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Entrevista
con Michel FoUcault Fuente: Le Nouvel Observateur, junio de
1984
Pregunta: ¿Sigue pensando que su primer volumen de la
Historia de la sexualidad, publicado en 1976, es esencial para comprender
cómo somos?
M. Foucault: Bueno, actualmente me interesa más lo
relacionado con las técnicas del yo que el sexo... El sexo es bastante
aburrido. P: A los griegos tampoco les interesaba demasiado
¿verdad? M.
Foucault: Desde luego que no. Para ellos esa no
era una cuestión importante comparada con lo que decían sobre la
alimentación o el régimen. Me resulta sumamente interesante el lento
desplazamiento de interés que se produjo desde la alimentación (una
preocupación omnipresente en Grecia) hacia la sexualidad. Durante los
primeros siglos del cristianismo también la alimentación era un tema de
mucha mayor importancia que el sexo. Por ejemplo las reglas monacales
revelan que el problema que atraía más atención era el de la alimentación.
Luego detectamos un progresivo desplazamiento del interés a lo largo de la
Edad Media, de modo que a partir del el siglo XVII el tema prioritario es
la sexualidad. P: El segundo tomo de su Historia de la sexualidad
(El uso de los placeres) trata casi exclusivamente el tema del sexo. M.
Foucault: Sí. En ese volumen he tratado de mostrar
que en el siglo IV a. C. el código de restricciones y prohibiciones de los
griegos es prácticamente el mismo que el de los primeros moralistas y
médicos del Imperio Romano. Pero creo que la forma que tenían de integrar
estas prohibiciones relativas al yo es totalmente diferente. En mi
opinión, la razón es que el objetivo principal de esta ética era estético.
En primer lugar, esta especie de ética era únicamente un problema de
elección personal. En segundo lugar, estaba reservada a una minoría de la
población; no se trataba en absoluto de imponer un modelo de conducta para
todo el mundo. Lo que se intentaba era, en realidad, tener una existencia
hermosa y dejar en la posteridad un recuerdo honorable de la propia vida.
Desde luego, esta especie de ética no era una tentativa de normalización
aplicable al resto de la población. Leyendo
a Séneca, a Plutarco y al resto de estos autores, me dio la impresión de
que se planteaban un gran número de problemas relacionados con el yo (la
ética del yo, las tecnologías del yo) A partir de ahí me surgió la idea de
escribir otro libro que tratara distintos aspectos de las antiguas
tecnologías paganas del yo. Se compone de diferentes escritos sobre el yo:
el papel que tienen la lectura y la escritura en la constitución del yo,
la experiencia médica del yo, etc. Lo
que más me sorprende de la ética griega es que se preocupaban más de su
propia conducta moral o ética, y de la relación que mantenían consigo
mismos y con los otros, que de las cuestiones religiosas. ¿Qué ocurre tras
la muerte? ¿Intervienen los dioses, o no? Estos son asuntos de poca
importancia para ellos, ya que no estaban relacionadas con su ética.
Además, esta ética no iba ligada a un sistema legal. Las leyes que
regulaban la conducta sexual no eran muy numerosas ni tenían demasiada
fuerza. A los griegos lo que les interesaba era constituir una ética que
fuera una estética de la existencia. Pues
bien, me pregunto si no se plantea en la actualidad un problema bastante
similar, teniendo en cuenta que la mayoría de nosotros no creemos ya que
la ética esté fundada en ninguna religión, ni deseamos que exista un
sistema legal que regule nuestra vida privada. Por otra parte, los
actuales movimientos de liberación no logran encontrar principios sobre
los cuales sustentar una nueva ética. Aunque tienen necesidad de una
ética, no encuentran más que pretendidos conocimientos científicos acerca
de lo que es el yo, el deseo, el inconsciente... Estos paralelismos son
sorprendentes. P: ¿Cree usted, entonces, que los griegos ofrecen una
alternativa atrayente y plausible? M.
Foucault: Por supuesto que no; no busco soluciones
fáciles. Un problema no se resuelve acudiendo a las soluciones que se
propusieron en otros tiempos y para otras gentes. Mi intención no es hacer
una historia de las soluciones, y por eso no puedo aceptar el término
"alternativa". Más bien, lo que trato de hacer es hacer es una genealogía
de los problemas y de las problematizaciones. Aunque mi actitud no es
apática, sino que conduce a un activismo que no excluye el pesimismo. P: Sin embargo, aunque la vida de los griegos no
fuera perfecta, parece ofrecer una alternativa seductora al permanente
autoanálisis del cristianismo. M.
Foucault: Bueno, la ética griega estaba
relacionada con una sociedad puramente masculina, donde existía la
esclavitud; una sociedad en la que las mujeres eran seres sexualmente
inferiores y en la que, si estaban casadas, debían cumplir con su función
de esposas. P: La mujer estaba dominada, pero el amor homosexual,
sin duda, estaba menos problematizado que ahora. M.
Foucault: Eso no es tanto como parece. En la
cultura griega existe una abundante y destacada literatura sobre el amor
de los muchachos, y los historiadores han visto en ello la prueba de que
los griegos lo practicaban. Pero eso prueba también que esa clase de amor
suscitaba problemas. En efecto, si no hubiera ningún problema, los griegos
habrían hablado de él en los mismos términos que al hablar del amor
heterosexual. Ocurría que se consideraba inadmisible que un joven
destinado a convertirse en hombre libre pudiera ser dominado y utilizado
como un objeto para placer de otro. Una mujer o un esclavo podían hacer el
papel de pasivos, ya que ello formaba parte de su naturaleza y de su
estatus social. Todas estas reflexiones filosóficas sobre el amor de los
jóvenes prueban que los griegos no podían integrar esta práctica con
normalidad en el ámbito de su yo social. Ni tan siquiera podían llegar a
imaginar que existiera la posibilidad de una reciprocidad de placer entre
el muchacho y un hombre adulto. Así, Plutarco, por poner un ejemplo,
cuando dice que el amor a los muchachos es problemático no es porque
considere que ese tipo de amor sea contra natura. Lo que dice es: "No
puede haber reciprocidad en las relaciones físicas entre un muchacho y un
hombre". P: Hay algo que señala Aristóteles acerca de la
cultura griega que usted no ha mencionado, pero que a mi me parece muy
importante: el tema de la amistad. En la literatura clásica la amistad es
el lugar del reconocimiento mutuo. Al leer tanto a Aristóteles como a
Cicerón, parece que la consideran la virtud más elevada, pues es
desinteresada y duradera, no tiene precio, y no niega el placer. M.
Foucault: El uso de los placeres es un libro sobre
ética sexual, no sobre el amor, la amistad o la reciprocidad. Es
significativo que Platón, cuando trata de fundir la amistad con el amor
hacia los muchachos tenga que desechar las relaciones sexuales. La amistad
es recíproca, cosa que no ocurre con las relaciones sexuales: en las
relaciones sexuales uno tiene que ser activo o pasivo, penetrar o ser
penetrado. Donde hay amistad es difícil que existan relaciones sexuales;
una de las razones por la que los griegos sintieron la necesidad de
justificar filosóficamente este tipo de amor es que no se concebía la
reciprocidad física. En el Banquete, Jenofonte nos dice que Sócrates
señalaba que en las relaciones entre un adulto y un muchacho, este no es
más que el espectador del placer del hombre; aún más, que es deshonroso
para el muchacho sentir cualquier tipo de placer en la relación con el
adulto. Lo
que quisiera plantear, entonces, es lo siguiente: ¿somos capaces de tener
una ética de los actos y de su placer que considere el placer del otro?
¿Es el placer del otro algo que pueda ser integrado en nuestro propio
placer, sin referencia a la ley, al matrimonio o a cualquier otra
obligación? (...) P: ¿Y cual era el concepto que tenían los griegos de
desviación? M.
Foucault: Según su ética sexual la diferencia no
estaba en preferir a los mujeres o a los hombres, ni en hacer el amor de
una u otra forma. Era más bien una cuestión de cantidad, y de actuar como
activo o como pasivo; en ser esclavo de los propios deseos o maestro de
ellos. P: ¿Y si alguien hacía tanto el amor que su salud
podía resentirse? M.
Foucault: Eso era lo que ellos llamaban "la hybris", el exceso. No se planteaban el tema de la desviación, sino el del
exceso o la moderación. P: ¿Y qué hacían los griegos con gente? M.
Foucault: Eran consideradas personas de mala
reputación. P: ¿Pero intentaban curarlos o llevarlos al buen
camino? M.
Foucault: Bueno, existían ejercicios para que uno
aprendiera a gobernarse a sí mismo. Epicteto afirmaba que uno debería
poder mirar a una joven hermosa o a un muchacho bello sin sentir deseo por
ella o por él. Para conseguir esto era preciso convertirse en maestro de
uno mismo. En
la sociedad griega existía una corriente de pensamiento que promovía la
austeridad sexual; era esta una creación de gentes cultivadas que deseaban
dar a su vida belleza e intensidad. Algo parecido ha ocurrido aquí desde
el siglo XIX cuando, para alcanzar una vida más bella la gente ha tratado
de liberarse de la represión sexual inculcada por la sociedad desde la
infancia. En Grecia, probablemente Gide hubiera sido un filósofo austero. P: Así que, para alcanzar una existencia hermosa los
Griegos eran austeros, mientras que nosotros buscamos la realización
personal en la ciencia psicológica. M.
Foucault: Eso es. Contamos con todo un tesoro de
procedimientos, técnicas, y conceptos que han sido creados por la
humanidad. No es que podamos reactivarlos, pero al menos podemos
emplearlos como instrumentos para analizar la realidad actual y cambiarla.
Desde luego, no podemos elegir el mundo griego en vez del nuestro, pero
comprobar que algunos de nuestros principios éticos estuvieron ligados en
cierto momento a una estética de la existencia puede constituir un
análisis histórico útil. Durante siglos hemos estado convencidos de que
existían relaciones analizables entre la ética personal que rige nuestra
vida cotidiana y las grandes estructuras políticas y socio-económicas.
Hemos pensado que no podíamos cambiar nada de nuestra vida sexual o
familiar sin que eso trastocara la economía, el sistema democrático, etc.
Considero que deberíamos desembarazarnos de esa idea de que existe una
relación necesaria entre la ética y las estructuras sociales, económicas o
políticas. Esto no significa, naturalmente, que no existan relaciones,
pero se trata de relaciones variables. P: Entonces, ¿qué tipo de ética podemos construir
ahora que sabemos que entre la ética y las otras estructuras existe una
coagulación histórica y no una relación necesaria? M.
Foucault: Lo que me sorprende es el hecho de que
en nuestra sociedad el arte se haya convertido en algo que no concierne
más que a la materia, no a los individuos ni a la vida, que el arte sea
una especialidad hecha sólo por los expertos, por los artistas. ¿Por qué
no podría cada uno hacer de su vida una obra de arte? ¿Por qué esta
lámpara o esta casa puede ser un objeto de arte pero mi vida no? P: Entonces, si el hombre ha de crearse a sí mismo
sin recurrir al conocimiento ni a reglas universales ¿en qué difiere su
planteamiento del existencialismo de Sartre? M.
Foucault: Creo que desde un punto de vista
teórico, Sartre, a través de la noción moral de autenticidad, retoma la
idea de que debemos ser nosotros mismos, es decir, convertirnos en nuestro
verdadero yo. Pero podríamos ligar su pensamiento teórico con el concepto
de creatividad, y no con el de autenticidad. Si el yo no nos viene dado,
llegamos a una consecuencia práctica: debemos constituirnos a nosotros
mismos, fabricarnos, crearnos como si fueramos una obra de arte. (...)
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