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Kuzmin e Ivanov, Kluev
y Arjipov y Esenin, Tsvietaieva y Parnok: el amor homosexual y la vida
bohemia rodaron bajo la maquinaria soviética y el marxismo aplicado. A
continuación, un exhaustivo "quién con quién" de la literatura rusa en los
tiempos de Stalin.
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El período entre 1890 y 1917 es el más brillante e
interesante de la historia intelectual rusa. Filósofos como Vladimir
Soloviov, poetas y escritores encabezados por
Alexander Blok, por nombrar
sólo a unos pocos, constituyen una pléyade inigualable en el pensamiento y
las letras europeos. Ese período extraordinario se llamó "Edad de plata",
en contraste con la "Edad de oro" de Pushkin, varias décadas antes.
Coincidió con un relajamiento de la censura después de la revolución de
1905, cuando el zar Nicolás II se vio obligado a conceder un parlamento o
"duma" con diputados elegidos a través de elecciones libres.
"La
Edad de plata" coincidió, además con un extraordinario crecimiento
económico, cuyas cotas de producción la Unión Soviética tardó alrededor de
trece años en igualar. Pero el nuevo y extraño respiro se interrumpió
abruptamente con la revolución de 1917 y el golpe de octubre de Lenin, que
inauguró un período de gran penuria económica e instauró una censura feroz
como el país no había conocido antes.
La mayoría de esos escritores e
intelectuales fueron asesinados por la policía política, o bien perecieron
en los campos del Gulag o fueron expulsados de Rusia, y hubo también
quienes, como buena parte de la población, murieron de hambre.
Pero en su
persecución jugó no solo la autonomía política o artística: también la
opción sexual fue vista como un disenso peligroso respecto de la
revolución que avanzaba. Estas páginas se proponen retratar la
efervescencia creadora que marcó la "Edad de plata", y también trazan el
mapa amoroso que unió a estos poetas aniquilados.
En los primeros
años del siglo XX dos escritores se establecieron en un apartamento de
Petersburgo al que se dio en llamar "La Torre" por estar en un piso
relativamente alto de un nuevo edificio. Su casa se convirtió en un salón
literario influyente. Allí terminó mudándose el joven
Mijail Kuzmín,
cuando todavía no era poeta, ni novelista, ni autor teatral, sino
estudiante de música y compositor de canciones. Los escritores a que me
refiero eran Viacheslav Ivanov y su mujer
Lidia Zinovieva-Anibal. El
primer libro de poemas de Ivanov, Estrellas piloto (1903), fue bien
recibido y le dio un lugar permanente en el triunvirato de la "segunda
generación de simbolistas" integrado además por Alexander Blok y el poeta
y novelista Andrei Bieli. Ivanov era bisexual, al igual que su
esposa.
Según su diario de 1906,
Ivanov veía en
Mijail Kuzmín a un
"pionero del futuro", cuando el valor y atractivo del amor homosexual
fuese reconocido, lo que permitiría a las criaturas alcanzar un nivel más
alto de tolerancia, disminuir el salvajismo civilizado y la brutalidad
presentes en buena parte de la historia.
En su momento,
Ivanov se
enamoró de un larguirucho y joven poeta,
Serguei
Gorotdetski, más tarde
uno de los fundadores del movimiento acmeísta.
Gorodetski era mayormente
heterosexual, aunque diez años más tarde parece haber tenido un affair
breve con Serguei
Esenin.
Respondió al enamoramiento de
Ivanov por un
tiempo pero el romance, pasajero y aparentemente insignificante, llevó a
Ivanov a escribir uno de sus mejores libros, Eros, un relato de
cortejo, seducción y rechazo contado en verso libre, de hipnóticos ritmos,
sonoridades e imágenes, con poemas como "El jardín de las rosas" y "La
conjuración de Baco". Allí el amado aparece como dios del vino, o bien
como un fauno de mojones fronterizos, o como una peligrosa ave de presa a
la que se espera poder cautivar antes de que nos destruya.
Su
esposa, ya hemos visto, también practicaba el amor libre. En 1904 Lidia
Zinovieva-Anibal publicó una pieza teatral, "Anillos", hoy perdida.
Después de su muerte, por escarlatina, en 1907, Ivanov publicó una novela
de su esposa, Treinta y tres monstruos, y dos libros de relatos,
que mostraban que el amor queer puede ser serio, profundo, emocionante.
Como Alas, la novela homoerótica de
Mijail Kuzmín, Treinta y
tres monstruos tuvo varias ediciones hasta el golpe de estado de
Lenin. A partir de entonces la censura impidió nuevas ediciones.
Mijail Kuzmín publicó Alas en 1906, una novela sobre las
alternativas del amor entre hombres, heredera en parte, en cuanto a la
atmósfera, de El retrato de Dorian Gray (la novela de Oscar Wilde
se publicó en ruso en 1907) y de Contranatura de Huysmans. El mundo
y las preocupaciones de
Kuzmín, sin embargo, son rusos.
La escritora
Marina Tsvietáieva evoca a Kuzmin en el relato autobiográfico "Una tarde
de otro mundo", que narra su encuentro a finales de 1915 en Petrogrado, en
una velada literaria en casa de los Kannegiser.
Kuzmín publicó además
poesía y piezas teatrales. Obligado a mantener un perfil muy bajo durante
el período soviético, logró sobrevivir hasta 1936. En 1938 su amante de
muchos años, Yurkun, fue arrestado y ejecutado por la NKVD (siglas de la
policía política por entonces) junto con un grupo de escritores, en una de
las purgas intelectuales ordenadas por Stalin.
Acabamos de
mencionar a Tsvietáieva. Una de las figuras más deslumbrantes de la
literatura rusa del siglo XX, poeta, cronista de su época y corresponsal
de Rainer Maria Rilke y Boris Pasternak, en 1916
Marina Tsvietáieva
escribiría el ciclo de poemas "Amiga", dedicado a la torturada pasión que
la unió por más de un año con la bella poeta
Sofía Parnok, una suerte de
Don Juan femenino.
En él consignó su propio acme, su pasión, sufrimiento y
gozo sin disimulo ni pudor. En su diario de 1920, al recordar la cercanía de
Sofía
anota: "Ella podía rechazarme, volverse de piedra, aplastarme bajo sus
pies, pero me amaba". Alguna vez describió su ruptura con
Parnok como "la
primera catástrofe" de su vida. Pero ese dolor otorgó madurez a su
escritura.
A finales de 1915
Tsvietáieva y
Parnok hicieron juntas
un viaje a Petrogrado. Marina lo relataría veinte años después en "Una
tarde de otro mundo". Aunque allí elimina la presencia de
Parnok, en carta
a Kuzmín restituye los hechos reales.
El viaje fue una larga sesión de
mutuos reproches y escenas lacrimógenas. Lo que desencadenó estos sucesos
fue la presencia de Marina en una velada literaria, una vez más en casa de
Akim Kannegiser. Allí recitó versos y conoció a varios poetas relevantes,
entre ellos a
Mijail Kuzmín y
Serguei Esenin, y se reencontró con Osip
Mandelstam, a quien había conocido el verano anterior en Koktebel, sobre
el mar de Azov. A pesar de ser siete años menor que
Parnok, Marina era por
ese entonces una poeta mucho más cabal, madura y admirada que la
donjuanesca Sofía.
Conocedor profundo de Dante, autor, entre
otros, de Viaje a Armenia y de una velada invectiva contra Stalin
que le valió morir en Siberia,
Maldelstam se enamoró de Marina y la visitó
poco después en Moscú. Ella lo trató como un amigo y un poeta a su altura,
pero no correspondió a su encaprichamiento. De todos modos, después de la
primera de las breves visitas de Mandelstam a Moscú, Marina se apresuró a
visitar a Parnok, "pero sólo para encontrarse con que había otra mujer
sentada al borde de la cama y enterarse de que la relación había
terminado", según el biógrafo de
Tsvietáieva Simon Karlinski.
En
1919 Marina se enamoraría de una actriz,
Sonia Halliday. A ella le dedicó
ese año un ciclo de poemas y más tarde, en 1937, después de la muerte de
Halliday y también de
Parnok, el estupendo "Relato de Soniechka".
En esta
segunda relación se invirtieron los papeles:
Sofía Parnok había sido la
mayor y más experimentada, y Marina escribía: "Antaño para mí eras una
madre". Por el contrario,
Soniechka era menor y Marina se sentía la figura
maternal y protectora. A medida que pasaron los años
Tsvietáieva mantuvo
una atracción a veces impulsiva hacia las mujeres. Nina Berberova cuenta
en sus memorias que, habiéndola visitado junto con el poeta
Jodasiévich,
su pareja de entonces, y el crítico Roman Jakobson, en Praga, Marina
desenchufó de pronto la lámpara del cuarto y aprovechó la breve oscuridad
para arrojarse sobre una sorprendida Nina, que no compartía sus
tendencias.
Entre 1932 y 1934 Marina escribió en francés "Carta a la
amazona", dedicado a una entonces conocida autora lesbiana afincada en
París, Natalie Barney. En ella problematiza la atracción profunda por las
mujeres señalando la falta de descendencia de un amor lesbiano. Fiel por
un lado a la concepción del filósofo
Vladimir Soloviov, de que un gran
amor carece de descendencia, establece un conflicto clásico de la mujeres.
En los apuntes de "Del amor", Marina escribe que "el estado amoroso y la
maternidad se excluyen el uno al otro. La verdadera maternidad es
viril".
A la generación de
Kuzmín pertenecían también los "poetas
campesinos" (llamados así por su extracción no urbana), todos ellos
homosexuales o bisexuales. Los de mayor mérito literario y más reconocidos
fueron Nikolai Kluev
y
Serguei Esenin.
Kluev (1887-1937) provenía de una
familia de viejos creyentes de la secta de los Jlistis (también llamados
"Cristos" o flagelantes) de la región de Olonets, en el extremo norte. El
amor de su tierra natal y de las artesanías de la zona, la pintura de
íconos y los himnos religiosos de los Jlistis, que él mismo empezó a
componer desde muy joven, permean todo lo que escribió. En 1912 se
publicaron en Rusia dos de su libros de poemas, El campanear de los
pinos y Cantos fraternales. El último contenía temas
abiertamente homoeróticos. A juzgar por sus poemas juveniles, su primer
amor fue un marino que pereció en la guerra ruso-japonesa de 1904-1906.
Kluev se convirtió en el líder de los poetas campesinos, dos de
los cuales, Alexander Shiriavets y
Serguei Esenin, fueron amantes suyos. Estos poetas abogaban por el separatismo rural,
rechazaban las ciudades y los estilos urbanos y la industrialización por
razones ecológicas. Las relaciones eróticas conocidas de Kluev fueron
siempre homosexuales. Además de los ya nombrados, podemos agregar, en
tiempos soviéticos, al novelista
Nikolai Arjipov y al pintor
Anatoli
Yar-Kravchenko. Pero su mayor pasión fue tal vez
Serguei Esenin, un
jovencito espléndido, seductor y oportunista.
Esenin
llegó a Petrogrado en
1915 y escribió a Kluev una admirativa carta y el deseo de conocerlo.
Kluev llegó a Petrogrado "y se apoderó" de
Esenin, transformándose por un
tiempo "en su único poseedor" (según testimonio del poeta acmeísta
Gorodetski).
Se volvieron un dúo: hacían lecturas juntos y llevaban las
mismas prendas campesinas, que contrastaban con las vestimentas
ciudadanas. Se piensa que en 1916
Esenin escribió tres poemas de amor a
Kluev, aunque el destinatario no queda especificado.
Además,
Esenin era
bisexual; de hecho, llegó a casarse con la actriz Zinaida Raikh (más tarde
esposa del director teatral Vsevolod Meyerhold. Después de que éste fue
arrestado y ejecutado en los 30, ella también fue asesinada en su propio
apartamento por sicarios de la policía). Además de este matrimonio, Esenin
se casó con Isadora Duncan y luego con una nieta de Tolstoi; pero no por
eso dejaba de ser muy promiscuo con los hombres.
Aunque
Kluev
y
Esenin saludaron el acceso de Lenín al poder, hacia 1922 ya se habían
desilusionado, a raíz de la campaña de ateísmo de Lenín, que perseguía a
las sectas (tanto como a la iglesia ortodoxa), la requisa de grano que
hambreó a los campesinos (entre el 21 y el 22 murieron cinco millones de
rusos), el aplastamiento sangriento de las revueltas campesinas (la más
cruenta, en Tambov, donde los paisanos eran gaseados por el ejército
rojo), y la persecusión de homosexuales.
Serguei Esenin fue arrestado dos
veces por la GPU (sigla de la policía política en los 20) y
presumiblemente asesinado en 1925 por la policía en su cuarto de hotel. El
crimen se disimuló como suicidio.
En sus dos libros de 1922, La
cuarta Roma y Madre Sabat, Nikolai
Kluev proclamó en forma
desafiante y con una fuerza sin precedentes su orgullo homoerótico. Y
acusó a la Unión Soviética y a
Serguei Esenin de traicionar lo que
proclamaban como sus primeras intenciones y su definición mejor. Por
expresar estos sentimientos en un escrito, Kluev fue tachado muy pronto de
reaccionario.
A partir de 1925
Kluev
ya no pudo publicar. Al final
de los 20 escribió una diatriba sobre los efectos del régimen soviético en
la vida campesina: Pogorelshina. Este poema se conserva en la copia
entregada a un investigador italiano, que consiguió sacarla del país.
Kluev lo leía sólo a contados amigos, lo que le valió sin embargo el
arresto bajo denuncia en 1933. Sentenciado a cuatro años de trabajos
forzados, sobrevivió en reclusión. Pero su condena expiraba en el apogeo
de las purgas stalinianas y nadie se atrevía a liberar a los prisioneros.
Las autoridades del Gulag lo mantuvieron encerrado, y lo transportaban a
diversos campos a través de Siberia hasta que él les resolvió el problema
mediante un ataque al corazón en 1937. Un desenlace semejante tuvo el
propio Mandelstam. Los poemas inéditos de
Kluev y su correspondencia
quedaron en manos de su ex-amante Arjipov y desaparecieron cuando éste
murió a su vez enviado a un campo.
Una frase de la correspondencia,
que data de los 30, del novelista y dramaturgo
Mijail Bulgakov (autor de
la prodigiosa novela, secreta entonces, El maestro y Margarita),
reza: "los manuscritos no arden". Suena como una paradoja frente a los
desmanes aniquiladores de la policía política. Sólo a partir de los 60 y
70, algunos manuscritos prohibidos que no habían "ardido" empezaron a
circular en la Unión Soviética por vías clandestinas, en copias
mecanografiadas.
A esa circulación subrepticia se la llamó "samizdat". Las
ediciones suprimidas de los escritores de la "Edad de plata", así como
muchos originales, imposibles de publicar en la era soviética, han sido
recuperados en Rusia a partir de los 90, y los poetas declarados
"no-personas" y "enemigos del pueblo" encuentran un lugar destacado en las
librerías rusas, y son cada vez más leídos, traducidos y estudiados. Más
allá de la supresión y el asesinato, triunfa la literatura
viva.
Roberto Echavarren
es uruguayo. Ha
publicado Universal ilógico y Oír no es ver, en poesía, y la
novela Ave roc. También tradujo poesía en lengua inglesa.
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