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Antonio Botto es el
único portugués, de los que hoy conocidamente escriben, a quien la
designación de esteta se puede aplicar sin disonancia. Con un
perfecto instinto el sigue el ideal a que se tiene llamado estético,
y que es una de las formas, si bien que la ínfima, del ideal
helénico. Lo
sigue, al tiempo de con el instinto, con una perfecta inteligencia,
porque los ideales griegos, como son intelectuales, no pueden ser
seguidos inconscientemente.
La obra de Antonio
Botto, en lo que realmente típica, se resume, por ahora en su
ultimo libro "Canciones". Que esa obra se distingue con
facilidad de la obra de cualquier otro poeta, portugués o
extranjero, todos lo que pueden ver. Ya no es tan fácil explicar en
que consiste, distintivamente, esa diferencia. Algún interés habrá
en determinarlo.
Nace el ideal de
nuestra consciencia de la imperfección de la vida, Tantos, por
ende, serán los ideales posibles, cuantos fueran los modos porque
es posible tener la vida por imperfecta.
A cada modo de
tenerla por imperfecta corresponderá, por constaste a semejanza, un
concepto de perfección. Es a ese concepto de perfección que se le
da el nombre de ideal.
Por muchas que
parezcan que debes de ser las maneras de que se puede tener la vida
por imperfecta, ellas son, fundamentalmente, apenas tres. Como
efecto, hay solo tres conceptos posibles de imperfección, y por
tanto, de la perfección que se le opone.
Podemos tener
cualquier cosa por imperfecta, simplemente porque ella es imperfecta:
es la imperfección que imputamos aun artefacto mal fabricado.
Podemos, por contra, tener la por imperfecta porque la imperfección
resida, no en la realización, sino en la esencia. Será cuantitativa
o cualitativa a diferencia entre la esencia de esa cosa imperfecta y
la esencia de lo que consideramos perfección; cuantitativa como si dijésemos
de noche, comparándola al día, que es imperfecta porque es menos
clara, cualitativa como si, en el mismo caso, dijésemos que la
noche es imperfecta porque es lo contrario del día.
Por el primero de estos criterios, aplicándolo al conjunto de la
vida, la tenemos por imperfecta porque no parece que reside en
aquello mismo porque que se define, en aquello mismo que parece de
debería ser.
Así, todo cuerpo
es imperfecto porque no es un cuerpo perfecto; toda vida imperfecta
porque, durando, no dura siempre; todo placer imperfecto porque lo
envejece el cansancio; toda la compresión imperfecta porque, cuanto
mas se expande, en mayores fronteras confina como el incompresible
que tiene cerca.
Quien siente de
esta manera la imperfección de la vida, quien así la compara como
ella propia, teniéndola por infiel a su propia naturaleza, fuerza
es que sienta como ideal un concepto de perfección que se apoya en
la vida misma.
Este ideal de perfección
es el ideal helénico, o lo que puede así designarse, por haber
sido los griegos antiguos quien mas distintivamente lo tuvo, quien,
en verdad lo formo, de quien por cierto, fue heredado por las
civilizaciones posteriores.
Por el segundo de
esos criterios tendremos la vida por imperfecta por una deficiencia cuantitativa
de su esencia, o, en otras palabras, por consideramos inferior-
inferior a cualquier cosa, o a cualquier principio, en el cual, en relación
a ella, resida la superioridad.
Es esta
inferioridad esencial que, en este criterio, da a las cosas la imperfección
que ellas muestran. Porque es vil el terreno, el cuerpo muere, no
dura el placer, porque es del cuerpo, y por eso vil, es la esencia
de que es vil u no puede durar; desaparece la juventud porque es un
episodio de esta vida pasajera; marchita la belleza que vemos porque
crece en el plano temporal.
Solo Dios, y el
alma, que el crió y se le asemeja, son la perfección y la
verdadera vida. Este es el ideal al que podemos llamar cristiano, no
solo porque es el cristianismo la religión que mas perfectamente lo
definió, y también porque es aquella que mas perfectamente la definió
para nosotros.
Por el ultimo de
los criterios tenemos la vida por imperfecta porque la juzgamos
consustanciada con la imperfección, esto es, no existente, porque
la no-existencia, siendo la negación suprema, es la imperfección absoluta.
Tendremos la vida por ilusoria: no ya imperfecta como para los griegos,
por no ser perfecta; no ya imperfecta, como para los cristianos, por
ser vil y material, sino imperfecta por no existir, por ser mera
apariencia, absolutamente apariencia, vil por tanto, si vil, no
tanto con la vileza de lo que es vil, cuanto con la vileza de lo que
es falso.
Es de este concepto
de imperfección que nace aquélla forma del ideal que nos es
familiarmente conocida en el budismo, y sus manifestaciones que han
surgido en la India mucho antes de aquel sistema místico, hijos
ambos, el como ellas, del mismo sustrato metafísico.
Es cierto que ese
ideal aparece, con formas y aplicaciones diversas, en los
espiritualistas simbólicos, o ocultistas, de casi todas las
confesiones. Como, no obstante fue en la India donde las
manifestaciones formales de ello aparecieron distintivamente,
podremos ser impreciso, pero no inexactos, si damos a este ideal,
por conveniencia, el nombre de ideal indio.
Por la propia
naturaleza de su ideal, es la civilización helénica esencialmente
la civilización artística. Hacer arte es querer tornar el mundo
mas bello, porque la obra de arte, una vez hecha, constituye belleza
objetiva, belleza acrecentada a la que hay en el mundo. Para que
esta actividad recuerde y preocupe, es necesario que haya un
criterio objetivo de belleza y perfección.
Ahora, dos o tres
criterios de perfección, solo el de los griegos tiene objetividad.
Que impulso natural puede tener para crear obras de arte, formas que
pertenecen al mundo y a la vida, como el cristiano, tiene el mundo
por pobre y malo, la vida por vileza y pecado, o quien, como el
místico de la India, tiene toda apariencia por ilusión absoluta,
flor que nacerá marchita en la frontera de la Mentira.
Si la creación
artística no procediese de un instinto irreprimible en las
comunidades civilizadas, nunca tendría lugar el arte indio, ni arte
cristiano.
Y el arte
cristiano, por cierto, se habría aproximado mas a la imperfección
estructural y formal del arte indio, si no fuese porque el helenismo
es un elemento componente del cristianismo, y que el arte de los
pueblos cristianos, teniendo a los griegos como ejemplo, se guía,
en sus manifestaciones superiores, por los principios asistentes
como fundamentales por el precepto y el ejemplo de los clásicos.
Hay además otra razón,
esta mas emotiva y profunda, para que el ideal helénico sea, de
todos, el que mas directamente conduce a la creación artística.
El cristiano es metafísicamente
feliz. Tiene los ojos del alma puestos en aquella perfección divina
en que no hay cambio ni cesación.
Le pesa poco la
vileza del mundo: vivir y ver es solo para él un malestar
transitorio. Al indio nada le duele del mundo, vuelve el rostro para
otra lado, y contempla el Todo en lo que le falta del Nada. Es
metafísicamente feliz también.
Otra es la vida
espiritual del ideal helénico. Esta ve que la vida es imperfecta,
porque es imperfecta: por tanto no rechaza la vida porque es en la
misma vida en donde tiene puesta su mirada. Tanto que vea el mundo
de los dioses aquella belleza suprema, por la cual ansía, ansían también
por esa belleza en los hombres. "La raza de los dioses y de los
hombres es una sola" dice Píndaro. A unos debe
pertenecer lo que a los otros pertenece.
Por eso, de los
tres idealistas, es el helénico el único que no puede rechazar
aquella vida que llama imperfecta. Su ideal es, por tanto, el mas
trágico y profundo.
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