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ELEGÍA
DE MARIA BELÉN CHACÓN
María Belén, María Belén, María Belén. María
Belén Chacón, María Belén Chacón, María Belén Chacón,
con tus nalgas en vaivén, de Camagüey a
Santiago, de Santiago a Camagüey.
En el cielo de
la rumba, ya nunca habrá de alumbrar, tu
constelación de curvas.
¿Qué ladrido te mordió el vértice del pulmón?
María Belén Chacón, María Belén Chacón... ¿Qué
ladrido te mordió el vértice del pulmón?
Ni fue
ladrido ni uña, ni fue uña ni fue daño.
¡La plancha, de madrugada, fue quien te quemó el
pulmón! María Belén Chacón, María Belén
Chacón...
Y luego, por la mañana, con la
ropa, en la canasta, se llevaron tu sandunga, tu
sandunga y tu pulmón.
¡Que no baile nadie ahora! ¡Que no le arranque
más pulgas el negro Andrés a su tres!
Y los chinos, que arman tánganas adentro de las
maracas, hagan un poco de paz. Besar la cruz de
las claves. (¡Líbranos de todo mal, Virgen de la
Caridá!)
Ya no veré mis instintos en los
espejos redondos y alegres de tus dos nalgas. Tu
constelación de curvas ya no alumbrará jamás el
cielo de la sandunga.
María Belén Chacón, María Belén Chacón. María
Belén, María Belén: con tus nalgas en vaivén, de
Camagüey a Santiago... De Santiago a Camagüey.
Cuaderno de poesía negra
(1934)
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