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Nace una
estrella
En 1933, en el legendario Teatro Politeama de la ciudad de México, un joven
cantante de 22 años era "empujado'' a enfrentar, por primera vez como solista,
a un público formado por cuatro mil personas. Enfundado en un elegante frac y
sentado frente a un majestuoso piano de cola, no estaba del todo convencido de
aquella presentación, ya que le habían propuesto que sustituyera a la actriz
principal debido a una indisposición. En un primer momento la negativa fue
rotunda, pero la insistencia de empresarios, amigos y artistas hizo que al fin
aceptara.
Aquella noche, "el decir'' de sus canciones y su refinamiento para tocar el
piano provocaron que el público lo aceptara incondicionalmente. Aquel joven
debutante era el cubano Ignacio Villa y Fernández, mejor conocido por su
sobrenombre: Bola de Nieve, y la artista a quien sustituyó era su paisana, la
excelsa Rita Montaner.
A pesar de que existen múltiples crónicas y testimonios sobre este hecho
artístico, Bola de Nieve, en su última entrevista antes de morir, comentaba:
"La cosa fue así: dos compañeros con los que trabajaba en la revista teatral me
dijeron: `¿Por qué no haces para el público eso que haces para jugar y
divertirnos a nosotros? Debes hacerlo en el escenario para que el empresario te
vea.' Y lo hice y gustó.'' Como sea, a partir de aquel momento empezaría a
brillar un artista que en poco tiempo iba a ser admirado a nivel mundial.
Los orígenes
La forma en que Bola de Nieve dice sus canciones,
"a media voz, casi
recitadas -afirma Nicolás Guillén-, dejándolas escapar en el aire de la sala
absorta'', no es un simple capricho personal, ni un recurso fácil para enganchar
a la audiencia. Desde que nació, el gran Bola escuchaba canciones, decires y
narraciones de su madre, negra cuentera, mujer lúdica y apasionada, capaz de
bailar noches enteras las rumbas de cajón y los toques africanos como el
Yemayá.
Alejo Carpentier dice que el arte de Bola de Nieve está "nutrido de esencias
cubanas, de sensibilidades nuestras''.
Ignacio Jacinto Villa y Fernández nació en Villa
Guanabacoa, La Habana, el 11
de septiembre de 1911. Otra mujer, aparte de su madre, sería determinante en su
preparación artística y cultural: la tía Tomasa, Mamaquica. Gracias a ella pudo
realizar sus primeros estudios (en 1927 terminó su carrera de maestro
normalista) e iniciar, a los doce años, cursos de solfeo y teoría de la música.
Años después, comenzó su aprendizaje del piano en el conservatorio José
Marteu.
Alguna vez aseveró que de María Cervantes obtuvo los aires románticos derivados
de Manuel Saumell e Ignacio Cervantes y otros talentosos compositores cubanos
del siglo XIX.
El objetivo de Bola a nivel académico era ingresar a la Universidad de La
Habana para estudiar pedagogía, pero: "vino una revuelta en Cuba. Fue en la
época de Machado y yo tocaba el piano; sabía música, tenía conceptos o nociones
de lo que era hacer música popular, que es lo que sigo haciendo. Pero entonces
tenía que trabajar para comer y me dediqué a tocar el piano en un cine''.
Posteriormente, se unió a la orquesta de Gilberto Valdez en el cabaret La
Verbena. A inicios de los treinta, en una velada en el bar del Hotel Sevilla
Biltmore, Rita Montaner quedó atrapada por su forma de tocar el piano y le
propuso trabajar con ella. Bola no lo pensó dos veces y en 1933 realizó su
primer viaje a México. ƒl mismo refiere así este encuentro: "En eso tuve la
suerte de conocer a una de nuestras más notables personalidades del teatro de
aquella época. Se llamaba Rita Montaner, a la que le hizo mucha gracia verme
rapada la cabeza, [...] rapada a navaja. Rita me dijo en público Bola de
Nieve y esto hizo mucha gracia. Fue suficiente para que nadie más me dijera
por mi nombre. Fui acompañante de Rita Montaner porque no había otro que lo
hiciera en ese momento, sin ninguna idea de que fuera a ser solista ni mucho
menos. Todo eso sin que nadie me conociera, sin saber si era bueno, malo,
regular, si era artista o no. Era el pianista de Rita Montaner, única y
exclusivamente.''
Su voz de manguero
Después de aquella memorable noche en el Teatro
Politeama, la fama y la
carrera artística corrieron de la mano y su popularidad fue creciendo, ahora sí,
como una verdadera bola de nieve. Actuó en innumerables teatros y cabarets de la
capital mexicana, entre ellos el Lírico, el Teatro Principal y el Cine Máximo.
En este último actuó por primera vez con Ernesto Lecuona, oriundo, igual que el
propio Bola, de Guanabacoa. "Allá por el año 1933, conocí a Ernesto Lecuona, el
autor de `Siboney', `Andalucía', `Malagueña' y tantas otras. Le gustó cómo yo
actuaba, decidió ir todas las noches a donde yo trabajaba y me habló para
traerme a Cuba, porque en Cuba nadie me conocía. [...] Yo había nacido al teatro
en los escenarios de México hacía como tres años. Llegué a Cuba y debuté, y me
tocó la suerte de que no me tiraran hollejos de naranja, ni piedras, ni nada: me
aguantaron. Yo seguí abusando de la gente y hasta ahora estoy trabajando en
eso.''
En el Teatro Principal de La Habana, Lecuona y Bola ejecutaron a dos pianos
afamadas composiciones del primero, como "El cabildo de María la O'' y "Como
arrullo de palmas''. En 1936, como integrante del elenco de Lecuona, Bola viajó
a la Argentina, donde cantó y tocó en teatros, cabarets y su voz se escuchó en
la radio bonaerense.
De nuevo en Cuba, en la ciudad de Matanzas, Bola de Nieve presentó un recital
compuesto exclusivamente por sus canciones. De sus obras, "Drumi Mobilá'' y "Carlota
Ta'Mori'' son llamadas por la crítica "ejemplos de la música de
vanguardia de la época''. A mediados de los años cuarenta, Bola de Nieve era
considerado en Latinoamérica uno de los artistas cubanos más distinguidos y sus
conciertos se daban en los espacios reservados para los grandes artistas, como
el Conservatorio Nacional de Buenos Aires y otras salas selectas.
No le gustaba que lo llamaran compositor, ni cantante:
"No me creo que soy
alguien para tocar la campanilla del éxito como compositor. Creo que la palabra
compositor es demasiado seria y demasiado respetable. Yo he hecho
cancioncitas... Si hubiera tenido voz habría cantado en serio; me hubiera
gustado cantar ópera, pero tengo voz de vendedor de mangos, voz de manguero,
tengo voz de vendedor de duraznos, de ciruelos; entonces, me resigné con vender
ciruelas en el escenario, sentado en el piano.''
Resulta imposible hablar de todos los éxitos en la carrera artística de Bola
de Nieve, he aquí sólo algunos.
1937. Viaja a Chile, Perú y por segunda ocasión a Argentina.
1947. Junto con la compañía de Conchita
Piquer, canta por toda España.
1948. En el Café Society de Filadelfia, alterna con renombrados cantantes:
Teddy Wilson, Art Dayton, Lena Horne y el notable músico Paul Robeson.
1948. En el mes de noviembre, en el Carnegie Hall de Nueva
York, ofreció un
insuperable concierto. Al día siguiente, el New York Times lo comparó con
el francés Maurice Chevalier y con Nat King Cole. En aquella helada noche, Bola
tuvo que salir nueve veces al escenario para agradecer los aplausos.
1950. En la radio Cubana CMQ, Bola iniciaría su programa Gran Show de Bola
de Nieve, donde cantaba, dirigía una orquesta e invitaba a artistas cubanos
y de otros países.
1950 a 1958. Viajó a Francia, Dinamarca, España, Inglaterra, México y Estados
Unidos.
1956. En un recital en Washington, la prensa lo nombraría
"Maestro de la
canción cubana''. Para Bola, este acontecimiento significó un parteaguas en su
carrera como concertista. De aquí en adelante sus conciertos fueron preparados
con una disciplina y rigor excepcionales.
Con el triunfo de la Revolución Cubana, Bola de Nieve viajó a la Unión
Soviética y a casi todos los países de la Europa del Este.
1964. A partir de este año, fue contratado para actuar periódicamente en el
restaurante Cardini Internacional de la ciudad de México. "Oiga usted, no cabía
un solo alfiler'', diría nuestro inolvidable Paco Malgesto, refiriéndose a las
multitudes que frecuentaban el cabaret cuando Bola cantaba.
1965. Un antiguo restaurante cubano, el
Monseigneur, fue restaurado y se
convirtió en el Chez Bola. Ahí Bola cantaba y departía con el público.
1971. El 20 de agosto actuó en el Teatro Amadeo Roldán, en un homenaje a Rita
Montaner. Fue su última presentación en un teatro.
1971. En octubre fue invitado a Lima, Perú, con escala en México. Bola nunca
llegaría a cumplir este contrato.
La discografía
En 1953 apareció el primer disco de Bola de Nieve, bajo la firma de RCA
Víctor Mexicana. Aquel LP contenía canciones suyas y composiciones de Vicente
Garrido, Adolfo Guzmán, María Grever, con la orquesta y arreglos de José Sabre
Marroquín.
A finales de los años cincuenta, durante una gira por varias ciudades de
Europa, el sello discográfico español Montanilla le propone una grabación
conformada exclusivamente por compositores cubanos. Este segundo LP permitió
conocer la cubanía de Bola de Nieve en todo su esplendor. En los años sesenta
aparecieron varias grabaciones en su natal Cuba con las firmas Egrem y RCA
Victor Cubana.
A inicios de los setenta, circuló en el mercado mexicano el disco El
inolvidable Bola de Nieve, marca Regis. El dato curioso de este disco es la
interpretación que hace de la canción "Es tan difícil'', de John Lennon.
Una compañía discográfica mexicana, Discos Fotón, realizó en 1980 los discos
LP (y casets) Bola de Nieve 1 y Bola de Nieve 2. El productor
Modesto López, de origen argentino y nacionalizado mexicano, se encargó de toda
la investigación y viajó a Cuba para conseguir las cintas originales. Ediciones
Pentagrama acaba de reeditar, ahora en compactos, los dos discos que produjo
Fotón. En estas grabaciones aparecen dos canciones que no estaban en los discos
anteriores, una portada ilustrada por îscar Castro y una nueva selección
fotográfica.
Embajador
artístico de la Revolución
El poeta, dramaturgo y novelista cubano Reinaldo Arenas -crítico acérrimo de
la Revolución castrista, encarcelado en varias ocasiones por "inadaptación
social'' y exiliado en Nueva York, donde falleció en 1990-, en su novela
Viaje a La Habana, se refiere a Bola de Nieve en tono burlón e
irreverente. En ella, Arenas despedaza mitos y personajes de la revolución. Lo
mismo se burla de la Orquesta Aragón que de la "jerga africana'' y todo lo
relacionado con la "isla maldita''. Bola de Nieve no escapó a su virulenta
crítica, Arenas lo llamó "El calesero del Partido''.
Sin embargo, la apreciación del escritor es injusta y desproporcionada. Antes
de la revolución, Bola de Nieve era tal vez el artista cubano más reconocido
fuera de su patria. Podía haber amasado una considerable fortuna si se lo
hubiera propuesto, pues le llovían contratos en todo el mundo y algunos muy
tentadores. Al tomar los revolucionarios el poder, Bola prefirió estar al lado
de los suyos y "quedarse'' en la isla.
Bola de Nieve era un artista audaz e intuitivo. Cuando hablaba de la
Revolución, sus palabras eran mesuradas, discretas y nada panfletarias; además,
algo aparentemente inadmisible para los revolucionarios, era homosexual. A lo
largo de su carrera, había logrado un reconocimiento internacional y la
Revolución supo utilizarlo como su "embajador artístico''. Bola aceptó "la
distinción'' y la manejó de una manera inteligente y en favor, eso sí, de la
música y del arte cubanos. A pesar de múltiples obstáculos, pudo no sólo
mantener sino aumentar su prestigio, y logró crear espacios de privacídad tanto en
su vida artística como en su vida personal, hasta el día de su muerte. Por el
año 1964, se iniciaron las primeras persecuciones y redadas masivas contra los
homosexuales en la isla. No sólo Bola de Nieve sino también muchos otros
artistas e intelectuales cubanos callaron, y sólo más tarde algunas voces
aisladas denunciaron estos acontecimientos.
"Bola de Nieve era el único artista acerca del cual los intelectuales se
ponían de acuerdo. Otros son discutidos, impugnados o, por el contrario,
elevados en Zócalos. Bola de Nieve, en cambio, es el hombre a quien todos tienen
en su justo lugar, reconociendo que en él, la gracia desenfadada de la persona
se empareja con una auténtica musicalidad. Nos pone a todos de acuerdo,
evidentemente. Pero ha tenido, por encima de esto, el talento necesario para
ponerse de acuerdo con todos los públicos del mundo'', escribió Alejo
Carpentier.
Bola de Nieve falleció, debido a complicaciones cardiacas producto de un
viejo padecimiento diabético, el 2 de octubre de 1971, en el mismo país que lo
vio nacer y lo impulsó artísticamente: México. Ignacio Jacinto, a lo largo de
toda su vida, fue simplemente Bola de Nieve.
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