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Entrevista
al director José Sánchez-Montes
Bola de Nieve: el hombre triste que cantaba alegre.
Un documental sobre Ignacio Villa muestra sus aristas como cubano,
negro, homosexual, santero, pro revolucionario y sobre todo artista.
Su director, José Sánchez-Montes, habla para Encuentro en la
Red.
La primera referencia que José Sánchez-Montes tuvo
del músico cubano Bola de Nieve fueron unos discos facilitados por
amigos que conocían su admiración por la música de la Isla.
Supusieron que le gustaría, o jamás imaginaron que de ese encuentro
nacería un documental sobre tan atractiva personalidad. "A partir de
ahí empecé a interesarme por él —admite el director español—. Bola
es algo que te impacta para siempre". La realización estuvo a cargo
de la compañía Ático 7, con sede en la ciudad de Granada, en
coproducción con Canal Sur Andalucía, el ICAIC, Media 3.14 y el
Canal 11 de la televisión mexicana.
Hoy por hoy ¿cuál es la repercusión real de
la obra de Bola de Nieve en el público español?
Ahora mismo en España, excepto para los
intelectuales, Bola de Nieve es un desconocido. No es ninguna
casualidad que a lo largo de la literatura, en biografías de
escritores, en las canciones de los músicos de España, hayan
referencias a Bola de Nieve. Gente como Pedro Almodóvar, Joaquín
Sabina, Alfredo Bryce Echenique, Camilo José Cela, Rafael Alberti...
lo han mencionado. Creo que seguro va a explotar en un momento
determinado y la gente va a empezar a tener interés por este
personaje mundial.
¿Cómo está concebido estructuralmente el
documental?
Bola de Nieve: el hombre triste que cantaba alegre
es un documental de 72 minutos contado por amigos, familiares,
conocidos y expertos en música. Nos van narrando tanto la biografía
de Bola como su forma de ser, que para mi era fundamental para que
él cantara y compusiera como lo hizo. Empieza con una secuencia que
llamamos "la muerte del héroe", que es su multitudinario entierro en
Guanabacoa. Luego empezamos a contar su historia desde el principio
hasta que llega la revolución. Bola se adscribe a esa primera
revolución que era todavía vibrante e ilusionaba a la gente, y que
es la única que él conoció debido a su muerte en el año 1971. A
partir de ahí comenzamos a referirnos a otros elementos como son su
condición de negro en una Cuba que había postergado a los negros y
que seguía postergándolos; a su condición de homosexual en una Cuba
que siempre fue muy contraria a eso, e incluso la revolución en sus
primeros tiempos también lo fue. Él navegaba en ese mundo con una
cierta soltura y acabó siendo un artista importante en la época de
Batista y posteriormente en la de la revolución. Me parece
fascinante cómo ese personaje consiguió sobrellevar y sortear todas
esas dificultades.
Algunos creen que siendo más o menos
excéntrico, como su coterránea La Lupe, corrió mejor suerte que ella
en sus relaciones con el naciente régimen...
La Lupe era maravillosa como intérprete por el
desgarro de sus canciones, que se parece mucho al del Bola. Pero
Bola la supera en el estudio y la investigación profunda sobre la
música cubana. Nos decía Helio Orovio —y yo creo que es cierto—, que
Bola era precursor del mambo antes que Pérez Prado. Fue también
precursor del feeling. Algunos lo han identificado con el feeling,
pero Bola es anterior al feeling. La propia Marta Valdés se niega
categóricamente a que se le incluya en ese movimiento. Él es el
precursor internacional de canciones tan conocidas como La flor de
la canela y La vie en rose... Bola es mucho Bola. Es un icono
absoluto. Edith Piaff decía que nadie cantaba La vie en rose como
Bola. Chabuca Granda le tenía absoluta pasión, y la interpretación
que él hace —amanerada como dice Orovio, u homosexual como digo yo—
de La flor de la canela, es genial. En ese sentido es único, y yo
creo que Latinoamérica lo considera así. Lógicamente, yo creo que
Bola fue mucho más amoldado que La Lupe. Fue un "seguidista", una
especie de abanderado de la revolución. Viajaba por todo el mundo:
en Rusia cantó en ruso y en China en chino, tenía fotos con Mao. Él
era un pro-revolucionario muy declarado, y de hecho, su enemistad
con Reinaldo Arenas vino de ahí. Arenas empezó siendo su amigo, pero
luego acusó a Bola de ser "el calesero del Partido". Bola se
declaraba marxista, fidelista y yoruba, o sea que era una cosa
tremenda. Yo creo que eso se entiende porque vivió los primeros años
de la revolución, en aquel mundo idílico en el que de pronto los
negros pensaron que iban a ser felices y a cambiar su estatus; los
homosexuales —seguramente— pensaron lo mismo. Él vivía prácticamente
en una especie de nube, donde se codeaba con Fidel y con todos los
artistas internacionales que iban a Cuba. En cambio, La Lupe venía
del mundo de la calle, de los patios, de los solares, y cantaba lo
que vivía. Pero Bola no vivía en ese mundo, Bola era "del mundo de
los VIPs".
¿En qué testimonios se basó para armar el
documental?
Hay mucha gente interesante. Sobre todo hay muchas
entrevistas radiofónicas con Bola en Perú, México y Cuba. Participa
Helio Orovio, para mi un musicólogo maravilloso, un personaje
estupendo que conoce la música cubana al dedillo desde lo afrocubano
hasta el rap, absolutamente todo. También Luis Carbonell, que fue
amigo de Bola; una señora de la canción cubana como Esther Borja y
el músico y folclorista Lázaro Ros. Entre los mexicanos está Vicente
Garrido, y de España Santiago Auserón, que ha trabajado mucho con la
música de Cuba. Luego hay un personaje que ya forma parte de lo
privado que se llama Israel. Era el maître del Monsignor, lo que se
llamó el Ché Bola en un momento determinado. Era un amigo muy íntimo
y especial para Bola, y forma parte del hilo narrativo de la segunda
mitad del documental.
En cuanto a los archivos de imágenes nos hemos
quedado absolutamente sorprendidos, porque yo nunca había visto a
Bola de Nieve. Yo creo que casi nadie aquí lo había visto. Lo
comentaba incluso con Joaquín Sabina, que solo lo conocía a través
de fotografías. Yo empecé a investigar en el archivo del ICAIC y
encontré unos fragmentos breves que venían de la maravillosa
película Nosotros la música, de Rogelio París. Eso era lo que había.
Pero encontré en la televisión cubana muchos archivos, incluso
algunos inéditos. Investigué en la filmografía en la que aparecía
Bola y encontré siete películas, tres de ellas en México, una en
Brasil y otras tres en Argentina. Encontramos un material de
muchísima calidad.
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