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La vida privada de
Enrique III no desmereció la de los mas sensuales emperadores romanos. Para
su protección escogió una guardia personal compuesta por un grupo de
mancebos de buena presencia, con los que practicaba además otros menesteres
diferentes de los combates guerreros. Estos jóvenes efebos fueron muy
conocidos en la corte y se les llamó los "mignons" del rey. Hijo
tercero de Enrique II, siempre fue el consentido de su madre, que logró que
le hiciesen rey de Polonia. Tras la muerte de su hermano Carlos, tuvo que
regresar a Francia para sucederle en el trono. Inteligente,
simpático y con grandes dotes de orador, su verdadera pasión eran las
fiestas, los bailes y las joyas, aunque también le daban raptos de misticismo
y se encerraba casta y devotamente durante días haciendo penitencia. Por
descontado que era muy generoso con sus favoritos, que tuvieron la valentía
de estar con él hasta los últimos días. Les colmo de honores y los caso con
grandes damas de la corte, para así asegurarse una prole leal. El
primero de los favoritos, Joyeuse, fue hecho duque por los servicios prestados
a su rey y aceptado como esposo de la hermana de la reina, con lo que entró a
formar parte de la familia. De hecho la reina madre Catalina quería a
Joyeuse como a un hijo y entendía la pasión que por él sentía Enrique . El
favorito correspondió a tanto honor dando su vida por la corona en la batalla
de Coutras. No se le podía pedir mas. Epernon,
mas ambicioso de el anterior, y de tan buena presencia física e intelectual
como él, permaneció fiel a Enrique III negándose a servir a su sucesor. La
influencia de Epernon sobre el monarca llegó a un punto crítico cuando el
rey le reprendió en una ocasión por ir incorrectamente vestido. Epernon le
contestó amenazando con desaparecer de la corte. Enrique, que no esperaba tal
respuesta quedó completamente subyugado a partir de ese momento, aunque por
supuesto, Epernon no volvió a descuidar su vestimenta desde entonces. La
elegancia en el vestir era una cuestión muy delicada en la corte de Enrique y
de hecho marcaba la tendencia de las otras cortes europeas. Volviendo
a las intimidades de la corte, los jóvenes de los que Enrique se encaprichaba
eran tan hermosos y valientes que cuando uno de ellos, Maugeron, murió, un
poeta le dedicó estos versos: Fue
tan valiente como un César / su rostro era como el de Adonis / Doblegó a
Marte y obtuvo el corazón henchido / de amor de la diosa Afrodita. Julio
César y Alejandro Magno, que no tenían problema para ser ejemplo de amores
de todo tipo, fueron muy utilizados como parangón para la referencia a Enrique
III. El
rey acabó sus días solo y desilusionado, después de haber enterrado a tres
de sus mas íntimos amigos y amantes: Maugeron, Joyeuse y Saint-Megrin,
en la Iglesia de San Pablo, también llamada "el templo de los
favoritos". Atrapado
entre dos bandos que detestaba, los católicos y los protestantes, su azarosa
vida dio pie a toda clase de injurias y infundios destinados a desacreditarlo.
Su reinado se vio socavado tanto por sus enemigos protestantes como sus
partidarios católicos, que llegaron a expulsarle de París. Harto
de tanta infamia y politiquería, terminó nombrando como su legitimo sucesor
a su eterno enemigo, Enrique de Navarra, que había abjurado de toda idea
religiosa con la cínica frase "París bien vale (perder) una
misa".
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