1916  -  1997

 

 

RETRATO DE GASTÓN BAQUERO

por Pío E. Serrano

 

Gastón Baquero (Banes, Cuba, 1918-Madrid, 1997), aunque graduado de Ingeniería Agrícola, profesión que nunca ejerció, se vincula desde fecha muy temprana a la actividad literaria y periodística. A finales de la década del treinta, los restos del postmodernismo poético y el tímido movimiento vanguardista cubano mostraban los signos de una retórica fatigada a la que un grupo de jóvenes creadores quisieron dar respuesta. Nace Baquero, pues, a la poesía cubana en ese instante señalado por José Lezama Lima como "estado de concurrencia poética", y que habría de alcanzar el más alto momento de las letras cubanas en el siglo que termina. Es el inicio de un puñado de revistas literarias que precederían a la que daría señas de identidad al grupo, Orígenes (1944-1956). Salvo en la revista Nadie parecía (1942-1944), Baquero colabora y alienta, junto a Lezama Lima, Verbum (1937), Espuela de plata (1939-1941), Clavileño (1942-1944) y, junto a Virgilio Piñera, Poeta (1942-1943). En este contexto aparece el primer y único libro publicado por Baquero en Cuba, Poemas (1942), una edición de cien ejemplares.

Bastó la aparición de su primer libro para que Baquero se situara entre los autores esenciales de la poesía cubana. Gastón Baquero pertenece a esa rara minoría de poetas que, como Rimbaud y Eliot, desde sus entregas inaugurales se revelan suficientes.

Poemas como "Palabras escritas en la arena por un inocente", "Saúl sobre su espada", "Casandra" o "Testamento del pez", permitieron escribir al crítico cubano Cintio Vitier: "Sus poemas llegaban y se establecían en la luz como si siempre hubieran estado ahí, familiares en su secreto y en la grave magnitud". María Zambrano señaló entonces la "suntuosa sensualidad" de aquellos primeros poemas que probaban "que la suntuosa riqueza de la vida, los delirios de la sustancia están primeros que el vacío". Frente a la enigmática propuesta de Lezama Lima, Baquero alzaba su reflexivo y versicular canto, siempre sorprendente por su plenitud y penetración.

Tan temprano como su instalación en la poesía cubana, es su ocultamiento. Pronto Baquero se dedicará plenamente al periodismo y alcanza una poderosa influencia desde la jefatura de redacción del conservador e hispanófilo Diario de la Marina. Desde las páginas del decano de la prensa cubana, Baquero deja una huella, inteligente y aguda, en sus comentarios de actualidad y en algunos de sus más consistentes breves ensayos literarios.

Con el triunfo de la revolución en 1959, Baquero debe marchar al exilio. Instalado en España, recupera la palabra poética y en 1966 aparece Memorial de un testigo, un texto que habría de atraer la atención inmediata de algunos jóvenes poetas españoles, como Francisco Brines y Pere Gimferrer. Lejos de cultivar el desencanto y el resentimiento propios del desterrado, Baquero nos deslumbra por el encantamiento de su lenguaje y la elaboración de sus sorprendentes invenciones que nos lo entregan en una lúdica y maravillosa lucidez expresiva. En 1984 el poeta boliviano Pedro Shimose publicó en Madrid (Instituto de Cooperación Iberoamericana) sus poemas completos, bajo el título de Magias e invenciones, y en 1991 apareció su último libro unitario, Poemas invisibles, sobre el que Luis Antonio de Villena escribió: "Es un conjunto de textos donde la cultura más refinada se alía con el sueño y la fantasía, la invención se mezcla con la música, el versículo se enseñorea y reina, y la metafísica se abraza con la ironía a la par con el escepticismo como de la mano de la pasión".

A pesar de la excelente acogida de su poesía entre los jóvenes poetas españoles (Luis Suñén, Santiago Castelo, Leopoldo Alas y Luis Alberto de Cuenca unen sus nombres a los ya señalados), Baquero debió pagar con el aislamiento su condición de exiliado cubano. Tanto para amplios sectores de la derecha franquista como de la izquierda, Fidel Castro representaba el ajuste de cuenta que la memoria colectiva española tenía pendiente con EE.UU. desde el desastre de 1898. Así las cosas, la llegada a España de Baquero resultó incómoda y, dicho claramente, indeseable. Gracias a su prolongada relación con importantes figuras de la vida política e intelectual española establecida desde el Diario de la Marina, obtuvo trabajo, no sin dificultades, en el Instituto de Cultura Hispánica y posteriormente en la Escuela de Periodismo y en Radio Exterior de España.

Baquero, desde el profundo sentido del pudor que lo habitaba, desde una serena autoestima que renunciaba a cualquier tipo de arrogancia, evitaba cualquier referencia a sus relaciones con sus contemporáneos españoles. Relaciones que sus amigos, por otras instancias, sabíamos insatisfactorias, pero que en los veinte años de trato que tuve con él jamás abrió un resquicio a la confesión amarga o resentida. Ninguneado -según el justo verbo americano- por sus contemporáneos españoles, sí se refería al trato cordial que siempre recibió de José García Nieto, José Hierro y de Gerardo Diego, siendo éste último el único poeta español de relieve que lo invitara a su casa.

Siempre sospeché que la calidad de mestizo pudo ser otro de los motivos del aislamiento en que vivió Baquero sus primeros años madrileños. Algún ingrato alumno suyo de la Escuela de Periodismo y meritorio en la revista Mundo Hispánico, prácticamente en manos de Baquero durante años, cuando lo recuerda en sus crónicas pone por delante, como modificador único, su condición de "mulato". Todavía a la muerte de Baquero, el escribidor comienza su necrológica con el alfilerito de su xenofobia resentida: "Más que de la revolución de Fidel Castro parecía venir de La cabaña del Tío Tom. Era bueno y sabio como el Tío Tom".

Quizá otra razón colaboró al peculiar aislamiento del poeta cubano, un cierto escepticismo que lo mantenía alerta para evitar el entusiasmo indócil o la torpe solemnidad de las imposturas. Desde su casa en la madrileña calle de Antonio Acuña, Baquero parecía contemplar el mundo de las vanidades, el relumbrón circunstancial de los otros, con la dignidad que otorgan la distancia y el decoro del desterrado isleño convertido él mismo en isla.

A partir de la publicación de Magias e invenciones (1984) la soledad de Baquero ya no será la misma. Los jóvenes catedráticos -siempre los jóvenes- de literatura lo buscan para homenajes varios, recibe en su casa a cuantos quieren conocerlo. Pero Gastón no se rinde fácilmente al entusiasmo. Todavía en 1991 titulará su último libro Poemas invisibles; sin embargo, su invisibilidad comienza a desvanecerse levemente. En 1992 recibe el homenaje de la Universidad de Alcalá de Henares y el mismo año es propuesto para el premio de la crítica y para el Reina Sofía. Participa, junto a Octavio Paz y Luis Alberto de Cuenca, en las sesiones de lectura poética en el Palacio Real. Alentado por Ángel Luis Vigaray y Leopoldo Alas prepara su Autoantología comentada. En 1993 la Cátedra Poética "Fray Luis de León" de la Universidad Pontificia de Salamanca celebra una semana de homenaje a su obra y al año siguiente recoge en un volumen, Celebración de la existencia, las aportaciones de los participantes.

Gracias a las gestiones de sus amigos salmantinos, la Fundación Central Hispano inicia en 1995 su colección Obras Maestras con la edición de un volumen de poesía y otro de ensayo de Baquero. En diciembre de 1996 la Casa de América homenajea al poeta, participan por España Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena.

En mayo de 1997 el Círculo de Bellas Artes, la Residencia de Estudiantes y Radio Nacional de España convocan a un homenaje a Baquero. No pudo asistir. Había comenzado su agonía en el hospital de La Paz.

Gastón Baquero mantuvo con ardiente dignidad su destino de transterrado forzoso y denunció el secuestro de la nación cubana por un régimen totalitario; sin embargo, supo discriminar entre las instituciones oficiales del régimen y los jóvenes que de allí le llegaban, a pesar del silencio al que se había condenado su nombre. Por ello pudo declarar en la dedicatoria de su último libro: "El orgullo común por la poesía nuestra de antaño, escrita en o lejos de Cuba, se alimenta cada día al menos en mí, por la poesía que hacen hoy -¡y seguirán haciendo mañana y siempre!- los que viven en Cuba como los que viven fuera de ella. Hay en ambas riberas jóvenes maravillosos. ¡Benditos sean!

Nada puede secar el árbol de la poesía". 

 

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Artículo extraído de la excelente página www.libertaddigital.com:83 (La Ilustración Liberal Madrid)

GASTÓN BAQUERO, POETA

por Rafael Rojas

Rafael Rojas es asiduo colaborador en La Jornada Semanal y de la revista Vuelta. En esta entrega nos habla del poeta cubano Gastón Baquero, contemporáneo de Lezama Lima y frecuente colaborador de Orígenes. Pese a la importancia de Baquero en la poesía cubana, su obra sigue siendo terra incognita para la mayoría.

El pasado 14 de mayo falleció en Madrid el poeta cubano Gastón Baquero. Autor de algunos de los mejores poemas escritos en lengua española, Baquero es una personalidad fundamental, aunque desconocida, de la cultura hispanoamericana del siglo XX. Fue colaborador cercano de José Lezama Lima en cada una de sus revistas (Verbum, Espuela de Plata, Nadie Parecía, Clavileño, Orígenes) y jefe de redacción, por más de diez años, del mejor periódico cubano de todos los tiempos: el Diario de la Marina. Esta larga vida dentro del periodismo no le impidió, sin embargo, hacerse de un mundo poético refinado, en el que se distingue su predilección por Whitman, Eliot, Saint-John Perse, Unamuno, Darío y Vallejo.

Desde 1959 residía en España, donde trabajó algún tiempo en el Instituto de Cooperación Iberoamericana e impartió cursos de historia y literatura de América Latina en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, de Santander, y en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid. Estas cuatro décadas de exilio español le permitieron a Baquero completar su imagen de Hispanoamérica como una invención cultural de la España barroca de los siglos XVI y XVII. "En cuanto en América se escarba un poco la tierra -escribió una vez-, se tropieza con el hueso, con la fuente de España.'' Esta idea, que suscitó tantas derivaciones en Lezama, Carpentier, Sarduy y otros escritores cubanos, emerge en casi toda su obra ensayística (Escritores hispanoamericanos de hoy -1961-, Darío, Cernuda y otros temas poéticos -1969-, Indios, blancos y negros en el caldero de América -1992- y su libro inédito Imagen total de Andrés Bello).

La poesía de Baquero oscila entre la inocencia y la memoria, entre la falta y el exceso de saber. El ideal socrático de la docta ignorancia anima gran parte de su escritura. De esa obsesión salen versos como "¡quién pudiera ser niño inocente,/ inocente, es decir, dueño de mil secretos!''; o como "y todo se me confunde en la memoria, todo ha sido lo mismo:/ un muerto al final, un adiós, unas cenizas revolcadas,/ ¡pero no un olvido!''. Esta voluntad memoriosa hace que muchos de sus poemas sean una suerte de montaje dramático en el que se representa algún evento trascendental de la historia, es decir, algo cercano a las pinturas neoclásicas de Louis David o a lo que Dilthey llamaba un "poema histórico''. La épica sutil del olvido, de la noticia fascinante, del encuentro venturoso, era para Baquero el punto de partida de toda narración poética. Poemas como "Palabras en la arena escritas por un inocente'', "Memorial de un testigo'', "Saúl sobre su espada'', "Manuela Sáenz baila con Garibaldi el rigodón de la despedida'' y "Marcel Proust pasea en barca por la bahía de Corinto'' son reconstrucciones líricas de algún pasaje de la historia sagrada o secular de Occidente.

A diferencia de Lezama, Baquero siempre se resistió a exponer su poética. Parecía seguir a Unamuno en aquella certeza de que "el estilo es lo que no se ve''. Sin embargo, por sus entrevistas se sabe que trabajaba en dos ensayos, uno sobre "Las bases tróficas de la poesía'' y otro "sobre el hombre como producto de la fermentación pútrida de una estrella muerta'', que bien podrían considerarse como prolegómenos a su sistema poético. Sobre esta noción de lo "trófico'', decía en 1994: He llegado a pensar (en eso estoy sumergido ahora) que hay una estrecha relación bioquímica, trófica (no estrófica), entre lo que se ingiere -se incorpora, decía Lezama- y lo que se escribe. Es posible llegar a construir un poema de acuerdo con la cantidad de carbohidratos, o de proteínas y aminoácidos, etcétera, que se haya incorporado al organismo. Así, si usted se come un plato de alcachofas, le sale un poema distinto al que le saldría con un plato de langostas o de berenjenas... No se sueña lo mismo cuando se come carne que cuando se come pescado... Mallarmé, estoy seguro, devoraba grandes cantidades de ostras. Verlaine llevaba los bolsillos llenos de cerezas.

En la poesía de Gastón Baquero, autor de poemas extensos y alargados, llaman la atención sus múltiples silencios. En 1942, en La Habana, publicó dos cuadernos breves: Poemas y Saúl sobre su espada. Sobreviene, entonces, un vacío de 18 años, y en 1960 publica Poemas escritos en España, que tan sólo por el título alude al año de exilio que llevaba en Madrid. Un poco después, en 1966, aparece el más orgánico de sus libros: Memorial de un testigo. Luego vendrá otro silencio de 18 años, hasta que en 1984 da a conocer su antología personal Magias e invenciones. A partir de aquí su escritura se acelera y a principios de los 90 publica Poemas invisibles y Autoantología comentada. En una valiosa entrevista que le hiciera Felipe Lázaro en 1987, Baquero aclaraba que esos silencios no se debían a que hubiera dejado de escribir, sino a que destruía más poemas de los que conservaba.

El poeta de la memoria era capaz de olvidar sus propios poemas. Los manuscritos del soneto y el poema que aquí reproducimos fueron encontrados por Cintio Vitier en el Archivo de José Lezama Lima en La Habana. Una nota ("post-soneto'') que Baquero envió a Lezama permite suponer que fueron escritos en 1939, cuando ambos poetas colaboraban en la edición de Espuela de Plata. Estos y otros textos se publicaron, por primera vez, en octubre de 1993 en la revista Credo, una publicación relativamente autónoma del Instituto Superior de Arte de La Habana que fue clausurada meses después por las autoridades políticas de la isla. Al saber del hallazgo y la publicación de aquellos poemas en Cuba, Gastón Baquero comentó: "Como sospechaba, el encuentro de esos desconocidos me dejó estupefacto. No tengo ni la más leve reminiscencia de tales huéspedes inesperados. Salvo el soneto del Marqués de Acapulco, no recuerdo nada. Admitir a esos intrusos en mi interior es como yacer junto a Julia Pastrana, la mujer más fea del mundo.''

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ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO