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En Castilla,
Juan II era un rey medieval poco usual, dado que le interesaba más el
conocimiento que las guerras. Juan, considerado como "voluptuoso y
sensual" había nacido en 1405 y su primer
matrimonio lo había consumado con María de Aragón, naciendo Enrique en
1420.
Enrique desde
pequeño había sido enfermizo,
dado a largos períodos de melancolía y poco comunicativo. En resumen,
era un niño débil y sumiso. Según los nada objetivos historiadores de la época,
parece ser que en su pubertad se entregó a "abusos y deleites de los que
hizo habito...de donde vino la flaqueza de animo y disminución de su
persona... Deleites que la mocedad suele demandar y la honestidad debe
negar..."
Según palabras
del mismo Marañón, "finalmente esta, sin duda, relacionada con su inclinación
homosexual, su famosa afición a los árabes de los que, como es sabido, tenia
a su lado una abundante guardia, con escandalo de su reino y aun de las cristiandad.
Es sabido que en esta fase de la decadencia de los árabes españoles, la
homosexualidad alcanzó tanta difusión que llego a convertirse en una relación
casi habitual y compatible con las relaciones normales entre sexos
distintos"
Nunca pudo
consumar su matrimonio con Blanca de Navarra, quien no estaba nada mal
físicamente y pudo haber animado hasta a una estatua.
Cuando Juan II
vio que su hijo no conseguía heredero, decidió aprovechar que estaba viudo
y mandó a su confidente Álvaro de Luna a que le consiguiera novia en
Portugal.
A pesar de que a Enrique le sabía a diablos que su padre le
pusiera madrastra, el viejo Juan II en 1447 se casó enamoradísimo de la
joven Isabel de Portugal -prima del rey Alfonso V- y en poco tiempo la
fogosa muchacha le había dado a Juan II dos hijos, Alfonsito y la futura
Isabel la Católica. Enrique se sentía desplazado por su madrastra, quien
era más joven que él.
El escritor
viajero Tetzel refiere que cuando visitó al Reu, estaban él y la reina
sentados en el suelo, a la usanza arabe. Y Palencia dice que los moros de la
guardia del rey "corrompían torpisimamente a mancebos y
doncellas". Don Enrique no solo adoptó los vestimentas de esa
gente y sus posturas y alimentos, sino tambien "otros hábitos funestos
propensos a vergonzosa ruina"
De ser cierta la
especial sensualidad del principe (masturbacion "excesiva" segun las
cronicas, como si ello fuese posible) conjuntada con su timidez sexual para
con las mujeres, sería logico que la princesa Blanca quedara "tan entera
como cuando llegó a la corte", y esto se achacó al imaginario
"desgaste sexual" del muchacho, que en la noche de la boda regia
tenia apenas quince años.
En 1453
Enrique se divorció de Blanca de Navarra, alegando que era con ella que no
podía copular dado que con otras era un tigre entre sábanas.
Blanca,
ofendida, alegó que ella nunca puso impedimentos para realizar la cópula a
pesar de que se esposó con un hombre de ojos saltones, nariz deforme y figura poco
elegante que no entusiasmaba a nadie. Unas damas de la corte se dieron a la
tarea de levantarle las enaguas a Blanca para probar si era virgen, cosa
que resultó positivo .
Un sacerdote fue enviado a los burdeles de Segovia
a indagar con las meretrices si el príncipe Enrique podía funcionar como
hombre.
Las astutas
meretrices afirmaron que Enrique era "tan bien dotado como un asno" y
"todo un relinchón cachondo" mientras el príncipe sacaba pecho.
Para
colmo, trajeron a un médico germano llamado Hyeronimus Munzer, el cual
emitió el siguiente dictamen sobre la capacidad sexual del futuro
monarca:"El órgano copulatorio es débil y escuálido en su base, con
frágiles tejidos ahí, pero luego se ensancha hacia una longitud
considerable y una desproporcionada cabeza. Esto último impide que la
erección se complete pues el resto del órgano no puede sostener tamaño
peso."
A pesar de
este rotundo diagnóstico, Enrique siguió con la farsa de ser un genuino
Príapo en la cama, y en 1455 se casó con una prima de su odiada madrastra:
La princesa Juana de Portugal, hermana del rey que estaba en el trono en
tierras lusitanas.
Juanita, al
contrario de su prima Isabel quien era fogosa solo con su marido pero
virtuosa con otros, resultó ser una coqueta incorregible, quien le hacía
ojitos hasta al mozo de la cuadra que le cuidaba los corceles.
En 1454
Juan II se despidió de este valle de lágrimas, y Enrique IV subió al trono
como monarca de Castilla.
Para entonces la coqueta
Juana seguía tan
intacta como el día que su madre la parió, al menos en lo que se refiere
a las atenciones sexuales quepretendidamente correspondian a su esposo..
Enrique IV por fin pudo apartar
de la corte a su odiada madrastra y sus dos hermanastros, enviando a la
joven viuda y sus hijos al castillo de Arévalo. Una vez ahí, les privó de
todo lujo y con costo comían los tres tiempos. Desde 1452, Isabel hija
había sido enviada a un convento en Avila para que estudiara.
Enrique IV
comenzó a ser el hazmerreír de la corte con el apodo de El Impotente.
Pero donde enrique
no tuvo ningun problema sexual fue en sus relaciones con otros jovenes y
hombres, ya que sus relaciones se constatan desde su adolescencia, en la que
ewstuvo muy unido - y no solo metaforicamente - a su ayo, Don Juan Pacheco.
Despues de él vinieron otros muchos, como un tal Gómez Cáceres, "joven
de arrogante figura, belleza física y afable trato", quie gozó del
favor real tan solo por esos dones.
Otros en cambio
tuvieron que huir de los deseos del monarca, como Miguel de Lucas, que emigró
a Valencia, o Francisco Valdés que, acosado por el rey, fue apresado y hecho
prisonero
En otra ocasión -
cuenta Palencia - cuando los criados de Pedro Arias intentaron apoderarse del
Rey cazandolo "infraganti", siendo éste avisado a tiempo, huyó en
camisa con los pies y piernas desnudos" mientras ellos capturaba a un tal
Alonso Herrera "a quien tomaron por el monarca por hallarse casualmente
en su cama"
Su
cercana amistad con Juan Pacheco-Marqués de Villana- y luego con Beltrán
de la Cueva dio aun mas pábulo y fundamento a los comentarios y rumores
de que el soberano era homosexual.
Los cotilleos,
coplillas y dimes y diretes venian ya desde 1455 cuando Enrique IV había hecho campaña en Granada
para sacar a los moros de ahí. Se hablaba de un árabe que lo había
hipnotizado.
En 1461 Juana
por fin dio a luz a una chiquilla a quien le pusieron Juana también, y que
sería conocida como La Beltraneja pues le achacaban a Beltrán de la Cueva
su paternidad.
Tras el nacimiento de la niña, Enrique IV hizo Conde de
Ledesma a Beltrán, y no faltaron quienes dijeran que el título nobiliario
era el pago por haberle fertilizado a la mujer. Enrique IV jugó el papel
de orgulloso papi, y haciéndose el generoso, invitó a la corte a sus
hermanos Isabel y Alfonso. Isabel de Portugal, al quedar sin sus hijos en
Arévalo, viéndose sola y triste perdió la chaveta.
Pero ademas de sus
correrías por la corte, tambien gustaba Enrique IV de "facer fornicio"
con otros "hombres de mal vivir" cuando salía de caza.
Segun relata el
historiador Marañónm como detalle del gradfo de la extravagancia de las
orgias que el rey organizaba en su finca de caza de Balsañin, este tenia como
porteros a un enano y a un etiope "tan terrible como estúpido", los
que nos habla de la aficion del monarca por lo exotico y llamativo.
En resumen, que
nuestro soberano era gustaba de los placeres del pendoneo y lo freak. Al menos
lo que asi era considerado en aquellos tiempos cuasi mediovales.
Juan Pacheco,
el ex favorito de Enrique, se llenó de celos al ver a su rival Beltrán de
la Cueva gozando de tantos favores con el rey y tramó su caída.
Pacheco en
1465 encabezó con otros nobles una guerra civil contra Enrique, declarando
al adolescente Alfonsito rey. Haciendo la patraña de que Alfonsito iba a
visitar a su madrei loca en Arévalo, se tomaron el castillo y en agosto de
1467 estos nobles rebeldes entablaron una batalla cerca de Olmedo. Enrique
IV hizo operación cusuco y su esposa e hija huyeron hacia Segovia.
Alfonsito,
quien había sido un muchacho sano, enfermó en julio de 1468 y murió
misteriosamente.
Enrique IV entonces recibió a su hermanita Isabel y se
reconcilió públicamente con ella en septiembre del mismo año.
Los nobles
juraron lealtad a Enrique y nombró heredera a Isabel, anulando a Juana la
Beltraneja como su sucesora en 1468 mediante el Tratado de Toros de
Guisando.
Juana de Portugal echó a un lado su falsedad, y presa de una ira
sin límites, abandonó a regio esposo para tomar abiertamente un amante,
con el cual posteriormente tuvo dos hijos más. Las intrigas de la futura
Isabel la Católica por fin habían dado fruto y era heredera.
Enrique IV le
había prometido no casarla contra su voluntad, pero aconsejado por su ex
enemigo Luis XII de Francia, Enrique quiso usar a su hermana para casarla
con el viejo rey portugués Alfonso V (hermano de la infiel Juana y primo
de Isabel de Portugal).
Isabel se sintió traicionada por su hermano y
escapó a Valladolid para casarse a escondidas con Fernando de Aragón en
octubre de 1469.
Cegado por la furia, Enrique IV revocó el tratado de
Toros de Guisando y nombró de nuevo heredera a su hija Juana la Beltraneja
en 1470, dejando que la alegría de ser heredera no terminara de guisarse
en su hermana.
Al morir
Enrique IV un 11 de diciembre de 1474, no alcanzó a aclarar cuál de las
dos mujeres sería su heredera, dejando tras de sí las semillas de una
cruenta guerra civil.
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