EL HERMETISMO DEL HOMBRE
QUE PREFIRIÓ LLAMARSE ALONE
Introducción
El azar conoce razones que la razón desconoce. Tremenda
verdad. Como prueba de esta Teoría de las Casualidades, cito el momento de mi
primer encuentro con el personaje Alone, en 1993. Urgida por la pregunta de un
profesor y no dispuesta a ser descubierta en la absurda falta de no haber hecho
una tarea que consistía únicamente en pensar en un chileno muerto durante este
siglo, me decidí a pronunciar un nombre cualquiera, que había escuchado en
alguna conversación sobre los próceres del periodismo: "Alone",
dije, sin conocer más que el seudónimo.
Salí airosa del paso, y felicitada por mi profesor por haber
elegido a un militante del periodismo, mientras mis compañeros se habían
peleado a poetas, anarquistas y hasta a un preso por asesinato. El problema era
que había que hacer un trabajo sobre el chileno elegido, trabajo que empecé
con la resignación y la certeza de que me encontraría con un personaje
aburrido y gris. Siempre creemos que las vidas intensas y las pasiones
desbordantes se encuentran sólo entre los extranjeros, y si es que algún
chileno goza de esa cualidad que llamamos una existencia
"interesante", jamás pensamos que su profesión sea la de escribir en
un diario.
Gran error. Alone me sedujo por su ambiguedad, por su amor a
las paradojas, por ese toque de misterio, aunque ingenuo y a ratos ridículo,
que le daba a todas sus acciones. Me sedujo por su vida confundida con su
profesión de crítico, por sus sutiles ironías, por su fino sentido del humor.
Y así este hombre, que supe se llamaba Hernán Díaz Arrieta, pasó a formar
parte de mi galería de obsesiones y pensé estudiarlo un día más
extensamente. Hasta aquí la primera razón -la más poderosa- por la que elegí
a Alone como tema para este Seminario.
La segunda tiene que ver con la personalidad del crítico,
que se ha insistido en teñir con un sesgo de escritor maldito. Cuando la imagen
de alguien supera a la propia persona, es difícil mirarla desde afuera con la
distancia mínima necesaria para no quedarse en los adjetivos "esta leyenda
en vida", "el mito de", etc. En este trabajo intento alejarme de
los lugares comunes que se citan al hablar de Alone o de ver si realmente los
merece, además de investigar cuál fue el valor real de su obra, en un momento
en que la crítica literaria se encuentra lejos del puesto que alguna vez ocupó.
Hoy hay menos periodismo de autor, menos espacio para columnas y crónicas, y si
todavía la crítica de cine tiene alguna relevancia a la hora de elegir qué
película ver, la literaria no la tiene al momento de escoger un libro.
Alone murió hace más de una década, a los 93 años. Era el
penúltimo de dos hermanos, por lo que no existen padres o hermanos que sirvan
como fuentes. Tampoco se casó ni tuvo hijos, y por eso este trabajo está
basado fundamentalmente en los libros que el propio Hernán escribió, en sus crónicas,
en las polémicas que generó y en lo que se ha dicho sobre él. La única
entrevista que ocupé como documentación es la que hice a Edmundo Concha, su
amigo íntimo durante décadas y el único al que Alone autorizó a entrar a su
pieza durante los últimos años de su vida. La otra entrevista que hice sobre
Alone fue producto de un encuentro casual -segunda jugada del azar- que tuve con
Enrique Lafourcade.
La principal dificultad es que hay muchos documentos
perdidos. Las crónicas anteriores a 1930 están microfilmadas en la Biblioteca
Nacional, pero algunas son imposibles de encontrar. Los diarios entre 1930 y
1940 están en tan mal estado que no se muestran al público, y lo mismo ocurre
con algunas revistas. Otros documentos se encuentran en la sección referencias
críticas de la Biblioteca, en un informal archivo de recortes de prensa que, en
la mayoría de los casos, no tienen fecha ni lugar de publicación.
Con todo, de una u otra forma reconstruí la historia de este
personaje que se empeñó en no dar datos ni pistas sobre su persona pero que,
la mayoría de las veces, decía más con sus omisiones que con sus palabras, y
dejaba verse en sus polémicas crónicas. Como buen admirador de Oscar Wilde
-otro hallazgo casual que me unió a Alone-, cumplía la sentencia del inglés
que ordenaba una una crítica "de la sensibilidad a la sensibilidad",
para hacer de "la vida de cada ciudadano un sacramento" . Alone, por
lo tanto, no podía dejar de mostrarse en sus magistrales líneas y de unir
siempre su vida a su obra.
I. El monasterio de la literatura
Hernán Díaz Arrieta, Alone, nació el 11 de mayo de 1891 en
Santiago. Fue el undécimo y penúltimo hijo del matrimonio entre Teresa Arrieta
Cañas y Francisco de Paula Díaz Rodríguez. Ella era una tímida dueña de
casa dedicada al cuidado de sus hijos, y él un agricultor de clase media que
tenía a su cargo el fundo de un pariente en Campusano, Aculeo, donde Hernán
vivió hasta los doce años.
La familia Díaz Arrieta se encontraba casi al borde la
ruina, ya que según contó después Alone, su padre huía de la riqueza tanto
como la riqueza huía de él: "Todo provenía de la honradez, virtud muy
castigada que engendra casi siempre la pobreza y de la cual la riqueza procede
rara vez" . Alone no da cifras ni datos exactos sobre la magnitud de la
precaria condición de su familia, pero con ironía relata: "In illo
tempore, nuestra pobreza tocaba límites heroicos. Unos tras otros se habían
ido cerrando los caminos que debían conducirnos a una maravillosa opulencia;
pero la activa imaginación de mi padre no se desalentaba. A diferencia de mi
madre, más vasca y positiva, él se inclinaba del lado de los sueños. La
declinación de nuestra fortuna había llegado a hacerse proverbial en la
familia; pero la comentábamos sin acritud ni reproches, casi como un título y
hasta una honra" . En todo caso, los Díaz Arrieta ni siquiera tenían un
fundo de su propiedad.
Pese a su pobreza, Alone no paraba de jactarse de que sólo
sangre europea, vasca y castellana, corriera por sus venas. Vivió siempre con
una obsesión casi patológica por la aristocracia, lo que lo llevó incluso a
cegarse en sus juicios literarios.
Hernán Díaz nunca asistió a la Escuela Primaria. Su
infancia estuvo llena de los pasatiempos campesinos, y en esa época su
actividad preferida era montar a caballo. Sin que su familia fuera
excepcionalmente culta, de todos modos sus padres eran aficionados a la
literatura, especialmente a los libros de historia o de viajes y a los romances
de Walter Scott, que traducían a sus hijos para entretenerlos. Todo cambió
para Alone la primera vez que tomó un libro en sus manos: ese gesto se convirtió
para él en un acontecimiento vital. Su hermana mayor le enseñó a leer y desde
entonces su vida estuvo consagrada a la literatura, que el crítico llamaba el
"vicio impune", recordando el término usado por el escritor Valery
Larbaud. Años después, Alone descubriría que la lectura no era un vicio libre
de castigo, porque "fatiga los ojos, el espíritu se cansa y el lector
convertido en una creatura aparte, en un solitario que huye de las muchedumbres,
va poco a poco deslizándose del lado de los sueños" .
Desde entonces Alone se consagró a los libros de tiempo
completo, primero como escritor y luego como crítico literario. Esto no fue muy
bien visto por su familia: "Mi precoz tendencia a la lectura, aún sin
preveer su consecuencia, el amor a la escritura, inspiraba en mi casa ideas
siniestras. De ahí, por esa senda, sólo podían venir en cortejo encadenado:
la ruina, la irreligión, el descrédito, la pérdida de la fe y de las buenas
costumbres y, como funesto corolario, la siutiquería. Todos los medios
imaginables se pusieron en obra para impedírmela: vigilancia, asechanzas,
prohibiciones, persecuciones, amenazas, gritos, golpes. La palabra literato que
se pronunciaba frunciendo mucho los labios, contraponíase con violencia a la de
persona decente y hasta implicaba, junto con la ridiculez y cierto descuido, una
indumentaria roñosa y el delito de pedir plata prestada o pegar sablazos.
Yo no lo discutía. Pero, ¿quién escapa a su destino?"
.
Aladino y la lámpara maravillosa
Al llegar a Santiago Alone entró al Seminario de Santiago
con un beca que don Blas Caña había dejado para su familia. De su paso por ese
colegio guarda los peores recuerdos, incluso una vez dijo: "Dentro de un
siglo, en quién sabe qué planeta o qué reencarnación, todavía respiraré,
porque `No estoy en el Seminario'. Gran felicidad" . Al parecer, fue
demasiado el contraste entre su vida campesina y ese lugar que Alone describía
como una cárcel que, contrario a él, la mayoría visitaba con la intención de
convertirse en sacerdote. Para su fortuna sólo cursó hasta Primero de
Humanidades, porque luego ingresó al Instituto Comercial, donde estuvo apenas
un año, y más tarde a la Escuela Dental por seis meses.
Un verdadero rito iniciático es el que describe a propósito
de su primera visita a la Biblioteca Nacional, que quedaba en Compañía esquina
Bandera, cuando tenía apenas 13 años. Alone no tenía plata para ir a teatros
ni a paseos, tampoco para comprarse libros, por lo que decidió ir a ese lugar
en el que, según le habían contado, con sólo pronunciar una palabra se recibía
un libro prestado. Su vértigo fue inmenso cuando dijo: "Las treces noches
de Juanita", de Paul de Kock, y el funcionario le entregó el libro de sus
sueños. Cuenta que se sintió como Aladino, que con sólo frotar su lámpara
cumplía todos sus deseos..
Desde entonces las visitas a la Biblioteca Nacional se
hicieron frecuentes y también los libros que pedía prestados para llevarse a
casa gracias a la sección "Lectura a Domicilio". Después de todo lo
leído se quedó con los tres grandes amores de su infancia: Taine, Renan y
Saint- Beuve.
Si a Alone los libros no le "secaron el cerebro"
como al Quijote de Cervantes, sí se convirtieron en la droga más poderosa que
podría haber consumido: "Mirar fijamente un papel surcado por hileras de
signos, parecidos a arañas; quedarse inmóvil, ajeno a las circunstancias
exteriores, como absorto y, sin mayor motivo, oír que extrañas voces suenan,
ver desfilar figuras, aquí una pareja abrazándose, allá otra que también
parece luchar; divisar un fondo de calles, de campos, de avenidas y árboles
lejanos y sonreír al espectáculo, estremecerse contemplándolo, sentir furia,
terror, o los más dulces y tiernos sentimientos, he ahí algo que, sin estar
advertido, podría tomarse como un rapto de locura, una operación de magia o el
efecto de las drogas alucinantes. Pero le aplican un nombre: leer" .
Alone combinaba los estudios con esta obsesión por los
libros y, desde muy joven, con el trabajo. A los 14 años un primo político que
era Subsecretario de Justicia le consiguió un empleo público, para que
trabajara en las tardes, dos horas diarias. Alone aceptó por el sueldo de 66
pesos y 60 centavos que iba a recibir, y entonces se convirtió en el
Escribiente Tercero de la Segunda Inspección del Registro Civil. El, que toda
su vida fue un solterón empedernido, se dedicó durante 25 años a casar
parejas, hasta que jubiló en 1931 cuando se había convertido en el Director
del Registro y trabaja jornadas completas en su puesto.
El destino quiso que justo con su entrada a la institución,
las actas se empezaran a escribir a máquina, por lo que Alone se familiarizó
con las famosas "Underwood". Otra jugada del destino fue que su jefe,
don Carlos Luis Hübner, era un escritor e ilustre periodista que motivó a
Alone a escribir. Además, su hijo Jorge Hübner había sido amigo de Alone en
el Seminario, y luego mantuvo con él una relación epistolar. Entre carta y
carta Jorge, que seguía en el Seminario, le enseñó las primeras reglas de la
escritura..
La primera novela de Alone fue una melosa historia de dos
amantes desdichados, que cuando estuvo terminada le pareció tan siútica a su
autor, que terminó quemándola. Entonces Alone pensó en la crítica, y empezó
a llevar una cuenta de los espectáculos que veía.
Con todo, Alone le fue dedicando cada vez menos tiempo a los
estudios, hasta que fue expulsado del Instituto Comercial. Su salida se produjo
cuando, en un examen de contabilidad, Alone dio una respuesta inapropiada, que
al escribir sus memorias no pudo recordar. Lo que sí recuerda es lo que le
contestó el examinador: "Yo también tengo un tío que toca la
flauta" .
Su suerte no fue muy distinta en la Escuela Dental, a la que
entró presionado por sus padres. Cuando apenas llevaba un semestre estudiando,
sus aspiraciones de convertirse en dentista se vieron sepultadas en una escena
dantesca. Necesitaba una cabeza humana para practicar, por lo que junto a su
amigo Félix Sanfuentes, se consiguió el cadáver de un anciano. Era un muerto
completo, de arriba a abajo, pero ellos sólo necesitaban la cabeza. Se citaron
un día para decapitarlo, mediante serrucho y bisturí. Pero la tarea no fue fácil.
El viejo resistió obstinadamente, hasta que Félix Sanfuentes puso una rodilla
sobre el pecho del muerto y lo tiró de la cabeza, con lo que se cortaron las últimas
cuerdas cervicales. La misión no terminó con el viejo degollado, después hubo
que partirlo en dos: media mandíbula para cada alumno. Tras horas de trabajo
Alone se percató que el anciano no era el único decapitado: junto a él se había
partido su obediencia y la posibilidad de dedicarse a cualquier cosa que no
fuera la literatura. Años más tarde dijo: "Casarse por interés con una
mujer desagradable es tan absurdo como seguir, por razones económicas, una
vocación que no se ama: se vende, para conseguir la dicha, la misma dicha que
se quería conseguir" .
Sus experiencias educacionales llevaron a Alone a tener el
firme convencimiento de que lo mejor es ser autodidacta, como de hecho lo fue.
Cuando niño había soñado con una escuela superior de "bellas
letras", con una academia o instituto donde un escritor pudiera formarse.
Después se dio cuenta de que, a pesar del tiempo perdido en lecturas inútiles,
aprender solo tenía la ventaja de jamás padecer la "deformación
profesional del pedagogo": "Como nunca he tenido un título de nada y
ningún certificado de sabiduría me ha inspirado la ilusión de conocer
completamente algo, siempre me siento aprendiz y estoy empezando a estudiar; las
cosas, por tanto, me interesan prodigiosamente, todas las cosas, y me toman de
nuevo, me sorprenden, me atraen" . Esta profunda inquietud que le producían
las cosas lo llevó inlcuso a hacer un curso de hipnotismo por correspondencia
desde EE.UU., en el "New York Institute of Science", del profesor Le
Sage, que le significó la obtención del diploma de "Doctor en Ciencias
Hipnóticas".
Tras la huella de Omer Emeth
En 1909 apareció la primera publicación de Alone: un cuento
en la Revista "Corre-Vuela", hija secundaria de "Zig-Zag".
Ese mismo año publicó su primer libro, escrito junto a Jorge Hübner. Se llamó
"Prosa y verso", la prosa a cargo de Díaz y el verso a cargo de Hübner.
Se imprimieron mil ejemplares; sólo nueve fueron vendidos.
Alone se convirtió en colaborador de "Corre-Vuela"
y, cuando su director Roberto Alarcón fue ascendido a la dirección de
"Zig-Zag", él ascendió también. También colaboró en otras
revistas como "Selecta", dirigida por Luis Orrego Luco, el autor de
"Casa Grande", además de trabajar esporádicamente en otras
publicaciones. Por este mismo tiempo ingresó a la redacción de "El Diario
Ilustrado", donde sus escritos consistían en sueltos de redacción, a diez
pesos cada uno, y en reportajes a quince pesos. Escribía sobre asilos, monjas e
Instituciones de Beneficencia.
En 1912, en una excursión a Las Cruces con el propósito de
conocer el mar, Alone entró a una casa que era una especie de castillo. Ahí
conoció a don Alfredo Barros Erráruriz, y cuando terminó su visita Hernán Díaz
ya se había convertido en el secretario de redacción de "La Unión",
un diario eclesiástico.
Alone -católico y anticomunista- no tuvo problemas con
trabajar en una publicación de iglesia. Ahí consiguió una página semanal, íntegra
y sin avisos, para escribir de literatura, como lo hacía Omer Emeth, su
admirado crítico de "El Mercurio". Los lunes, un día
"muerto" de noticias, aparecían los artículos de Alone sobre Joaquín
Edwards Bello, Pedro Prado, Vicente Huidobro, y los otros intelectuales de la época,
y recibía por este trabajo 150 pesos al mes: "No eran críticas
literarias; lo declaré desde el primer instante; eran simples impresiones del
lector, comentarios como los que puede hacer cualquiera a propósito de una obra
que le ha gustado o disgustado cuando conversa con un amigo" .
Pero la pluma de Alone ya en esa época estaba cargada de
ironía. Una sarcástica alusión a Josefa Smith y su hija María, dos aristócratas
damas, hizo que el arzobispo González Eyzaguirre lo echara del diario en 1913.
Desde entonces el clero se convirtió en una de las víctimas de Alone, quien no
perdía oportunidad para subrayar los defectos de la Iglesia.
La salida de "La Unión" provocó una disminución
en sus ingresos económicos, pero siguió como colaborador de
"Zig-Zag", "El Diario Ilustrado", "Sucesos" y
"Pluma y Lápiz", en las que escribía de literatura y también de
temas misceláneos. En 1914 continúa su labor de crítica literaria en la
revista "Pacífico Magazine", de Alberto Edwards.
En 1921, gracias a la ayuda de su gran amiga Iris -Inés
Echeverría Larraín- se convirtió en el crítico literario de "La Nación",
cargó que ocuparía hasta 1938, cuando fue expulsado por el gobierno del Frente
Popular, contrario a sus ideas políticas. También había comenzado a
colaborar, desde 1924, en la revista "Atenea", de la Universidad de
Concepción. "El Mercurio" no tardó en llamarlo para que ingresara a
sus filas luego de su expulsión de "La Nación", de las que fue
miembro hasta su retiro, poco años antes de morir en 1984, enfermo pero
totalmente lúcido.
Otro hito importante de su carrera fue la obtención, en
1959, del Premio Nacional de Literatura, hecho que causó polémica por ser
otorgado a un crítico y no a un creador puro. Por ejemplo, inmediatamente después
de su nombramiento apareció en la revista literaria de la Sociedad de
Escritores un artículo diciendo: "Señor Alone: ahora escribirá usted
algo" . Como Hernán no solía quedarse indiferente frente a los ataques,
contestó: "El crítico, según el juicio de una vasta mayoría, no es un
escritor sino algo así como un subproducto de los escritores, una excecrencia
que les sale al margen, especie de parásito que se alimenta de los grandes árboles,
sin desdeñar las pequeñas flores... Y lo grave, lo serio, también lo cómico,
lo ridículo, es que en el fondo no les falta cierta dosis de razón" .
Esta quieta repuesta deriva de que a Alone no le interesaban los
reconocimientos, y además tenía una pésima opinión del Premio Nacional de
Literatura. Años antes de recibirlo, y cuando ya se daba su nombre entre los
posibles candidatos, había dicho: "Desearía eliminarme de este concurso
anual y obligatorio. No me gusta. Lo hallo desagradable y un poco deprimente. ¿Qué
significa esa carrera de animales en la cancha?" .
Otros reconocimientos recibidos por Alone fueron ingresar, en
1976, a la Academia Chilena de la Lengua y a la de Historia, y recibir el título
de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Chile. En resumen, se había
convertido en el sucesor de su maestro Omer Emeth y lo había superado con
creces.
Alone, Pedro Selva, Uno, Oliver Brand...
Hernán Díaz Arrieta fue y será para siempre en la historia
de la literatura, un crítico literario. Pero ejerció el periodismo en
distintas áreas y además de trabajar en los medios nombrados, fue colaborador
esporádico de la Revista "PEC" y del diario "El Imparcial".
Por eso Alone es sólo uno de los seudónimos que usó, aunque el más
importante. Se lo tomó a Shade, el amor platónico de su juventud. Según él
mismo Díaz, Alone "no corresponde a nombre y apellido sino a un vocablo de
alcance significativo, un `traducible' a conceptos: solitario y avizor,
respectivamente" . Lo de solitario, por su manía de mantener siempre la
distancia frente a personas y agrupaciones y, lo de avizor, porque para él el
crítico debía tener un ojo atento a descifrar lo que la obra es.
Su amor por la soledad se manifestaba en sus pocos amigos, su
carácter hosco y su repulsión a las visitas y a las entrevistas. Cuando recibió
el Premio Nacional de Literatura huyó de Santiago y se refugió en el fundo de
su amiga Dolores "Lolo" Echeverría, aunque lo único que consiguió
fue que igual se escribiera sobre él y que más encima se corriera el rumor de
su próximo matrimonio con la dama.
La soledad de Alone también lo llevó firmar como Pedro
Selva, tomado del nombre de Pedro León Gallo pero retirándolo de la
muchedumbre: "Pedro Gallo, Pedro León Gallo. No, preferí Selva, que hace
retirarse a Pedro a la soledad, lo convierte casi en algo así como Pedro el
Ermitaño, un hombre del desierto, o mejor, del bosque, de la naturaleza
virgen" .
Otros seudónimos usados por Hernán Díaz fueron Alba
Serena, Nanreh de Zaid, Ariel, Azrael, Ever, Oliver Brand, Raro, Uno, Nadie,
Otro, Par, entre otros, además de las veces que firmaba con su nombre o sus
iniciales. El de Uno puede tener una importancia especial sobre los otros, ya
que con él firmó las críticas de cine que escribió en "Zig-Zag"
entre 1945 y 1947, comentarios que fueron fielmente seguidos y comentados por el
público. De todos modos, Alone, el seudónimo que usó por primera vez en
"Pluma y Lápiz" en 1913 (parece ser que otra personas lo usó una vez
en 1895, lo que llevó a algunas a afirmar que Alone hizo su primera crítica a
los 4 años, según el propio crítico contó en una entrevista), es el más
recordado y el que lograba una identificación perfecta con el crítico. El
resto eran nombres azarosos, que se ponía según la circunstancia y a los que
Hernán no les daba mayor importancia.
La Sombra Inquieta
Cuando Alone y Jorge Hübner escribieron "Prosa y
Verso", decidieron llevarle un ejemplar a la escritora Mariana Cox-Stüven,
que usaba el seudónimo de Shade. Ahí empezó un largo y platónico amor entre
Alone y Shade.
Hernán Díaz tenía 18 años y Mariana 40. Además de la
diferencia de edad, Shade estaba casada, y si había obviado todos los
prejuicios aristocráticos que le impedían ser una escritora, no estaba
dispuesta a hacer lo mismo con los que le impedían tener un joven amante. Pero
se convirtieron en grandes amigos y compañeros de la tertulia intelectual que
se celebraba en la casa de Mariana. Ella, al igual que la aristócrata y
adinerada Dolores Echeverría, abrió su casa a Alone, quien presidía las
reuniones organizadas por ambas en sus respectivos salones para hablar de
literatura, filosofía, religión, etc.
Alone y Shade se amaron platónicamente, sin llegar a tener
ningún contacto físico. Fue una relación compleja, en la que el amor se
mezclaba con la admiración, desde ambos lados. Mariana se fue a Europa y
mantuvo con Hernán una relación por carta hasta que murió en 1914, poco después
de su regreso a Chile. Del sufrimiento por su pérdida nació "La sombra
inquieta", la única novela escrita por Alone, donde ya anuncia que
permanecerá en una especie de duelo crónico. Su relación con Shade lo marcó
tanto que incluso de ella tomó el seudónimo que lo acompañaría durante toda
su vida y algunos de sus gestos, que trataba de imitar.
Poco se sabe de otros romances del escritor, sobre todo por
la extrema reserva con la que Alone hablaba de sí mismo en las entrevistas.
Nunca se casó pero, según Edmundo Concha, su amigo más íntimo, tuvo
innumerables amantes casuales, todas aristócratas. Una de las más conocidas es
Virginia Cox Balmaceda, madre de Pablo Huneus, con la que mantuvo una relación
intensa, aunque ella era muchísimo menor que él. Justamente la diferencia de
edad habría sido la causa de la ruptura. Así se desprende del libro
"Cartas de Alone a una mujer desconocida", un personaje que Virginia
inventó al publicar las cartas que intercambió con Hernán. En una de ellas le
decía: "Acabo de mirarme al espejo: estoy espantoso. ¡Qué cara de Juez
del Crimen, qué dos arrugas o fosas a cada lado, qué expresión!". Y en
otra: "Tengo mil años, dése cuenta. No veinte, ni treinta, ni siquiera
cincuenta, ¡Mil! Y luego serán mil y uno. ¡Qué tonta es usted!" . Alone
era vanidoso hasta la enfermedad y le tenía un horror inmenso a la muerte.
A Alone le encantaba presumir de su condición de soltero, y
declaraba que el amor tenía la cualidad intrínseca de no poder realizarse jamás
en forma perfecta. Decía que jamás se le pasó por la mente casarse, porque
tenía una pésima opinión del matrimonio. Según él, la soltería era un
estado con "todas las ventajas del matrimonio, pero sin ninguno de sus
inconvenientes" . A Alone tampoco le gustaban los niños.
Pero lo ambiguo y contradictorio eran algunos de los rasgos
capitales de Alone. Edmundo Concha, y otros que lo conocieron, concuerdan en que
era una persona tímida, casi acomplejada, que tomaba a la soledad como una opción
pero también como una defensa, que le impedía tener una pareja estable. Esa
paradoja se resume en una de sus frases recurrentes: "Me gusta la soledad:
siempre que haya alguien a quien decírselo" .
La homosexualidad misteriosa
Bastante se ha dicho también sobre la supuesta
homosexualidad de Alone. En su obra, al menos, no dejó ninguna pista sobre
ella. Imposible, si lo que más le gustaba era teñirse siempre de misterio.
En
cambio Enrique Lafourcade -que sin ser amigo de Alone estuvo cerca de él por
sus actividades literarias-, señala a los amantes con nombre y apellido:
"Augusto d'Halmar, Benjamín Subercaseaux y toda una corte de rotos, que,
extrañamente en él, eran los que más le gustaban. Juan Donoso Machuca, que
murió hace poco, era un pelusa bien popular, que se lo peloteaban aunque no era
muy buenmozo. Benjamín Subercaseaux lo tuvo bajo su ala protectora; Alone se lo
levantó y se lo llevó de chofer. Después otro se lo levantó a él. Donoso
era el que más sabía de la vida secreta de Alone" .
Mariano Latorre, quien mantuvo por décadas una polémica
literaria con Alone, se burlaba de su homosexualidad y le dedicó un poema, que
termina con el siguiente soneto: "Sólo un camino hay para ser feliz, el
recto". Alone, menos ofensivo, le contestó con una crónica en la que lo
halaga por su elegancia, pero lo acusa de ser hediondo de pies.
"¿Y estos son los Champs Elyseés?"
Alone amaba la literatura francesa, por lo que siempre quiso
viajar a París. Cuando lo hizo, sufrió una decepción. Edmundo Concha cuenta
que en una carta Alone le dijo: "Estoy sentado aquí, en París, pensando
¿Y éstos son los Champs Elyseés?". Luego escribiría: "Solo. He
usado y aún abusado de esta palabra, miles de veces la he escrito en miles y
millones de ejemplares de diarios, revistas y libros. En realidad, nunca la había
entendido. Ahora sí" .
Lo que sí disfruto fue su segundo viaje a Europa, cuando
vivió por un tiempo en la casa de Gabriela Mistral en Nápoles, su gran amiga y
admirada poetisa. Pero la soledad volvería a sentirla en todas sus visitas al
extranjero, ocho en total (Francia, España, Italia, México, Nueva York, Puerto
Rico, República Dominicana, Argentina), siempre invitado como crítico o
escritor.
Un hidalgo arruinado
Alone se distinguía por ser elegante y fino, como un
verdadero "dandy" inglés. Sólo usaba ternos europeos y su físico le
ayudaba a exhibir la imagen de un verdadero caballero: alto, delgado, de frente
amplia y mirada penetrante. Pulcramente vestido, caminaba en línea recta sin
mirar nunca a los lados, casi como un sonámbulo.
Tanto refinamiento no iba acompañado de una billetera que le
permitiera darse todos los lujos que hubiera querido. Ya se ha dicho que su
familia era de clase media, y él mismo nunca fue un hombre adinerado. Vivía
del empleo -y después de la jubilación- del Registro Civil, y de las
colaboraciones en diarios y revistas, que aparecían sólo una vez por semana.
De todos modos Alone nunca renunció a una vida palaciega.
Famosa era su camioneta Kleinbus pintada de rojo, a la que quitó los asientos y
convirtió en una especie de bus-cama, en el que salía a recorrer Santiago y
sus alrededores. Como se negaba a conducir, el llamado "salón rojo"
era manejado por un chofer. Antes de esta camioneta había tenido una citroneta,
que también era conducida por un empleado. Una citroneta con chofer al volante
y un caballero con sombrero vestido de negro en el asiento de atrás: la imagen
perfecta de un hidalgo arruinado.
Con ahorros y privaciones Alone logró cumplir algunos de sus
excéntricos sueños. Vivió toda su vida en una casa en Beauchef 1035, (un
verdadero castillo que se quemó en 1977 ante un Alone impávido: "Era una
especie de Nerón doméstico y reducido, que había celebrado una fiesta",
diría años más tarde Carlos Ruiz Tagle ), pero como amaba la naturaleza casi
tanto como los libros, se construyó una casa en Cartagena, la "Villa
Diego", y compró una motocicleta para viajar hasta ella. También compró
una propiedad en Piedra Roja, que en ese tiempo era un sector rural. Allí se
construyó tres casas diseñadas por él mismo -Alone era un fanático de la
arquitectura- y un puente inútil para pasear entre ellas. Con todo, logró
tener una situación holgada, aunque jamás a la altura de su amada
aristocracia. Sólo en los últimos años de su vida disfrutó de una vida
acomodada, producto del reajuste del Premio Nacional de Literatura.
Respecto a su propiedad en Piedra Roja, una vez Luis Sánchez
Latorre le preguntó la razón de las tres casas, que compartía con sus amigos.
"Es para sentirme menos solo" , contestó Alone. Una manifestación más
de sus eternas paradojas.
A lo de contradictorio hay que sumarle el carácter
misterioso que siempre rodeó a Hernán. De pocos amigos, se explotaba una
imagen distante, oscura, un poco maldita. De los cientos de personas que iban a
dejarle libros a su buzón en Beauchef con la esperanza de que los comentara, o
que directamente tocaban el timbre, recibió a muy pocos. Una vez declaró:
"Me encantan las puertas secretas, las cortinas pesadas y las alfombras
espesas" . El mismo se convirtió en una puerta secreta y, como sus últimos
años los pasó encerrado para que nadie lo viera viejo y deteriorado, en una
especie de mito. Su desdén aristocrático, su temperamento acentuado por su
vestir oscuro, su devoción a pocas amistades, lo rodearon de una leyenda.
Por lo polémico también se conoció a Alone. Pero esta fama
se la ganó por su tarea de crítico, bastante ingrata a veces, y no por su
personalidad ni por su anticomunismo, a pesar de que en los años '60 escribió
sobre política. El general Pinochet le mandó aduladoras cartas, al igual que
el resto de la Junta Militar, al mismo tiempo en que Neruda le escribía con el
encabezado de "Compañero Alone". Es que de Alone se podía esperar
cualquier cosa.
II. A qué le escribía Alone
Alone se consideraba un perfecto hedonista. Decía que sus
motivaciones para escribir eran la vanidad y el no servir para nada más, junto
con el confeso secreto de ser un escritor frustrado. Además, hacía una analogía
entre la crítica y el amor: ambos son pasiones que deben compartirse. Solía
decir que "el placer es santo" , y ese placer él lo encontraba en
hablar y comentar lo que leía.
Por otro lado, veía en la imprenta el mejor medio para
convertirse en un inmortal, tema que lo atormentó durante toda su vida. La
describía como "un prodigioso instrumento, que permite al solitario más
desconocido entrar en las casas cerradas, por debajo de la puerta, ir, con
invisibles alas, hasta los sitios más distantes, entrar en las reuniones de
familia, en el club, en el tren, y, dotado del don de la inmortalidad, flotar en
el aire y permanecer todavía sobre la tierra cuando el que escribió hace ya
largo tiempo está reducido a polvo" .
La obra de Alone está cruzada por completo por estas
motivaciones. Su profesión no obedecía a ningún afán teórico ni erudito: sólo
escribía desde sus gustos y sus obsesiones personales, y eso se traduce en su
subjetivismo o impresionismo crítico.
La crítica impresionista
Las ideas enunciadas antes forman una teoría de la crítica
que Alone trajo a Chile, tomando ciertas ideas extranjeras. Su referente se
encuentra en Oscar Wilde, Saint Beuve y, fundamentalmente, en Anatole France.
Del primero Alone tomó su idea de la crítica como obra de arte tanto o más
superior que el arte mismo, y del segundo el unir siempre vida y obra, para que
la crítica fuera el modo de expresar una visión de mundo. Además, a Hernán
le maravillaba la independencia de Saint- Beuve, muy de acuerdo con su propia
idea de que el crítico no debía casarse ni en amor ni en ideas, ni tampoco
tener muchos amigos, para que nada hiciera al público predecir lo que iba a
leer. De Anatole france, por su parte, se apropió de prácticamente toda su
teoría estética: "El buen crítico es el que cuenta las aventuras de su
alma en medio de las obras maestras...La verdad es que no salimos nunca de
nosotros mismos...Vivimos encerrados en nuestra propia persona como una prisión
perpetua. Lo mejor que podemos hacer es, me parece, reconocer sin protestar esa
horrible condición y confesar que hablamos de nosotros mismos cada vez que
tenemos la energía de callarnos. Para ser franco, el crítico debe decir: 'Señores,
voy a hablar de mi mismo a propósito de Shakespeare, a propósito de Racine o
de Pascal, o de Goethe. Es una bella oportunidad'" . Esa frase es tal vez
la que mejor resume la obra de Alone.
Tomando estas ideas, Alone postulaba que no existía la
objetividad en su oficio: "La crítica ideal es la crítica objetiva, científica,
experimental. Por desgracia, no existe. El sólo hecho de comentar un libro y no
otro indica ya una preferencia de orden subjetivo" . Solía decir, también,
que el papel de la crítica es secundario, y que él mismo no debería haber
cumplido el rol de juez que el público le asignó: "No creo en el valor
trascendental de la crítica, ni imagino que pueda hacer y deshacer escritores.
Su influjo sobre éstos me parece limitado, y en cuanto al público, está
siempre generosamente dispuesto a olvidar el día lunes lo que leyó el domingo.
Lo demás son ilusiones" . Alone incluso llegó a afirmar: "La crítica
en el fondo es el crítico" .
De la teoría del papel
Llevado a la práctica, el subjetivismo crítico implicaba
que las crónicas de Alone hablaban de él tanto como del autor criticado, y que
el espacio destinado a cada libro que comentaba variaba enormemente. Alone a
veces escribía, reflexionando casi filosóficamente, una gran cantidad de líneas,
y otras veces apenas un párrafo.
He incluido aquí algunos ejemplos de crónicas:
La primera crónica apareció en El Mercurio el 7 de
diciembre de 1958; la segunda en Zig- Zag en una fecha no precisada (se
encuentra en el sobre Alone de referencias críticas). Su extrema desproporción
no tiene nada que ver con el espacio asignado a Alone en cada una de estas
publicaciones, ya que era bastante similar. Hernán tenía su sitio para
escribir y lo llenaba con el comentario de uno, dos, tres, cuatro o cinco
libros, según lo que quisiera escribir. No tenía una forma definida, ya que
-una vez más- todo dependía de sus gustos.
¿Cómo reaccionaba el público frente a esta forma de
ejercer la crítica? Con frecuentes cartas a los medios de comunicación,
defendiendo o alabando a Alone. Esta discusión, por ejemplo, tuvo lugar en
diciembre de 1982, apenas un par de años antes de la muerte de Alone:
Leer o no leer
La polémica que generaba a Alone no se limitaba a su foma de
ejercer la crítica. Bastante se ha hablado sobre el hecho de que no leía los
libros que criticaba, y este leer o no leer dio origen a varias discusiones, que
él terminaba siempre con la misma frase provocadora: para saber si un vino está
anejo, basta tomarse un vasito y no es necesario tomarse el barril completo. Más
extensamente, declaró una vez: "Con los libros malos, (me aburro)
inmediatamente; con los buenos, nunca; querría que no terminaran, constituyen
la alegría de mi vida. Por eso despacho a unos lo más rápido posible y
entrego el mayor tiempo a los demás...Si leyera todos los libros nacionales que
me mandan, ya no existiría. Y no es necesario. Cada obra pertenece a una serie,
tiene su aire de familia, marca cierto paso que se reconoce. Cuando se tiene
alguna experiencia, hojearlos basta. Pero los autores son implacables: me
recuerdan mi niñez; entonces se usaba el aceite de palmacristi, que venía en
unos frasquitos azules y se bebía con cerveza. También había que tomárselo
todo o si no no hacía efecto. Cuando los doctores de la ley me condenan, porque
sólo pruebo sus brebajes, oigo el 'tómeselo todo hijito' de aquellos años"
.
Obviamente, a nadie le gustaba ser sepultado por un crítico
que no leía los libros completos, y que llegaba a ser tan ácido como para
declarar, por ejemplo, en un comentario sobre la novela "Hay que matar al
asesino": "Al llegar a la página 50 uno llega a la conclusión de que
hay que matar al autor" .
Alone en la batalla política: el crítico se transforma en activista
Hemos visto como Alone era un personaje hedonista, que
situaba al placer como el motor de sus acciones, y cómo este hedonismo se
reflejaba en su trabajo. También sabemos que Alone se mantuvo por sobre la
contienda política y que nunca fue militante de un partido, a pesar de sus
ideas derechistas. Dentro de sus variados artículos, tuvieron cabida las críticas
a los poderes públicos, la defensa de las libertades y las burlas a la
burocracia estatal, pero muy rara vez fueron crónicas directamente políticas.
Sin embargo, a partir de 1963 comenzó a escribir, primero en El Mercurio y
luego en la revista PEC, artículos motivados por la profunda inquietud que le
producían las reformas sociales de la época. Este período de su vida y obra
me parece importante como testimonio de que Alone no fue -al menos no
completamente- el personaje atemporal, indiferente e individualista que
aparentaba.
La historia es conocida. En 1964 el demócrata cristiano
Eduardo Frei Montalva llegó a la presidencia de Chile, apoyado por su partido y
por gran parte de los conservadores y liberales, quienes veían en este
candidato un "mal menor" frente a la amenaza socialista de Salvador
Allende. El programa de Frei había sido ampliamente difundido en la campaña
presidencial. Sus pilares eran la Reforma Agraria, la Promoción Popular, la
Chilenización del Cobre, la construcción de 60 mil viviendas anuales, la
concesión del derecho a voto a los analfabetos y la Reforma Educacional.
Todo esto, que se resume en la histórica frase "La
revolución en libertad", para la extrema Izquierda eran meras iniciativas
reformistas, pero para la Derecha tenían un evidente carácter socialista. Y
para Alone eran bastante más de lo que su tradicional indiferencia frente a la
política contingente, podía soportar.
La Reforma Agraria, como a la mayoría de la Derecha, lo
tocaba directamente por su vinculación ancestral a la tierra, aunque eso fuera
más un sentimiento que una vinculación real. Era como si se invirtiera lo que
él consideraba el orden sustancial y lógico de las cosas, y por eso agarró su
pluma y comenzó a despotricar contra los políticos y especialmente contra la
Iglesia como la promotora de estas reformas mediante su Doctrina Social. Aquí
hay un ejemplo de 1968: "La impresión que Chile produce actualmente es que
no hay gobierno. Falta el resorte principal de la máquina de don Diego
(Portales). El Presidente de la República habla, pero no gobierna. M. Jacques
Chonchol tiene más poder. Y en torno suyo, el joven Ambrosio desafía la lógica,
dentro de un grupo fuerte, que desafía al país, insistiendo en arruinarlo con
la Reforma Agraria. Un enjambre de activas langostas llamadas inspectores,
asesores, técnicos, promotores, jefes y subalternos magníficamente pagados,
sangran el Presupuesto inflando los gastos y cegando las entradas... Desde otro
ángulo, el Cardenal-Arzobispo Silva Henríquez, destinado por la investidura a
sostener la autoridad inmaterial, la socava metódicamente y, en vez de reunir a
sus fieles, los divide y dispersa. Más adentro, en las entrañas, la fabulosa
Compañía de Jesús sigue una línea tal que evoca al Anti-Cristo, prepara el
Juicio Final y sólo le falta, acaso porque no han llegado aun los tiempos, empuñar
la trompeta apocalíptica" .
En varios artículos subraya la nefasta relación entre la
Iglesia y la izquierda, atribuyendo a esta relación todos los males de la
jerarquía eclesiástica: "En la puerta del palacio arzobispal de la Plaza
de Armas se vende una revista llamada Pastoral Popular, donde un sacerdote rojo
español ensalza el régimen de Fidel Castro en Cuba y celebra al Padre Torres,
el guerrillero de Colombia." .
El momento económico le parecía casi apocalíptico, como se
nota en estas frases: "La seguridad, base del negocio agrícola, ha
desaparecido. A las incertidumbres del mal tiempo y las malas cosechas, a las
sequías y las lluvias extemporáneas, a las pestes de los cereales y las
epidemias del ganado, se ha unido esta otra peste, esa otra amenaza, esa nueva
incertidumbre de la expropiación repentina, creada por ley" .
Estas ideas provenían de un convencimiento casi filosófico
de Alone: el de la igualdad como anti-razón y anti-naturaleza: "La
igualdad...¿de dónde viene? No ciertamente de la razón ni del espectáculo de
la naturaleza...Todos los órdenes de la vida material la repugnan, los animales
como los vegetales, hasta la tierra, las aguas y los vientos crearían con ella
la inamovilidad y la muerte si se estableciera y lograra triunfar" . Por
eso abogaba por una forma social en la que se reconocieran los derechos de la
persona, podados del exceso de individualismo, y se consideraran a la vez los
derechos del estado, pero sin los yerros del socialismo. Así se explica su
apasionada admiración por Portales como máximo representante de la Autoridad,
la Energía y el Orden.
Es significativo que estas ideas ya estaban presentes en sus
declaraciones de 1943 cuando, sin vacilación, anunciaba: "Chile va por un
plano inclinado violento hacia la extrema izquierda, hacia el comunismo... La
tiranía política, social, económica y de todo orden que se atribuye a la
Derecha, antaño dominante, la ejercerá la Izquierda, que no encontrará ningún
obstáculo para desposeer a los poseedores e instalar, velada o abiertamente, la
dictadura del proletariado. El Estado con sus organismos fiscales y
semifiscales, marcha con paso de vencedor a absorber la propiedad privada y
dirigir imperativamente la agricultura, las industrias, el comercio, todo"
.
Este pensamiento es producto de una visión de pesimismo
general que tuvo Alone respecto a su tiempo y, particularmente, de la
modernidad. Escribió algunas crónicas, por ejemplo, contra el teléfono y su
invasión a la intimidad, y ya en 1929 afirmaba: "No me gustan la acción,
el trabajo, el placer agitado, la bulla de la gente y de las calles" . El
futuro tampoco lo atisbaba mejor: "Dadas las cosas como van, el progreso de
la civilización, considero que sería mejor su extinción. El hombre es un ser
equivocado, un error de la naturaleza. Piense usted que cada paso que avanza en
la conquista de la dicha se siente más desgraciado" .
Con todo lo dicho sobre su ideología, queda claro que su
modelo económico preferido era el liberal manchesteriano. Por eso, al regreso
de un viaje de Radomiro Tomic a EE.UU., Alone escribió: "Su triunfo (el de
EE.UU.) en la producción y en los negocios debe atribuirse, por tanto, sin
lugar a dudas, al sistema que aplica, o sea, al régimen capitalista, a sus
empresas libres. Todo ello debió de verlo, meditarlo y entenderlo perfectamente
el señor Tomic, hombre inteligente y capacísimo para apreciar las realidades
prácticas. Razonando con lógica abstracta, el Sr.Tomic debería haber vuelto a
Chile partidario fervoroso de enriquecernos mediante ese método que se ha
demostrado victorioso. Pero el es político, no le interesa enriquecernos, sino
dominarnos" .
Todo este período de escritos políticos de Alone fueron
recopilados por el diplomático y escritor Sergio Fernández Larraín en el
libro "Batalla política de Alone". Otra incursión del crítico en el
tema fue, aunque más anecdótica, su viaje a España para entrevistarse con
Franco y presionar en favor de la liberación de presos políticos y de la
amnistía a los exiliados republicanos, causa que compartía con varios
intelectuales, pero el desenlace de este episodio indica que su convicción no
era muy profunda. Fracasó en su misión y tuvo problemas y desencuentros desde
que llegó al aeropuerto. Volvió convertido en un ultrafranquista y declarando
que un régimen de ese tipo era el que le convenía a Chile.
Por eso, en 1973 se sintió satisfecho con el golpe militar.
Del presidente Salvador Allende y de la época de la Unidad Popular había
dicho, irónicamente: "¡Viva Allende caramba! Que siga emitiendo papeles
el antipapelero, que extinga totalmente la autoridad de la UP el
antitotalitario, que el incorruptible deje a la corrupción invadir las capas
administrativas, que sigan sus órdenes de aumentar la producción agrícola e
industrial dejando vacíos los almacenes de alimentos y de artefactos y que
continúe, con una venda en los ojos, creyendo todo ese proceso irreversible. ¡Viva
nuestro Salvador!" .
Con todo, nuevamente se aprecia la paradoja de nuestro Hernán:
al implacable juez también le importaba su entorno.
III. Lo que dejó el verdugo de la objetividad
Con justa razón alguien -o todos- puede preguntarse cuál es
el valor real de esta forma tan personal de ejercer la crítica, por qué el público
siguió y premió la arrogancia de Alone y, en consecuencia, que queda hoy de la
obra de Hernán. Intentaré una explicación basada en tres puntos: el momento
de la crítica literaria en que apareció Alone, su visión de vanguardia
respecto a algunos autores, y el estilo de su prosa.
Hernán Díaz: antes y después de un sacerdote
En Chile, durante los primeros años del siglo XX, la crítica
se caracterizó por ser más bien ocasional y esporádica. Hubo nombres
importantísimos que la ejercieron desde las páginas de "El Araucano"
con las notas de Andrés Bello, como los hermanos Amunátegui y Pedro Nolasco,
pero el género crítico no tuvo periodicidad hasta 1906, fecha en que
comenzaron a publicarse los artículos de Omer Emeth, seudónimo del sacerdote
Emilio Vaisse, con los cuales la crítica se modernizó y se volvió conceptual,
sistemática y masiva. El organizó, desde su puesto en "El Mercurio",
una cátedra semanal sobre literatura.
Omer Emeth fue admirado por Alone, quien se sintió honrado
por seguir los pasos de este maestro: "Es preciso haber conocido la vida
literaria en Chile antes y después de Omer Emeth para advertir hasta qué
altura se levantó rápidamente su autoridad y a qué sectores lejanos se hizo
extensiva. Su aparición señala una etapa y marca un límite no sólo entre los
entendidos -que nunca los ha habido completos en el país- sino, principalmente,
en la vasta masa lectora, entre la juventud ansiosa de guía y a los ojos de
todos los que buscaban y querían aprender... Gracias a Omer Emeth, hubo en este
país un centro de autoridad literaria permanente al cual convergían, con o sin
voluntad, las miradas de todos; y la profesión de escribir, antes considerada
un ejercicio fútil, propio de gente ociosa, teñida aún de la bohemia romántica,
adquirió carta de ciudadanía y pudo hacerse respetable ante el hombre de la
calle, el negociante, el político, el deportista, el simple mundano, todos
aquellos para quienes la cultura empieza y termina en la lectura del periódico"
.
Es decir, cuando Alone entró en la escena literaria, la crítica
estaba recién comenzando. A mi juicio, ésta es la primera razón que explica
el papel fundamental que tuvo el crítico, tanto para el público como para la
historia de la literatura. Si con Omer Emeth la crítica se masifició y
sistematizó, con Alone se popularizó. El público no estaba acostumbrado a las
polémicas ni a las autoridades literarias.
Sus contemporáneos en la crítica fueron Ricardo Latcham y
Raúl Silva Castro, y más tarde Luis Sánchez Latorre y Roque Esteban Scarpa.
De los que le siguieron el más importante es Ignacio Valente, otro sacerdote. A
Alone le causaba mucha risa saber que su nombre quedaría en los libros de
historia en medio de dos representantes de su odiada Iglesia.
El eterno francesito
Un segundo punto está en el carácter vanguardista de Alone,
pero respecto a esto hay que hacer algunas aclaraciones. Hernán amaba la
literatura francesa por sobre todas las cosas; de ella extrajo sus maestros, sus
referentes en la crítica y su amor más grande: Marcel Proust. ¿Por qué esta
preferencia? Alone la atribuía a la influencia de Shade y Omer Emeth, ambos
amantes de las letras galas, en complicidad con su personalidad. Tan bien encajó
con los franceses, que decía que su lengua le acomodaba más que el español:
"Nuestro noble idioma no ama las complejidades ambiguas, se precipita a los
extremos realistas con la picaresca o a las elevaciones apasionadas de la mística,
no sin violencia. La lengua española afirma o niega rotundamente, la francesa
permite dudar y deslizarse entre dos aguas, con cautela" .
Este amor por los franceses lo llevó a ser extremadamente
visionario y vanguardista en su momento con los autores de esa nacionalidad,
pero bastante miope con otras literaturas. Deshechó, por ejemplo, la obra de
españoles, rusos y norteamericanos clásicos y contemporáneos; hasta "El
Quijote" le parecía un mal libro, por lo que nunca lo leyó completo.
Proust era la cúspide de las letras para Alone. Decía que
era el autor que mejor reflejaba la condición humana y lo consideraba un tesoro
inagotable, una reserva de enseñanzas que siempre se renovaba, por lo que leía
una y otra vez sus obras, esperaba que se les olvidarán un poco, y las volvía
a leer.
Esta devoción explica la visionaria importancia que Alone le
atribuyó a la obra fundamental de Proust, "En busca del tiempo
perdido". Casi al mismo tiempo de su publicación (la primera entrega de la
obra, la trilogía de "Del lado de la casa Swann" fue publicada en
1913 y la última, póstuma, "El tiempo recobrado", en 1927), el crítico
la calificó como una de las claves de la modernidad, como de hecho es
considerada hoy.
Pero su gusto por los franceses, aunque culminaba en Proust,
no se detenía en él. Le gustaban todos, lo que se nota en su "Crónica
literaria: la literatura francesa", una antología bastante exhaustiva, en
la que incluye nombres como Balzac, Flaubert, André Gide, Sartre, Camus, y
algunos vanguardistas como Alain Robbe-Grillet. De todos modos, no se fijaba
mucho en los movimientos efímeros que hicieron su aparición en el período de
entreguerras, como el surrealismo en Francia y el futurismo en Italia. En época
de Breton y Apollinaire, Alone prefería a autores más tradicionales como
Mauriac.
También le gustaban algunos ingleses como Oscar Wilde, que
citaba a veces en sus artículos, pero tuvo omisiones imperdonables para su época,
como no valorar en todas sus dimensiones la obra de Virginia Woolf y
especialmente de James Joyce, si se considera que ya en 1922 se levantó la
censura en su contra y pudo publicar su "Ulyses", por lo que a Alone
le tocó vivir todo el debate en torno al nuevo lenguaje literario inaugurado
por Joyce.
Algunos latinoamericanos, como García Márquez, le parecían
entretenidos, pero no les atribuía mayor trascendencia. Algo parecido ocurría
con los rusos y norteamericanos, que alguna vez tuvieron espacio en sus crónicas
pero sólo por autores aislados, como Tolstoi, Truman Capote o Carson McCullers.
Para Alone, sólo los franceses escribían prosa inmortal, y por eso se mantuvo
ajeno a las modas literarias de otras naciones, como la de la célebre generación
"beat" en EE.UU. Su obsesión francesa no le permitió ver estos
movimientos, pero sí tuvo una reconocida visión en el caso de las letras
galas.
La renovación intelectual en Chile
Con los chilenos le pasó algo parecido. Desde comienzos de
siglo empezó a manifestarse una nueva generación de escritores, distinta a la
anterior por su procedencia social. Hasta entonces, la escena intelectual
chilena había estado dominada por miembros de la elite dirigente que, junto con
escribir historia -como Barros Arana o los hermanos Amunátegui- o novelas -como
Alberto Blest Gana- eran diplomáticos o ministros, ocupaban algún cargo
oficial o vivían de sus fortunas personales. Sus obras eran costumbristas,
urbanas, aristócratas y de grandes personajes. Alone, como amante de la
aristocracia, dio una tribuna excesiva a estos escritores, y en esa medida, no
fue nada de vanguardista. Nadie se explicaba cómo, por ejemplo, dedicada dos
domingos a comentar el libro de cualquier autor menor, de novelas familiares,
nombres que después no tuvieron ninguna importancia en la historia.
De todos modos, Alone descubrió a otros escritores que sí
marcaron una ruptura en su tiempo. Opuesta a la generación anterior, surgió en
Chile un grupo de escritores modestos, que habían tenido acceso a la educación
pública, aunque subsistió la tendencia aristocrática, con reminiscencias
griegas y francesas. El nuevo grupo nada tenía que ver con esta tradición;
eran empleados públicos, periodistas o profesores, principalmente. Surgieron
como un grupo consciente de su marginalidad social, que, impregnado por el
realismo naturalista de Emile Zolá, aspiraba a alejarse del orden burgués y
redimir a los pobres, mediante una expresión popular y nacional. Planteaban la
ruptura entre el mundo del arte y el mundo burgués, desde una perspectiva
social, lo que se nota por ejemplo en la "Colonia Tolstoyana", un
experimento encabezado por Augusto d'Halmar -el escritor de mayor influencia en
los principios de siglo- y Fernando Santiván, cuyo objetivo era irse a vivir a
los territorios vírgenes del sur de Chile para trabajar la tierra y educar a
los campesinos. Otros nombres importantes fueron los de Baldomero Lillo, Carlos
Silva Vildósola, Inés Echeverría, Rafael Maluenda, Mariana Cox-Stüeven,
Mariano Latorre y todo el resto que cabe bajo la categoría del Criollismo.
A ellos les siguiel Realismo Crítico, de más universalidad
y humor, con Joaquín Edwards Bello, Marcela Paz, Salvador Reyes, Benjamín
Subercaseaux, etc. También se destaca el Imaginismo, un intento irracionalista
que proclamó la libertad del arte y del hombre frente al objetivismo urbano. En
él, de nuevo encontramos a Augusto D'Halmar junto a varios escritores jóvenes
como Pedro Prado, quien en 1907 publicó sus versos "Flores del
Cardo", muy mal acogidos por la crítica en general, pero destacados por
Alone. Avanzando en el siglo está la Generación del '38 -que Alone y Ricardo
Latcham bautizaron como "neocriollismo del '40"- con Fernando Alegría,
Daniel Belmar, Juan Godoy, María Luisa Bombal, Francisco Coloane y otros.
Paralelamente están los surrealistas que fundaron la Revista Mandrágora, en la
que colaboraron Braulio Arenas, Gonzalo Rojas y también Vicente Huidobro. La última
generación de escritores que a Alone le tocó leer y comentar es la de José
Donoso, Enrique Lafourcade, Claudio Giaconi y Jorge Teillier, por nombrar
algunos.
Sin embargo, los principales logros del período se dieron en
el terreno de la Poesía, con la que la literatura chilena llegó a una cima
nunca antes lograda. La época de Alone es la del Creacionismo de Vicente
Huidobro, los años en que Gabriela Mistral adquirió una relevancia mundial y
recibió el Premio Nobel de Literatura, y el mismo tiempo en que Pablo Neruda
escribió sus obras más conocidas: "Residencia en la Tierra" y
"Canto General".
En lo literario, igual que en lo humano, a Alone se le acusó
de aristocratizante, reaccionario y misántropo, y él declaró sentirse honrado
por tales adjetivos, pero sólo como una provocación. Polemizó con muchos
escritores como Pablo de Rokha y Mariano Latorre, y con varios miembros de la
nueva generación literaria chilena, que lo calificaban de retrógrado, pero
esta acusación me parece injusta, porque Alone descubrió y apoyó desde el
principio a autores como el ya nombrado Pedro Prado, José Donoso, Jorge
Edwards, Jorge Teillier y Pablo Neruda, y en ese sentido fue bastante
visionario.
Su polémica "Historia Personal de la Literatura Chilena
(Desde don Alonso de Ercilla a Pablo Neruda)" refleja toda su visión de
las letras nacionales. En la primera página, Alone hace su declaración de
principios: "..esto no se debe a teoría de ninguna clase, sino a simple y
subjetiva inclinación, a una razón, también personal. Otros en la historia
ven las masas, las corrientes, los imponderables sicológicos; nosotros vemos,
ante todo, seres humanos, concretos, que nacen, viven y mueren, también
historia personal" .
Con ese inicio, queda claro que Alone sólo quería dar
cuenta de "su" historia. Eso explica las omisiones que en su época
causaron polémica: Augusto Orrego Luco, Salvador Reyes, Roque Esteban Scarpa,
Juvencio Ovalle, Miguel Arteche, Marcela Paz. Alone dedica cuatro o cinco líneas
a importantes autores como Ricardo A. Latcham y llena páginas y páginas con
otros menos importantes, lo que provocó en los círculos intelectuales una
repercusión que no se había visto desde "Casa Grande" de Luis Orrego
Luco. Raúl Silva Castro, Ricardo Latchmam, Manuel Vega, Juan de Luigi y otros,
polemizaron con el crítico por creer que su "Historia Personal de la
Literatura Chilena" no podía considerarse una obra histórica, sino el
reflejo del temperamento de Alone por sus omisiones o inclusiones arbitrarias, y
de su bello estilo a la hora de escribir.
Más allá de la polémica, la obra es la mejor fuente para
conocer las preferencias literarias de Alone. Según él, Augusto d'Halmar es el
"primero de una fila que lo obedece y a la cual representa" . Decía
que de él provienen los imaginistas, los criollistas y los que no encajan en
ninguna de esas tendencias. En otras palabras, todos. Por eso Alone lo considera
uno de los grandes de las letras nacionales, y lo incluye junto a Pedro Prado,
Gabriela Mistral y Pablo Neruda en su libro "Los cuatro grandes de la
Literatura Chilena".
Los tres últimos tuvieron una relación estrecha con Alone,
mediante cartas y visitas. Pedro Prado siempre le escribía pidiéndole
opiniones, tal vez porque era uno de los pocos críticos que valoró su obra
tempranamente. El mismo Alone, consciente de su lucidez, dijo: "Sólo una
pocas personas miraron con interés, el año novecientos ocho, ciertas 'Flores
de cardo', en que un joven poeta proclamaba tranquila y prácticamente su rebeldía
contra las leyes fundamentales del jardín. Ni ritmo, ni rima, ni imágenes
habituales; todo en desorden aparente, sin música exterior. Entre el pequeño número
de entendidos, hubo un callado movimiento de escándalo. Y así se inició la
revolución ultramodernista en Chile" . Estas palabras demuestran que Alone
no era retógrado como lo acusaban, y que sí tuvo una visión de crítico.
Gabriela Mistral fue su gran amiga y anfitriona en Nápoles,
lo mismo que Neruda en Isla Negra. Su amistad con este último, que describía
como la gran figura e influencia de las últimas generaciones, es de verdad
significativa, si se considera que Alone era un anticomunista extremo y Neruda
un militante.
Respecto a Huidobro, lo consideraba un malabarista del
lenguaje antes que un poeta, y lo criticaba (¿o envidiaba?) por ser un niño
rico, regalón, y sobrestimado: "Su vida se parece a la de Shelley: alta
alcurnia, gran fortuna familiar, amores sucesivos, legales e ilegales,
ingenuidad en medio de la audacia, nobleza de corazón en medio del desorden y
cierto rayo de genio errante en medio de muchas nieblas" . A Pablo de
Rokha, en cambio, lo encontraba demasiado visceral: "Sus poemas requieren
cierto estado de trance, y puesto en él, Pablo de Rokha tiembla y vomita, como
una montaña, repite quinientas veces las misma palabra y saca unas voces de
profeta hebreo ebrio" . Fuera de ese trance, le reconocía cierto talento.
Con todo, los chilenos no pudieron superar su amor por los
franceses. Incluso un día declaró que si no fuera por su nacionalidad chilena,
de nuestras letras sólo habría leído a María Luisa Bombal, Pablo Neruda y
Gabriela Mistral. El descubrimiento de escritores rupturistas está limitada por
su temperamento, pero aún así fue visionario con algunos nombres.
El valor de una pluma poderosa
Queda por señalar tal vez la razón principal de la
influencia de Alone en el público: su pluma. Leyendo las crónicas citadas, se
advierte el hábil manejo de las ironías -a veces sutiles y a veces
manifiestas- y un estilo gráfico para escribir que hace liviana y ágil la
lectura. Alone prestaba mucha atención a lo último, y por eso se burlaba de
los autores excesivamente académicos, como José Ortega y Gasset: "El
amaba la pureza y la riqueza del lenguaje, le dolía la indigencia de nuestro
vocabulario y anhelaba extenderlo...Nosotros preferíamos la vida: emplear
palabras usuales, sencillas, claras, accesibles a cualquiera, giros que no
sobresalgan ni detengan la atención, batirse con lo que haya, sin acudir a las
reservas del léxico...Si viera pasar por la calle a un hombre caminando como
Ortega escribe, seguramente preguntaría qué tiene, qué le pasa, por qué va
haciendo tantas figuras" .
Estas cualidades son reconocidas incluso por sus peores
detractores, como su sucesor Ignacio Valente quien nunca aceptó la teoría
impresionista de la crítica de Alone: "La figura de Alone domina
ampliamente el panorama de las letras chilenas de este siglo. Domina por
talento, por calidad, por eficacia. Es un hecho que reconocen sus enemigos más
enconados (numerosos, como los de todo crítico exigente y sincero): la opinión
del grueso público, y por tanto el éxito o fracaso externo de obras y autores
dependieron en Chile -bien o mal- del dictamen de este imprevisible juez. Deben
reconocerlo sus propias víctimas y también aquellos escritores que viven
denigrándolo, pero que cada domingo acuden a leerlo, quizás con la secreta
esperanza de haber merecido su atención... Las crónicas de Alone han hecho época
porque son amenas, sutiles, legibles como pocas. ¿Valores secundarios?
Sobretodo para los que carecen de ellos. No seré yo, tedioso de mí quien
afecte despreciar el difícil, el admirable valor de lo entretenido, penetrante,
sabroso, directo, en el género de la crítica. !Quién pudiera escribir con esa
fluidez!. Yendo al fondo del asunto, diría que Alone ha tenido el mérito de
subrayar, en su ejercicio crítico, el peso inevitable del gusto personal, del
paladar o de la pupila literaria propia: de la sensibilidad, nunca sustituible
por la doctrina o el aparato conceptual genérico... Ha tenido siempre más
sensibilidad que rigor intelectual, más sentido del placer que del valor. El
placer fue su valor. Buen empirista, redujo la literatura -también la vida- a
impresiones sicológicas: exquisitas pero múltiples, fugaces, dispersas, y
estas impresiones no llenaron del todo el vacío que dejaba la falta de una idea
de la literatura y de un sentido de la existencia" .
Opiniones como ésta se encuentran en una larga lista de
escritores y periodistas que sería tedioso enumerar. Braulio Arenas, Edmundo
Concha, Hernán del Solar, Roque Esteban Scarpa... todos fueron admiradores de
la pluma de Alone y la elogiaron con adjetivos como punzante, apasionada,
elegante, sutil, irónica, creativa, perdonándole así su arrogante falta de
objetividad.
IV. Las páginas que faltan
Cuando Alone vio la polémica que generó su "Historia
personal de la literatura chilena", contestó a sus detractores con un
desafío: escribir una mejor. Eso era algo posible entonces; hoy ya no lo es. Al
parecer, nadie podrá volver a intentar reconstruir la historia de las letras
nacionales en forma completa, ya que el crítico dejó una parte oculta, un
pedazo de su vida sitiado por su muerte y por el pudor de quienes lo leyeron.
Esas mismas páginas nos hacen falta para terminar de hilvanar su vida y obra.
Desde los 16 años Alone se dedicó a escribir sus más privados pensamientos en
un diario íntimo, donde guardó una cantidad inmensa de información sobre los
literatos nacionales. Hoy el diario está perdido, porque los que lo han leído
prefieren que sea así.
Dicen que no se salva nadie, ni su madre ni sus mejores
amigos. Que decía una cosa y en el diario escribía otra. Hace unos años el
periodista Luis Alberto Ganderats partió en busca del documento, pero no
consiguió nada. La sobrina de Alone dice que nunca lo vio; Oscar Boza -su
secretario y chofer- recibió el diario como herencia, pero murió hace años;
Pedro Ibáñez se lo compró a Boza en una suma considerable, pero ahora está
tan enfermo que no puede hablar con nadie. El anticuario René Gaete, vecino y
amigo de Boza, es uno de los pocos que pudieron examinar el diario de Alone.
Cuenta que está escrito en una veintena de cuadernos y grandes libretas con
tapas de hule negro, en los que Alone habló con franqueza extrema de la gente.
Según Gaete, Renato García Pica, antiguo Juez de San Miguel, también lo leyó.
El aludido dice lo contrario: "No tengo idea sobre ese diario, nada en
absoluto" .
En todo caso, aunque alguien se decidiera a hablar, a esta
altura no serviría de mucho. Oscar Boza arrancó y rompió muchas páginas del
diario mientras lo tuvo en su poder. Dicen que su pudor no pudo resistirlas.
Sin embargo, en la década del 10 algunos trozos,
inofensivos, fueron publicados en las revistas "Zig-Zag" y "El
Pacífico", que encontré en el sobre Alone del archivo referencias críticas.
He incluído algunos al final de este trabajo como forma de profundizar en las
ideas de la conclusión.
Conclusión
Como conclusión he querido redondear las ideas principales
de este trabajo. Primero: Alone jugó a ser un juez implacable; el público y
los escritores se lo creyeron. Pero más allá del personaje que se inventó,
fue un hombre lleno de complejos, tímido, que se creó un teórico amor a la
soledad para retirarse de la multitud que lo asustaba. De ahí provienen sus
citadas paradojas. Segundo: esa timidez y su horror a los colegios -que me
recuerda al Antoine Doniel de "Los 400 golpes" de Francois Truffaut-
lograron que los libros se convirtieran para él en personas, a las que les
conversaba y mimaba. Los libros y la vida no estaban separados, sino que eran
una misma cosa.
Todo esto derivó en su famosa crítica impresionista, nacida
de la necesidad de Alone de dar cuenta de sus gustos y de sus obsesiones
personales. Hernán quería hablar de él, y por eso eligió el oficio de crítico
al sentirse un escritor frustrado. A pesar de que su crítica no era académica
ni erudita, gozaba de gran inteligencia y de un fino sentido del humor, además
de un perfecto y personal estilo.
Creo que la devoción del público hacia Alone derivaba
justamente de estas características. Leer las críticas de Alone era leer una
obra literaria, igual o mejor que la obra criticada. Y, sobre todo, era leer una
lección magistral de cómo el arte y la vida pueden ser una misma cosa, y cómo
los libros son una experiencia vital, un encuentro, una parte integrante de la
existencia igual que los árboles, los amigos o una sopa caliente.
Esto mismo lo dijo Alone -sin duda con más maestría- en las
páginas publicadas de su diario íntimo y en una crónica aparecida el 3 de
mayo de 1970 en "El Mercurio".
Lucia Vodanovic |