1897- 1959

 

 

ANTONIO BOTTO ES EL IDEAL ESTÉTICO EN PORTUGAL

Por Fernando Pessoa

 

Antonio Botto es el único portugués, de los que hoy conocidamente escriben, a quien la designación de esteta se puede aplicar sin disonancia. Con un perfecto instinto el sigue el ideal a que se tiene llamado estético, y que es una de las formas, si bien que la ínfima, del ideal helénico.

Lo sigue, al tiempo de con el instinto, con una perfecta inteligencia, porque los ideales griegos, como son intelectuales, no pueden ser seguidos inconscientemente.

La obra de Antonio Botto, en lo que realmente típica, se resume, por ahora en su ultimo libro "Canciones". Que esa obra se distingue con facilidad de la obra de cualquier otro poeta, portugués o extranjero, todos lo que pueden ver. Ya no es tan fácil explicar en que consiste, distintivamente, esa diferencia. Algún interés habrá en determinarlo.

Nace el ideal de nuestra consciencia de la imperfección de la vida, Tantos, por ende, serán los ideales posibles, cuantos fueran los modos porque es posible tener la vida por imperfecta.

A cada modo de tenerla por imperfecta corresponderá, por constaste a semejanza, un concepto de perfección. Es a ese concepto de perfección que se le da el nombre de ideal.

Por muchas que parezcan que debes de ser las maneras de que se puede tener la vida por imperfecta, ellas son, fundamentalmente, apenas tres. Como efecto, hay solo tres conceptos posibles de imperfección, y por tanto, de la perfección que se le opone.

Podemos tener cualquier cosa por imperfecta, simplemente porque ella es imperfecta: es la imperfección que imputamos aun artefacto mal fabricado. Podemos, por contra, tener la por imperfecta porque la imperfección resida, no en la realización, sino en la esencia. Será cuantitativa o cualitativa a diferencia entre la esencia de esa cosa imperfecta y la esencia de lo que consideramos perfección; cuantitativa como si dijésemos de noche, comparándola al día, que es imperfecta porque es menos clara, cualitativa como si, en el mismo caso, dijésemos que la noche es imperfecta porque es lo contrario del día.
               
Por el primero de estos criterios, aplicándolo al conjunto de la vida, la tenemos por imperfecta porque no parece que reside en aquello mismo porque que se define, en aquello mismo que parece de debería ser. 

Así, todo cuerpo es imperfecto porque no es un cuerpo perfecto; toda vida imperfecta porque, durando, no dura siempre; todo placer imperfecto porque lo envejece el cansancio; toda la compresión imperfecta porque, cuanto mas se expande, en mayores fronteras confina como el incompresible que tiene cerca.

Quien siente de esta manera la imperfección de la vida, quien así la compara como ella propia, teniéndola por infiel a su propia naturaleza, fuerza es que sienta como ideal un concepto de perfección que se apoya en la vida misma.  

Este ideal de perfección es el ideal helénico, o lo que puede así designarse, por haber sido los griegos antiguos quien mas distintivamente lo tuvo, quien, en verdad lo formo, de quien por cierto, fue heredado por las civilizaciones posteriores.

Por el segundo de esos criterios tendremos la vida por imperfecta por una deficiencia cuantitativa de su esencia, o, en otras palabras, por consideramos inferior- inferior a cualquier cosa, o a cualquier principio, en el cual, en relación a ella, resida la superioridad.

Es esta inferioridad esencial que, en este criterio, da a las cosas la imperfección que ellas muestran. Porque es vil el terreno, el cuerpo muere, no dura el placer, porque es del cuerpo, y por eso vil, es la esencia de que es vil u no puede durar; desaparece la juventud porque es un episodio de esta vida pasajera; marchita la belleza que vemos porque crece en el plano temporal.

Solo Dios, y el alma, que el crió y se le asemeja, son la perfección y la verdadera vida. Este es el ideal al que podemos llamar cristiano, no solo porque es el cristianismo la religión que mas perfectamente lo definió, y también porque es aquella que mas perfectamente la definió para nosotros.

Por el ultimo de los criterios tenemos la vida por imperfecta porque la juzgamos consustanciada con la imperfección, esto es, no existente, porque la no-existencia, siendo la negación suprema, es la imperfección absoluta. Tendremos la vida por ilusoria: no ya imperfecta como para los griegos, por no ser perfecta; no ya imperfecta, como para los cristianos, por ser vil y material, sino imperfecta por no existir, por ser mera apariencia, absolutamente apariencia, vil por tanto, si vil, no tanto con la vileza de lo que es vil, cuanto con la vileza de lo que es falso. 

Es de este concepto de imperfección que nace aquélla forma del ideal que nos es familiarmente conocida en el budismo, y sus manifestaciones que han surgido en la India mucho antes de aquel sistema místico, hijos ambos, el como ellas, del mismo sustrato metafísico.

Es cierto que ese ideal aparece, con formas y aplicaciones diversas, en los espiritualistas simbólicos, o ocultistas, de casi todas las confesiones. Como, no obstante fue en la India donde las manifestaciones formales de ello aparecieron distintivamente, podremos ser impreciso, pero no inexactos, si damos a este ideal, por conveniencia, el nombre de ideal indio.

Por la propia naturaleza de su ideal, es la civilización helénica esencialmente la civilización artística. Hacer arte es querer tornar el mundo mas bello, porque la obra de arte, una vez hecha, constituye belleza objetiva, belleza acrecentada a la que hay en el mundo. Para que esta actividad recuerde y preocupe, es necesario que haya un criterio objetivo de belleza y perfección.

Ahora, dos o tres criterios de perfección, solo el de los griegos tiene objetividad. Que impulso natural puede tener para crear obras de arte, formas que pertenecen al mundo y a la vida, como el cristiano, tiene el mundo por pobre y malo, la vida por vileza y pecado, o quien, como el místico de la India, tiene toda apariencia por ilusión absoluta, flor que nacerá marchita en la frontera de la Mentira.

Si la creación artística no procediese de un instinto irreprimible en las comunidades civilizadas, nunca tendría lugar el arte indio, ni arte cristiano.

Y el arte cristiano, por cierto, se habría aproximado mas a la imperfección estructural y formal del arte indio, si no fuese porque el helenismo es un elemento componente del cristianismo, y que el arte de los pueblos cristianos, teniendo a los griegos como ejemplo, se guía, en sus manifestaciones superiores, por los principios asistentes como fundamentales por el precepto y el ejemplo de los clásicos.

Hay además otra razón, esta mas emotiva y profunda, para que el ideal helénico sea, de todos, el que mas directamente conduce a la creación artística.

El cristiano es metafísicamente feliz. Tiene los ojos del alma puestos en aquella perfección divina en que no hay cambio ni cesación.

Le pesa poco la vileza del mundo: vivir y ver es solo para él un malestar transitorio. Al indio nada le duele del mundo, vuelve el rostro para otra lado, y contempla el Todo en lo que le falta del Nada. Es metafísicamente feliz también.

Otra es la vida espiritual del ideal helénico. Esta ve que la vida es imperfecta, porque es imperfecta: por tanto no rechaza la vida porque es en la misma vida en donde tiene puesta su mirada. Tanto que vea el mundo de los dioses aquella belleza suprema, por la cual ansía, ansían también por esa belleza en los hombres. "La raza de los dioses y de los hombres es una sola"  dice Píndaro. A unos debe pertenecer lo que a los otros pertenece.

Por eso, de los tres idealistas, es el helénico el único que no puede rechazar aquella vida que llama imperfecta. Su ideal es, por tanto, el mas trágico y profundo.
              

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ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO