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LOS
CHIMUÉS
La
leyenda dice que un héroe llamado Tacaynamo arribó al valle de
Trujillo, se cuenta que fue enviado al valle en una balsa por un gran
señor que reinaba más allá de los mares. El héroe ordenó la
construcción de un palacio, aprendió el idioma local y fue nombrado
jefe, inició una dinastía que duró hasta la conquista española.
La
antigüedad de los Chimués se remonta al año 1200 hasta el 1470
d.C., la capital del reino fue la ciudad de Chan-Chan (la ciudadela de
barro más grande del mundo) y en su período de esplendor
consiguieron expandirse desde Tumbes hasta Carabayllo, al norte de
Lima.
El
imperio Chimú fue despótico, se basó en su poder guerrero. Las
faltas a los templos o la desobediencia a las leyes eran castigadas
con la muerte. Todo el poder estaba en manos del gran Ciequich, le
seguían en poderío los curacas o Alaeq y una elite de cortesanos con
cierto prestigio económico, debajo de todos ellos estaban los
campesinos y los esclavos.
La
economía estaba basada en la agricultura, la pesca, la caza, la
industria y el comercio. En el aspecto religioso, como ya lo dijimos,
se retomaron las tradiciones mochanas. Los Chimués tenían como
divinidad máxima a Shi, la llegada de las lluvias y los movimientos
del mar estaban ligados a ella. Nii recuperó su importancia y las
estrellas también fueron veneradas. El Sol fue una divinidad
secundaria.
Los
Chimués llevaron la sodomía religiosa al más alto nivel. Los nobles
entregaban a sus hijos primogénitos al templo de Shi (para ellos Shi
era más importante que Aiec Paec quien fue algo olvidado), los niños
eran criados y educados por las sacerdotisas. Los ritos fueron
bastante parecidos a los ritos de los Moches pero con una diferencia:
entre los Chimués era el sacerdote de Shi quien escogía esposo entre
los guerreros nobles más valientes del reino.
Para
un guerrero noble era un gran honor ser escogido como esposo por un
sacerdote de Shi pues después de la ceremonia nupcial, la cual se
llevaba a cabo con la mayor solemnidad y fastuosidad una noche de luna
llena, era nombrado guerrero sagrado y pasaba a vivir en los recintos
del templo con su desposado.
Se
decía que los sacerdotes de Shi tenían poderes sobrenaturales, ellos
hablaban con la diosa, con una orden podían partir un cerro o hacer
que lloviera, conocían las hierbas que curaban y las que eran afrodisíacas.
Eran consultados por los Alaeq para que adivinaran el futuro y las
cosas ocultas (lo hacían “leyendo” en las vísceras de las
llamas) y hasta el gran Ciequich consultaba con ellos cuando debía de
tomar una decisión importante. Los sacerdotes de Shi eran muy
respetados e incluso hasta temidos, ser maldecido por un “hijo de la
luna” era una desgracia peor que la pena de muerte, no importaba si
el maldecido era noble o plebeyo, el desafortunado era despojado de
sus privilegios, riquezas y tierras, era flagelado públicamente,
desterrado y considerado indigno, nadie le brindaba ayuda.
Los
caciques reclutaban a los jóvenes plebeyos más agraciados, ellos
eran llevados al templo de Shi y consagrados al servicio de la diosa
como prostitutos sagrados. Los padres recibían tierras, llamas y oro
por su hijo. Estos jóvenes no solo se dedicaban a ejercer la
prostitución sagrada, también participaban en las ceremonias y
ayudaban a los sacerdotes en los rituales. Conocían de hierbas y
amuletos, eran curanderos, se decía que podían convertirse en perros
con el uso de un ungüento mágico. Ellos tenían libertad de pasear
fuera de los recintos del templo y visitar a sus familias.
Sucedía
muy a menudo que un Alaeq que iba al templo a tomar los servicios de
un prostituto sagrado terminaba enamorándose de él y celoso de que
su amado estuviera en la obligación de servir a otro noble, pagaba al
templo “por el derecho de exclusividad”. Solo el gran Ciequich podía
“comprar” a uno de los prostitutos sagrados y llevárselo a su
palacio.
Uno
de los pocos relatos que se ha conservado hasta hoy cuenta de que en
aquellos tiempos un prostituto sagrado llamado Inaccha amaba y era
amado por un noble Alaeq llamado Chac quien pagaba al templo cien
llamas al mes por el derecho de exclusividad, pero otro noble Alaeq
llamado Huarac también estaba enamorado del joven. Un día que
Inaccha fue a visitar a su madre fue interceptado por Huarac quien
usando la fuerza lo llevó a su palacio, abusó de él y luego lo dejó
en libertad. Inaccha regresó al templo y cuando Chac fue a visitarlo
le contó lo que le había sucedido. Chac, furioso, fue a ver al gran
Ciequich para que le concediera permiso de retar a duelo a Huarac pero
el gran Ciequich le dijo que lo que Huarac había hecho no era solo
una ofensa contra él, sino también contra Shi y que como gran
Ciequich era su obligación castigar al culpable, así de que ordenó
a sus guerreros reales que capturaran a Huarac. Cuando Huarac fue
capturado fue llevado a la explanada del templo de Shi; le cortaron
las orejas, las narices, los labios y el pene, lo ataron a un árbol y
lo dejaron para que las aves carroñeras se dieran un festín.
Los
Chimués obviamente eran rivales de los Incas, después de varias
guerras sangrientas finalmente fueron conquistados, el último gran
Ciequich llamado Minchancaman fue llevado al Cuzco. Los Incas dejaron
un cacique en Chan-Chan el cual no pudo hacer mucho para acabar con
los cultos lunares y los Incas tuvieron que aceptar que aquellas
practicas continuarán a cambio del pago de fuertes tributos. En éstas
épocas también llegaron los conquistadores.
Los
Chimués que consiguieron huir se refugiaron en la amazonía y
continuaron con sus cultos lunares hasta bien avanzada la colonia. Según
los cronistas españoles, el último sacerdote de Shi, llamado Xullca,
fue condenado por la Santa Inquisición a morir quemado en la hoguera;
el fray Francisco de Oviedo en un último intento de hacerle abrazar
la fe católica y sabiendo que ellos tenían en gran estima a las
divinidades femeninas, le presentó una imagen de la virgen María y
le preguntó si sabía quien era la señora, Xullca le respondió que
ella era la reina del cielo. La pena le fue conmutada, Xullca fue
bautizado y recluido en un monasterio.
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