James Brooke, Rajá de Sarawak - nació el 29 de
abril de 1803 y falleció el 11 de junio de 1868 - fue el
primer rajá blanco de Sarawak.
Thomas
Brooke. su padre, era inglés y Anna Maria, su madre, que había
nacido en Hertfordshire, era hija ilegítima del par
escocés Coronel William Stuart, 9º Lord Blantyre y de su
criada Harriott Teasdale.
James
Brooke nació en Secrore, un suburbio de Benarés (India).
Su
padre era funcionario del servicio civil de la
East Indian Company y James ingresó en esa compañía,.
obteniendo su primer destino militar en la India en
1825.
Primeros
años de vida
Sir
James permaneció en su residencia natal en la India
hasta que fue enviado con 12 años de edad a Inglaterra,
donde recibió una breve educación en la Escuela Norwich,
de la que se escapó.
Siguieron varios profesores particulares en Bath antes
de que regresara a la India en 1819 como parte de la
Armada Bengalí de la British East India Company.
Una vez
allí, enviado con su regimiento al valle de Brahmaputra,
fue herido de gravedad en 1825 y se vio obligado a retornar a
Inglaterra.
En 1830
llegó de vuelta a Madrás pero era demasiado tarde para
volver a unirse a su unidad, y dimitió. Permaneció en el
barco en el que había viajado de un lado a otro (El
"Castillo Huntley") y volvió a casa pasando por China.
Sarawak
Reestablecido de su herida, Brooke retornó a Oriente en
1830, dejó la Compañía y pasó algún tiempo navegando por el mar de
China.
Visitó China, Filipinas, etc… y tomó contacto por
primera vez con unas tierras maravillosas habitadas por
tribus entregadas a interminables luchas entre ellas y
que habían hecho de la piratería un medio de vida a gran
escala.
Con sus praos de veinte o más metros de largo,
adornados con cientos de calaveras de sus víctimas,
provistos de velas y remos, armados con cañones y
tripulados por cientos de hombres, los piratas de Borneo
y Filipinas fueron el terror de las Indias Orientales
hasta bien entrado el siglo XIX.
Intentó
el comercio en el lejano este, pero no tuvo éxito,
sufriendo en carne propia la intervención de la
piratería.
Después
estos avatares ruinosos, Brooke adoptó la
firme determinación de acabar con ellos. En 1833 retornó a
Inglaterra por el fallecimiento de su padre y con la
herencia de 30.000 £ compró una goleta scooner de 142 toneladas, “The Royalist”, con
la que en 1838, tras varios años de
prácticas en el Mediterráneo con una tripulación de 20
hombres, volvió a salir de Londres hacia Brunei para
realizar su sueño.
Partió
en 1838 y llegó a Kuching en agosto
para encontrar el asentami
ento frente a Bidayuh alzado
contra el Sultán de Brunei. Ofreció su ayuda al Sultán.
Él y su tripulación ayudaron a hacer volver a la
normalidad el asentamiento.
Tras haber amenazado al
Sultán con fuerzas militares, se le otorgó el título de
Rajá de Sarawak el 24 de septiembre de 1841, aunque la
declaración oficial no se realizó hasta el 18 de agosto
de 1842.
Brooke
comenzó a establecerse y regir sobre Sarawak: reformó la
administración, codificó las leyes y luchó contra la
piratería, lo que resultó ser un tema candente durante
todo su mandato.
En
Sarawak, Brooke reformó la administración, redactó
códigos de leyes e impartió justicia y, sobre todo,
fomentó el comercio como sustitutivo de la piratería en
las costumbres de aquellas tribus costeras. Los nativos,
sus administrados, le idolatraban.
Naturalmente, Brooke continúo su actividad militar
contra los piratas, ya que era imposible de todo punto
intentar crear en Sarawak una organización estable
mientras los piratas siguiesen asolando periódicamente
su territorio, pero hemos de advertir que todas estas
operaciones no se hacían a cargo de la administración
británica o de la East Indian.
No recibiendo ningún apoyo oficial, Brooke armó su
barco, formó su tripulación (20 marinos de total
confianza),
buscó sus aliados, y se convirtió en el mayor enemigo de
los que eran, a su vez, los mayores enemigos de la
seguridad en el mar de China.
El
Rajá de Sarawak permaneció diez años en Brunei desde su
llegada con “The Royalist”.
Tras sus primeros éxitos,
Sir Harry Keppel, capitán de la marina, recibió órdenes
de colaborar con Brooke en su lucha contra la piratería.
Frente a lo que pudiera parecer, esto no era como la
llegada de la caballería, pues el territorio era tan
extenso y los piratas tan abundantes que acabar con
ellos por completo era una tarea que excedía con mucho a
las posibilidades de Brooke, sus veinte chalados, sus
aliados dayaks y la cañoñera de Keppel (a la que se
unían algunas embarcaciones de menor importancia: alguna
goleta, praos,… poca cosa comparada con las flotas
piratas).
La vida
cotidiana
Las condiciones de vida de Brooke
y su gente, contra lo que cabría esperar, no tenían ninguna
semejanza con la idea que se tiene de un
gobernador blanco del XIX en una tierra exótica.
La casa
que ocupaba en Sarawak era una gran casa de madera,
donde se alojaba con sus hombres y donde por la noche se
reunían alrededor de la mesa y comentaban sus aventuras
y cantaban y se emborrachaban. Se cuenta que, durante
esas cenas en la casa de Sarawak, nativos de toda
condición acudían al salón y, con discreción oriental,
se acercaban a Brooke y, en voz baja, le confiaban sus
asuntos, que el resolvía con prudencia.
Tenía una
personalidad arrolladora. De él se cuenta que era imposible engañarle si le tenías
enfrente, y que tenía un poder de seducción capaz de
convencerte de hacer cualquier cosa con sólo pedírtelo,
aunque sus argumentos fuesen tan pueriles y apasionados
como los de un niño.
Cuando se
unió a Keppel, sus planes tuvieron más envergadura, y
comenzó a hostigar los mismos refugios de los piratas, a
menudo situados aguas arriba de los ríos que se
enredaban en la selva.
Recibe
honores y comienzan las intrigas
Brooke
regresó temporalmente a Inglaterra en 1847, donde se le
dio la Freedom of the City (el equivalente de las
llaves de la ciudad en otros países) de la ciudad de
Londres, fue nombrado gobernador y comandante en jefe de
Labuan, cónsul-general británico en Borneo y fue
nombrado Caballero comandante de la Orden del Baño.
Volvió a
Sarawak y siguió su incesante lucha contra los piratas,
cerró tratados con los sultanes para expulsar de sus
territorios las bandas de ladrones, y mantuvo un
constante tira y afloja con las autoridades británicas
por causa de los conflictos de intereses debidos a las
distintas responsabilidades que Brooke acumulaba (Rajá
por un lado, representante del gobierno británico por
otro) y la demora del gobierno británico en el
reconocimiento político de Sarawak.
Básicamente, los liberales británicos postulaban que
cualquier autoridad británica sobre Sarawak debía ser
una autoridad reconocida por el gobierno británico, y
estimaban que la actuación de Brooke, que discutía con
frecuencia los planes de Londres le convertía en un sujeto al margen de la ley
británica.

Palmerston, primer ministro tory, mantenía
una postura diferente: “La
cuestión parece estar más bien entre el sultán de Borneo
y el Rajá de Sarawak que entre éste último y el soberano
de Inglaterra. Tan lejos como nos concierne, no parece
existir ninguna razón de peso para que no debamos
comerciar con Sarawak como un estado independiente y, si
es así, debemos buscar el entendimiento con los poderes
allí establecidos”.
La
situación política de Brooke, en definitiva, resultaba ambigua ¿Era Sarawak independiente o estaba
sometido al sultanato de Brunei? ¿Cómo podría explicarse
que un súbdito representante de Su Majestad pudiese
estar, a su vez, sometido a la autoridad de un sultán?
El sultán, realmente, estaba ansioso por convertirse en
un protectorado (y almacenar las toneladas de libras
esterlinas que eso supondría para él), así que Brooke no
podía esperar demasiado apoyo por esa parte.
Sarawak y
Borneo del Norte se convirtieron en protectorados
británicos, ya muerto Brooke, en 1888 aunque, durante
algunos años más, el gobierno británico no intervino en
la administración interna del país, que, a su vez, pudo
rehusar el privilegio de aparecer en los mapas coloreado
de rosa como el resto de posesiones del Imperio
Británico.
Como
administrador Brooke resultó desastroso; tenía como
principio no imponer tasas a los nativos (salvo, acaso,
meramente simbólicas), y sus finanzas (en las que empeñó
su patrimonio personal) eran un auténtico desastre. A su
muerte, Sarawak había crecido, se había establecido un
comercio estable y la piratería en la zona había
disminuido ostensiblemente, pero todo aquello más
parecía fruto de la propia personalidad entusiasta de
Brooke que resultado de una atinada actividad
organizativa.
Las intrigas políticas
acabaron por hacer presa en Brooke. Los
liberales, con Gladstone a la cabeza, comenzaron a
acusarle de ser un criminal. Los mismos que eran
incapaces de garantizar la seguridad llevaban muy mal
los métodos poco ortodoxos de Brooke, y desconfiaban de
su carácter.
Se presentó, entonces, a Brooke como un
asesino de nativos, obviando el hecho de que combatía
con tropas aborígenes, que combatía la esclavitud y el
asesinato de esos mismos nativos, y que los nativos le
adoraban porque les había proporcionado la paz y la
esperanza que necesitaban para edificar su futuro.
Se
constituyó una comisión en Singapur y, gracias al apoyo
de la gente "bien" de la zona (comerciantes, rajás, amigos de
la Marina,…), Brooke salió de aquello
con un indignante “not proven / sin pruebas”
Cabe
señalar que unos años después, durante una estancia en
Inglaterra, Sir James sufrió una parálisis, y se
organizó con mucho éxito una suscripción popular para
ayudarle, lo que demuestra que los ciudadanos tenían una
idea diferente de los políticos en lo que concernía a la
respetabilidad de Brooke.
Fue
desprovisto de sus títulos (los ingleses, porque siguió
siendo Rajá en Sarawak) y su vida continuó entre viajes
a Inglaterra, donde murió, el 11 de junio de 1868, y
Sarawak.
Al no
tener descendencia legítima, en 1861 nombró al Capitán
John Brooke, el hijo mayor de su hermana, como su
sucesor. Dos años después, mientras John se encontraba
en Inglaterra, James depuso y desterró a John de Sarawak
porque John le criticaba.
Más
tarde nombró sucesor a otro hijo de esa misma hermana - Charles
Anthony Johnson Brooke - quien finalmente sí le sucedió.
Gobernó
en Sarawak hasta su muerte en 1868, tras tres apoplejías
en un periodo de diez años. Se le enterró en la iglesia
de Sheepstor, cerca de Burrator, en Plymouth
(Inglaterra), tal como sus sucesores.
Vida personal
Lo cierto es que Brooke
mantuvo dos conocidas relaciones, con un príncipe de
Sarawak, Badruddin, y con el joven nieto del marqués de
Elgin, en servicio en el Lejano Este; se sabe que
rechazó el matrimonio con la señorita Burdett-Coutts (la
mayor fortuna de Inglaterra), pero se tienen
noticias de un hijo (de madre desconocida, por raro que
suene decirlo), y se piensa, también, que contrajo
matrimonio por el rito del lugar con una nieta del
sultán de Brunei, Pengiran Anak Fatima, con quien
probablemente tuvo una hija.
Durante
toda su vida, los principales vínculos emocionales de
Brooke fueron con jóvenes adolescentes, aunque su
biógrafo y contemporáneo Spenser St. John informa sobre
su amor y corto compromiso con la hija de un clérigo de
Bath. También tuvo un hijo.
Entre
sus relaciones más importantes con jóvenes se encuentra
Badruddin, un príncipe de Sarawak, sobre quien escribe,
my love for him was deeper than anyone I knew
("mi amor por él era más profundo que ningún otro que he
conocido").
Más
tarde, en 1848, Brooke se enamoró de un marinero de 16
años: Charles T. C. Grant, nieto del 7º Conde de
Elgin, que le correspondió y compartió su intimidad
durante varios años.
Brooke
fue influenciado por el éxito de las aventuras
británicas previas y las explotaciones de la British
East India Company. Sus acciones en Sarawak estaban
claramente dirigidas tanto a expander el Imperio
Británico como a obtener beneficios de su mandato,
ayudando a las gentes locales luchando contra la
piratería y la esclavitud y protegiendo su propia
riqueza personal para proseguir con estas actividades.
Sus
propias habilidades, y las de sus sucesores, dotaron a
Sarawak de un liderazgo excelente y generó riqueza
durante tiempos difíciles, y resultó tanto en fama como
notoriedad en algunos sectores sociales. Su nombramiento
como Rajá por el Sultán y su consiguiente título de
caballero son pruebas de que sus esfuerzos fueron
ampliamente aplaudidos en las sociedades de Sarawak y
británica.