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Alfonso
Teofilo Brown (Panamá Al Brown)
El Primer Latinoamericano en ganar un
Título Mundial
Panamá Al Brown, nació en Panamá el 5 de julio de 1902.
Alfonso Teófilo Al Brown era hijo de un esclavo
liberado de Tennessee que llegó a Panamá para trabajar en las obras
de construcción del Canal. Nació en un cuarto de inquilinato entre
calle sexta y Avenida Central en Colón, y sorprendió al
mundo con
sus 1.74 metros de altura y sus 118 libras de peso (53.900 Kgs) ,
que estaban en el límite de su categoría. En sus primeros combates
empleaba el nombre de "Kit Teófilo"
Sus brazos
-cuentan- casi le llegaban a las rodillas, lo que lo convirtió en un
boxeador de un gran alcance. Con su estatura parecía una
varilla de bambú; pero bajo esa aparente fragilidad
había un artista del boxeo. Un negro que
además de pegar duro, tenía gran capacidad de asimilación de castigo. Un verdadero milagro de la naturaleza.
Lo llamaron la “maravilla de ébano”
porque ese cuerpo de alambre escondía un boxeador de
gran técnica que conocía bien sus limitaciones (tenía más
contundencia en sus golpes que resistencia), y sus fortalezas (su
derecha era su arma, pero sabía que si la usaba más de la cuenta
podría estropearla).
Panamá debutó en Colón el 19 de marzo de 1922 en una
pelea contra José Moreno, y el 9 de diciembre de ese mismo año ganó
el título nacional mosca al vencer, en 15 asaltos, a un soldado
estadounidense acantonado en una base panameña, Sailor Pratchett, emigrando después a Nueva
York, Estados Unidos, donde tras varias victorias, le disputó la faja mundial gallo al
español Vidal Gregorio, derrotándolo por decisión en 15 asaltos, en el
Queensboro Club.
La racista Nueva York
Al Brown llegó a Nueva York en 1923 y lo que encontró
no fueron aplausos. Pronto se dio cuenta de que su negrura no lo
ayudaba. Quedó viviendo en el área mísera de Harlem, tratando de
abrirse camino en el mundo boxístico.
A la sociedad neoyorquina de ese entonces no le
agradaba la idea de que un boxeador negro fuera capaz de derrotar a
uno blanco; se consideraba insolente, arrogante. Aún así, Al Brown
estuvo en Nueva York hasta finales de 1926 moviendo sus puños en más
de las 40 peleas que disputó.
Al final del verano de 1926, a un antiguo corredor de
motos de nombre Villepontoux -que poseía un restaurante de comida
francesa en donde solía ir a comer Eddie Mac Mahon, el hombre de
negocios de Al Brown- se le ocurrió la idea de devolverse a Francia,
pero no quería irse con las manos vacías. Villepontoux se había dado
cuenta de que Al Brown podría convertirse en una estrella en París,
mientras que en Nueva York sufría la inactividad que provocaba la
apatía hacia su color.
Villepontoux convenció a Mac Mahon de hacerse cargo
del hombre de ébano y le escribió a Jeff Dickson, que para ese
entonces buscaba hacer resurgir el boxeo en París.
“Puedo enviarle a Francia dos boxeadores negros
formidables”, escribió Villepontoux a Dickson. “El primero se llama
Jimmy Brown... El otro es un peso gallo alto y flaco, pero que pega
como una mula y, a fe mía, no boxea mal”.
Un mes después, Al Brown iba rumbo a París.
Entre la gloria y la explotación
Al Brown atravesó el Atlántico con pasaporte y
maleta. Pasó su primera noche no en las calles, sino en Montmartre,
“En todos los sitios mi gorra de cuadros, mi traje beige claro y mis
zapatos de ante causaban sensación”, escribió.
El hijo del esclavo liberado se convirtió en un
personaje en la sociedad parisina. Pero se encontró con Dave
Lumiansky, el apoderado con el que ganó el título mundial gallo en
1929, pero con el que también se vio obligado a pelear hasta 20
veces en un año (1932).
Al Brown peleó, sin descanso, durante cinco años.
Lumiansky firmaba cualquier contrato que le representara ganancias,
así fuera que el boxeador tuviera su derecha recién fracturada,
estuviera sufriendo los estragos de la sífilis que lo iba
desgastando, o de la artritis que le cercenaba los huesos.
A veces con fiebre, a veces con la mano tan lesionada
que podía rompérsele en pedazos, Al Brown subía al ring y peleaba,
con su bolsa ya empeñada en trajes, autos y toda clase de lujos.
Estaba enfermo, pero no por eso se acostaba a las siete o se privaba
de tomar alcohol o de consumir drogas.
Lumiansky, por su parte, se llenaba los bolsillos
hasta la saciedad.
Al Brown ganó el título mundial gallo el 18 de junio
de 1929 ante Vidal Gregorio y lo defendió en 10 peleas... Hasta que
llegó el 1 de junio de 1935, cuando lo perdió ante Baltazar
Sangchilli en Valencia, España. Hay una turbia historia en torno a esta
derrota del panameño. Aún hoy se recuerda
como cierta maquinación del propio manager de Brown, apremiado para arreglar la balanza en
que debía pesarse los boxeadores en perjuicio de su pupilo. A la hora de pesarse lo pesaron en un
kilo, después lo postergaron la pelea haciéndolo gastarse
en durísimos entrenamientos, y al final perdió fácilmente con Sangchilli.
Fue entonces que apareció Jean Cocteau en su vida.
Decepcionado Al Brown, buscó refugio
en el Paris de sus sueños, y allí surgió un insospechado protector: Jean
Cocteau. El hombre múltiple de las letras francesas,
poeta, dramaturgo, novelista, ensayista quizás por ser esteta por excelencia, había
cautivado por la fina presencia de Brown en el Ring. Al Brown conoció a la ‘cream’ de la sociedad francesa
de los años 20 y 30. Bebió champaña a raudales, entre asalto y
campanada. Mandaba a lavar sus camisas a Londres, desde París. Subía
al ring y boxeaba como un artista, pero murió solo y enfermo en una
calle de Nueva York.
Vuelve a éste a Paris,
Cocteau lo
tomó a su cargo. Lo tuvo dos meses
curándose, lo hizo entrenar bajo su mirada, y cuando los informes de los técnicos fueron
que ya esta recuperado, lo puso de nuevo frente a Sangchilli, y Al Brown, hizo entonces
una de las mejores peleas de su vida derrotándolo por decisión, pero ya en América
habían sentado en el trono a la Araña Negra a Sixto Escobar, y no quisieron
reconocer al panameño como campeón, aunque si lo reconocieron en Europa.
De boxeador a bailarín
Luego de su derrota con
Sangchilli, Al Brown peleó
una vez más y perdió de forma catastrófica. Colgó los guantes y
comenzó a trabajar como cantante y bailarín, y hasta como animador
en salas de fiestas y bares. “Para ganarme la vida, me veo obligado
a bailar claqué. Han conseguido que me asqueara el boxeo”, escribió.
Pero dos años después estaba de nuevo en el
ring,
luego de que apareciera Jean Cocteau y lo animara a moldearse, a
fortalecerse. Cocteau se aferró a Al Brown a medida que el boxeador
remodelaba su cuerpo para hacerlo bello y ágil otra vez.
La pareja
Brown-Cocteau se convirtió en tema de
opinión pública. A Cocteau -según cuenta Eduardo Arroyo en su libro
Panamá Al Brown, 1902-1951- le favorecía el escándalo, el corrillo,
pero no a Brown. “¿Hay derecho a ser campeón del mundo a los treinta
y cinco años, estar champanizado, tener indicios de sífilis, ser
opiómano, jugador, músico, homosexual y encima negro?”, escribió
Arroyo en el libro.
Al Brown fue por la revancha con Sangchilli y recobró
su título, el 4 de marzo de 1938. Luego defendió el título una vez
más y, en 1939, hizo dos peleas más en Nueva York.
Con Cocteau mantuvo la relación hasta que apareció
Jean Marais, a principios de los años cuarenta, quien decidió sacar
a Cocteau del humo del opio en el que estaba envuelto.
Panamá Al Brown , realmente fue una
celebridad en su época, habiendo ganado lo suficiente para vivir cómodamente siendo
dueño de propiedades y una cuadra de caballos de carreras, en Europa, donde alternó con
la realeza que lo veneraban con figura deportiva.
Fue el primer boxeador panameño y el primer
latinoamericano en obtener un título mundial. Defendió por cinco
años ese título a fuerza de puño y astucia, pero su vida
desordenada, sus excentricidades, su gusto por los hombres y hasta
el color de su piel no le hicieron ganar la simpatía de todos.
Más tarde durante el holocausto
de la guerra, y bombardeada Francia por los Alemanes, Brown quedo en la ruina, teniendo
que volver a Panamá, de donde había partido un día en un barco de carga, en busca de fama y
fortuna, anhelos que logró dejando para los records, un total de 5 años 11 meses y 16
días con el título, 11 defensas, y la cantidad extraordinaria de 156 combates, de los
cuales ganó 58 por nocaut y 62 por decisión, 3 por foul, con 12 empates y 15 derrotas
por decisión. Se señala también que
perdió 2 por foul, 2 por nocaut, y que tuvo 2 peleas por fallo.
En su
regreso a Panamá e hizo ocho peleas entre 1941 y 1942,
pero decidió volver a Nueva York en donde pasó sus últimos años
frente a la barra de un bar.
A su regreso a la América, Panamá Al
Brown, boxeó en Canadá, y luego en su país natal Panamá, donde disputó varias peleas
en la división pluma, venciendo a Leocadio Torres y a Battling Nelson. Después sufrió dos derrotas por puntos frente a
un púgil peruano de apellido Carrasco.
Brown murió en la
miseria el 11 de abril de 1951, en el Hospital de Staten
Island de New York, por tuberculosis en último grado . Sus restos fueron trasladados más tarde a
la ciudad de Panamá.
Ante el clamor de la prensa deportiva y
de la Comisión de Boxeo de Colón, que llevo una campaña por años para hacerles
justicia a boxeador, la resolución del
INDE, del 6 de
julio de 1979, reconoce los méritos de Panamá Al Brown, como el primer
latinoamericano en conquistar un campeonato mundial de boxeo, y resuelve a partir de la
fecha de su expedición, que el Coliseo de Colón, llevara el nombre
Arena Teófilo Panamá Al Brown.
Su tumba de mármol reposa en el Cementerio
Amador, en pleno barrio de El Chorrillo, a donde fue a parar su
cuerpo en 1952, tras un año de estadía en el Cementerio de la
Resurrección, en Long Island.
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