1883 - 1942  

APUNTES  BIOGRÁFICOS  

 

1883.-   Porfirio Barba Jacob (seudónimo de Miguel Ángel Osorio Benítez) nació el 29 de julio de 1883 en Santa Rosa de Osos y murió tuberculoso en Ciudad de México, el 14 de enero de 1942. Hijo de Antonio María Osorio y Pastora Benítez, se crió con sus abuelos en Angostura y en 1895 inició su peregrinaje, que lo llevo por varias ciudades del país y, a partir de 1907, a Centroamérica y Estados Unidos.(1)(2)  

 

Realizó sus primeros estudios en Angostura, donde destacó por su mal comportamiento. Tiempo después viajó a Bogotá en busca de sus padres pero no lo recibieron con agrado y regresó con sus abuelos quienes lo enviaron con unos tíos. (2)  

 

Durante sus primeros años de vida en Santa Rosa de Osos, se sabe de la deficiente instrucción que tuvo al lado de sus abuelos paternos ya que " el niño Miguel Angel, tan raro y tan amante, no gustaba del hogar ni de la escuela, y prefería irse por los campos llenos de brisas, aromas y susurros, y de luces armoniosas". 

 

De 1889 a 1895 Miguel Angel hizo sus primeros estudios en las escuelas públicas de Angostura, sobresaliendo entre sus condiscípulos por su desaplicación y falta de compostura. La rebeldía se manifestó en el desde la infancia, una arisca independencia que habría de acentuarse mas tarde con caracteres implacables hasta su día final.

 

Ingresó a la Escuela Normal, pero abandonó la institución e ingresó en la carrera de Derecho que también abandonaría.(2)  

Miguel Ángel Osorio Benítez,  también firmó como 'Maín Ximénez' y 'Ricardo Arenales'.

Su vida bohemia y errante lo llevó a diversos países, y en particular a México, donde ejerció el periodismo durante muchos años. Megalómano y contradictorio, siempre propenso al escándalo, enriqueció la leyenda sobre su extravagante persona con una producción poética peculiar, casi toda escrita entre 1907 y 1925, en la que se mostró delirante y desesperado, pero capaz de conciliar sus inquietudes existenciales con una expresión depurada.

Así recuperó a su manera las aportaciones de los poetas "malditos" del siglo XIX, románticos y simbolistas, con lo que perpetuaba algunas orientaciones del modernismo hispanoamericano y anunciaba otras, que una vanguardia renovada pondría poco después en circulación. Canciones y elegías (1932) y Rosas negras (1933) fueron las primeras recopilaciones de su obra, realizadas por el escritor guatemalteco Rafael Arévalo Martínez. Había sido incluido en la Antología de la poesía mexicana moderna (1928) preparada por el poeta Jorge Cuesta. La realización más completa de sus obras es la realizada en 1985 por Fernando Vallejo con el título de Poemas.

Al terminar 1895, muchacho ya de 12 anos, resolvió viajar a la capital del país, a conocer a sus padres, y realizó aquel viaje, feliz en la esperanza de mejores días. ¡ Que desilusión ¡ De sus dos anos de permanencia en Bogotá tuvo siempre un ingrato recuerdo. 

 

1897. - Con el espíritu afectado por el desafecto de sus padres, el niño de 14 anos regresó a Antioquia en 1897, a su querida Angostura al lado de sus abuelos. Con ellos vivió unos meses, ya un poco inconforme en la monotonía de aquel ambiente. Sus abuelos decidieron enviarlo a Medellín a casa de sus tíos, donde comenzaría sus estudios en la Escuela Normal y donde escribiría sus primeros versos, sin embargo, a los pocos meses abandonó sus estudios en la Escuela Normal, volvió a Angostura a la casa de sus abuelos, y viajó luego a Bogotá, con el ánimo al parecer resuelto de hacer estudios de Derecho, los cuales abandonaría poco tiempo después.

 

Miguel Angel, regresó de nuevo a Angostura, y tomó el puesto de ayudante en la escuela del pueblo hasta que estalló la última Guerra Civil de los Colombianos, hacia 1901 fue reclutado y puesto al servicio del Gobierno Conservador., sin presenciar siquiera una sola batalla en la que él se hubiera muerto de miedo, según su propio decir. Terminada la guerra, volvió como maestro a su pueblo, pero su falta de paciencia lo obligó a abandonar su nuevo empleo

 

1902.- Fundó en Bogotá, el periódico literario El Cancionero Antioqueño, que dirigió como Marín Jiménez, escribió la novela Virginia que nunca vio la luz pues los originales fueron incautados por el alcalde de Santa Rosa por 'inmoral'.(1)  

En 1906 con su único amor perdido y con su abuela muerta, se traslado a Barranquilla donde permaneció varios meses e ingresó al círculo literario que presidía Leopoldo de la Rosa y otros jóvenes poetas; " en aquel grupo, palpitante de ilusión... leía yo a Darío y a Valencia, a Darío y a Emerson, a Valencia y a Guyau, a Darío y a Renán, a Valencia y a Cervantes, a Darío y a Carlos Marx, a Valencia y a Edgar Quinet...Efluvios de rosas de filosofía, de poesía, de pintura, de astronomía..." (La Divina Tragedia).

Allí, en Barranquilla, adoptó su segundo seudónimo de Ricardo Arenales y escribió sus primeros poemas entre los que destacan Arbol Viejo (el árbol que sombrea la llanura), la Parábola del retorno, La Tristeza del Camino, Campiña Florida y otros, donde se advierten ya las tónicas fundamentales de su estilo : su preferencia por el endecasílabo, la musicalidad de sus versos y su atávica melancolía.

 

1906-1907.- En Barranquilla, escribió sus primeros poemas que hicieron parte de Campiña Florida (1907) donde apareció su más conocido poema Parábola de la Vida Profunda. (1)

 

Adoptó el sobrenombre de Ricardo Arenales, que usó hasta 1922, cuando en Guatemala, lo cambió por Barba Jacob que conservó hasta su muerte.(1)

 

Utilizó otros seudónimos: Juan Sin Miedo, Juan Sin Tierra, Juan Azteca, Junius Cálifax, Almafuerte, El Corresponsal Viajero, El Príncipe Sombrío y otros más.(1)(2)

 

1908.- Llegó a Monterrey apoyado por Alfonso Reyes y un año después ingresó en “El Espectador”.(2)

 

1910.- Fue encarcelado por sus ideas políticas y clausurado “El Espectador”.(2)

 

1915.- Huyó de Guatemala a Cuba por desacuerdo con Manuel Estrada Cabrera.(1)

 

1917.- Se registró el más fuerte terremoto en la historia reciente de El Salvador. Por casualidad Porfirio Barba Jacob estaba por allí, y es su pluma la que nos relata los días posteriores a la tragedia.(3)Porfirio Barba

 

1918.- Regresó a México y vivió en Ciudad Juárez, El Paso y San Antonio, donde se dice que escribió una perdida biografía de Pancho Villa.(1)

 

1919.- Enero 31. Fundó junto con Don Jesús Cantú Leal, el periódico El Porvenir, en Monterrey, México.(1)

 

1922.- Fue expulsado por Obregón y tuvo que radicar en Guatemala.(1)

 

1924.- Fue expulsado de Guatemala por el General Ubico. Llegó a El Salvador y fue deportado por el presidente Quiñones. Después vivió como cura en Honduras, luego en Nueva Orleans, Cuba y luego dirigió la Prensa de Lima. (1)(2)

 

1927.- Regresó a Colombia; tras unos recitales y trabajar en El Espectador, se marchó para no volver. Después en Cuba conoció a Federico García Lorca.(1)

 

1930.- Radicó definitivamente en México y publicó durante varios años en el periódico Excélsior su columna “Perifonemas”.(2)

 

1942.- Enero 14. Murió de tuberculosis en la Ciudad de México.(1)

 

1946.- Sus restos fueron reclamados por su natal Colombia. (2)

 

1946. Enero 16. Realiza su último viaje cuando sus restos son trasladados a Colombia, siendo depositado en una ceremonia solemne en la Rotonda de los Hombres Ilustres de ese país. (1)(2)

Su vida siempre estuvo llena de inquietudes, de anécdotas y de extravagancias, que fueron informadas por los periódicos de la época ; y de dolor, sufrimiento y ternura expresados en sus poemas. Su existencia compleja se teje con supersticiones y leyendas, pero también, como oprobio y miseria, lo mismo que con mimos y escarnios ; vivió como dice Arqueles Vela, " como un personaje", siempre conturbado por una idea, por una amor o por un verso, " y supo cosas lúgubres, tan hondas y letales, que nunca humana lira jamás esclareció". Fue un hombre siempre lleno de sueños y de ideales, que supo vivir con plenitud y sin amargura esos sueños y esos ideales lo mismo cuando lo llevaron al fracaso y a la desilusión, que cuando lo condujeron a la fama.

El recuerdo, que aún hoy, se tiene de este hombre genial es más anecdótico que fundado en un análisis crítico de su obra. Se le evoca apenas como autor de La Canción de la Vida Profunda, pero más como protagonista de los sucesos del Palacio de la Nunciatura. Y pasan olvidados los versos de Acuarimántima en tanto se sacan a la luz sus dificultades con Leopoldo de la Rosa y con Rafael Arévalo Martínez. Se le considera menos importante como autor de los versos de Lamentación de Octubre que como enfermo incurable y vicioso. Y todavía exalta más el valor de su pluma combativa y doble, que su capacidad de escribir versos llenos de emociones recónditas.

Porfirio Barba Jacob, es el Príncipe Sombrío, el Poeta Maldito, Desorbitado y Trashumante, es el poeta del dolor y de la angustia, el Sacerdote de la Rima, el cual se debe conocer por sus obra misma, no es preciso conocer su vida para comprenderlo, pues en el, Poesía y Vida se unen, se complementan y se confunden en tal forma que una es a la otra, lo que el rostro a la imagen reflejada en un espejo.

Del niño Miguel Angel Osorio, Benitez, no queda ni un recuerdo, Maín Ximenes ya esta muerto, pero seguramente vive en su nebúlea, azulina, Acuarimántima. Ricardo Arenales ya está muerto, pero viril y enhiesto palpita en Churubusco ; Porfirio Barba Jacob, cuyas cenizas están en Colombia, está presente, todavía hoy, diciéndonos sus versos

 


 

 

 

Fuentes:  

 

(1)   Alarcón,Justo. “Porfirio Barba Jacob”,  http://www.freeweb.pdq.net/heron5/f/biobarba.htm

 

(2)   De la Fuente, Daniel. “El hechizo de Porfirio Barba Jacob”, El Norte, Sección Vida! Monterrey, 14 de enero, 2002.

 

(3)   http://www.cromos.com.co/4346/libros.htm

 

 

 

 

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Porfirio Barba Jacob y los hechizados    

por Miguel Huezo Mixco


"Mi poesía es para hechizados", afirmaba uno de los muchos que fue Porfirio Barba Jacob. "Era amoral como un caballo y se dejaba montar por cualquier espíritu"; estas escasas pero exactas palabras del guatemalteco Rafael Arévalo Martínez trazan el agudo retrato de Miguel Ángel Osorio Benítez "en su primera transfiguración", nacido en Santa Rosa de Osos, Colombia, en 1883.

El poeta y escritor salvadoreño Miguel Huezo nos entrega aquí una sonriente y afectuosa remembranza del torturado y excelso Barba Jacob a propósito de la reedición de su libro El terremoto de San Salvador en aquellas tierras. Huezo nos perfila la pequeña y extravagante corte que lo acompañó bajo un ?clima de frenesí artístico y personal [por el] espeso clima autoritario que imperaba en la Centroamérica de las primeras décadas del siglo XX?. 

La personalidad legendaria de Porfirio Barba Jacob, nombre con el que pasó a la posteridad el antioqueño Miguel Ángel Osorio Benítez, ha sobrevivido a la desolación de la muerte. Lo prueba la puesta en circulación en la capital salvadoreña de El terremoto de San Salvador, una de sus obras menos conocidas, publicada originalmente por entregas en el Diario del Salvador inmediatamente después de aquel siniestro que desplomó la ciudad el jueves de Corpus del año 1917. Con este motivo, su nombre ha vuelto a recordarse en una ciudad muy diferente a la que él conoció, pero cuya sociedad quizá sigue siendo tan intolerante y autodestructiva como la de aquellos años.

Fue la suya una existencia multiforme en la cual todo pareció marcado por la embriaguez y el hastío, el exhibicionismo y una singular conciencia de libertad personal. Homosexual confeso, aficionado al alcohol y la hierba, nació en Santa Rosa de Osos, Colombia, en el año de 1883. Abandonó su tierra natal cuando era un adolescente, emprendiendo un largo exilio del que sólo volvería a Colombia de manera definitiva convertido en un puñado de cenizas.

Extravagante y extraño, ángel y demonio a la vez, manipulador de almas, oficiante de cultos ancestrales, así lo vio el guatemalteco Rafael Arévalo Martínez. "Yo comprendí ?escribe?, asomándome al pozo del señor de Aretal, que éste era un mensajero divino. Traía un mensaje a la humanidad: el mensaje humano, que es el más valioso de todos. Pero era un mensajero inconsciente. Prodigaba el bien y no lo tenía consigo" [?] "Era amoral como un caballo y se dejaba montar por cualquier espíritu." El enigmático señor de Aretal no era otro más que Barba Jacob.

La publicación de aquel retrato despertó en Barba Jacob una furiosa respuesta. Años después, al escribir la biografía de su padre, Teresa Arévalo recordó: "¡Era fácil de figurar en qué términos hirientes estaría compuesta! [?] Anunciaba en su escrito con una prosa afilada y sarcástica, el triple fracaso de mi padre: en el hogar, en la literatura y en la vida, comparándolo a una vulpeja con hambre."

Pese a su grosera inconformidad, aquel retrato publicado bajo el título "El hombre que parecía un caballo", posiblemente constituye la mejor aproximación a su alma torturada y excelsa.

Barba Jacob, pues, no era uno sino dos, o muchos. Así lo capta con singular pulso su paisano Fernando Vallejo en "El mensajero" (Vallejo es biógrafo también del poeta José Asunción Silva), quien desde su exilio voluntario en la Ciudad de México, ha reconstruido el periplo de Barba Jacob en su travesía más intrincada que una manguera de jardín. De un jardín, sí, de flores embriagantes y mortíferas: rosas negras, como tituló uno de sus libros. "Hay que desentrañar mi poesía en la complejidad de sus emociones y no de sus pensamientos. Mi poesía es para hechizados", escribió.

Dos hechizados

La publicación de El terremoto de San Salvador coincide con el centenario del nacimiento de uno de los artistas salvadoreños más sobresalientes en el siglo xx, Toño Salazar, quien alguna vez formó parte de la conspicua corte de los seguidores del bardo colombiano. Y con él, otro salvadoreño: el poeta Juan Cotto. Los episodios de la amistad de Barba Jacob y estos dos salvadoreños nos reflejan el clima de frenesí artístico y personal que se construyó en medio del espeso clima autoritario que imperaba en la Centroamérica de las primeras décadas del siglo.

En su autobiografía Las noches en el Palacio de la Nunciatura, publicada en Guatemala en 1927, Arévalo Martínez refiere la presencia de un ser insólito que se hacía llamar José Meruenda, pero cuyo nombre verdadero era Juan Cotto. Arévalo Martínez lo recibió en su casa con las atenciones correspondientes a una familia católica y conservadora. "Poco después supo mi papá, con susto, que era homosexual y ladronzuelo y, al parecer, poseído por malos espíritus", cuenta Teresa Arévalo.

El mismo Barba Jacob escribió que Cotto "vestía con el ropaje de la infantilidad más encantadora un egoísmo bajo y feroz; no mal proporcionado; blanducho aunque parecía rollizo, y la boca sin dientes, por donde brotaban latines eclesiásticos en medio de un loco júbilo animal". 

El único libro de poemas de Cotto, Cantos de la tierra prometida, publicado en San Salvador en 1955 por Ricardo Trigueros de León, apareció antes en México y fue prologado por José Vasconcelos, el flamante secretario de Educación posrevolucionario. El dramaturgo guatemalteco Manuel José Arce y Valladares, si bien no duda de las trapacerías de Cotto, arguye en su defensa que "la maledicencia literaria ha pesquisado con sobra de curiosidad en las vidas más ilustres ?a veces siguiendo pistas falsas? para establecer desniveles hormónicos".

El compañero de habitación de aquella belleza era  Toño Salazar, quien años más tarde sería expulsado de Argentina por Perón a causa de sus cartones políticos.

Hay testimonios que asocian a Barba Jacob y a Salazar en un curioso enredo con el secretario Vasconcelos. Fernando Vallejo lo ha desenmarañado en una verdadera pesquisa detectivesca. Barba Jacob, quien por entonces usaba el seudónimo de Ricardo Arenales, había publicado unos venenosos editoriales contra su benefactor Vasconcelos. 

Éste, indignado, en compañía de otros funcionarios fue a buscarle al cuarto donde se hospedaba para reclamarle. Le encontró en ropas menores acompañado de un jovencito a quien Barba Jacob habría dicho: "¡Mira quién viene! ¡El dictador de la cultura en México!" Y dicho esto, sacó a Vasconcelos en medio de improperios. Aquel muchacho en pelotas era Toño Salazar. Se habían conocido en el Hotel Nuevo Mundo de San Salvador cuando Salazar era el jovencito "pechito y endeble" que Arturo Ambrogi empujó a irse del país. 

Se reencontraron en México, donde se hicieron íntimos. Barba Jacob llegó a querer entrañablemente a Salazar; de acuerdo con los papeles de Vallejo, alguna vez habría escrito a Salazar: "Adiós amigo; un poco más lejos geográficamente, pero siempre en el primer puesto en mi corazón entre mis amigos." Volvieron a separarse cuando el poeta fue expulsado de México a Guatemala; sus caminos se cruzaron doce años más tarde, en México otra vez, cuando Salazar volvía a Europa y Estados Unidos cubierto de gloria. Pero ya estaban distantes. Para apoyar sus pesquisas, Vallejo vino hasta Santa Tecla a encontrarse con un Toño Salazar aburguesado y bien casado (con una salvadoreña adinerada nacida en Londres, y no con una francesa, como se equivoca Vallejo), que seguía refiriéndose al colombiano como Ricardo. "Yo fui amigo de Ricardo Arenales, no de Barba Jacob", escribió, en una carta aún inédita, Salazar a Rafael Heliodoro Valle.

Los cambios de seudónimo de Barba Jacob no eran caprichosos. Obedecían, si se me permite la expresión, a una especie de transfiguraciones. En Nicaragua, a donde llegó sin un centavo, le preguntaron cómo era que había dejado de ser Ricardo Arenales para convertirse en Porfirio Barba Jacob. Respondió: "El acero de mi voluntad asesinó mi propio yo [?[ Lo formé como se forma el protagonista de una novela. Lo dediqué a nuevas actividades y hasta concebí para él nuevos vicios. Lo único que no pude dejar de ser fue poeta."

Dejó de serlo, en efecto, hasta el 14 de enero de 1942, a los cincuenta y nueve años, en la Ciudad de México, cuando aquejado por la tuberculosis y la pobreza, la parca lo alcanzó en el último de los cuartuchos donde celebró sus esponsales de vida, llevándolo a sus abismos infinitos en un par de alas extrañas.

 

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