"Sobre
el Psicoanálisis del Conde de Lautreamont"
Entre lo que se conoce como
la obra de Enrique Pichon Rivière figura una, que en realidad fue editada
póstumamente por iniciativa de su hijo, Marcelo Pichon Rivière.
La tituló Psicoanálisis del Conde de Lautréamont.
El contenido de esta obra no difundida, fue sin embargo hecha pública en varias oportunidades
durante toda su vida.
A fines de la década del 40 Pichon
Rivière crea junto a otros la revista Ciclo que nuclea a
poetas surrealistas y pintores plásticos abstractos. Allí
publica parte de su investigación.
Su relación con el surrealismo
argentino y esa investigación lo llevó a compartir una velada
lautreamoniana con André Breton y otros surrealistas franceses y
otra con Jacques Lacan y Tristan Tzara en su viaje a París de 1951.
En 1943, en su artículo Los
dinamismos de la epilepsia, menciona en una llamada a pie de página
que el mismo es el punto de partida de dos trabajos próximos a publicarse:
uno sobre Van Gogh y otro sobre el conde de Lautréamont .
Su trabajo concreto sobre el conde
de Lautréamont se puede sintetizar en los siguientes puntos:
- Investigación sobre la vida de
Isidore Ducasse
- Del análisis de los cantos infiere
supuestos sobre la vida del autor
- La situación histórico-política
en la que vivió también está incluida en los
mismos y con este análisis sostiene sus hipótesis con respecto
al desenlace de Ducasse.
- Cronología de los comentaristas
de Lautréamont: la historia negra y la supuesta locura del autor
de los Cantos de Maldoror.
Sus interpretaciones psicoanalíticas
del caso Lautréamont
El primer artículo publicado por
Pichon Rivière Notas para la biografía de Isidoro Ducasse,
Conde de Lautréamont, contiene importantes datos biográficos.
Apareció en La Nación en el mes de abril de 1946,
al cumplirse el día 6 de ese año el centenario del nacimiento
del poeta uruguayo. Para ello se sirve del escrito de Ducasse, sigue constantemente
sus pasos.
La mayor parte de este artículo
figura en Vida e imagen del conde de Lautréamont publicado
en la revista Ciclo nº 2 en 1949 y también en la versión
de el proceso creador del artículo Lo siniestro en la
vida y en la obra del conde de Lautréamont , -no así
en la del libro Psicoanálisis del conde de Lautréamont-
fragmento del curso dado en Uruguay y que fue publicado en La revista
de Psicoanálisis Año IV nº4.
Toma de los hermanos Guillot- Muñoz
los datos decisivos que descubrieron en la Catedral de Montevideo en 1924
y los transcribe cuidadosamente, cosa que no ocurre en otros trabajos sobre
Isidoro Ducasse, en las que no aparecen con tanta precisión.
En el acta de bautismo figura que Isidoro
Luciano fue bautizado el 15 de noviembre de 1847, que había nacido
el 4 de abril de 1846, dos meses después de que sus padres contrajeran
matrimonio, que era hijo legítimo de Francisco Ducasse y Jacquette
Célestine Davezac, ambos de origen francés.
Sus abuelos paternos se llamaban Juan
Luis Ducasse y Marta Damaré, los abuelos maternos: Domingo Davezac
y María B. Douret
1. Un hermano del padre, Bernardo Luciano, es
el padrino representado por Eugenio Baudry, amigo de Francisco Ducasse.
No hay nadie de la línea materna en ese bautismo a pesar de que
colaborando en la Legión Francesa durante la guerra, figura un hermano
de la madre, Juan Davezac.
Un dato interesante es que los nombres
figuran en el artículo de Pichon en lengua española, salvo
el de la madre de Isidoro.
En otra fuente consultada están
en francés
2.Pero hay que señalar además que el nacimiento
de Isidoro fue inscripto en el consulado de Francia, por lo que el acta
de nacimiento y la de bautismo desde ya deben estar en distintos idiomas
porque como fue costumbre en numerosas ocasiones en estas tierras, los
extranjeros recibieron nombres castellanizados.
El padre de Isidoro había nacido
en Bazet, a cinco kilómetros de Tarbes, el 12 de mayo de 1809. Su
propio padre (1774-1830) era apodado "el maestro". La madre nació
en Sarguinet, pequeña comunidad vecina de Tarbes, donde Francisco
Ducasse fue maestro desde 1837 al 39. Toma de Alicot el dato de que Francisco
habría emigrado a Uruguay en 1840 y que después lo seguirían
su hermano Bernardo y sus sobrinos Francisco Juan Drotovée y Lédéa,
que se radicaron en Córdoba, República Argentina.
Francisco Ducasse permanecerá
en Montevideo hasta su muerte ocurrida en 1889.
Pichon describe a Francisco Ducasse
según los datos de estos autores consultados como un hombre elegante,
fino, burlón y escéptico, dueño de una gran cultura
literaria. Tenía una de las bibliotecas más completas de
Montevideo. Le interesaba enormemente los estudios antropológicos
y en 1862 realizó un viaje por distintas regiones de América
del Sur estudiando las tribus guaraníes. De vuelta de ese viaje
fundó una escuela de lengua francesa, donde él mismo dictó
un curso de filosofía, inspirándose en el pensamiento de
Augusto Comte y el positivismo francés, como también de las
ideas morales de Edgard Quinet. También apunta que antes de su casamiento
trabó relación con la bailarina brasileña Rosario
de Toledo-Braidot agrega que Francisco Ducasse se jactaba de ser "un coleccionista
de mujeres de teatro" y relata los pormenores que terminan con el encierro
de la cantante en una casa de salud - Pichon por su parte comenta que la
mujer muere al poco tiempo.
La madre de Isidoro Ducasse falleció
el 10 de diciembre de 1847, pocos días después del bautismo
de su hijo.
Pichon Rivière hizo investigaciones en Montevideo y
le llamó poderosamente la atención de que le fuera tan dificultoso
encontrar datos de esta mujer, tanto como hallar informes fidedignos y
exhaustivos de Isidoro.
"Después de grandes
dificultades descubrí que había sido enterrada sólo
con su nombre, sin apellido, y que sus restos fueron a dar sin duda
al osario común tal como sucedió con el mismo Lautréamont"
3.
Estos informes recogidos sobre Celestine,
junto al acta de defunción que dice que falleció de "muerte
natural" y que, en el lenguaje médico de la época significaba
suicidio, lo llevan a Pichon a sostener esta última conjetura.
Otra de las fuentes de las cuales se
sirve es el poeta uruguayo Edmundo Montaigne, sobrino de Prudencio Montaigne,
único sobreviviente que había conocido a Isidoro Ducasse,
cuando éste contaba aproximadamente dieciocho años. Amigo
de Francisco Ducasse, lo acompañó en sus mateadas hasta sus
últimos días y nunca le fue mencionado que Isidoro fuera
autor de alguna obra literaria y sólo después de 1875 le
contó que su hijo había muerto.
Pichon conjetura además que
Isidoro fue un niño "guacho" (metafóricamente, sin padres
conocidos), que sufrió no sólo el
abandono por parte de la madre muerta tan tempranamente sino también
de su padre. Lo supone en realidad porque no hay mayores datos sobre él
en la corta vida que tuvo.
A pesar de la oposición de algunos
comentaristas de Los cantos de Maldoror a que otros extraigan de
ellos indicios sobre Isidoro, evidentemente los hay y, sin esos guiños
que dejó, nada se sabría del misterioso conde de Lautréamont.
Es ahí donde nombra al montevideano,
es en Poesías donde hace una lista de personas que estuvieron
relacionadas con él, Dazet en primer término. Y Pichon no
sólo se apasionó ferozmente con los mismos, sino que atrapado
en sus redes se hizo su escriba, por momentos transcriptor, comentarista,
traductor, translitarato
4, investigador de esos cantos, de acuerdo a lo
que ellos le dictasen.
Y también lo llevaron hacia
Isidoro Ducasse, pero no pudo trasponer el umbral del conde de Lautréamont.
Buscó en Montevideo y en Córdoba el ensamble, un eslabón
perdido que en realidad estaba en él, entre el conde de Lautréamont
y Du-cas(se).
A ese niño Ducasse es a quien
encuentra tras el manto sombrío de Maldoror. Un "guacho", con una
madre muerta tempranamente, muerte rodeada de un incomprensible misterio
por un padre que además, se entregó totalmente a la vida
política y social de Montevideo a la que ya se había integrado.
Durante el Sitio a esa ciudad, que duró desde 1838 a 1852, dicho
abandono debe haber sido constante.
"Todo ello configura un clima
de niñez caótico y desolado. La mayor diversión de
Isidoro era contemplar, desde la terraza de su hogar, los acontecimientos
del Sitio, con un río poblado de barcos y de hombres. Y él,
a ese río lo identificará con el Océano, tal como
surge, expresamente en su "Poema IX". Ese río o mar de su niñez
será objeto de su gran amor, y allí proyectará toda
la fantasía de su mundo desgarradoramente humano, alucinado y moral".
5
Para Pichon el hecho de que Isidoro Ducasse
haya nacido durante el Sitio de Montevideo, con ese "océano" apasionante,
infectado de cadáveres que tragaba sin más con los hundimientos
de los barcos y las refriegas marítimas o portuarias, unido a la
historia trágica de la muerte de su madre y la actitud paterna,
jugaron un rol decisivo. Será la forma que tomará, como escrito
de Du-cas (se)
6. Se sirve en ello de los estudios de Leandro Ipuche.
El Sitio de Montevideo fue una cruenta
guerra que libraron Argentina y Uruguay, en la que Francia e Inglaterra
tuvieron un papel destacado e intervinieron cada una con intereses encontrados,
asociándose por momentos o traicionándose, a través
de juegos diplomáticos con el gobierno de Buenos Aires. Acotemos
que Francia había aportado entre 1835 y 1842 más de la mitad
de los inmigrantes que entraron a Uruguay en forma documentada y seguramente
gran cantidad con documentación española o indocumentados.
Montevideo valía mucho para el país galo y al parecer tenía
serias intenciones de que su población formara parte de la cultura
francesa. Los inmigrantes franceses mantenían un fuerte vínculo
con su país de origen a través del consulado y los afincados
en Montevideo imponían en las reuniones y en la vida ciudadana no
sólo su idioma sino sus costumbres y también acogían
las del país que de esta forma los recibía.
"El final del siglo XIX tendrá
su poeta (sin embargo al principio no debe iniciarse con una obra maestra,
sino obedecer a la ley natural); nació en las costas americanas,
en la desembocadura del Plata, allí donde dos pueblos, otrora rivales,
se esfuerzan actualmente por superarse mediante el progreso material y
moral. Buenos Aires, la reina del sur, y Montevideo, la coqueta, se tienden
una mano amiga a través de las aguas plateadas del gran estuario.
Pero la guerra eterna ha instalado su imperio destructor sobre los campos
y cosecha con alegría numerosas víctimas". Cierra el Canto
Primero.
Uniendo estas palabras de Lautréamont
a las de Pichon Rivière se puede ver de qué manera y quién
provee el hilo con el que teje Pichon. Ambos hacen expresa mención
a la moral. Isidoro Ducasse interroga a la moral, la cuestiona y la desgarra
en sus fueros más íntimos, develando lo que el pudor no podía
permitirse sacar a relucir, escarbando en zonas inhóspitas del sujeto.
Pichon Rivière toma las crónicas
que desde el lado francés relatan el clima del sitio, que es por
otra parte en el que vivían Francisco e Isidoro, señalando
que en esa guerra murieron muchos amigos y conocidos de los Ducasse. Cita
a Alejandro Dumas y su Montevideo o una nueva Troya, libro "dictado
por Pacheco y Obes a Dumas con el objeto de mover a la opinión pública
a favor de los sitiados", falso - dice Pichon- en varios aspectos pero que
no deja de representar una realidad subjetiva.
Se ocupa de transcribir con minuciosidad
las atrocidades que esas crónicas relatan, quizá porque se
asemejan a las atrocidades descritas en los Cantos.
"Cuántas veces habrá
oído contar el martirio sufrido por Mirquete y Etcheverry en manos
de las fuerzas de Oribe y de Rosas. Desposeídos de sus ropas ?dice
un cronista- recibieron un golpe de lanza y luego fueron paseados desnudos
por el campamento donde se les hizo objeto de los mayores ultrajes. Luego
fueron atados de pies y manos, se les abrió el cuerpo longitudinalmente,
se les arrancó las entrañas y el corazón, y se les
mutiló en forma vergonzosa. Se les arrancó trozos de piel
de los costados para hacer maneas de caballos y por fin se les cortó
la cabeza y se les dejó expuestos en el medio del campo. La historia
de la Legión Francesa que intervino en la defensa de Montevideo
está llena de escenas semejantes. Y junto a eso, el hambre, la miseria,
los negociados, las acusaciones y la triste historia de la intervención
extranjera en el Río de la Plata, las misiones inglesas y francesas,
el entendimiento secreto con las dos partes, las dificultades del coronel
Thiebaut, las matanzas de franceses, y la misión de Pacheco y Obes
a París". 7
Recoge los datos que brinda Alicot sobre
el período parisino, ya que a la edad de 14 años, Isidore
está muy lejos del Río de la Plata, en la tierra natal de
sus padres en Francia.
Ha ingresado al Liceo Imperial de Tarbes
donde permanece tres años, de 1860 a 1862, según escasos
datos que recoge Alicot en 1928 y que Pichon transcribe. En 1863 entra
al Liceo de Pau hasta 1865. En el reverso de la portada de la edición
original de Poesías aparece lo siguiente:
A v i s o
Esta publicación permanente
no tiene precio. Cada suscriptor fija él mismo su suscripción.
Contribuye, por consiguiente, con lo que quiere.
Se ruega a las personas que reciban
las dos primeras entregas que no las rechacen bajo ningún pretexto.
Luego la dedicatoria:
A Georges Dazet, Henry Mue,
Pedro Zumaran, Louis Durcour, Josep Bleumstein, Joseph Durand;
A mis condiscípulos, Lèspes,
Georges Minvielle, Auguste Delmas;
A los directores de revistas, Alfred
Sircos, Frédéric Damé;
A los amigos anteriores, presentes
y futuros;
Al señor Hinstin, mi antiguo
profesor de retórica;
están dedicados, de una vez por todas,
los prosaicos fragmentos que escribiré en la sucesión de
las edades, y de las cuales, el primero comienza hoy a ver la luz, topográficamente
hablando. 8
Amigos, condiscípulos y maestros
fueron identificados, salvo dos. Alicot tuvo oportunidad de entrevistar
a Paul Lèspes, ya anciano quien lo describe en sus años de
Liceo de Pau. Pero más allá de estas referencias de dudosa
exactitud, está su escrito, al que Pichon se aferra y con el cual
lee qué pasaba con ese adolescente que será autor de los
Cantos.
La estrofa duodécima del Canto Primero reza en uno de sus párrafos:
"Cuando un alumno interno
de liceo es gobernado durante años que son siglos, de la mañana
a la noche y de la noche a la mañana siguiente, por un paria de
la civilización que no le quita los ojos de encima, siente oleadas
tumultuosas de odio palpitante subir como una espesa humareda a su cerebro
que parece a punto de estallar. Desde el momento en que fue arrojado a
la prisión hasta aquél, ya próximo, en que saldrá,
una intensa fiebre le otorga a su cara un tinte amarillo, acerca sus cejas
y le sume los ojos. Por la noche reflexiona, porque se niega a dormir.
De día su pensamiento se precipita por encima de los muros de la
mansión del embrutecimiento, hasta el momento en que se escapa o
lo expulsan como un pestífero de ese claustro eterno, esa acción
se comprende. " 9.
Posteriormente Ducasse se trasladará
a París donde vivirá hasta su muerte ocurrida el 23 de noviembre
de 1870. Sólo seis cartas y su obra quedan como testimonio de su
paso por esa ciudad y de sus cinco últimos años de vida.
Investigaciones de Pichon
Las hace en Uruguay, con los datos
que le aporta el poeta Edmundo Montaigne y en Córdoba, a donde se
dirige en 1946 para tomar contacto con la rama de la familia que se había
establecido en esa ciudad. Se entrevistó con R. Lozada Llanes marido
de Amelia Ducasse, sobrina de Isidoro Ducasse fallecida en 1937 y, según
Pichon Rivière, última descendiente que marca con su muerte
la extinción de los Ducasse. Este último dato también
es oscuro ya que, según Loustaunau Braidot, Francisco, padre de
Isidoro, era uno de los ocho hijos de Luis Bernardo Ducasse, fallecido
en 1830.
Sin embargo, nada se sabe de toda esa
familia que permaneció en Francia. No hay datos de sus nombres,
ni de su descendencia, si la hubo. Lo único que dice Pichon es que
después de François (a veces traducido por Francisco) viajó
a América, Lucien Bernard Ducasse, tío y padrino de Isidore,
que se radicó primero en Mercedes, provincia de Buenos Aires y finalmente
en Córdoba. Junto con Lucien viajan y viven con él, tres
sobrinos, Francisco, Juan Droctoveo y Lecea, hijos de Marcos Ducasse que
se queda en Francia. No hay datos en otros autores sobre el resto de la
familia Ducasse.
El tío y los dos primos varones
que se afincaron en Córdoba permanecieron solteros y se los consideraba
raros, con una moralidad muy rígida, muy religiosos y poco sociables.
Lecea estaba casada con un español con el que vino a Argentina,
pero posteriormente fue "expulsado" ?así lo dice- de la familia
y "devuelto a España". Lecea tuvo cuatro hijos de los que vivieron
dos: Amelia, esposa de Lozada Llanes y Marcos quien "se negó a trabajar,
llevó la vida de un excéntrico y murió insano. Sobre
sus investigaciones en Córdoba, Pichon asevera:
"Encontré la genealogía
completa de la familia desde los bisabuelos de Isidoro. Copias de las actas
de matrimonio, nacimiento y defunción de todos sus miembros, correspondencia
de Francisco Ducasse - el padre- con sus banqueros de Montevideo, las pruebas
de dos viajes de éste a Córdoba y otro a Francia en el año
1873. Además nombramientos, títulos y certificados de estudios
y la copia de su testamento. Pero absolutamente nada del conde de Lautréamont;
todo, al parecer, había sido minuciosamente apartado, segregado.
Ninguna referencia en la correspondencia del padre; sólo aparece
su nombre en las copias de las actas de su nacimiento y defunción".
10
Se supone que Isidoro salió de
París rumbo a América, de acuerdo a los testimonios recogidos
por Edmundo Montaigne de su tío, a los 18 años, visitando
Montevideo y al parecer también Córdoba.
11
Losada Llanes
manifestó que Isidoro estuvo en Córdoba alrededor de 1868
y les llevó en esa oportunidad los originales de Los cantos de
Maldoror, los que fueron a parar supuestamente, previa consulta al
confesor de la familia, a la iglesia de Santo Domingo y posiblemente quemados.
Aunque esta visita fuera una ficción -dice Pichon- Isidoro Ducasse
quedó señalado en su familia como un loco, un poseso y un
blasfemante.
Leyla Perrone-Moisés, profesora
de la Universidad de Sao Pablo en su trabajo Les Chants de Maldoror
de Lautréamont, de 1975 reclama:
"Sería preciso examinar
también en qué medida fue Ducasse sudamericano, es decir,
en qué medida se vio marcado por la experiencia de las tiranías
militares y del imperialismo económico y cultural. Sería
preciso reconsiderar las relaciones de Ducasse con su país natal,
ya no desde un punto de vista pintoresco o exótico, sino atendiendo
a las circunstancias históricas y culturales de Uruguay en aquella
época, al modo cómo, en América del Sur, podía
recibirse y asimilarse la cultura europea. La propia cuestión de
la lengua está muy lejos de ser desdeñable: se olvida al
parecer, que Ducasse era bilingüe y que su francés tenía
que ser extraño al estar atravesado por otra lengua y, en consecuencia,
por otra visión del mundo". 12
Pichon Rivière en 1946 había
respondido en parte a su llamado. Podemos agregar algunos otros indicios
dejados en su caso Lautréamont.
"Mi familia como la de Lautréamont
-dice- era francesa: ambas vivieron en un mundo desconocido. Y precisamente
mi niñez, como la de él ha sido una gran odisea... Además,
¿no he sido marcado, al igual que Lautréamont, por los "fantasmas"
del misterio y la tristeza?." 13
Serrat dice que no debe ser casualidad
que la única en Francia que problematiza esta cuestión -Leyla
Perrone- Moisés- sea precisamente alguien que tiene que ver con
una Universidad sudamericana. Quizá lo de Pichon también
tenga que ver con ello. Pero sin lugar a dudas el trabajo de este último
con Du-cas (se) es importante tanto en Sudamérica como en los países
de habla hispana y por supuesto también en Francia. Porque significa
ubicar la cuestión Lautréamont desde otro ángulo,
Pichon nos ubica en el ángulo de Ducasse.
Esto cobra mayor relevancia si nos
atenemos a las bibliografías que citan Serrat, Loustaunau Braidot,
Aldo Pellegrini en español. En el libro de Loustaunau Braidot figura
solamente Pedro Ipuche con su trabajo: Isidoro Ducasse (conde de Lautréamont)
poeta uruguayo, editado en Uruguay en 1926; aclara que en esa bibliografía
no figuran artículos, sin embargo en una llamada a pié de
página aparece Pichon Rivière con el que publicara en la
revista Ciclo en 1949. En el prólogo de Serrat figura el
estudio de Miguel Bayón editado en la ciudad de Madrid en 1973 y
Los
raros del nicaragüense Ruben Darío de 1893.
En Repercusiones el único
artículo sudamericano es el de Pichon Rivière publicado en
la Revista de Psicoanálisis en 1947.
Hay además en habla hispana,
tres artículos de autores madrileños, dos son del propio
Serrat. Aldo Pellegrini por su parte, cita ambos artículos de Pichon
y el estudio de Ipuche.
En el trabajo de Pichon Rivière
está acentuado también la manera en que el conde de Lautréamont
hace su entrada en estas tierras. Señala entonces que el primero
en llamar la atención sobre el conde de Lautréamont fue Leon
Bloy y que sus decires llegan a Ruben Darío, influye en él
y transmite por ello lo que Pichon Rivière llama "la leyenda negra
lautreamoniana".
Ruben Darío incluye a Lautréamont
entre sus "raros" en un trabajo en prosa de 1893. El poeta nicaragüense
tuvo gran influencia entre los poetas rioplatenses de principio de siglo.
"El modernismo -dice Jorge Luis Borges- renovó, a fines del siglo
diecinueve y principios del veinte, las asaz literaturas cuyo instrumento
común es el castellano." Y prosigue:
"Su visible adalid, su Góngora
o su Quevedo, fue de este o del otro lado del Atlántico, Rubén Darío."
14
Pichon Riviére resalta pues dentro
de los trabajos hechos sobre el conde, el de Leon Bloy y el de Rubén Darío.
De éste último transcribe tres largos párrafos en
lo
siniestro en la vida y en la obra del conde de Lautréamont que
muestran la importancia que le otorga. Cito:
"No aconsejaré yo a
la juventud que se abreve en esas negras aguas por más que en ellas
se refleje las maravillas de las constelaciones. No sería prudente
a
los espíritus jóvenes conversar mucho con ese hombre espectral,
siquiera fuese por bizarrearía literaria o gusto de manjar nuevo.
Hay un juicioso consejo de la Cábala: no hay que jugar al espectro
porque se llega a serlo; y si existiese un autor peligroso a ese respecto,
sin duda es el conde de Lautréamont. ¿Qué infernal
cancerbero rabioso mordió a esa alma allá en la región
del misterio, antes de que viniese a encarnarse a este mundo? Los clamores
del teófago ponen espanto en quien los escucha. Si yo llevase a
mi musa cerca del lugar en donde el loco está enjaulado vociferando
al viento, le taparía los oídos".
Subraya Pichon: " Más adelante
dice que su libro es un breviario satánico impregnado de melancolía
y tristeza", y vuelve a la cita:
"Más aún, quien
ha escrito los Cantos de Maldoror puede haber sido muy bien un poseso.
Recordemos que ciertos casos de locura que hoy la ciencia clasifica con
nombres técnicos en el catálogo de las enfermedades nerviosas,
eran y son vistos por la Santa Madre Iglesia como casos de posesión
para los cuales se hace preciso el exorcismo. El Bajísimo
lo poseyó penetrando en su ser por la tristeza. Se dejó caer
aborreció al hombre y detestó a Dios. En las seis partes
de su obra sembró una flora enferma, leprosa, envenenada".
Pero a pesar de las buenas intenciones,
Darío expatría tempranamente a Isidoro Ducasse, su libro
y su conde al suelo americano e influye poderosamente en quienes lo tomaron
como adalid de las letras en ese momento.
Uno de ellos, como bien lo muestra
Pichon Rivière, fue Leopoldo Lugones, quien según su lectura
compone en 1897, bajo la influencia de la traducción de Darío
de los Cantos su poema Metempsicosis. El tono del poema es
lautreamoniano. Hay que indicar sin embargo que Darío también
tiene un poema bajo ese título, de 1907.
15
¿Cuáles fueron las palabras
de Leon Bloy que germinaron en Rubén Darío y dieron lugar a ese
encendido escrito? Pichon cita las siguientes:
"Considero como un signo de
este tiempo la intromisión en Francia de un libro monstruoso,
casi desconocido, los Cantos de Maldoror , obra totalmente sin analogía
y probablemente llamada a tener resonancia". Bloy cree que el autor murió
en un manicomio y duda aún de que la palabra monstruosa sea suficiente
para calificar la obra. Recuerda ?dice- a un espantoso polimorfo submarino
a quien una tempestad sorprendente hubiera arrojado a la ribera después
de haber zamarreado el fondo del océano ". 16
Pichon Rivière en su función
de despejar la enmarañada espesura de imágenes y dichos en
torno a Ducasse para poder tomar lo que los Cantos le dictan, hace
eje en la "leyenda negra lautreamoniana", la presenta y la defenestra,
según él por un lado, con su propia investigación,
pero fundamentalmente con su análisis del conde de Lautréamont.
Dice así:
"Toda investigación
sobre la vida del conde de Lautréamont se vio dificultada por factores
externos que derivan del prestigio del poeta en el seno de su familia y
de fuentes internas propias del investigador, tal como pude comprobarlo
en alguno de ellos". 17
Y en otro lugar afirma:
"Los primeros comentaristas
de Lautréamont, desconcertados por una obra tan compleja y sorprendente,
eligieron el fácil camino de considerarlo un alienado. Igualmente,
y como consecuencia directa del contenido de los Cantos, nace una
actitud reprimida, intencional, que traba el análisis de la obra
y la investigación de su autor, reemplazando ese vacío con
la "leyenda negra"; leyenda que lanzan y alimentan pero que tampoco estudian. 18"
Intenta con mano firme borrar esa leyenda
infernal y rescatar el texto de Lautréamont de las garras del olvido
o la represión para hacerle público en estas comarcas.
"Situado Lautréamont
en el tiempo y en la historia de la literatura, trataré de mostrar
por qué su existencia fue reprimida por su medio y cómo poco
a poco, merced a la labor de muchos, tal como un psicoanalista va venciendo
las resistencias del enfermo, se pudo traer a la conciencia de esta época
algo de este material previamente reprimido". 19
Por eso entre los críticos que
llamaron la atención sobre el carácter satánico y
demoníaco de los Cantos, resaltando lo poseso y la locura
del autor, Leon Bloy ocupa el sitial de honor, se ocupa a fondo de él
y trata de defenestrar sus influencias que hasta ese momento habían
marcado a la crítica.
"El hombre que decapita por
mandato de la ley (...) es el voluntario verdugo moral de esta generación;
más que todo es un Monje de la Santa Inquisición. Su juicio
decidió el porvenir literario de Lautreamont, pero sólo el
porvenir inmediato.
(...) Podría explicarse justamente
por este hecho, la influencia posterior de Lautréamont, como todo
elemento reprimido no perdió su fuerza por el hecho de ser inconsciente
para sus contemporáneos, sino por lo contrario, desde allí
pujó por salir y expresarse de alguna manera. El surrealismo es,
a mi entender, la consecuencia de esta situación. Y la prueba de
la trascendencia inconsciente de Lautreamont". 20
Y sin dudarlo un momento, dejando en claro
cómo Leon Bloy bebió del néctar que Lautréamont
da a quien quiera servirse en sus Cantos, y cómo el mismo
ya impregnaba su pluma, dice:
"Es fácil reconocer
en el personaje autobiográfico de Leon Bloy, El desesperado,
Juan Cain Marchenoire, la sombra de Maldoror. El juicio que ha trascripto está además incluido en esta novela. El lenguaje y hasta
los nombres de los dos héroes, Maldoror=Marchenoire, evidencian
esta influencia. El desesperado Marchenoire puede ser interpretado como
el desarrollo posterior de Maldoror. "Marchenoire pegaba la oreja a todas
las puertas de su infierno [que podríamos traducir su inconsciente,
simbolizado por Maldoror], para escuchar la venida de aquel Dios a quien
sus propios domésticos iban a masacrar." Además los nombres
de Maldoror y Marchenoire son una condensación de Mal-Dolor y Destino-Negro".
21
"Su infierno" presenta a Leon Bloy haciéndose,
subjetivándose en el acto mismo de la crítica y a la crítica
tejida con sus hebras. Transcribe luego lo que le muestra de Lautréamont
un artista, Ramón Gómez de la Serna, escritor español de
influencia en las nuevas camadas literarias argentinas de los años
veinte, quienes dieron calurosa acogida a sus artículos en sus revistas
literarias. Él, dice Pichon, hace 25 años inventó
la más bella y exacta imagen de Lautréamont: "Lautréamont
es el único hombre que ha sobrepasado la locura."
Y dando prueba de dejarse enseñar
por el artista, como lo hizo toda su vida, agrega:
"Este juicio tan acertado
de Gomez de la Serna puede ser perfectamente apoyado por la interpretación
psicoanalítica de la obra. De no haber escrito los Cantos de
Maldoror que estaban en él, hubiera enloquecido sin duda alguna,
intentó por medio de la creación poética un proceso
de autocuración". 22
De allí que, como indica el título
de uno de sus artículos, vaya a la obra de Freud, al artículo
de Lo siniestro para certificar que en la obra de Lautréamont-Ducasse,
lo satánico, o los "siniestros cascabeles de la locura que encontraron
Leon Bloy y los que lo siguieron, , están del lado de "la leyenda
negra".
Afirma Pichon que los "cascabeles de
locura" de su autor, y de los que osaron entrar en su contacto, acompañados
de muertes y desapariciones, tienen que ver con las dificultades que pusieron
en el camino los propios investigadores, como lectura de los Cantos
y no con la obra misma.
Son los creadores de la leyenda los
que leen indicios siniestros al hacer la "lista de acontecimientos". El
cuento de El arenero de Hoffman trae harina a su costal: Coppola-Coppelius
no son personajes siniestros sino en la mente de Nataniel que lee en la
repetición de los hechos el designio de su destino.
El artículo Lo siniestro
en la vida y en la obra del conde de Lautréamont comienza con
el análisis de lo siniestro de Freud señalando que
"es una de las más valiosas contribuciones a la sicología del arte. Pichon subraya del mismo los siguientes puntos:
En primer lugar y en una nota
al pie de página se siente decepcionado por la traducción siempre incompleta que se puede hacer de unheimlich en castellano;
hace una larga lista de palabras, de las que cualquiera de ellas tiene
algo de la acepción alemana. Figura por ejemplo terrorífico.
Propongo agregar la palabra aterrador
que tiene la partícula negativa de la cual hace uso Freud y que
deriva de aterrar que el diccionario define así: Derribar, echar
al suelo./Causar terror/ Postrar, abatir/ Cubrir con tierra/Llegar a tierra.
-
Lo siniestro se da cada vez que se desvanecen
los límites entre lo fantasmagórico y lo real, cuando un símbolo
adquiere el lugar y la importancia de lo simbolizado. - Otra fuente de
lo siniestro: el tema del doble
"representaciones que surgen como
producto del narcisismo primario del niño o del primitivo y sólo
al ser superada esta fase del desarrollo se modifica el signo algebraico
del doble, y es así como de un confirmador de la sobrevivencia se
convierte en un siniestro prolegómeno de la muerte 23".
Remarca entonces con Freud que el carácter
siniestro del doble aparece por la manifestación del desdoblamiento
del yo, como trastorno del yo.
-
- La repetición de lo semejante
-otro trastorno del yo- como provocando sensación de lo siniestro,
acentuando el carácter demoníaco que adquiere.
-
- Los casos de presentimiento y superstición
-trastorno del yo-.
Los trastornos del yo los refiere, con
Freud al "retorno a determinadas fases de la evolución que experimenta
la vivencia del yo; regresión a una época en la que el yo
aún no se había delimitado frente al mundo exterior y frente
al prójimo".
-
- Por otro lado destaca como fuente de
lo siniestro al complejo de castración.
-
- Las crisis epilépticas y las
manifestaciones de la locura, producen sentimiento de lo siniestro. El
profano ve en ellas las manifestaciones de fuerzas insospechadas en el
prójimo pero cuya existencia alcanza a presentir oscuramente en
su propia personalidad.
Después de una explicitación
amplia del desarrollo freudiano en torno a lo siniestro dice:
"El caso Lautréamont
aparece como siniestro, como inquietante, por motivos relacionados tanto
con el contenido de la obra como con algunos aspectos que han rodeado su
vida y la investigación sobre ella". 24
Sostiene que el contenido de la obra es
siniestro porque Lautréamont ha volcado todas las fantasías
de su inconsciente. Cabe preguntarse si la vida y las fantasías
inconscientes ¿son de Lautréamont. ¿Por qué
Pichon Rivière habla casi siempre de Lautréamont y no de
Isidoro Ducasse? ¿Qué efectos tiene nominar el caso Lautréamont?25
Si toda investigación sobre
el conde de Lautréamont se vio dificultada según Pichon Rivière
fue por tres fuentes principales: 1) lo que emana de los cantos en relación
a lo que provoca en el lector; 2) el prestigio del poeta en el seno de
su familia, 3) lo propio del investigador.
En relación a esto último,¿
debemos pensar que fue por "fuentes internas", como él dice, que
no pudo nominar su caso, caso Ducasse, que ello le impidió pasar
del conde a Ducasse y con ello salirse realmente de la leyenda lautremoniana?.
Porque así como Darío diciendo no aconsejaré lanza
a Leopoldo Lugones y a otros a las fauces abiertas de Maldoror, Pichon
Rivière con su "identificación con el conde"
26 permite que
la leyenda continúe, incluso en él.
Recurrimos aquí al "se dice"
que habla más a las claras de la relación de Pichon con ese
conde.
Marcelo Pichon Rivière escribe
en su Prólogo, algo que también aparece en las conversaciones
con Zito Lema:
"[Mi padre como Borges] Cuando
hablaba de lo siniestro en la vida y en la obra del Conde de Lautréamont
solía preferir las frases felices a las verdaderas. Y él
mismo olvidaba los límites entre la realidad y el mito, porque estaba
fascinado por la leyenda.(...) Mientras hablaba del libro, mi padre solía
decir que nunca iba a concluirlo, por temor a entrar en contacto con el
Conde y sufrir alguna desgracia imprevista, y detallaba ?como quien enumera
sus tesoros- la lista de suicidios, muertes extrañas y ataques de
demencia que han marcado a la familia Ducasse y a quienes se acercaron
al enigma del poeta. (...)
Seguidamente y con gran justeza agrega:
"Terminar el libro era separarse
de esa ventosa, apartarse de esa garra, hacer lo que en realidad hizo Ducasse.(...)
Y usando palabras de Ducasse dice: Mi padre no pudo dejar atrás
el "sagrado libraco"; su alma no se dio vuelta como un guante". 27
Pichon vacila, porque a pesar de estas
cosas que venimos señalando, quiere mantenerse del lado de los que
dan referencias verdaderas del autor de los Cantos y entonces prosigue.
Reitera en varias oportunidades que, a pesar de que se había fascinado
con los cantos desde su adolescencia, la decisión de realizar su
análisis provino del encuentro con el poeta uruguayo Edmundo Montaigne.
Lo dice así:
"Montaigne estaba recluido
por una fuerte depresión [en vida e imagen del Conde de Lautréamont
agrega que vivía torturado por remordimientos, el problema del bien
y el mal era su obsesión] y ese encuentro fue decisivo. Nuestro
diálogo se orientó de inmediato sobre Lautréamont,
ya que experiencias de vida semejantes nos llevaban a ambos a una intensa
identificación con el conde. Nuestra amistad terminó trágicamente
con el suicidio de Montaigne". 28
Desconozco cuándo sucedió
y cuándo se conocieron. Pichon Rivière trabajó en
el Hospicio de las Mercedes desde 1936 a 1949. La fabricación de
su libro comenzó antes de las conferencias en Uruguay de 1946, la
cita en su artículo Los dinamismos de la epilepsia de 1943
así lo atestigua.
La muerte, el suicidio de Montaigne
refuerza en él la "leyenda negra" e intenta superar
lo siniestro- en primera instancia es para él que es siniestro -
a través del "descubrimiento de las claves ocultas en los Cantos".
Aparecen como claves que dejarían fuera de juego la "leyenda negra",
fuera de juego en la influencia sobre los que toman contacto con ellos,
entre los cuales evidentemente él está incluido.
Lautréamont habría escrito
así, claves que se encuentran ocultas en el texto, Pichon Rivière
considera que el texto de los Cantos está escrito en clave,
y esa clave va a echar luz sobre la vida vivida por su autor. Al mismo
tiempo se trata de pasarlo al público, pasar esta lectura y lo que
el texto manifiestamente dice. Por eso el psicoanálisis del Conde
de Lautréamont entreteje las claves con el texto manifiesto.
Sostiene que para realizar este cometido los ha analizado "como si fuera
el material emergente en sucesivas sesiones analíticas, como la
crónica del mundo interno de Ducasse".
Nos podemos preguntar si con el psicoanálisis
del Conde de Lautréamont Pichon no hecha por tierra el cometido
que lo anima apasionadamente de pasar al público lo que Ducasse,
según él transmitió a través de los cantos.
Si uno piensa que un psicoanalista toma un poema para probar la existencia
real de la teoría psicoanalítica, esto resultaría
confirmado. Ahora bien, independientemente de la validez o no del desciframiento
que Pichon va realizando, su punto de partida es diferente. Es desde ese
mundo ducassiano, desde esa operación razonante sobre su experiencia
de vida, el modo de Ducasse de ocuparse de sí a través de
esos Cantos, desde donde parte Pichon para su análisis. La
desocultación de lo implícito, en este trabajo tiene que
ver con la erótica puesta en juego en los Cantos, una erótica
que le permite a Ducasse una transformación.
Hay una problematización profunda
de los juegos de verdad en los cantos a través de la puesta en juego
de una erótica que problematiza la moral vigente.
"La inquietud producida por
su obra ?dice Pichon- tiene parecido con lo que Freud dice con respecto
al psicoanálisis, que para algunos aparece como siniestro debido
a que pone en evidencia las fuerzas secretas que mueven nuestra personalidad".
29
Lo lee en el mismo punto de anclaje que
el del psicoanálisis. Y es que Ducasse se inmiscuye en él
anticipadamente. "La ironía de Maldoror hace aquí al psicoanálisis
un guiño de los más intencionales"
30, dice Blanchot templando
su instrumento en muchas oportunidades con el mismo diapasón que
Pichon Rivière, al referirse aquí a una escena de los Cantos
de connotaciones incestuosas.
Sorprende esta acotación que
pone a Ducasse como interlocutor del psicoanálisis cuando Freud
contaba con doce años de edad, y todavía no soñaba
ni con su Irma ni con su método, de no ser por lo mordaz y agudo
de ese cantar, de ese análisis de la existencia humana a través
de una experiencia provocante y provocada por la extraordinaria reflexión
sobre la pasión que lo encausa o lo desvía en esa misma experiencia.
Pichon decía a propósito de Freud:
"Un ejemplo típico
de cambio revolucionario es Sigmund Freud, depositario operativo de la
tradición literaria romántica, quien como escritor recibe
el premio Göethe, y como agente de cambio de la psicología
revoluciona la moral de su época, conmueve los cimientos de la ética
victoriana y promueve una nueva actitud de comprensión del hombre,
al cual abarca en toda su profundidad y su historicidad. La influencia
de Freud puede ser detectada en todos los campos del conocimiento y del
arte, pues paralelamente, e influenciadas por él, se desarrollan
corrientes literarias que cambian totalmente el diálogo con el objeto
estético. Así, en Zurich emerge el dadaísmo
por una mayéutica psicoanalítica 31. Como una criatura
que comienza diciendo Da-Da y que va creciendo paulatinamente con algunos
cambios de nombre, hasta la culminación en el surrealismo,
como una corriente ideológica ?si así puede denominarse-,
que terminará por sellar definitivamente la influencia del psicoanálisis
sobre el campo del conocimiento artístico dando al mundo actual
una fisonomía nueva, integrándose dentro de una actitud que
podría denominarse actitud moderna.
Freud provoca un cambio total de la
imagen del hombre, desocultando los elementos ocultos y preexistentes,
condicionantes de conductas que así se hacen comprensibles, develando
los aspectos subterráneos y laberínticos de la naturaleza
humana. Lo mismo que la gran creación freudiana, la surrealista
queda dominada por los elementos oníricos. Tanto en una como en
otra son símbolos expresivos de la fantasía del hombre y
de la creación poética.
La obra de todo genio creador, agente
del cambio, es resistida y vivida como revolucionaria. Por eso la obra
de arte no suele ser de inmediato comprendida y aceptada, porque va a mostrar
la verdadera imagen del hombre y a destruir aquella otra, distorsionada
y acomodada a normas formales, que éste tenía de sí
mismo y de su mundo". 32
Mayéutica psicoanalítica
le llama al método. Mayéutica, como sabemos por el Teeteto
de Platón es el arte de ayudar a engendrar en los hombres los pensamientos
en el alma del interlocutor. Eso es lo que le han impuesto los dioses a
Sócrates, no engendrar sino ayudar a engendrar la verdad descubriéndola
por sí y en sí mismo. Su tarea era ayudar a engendrarla y
asentir al engendramiento.
Si Pichon entiende así el método
psicoanalítico, ¿cómo pensar que, en principio, si
se dispone a desmenuzar ese texto que está desde hace tiempo haciéndole
guiños al psicoanálisis es para desconocer la verdad posible
a engendrar con Ducasse, fabricando algo con él que le pertenecería,
y haría con ese texto y con Ducasse "psicoanálisis aplicado"?.
Todo indica que al menos su intención no es la aplicación.
Si esta es la propuesta, trataremos
de seguirlo como a un diálogo socrático. Hacer un resumen
para el que desconoce los Cantos de Maldoror, es una tarea imposible
ya que el
libro es una convocatoria a acompañarlo
en una travesía que es en principio, desconcertante. Convoca y suscita
la pasión del lector, por lo que no le ahorraremos el vértigo
de su lectura a la que alude acertadamente Blanchot.
Los Cantos de Maldoror
Para entrar en el análisis que
realiza Pichon Rivière de los cantos de Maldoror debemos
partir de ciertas hipótesis que desgrana en los distintos artículos:
- Pichon considera que, más
que el libro de Sue Latreaumont, el nombre con que firma Isidoro
Ducasse Los cantos de Maldoror tiene que ver con el lugar de su
nacimiento, Montevideo L´autre mont. Conde por su parte, debe
haber sido tomado, según su lectura, del conde Walewsky, hijo de
Napoleón I que tuvo a cargo una misión diplomática
francesa durante el Sitio, ya que los Ducasse eran grandes admiradores
de la familia Bonaparte. Debemos acotar que Alejandro Florián Antonio
Colonna, conde de Walewsky era hijo ilegítimo de Napoleón
y de la condesa polaca María Walewka. La lectura que hace de Maldoror
como
condensación de Mal y Dolor, también
Mal
d´horreur o Mal d´aurore y de Lautréamont
como L´autre mont, como escritura de Montevideo, conduce su
investigación.
-
El misterio familiar. Dice Pichon al respecto,
en una llamada a pie de página apenas comienza el análisis
del Canto Primero Estrofa 9:
"La muerte trágica de su madre
vivida como abandono, constituyó para Isidoro una pérdida
irreparable, fuente de todo su resentimiento. El silencio con que se rodeó
la muerte (fue enterrada sólo con el nombre de pila), configuró
para el conde un "misterio familiar". En este sentido resulta significativo
el relato de sus condiscípulos del Liceo de Tarbes acerca del entusiasmo
de Ducasse por la tragedia de Edipo, y su queja de que Yocasta no muriera
ante los ojos de los espectadores, como expresión inconsciente de
su deseo de indagar en el secreto de la muerte de su madre, manifiesta
una vez más, la intensidad de su resentimiento". 33
El misterio familiar esta centrado entonces,
en la desaparición de su madre. Usamos la palabra desaparición
porque aparentemente y siguiendo las pistas que Pichon nos dejó,
quedaron escasísimos rastros de su paso por el mundo, lo que nos
autoriza a pensar en una desaparición, un duelo ausente o fallido
por parte de Francisco y por lo tanto también en Isidoro. Asociado
a ello hay otra hipótesis:
Considera que el Sitio de
Montevideo durante el cual, no sólo nació Ducasse, sino desapareció
su madre, por lo tanto sólo unido a esto, permaneció en él
como fuente de angustias, pero también de su inspiración
poética.
-
La hipótesis de suicidio de Ducasse,
tomándolo, según él, en el sentido psicológico
del término, pensando en una muerte deseada. El Sitio de París,
se tornó para Ducasse en la repetición de lo doble sitiado,
él mismo doble sitiado, inmovilizado por la presencia de Garibaldi
en ambos Sitios que le asegura a Pichon esta lectura, siguiendo las indicaciones
de Freud en Lo siniestro.Y arriesga
"Posiblemente si las situaciones sociales
en que vivió el último año de su vida lo hubieran
sorprendido en la época en que escribió Los cantos de
Maldoror, Lautréamont se hubiera salvado". 34
La muerte como cercando a Lautréamont
desde su mismo nacimiento, como "misterio familiar", es decir como duelo
que no encontró sino en ello su punto de anclaje, la condición
de poeta sitiado va a ser la hipótesis que se desprende de Lautréamont
.
El "misterio familiar" de una muerte,
esa presentación del duelo, fue resaltado constantemente por Pichon
en las Conversaciones, como fuente supuesta de su propia tristeza
y como algo que lo llevó a él mismo al psicoanálisis
y a la investigación.
El "misterio familiar" es también,
según Pichon, la fuente de la que emana la tristeza de Lautréamont
y también sus búsquedas. Hay un ocuparse de sí, a
la vez en esta investigación. Se trata entonces de un duelo realizado
con su propia fibra de poeta sitiado.
Este "su" indeterminado vale: vale
para Lautréamont y para Pichon. Si no, ¿de qué habla
Pichon Rivière en los dos poemas que nos ha dejado, uno en su obra,
el otro en sus Conversaciones? ¿ qué transmite esa
imagen erótica de la "dama negra", tendida bajo la espesura de la
selva virgen, con su corazón palpitando entre sus piernas carnosas,
esperando a ese visitante que surja de su noche fantasmal? ¿Cuáles
son sino estos, los féretros que abrió queriendo revelarse
el secreto de nuestra corta existencia? ¿ Qué sino esto es
lo que lo lleva a decir que a pesar de que buscó en la psiquiatría
develar el misterio de la tristeza, nunca abandonó la poesía,
por la influencia de Lautréamont y Rimbaud en sus pensamientos?
¿Cómo se liga esto a la afirmación tajante de la muerte
deseada? ¿De qué manera se introduce el deseo aquí?
Pichon sostiene que si hubiese ocurrido
el sitio en el momento de la escritura de los Cantos otro hubiese
sido el desenlace. Parece que el destiempo es la marca de agua de los Cantos
porque Lautréamont los dio...y nadie los quiso tomar... en ese momento.
Lo que Lautréamont dio de sí, permaneció vedado, escondido
hasta que alguien ?muchos años después- se atrevió
a tomarlo.
Isidoro Ducasse convoca directamente
a través de sus Cantos de Maldoror la presencia del lector
y del crítico a través de las cartas que fervorosamente escribe
para conseguir la publicación o el comentario de su "condenado libraco"
35 Pero la moral de su época no
vio bien el primero de los
Cantos
de Maldoror, publicado en 1868, con tres asteriscos en lugar del nombre
de autor. Se le escapaba el contenido fundamental, según Pichon
Rivière, en el sentido de que los Cantos, se dirigen directamente
a las partes más oscuras de la personalidad, es decir, al inconsciente.
Es después de esta no respuesta que nace Lautréamont. Efectivamente,
al año siguiente se publica la totalidad de la obra y su autor firma
como Conde de Lautréamont.
Antes de morir hizo publicar el prólogo
a Poesías que firma Isidoro Ducasse. La totalidad de las
ediciones de sus obras permaneció sin salir a la venta. Sólo
algunos ejemplares entregados personalmente por Ducasse llegaron a distribuirse.
Veinte años más tarde comienza el desempolvamiento de esta
obra desconocida y definitivamente rescatada como estandarte por el movimiento
surrealista.
Pichon hace un minucioso análisis
de Los Cantos de Maldoror, cuyo contenido sintetizamos así:
-
despliega los mitos que él encuentra
contenido en los mismos
-
relata por momentos la temática
de los cantos
-
transcribe párrafos enteros de
los cantos
-
hace interpretaciones psicoanalíticas
de los cantos
-
realiza comentarios literarios
-
relaciona el texto con la biografía
de Ducasse.
El análisis del primer canto, comienza
para nosotros, de acuerdo a lo que se conserva de él, por la estrofa
siete del primer canto y se encuentra inmediatamente después de
abordar el papel de lo siniestro en la vida y obra de Ducasse. Ese canto,
como dijimos, fue publicado primeramente en forma separada, sufriendo algunas
modificaciones al año siguiente, en su edición de conjunto.
La primera lleva como nombre de autor tres asteriscos, la segunda conde
de Lautréamont.
Ducasse inaugura su canto con un llamado:
"Quiera el cielo que el lector,
animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin
desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas
desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno;"
y también "No seáis severos con aquel que hasta ahora sólo
ha estado probando su lira (...) si queréis ser imparciales, tendréis
que admitir un fuerte sello personal en medio de sus imperfecciones".
Es muy factible que Ducasse haya escrito
bastante después el resto de los cantos: "voy a volver al trabajo
para hacer aparecer un segundo canto, en un lapso que no sea demasiado
retardado", dice casi al final del primero. La escritura del resto de los
cantos lleva la marca de la no respuesta pública. Como resultado
de la misma en primer término ha nacido Lautréamont. El segundo
canto comienza así:
"¿Adónde ha
ido este primer canto de Maldoror desde el momento en que su boca, llena
de hojas de belladona, lo dejó escapar a través de los reinos
de la cólera, en un momento de reflexión? Dónde ha
ido ese canto... No se sabe con exactitud. Ni los árboles ni el
viento lo retuvieron. Y la moral que pasaba por ese sitio, sin presentir
que ella tenía en esas páginas incandescentes un enérgico
defensor, lo vio dirigirse, con paso firme y recto, hacia los recovecos
oscuros y las fibras secretas de las conciencias. 36"
Pero evidentemente Pichon se interna de
entrada en el camino abierto por Ducasse, -aunque se entretenga en callejones
sin salida- es decir, en la erótica puesta en juego por éste
a través de Maldoror. Nadie la había tomado de esta forma,
al menos por estas tierras.
Por eso mismo lo seguiremos no de la
manera en que él lo presenta, es decir, canto por canto, estrofa
por estrofa, sino a través de este sesgo que abre intempestivamente
con la estrofa siete. La lectura de la misma es una muestra de la manera
en que va escribiendo bajo el dictado de Ducasse, el texto de los Cantos.
Cada estrofa es trabajada como imagen onírica y a decir verdad,
cada escena tiene una textura plástica.
La erótica de los Cantos
de Maldoror
Para introducirse en esta vía
Pichon necesitó poner en cuestión la noción freudiana
de narcisismo, diciendo que si hay narcisismo este es secundario, por lo
que es desde el vamos, erotismo y no autoerotismo. El erotismo supone una
relación con el objeto.
Desde el ángulo de la teoría
psicoanalítica, Pichon Rivière lee a Lautréamont con
la teoría freudiana del Edipo, unido a las conceptualizaciones kleinianas
acerca del mismo que como sabemos hace remontar la relación edípica
a las más tempranas relaciones del infante con el objeto materno
y a partir de él con el paterno.
Toma por lo tanto de ella principalmente
el papel de las fantasías inconscientes, estableciendo una dicotomía
entre fantasía inconsciente y realidad exterior, relacionando con
ello los mecanismos de introyección y proyección, instinto
de vida e instinto de muerte, identificación proyectiva e introyectiva,
regresión a una temprana fase del desarrollo, escisión entre
objetos buenos y malos y el yo que ama y odia.
El papel de la frustración,
la ambivalencia, el duelo, la culpa y las defensas maníacas, en
un interjuego entro yo, ello y superyó (este último como autor
de crueles castigos).
Ajustarse a esta lectura le impide
desplegar sin retaceos toda la erótica comprendida en los cantos,
porque debe hacerlo encajar en esas coordenadas edípicas y se pierde
por lo tanto la posibilidad de interrogarlo e interrogarse más con
respecto a estos cantos, que son gritos de furor, de desenfreno, jeroglíficos,
acertijos, chistes... ¿a quién están dirigidos? ¿no
nos queda afuera la problematización de ese sujeto que se hace con
los cantos, de ese sujeto que lanza ese "si existo no soy otro"? ¿qué
conlleva este despliegue descomunal, absolutamente novedoso en su contenido
y en su forma literaria, esa manera de decir y ese diálogo infernal
con el Eterno cuando habla de su sed insaciable de infinito?
Ducasse lanza contra la moral puritana
y contra la letra que la sirve un estilo absolutamente nuevo.
Todo este material que pasa por las
manos de Pichon Rivière y que él entiende debe ser leído
con lo que ha provisto el método psicoanalítico, (como un
sueño, o el material emergente en una sesión analítica)
al hacer otras lecturas (donde caben los mitos, comentarios literarios,
datos que ha levantado de la historia personal de Ducasse y de hechos que
se relacionan con él) él mismo nos da la pauta de que no
todo entra en una lectura edipìana, o, mejor aún, que se
puede ir más allá. Él no pudo.
Al no lograr continuar con lo que el
complejo de Edipo deja irresuelto, Pichon no puede terminar su trabajo
secretarial y pasar al escrito, con la ironía de Ducasse, este cuestionamiento
ético que despliega en sus cantos y en sus poesías. Ese "quedarse
en el camino" de Pichon, ¿no habla de lo que fue su relación
al psicoanálisis y por qué no pudo encontrar en él
la salida a la mitología freudiana?.
A pesar de ello, Pichon deja pasar,
transcribiendo partes importantes del texto de Ducasse, a veces agregando
un breve comentario, resumiendo lo que no transcribe, algo que nos da la
posibilidad de continuarlo. Entonces, ¿qué muestra la erótica
de Ducasse?
Para seguir a Pichon con Du-cas (se)
en lo que se despliega de esta erótica hemos despejado seis rutas
que se relacionan sin embargo fuertemente, lo que convierte a estos caminos
en un artificio que solamente nos sirve para introducirnos en ello. Y son
los siguientes:
-
a través de los mitos
-
con los adolescentes o niños
-
con Dios
-
con las mujeres
-
con su bestiario
-
con sus frases sobre lo bello
-mitos:
Pichon Riviére entiende que los mitos juegan un papel importante
y es por lo tanto un naterial a desplegar en el escrito. Una muestra: en
el Canto V estrofa 7 Pichon recurre a los distintos mitos sobre
la araña que están en juego, para que formen parte del texto.
Aquí en efecto, Maldoror convoca a través de su pesadilla
a una araña de especie gigante. Nos dice Pichon que en las Metamorfosis
de Ovidio, Aracné es una mujer Lidia que cree superar a Minerva
en la destreza con el tejido. Se entabla una lucha entre ambas para ver
quién teje mejor.
"El tejido de Minerva ?dice
Pichon- representa las metamorfosis por las cuales ciertos dioses han castigado
a sus rivales, mientras que el tejido de Aracné representa a los
dioses disfrazados, metamorfoseados, para poder satisfacer sus amores prohibidos.
En cuanto al contenido de los amores, se ve que el incesto y la homosexualidad
es la base de ellos. Minerva se metamorfosea para castigar, serían
las metamorfosis del superyó, mientras que las de Aracné
serían las metamorfosis para satisfacer los instintos. El pecado
de Aracné es haber denunciado las tendencias inconsciente, sobre
todo el incesto y la homosexualidad. Minerva transforma a su rival en araña."
También establece una relación
entre Aracné y Ananké (destino). Cita un trabajo de Charles
Boduin, Psicoanálisis de Victor Hugo, en el que el autor
siguiendo a Otto Rank dice que "la araña representa siempre el símbolo
de la madre peligrosa que ha conseguido aprisionar al niño en las
mallas de su tejido."
Por otra parte, deja constancia que
se la utiliza en las prácticas de magia homeopática o la
magia imitativa, donde se consiguen efectos en el cuerpo por medio de sustancias
provenientes de seres que representan la función perdida tal como
lo expresa Frazer en La Rama Dorada.
Frazer también cita la relación
de la araña con el destino para ciertos indígenas.
Otro trabajo de Henry Nicod presenta
a la araña como adivina en tribus de África, que interesa
particularmente a Pichon Rivière. El origen de la sabiduría
de aquella se origina en una leyenda: el Creador se une con su madre, hace
de su madre su mujer. De ella nace un niño que a su vez cuando crece
elige como objeto de amor a su madre. El Creador lo expulsa de su casa.
Frustrado por sus padres se transforma en araña y va a regir los
destinos de la tribu, sabe todo porque es el hijo del Creador.
El tarentismo que es el mal que vulgarmente
se cree ha sido producido por la picadura de la tarántula provoca
una inmovilidad, que según la creencia popular, sólo se cura
con la ayuda de la música y cita también el origen de la
danza tarantela que se refiere a una epidemia de "tarantismo" en la Edad
Media. La picadura producía primero una depresión profunda
y luego un estado de excitación, un ciclo maníaco depresivo.
Finalmente, Pichon sostiene que para
el psicoanálisis la araña representa el símbolo de
una madre castradora, hostil, pero con pene. Freud destacó que la
hembra es más grande que el macho y en una carrera éste es
vencido y en muchos casos devorado por la hembra.
Maldoror dice que en su sueño
la araña trepa por los pedestales de ébano de su lecho de
raso. le "aprieta la garganta con las patas" y le "chupa la sangre con
su vientre". Señala acertadamente Pichon que si la araña
muerde y envenena no es con el vientre sino con sus mandíbulas;
"en el vientre tiene sus órganos genitales" y ateniéndose
a los conocimientos de historia natural de Lautréamont no puede
dejar pasar este dato por lo que concluye que la succión es por
los órganos genitales. En lo que sigue demuestra que toda la introducción
sobre los diferentes mitos sobre la araña no estaban de más.
Dice Maldoror:
" Cuídate tú,
negra tarántula, si tu conducta no tiene la disculpa de un silogismo
irrefutable, me despertaré una noche sobresaltado por el último
esfuerzo de mi voluntad agonizante, romperé el hechizo con que mantienes
mis miembros inmovilizados, y te aplastaré entre los huesos de mis
dedos(...)".
Del vientre de la araña salen dos
personajes Elsenor y Reginaldo dos adolescentes a quienes concedió
su amor, terminando su relación como siempre con el ataque por parte
de Maldoror con su cuchillo, en el medio de una escena de amor, dando al
relato toda la connotación de una agresión erótica.
Otros mitos que exhuma, en el Canto
II estrofa 3 en relación a un adolescente Lohengrin. Pichon
se pregunta:
"¿por qué toma
Lautréamont la imagen de Lohengrin? La leyenda de Lohengrin, en
pocas palabras, es esta: Lohengrin da como condición para unirse
con una mujer, que ella no averigüe su pasado, quién es, sino que
se una simplemente con él. Esta consigna no es cumplida por Elsa,
y Lohengrin vuelve a su soledad, se hace un asceta, se convierte en un
sujeto cuya sexualidad está definitivamente perdida, inhibida."
Le parece también interesante el
momento en que Wagner escribió Lohengrin, para relacionarlo evidentemente
con Ducasse, poco tiempo después de la muerte de la madre, en un
estado de depresión intensa, en un momento en que su situación
incestuosa era bien clara. Coloca para reafirmarlo párrafos de Wagner.
Roza en su análisis el tema del duelo pero lo deja solamente planteado.
En el Canto II estrofa 7 conocida
como la del hermafrodita, sostiene Pichon que está basado en la
leyenda del hermafrodita y de Narciso y las desarrolla. El hermafrodita
es el producto de la unión de dos seres, que al unirse con mucha
intensidad formaron uno solo, pero permaneciendo las partes con una cierta
independencia. Toma la leyenda de Las Metamorfosis de Ovidio en
donde Salmasis encuentra a un joven adolescente de 15 años, al borde
de un arroyo al igual que en el mito de Narciso, se enamora de él
pero este huye y se tira al agua. Ella también lo hace, lo abraza
y lo aprieta tanto que quedan definitivamente unidos. Narciso también
es un adolescente de 15 años y la leyenda como lo señala
Pichon es similar. Dice Pichon: " No se puede expresar mejor la naturaleza
bisexual del hombre."
Con los adolescentes o niños:
Maldoror, el héroe de Lautréamont-Ducasse está constantemente
a merced de los designios de eros en relación a los adolescentes.
Pero, como veremos, esto a su vez está en íntima conexión
con su relación a Dios. Maldoror aparece constantemente consternado
luego de quedar a merced de un goce que experimenta en íntima unión
al dominio que él consigue con sus víctimas adolescentes
y que culmina en la pasión desenfrenada, representada por el ataque
penetrante, generalmente con un poderoso puñal, escalpelo o estilete
que él posee como su más preciado tesoro, y que sin embargo,
después del acto, lo deja sumido en la más terrible privación.
El después del acto lo devuelve a la falta de dominio de sí
y a través de ello a su soledad y a su mal-dolor. De entre los adolescentes
que desfilan como personajes en los cantos, Dazet es el fundamental.
Dazet es el nombre de un excondiscípulo
suyo de Tarbes y su mejor amigo durante su permanencia en esa ciudad. Si
lo seguimos a Pichon en considerar a los cantos como el relato de un sueño,
Dazet se transforma en letra privilegiada. En la edición completa
hay correcciones del primer canto sin demasiada importancia, junto a una
que sorprende y que por ello no ha dejado de ser señalada por todos
sus críticos y también por Pichon: todas las veces que Ducasse
nombraba a su amigo fue reemplazada por extrañas figuras animales:
"pulpo de mirada de seda", el "acarus sarcopte", "el rinolófo cuya
nariz está coronada por una cresta en forma de herradura", "el piojo",
etc.
Pareciera que Ducasse sin Freud ha
descubierto los secretos mecanismos de los sueños, y comienza a
mostrar como va a proceder contra cada embate de la moral vigente que pugna
por erradicar su estilo, juega con la censura un juego, que pasa a formar
parte de ese mismo estilo, anticipándose de esta manera a Freud y al surrealismo,
y pudiendo de todas formas continuar el "condenado libraco"
Para Pichon además de estas
metamorfosis dignas de los mitos que relatan las vicisitudes de los dioses
grecorromanos, Dazet también aparece en todas las figuras de adolescentes
que se encuentran en la obra: Lohengrin, Elsenor, Reginaldo, Mario, etc,
pero sobre todo Mervyn, siendo según él, objetos de amor
en un vínculo homosexual.
¿Cómo lo dice Ducasse-Lautréamont?
Así:
Canto I estrofa 6: Habla de
lo grato de arrebatar un niño de su lecho y clavarle las uñas
crecidas en su pecho y luego sorber la sangre lamiendo sus heridas. O con
un adolescente, los ojos vendados, desgarrar su carne y luego arrepentido
sorber sus lágrimas y su sangre.
"¿Qué son el
bien y el mal?, se pregunta, ¿Son acaso la misma cosa que testimonia
nuestra furibunda impotencia y el ardiente deseo de alcanzar el infinito
por cualesquier medios, por insensatos que fueren? (...) Adolescente perdóname.
Cuando hayamos abandonado esta vida efímera, quiero que estemos
estrechamente abrazados para toda la eternidad, que ambos formemos un único
ser, tu boca íntimamente unida a la mía (...)
Canto I estrofa 9: "¡Ah,
Dazet!, tú, cuya alma es inseparable a la mía, tú,
el más bello de los hijos de mujer, aunque todavía adolescente,
(...) ¿por qué razón no estás junto a mí,
tu vientre de mercurio contra mi pecho de aluminio,
ambos sentados sobre alguna roca de la costa, para contemplar ese espectáculo
que idolatro?"
Canto II estrofa 3: Luego de
abandonar la idea de matar a Lohengrin "por temor de que con el tiempo
no llegara a ser como los otros hombres", dice: "Así
pues Lohengrin, haz lo que quieras, obra como mejor te plazca, enciérrame
toda la vida en una prisión oscura, (...) jamás te haré
el más mínimo reproche; soy tuyo, te pertenezco, ya no vivo
para mí mismo".
Canto III estrofa 1: (Mario)"No
hablábamos. ¿Qué se dicen dos corazones que se aman?
Nada. Pero nuestras miradas lo decían todo. (...) procuro recordarle
su juventud dorada que sólo pide penetrar en los palacios de los
placeres como una reina, (...) mis años primaverales han pasado,
tristes y helados como un sueño implacable que pasea sobre las mesas
de los banquetes y sobre los lechos de raso donde dormita la pálida
sacerdotisa de amor, pagada con el relumbrón del oro, las voluptuosidades
amargas del desencanto, las arrugas pestilenciales de la vejez, los pavores
de la soledad y las llamaradas del dolor.(...) Te he estado esperando mucho
tiempo hijo amado del océano".
Canto III estrofa 2: Hay una
escena de violación de una niña perpetrada por Maldoror relatada
con detalles por su madre, "la loca", "una niña de ocho o diez años",
dice Pichon. "(Maldoror) iba con su perro, a quien exigió que terminara
el crimen. Pero el bulldog repite el acto sexual y Maldoror entonces mata
a su perro [en realidad le revienta un ojo], toma una navaja y termina
su crimen sádico: hace una abertura en la vagina de la niña
y quita todas sus entrañas".
Gran parte de las agresiones son relatadas
en términos de penetración: Los dientes puntiagudos del bulldog
penetran
en las venas rosadas de la niña.
Canto V estrofa 5: Esta estrofa,
como dice Blanchot pensando en que fue escrita en 1869, es la más
provocadora de los cantos ya que revela una problematización del
erotismo como punta de lanza de la experiencia vital y creadora, como forma
de llegar a la verdad, que tomó la forma de la angustia y el carácter
siniestro de sus imágenes en algunos de los poemas, o en el del
furor de las pasiones, en otros. Este poema no figura analizado por Pichon.
Por lo tanto y siguiendo su estilo transcribimos algunas de sus partes. La
estrofa comienza así:
"Oh pederastas incomprensibles!
No seré yo el que lance denuestos contra vuestra gran degradación;
no seré yo el que acuda para arrojar el desprecio en vuestro ano
infundibuliforme. (...) Y vosotros jóvenes adolescentes o mejor,
jovencitas explicadme cómo y por qué(...)la venganza germinó
en vuestros corazones para prender en el flanco de la humanidad semejante
guirnalda de heridas. Habéis hecho que se ruborizara de sus hijos
a causa de vuestra conducta (que yo venero); el modo como os prostituís ofreciéndoos al primero que llega (...) ¿Sois de naturaleza
más terrestre o menos terrestre que vuestros semejantes? (...) ángeles
protegidos por mi amor universal. Beso vuestros rostros, beso vuestros
pechos, beso, con mis labios suaves, las diversas partes de vuestros cuerpos
armoniosos y perfumados. ¿Por qué no me habíais dicho
enseguida que erais cristalizaciones de una belleza moral superior?(...)
Ha sido necesario que entreabriera vuestras piernas para conoceros y que
mi boca se suspendiera de las insignias de vuestro pudor. (...) ¡Oh!
Si en lugar de ser un infierno, el universo no hubiera sido más
que un inmenso ano celeste, observad el ademán que hago en el lugar
de mi bajo vientre: sí, yo hubiera hundido mi verga a través
de su esfínter sangrante, destrozando con mis movimientos impetuosos
las propias paredes de su recinto. El infortunio no habría soplado
entonces, sobre mis ojos cegados, dunas enteras de arenas movedizas; yo
habría descubierto el lugar subterráneo donde yace la verdad
dormida, y los ríos de mi esperma viscoso hubieran encontrado de
ese modo un océano adonde precipitarse.
(...) que venga a mi encuentro aquel
que arde en deseos de compartir mi lecho (...) es necesario que no tenga
más de quince años. (...) En lo que a mí respecta
no amo a las mujeres. Ni tampoco a los hermafroditas. Necesito seres que
se me parezcan.
(...) Tienes razón desconfía
de mí, especialmente si eres hermoso. Mis partes ofrecen eternamente
el espectáculo lúgubre de la turgescencia (...) funestas
consecuencias que determina tras sí el hechizo del inexplicable
talismán que me concedió la Providencia".
En el poema va aumentando vertiginosamente
una imagen de un dominio inconmensurable y a la vez irónico sobre
la humanidad, dispuesta a perecer en una infernal batalla dominada por
las pasiones.
-Dios:
Dijimos que el análisis de la relación de Maldoror con los
adolescentes se continúa y se contextualiza con la que lo une a
Dios, ella presenta verdaderamente el motor de los cantos. Es el gran interlocutor
de Maldoror, en él está la causa desconocida de su existencia
y por lo tanto de su experiencia sin par, su falta en ser.
Maldoror se siente implicado e implica
a Dios en esa incesante experiencia de sí que es esta obra. "Si
existo no soy otro" lo coloca en las antípodas de Descartes.
Todo el libraco parece ser un "anti
meditaciones" en las cuales este último fundó su concepción
del sujeto.
El Dios maldoroniano es un Dios que
ni miente ni dice la verdad sino que goza y el hombre está sujeto
a este goce y la verdad se hace en su devenir. Allí reside la angustia
y los embates violentos que sufre en todas las acciones de Maldoror, que
son para el autor propiciatorias de un hacerse a sí mismo a través
de ellas.
En otro guiño al psicoanálisis
pone al servicio de este Dios, comandado por este Dios, la conciencia,
que lo persigue en uno de los cantos con frenética y feroz pasión.
Ese Dios a su vez surge de su propia experiencia de vida que, es necesario
decirlo, se va haciendo con el libro.
Recordemos que Pichon Rivière
en su visita a Córdoba relata que la familia Ducasse era fuertemente
católica y que los Cantos de Maldoror que posiblemente Isidoro
dejó a sus familiares fueron a parar a una iglesia como si fuera
un endemoniado objeto que hay que bendecir para quitar los maleficios que
pudiera transmitir o en su defecto, quemarlo, que es lo que supone Pichon
que ocurrió con ellos.
Maldoror se dirige y acciona así
frente a Dios:
Canto V estrofa 3 y 4: Estas
dos estrofas no se encuentran en Pichon Rivière. En la primera habla
de su reflexión en permanente actividad que resiste al "Gran Objeto
Exterior" permanentemente al acecho para penetrarlo, y dice:
"La conciencia exhala un prolongado
estertor de maldición, pues el velo de su pudor sufre crueles desgarraduras.¡Humillación!
Nuestra puerta permanece abierta para la curiosidad feroz del Celestial
Bandido. No merecí ese suplicio infame, tú, espía
horroroso de mi causalidad. Si existo, no soy otro 37. No admito
en mí esa equívoca pluralidad. Quiero ser el único
habitante de mi íntimo razonamiento...Mi subjetividad y el Creador:
demasiadas cosas para un cerebro" .
Evidentemente este aforismo de Ducasse
hace jugar la certeza cartesiana un juego que lo pone en un callejón
sin salida. Habla de ser penetrado por ese Celestial Bandido que espía
su causalidad, en donde la existencia propia y el ser otro se contraponen
e interjuegan. Finaliza con una reflexión con otro guiño al psicoanálisis:
"¿Quién no sabe
que cuando se prolonga la lucha entre el yo, pleno de altivez y la magnitud
terriblemente creciente de la catalepsia, el espíritu alucinado
pierde el juicio."
En la estrofa siguiente también
se dirige a esa "injusticia eterna y de cruel dominación".
Canto II estrofa 15: "Hay
horas en la vida en que el hombre de melena piojosa lanza, con los ojos
fijos, miradas salvajes a las membranas verdes del espacio, pues le parece
oír delante de sí, el irónico buchear de un fantasma.
Él menea la cabeza y la baja; ha oído la voz de la conciencia.
Entonces sale precipitadamente de la casa con la velocidad de un loco,
toma la primera dirección que se le ofrece a su estupor, y devora
las planicies rugosas de la campiña. Pero el fantasma amarillo no
lo pierde de vista y lo persigue con similar rapidez.(...)
Pichon interpreta al mismo tiempo la
lucha con el superyó sádico, con Dios y con el padre en esta
estrofa, claro que Ducasse le da elementos para ello, el fantasma amarillo
es la conciencia, lo dice con todas las letras. Más adelante en
la misma estrofa vuelve sobre ello:
"Como la conciencia había
sido enviada por el Creador, creí conveniente no dejarme cerrar
el paso por ella. Si se hubiera presentado con la modestia y humildad propia
de su rango, y de las que nunca hubiera debido separarse yo la habría
escuchado".
Ducasse hace intervenir otro personaje
que Pichon interpreta como siendo la madre mala provista
de una gigantesca vagina de la que salen espermatozoides que adquieren
como ella carácter persecutorio:
"(...) el guijarro de ojo
sombrío ve pasar, uno tras otro, dos seres a la claridad de un relámpago,
y, enjugándose una furtiva lágrima de compasión que
se desliza desde su párpado helado, exclama: Por cierto que lo merece;
no es más que un acto de justicia. Después de haber dicho
esto, recobra su actitud huraña, y sigue observando con un temblor
nervioso, la caza del hombre, y los grandes labios de la vagina de sombra,
de donde se desprenden incesantemente, como un río, inmensos espermatozoides
tenebrosos que toman impulso en el éter lúgubre, escondiendo
en el vasto despliegue de sus alas de murciélago, la naturaleza
entera, y las legiones solitarias de pulpos que se han vuelto taciturnos
ante el aspecto de esas fulguraciones sordas e inexpresables."
La relación con Dios a través
de la conciencia alcanza en esta estrofa de la misma manera un contenido
persecutorio y erótico que se va transformando en una actitud activa
agresiva y de creciente dominio sobre el Creador que Pichon relaciona a
una actitud omnipotente y maníaca:
"(...) yo, el que no ha podido
olvidar al Creador, desde el día glorioso en que derribando de su
zócalo los anales del cielo, donde, por medio de no sé qué
infames embrollos, estaban consignados su poderío y su
eternidad, le apliqué mis cuatrocientas ventosas debajo de la axila
hasta hacerle lanzar gritos terribles... Se transformaron en víboras
al salir de su boca, y fueron a ocultarse entre las malezas, en los muros
ruinosos, al acecho de día, al acecho de noche. Esos gritos, que
se volvieron reptantes, dotados de innumerables anillos, con una cabeza
pequeña y aplastada, y ojos pérfidos, han jurado dar caza
a la inocencia humana (...) Maldoror, convertido en pulpo, avanza hacia
su cuerpo ocho patas monstruosas, cada una de las cuales, sólida
correa, habría podido abarcar fácilmente la circunferencia
de un planeta. Tomado de sorpresa, se debatió algunos instantes
contra ese abrazo viscoso, que se estrechaba cada vez más (...)
Tras haber sorbido abundantemente los glóbulos de su sangre sagrada,
me separé bruscamente de su cuerpo majestuoso, y me escondí
en una caverna que desde entonces constituyó mi morada.(...)
El erotismo es según Pichon, erotismo
oral y sádico de carácter homosexual.
Lo siniestro se muestra para él
en esta estrofa, a través de la angustia de castración, angustia
ante el superyó y también ante la muerte; aunque la lectura
de los cantos en realidad deja ver una angustia ante la vida. Pichon dice
que Dios representa el destino, es constante su interpelación a
Dios
"No me verán, en mi
última hora (escribo en mi lecho de muerte), rodeado de curas. Quiero
morir, mecido por las horas de la mar tempestuosa, o erguido sobre la montaña...
pero no con los ojos vueltos a lo alto: sé que mi aniquilamiento
será completo"
dice en la estrofa 10 del primer Canto
que él quiso en su edición primera que fuera presentada en
forma de una escena de teatro que culmina diciendo "Vete, Dazet, para que
expire tranquilo. Pero desgraciadamente sólo se trata de una enfermedad
pasajera, y, siento con disgusto, que retorno a la vida".
Canto III: En este canto profundiza
con agudeza su maltrato hacia la figura de Dios y al mismo tiempo destila
en ella un contenido erótico desbordante. Del mismo sólo
figura la estrofa 2 en el Psicoanálisis del conde de Lautréamont,
contra la completa lectura del canto II durante la cual manifiesta, en
la estrofa 12 concretamente, que va a pasar rápidamente para ocuparse
de los poemas importantes.
¿Cuáles son para
él los poemas importantes?, no lo sabemos, pero resulta extraño
que haya salteado inexplicablemente esta parte de los cantos como también
algunas otras importantes de los siguientes.
Se puede pensar que ese día
improvisó, o destruyó sus manuscritos, o los separó
para retrabajarlos y se extraviaron.
Marcelo Pichon Rivière afirma
que al revisar los papeles faltaba gran parte del material, "Clases enteras
habían desaparecido para siempre. En la estrofa 4 Lautreamont describe
a Dios horriblemente borracho, con términos como "embrutecimiento
de hocico de cerdo", "beodo eterno", diciendo palabras incoherentes. Este
maltrato alcanza su punto culminante en la estrofa 5, la del cabello.
Abandonado por su amo, éste relata las escenas eróticas de
las que fue testigo y de resultas de las cuales el se desprendió
de la cabellera de su amo. Describe las escenas como una orgía de
un desenfreno desvergonzado.
No es cualquier cosa lo que perdió
ese amo. Es un cabello gigantesco, descrito como un palo rubio,
que aunque tenía la altura de un hombre no se mantenía
erguido que se desprende sintiendo decrecer sus fuerzas en el momento
en que "crecen los deseos sexuales de la pareja", desplomándose
finalmente. Su amo, que es Dios, se siente después de ello inferior
a su identidad, ha abandonado la virtud. Ya no es el todopoderoso, ha perdido
el dominio sobre sí.
Pichon Rivière seguramente hubiera
leído aquí que la escena se muestra como paradigma de la
contemplación del niño de la escena sexual de sus padres
y de las fantasías a que dicha contemplación da a lugar.
Es de señalar que Maldoror está
espiando por la ventana al cabello y con los oídos su relato.
El cabello termina su relato diciendo:
"No dejaré de informar
a los hombres lo que aconteció en esta celda. Les facilitaré
las razones para arrojar la dignidad como una vestidura inútil,
puesto que tienen el ejemplo de mi amo; les aconsejaré que chupen
la verga del crimen, puesto que otro ya lo ha hecho..."
Ducasse hace desarrollar la escena en
un lupanar que ha sido un convento y Dios no sólo se entrega allí
a todas las voluptuosidades posibles con una prostituta sino también
con un adolescente. El cabello aquí "no pudo ver lo que hicieron"
pero su amo termina desgarrando al joven.
Canto II estrofa 8: "No habiendo
encontrado lo que buscaba levanté mis párpados azorados más
arriba, aún más arriba, hasta que percibí un trono
formado de excrementos humanos y de oro, desde el cual ejercía el
poder con orgullo idiota, el cuerpo envuelto en un sudario hecho con sábanas
sin lavar de hospital, aquel que se denomina a sí mismo el Creador.
Tenía en la mano el tronco podrido de un hombre muerto y lo llevaba
alternativamente de los ojos a la nariz y de la nariz a la boca; una vez
en la boca, puede adivinarse qué hacía. Sumergía sus
pies en una vasta charca de sangre en ebullición, en cuya superficie
aparecían bruscamente, como tenias a través del contenido
de un orinal, dos o tres cabezas medrosas que se volvían a hundir
con la velocidad de una flecha: un puntapié bien aplicado en el
hueso de la nariz era la consabida recompensa por la infracción
del reglamento, provocada por la necesidad de respirar otro ambiente, ya
que después de todo esos hombres no eran peces. ¡Todo lo más,
anfibios que nadaban entre dos aguas en ese líquido inmundo! Hasta
que, no teniendo ya nada en la mano, el Creador, con las dos primeras garras
del pie tomó a otro de los zambullidos por el cuello como con unas
tenazas, y lo levantó en el aire, sacándolo del fango rojizo,
¡salsa exquisita! Con este hizo lo mismo que con el otro. Le devoró
primero la cabeza, las piernas y los brazos, y, en último término,
el tronco, hasta que, al no quedar nada, roía los huesos. Y así
sucesivamente en todas las horas de su eternidad. A veces exclamaba: "Os
he creado, por lo tanto tengo derecho de hacer con vosotros lo que quiera.
No me habéis hecho nada, no digo lo contrario. Os hago sufrir por
propio placer."
CantoII estrofa 12:
"Si con una simple manifestación de tu pensamiento puedes destruir
o crear mundos, mis débiles plegarias no te serán útiles;
si cuando te place envías el cólera para asolar a las ciudades,
o la muerte para arrebatar con sus garras, sin distingos, las cuatro épocas
de la vida, no quiero anudar una amistad tan temible. No se trata de que
el odio conduzca el hilo de mis razonamientos, sino que, por el contrario,
tengo miedo de tu propio odio (...)"
-Las Mujeres:
El lugar que le cabe a las mujeres está comprendido también
en su relación a Dios.
La mujer maldoroniana es una mujer
prostituta a la cual Maldoror compadece o una mujer traicionera y vengativa
a la que Maldoror contempla.
Pichon Riviére interpreta en
esto la relación edípica con la madre que una vez más
Ducasse en algunas estrofas parece dar a leer manifiestamente.
En el Canto II estrofa 7 Pichon
hace un análisis, transcribiendo una vez más, párrafos
enteros como si fuera el contenido manifiesto de un sueño, y no
un escrito, con palabras resaltadas en bastardilla que por nuestra parte
reproducimos:
"La estrofa comienza así:
"Hice un pacto con la prostitución para sembrar el desorden en
las familias". Relata Maldoror como se produjo ese pacto: "Recuerdo
esa noche que precedió a esta peligrosa asociación".
Maldoror vio ante él una tumba y oyó la voz de un gusano
de luz, grande como una casa que le dijo: "Voy a iluminarte.
Lee la inscripción. No proviene de mí esta orden suprema".
La inscripción decía así: "Aquí yace un
adolescente que murió tísico, ya sabéis porqué.
No roguéis por él".
En el momento en que Maldoror se dispone
a leer la inscripción ve una vasta luz color de sangre que se difunde
por los aires hasta el horizonte y ante cuyo espectáculo sus mandíbulas
castañetearon y sus brazos cayeron inertes. Se apoya entonces contra
un muro en ruinas para no caerse, consigue leer la inscripción,
jactándose después del valor que es necesario para esto.
En ese instante aparece una hermosa mujer que se echa a sus pies.
Maldoror, dirigiéndose a ella con cara triste, le dice: "Puedes
levantarte". Y le tiende luego la mano con la cual "el fratricida
degüella a su hermana". El gusano de luz, le ordena matar a la
mujer con una piedra. Maldoror, extrañado, le pregunta por qué,
el gusano le contesta: "Ten cuidado tú, el más débil,
porque yo soy el más fuerte. Esta mujer se llama Prostitución".
"Con lágrimas en
los ojos y furia en el corazón" sintió Maldoror nacer
en él una fuerza desconocida. Tomó una piedra voluminosa,
con gran dificultad la levantó hasta la altura de su pecho, la apoyó
luego sobre el hombro y escaló una montaña hasta la cima,
y desde allí aplastó al gusano de luz. "Su cabeza ?dice
Maldoror- penetró en el suelo el grandor de un hombre; la piedra
rebotó hasta la altura de seis iglesias. Fue a caer en un lago,
cuyas aguas cedieron por unas instantes, remolinando, para formar un inmenso
cono invertido. Luego la calma volvió a la superficie. La luz sanguinolenta
dejó de brillar. La hermosa mujer desnuda exclamó entonces:
?¡Ay de mí!, ¿qué has hecho?? ?Te prefiero a
ti, porque tengo piedad por los desdichados. No es culpa tuya que la justicia
eterna te haya creado?, le contesta Maldoror. La mujer hace ademán
de irse, y dirigiéndose a Maldoror exclama: ?Algún día
los hombres me harán justicia; no te digo más. Déjame
partir para esconder en el fondo del mar mi infinita tristeza. Sólo
tú y los monstruos horribles que pululan en esos negros abismos
no me despreciáis. Eres bueno. Adiós, tú que me has
amado?. Maldoror contesta: ?¡Adiós! ¡Una vez
más, adiós! ¡Te amaré siempre!...Desde hoy abandono
la virtud?". 38
Hace de esta estrofa dos lecturas simultáneas
que, por otra parte, jalonan su interpretación de todos los cantos.
Por un lado dice que el autor trata él mismo sus contenidos inconscientes.
Por el otro, los analiza en términos de conflicto con "su propia
conciencia", su superyó, su padre y a su vez, en un plano "más
profundo", en el que el gusano, en este caso, o el puñal, estilete, etc, en
otros, representaría su propio pene.
El superyó muestra los peligros
de la sexualidad, de una sexualidad incestuosa ya que la inscripción
que le hace leer el gusano, representa el riesgo de la masturbación:
la tuberculosis y la muerte como castigo por ello, algo que el "ya sabéis
por qué" da como universalmente conocido.
Maldoror es presa de espanto por el
contenido siniestro que intuye en la situación ?la amenaza de castración-
y su brazo inerte en esta estrofa o el cabello que cae en el fragor del
sexo en otra, representan las consecuencias de la castración, es
decir la impotencia.
Es después de eso que aparece
la mujer. Él se defiende atacando al padre y realiza el parricidio
desde una montaña que representa el pecho de la madre, donde se
inició en las prácticas del odio por la frustración
oral.
La problematización del bien
y el mal en Maldoror se pueden reducir según esta lectura de Pichon
a "la percepción interna de la actuación permanente y disociada
de los instintos de vida y de muerte". Pero lejos de acceder con la muerte
del padre a las posibilidades sexuales normales, dice Pichon, se identifica
con la mujer, la incorpora dentro de sí. Así se genera su
homosexualidad, identificado con ella en la desgracia, masoquisticamente.
La mujer se va, es inaccesible genitalmente y aceptando su homosexualidad,
Maldoror alivia su angustia de castración y abandona la virtud.
El inconveniente más grande
de esta interpretación que, por lo mismo, deja de ser lectura Es
que está dentro de los cánones de la moral victoriana que
es a la que se dirige con esto Ducasse socarronamente.
Por otra parte, que Ducasse haga jugar
el texto con experiencias eróticas que son su experiencia de vida
y su hacerse a sí mismo, a través de la erótica con
adolescentes, no se ajusta al cuadro que ubica esta relación como
homosexualidad.
El adolescente aparece siempre cayendo
en las garras de Eros, victimizado o a punto de morir por ello y por lo
mismo convirtiendo a su victimario en víctima con la intervención
de la conciencia, ese fantasma amarillo, representante del Bandido Eterno.
Por lo tanto Dios está comprometido en esto. La relación
con las mujeres que se prostituyen o victimizan al hombre que frente a
ellas no puede sostener su viril erección, sigue por lo tanto esta
misma línea.
El Canto IV estrofa 3: es el
que según Blanchot le hace un guiño al psicoanálisis,
aunque en realidad los guiños están por todas partes.
Pichon hace un resumen del poema.
Se trata de un hombre colgado por sus
cabellos, con las manos atadas a su espalda. En el momento que Maldoror
observa, aparecen dos mujeres borrachas que cubren el cuerpo del colgado
con alquitrán y comienzan a flagelarlo con látigos con cuerdas
de plomo. El alquitrán es para que el plomo se adhiera más
al cuerpo. Lo golpean durante dos horas, hasta que la fatiga les impide
continuar y se retiran.
Ducasse pone en boca de la víctima
palabras como " Me desarticulo con movimientos que sólo logran que
la raíz de los cabellos se separe cada vez más de mi cabeza".
Se refiere a las mujeres como "los
dos orangutanes hembras". Maldoror corta su cabellera y lo desata.
El tema de la cabellera o del cabello
es recurrente en los cantos.
Pichon una vez más lo lee con
el complejo de Edipo. Aquí Ducasse no es inocente en lo que da a
leer, pero seguramente no es sólo eso.
Todo el canto IV está escrito
con mucha ironía, aún en este hay una larga digresión
donde toma al mismo escrito como objeto de esa ironía.
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