El Estado Español es uno de los países con más rica historia homosexual. Se
puede considerar como una constante de la historia española, a lo largo de
distintos períodos la apreciación del amor entre hombres así como un culto a
la belleza y a la poesía.
Sí bien no existe evidencia directa alguna de la homosexualidad en la
misteriosa y rica civilización prerromana del sur de la península, ésta es
considerada como una cultura sexualmente permisiva. Hispania fue una de las
provincias más romanizadas de Imperio, y en este sentido, asimiló la moral
sexual propia de Roma, quizás no sea una coincidencia el hecho de que tanto
Marcial, uno de los autores latinos más homosexuales, como Adriano, uno de los
emperadores más gays, fueran ambos de origen hispano.
Así mismo, el
hecho de que existiera un término especial, «hawi» en el Islam occidental
para designar la prostitución de hombres nos sugiere el hecho de que tales prácticas
fueran algo común antes del advenimiento del Islam. El reino visigótico de
Toledo, que gobernó la península tras la caída del poder romano, se
caracterizó, en cambio, por una fuerte oposición a la homosexualidad: la «sodomía»
fue castigada con la castración y el exilio, en el siglo VII, momento en el que
también se establecen una serie de medidas legales, en contra de la comunidad
judía-sefardí.
En el siglo VIII la península entra a formar parte de la civilización islámica
y sus habitantes, felizmente, consiguen deshacerse de los visigodos. Al Andalus,
que ocupaba una mayor extensión que la actual Andalucía, se constituirá como
civilización islámica desde el siglo VIII al XIII e incluso se mantendrá
después parcialmente hasta el siglo XVI en los reinos de Granada y Aragón.
Durante los períodos califal y de taifas, una cosmopolita, próspera y
literaria Al-Andalus se convirtió en la potencia hegemónica de la cuenca
mediterránea. Del mismo modo, Al-Andalus ha sido considerada como un hito en el
desarrollo de la poesía y la filosofía islámica. Tal vez tan sólo la Italia
renacentista, en una época más moderna, podría ser comparada con Al-Andalus
en cuanto a dedicación a la actividad intelectual (filosofía, literatura,
artes, ciencias...)
La cultura de Al-Andalus tuvo muchos elementos en común con la helenística, y,
si exceptuamos los períodos almorávide y almohada (1086-1212), se la puede
considerar como una cultura hedonista y tolerante para con la homosexualidad, de
hecho, se trata de uno de los períodos históricos en que más ha gozado
abiertamente de la sensualidad. Algunos de sus califas, tales como Al-Hakem II,
Abdehrraman III. Hisham II y Al-Mutamid eran declaradamente bisexuales y, tenían
mancebos a su servicio. La prostitución homosexual estaba extendida socialmente
e incluso contaba con más clientes pertenecientes a clases altas que la
prostitución heterosexual.
La poesía de Abu
Nuwas era popular y al
mismo tiempo influyente, poetas como Ibn Sahl., Ibn Guzmán y otros fue
abiertamente bisexual. La superioridad de la relación hombre muchacho era
definida a través de la poesía. 
Una parte de esta abundante poesía efébica
fue recopilada en las antologías «Dar at-tiraz de lbn Sana al-Mulk y «Rayat
al Mubarrizin», de Ubn Said al-Mahrib (El libro de las banderas de los
campeones, ed. y trad. por Emilio García Gómez, 2a.- Edición Barcelona.
1978).
Bajo la dominación musulmana, la cultura judeo-sefaradí alcanzó su
mayor esplendor desde los tiempos bíblicos. La poesía de esta época nos
sugiere el hecho de que la pederastía era una práctica más común entre los
judíos que entre los musulmanes.
El pequeño reino de Castilla, al norte de la península, se configuró como
heredero de la tradición visigótica y como reino hegemónico de Hispania.
Gracias a alianzas matrimoniales con princesas de origen francés, Castilla va a
conseguir el apoyo de Francia así como el del papado, de modo que,
gradualmente, se va a asegurar el control político y económico sobre el resto
de la península.
En contraste y, en cierto sentido, como reacción
frente al hedonismo predominante en la cultura andalusí, la sociedad castellana
va a tener un carácter puritano, aunque este puritanismo fuera aceptado con
muchas reticencias en las áreas mediterráneas. Incluso dentro de la propia
Castilla existía una gran resistencia a la imposición del celibato eclesiástico
al final del siglo XI hasta el que esta medida no habría entrado en vigor en
Castilla. Esta orden, que no había sido verdaderamente puesta en práctica
durante quinientos año, fue considerada como una intromisión extrapeninsular.
El Fuero Real, un código de leyes de temprano origen medieval, establecía que
el pecado contranatura será castigado con la castración pública seguida con
la muerte, siendo el reo colgado de las piernas y no teniendo derecho a ser
enterrado (el cuerpo era devorado por las alimañas). Las Siete Partidas de
Alfonso X el Sabio (fines del siglo XIII), también decretaban la pena de
muerte, excepto para los menores de 14 años o las víctimas de violación.
Comienza a haber documentación acerca de ejecuciones de «sodomitas» a partir
del siglo XV; los casos se localizaban en Aragón y en Mallorca, aunque esto
puede ser solamente reflejo, de cifras muy superiores en ambos reinos. En el
siglo XV, los dos reyes castellanos Juan II y Enrique IV, fueron
fundamentalmente homosexuales, y probablemente su opción sexual fue utilizada
por sus enemigos como arma política.
Con la incorporación de Nápoles a la Corona de Aragón en 1443, este reino
empezó a tener una relación más directa con una ciudad italiana en la que la
homosexualidad era vista de una manera indulgente, al menos, en los círculos
aristocráticos. El gran rey y mecenas Alfonso V fue muy tolerante al respecto,
ya que empleó como secretario al bisexual Antonio Baccarelli y, como halconero
al fundador de la poesía catalana Ausías March.
Pere Torroela,
personaje marcadamente misógino, también estuvo relacionado con su corte. Nápoles
fue un importante centro político español por el que pasaron los mejores
nobles políticos y soldados de España. No existe evidencia de ninguna reforma
de las costumbres en esta ciudad hasta la introducción de la Inquisición, unos
70 años después de que ésta fuera establecida en España, hecho que provocó
una amplia revuelta contra la autoridad española.
CRISTIANOS CONTRA «SODOMITAS»
Los Reyes Católicos 1474-1516). Isabel y Fernando, dieron una serie de pasos
decisivos en cuanto a la configuración del Estado moderno. Su matrimonio supuso
la unificación territorial de los reinos de Castilla y Aragón y, de alguna
manera, fortaleció la concepción católica del matrimonio. En Castilla, más
intensamente que en otros territorios de la península el cristianismo era
considerado como un medio de control de la conducta sexual. De cualquier modo,
la prostitución de mujeres era tolerada y estaba localizada en el barrio
morisco, predecesor de las «zonas de tolerancia» de las modernas ciudades hispánicas.
Granada fue conquistado en el 1492 y sus baños públicos, descriptos como
lugares de esparcimiento de sus ciudadanos, fueron clausurados (Alfonso VI había
destruido los mismos «hamman» dos siglos antes, por considerar que eran
lugares de vicio de los soldados pobres). La comunidad judía-sefaradí fue
expulsada el mismo año aunque a mayoría de sus integrantes eligió la conversión
cristianismo y, por tanto, permaneció en España; propaganda antisemita
correspondiente al período inmediatamente anterior, identificaba a los judíos
con la «sodomía».
En 1497 Fernando e Isabel, presumiblemente como
consecuencia de la continuada existencia de «sodomitas» en el país, ordenaron
que aquellos que fueran descubiertos, fueran quemados y que sus bienes fueran
confiscados por la Corona.
La España de los Hasburgo, siglo XVI y XVII, fue igualmente represiva con
respecto a la homosexualidad, y varios documentos sobre ejecuciones públicas de
«sodomitas» con carácter ejemplarizante han llegado hasta nosotros. De todos
modos, en este campo hubo sus más y sus menos, en más libertad en Aragón,
Valencia y Andalucía que en Castilla, y más tolerancia entre los grupos económicamente
privilegiados que entre los campesinos. El reinado de Felipe II ( 1555-1598) es
considerando como el período más represivo. Esto supuso entre otras
cuestiones, un renovado énfasis en la promoción del matrimonio (y por ende en
la heterosexualidad obligatoria).
La Contrareforma, que el monarca
capitaneó se opuso a cualquier tipo de placer sensual. Justo antes de su
muerte, Felipe II reafirmó la pena capital para castigar la «sodomía» y
facilitó aún su persecución. Felipe III y Felipe IV (1598-1665) fueron más
liberales que su predecesor.
Los testimonios acerca de causas legales, entre los cuales se encontraba el de
Antonio Pérez, secretario de Felipe II, y el Conde de Villamediana, son la
fuente más importante de información de que se dispone para este período.
Testimonios
de la Inquisición de Valencia revelan la existencia de un ghetto homosexual
clandestino. Hay que tener en cuenta al estudiar la España de la época
moderna, que las presiones para contraer matrimonio eran tan fuertes que, si
exceptuamos a los eclesiásticos, la mayor parte de los homosexuales se casaban.
Cabe señalar también, que esta opción sexual podía tener un componente ascético,
rechazando cualquier actividad de este tipo y generando una forma de pureza para
la que los hombros estaban más capacitados en opinión de la literatura misógina.
Por primera vez, Castilla jugó un papel hegemónico a nivel internacional, y
muchos castellanos pretendieron imponer al mundo su modelo de conducta sexual y
religiosa. Los protestantes instituían el divorcio, el matrimonio clerical y
cerraban los monasterios. A los ojos castellanos, los «indios» del Nuevo Mundo
eran «sodomitas» Y debían ser cristianizados.
Así mismo, el imperio
turco, que aterrorizaba a los españoles, fue visto como una tierra de
licenciosos sexuales en la que los cristianos eran esclavos. Italia era
decadente y «afeminada» por lo que España asumió su defensa. Hubo
importantes colonias de exiliados españoles en Italia, Imperio turco, Francia y
Holanda. Al igual que, durante la mayor parte de la Edad Media, aquellos que no
podían soportar la moralidad sexual de la España cristiana, emigraban hacia el
sur islámico (Al-Andalus); en el período de los Austrias hubo numerosos
expatriados que huyeron buscando una mayor libertad sexual y religiosa.
La homosexualidad aparece en la literatura clásica española de manera sutil.
En lo que concierne al teatro, fue tratada una amplia variedad de problemas
interpersonales y psicológicos. Los papeles «femeninos» a veces eran
interpretados por muchachos, Las actrices a menudo utilizaban disfraces «masculinos»,
y la inversa no era rara. Tirso de Molina destacó especialmente por su uso de
travestis y por sus protagonistas «femeninos».
Cervantes presenta,
entre sus amistades del mismo sexo, relaciones con matices homosexuales. La
homosexualidad podía ser tratada más abiertamente por medio de la mitología
clásica y la literatura pastoril.
El más importante, difícil e innovador
poeta del siglo XVII español es Luis de Góngora. En su obra maestra «Las
Soledades», el joven protagonista es descripto como «más bello que el garzón
de Ida» en alusión a Ganímedes. «Las Soledades» provocaron una feroz
controversia.
El atormentado y conservador Quevedo calificó en repetidas
ocasiones a Góngora de «sodomita» y judío, aunque no existe ninguna
evidencia al respecto. Un importante discípulo de Góngora fue Pedro Soto de
Rojas autor de un extenso poema sobre Adonis y en la misma época la brillante
feminista Sor Juana Inés de la Cruz.
LUCES EN LA OSCURIDAD
Durante el siglo XVIII continuaron las ejecuciones, si bien su frecuencia era
menor. La pena capital por homosexualidad fue suprimida en 1822 con ocasión del
primer Código Penal español, que se refiere únicamente a «abusos deshonestos».
En 1868 se añadió el delito de escándalo público, pero no se habló entonces
de casos homosexuales.
El reencuentro con el pensamiento europeo, especialmente
con el de Alemania, puso a España en contacto con ideas que durante mucho
tiempo le habían sido ajenas. Ello trajo consigo una gran campaña de
regeneración cultural e intelectual. Este movimiento tuvo un carácter anticatólico,
libertario y a menudo, filoárabe: algunas de sus figuras más relevantes
pasaron temporadas en Granada. Su impulsor fue el reverenciado educador
Francisco Giner de los Ríos, llamado «el Sócrates español», cuya Institución
Libre de la Enseñanza (ILE) ejerció una gran influencia hasta su desaparición
con la Guerra Civil española.
Un foco de vida homosexual fue la liberal Residencia de Estudiantes, un vástago
de la ILE que, en realidad fue bastante más de lo que su mero nombre sugiere.
Su pequeño campus, con construcciones en estilo neomorisco, inaugurado en 1915,
se convirtió durante los años ’20 y ’30 en un centro de vanguardia artística
de Madrid. Entre sus residentes encontramos a Federico García Lorca, Emilio
Prados, Salvador Dalí y el menos conocido Pepín Bello.
A comienzos del siglo XX apenas encontramos discusiones públicas o abiertas
sobre el tema homosexual. Sin embargo, existían abundantes alusiones veladas.
Entre las filas interesadas en algún momento de sus vidas por la homosexualidad
podemos incluir entre otros, al ensayista Pío Baroja, Manuel Machado y Ruben
Darío (este último autor de la primer edición en castellano de la discusión
sobre Lautremont así como Fernando de los Ríos.
La Biblioteca Renacimiento que
tuvo por Director Literario al dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, fue
publicando las obras de autores homosexuales españoles a la vez que
traducciones de textos de Sigmund Freud.
Los escritores más abiertamente
homosexuales no pudieron tratar el tema en sus obras. Entre éstos incluimos al
conservador dramaturgo Jacinto Benavente (Premio Nóbel 1932), al cronista Pedro
de Répide, al cuentista Antonio de Hoyos i Vinyent y al crítico musical,
Adolfo Salazar.
Muchos españoles huyeron a París, entre ellos. Gregorio y María
Martínez Sierra y el Compositor Manuel de Falla. Pequeñas revistas tales como
«Grecia», de Adriano del Valle, «Mediodía» de Joaquín Romero y «Renacimiento»
de Martínez Sierra no han sido estudiadas en profundidad. Incluso durante los años
’20, se vive una situación opresiva para la homosexualidad, cosa que podemos
comprobar al observar las reticencias de la Enciclopedia Espasa-Calpe los
comentarios de Gregorio Marañón.
Los primeros libros publicados en España sobre homosexualidad se deben al
trabajo de una serie de autores que residían en este país. Personajes como el
uruguayo Alberto Nin Frías «Marcos, amador de la belleza», 1913 «Alexis o el
significado del temperamento urano», 1932; «Homosexualismo Creador», 1933),
el chileno Augusto D’Halmar «Pasión y muerte del cura Deusto». 1924 y el
cubano Alfonso Hernández Catá «El ángel de Sodoma». 1928).
Una de las formas del tratamiento encubierto de la homosexualidad fue el estudio
de la cultura andalusí o de figuras homosexuales como el conde de Villamediana.
Un acontecimiento realmente importante fue el tricentenario de Góngora en 1927,
de cuya conmemoración tomó nombre la famosa generación literaria. El
tricentenario constituyó una exaltación de la poesía de Andalucía,
suponiendo una revuelta contra el establishment cultural español, así como una
afirmación de la tradición homosexual del país. Entre los participantes se
encontraban los poetas Lorca, Prados, Luis Cernuda, Vicente Alexandre (Premio Nóbel
1977), Pedro Salinas y Manuel Altolaguirre, quien junto a Prado publicaron la
revista «Litoral» entre 1926 y 1929.
Progresivamente se fue planteando una
liberalización en este campo. Además de las obras de Freud, también se podía
acceder a las de Oscar
Wilde en castellano, al igual que a la obra de Franck
Harris sobre la vida de Wilde, o al ensayo de Iwan Bloch «Vida sexual contemporáneas,».
También fueron publicados en castellano «Corydon» de André
Gide y los «Cantos
de Maldoror» de Lautréamont.
Parece comprobada la influencia de los
escritos del alemán Magnus Hirschfeld, fundador del Instituto de la Ciencia
Sexual de Berlín. Diversas publicaciones de tipo médico-sexual y sobre
identidad de género, a cargo del famoso científico Gregorio Marañón,
contribuyeron en buena medida a modificar el clima en los años ‘20.
LOS NUEVOS TIEMPOS
El impulso liberalizador tuvo su fruto más importante en 1931 con la proclamación
de la II República. Manuel Azaña, ferviente anticatólico, ocupó la
presidencia del Estado. Fernando de los Ríos fue Ministro de Educación y, más
tarde, embajador en los EE.UU. Por su parte el autor de la nueva Constitución,
Luis Jiménez de Asúa, había publicado en defensa de la libertad sexual, la
obra , «Libertad de amar v derecho a morir» ( 1929), epílogo a la obra de
Hernández Catá «El ángel de Sodoma». El diplomático chileno Carlos Morla
Lynch, tan solo pudo publicar extractos de su diario fuertemente censurado, pero
puso en marcha un salón cultural.
La homosexualidad se hizo más
evidente en la literatura española: mientras la obra de Lorca «Oda a Walt
Whitman» fue publicada por un particular en México en 1933; Cernuda publicó
«Donde habite el olvido» (1934). «El Joven marino» Y «Los placeres
prohibidos» (1936). Los «Sonetos del amor oscuro» y «El público» de Lorca
fueron leídos por sus amigos antes del asesinato del poeta de Fuentevaqueros.
Al igual que hicieron los nazis, uno de los motivos esgrimidos por los católicos
que iniciaron la Guerra Civil en 1936 fue liberar a España de los homosexuales,
y ello aún cuando uno de sus «héroes», José Antonio Primo de Rivera,
mantuvo relaciones sexuales con Lorca.
Entre 1939 y 1975 España fue Gobernada por el siniestro régimen católico de
Franco, durante el cual toda sexualidad no procreativa volvió a ser
clandestina, a pesar de la liberalidad de los año ‘60. Todo tratamiento
positivo de la homosexualidad en los medios masivos de comunicación era
considerado una ofensa criminal. La recriminalización de los «actos
homosexuales» en 1970 (Ley de Peligrosidad Social), produjo un embrión del
movimiento gay, siendo publicada en París entre 1972 y 73, la primer revista en
castellano «Aghois».
La poesía, especialmente la poesía difícil, en medida que atraía una menor
atención del lector medio, fue el género preferido por los escritores gays.
Figuras literarias de este período son Alexaindre, Carlos Bousoño, Luis
Rosales y Francisco Briones, así como los menos oscuros aunque más marginales
poetas, Jaime
Gil de Biedma y Juan
Gil Albert («Heracles», 1955, publicada en
1981).
Desde su exilio voluntario en París Juan Goytisolo publicó su novela «Reivindicación
del Conde don Julián», presentando una interpretación arabófila de la
historia de España. Su obra «En los reinos de taifas», es la primer declaración
pública por parte de un escritor español sobre su proceso de autoaceptación
homosexual.
Tras la muerte del dictador Franco en 1975, comenzó en España el
período más liberal de su historia desde el fin de la Edad Media. Aunque no
existe una cultura gay abierta y autoconciente, sin embargo, sí se ha
desarrollado el movimiento gay, fundamentalmente en Barcelona y Bilbao. Muchas
figuras de la cultura se han identificado claramente como gays.
Un
renacimiento del cine ha producido al menos dos directores fundamentales: Eloy
de la Iglesia «Placeres ocultos», «El diputado») y Pedro Almodóbar («La
ley del deseo» entre otras).