Georg
Friederich Händel, nació en Halle (Alemania) el 23 de
febrero de 1685, en el seno de una familia de clase media luterana no
especialmente relacionada con la música, fue bautizado como Georg Friederich Haendel, tuvo dos hermanas, Dorothea Sophia y Johanna
Christ
iana, y desde pequeño dio muestras de poseer facultades musicales.
Una
anécdota cuenta que, en el granero de la casa donde vivía, estaba arrumbado
un viejo clavecín: durante la noche se escuchaban sonidos armoniosos que
se atribuían a un duende travieso. Pero un día, los moradores de la
casa, decididos a aclarar el misterio, se proveyeron de una lámpara y de
sendos garrotes, y se encaminaron hacia el granero: abrieron la puerta
de improviso y, ante el sombro general, descubrieron que el duende
travieso no era otro que el pequeño George quien, venciendo el
temor a la soledad y la oscuridad, dejaba su lecho para ir a recrearse
en el abandonado instrumento.
No obstante sus dotes musicales, su padre,
que era barbero y cirujano de la corte, pensaba destinarlo al estudio de
Derecho, y sólo a instancias del príncipe de Sajonia, accedió a
dedicarlo a la música.
A la edad
de nueve años, en 1694, recibió lecciones de composición de Fiedrich
Wilhelm Zachow, organista, compositor y director de música de la
Liebfrauenkirche de Halle, según cuenta Mainwaring, Zachow le enseñó
armonía e intentó "cultivar su imaginación, y formar su gusto" a la vez
que aprendía a tocar el teclado, el violín y el oboe.
En 1696 visitó Berlín
ciudad que contaba con un teatro de ópera italiana y que representaba en
aquella época obras de Ariosti, Pistocchi y Bononcini
; al año siguiente falleció
su padre.
La muerte
de su padre, cirujano y barbero, supuso una liberación artística para
Haendel puesto que aquél no había visto con buenos ojos su interés por
la música.

La primera
composición con fecha que se conserva es la Sonata trío op.2 nº 2, según
Jennens fue compuesta a los catorce años. Siguiendo los deseos de su
difunto padre, el 10 de febrero de 1702, ingresó en la Universidad de
Halle para estudiar la carrera de abogado y, un mes después, fue
nombrado organista de la
Domkirche, la
Catedral de Halle, su primer trabajo musical. Es curioso el hecho de que
mientras que Haendel era luterano, la catedral era reformista.
Es entonces cuando conoció
a Telemann, que compaginaba también sus estudios de abogado con los de
música, estos últimos de la mano de Künhau, aquél le introdujo en la
ópera, algo que no existía en Halle. Diría Telemann en 1740: "La pluma
del excelente Kuhnau me sirvió de modelo en la fuga y en el contrapunto;
pero en el tono de la melodía, Haendel y yo ejercitábamos continuamente
nuestra fantasía, y nos comunicábamos recíprocamente nuestras ideas,
tanto por carta como en coversaciones, en las frecuentes visitas que nos
hacíamos el uno a otro", ambos continuaron siendo amigos a lo largo de
sus vidas.
Haendel decidió abandonar
sus estudios de leyes y marchar a Hamburgo, sin duda motivado porque
allí existía un teatro de ópera, Hamburgo era el centro de la música
profana alemana en 1703 y Halle se le había quedado pequeña.
En Hamburgo conoció -a
mediados de 1703- a Johann Mattheson (vituoso cantante, compositor,
organista, abogado y escritor, capaz de cantar en sus propias obras
acompañándose él mismo).
Será Mattheson quien le
asistió en la composición y quien lo introdujo en los círculos
musicales, y con él viajará a Lübeck para intentar ocupar el puesto de
organista de la catedral de la ciudad, que había dejado libre el viejo
Buxtehude, al igual que le ocurrió a Bach; su interés por el empleo cesó
cuando vio que una de las condiciones exigidas era casarse con la hija
del célebre músico.
Al año siguiente, en 1704,
ingresó en la orquesta de la ópera del Gansemarkt Theatre de Hamburgo,
tocando el violín primero y, después, el clavicordio.

En el mes de diciembre
tuvo un duelo con Mattheson -
en el que estuvo a punto de perder la vida, salvándose gracias a que la
punta de la espada de su enemigo se rompió al chocar con un botón de la
casaca - porque
Haendel se negó a cederle el puesto al clavicordio en la interpretación
de "Cleopatra" , obra del mismo Mattheson. La reconciliación no tardará
en llegar, antes de terminar el año eran otra vez amigos.
y juntos participaron en los ensayos de "Almira", la primera ópera de
Händel, que fue estrenada con éxito el 8 de enero de 1705; a ella
sucedió la ópera "Nerón", representada en febrero del mismo año.
Su primera gran obra sacra
será la Pasión según San Juan (Pasión de Brockes), caracterizada por la
ausencia de corales, breves coros y arias "operizantes".
Alemania había vivido una
seria crisis económica derivada de la Guerra de los Treinta Años y,
aunque en tiempos de Haendel la recuperación era palpable, los cantantes
italianos eran muy caros, esto potenció el desarrollo de un estilo local
con influencias francesas e italianas, en el que se mezclaban estos dos
idiomas y el propio, esto era usual en Hamburgo, allí el compositor más
destacado era Keiser, el director de la Ópera de Hamburgo, con unas
ochenta óperas en su haber.
Al parecer Haendel compuso
cuatro óperas en esta ciudad pero sólo nos ha llegado la primera,
"Almira", estrenada el 8 de enero de 1705, en el Gänsemarkt Theatre
(Teatro del mercado de gansos), con un texto italiano adaptado al alemán
en parte, siguiendo el estilo de Keiser; al mes siguiente estrenó "Nero",
desgraciadamente su música se ha perdido.
Si "Almira" tuvo cierto
éxito, "Nero" fue un fracaso.
Haendel vio cómo se
truncaba su carrera en Alemania, se ha dicho que Keiser tuvo algo que
ver en ello aunque nada se sabe con seguridad, lo cierto es que estos
acontecimientos pudieron servir para que Haendel pusiera sus miras en
otros países.
Estando en Hamburgo
también compuso bastantes sonatas, arias y cantatas, ricas en armonía y
contrapunto pero poco equilibradas formalmente y sin la fuerza melódica
que tuvieron sus futuras obras, según diría Mattheson, "prácticamente no
sabía componer más que fugas tradicionales", "superior a Kuhnau en
contrapunto, en especial el contrapunto improvisado, aunque casi lo
ignoraba todo sobre la melodía".

Fue también en Hamburgo
donde conoció al príncipe Fernando de Medici, hijo primogénito del duque
de Toscana, quien le invitó a visitar Italia y Haendel decidió
marcharse, poco tenía ya que aprender en Hamburgo, necesitaba ampliar
sus conocimientos e Italia era el centro europeo de la ópera.
En 1706 emprende el viaje a Italia. En Florencia estrena su ópera
"Lucrecia".
Para Haendel
fueron decisivos los años que iba a pasar en Italia, el reino de la
ópera, el oratorio, la cantata de cámara, el concierto y la sonata. Allí
entró en contacto con compositores como Lotti, Vivaldi y Albinoni
(Venecia), Perti (Florencia), y Alessandro y Domenico Scarlatti, Caldara,
Corelli y Pasquini (Roma).
Según Hogwood,
"la escritura de Haendel para violín (...) muestra la influencia del
modo de tocar de Corelli y es, interesantemente, más extrovertido que el
propio Corelli en sus sonatas de violín publicadas.
Aunque el
desarrollo más crucial en la composición en Haendel durante su tiempo en
Italia fue principalmente en el refinamiento y suavización de su estilo
vocal, sus experimentos con la sonoridad de la cuerda, en particular
para su utilización en los finales dramáticos, fue también elemental".
Como ha señalado Bukofzer: "La experiencia italiana se limitó a dar a
Haendel el sello final, cuya imaginación era ya vivamente activa.
Haendel no carecía ni de inventiva melódica ni destreza contrapuntísitca,
pero sí del estilo 'cantabile' de la melodía, idioma inconfundible del
bel canto italiano".
En el otoño de
1706 llegó a Italia, primero visitó Florencia, tal y como era el deseo
de Fernando de Medici, allí pudo consultar la importante biblioteca
musical de éste.
De Florencia
marcha a Roma, en el diario de Francesco Valesio con fecha de 14 de
enero de 1707 podemos leer: "Ha llegado a la ciudad un sajón, excelente
clavecinista y compositor musical, quien hoy ha hecho alarde de su
virtuosismo tocando el órgano en la iglesia de San Giovanni,
asombrándonos a todos". En Roma encontró apoyo en los cardenales
Pamphili, Colonna y Ottoboni, y en el marqués Francesco Ruspoli.El
Cardenal Pamphili fue su primer mecenas romano, para él estrenó, en
1707, "Il trionfo del Tempo e del Disinganno" con texto del mismo
Cardenal y bajo la dirección de Corelli, esta obra sería revisada dos
veces, la primera vez en 1732 y la segunda en 1757, también puso música
a la cantata "Il delirio amoroso" y finalizó el "Dixit Dominu
De regreso a Florencia hizo representar
su ópera "Rodrigo" que le reportó, además de un gran triunfo, el favor
del Gran Duque y de la cantante Victoria Tarquini.
Entonces fue a
Venecia, considerada en aquella época como la metrópoli musical de
Italia, y que poseía quince teatros de ópera: allí conoció al príncipe
de Hannover, Ernesto Augusto, y al duque de Manchester, embajador de
Inglaterra, que lo animaría a hacer un viaje a este país y más tarde a
radicarse en Londres.
En Roma
también entró en contacto con un grupo de aristócratas, artistas y
músicos que se hacían llamar la academia Arcadia, pretendían mejorar el
gusto artístico, sus miembros tenían apodos pastoriles y fingían vivir
en una atmósfera idílica y alejada de la realidad, en este entorno
llegaría a dominar lo que se convertiría en uno de los recursos
fundamentales de su música: la pastoral idílica y la contemplación de la
naturaleza.
Mainwaring sitúa el encuentro entre Haendel y Scarlatti, con su famoso
"enfrentamiento" al clavicémbalo y al órgano, en una reunión organizada
por el Cardenal Ottoboni y cuenta que Scarlatti "se quedó tan
sorprendido con su manera de tocar, que le siguió por toda Italia, y
nunca se sintió más feliz como cuando estaba con él..."
Más tarde, se incorporó al servicio del Marqués Ruspoli en el Bonelli
Palace como compositor de cantatas para las reuniones de la Academia
Arcadia. Compuso cantantas -entre ellas, casi un centenar, se encuentran
algunas de las arias, tanto musical como técnicamente, más difíciles de
Haendel- y también compuso motetes en latín, terminó el "Laudate Pueri"
y el "Nisi Dominus".
Fue
entonces cuando compuso también la "Cantata Spagnuola: Non se enmenderá
jamás". Después de la interpretación de "Clori, Tirsi e Fileno, cantata
a tre", se trasaladó a Florencia para producir la primera ópera
italiana, "Rodrigo", que se estrenó en el teatro Via di Cocomero bajo el
patrocinio del príncipe Fernando de Médicis, Haendel utilizó en esta
ópera mucha música procedente de su "Almira" y de "Octavia" de Keiser.
En 1708
regresó a Roma con Ruspoli, el Domingo de Pascua de ese año, en el
Palacio Bonelli, se interpretó "La Resurrezione".
El Papa
había prohibido las óperas en Roma, así que los oratorios y las
cantatas, escenificados a la manera de aquéllas, fueron sus sucedáneos.
"La Resurrezione" fue un encargo del Marqués Ruspoli, el primer oratorio
sacro de Haendel, además fue escenificado con decorados en el Palacio
del Marqués, la orquesta estaba formada por casi cincuenta músicos,
Corelli se encargó de la dirección.
El Papa
amonestó a Ruspoli "por haber utilizado una cantante en el oratorio", se
trataba de Durastante, en la siguiente representación un hombre
interpretó el papel de María Magdalena. La mayoría de estudiosos de la
obra de Haendel coinciden en afirmar que este oratorio es "el climax" de
su etapa creativa italiana.
Finalmente, Haendel dejó otra vez la casa de Ruspoli y viajó a Nápoles,
allí compuso "Aci, Galatea e Polifemo, cantata a tre", para la boda del
duque de Alvito, no se sabe si dicha cantata fue representada pero, como
ha destacado Hogwood, las escenas de la obra "tienen una calidad teatral
más que notable".
En Roma
también conoció al "abate" Agostino Steffani, un hombre influyente, a la
vez era teólogo, cantante, músico y diplomático. Hasta el estreno de "Agrippina"
se pierde un poco la pista sobre la vida de Haendel, sabemos muy bien
cuándo dejo a Ruspoli para marchar a Venecia.

El marqués Rúspoli lo relaciona con lo mejor de la aristocracia y de la
intelectualidad: allí, en la llamada "Academia de la Arcadia", conoció a
los futuros Pontífices, Clemente XI, Inocencio XIII, Clemente XII y
Benito XIII, a muchos cardenales, a los príncipes de Baviera y Portugal,
a la reina de Polonia, a la Gran Duquesa de Toscana; y entre los
músicos, a Alejandro Scarlatti, (con cuyo hijo Domingo cultivó una gran
amistad), Arcangelo Corelli, Bernardo Paquini, etc.
Se cuenta que en una
de las reuniones de la Academia, el poeta Zappi hizo, en verso, un
elogio de Handel quien, divirtiéndose a sí mismo y a los demás, le puso
música inmediatamente y posiblemente lo cantó.
El 26 de dicembre de 1709, se
estrenó con gran éxito "Agrippina" en S. Giovanni Crisostomo de Venecia,
la obra estaba compuesta a partir de material extraído de obras
anteriores, no sólo de Haendel sino también de Keiser, se mantuvo en
cartel durante 27 representaciones consecutivas, un bajo cómico
interpretó al Emperador Claudio, el único castrato que intervenía
representó el papel del Nerón adolescente, en el papel protagonista
intervino Margarita Durastante, quien se turnaba en noches alternas con
Elena Croce.
El libreto había sido escrito por
el Cardenal, y virrey de Nápoles, Vicenzo Grimani, quien también era
propetario del teatro. Según Bukofzer, "en Agrippina, Haendel despliega
una asombrosa variedad de tipos y formas que van desde los solos de
carácter espontáneo y los recitativos de conjunto, hasta los recitativos
de carácter afectivo con acompañamiento, grandes arias de coloratura en
la forma grandilocuente da capo y sencillas canciones de danza de tono
pegadizo y popular.
Se sabe que Haendel se sentía
incluso interesado por materiales tan elementales como los pregones
callejeros como posible material melódico para su música. El éxito
inmediato de Agrippina se debió a la frescura de invención melódica y al
modo, deliberadamente juguetón del autor de apoderarse de las ideas
convencionales. Estas eran del dominio público de los compositores del
siglo XVIII y su interés musical reside en el tratamiento imaginativo
que les dio Haendel"
También es necesario advertir que
Haendel no aprendió exclusivamente el dominio del bel canto italiano
sino que también recibió influencias del llamado concerto grosso, así
intentó fundirlos en el aria de concerto grosso, en la cual "la voz no
se limita a competir con los instrumentos en obbligato, sino que,
además, forma parte del concertino con éstos, mientras que el ritornelo
del aria adquiere el papel de ripieno" (M.F. Bukofzer).
Un dato importante a tener en cuenta -por la importancia que va a tener
esta ciudad en el futuro de Haendel- es que en enero de 1710 su música
fue interpretada por primera vez en Londres, la música que se tocó
fueron algunos movimientos orquestales de su ópera "Rodrigo".
En esta época compuso
"Las Cantatas Italianas" que se popularizaron rápidamente (una de ellas,
"Armida Abandonada", fue copiada por Juan Sebastián Bach), y los
oratorios "La Resurrección" y "El triunfo de Apolo".
En ese mismo año se
fue a Nápoles, en donde recibió el nombramiento de primer organista de
la Capilla Real, y más tarde el de director, (1709); también fue
designado maestro en el Conservatorio de los "Poveri di Gesu Cristo".
Dejando Nápoles representó en Venecia su ópera "Agrippina" que fue
cálidamente aplaudida y elogiada.
En 1710 fue nombrado maestro de
capilla de Hannover, pero su inquietud lo obligó a pedir una licencia
para ir a Londres, donde fue presentado a la reina Ana. De inmediato se
le encargó la composición de una ópera, "Rinaldo", que estuvo terminada
en catorce días y llevada a escena el 14 de febrero de 1711, con gran
éxito.
De regreso a Hannover escribió sus conciertos para oboe, sonatas
para flauta, lieder y Cantatas alemanas con poesías de Brakes. En 1712
vuelve a Inglaterra, representa "Il pastor Fido", y en diciembre de ese
mismo año compone, en pocos días, la ópera "Teseo" que fue estrenada en
enero de 1713.
Con motivo de la paz de Utrecht escribió un "Te Deum" y
para festejar el aniversario del natalicio de la reina Ana compuso una
"Oda".
Entonces la propia soberana le encargo un "Te Deum" y un
"Jubilate", que fueron ejecutados el 7 de julio, consiguiendo, por estas
circunstancias, ser considerado como compositor de la corte, no obstante
estar prohibido que un extranjero escribiese música para actos
oficiales. Handel ponía, en esta forma, los cimientos de lo que sería su
arraigo definitivo en Inglaterra y renunció a su cargo de Hannover.
Pero
en 1714 murió la reina Ana y para sucederle fue designado nada menos que
Eduardo de Hannover, con quien Handel estaba distanciado: emprende
entonces una lucha para conquistar el favor real: aquí encaja la leyenda
de que su “Música Acuática” fue escrita precisamente con ese objeto: lo
verdadero es que Handel volvió a gozar de privilegios y fue nombrado
maestro de capilla de Hannover, lugar a donde acompañó al rey en el mes
de julio de 1716.
Después escribió unos Salmos (Anthems) para el duque
de Chandós, la mascarada "Aman y Mardoqueo" y "Asís y Galatea".
En 1720
toma la dirección de la "Academia de la Opera Italiana" y comienza una
nueva fase de su vida, como empresario: desarrolla una actividad llena
de dinamismo, inmune al cansancio, al desaliento y a la adversidad;
desbarata intrigas, lucha con "castrados", "prima donne" (entre ellas la
famosa Faustina y la Cuzzoni, poseedoras de una prodigiosa técnica
vocal), todo ello sin dejar de componer con asombrosa rapidez, calidad y
maestría.
Inauguró el teatro el 20 de abril con su ópera "Radamisto",
dedicada al rey. Se le opone al compositor Giovanni Bononcini y se ve
obligado a escribir una ópera en colaboración , "Muzio Scevola", cuyo
primer acto compuso un músico illamado Pippo, el segundo Bononcini y el
tercero Handel: los honores del triunfo correspondieron al compositor
italiano, hasta que el propio Handel tomo el desquite con su ópera
"Ottone" a la que siguieron "Julio César", (1724), "Tamerlán",
"Rodelinda", Escipión", (1725).
En 1726 sucedió en la escena algo
totalmente imprevisto: en la ópera "Alejandro" las dos cantantes antes
nombradas representaban los papeles de las amantes del gran
conquistador, pero su rivalidad se exasperó a tal grado que, no pudiendo
contenerse, se tomaron de los cabellos y sostuvieron una violenta riña,
en medio del regocijo y la gritería del auditorio presidido por la
princesa de Gales.
Se dice que Handel no perdió la serenidad, antes al
contrario, animaba a las contendientes con sonoros redobles de timbales
al mismo tiempo que decía: "Dejadlas. Cuando estén cansadas su furor
caerá por sí solo".
Siempre activo, escribe óperas "Ricardo II",
dedicada al rey Jorge II, (a quien también dedicó sus "Coronation
Anthems"), Siroe, Ptolomeo y Admeto, que fue la última obra representada
en la Academia, la cual se vio obligada a cerrar sus puertas en
condiciones de derrota.
Entonces Handel emprende un viaje a Italia en
busca de nuevos elementos: este viaje duró casi un año y regresó con
cantantes, libretos y partituras italianas. Pone en escena "Lotario",
"Parténope", repite "Asís y Galatea" con coros, "Ezio", "Orlando",
"Deborah" y "Athalia".
Sus rivales musicales fueron Pórpora y Hasse. En
1734 inaugura una temporada en el Covent Garden con la ópera-ballet
"Terpsicore". Sostiene luchas tremendas, hasta que la noche del 12 al 13
de abril sufrió un ataque de parálisis: su empresa quebró, su estado
general era deplorable: estaba afectado del costado derecho con el
cerebro lesionado y con la mano derecha paralizada.
Su depresión era tan
grande, acosado por las deudas y el sufrimiento, que se negaba a
curarse; al fin, algunos de sus amigos consiguieron mandarlo a las
termas de Aix-Chapelle: se recuperó como de milagro y, dice uno de sus
biógrafos, "de inmediato el gigante resucitado reanudó su lucha".
Se
entrega al trabajo con febril dedicación: el 15 de noviembre comienza
"Faramondo"; del 7 al 17 de diciembre escribe para los funerales de la
reina el "Funeral Anthem"; el 24 termina "Faramondo" y el 25 principió
"Serse".
Pero las contrariedades no cesan: sus acreedores lo amenazan
con meterlo a la cárcel y para solventar sus más apremiantes cuentas se
ve obligado a aceptar un Concierto de Beneficio (mayo de 1728), con una
gran tristeza.
Pero al mes siguiente recibe el reconocimiento público:
en los jardines del Vaux-Hall, sobre el Támesis, lugar de cita de la
sociedad de Londres, se le levanta una estatua. Alentado comienza
"Saúl", que fue estrenado el 27 de septiembre; el 7 de octubre comienza
"Israel en Egipto" que estaba terminado el día 28 del mismo mes: "aún
cuando esta obra es una epopeya", (afirma Romain Roland), siempre
fracasó en vida de Handel.
En 1741, combatido y desalentado, decide
alejarse de Inglaterra.
El Lord-teniente de Irlanda lo invitó a dirigir
unos conciertos en Dublín, y Handel "con el objeto de ofrecer a esa
generosa nación algo nuevo" compuso, del 23 de agosto al 14 de
septiembre, su extraordinario Oratorio "El Mesías", que fue estrenado el
12 de abril de 1742.
Hay que hacer notar que Handel se entregó a la
composición de esta obra con un afán desmesurado: dormía y comía apenas
lo indispensable y toda su atención estaba dedicada a ella. El éxito lo
acompaño desde su primera audición.
Su actividad no conocía reposo,
escribe sucesivamente "Sansón", "Semele", el "Deltinger Te Deum", para
celebrar las victorias del duque de Cumberland sobre los franceses,
"José", "Baltazar" y la tragedia "Heraklés".
Pero en 1745 nuevamente
estuvo al borde de la ruina: cayó en una postración semejante ala de
1734 que le duró ocho meses. Un acontecimiento inesperado le levantó el
ánimo: el pretendiente al trono, Carlos Eduardo, desembarcó en Irlanda:
todo el país se sublevó y el ejército de Highlanders marchó sobre
Londres. La capital se consternó, pero Handel se unió a sus habitantes.
El 14 de noviembre, en el Drury Lane, hace cantar un "Himno para los
enrolados voluntariamente".
Escribió el "Oratorio ocasional", en el que
invitaba a los ingleses a luchar contra el invasor; y "Judas Macabeo",
escrito entre el 9 de julio y el 11 de agosto de 1746, es como el "Himno
a la Victoria" hecho para festejar el triunfo del duque de Cumberland.
A
esta obra se asocia una feliz circunstancia: Handel se había convertido
en el músico nacional de Inglaterra y así es proclamado. A partir de ese
momento no conocerá más preocupaciones materiales: reanuda su creación
con "Alejandro Balus", "Joshuá". "Salomón", "Susana", "Música para
fuegos de artificio", etc.
En 1750 hace un viaje a su tierra natal:
Halle. Allí se hallaba cuando recibió la noticia de la muerte de su gran
contemporáneo: Juan Sebastián Bach. 1751 es un año malo para Handel:
había iniciado la composición de "Japhta" y escribió el primer acto en
trece días; once días más tarde llegó a la penúltima escena del segundo
acto, pero allí tuvo que suspenderlo, al comenzar el Coro final "Cuán
sombríos, oh Señor, son tus designios", se vio obligado a detenerse y
anota: "He llegado aquí el miércoles 13 de febrero; impedido de
continuar a causa de mi visión de mi ojo izquierdo".
El 30 de agosto
había perdido la vista.
Escribió "Eclipse total”. El mundo se ha
borrado".
Operado tres veces de cataratas, la última vez en noviembre en
1752, Handel estaba absolutamente ciego. El silencio sobreviene.
El 6 de
abril de 1759 aún tenía fuerzas para prestarse a tocar la parte de
órgano de "El Mesías", pero sufre un desmayo a la mitad de la ejecución.
Murió el sábado Santo 14 de abril de ese mismo año.
El día once había
escrito: "Quisiera morir en Viernes Santo, en la esperanza de reunirme a
Dios, mi dulce Señor y Salvador, el día de su Resurrección".
Fue
enterrado en la abadía de Westminster el 20 de abril de 1759.
La música
de Handel alcanza grandes alturas: sus coros son de una grandiosidad
insospechada. Mozart, refiriéndose a él decía: "Presiente el efecto
mejor que todos nosotros; cuando desea, golpea como un rayo". Y
Beethoven afirmaba de su música: "He aquí la
verdad".
Gay o no gay?
Teniendo en cuenta la
exaltación popular de Handel y la regla no escrita en su época de que
ninguna estrella en la galaxia de la música clásica pueda ser
homosexual, y menos aún el compositor de "El Mesías", no es de extrañar
que la investigación académica sobre la vida personal de Haendel, y en
particular, su sexualidad, se ha encontrado con una cerrada resistencia.
En el caso de Haendel, el "pánico homosexual" se estableció desde el
principio: los biógrafos, incluso en su propio tiempo tienen problemas
por la manifiesta falta en esta celebridad de interés en las
mujeres, tanto más cuanto que nunca llegó a acercarse al matrimonio,
pero que pasaba mucho tiempo en privado,
en círculos sociales absolutamente masculinos.
El propio Handel mantuvo un estricto silencio sobre su vida privada y sólo
alimentó las sospechas de homosexualidad, acoplándose eruditos y
críticos a un general "no preguntes, no digas".
Sin embargo, ni esta política ni algunas de las hazañas fruto de la
invención y la negación de registros (el descubrimiento de "amistades
secretas" con señoras y/o amantes masculinos, los supuestos
de la castidad por razones religiosas o de la "santa soledad del
artista," y así sucesivamente) han
disipado las sospechas.
Más
de dos siglos de prevaricaciones - algunas de ellas divertidas, a pesar
de la homofobia subyacente - han trabajado fuertemente para "certificar"
a Handel como aceptablemente correcto, como un hombre de "constitución
masculina normal", en palabras de uno de sus biógrafos nervioso, o
para embalsamar al músico en un estado de "angelical" pureza no-sexual .
Se ha intentado eliminar tanto el compositor y sus obras de la "escoria
de la historia" con el fin de canonizarlo en una "universalidad
atemporal."
Por lo tanto, alrededor de Handel fue construido el primer armario/closet
biográfico de muchos posteriores, para un importante y genial compositor
en Occidente.
Si Handel era en efecto homosexual (o su equivalente en el siglo XVIII,
pues la palabra en sí no fue acuñada hasta 1869) o había tenido
relaciones sexuales
con personas del mismo sexo nunca se sabrá con certeza, pues tales
registros fueron compilados sólo para las desafortunadas víctimas de las
detenciones criminales.
Lo que sí sabemos, sin embargo,
es que desde el momento en que
el compositor dejó
Alemania, especialmente durante sus años de formación entre los 21 a 38, su órbita
social coincidió con los
círculos
de homosexuales más importantes
de las élites del siglo XVIII:
las Cortes aristocráticas
y las academias "Arcadia", especialmente en Florencia y Roma (esta último
conocido coloquialmente en esa
época como la "Ciudad de
Sodoma"), y el ambiente teatral de Londres y
los escenarios de la propia
ópera.
En estos contextos, Händel se mezclaban con los príncipes,
cardenales, y otros hombres de
la aristocracia con medios e
influencia, así como con
artistas, cuya homosexualidad
era conocida en círculos
cerrados, o más generalmente
como el "secreto a voces."
Desde esa época la imagen de un marcado carácter "privado" de Handel
emerge con notable claridad, no
sólo por toda esta
evidencia circunstancial, sino
también analizando sobre la base de su
trabajo.
Especialmente importante en este
sentido es un conjunto de
cantatas - trabajos para
diversas combinaciones de voces
solistas con acompañamiento
instrumental - escrito
precisamente durante este
período (1706 hasta 1730).
Estas piezas ignorado en gran medida, escritas
para y en compañía de los
círculos privados de hombres
homosexuales, principalmente, y
que (significativamente) Handel
nunca publicó, dan expresión
rica a los placeres y los
peligros del amor del mismo
sexo.
Partiendo de
la oposición da la
visión religiosa de la
homosexualidad como pecado
(sodomía), y la visión política
de la homosexualidad como una
amenaza exótica a la nación
británica, estos textos
conectan con la tradición
clásica pastoral en la que
hombres del mismo sexo el deseo
erótico es a la vez idealizado y
celebrado.
El clásico y por lo tanto
"legítimo" pastoral, con su
elaborado sistema de referencias
míticas y tímida metáforas, funcionaba tanto en la
misma forma que las referencias
codificadas a la homosexualidad
en el cine de Hollywood durante
su censura (según Will Hays y Joseph
Breen) es decir,
como una pantalla de desplazamientos metafóricos y de doble sentido a través
del cual lo que estaba prohibido
en público puede ser expresado
en privado, entendido y
disfrutado.
La figura de Orfeo, que connota tanto "músico" y "homosexual", y con quien
Handel fue comparado a menudo,
es un ejemplo sobresaliente.
También es significativo que,
cuando una serie de medidas
enérgicas contra el floreciente
subcultura homosexual y cada vez
más abierta de Londres comenzaron
en la década de 1730, Handel
rediseñó muchos de estos
textos en los que había plasmado
sus ideas
libremente en los últimos años.
Al hacerlo, les retocó haciéndolos asépticos de su contenido homosexual más obvio.
A la luz de todo esto, y ante la
ausencia de siquiera una pizca
de evidencia creíble de lo
contrario, debemos hacer la
pregunta sobre qué base - más
concretamente, en interés de
quién - se puede argumentar que
Handel no fue otra cosa
que "queer".
Aunque desconcertante para muchos,
tales cuestiones son de importancia política, no por el hecho de
insertarse en una "agenda homosexual",
sino por la persistencia de la
homofobia en nuestra cultura.
Más importante, por último, que la cuestión de la identidad sexual de
Handel son los contextos
socio-culturales y las luchas
políticas en las que la
sexualidad del compositor fue
significativa - para Haendel, para
sus biógrafos, y para la
sociedad presente.
Se debe tener en cuenta estos
contextos, si alguna vez vamos a
escapar del mito políticamente
sospechosos de "atemporalidad" y
para una correcta apreciación
tanto de
Handel con de su magnífico trabajo.