre los ingleses, un arte que encuentra sustento,
especialmente, en los diarios dominicales populares.
Pero si esos secretos
son develados por un diario serio como el Sunday Times, la cosa es
distinta. Ese diario publicó el domingo pasado una entrevista con el
profesor Stephen Knight, realizada por los periodistas Jonathan Leake y
Mark Macaskill.
La razón es haber tomado conocimiento de la próxima
aparición de un libro escrito por Knight, ya listo para entrar en la
imprenta, titulado La reina del bosque, el cual será presentado en un
congreso sobre Robin Hood que tendrá lugar, precisamente, en
Nottingham.
Ochocientos años después de sus correrías, y con pruebas
suficientes para afirmar que efectivamente ese personaje existió, Robin
Hood seguirá viviendo en el Olimpo de los héroes, pero ahora privado del
título de Príncipe de los ladrones usado para el film de Kevin Costner, y
recibiendo a cambio el de Hombre en calzas que le había dado el director
de cine Mel Brooks.
Porque
Knight, además de hacer hincapié en el hecho de
que Robin Hood vivía en el bosque "sin mujeres", encuentra que la historia
del bandido es muy rica en signos indudables del "imaginario erótico".
¿Qué signos?
El bosque, según
Knight, es ya en un símbolo de virilidad, es
cierto, pero las continuas referencias a flechas, carcajes, espadas y
lanzas dejan todo muy claro. Hay que admitir que eso no prueba nada. ¿Es
posible que Knight no tenga un argumento mejor? Sí, lo tiene: el contexto
histórico.
La historia de Robin Hood se remonta a fines del siglo
XII, cuando Ricardo Corazón de León había emprendido la marcha a las
Cruzadas. Pero las baladas datan de dos siglos después; son textos
anónimos que los especialistas fechan en torno a 1450.
Robin quiere decir
petirrojo, un pájaro de color verde con pecho rojo. Knight dice poder
afirmar con absoluta seguridad que en el siglo XV la palabra petirrojo es
un eufemismo con el que se designa a los hombres de virilidad dudosa, algo
así como el argentinísimo --y también en desuso-- mariposón.
En socorro de
la tesis de Knight corre otro académico, Barry Dobson, profesor en la
Universidad de Cambridge, que dice que en el siglo XII la homosexualidad
era aceptada, y que fue más tarde cuando la Iglesia empezó a ser menos
tolerante con los gays.
Probablemente todo eso no sea suficiente, pero sí lo es
para el grupo gay Outrage!, que enseguida emitió un comunicado en el que
declara: "Ha llegado la hora de que se admita la contribución de los
homosexuales más famosos", y agrega el nombre de Robin Hood a la lista
presidida por Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de
Arabia. Y bastó para provocar la indignación de la Robin Hood Society,
cuya presidenta, Mary Chamberlain, lamenta que se especule de esa forma
con un personaje con el que tanto se identifican los niños de todo el
mundo.
Y basta para que el conde de
Huntington, heredero del título que en
la leyenda le fue dado a Robin Hood, desconozca a su antepasado diciendo
que "No hay prueba histórica alguna de que perteneciese a mi familia."
Lo extraño no es tanto descubrir que Robin Hood era homosexual, sino
cuáles fueron los caminos que llevaron a ocultar ese hecho y tratar de
explicarse el rechazo que provoca la noticia hoy día. Por otro lado, el
comportamiento homosexual de los bandidos no debería extrañar tanto: el
mismo comportamiento se da en cualquier organización de hombres cerrada,
ya se trate de marineros, presidiarios, curas o monjas.
Pero entonces:
¿quién fue Lady Marianna? Nadie, una invención literaria que apuntaba a
volver la historia más aceptable a la ética victoriana. El profesor Knight
insiste: "La atmósfera que se respiraba en el bosque de Sherwood, en el
siglo XI, era la de los merrie men (muchachos alegres), sin la más mínima
huella de una mujer".
Y remite a las nuevas traducciones del chaucerian
english, el antiguo dialecto en que se escribieron las primeras baladas,
de las que surge, al leerlas con cierta dosis de perversidad, una figura
de sexualidad, como mínimo, ambigua.
En el libro The vision of Piers the
Plowman (La visión de Pedro el labriego), de William Langland, que data de
1377, por ejemplo, se lo describe como un lusty young man, un "joven
lujurioso", apasionado por las jolly brisk blade, las "espadas gallardas y
brillantes". "Su amante era Little John, no Lady Marianna", concluye
Knight, y si los anónimos escritores de las baladas no fueron más
explícitos, eso se debe solamente a la hipócrita moral de la baja Edad
Media.
Por Guillermo
Piro |