Homosexualidad en la historia de España: De Adriano a Lorca

Capítulo correspondiente al Estado Español de la Enciclopedia de la Homosexualidad,
por Daniel Eisenberg




El Estado Español es uno de los países con más rica historia homosexual. Se puede considerar como una constante de la historia española, a lo largo de distintos períodos la apreciación del amor entre hombres así como un culto a la belleza y a la poesía.

Sí bien no existe evidencia directa alguna de la homosexualidad en la misteriosa y rica civilización prerromana del sur de la península, ésta es considerada como una cultura sexualmente permisiva. Hispania fue una de las provincias más romanizadas de Imperio, y en este sentido, asimiló la moral sexual propia de Roma, quizás no sea una coincidencia el hecho de que tanto Marcial, uno de los autores latinos más homosexuales, como Adriano, uno de los emperadores más gays, fueran ambos de origen hispano. 

Así mismo, el hecho de que existiera un término especial, «hawi» en el Islam occidental para designar la prostitución de hombres nos sugiere el hecho de que tales prácticas fueran algo común antes del advenimiento del Islam. El reino visigótico de Toledo, que gobernó la península tras la caída del poder romano, se caracterizó, en cambio, por una fuerte oposición a la homosexualidad: la «sodomía» fue castigada con la castración y el exilio, en el siglo VII, momento en el que también se establecen una serie de medidas legales, en contra de la comunidad judía-sefardí.Conquistadores procediendo a la tortura de indigenas sodomitas, con perros de presa

En el siglo VIII la península entra a formar parte de la civilización islámica y sus habitantes, felizmente, consiguen deshacerse de los visigodos. Al Andalus, que ocupaba una mayor extensión que la actual Andalucía, se constituirá como civilización islámica desde el siglo VIII al XIII e incluso se mantendrá después parcialmente hasta el siglo XVI en los reinos de Granada y Aragón.

Durante los períodos califal y de taifas, una cosmopolita, próspera y literaria Al-Andalus se convirtió en la potencia hegemónica de la cuenca mediterránea. Del mismo modo, Al-Andalus ha sido considerada como un hito en el desarrollo de la poesía y la filosofía islámica. Tal vez tan sólo la Italia renacentista, en una época más moderna, podría ser comparada con Al-Andalus en cuanto a dedicación a la actividad intelectual (filosofía, literatura, artes, ciencias...)

La cultura de Al-Andalus tuvo muchos elementos en común con la helenística, y, si exceptuamos los períodos almorávide y almohada (1086-1212), se la puede considerar como una cultura hedonista y tolerante para con la homosexualidad, de hecho, se trata de uno de los períodos históricos en que más ha gozado abiertamente de la sensualidad. Algunos de sus califas, tales como Al-Hakem II, Abdehrraman III. Hisham II y Al-Mutamid eran declaradamente bisexuales y, tenían mancebos a su servicio. La prostitución homosexual estaba extendida socialmente e incluso contaba con más clientes pertenecientes a clases altas que la prostitución heterosexual. 

La poesía de Abu Nuwas era popular y al mismo tiempo influyente, poetas como Ibn Sahl., Ibn Guzmán y otros fue abiertamente bisexual. La superioridad de la relación hombre muchacho era definida a través de la poesía. 

Una parte de esta abundante poesía efébica fue recopilada en las antologías «Dar at-tiraz de lbn Sana al-Mulk y «Rayat al Mubarrizin», de Ubn Said al-Mahrib (El libro de las banderas de los campeones, ed. y trad. por Emilio García Gómez, 2a.- Edición Barcelona. 1978). 

Bajo la dominación musulmana, la cultura judeo-sefaradí alcanzó su mayor esplendor desde los tiempos bíblicos. La poesía de esta época nos sugiere el hecho de que la pederastía era una práctica más común entre los judíos que entre los musulmanes.

El pequeño reino de Castilla, al norte de la península, se configuró como heredero de la tradición visigótica y como reino hegemónico de Hispania. Gracias a alianzas matrimoniales con princesas de origen francés, Castilla va a conseguir el apoyo de Francia así como el del papado, de modo que, gradualmente, se va a asegurar el control político y económico sobre el resto de la península. 

En contraste y, en cierto sentido, como reacción frente al hedonismo predominante en la cultura andalusí, la sociedad castellana va a tener un carácter puritano, aunque este puritanismo fuera aceptado con muchas reticencias en las áreas mediterráneas. Incluso dentro de la propia Castilla existía una gran resistencia a la imposición del celibato eclesiástico al final del siglo XI hasta el que esta medida no habría entrado en vigor en Castilla. Esta orden, que no había sido verdaderamente puesta en práctica durante quinientos año, fue considerada como una intromisión extrapeninsular.

El Fuero Real, un código de leyes de temprano origen medieval, establecía que el pecado contranatura será castigado con la castración pública seguida con la muerte, siendo el reo colgado de las piernas y no teniendo derecho a ser enterrado (el cuerpo era devorado por las alimañas). Las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio (fines del siglo XIII), también decretaban la pena de muerte, excepto para los menores de 14 años o las víctimas de violación.

Comienza a haber documentación acerca de ejecuciones de «sodomitas» a partir del siglo XV; los casos se localizaban en Aragón y en Mallorca, aunque esto puede ser solamente reflejo, de cifras muy superiores en ambos reinos. En el siglo XV, los dos reyes castellanos Juan II y Enrique IV, fueron fundamentalmente homosexuales, y probablemente su opción sexual fue utilizada por sus enemigos como arma política.

Con la incorporación de Nápoles a la Corona de Aragón en 1443, este reino empezó a tener una relación más directa con una ciudad italiana en la que la homosexualidad era vista de una manera indulgente, al menos, en los círculos aristocráticos. El gran rey y mecenas Alfonso V fue muy tolerante al respecto, ya que empleó como secretario al bisexual Antonio Baccarelli y, como halconero al fundador de la poesía catalana Ausías March. 

Pere Torroela, personaje marcadamente misógino, también estuvo relacionado con su corte. Nápoles fue un importante centro político español por el que pasaron los mejores nobles políticos y soldados de España. No existe evidencia de ninguna reforma de las costumbres en esta ciudad hasta la introducción de la Inquisición, unos 70 años después de que ésta fuera establecida en España, hecho que provocó una amplia revuelta contra la autoridad española.

CRISTIANOS CONTRA «SODOMITAS»

Los Reyes Católicos 1474-1516). Isabel y Fernando, dieron una serie de pasos decisivos en cuanto a la configuración del Estado moderno. Su matrimonio supuso la unificación territorial de los reinos de Castilla y Aragón y, de alguna manera, fortaleció la concepción católica del matrimonio. En Castilla, más intensamente que en otros territorios de la península el cristianismo era considerado como un medio de control de la conducta sexual. De cualquier modo, la prostitución de mujeres era tolerada y estaba localizada en el barrio morisco, predecesor de las «zonas de tolerancia» de las modernas ciudades hispánicas.

Granada fue conquistado en el 1492 y sus baños públicos, descriptos como lugares de esparcimiento de sus ciudadanos, fueron clausurados (Alfonso VI había destruido los mismos «hamman» dos siglos antes, por considerar que eran lugares de vicio de los soldados pobres). La comunidad judía-sefaradí fue expulsada el mismo año aunque a mayoría de sus integrantes eligió la conversión cristianismo y, por tanto, permaneció en España; propaganda antisemita correspondiente al período inmediatamente anterior, identificaba a los judíos con la «sodomía».

 En 1497 Fernando e Isabel, presumiblemente como consecuencia de la continuada existencia de «sodomitas» en el país, ordenaron que aquellos que fueran descubiertos, fueran quemados y que sus bienes fueran confiscados por la Corona. 

La España de los Hasburgo, siglo XVI y XVII, fue igualmente represiva con respecto a la homosexualidad, y varios documentos sobre ejecuciones públicas de «sodomitas» con carácter ejemplarizante han llegado hasta nosotros. De todos modos, en este campo hubo sus más y sus menos, en más libertad en Aragón, Valencia y Andalucía que en Castilla, y más tolerancia entre los grupos económicamente privilegiados que entre los campesinos. El reinado de Felipe II ( 1555-1598) es considerando como el período más represivo. Esto supuso entre otras cuestiones, un renovado énfasis en la promoción del matrimonio (y por ende en la heterosexualidad obligatoria). 

La Contrareforma, que el monarca capitaneó se opuso a cualquier tipo de placer sensual. Justo antes de su muerte, Felipe II reafirmó la pena capital para castigar la «sodomía» y facilitó aún su persecución. Felipe III y Felipe IV (1598-1665) fueron más liberales que su predecesor.

Los testimonios acerca de causas legales, entre los cuales se encontraba el de Antonio Pérez, secretario de Felipe II, y el Conde de Villamediana, son la fuente más importante de información de que se dispone para este período.

Testimonios de la Inquisición de Valencia revelan la existencia de un ghetto homosexual clandestino. Hay que tener en cuenta al estudiar la España de la época moderna, que las presiones para contraer matrimonio eran tan fuertes que, si exceptuamos a los eclesiásticos, la mayor parte de los homosexuales se casaban.

Cabe señalar también, que esta opción sexual podía tener un componente ascético, rechazando cualquier actividad de este tipo y generando una forma de pureza para la que los hombros estaban más capacitados en opinión de la literatura misógina.

Por primera vez, Castilla jugó un papel hegemónico a nivel internacional, y muchos castellanos pretendieron imponer al mundo su modelo de conducta sexual y religiosa. Los protestantes instituían el divorcio, el matrimonio clerical y cerraban los monasterios. A los ojos castellanos, los «indios» del Nuevo Mundo eran «sodomitas» Y debían ser cristianizados. 

Así mismo, el imperio turco, que aterrorizaba a los españoles, fue visto como una tierra de licenciosos sexuales en la que los cristianos eran esclavos. Italia era decadente y «afeminada» por lo que España asumió su defensa. Hubo importantes colonias de exiliados españoles en Italia, Imperio turco, Francia y Holanda. Al igual que, durante la mayor parte de la Edad Media, aquellos que no podían soportar la moralidad sexual de la España cristiana, emigraban hacia el sur islámico (Al-Andalus); en el período de los Austrias hubo numerosos expatriados que huyeron buscando una mayor libertad sexual y religiosa.

La homosexualidad aparece en la literatura clásica española de manera sutil. En lo que concierne al teatro, fue tratada una amplia variedad de problemas interpersonales y psicológicos. Los papeles «femeninos» a veces eran interpretados por muchachos, Las actrices a menudo utilizaban disfraces «masculinos», y la inversa no era rara. Tirso de Molina destacó especialmente por su uso de travestis y por sus protagonistas «femeninos». 

Cervantes presenta, entre sus amistades del mismo sexo, relaciones con matices homosexuales. La homosexualidad podía ser tratada más abiertamente por medio de la mitología clásica y la literatura pastoril. 

El más importante, difícil e innovador poeta del siglo XVII español es Luis de Góngora. En su obra maestra «Las Soledades», el joven protagonista es descripto como «más bello que el garzón de Ida» en alusión a Ganímedes. «Las Soledades» provocaron una feroz controversia. 

El atormentado y conservador Quevedo calificó en repetidas ocasiones a Góngora de «sodomita» y judío, aunque no existe ninguna evidencia al respecto. Un importante discípulo de Góngora fue Pedro Soto de Rojas autor de un extenso poema sobre Adonis y en la misma época la brillante feminista Sor Juana Inés de la Cruz.

LUCES EN LA OSCURIDAD

Durante el siglo XVIII continuaron las ejecuciones, si bien su frecuencia era menor. La pena capital por homosexualidad fue suprimida en 1822 con ocasión del primer Código Penal español, que se refiere únicamente a «abusos deshonestos». En 1868 se añadió el delito de escándalo público, pero no se habló entonces de casos homosexuales. 

El reencuentro con el pensamiento europeo, especialmente con el de Alemania, puso a España en contacto con ideas que durante mucho tiempo le habían sido ajenas. Ello trajo consigo una gran campaña de regeneración cultural e intelectual. Este movimiento tuvo un carácter anticatólico, libertario y a menudo, filoárabe: algunas de sus figuras más relevantes pasaron temporadas en Granada. Su impulsor fue el reverenciado educador Francisco Giner de los Ríos, llamado «el Sócrates español», cuya Institución Libre de la Enseñanza (ILE) ejerció una gran influencia hasta su desaparición con la Guerra Civil española.

Un foco de vida homosexual fue la liberal Residencia de Estudiantes, un vástago de la ILE que, en realidad fue bastante más de lo que su mero nombre sugiere. Su pequeño campus, con construcciones en estilo neomorisco, inaugurado en 1915, se convirtió durante los años ’20 y ’30 en un centro de vanguardia artística de Madrid. Entre sus residentes encontramos a Federico García Lorca, Emilio Prados, Salvador Dalí y el menos conocido Pepín Bello.

A comienzos del siglo XX apenas encontramos discusiones públicas o abiertas sobre el tema homosexual. Sin embargo, existían abundantes alusiones veladas. Entre las filas interesadas en algún momento de sus vidas por la homosexualidad podemos incluir entre otros, al ensayista Pío Baroja, Manuel Machado y Ruben Darío (este último autor de la primer edición en castellano de la discusión sobre Lautremont así como Fernando de los Ríos. 

La Biblioteca Renacimiento que tuvo por Director Literario al dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, fue publicando las obras de autores homosexuales españoles a la vez que traducciones de textos de Sigmund Freud. 

Los escritores más abiertamente homosexuales no pudieron tratar el tema en sus obras. Entre éstos incluimos al conservador dramaturgo Jacinto Benavente (Premio Nóbel 1932), al cronista Pedro de Répide, al cuentista Antonio de Hoyos i Vinyent y al crítico musical, Adolfo Salazar. 

Muchos españoles huyeron a París, entre ellos. Gregorio y María Martínez Sierra y el Compositor Manuel de Falla. Pequeñas revistas tales como «Grecia», de Adriano del Valle, «Mediodía» de Joaquín Romero y «Renacimiento» de Martínez Sierra no han sido estudiadas en profundidad. Incluso durante los años ’20, se vive una situación opresiva para la homosexualidad, cosa que podemos comprobar al observar las reticencias de la Enciclopedia Espasa-Calpe los comentarios de Gregorio Marañón.

Los primeros libros publicados en España sobre homosexualidad se deben al trabajo de una serie de autores que residían en este país. Personajes como el uruguayo Alberto Nin Frías «Marcos, amador de la belleza», 1913 «Alexis o el significado del temperamento urano», 1932; «Homosexualismo Creador», 1933), el chileno Augusto D’Halmar «Pasión y muerte del cura Deusto». 1924 y el cubano Alfonso Hernández Catá «El ángel de Sodoma». 1928).

Una de las formas del tratamiento encubierto de la homosexualidad fue el estudio de la cultura andalusí o de figuras homosexuales como el conde de Villamediana. Un acontecimiento realmente importante fue el tricentenario de Góngora en 1927, de cuya conmemoración tomó nombre la famosa generación literaria. El tricentenario constituyó una exaltación de la poesía de Andalucía, suponiendo una revuelta contra el establishment cultural español, así como una afirmación de la tradición homosexual del país. Entre los participantes se encontraban los poetas Lorca, Prados, Luis Cernuda, Vicente Alexandre (Premio Nóbel 1977), Pedro Salinas y Manuel Altolaguirre, quien junto a Prado publicaron la revista «Litoral» entre 1926 y 1929.

Progresivamente se fue planteando una liberalización en este campo. Además de las obras de Freud, también se podía acceder a las de Oscar Wilde en castellano, al igual que a la obra de Franck Harris sobre la vida de Wilde, o al ensayo de Iwan Bloch «Vida sexual contemporáneas,». También fueron publicados en castellano «Corydon» de André Gide y los «Cantos de Maldoror» de Lautréamont. 

Parece comprobada la influencia de los escritos del alemán Magnus Hirschfeld, fundador del Instituto de la Ciencia Sexual de Berlín. Diversas publicaciones de tipo médico-sexual y sobre identidad de género, a cargo del famoso científico Gregorio Marañón, contribuyeron en buena medida a modificar el clima en los años ‘20.

LOS NUEVOS TIEMPOS

El impulso liberalizador tuvo su fruto más importante en 1931 con la proclamación de la II República. Manuel Azaña, ferviente anticatólico, ocupó la presidencia del Estado. Fernando de los Ríos fue Ministro de Educación y, más tarde, embajador en los EE.UU. Por su parte el autor de la nueva Constitución, Luis Jiménez de Asúa, había publicado en defensa de la libertad sexual, la obra , «Libertad de amar v derecho a morir» ( 1929), epílogo a la obra de Hernández Catá «El ángel de Sodoma». El diplomático chileno Carlos Morla Lynch, tan solo pudo publicar extractos de su diario fuertemente censurado, pero puso en marcha un salón cultural. 

La homosexualidad se hizo más evidente en la literatura española: mientras la obra de Lorca «Oda a Walt Whitman» fue publicada por un particular en México en 1933; Cernuda publicó «Donde habite el olvido» (1934). «El Joven marino» Y «Los placeres prohibidos» (1936). Los «Sonetos del amor oscuro» y «El público» de Lorca fueron leídos por sus amigos antes del asesinato del poeta de Fuentevaqueros.

Al igual que hicieron los nazis, uno de los motivos esgrimidos por los católicos que iniciaron la Guerra Civil en 1936 fue liberar a España de los homosexuales, y ello aún cuando uno de sus «héroes», José Antonio Primo de Rivera, mantuvo relaciones sexuales con Lorca.

Entre 1939 y 1975 España fue Gobernada por el siniestro régimen católico de Franco, durante el cual toda sexualidad no procreativa volvió a ser clandestina, a pesar de la liberalidad de los año ‘60. Todo tratamiento positivo de la homosexualidad en los medios masivos de comunicación era considerado una ofensa criminal. La recriminalización de los «actos homosexuales» en 1970 (Ley de Peligrosidad Social), produjo un embrión del movimiento gay, siendo publicada en París entre 1972 y 73, la primer revista en castellano «Aghois».

La poesía, especialmente la poesía difícil, en medida que atraía una menor atención del lector medio, fue el género preferido por los escritores gays. Figuras literarias de este período son Alexaindre, Carlos Bousoño, Luis Rosales y Francisco Briones, así como los menos oscuros aunque más marginales poetas, Jaime Gil de Biedma y Juan Gil Albert («Heracles», 1955, publicada en 1981). 

Desde su exilio voluntario en París Juan Goytisolo publicó su novela «Reivindicación del Conde don Julián», presentando una interpretación arabófila de la historia de España. Su obra «En los reinos de taifas», es la primer declaración pública por parte de un escritor español sobre su proceso de autoaceptación homosexual.

Tras la muerte del dictador Franco en 1975, comenzó en España el período más liberal de su historia desde el fin de la Edad Media. Aunque no existe una cultura gay abierta y autoconciente, sin embargo, sí se ha desarrollado el movimiento gay, fundamentalmente en Barcelona y Bilbao. Muchas figuras de la cultura se han identificado claramente como gays.

Un renacimiento del cine ha producido al menos dos directores fundamentales: Eloy de la Iglesia «Placeres ocultos», «El diputado») y Pedro Almodóbar («La ley del deseo» entre otras). 


 

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ISLA  TERNURA PLAYA BUCEANDO EN OTRAS ÉPOCAS