Los "cuarenta y uno", cien años después

por Miguel Hernandez Cabrera / 2002


 

Desde los tiempos de la redada de "Los 41"- que eran cuarenta y dos ­ ha corrido mucha agua bajo los puentes, pero la intolerancia sigue dando sus feroces dentelladas. Recordemos a un alcalde priísta que prohibió una reunión gay en Guadalajara; a una anticondónica alcaldesa panista de Mérida; a los legisladores panistas y cerveristas que prohibieron el sexo oral; a los panistas tapatíos partidarios de "la falda hasta el huesito"; al alcalde de Veracruz, panista y organizador de redadas; los letreros en los balnearios de Aguascalientes y el prodigioso alcalde de esa ciudad que ordenó a los travestis que se vistieran modesta y decentemente. De esta manera, los usuarios podían llevarse al motel a su tía Matildita o a su abuela Merceditas. En fin... sigue la mata dando

 


 

Un hecho histórico relevante sobre la situación represora contra los homosexuales en México es el famoso suceso de "los cuarenta y uno". El 20 de noviembre de 1901, en la Ciudad de México, durante el régimen de Porfirio Díaz, la policía hace una redada en una fiesta privada de cuarenta y un homosexuales ­ jóvenes pertenecientes a las familias porfirianas más notables ­, quienes son encarcelados, humillados y desterrados a Yucatán, donde se les confina para realizar trabajos forzados. Al respecto, en un ensayo Carlos Monsiváis afirma que, de acuerdo con un rumor popular "nunca desmentido", entre estos festejantes se encontraba Ignacio de la Torre y Mier, el yerno de Porfirio Díaz, a quien, junto con otros detenidos con "influencias políticas", se le permite escapar.

A pesar de los esfuerzos de Díaz por acallar a la prensa y evitar el "escándalo" familiar, la cobertura periodística dio tintes de chisme nacional a la noticia. Así, Juan Carlos Bautista, en su ensayo "El México festivo de la diversidad. Tolerancia y marcha gay", en el que hace un recuento histórico y literario de los cambios en la situación social de la comunidad homosexual mexicana, aborda los sucesos en torno a "Los 41" y, en el apartado titulado "El número escarlata", da cuenta de una nota informativa de la época:

La noche del domingo fue sorprendido por la policía, en una casa accesoria de la 4a. calle de la Paz, un baile que 41 hombres solos verificaban vestidos de mujer. Entre algunos de esos individuos fueron reconocidos los pollos que diariamente se ven pasar por Plateros. Éstos vestían elegantísimos trajes de señoras, llevaban pelucas, pechos postizos, aretes, choclos bordados y en las caras tenían pintadas grandes ojeras y chapas de color. Al saberse la noticia en los boulevares, se han dado toda clase de comentarios y se censura la conducta de dichos individuos. No damos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo grado asquerosos.

El hecho marca un hito estigmatizador y estereotipador a partir del cual, hasta la actualidad se asocia popularmente el número 41 con la homosexualidad "afeminada". Sobre esto, Monsiváis afirma: "La redada adquiere de inmediato perfiles legendarios [...] El número 41 se asocia automáticamente con la homosexualidad". Mientras que Bautista señala: "Desde entonces decir ‘41’ fue igual a decir afeminado, el contrahecho que renuncia a los atributos de su sexo, crimen inconcebible para una sociedad machista."

El número 41, sinónimo de homosexual: de la nota roja a la telenovela

Sin embargo, no sólo el rumor popular hizo que el número 41 se incrustara rápidamente en el imaginario colectivo como sinónimo de homosexual. Esto también fue posible gracias a la amplia producción cultural que inmediatamente se desató sobre el suceso, la cual abarcó el grabado, el periodismo, el teatro, la literatura, la pintura, e incluso, más recientemente, la televisión. 

Una de las producciones culturales más famosas en torno a la detención de los jóvenes homosexuales porfirianos son los ejemplares del periódico Hoja Suelta, publicados en 1901, para pasar así a la historia como el antecedente periodístico sensacionalista más antiguo del siglo xx sobre los homosexuales en nuestro país1 . La primera entrega en la Hoja Suelta se tituló: "Los 41 maricones encontrados en un baile de la calle de la Paz el 20 de noviembre de 1901." Conformada de un anverso y un reverso, presenta sendos grabados de José Guadalupe Posada ilustrando la noticia redactada en forma de cuartetos debidos a la pluma de alguno o algunos poetas de la época2 . En el anverso, la ilustración ­ el grabado más conocido de la serie dedicada al suceso ­ muestra a un grupo de hombres, todos de bigotes relamidos, bailando alegremente en parejas, a decir de los versos: 

"Disfrazados la mitad/ De simpáticas muchachas/ [...] /La otra mitad con su traje,/ Es decir de masculinos,/ [...]". Con el subtítulo "Aquí están los maricones muy chulos y coquetones", los versos rezan: "Hace aún muy pocos días/ Que en la calle de la Paz,/ Los gendarmes atisbaron/ Un gran baile singular.// Cuarenta y un lagartijos/ Disfrazados la mitad/ De simpáticas muchachas/ Bailaban como el que más.// La otra mitad con su traje,/ Es decir de masculinos,/ Gozaban al estrechar/ A los famosos jotitos.// Vestidos de raso y seda/ Al último figurín,/ Con pelucas bien peinadas/ Y moviéndose con chic."

En el reverso, Posada dibuja a algunos de estos hombres vestidos de mujer y con caras de enfado, barriendo las calles, vigilados por gendarmes y observados por una muchedumbre de sombrerudos con expresiones de regocijo. Al igual que el texto del anverso, el del reverso asume un tono socarrón y abunda en detalles sobre la vestimenta de las "simpáticas muchachas", alude al motivo de la reunión y describe las reacciones de los convidados a la fiesta en el momento en que irrumpe la policía en el domicilio privado:

 "Abanicos elegantes/ Portaban con gentileza,/ Y aretes ó dormilonas/ Pasados por las orejas.// Sus caras muy repintadas/ Con albayalde ó con cal,/ Con ceniza ó velutina..../ ¡Pues vaya usté á adivinar!// Llevaban buenos corsés,/ Con pechos bien abultados/ Y caderitas y muslos....../ Postizos....pues está claro.// El caso es que se miraban/ Salerosas, retrecheras/ Danzando al compás seguido/ De música ratonera.// Se trataba, según dicen, / De efectuar alegre rifa/ De un niño de catorce años,/ Por colmo de picardías.// Cuando más entusiasmados/ Y quitados de la pena,/ Se hallaban los mariquitos/ Gozando de aquella fiesta.// Pum! que los gendarmes entran/ Sorprendiendo á los jotones!/ Y aquello si fué de verse..../ ¡Qué apuros y que aflixiones!// Algunos quieren correr,/ O echarse dentro el común/ Otros quieren desnudarse/ A otros les dá el patatús.// Una alarma general..../ Lloran, chillan, y hasta ladran,/ ¡Qué rebumbio! ¡Qué conflictos!/ Pero ninguno se escapa.// A todos, uno por uno/ La policía los recoje,/ Y á Tlapisquera derecho/ Se los va llevando al trote".

Una segunda Hoja Suelta, menos conocida, se publicó sobre el caso con el título: "El gran viaje de los 41 maricones para Yucatán." Posada ilustra el hecho presentando en primer plano a dos figuras femeninas ­ una de las cuales porta capa con caperuza ­, que se cubren los rostros con pañuelos (¿esposas y familiares llorando al despedir a los transgresores del orden sexual de la época?, ¿los mismos transgresores vestidos de mujeres ocultando su vergüenza?). A la izquierda un niño se lleva las manos a la cara y oculta el rostro bajo un sombrero (¿el hijo de alguno de los detenidos?, ¿el "niño de catorce años" que, según la nota, sería rifado?). Los detenidos aparecen en el centro, de espaldas (dos vestidos de "masculinos", un par vestidos de mujer, y otros dos con sombrero de copa), dirigiéndose hacia un tren del cual sólo se ve una chimenea que exhala una gruesa hilera de humo que cruza casi todo el grabado. A la derecha, los gendarmes vigilan, macana en mano, y al fondo un grupo de sombrerudos observa la escena. En el texto, como subtítulo, se lee: 

"Las impresiones de viaje/ ­Resaladas cual no hay más­/ De todos los maricazos/ Que mandan a Yucatán." En los cuartetos se describen, en primera persona y en femenino, con el mismo tono burlón de la primera Hoja Suelta, los apuros que pasaron los arrestados durante su traslado en tren a los campos de trabajos forzados en Yucatán: "Sin considerar tantito/ A nuestro sexo tan casto,/ Ni el estado interesante/ Que casi todas guardamos,// Hechas horrible jigote/ A todas nos encajaron/ En un carro de tercera/ Del trensote Mexicano.// Revueltas cual chilaquiles/ Fuímos con jergas soldados/ Que injuriaban leperotes/ Nuestro pudor con descaro.// Al pobrecito Sofío/ Le dieron muchos desmayos/ Con los continuos meneos/ De este tren tan remalvado".

Además de estos ejemplares de la Hoja Suelta, Posada también realizó la ilustración titulada "El feminismo se impone" que, a diferencia de las anteriores, se publicó en 1907 en La Guacamaya ­ periódico en el que el grabador mexicano colaboró de 1901 a 1911 ­, y en la que se muestra ya entronizado el 41 como número estigmatizador de una homosexualidad estereotipada. En esta ilustración se presenta un gran número 41 alrededor del cual se encuentran sartenes colgando y un grupo de hombres, con bigotes, vestidos de mujer, haciendo labores "femeninas" como cocinar, planchar y bordar, además de mostrar a uno de ellos arrullando a un bebé y a otros dos frente a frente, en actitud de pareja, uno con abanico en mano y vestido de mujer y el otro vestido de hombre.3

Así pues, el alto poder seductor de las ilustraciones de Posada en una población mayoritariamente analfabeta, e incluso en "la minoría letrada", contribuyó a reproducir en la imaginería popular la "asociación automática" entre el número 41 y la homosexualidad, abriendo con ello el camino para la creación de otras producciones culturales que, voluntaria o involuntariamente, favorecieron la reproducción de representaciones culturales homófobas en la población mexicana. Monsiváis señala que, en 1902, las hermanas Moriones (empresarias de teatro), para celebrar las cien representaciones de la zarzuela Enseñanza libre, deciden montar la obra con los "papeles cambiados"; es decir, los actores interpretando papeles femeninos y las actrices papeles masculinos, siguiendo la costumbre de la época. Monsiváis anota que la puesta en escena es calificada de "repugnante" por los periodistas quienes, además, acusan a las empresarias de preparar el montaje de una zarzuela de autores mexicanos titulada Los cuarenta y uno. Las hermanas Moriones contrargumentan apelando a la costumbre de celebrar de ese modo las cien representaciones y agregan que no ensayan ninguna zarzuela con ese título "infamante".

En cuanto a la literatura, el ensayista afirma que en 1906 Eduardo A. Castrejón publica el libro Los cuarenta y uno. Novela crítico-social, en la que narra, en palabras de Castrejón, la "bacanal" en la que participaban "aquellos jóvenes aristócratas prostituidos" y su detención, escarnio y envío a los campos de trabajos forzados en Yucatán. Monsiváis cita un momento de la novela en que Castrejón condena, diríamos ahora, homófoba y heterosexistamente a "Los 41", y los describe como: "‘[...] jóvenes inflamables, repudiables, odiosos para el porvenir y por todas las generaciones, escoria de la sociedad y mengua de los hombres honrados amantísimos de las bellezas de la mujer’".

Asimismo, Monsiváis relata la manera en que el pintor Antonio Ruiz "El Corzo", a través de un óleo, ridiculiza a algunos escritores, poetas y pintores homosexuales, y a sus promotoras y mecenas: "[...] allí, amparado bajo un gigantesco 41, desfila un conjunto de ‘preciosas ridículas’: Novo, Villaurrutia, Rodríguez Lozano, Montenegro, Antonieta Rivas Mercado, Lupe Marín".

Del mismo modo, en su ensayo Bautista cita un pasaje del libro Símbolos y números, de Francisco L. Urquizo, en el que demuestra la homofobia cultural que ha resultado de la sinonimia que en nuestro país se hace del "número escarlata" con el homoerotismo: "‘En México el número 41 no tiene ninguna validez y es ofensivo para los mexicanos [...] La influencia de esa tradición es tal que hasta en lo oficial se pasa por alto el número 41. No hay en el ejército División, Regimiento o Batallón que lleve el número 41. Llegan hasta el 40 y de ahí se salta al 42. No hay nómina que tenga renglón 41. No hay en las nomenclaturas municipales casas que ostenten el número 41. Si acaso y no hay remedio, el 40 bis. No hay cuarto de hotel o de Sanatorio que tenga el número 41. Nadie cumple 41 años, de los 40 se salta hasta los 42. No hay automóvil que lleve placa 41, ni policía o agente que acepte ese guarismo’".

En lo que respecta a las representaciones mediáticas sobre "Los 41" en la televisión, en 1994 Televisa difundió la telenovela histórica El vuelo del Águila. Basada en un original de Enrique Krauze y Fausto Zerón-Medina, y producida por Ernesto Alonso, tal serie presenta la vida y obra de Porfirio Díaz en seis periodos, distribuidos en doce videocasetes. En el volumen 8 la telenovela recrea diversos aspectos interesantes de la vida de Ignacio de la Torre y Mier ("Nacho"), como su relación conyugal con Amada Díaz, hija de Porfirio Díaz; su participación y detención en la fiesta de "Los 41" en la calle de la Paz; su exención de la lista de inculpados y una conversación con su suegro a raíz de su arresto. Sin embargo, la serie no ubica estos hechos en el año en que sucedieron (1901), sino en el periodo titulado El Poder (1876-1900), concretamente a finales de 1891.4

Al inicio del volumen en cuestión se presenta una escena en la que Manuel Romero Rubio ­ secretario de Gobernación y suegro de Porfirio Díaz ­ trata de apaciguar la curiosidad de su hija, Carmen Romero Rubio de Díaz, sobre las pláticas sostenidas entre él y Díaz acerca del comportamiento de Ignacio de la Torre. Ante la insistencia de Carmen, Manuel termina diciendo: "Nacho resultó un tanto ... un tanto extravagante, y su extravagancia debe quedar en familia." En escenas posteriores se muestra el abandono de Amada por parte de Nacho cuando éste manda decir con la criada que no irá a cenar, y cuando Amada confiesa a su amiga Virginia tener "problemas íntimos" con Nacho, perspicaz e insistente, Virginia termina concluyendo: "O sea que él no te atiende como debe."

Más adelante se presenta la escena de la fiesta y la redada: los gendarmes y "agentes de la secreta", macanas y pistolas en mano, merodean sigilosos en el exterior de una elegante casa del centro de la ciudad. En el interior, Ignacio de la Torre, maquillado y vestido de odalisca, se divierte con los invitados comiendo uvas de un racimo, de las que da una en la boca a otro joven, para después mostrar con coquetería, dando una vuelta sobre sí mismo, su vestido a los asistentes a la fiesta: jóvenes vestidos de frac y jóvenes disfrazados de geishas, hadas, princesas... que bailan y se abrazan alegres. En el momento en que está a punto de iniciarse una riña entre Nacho y un joven vestido de gitana (el primero da una bofetada al segundo, después de una breve discusión), irrumpe en el salón un joven vestido de hada gritando: "¡La policía muchachos! ¡La policía!" Los gendarmes y agentes entran en la casa y, ante el desconcierto de los festejantes, los arrestan a punta de empujones y jaloneos, tirándoles gorros y pelucas que revelan sus cabellos cortos y sus facciones masculinas. Nacho logra esconderse en la biblioteca de la casa, pero su risa nerviosa y borracha lo delatan; es descubierto detrás de las cortinas y conducido entre empellones sin dejar de reír, divertido y nervioso a la vez.

En la siguiente escena Porfirio Díaz es informado por Manuel Romero Rubio del incidente y le pide a éste manejar el asunto con "discreción" para evitar que la prensa se entere. Romero Rubio explica que son cuarenta y dos detenidos, y le extiende a Díaz una lista con "nombres importantes, la mayoría conocidos", incluyendo a Nacho. Díaz observa la lista y tacha un renglón diciendo: "Son cuarenta y uno." "Cuarenta y dos, Señor." "Cuarenta y uno, don Manuel." "Comprendo. Cuarenta y uno." "Haga hasta lo imposible por evitar el escándalo. Hable con las familias y, a los que pueda, déjelos salir discretamente."

En una escena posterior, en su despacho Díaz ­ exaltado, indignado y asqueado ­ reprende fuertemente a Nacho por lo ocurrido y decide hacer como que ignora sus "porquerías" y "anormalidad" con el único propósito de salvar patriarcalmente el honor familiar y presidencial: "No lo entiendo. ¡Y no trates de explicármelo porque esas porquerías jamás las podré entender!, ¡ni quiero! Hay cosas que no, ¡nomás no!...¿Amada lo sabe?" "No hemos hablado de ello." "Ni lo hagan." "Pero, lo sabrá, lo escucha." "¡Baja la voz!" "Lo escuchará en algún sitio. Es un chisme nacional." "Pues que se quede en eso, en un chisme... ¡Es que no, es que no me cabe en la cabeza!" "Fue una tontería mi general. Una fiesta de disfraces que se malinterpretó." "Mira Nacho, no me tomes por un imbécil, ¡punta de maricas! ¡Y no te hagas el ofendido tampoco! No te he salvado del escándalo ni de los líos con la ley porque te considere un hombre digno, ya ni siquiera un hombre, sino porque la familia del Presidente de la República, ¡mi familia!, debe ser intachable, ¡in-ta-cha-ble! ¡¿Lo oyes?!" "Si...si hay algo que yo pueda hacer..." "Sí, cerrar la boca, no comentarlo con nadie, y menos con Amada. Y aparentar que eres un hombre normal, honorable. Porque, oye muy bien Nacho, otro escandalito de estos y te juro que no te va a quedar vida suficiente para arrepentirte." "Señor... yo le doy mi palabra..." "¡¿De qué me sirve a mí la palabra de un mamarracho?! ¡No quiero tu palabra, no la necesito! Porque estoy seguro de que has entendido lo que te estás jugando... Y no te me vas a esconder. Actúas como si nada hubiera pasado. Incluso con la familia... Y esta conversación, nunca la tuvimos. ¡Entendiste!... Nuestra relación continuará igual, ¿¡entendiste!? Buenas noches." "Buenas... noches... General."

En su ensayo titulado "Los cuarenta y uno", Carlos Bonfil aborda el suceso y describe cómo: "A lo largo de las décadas siguientes, el mito se afianza y en la representación satírica de los homosexuales se incluyen amalgamas nuevas." En su abordaje sobre este mito mexicano, Bonfil hace un breve recuento histórico sobre las nuevas representaciones del homosexual en los ámbitos social y cultural, desde el homosexual como encarnación de "los vicios más visibles de la burguesía" en el periodo revolucionario, hasta el incremento de la tolerancia y el respeto hacia los gays a mediados de los noventa. Al respecto señala: "Asistimos hoy a un agotamiento paulatino de la eficacia del choteo y de la discriminación antigay. El éxito de películas como Filadelfia y Fresa y chocolate revelan en las mayorías una inesperada permeabilidad respecto al tema de la tolerancia. Algo comienza a desaparecer: la posibilidad de que una película o una obra de teatro abiertamente homófobas puedan ser valores seguros en la taquilla." Sin embargo, reconoce que "la comunidad gay en México dista mucho de ser homogénea" y ejemplifica con la alta proporción de gays adeptos al conservador y homófobo Partido Acción Nacional según encuestas de "las pasadas elecciones". Sobre esto, Bonfil concluye:

"En el mejor de los casos, tal autoflagelación delata una añoranza por épocas pasadas, probablemente por aquel clima de clandestinidad e intolerancia que prevaleció en la época del baile de los 41."

La resignificación de los vencidos: el 41 y el orgullo gay

Así como se ha denostado al "número escarlata" en la vida cotidiana y cultural de nuestro país, también han habido homenajes vindicadores y reivindicadores al número homosexual por parte de los depositarios del estigma. De diversas maneras, la comunidad gay mexicana ha subvertido el estado de las cosas a través de la resignificación cultural de la condena popular y de la revaloración de lo discriminado, del mismo modo que la comunidad gay mundial realizó la resemantización del triángulo rosa invertido ­ usado por los nazis para marcar a los homosexuales en los campos de concentración durante la segunda guerra mundial ­ al adoptarlo como icono gay.

Así, a mediados de los años ochenta y principios de los noventa existieron en la Ciudad de México tres discotecas gays que en su nombre aludían a "Los 41", las cuales se anunciaban en la sección "Guía de lugares" de las revistas gays de la época. La más antigua se llamaba L’ Fameux (41) y se encontraba en la Zona Rosa. Las otras dos eran Disco Club 41, enfrente de la Plaza de la Solidaridad, y El famoso 42, que se ubicaba en República de Cuba, en el Centro Histórico. En la actualidad existe El 42, en Poza Rica, Veracruz.

En el ámbito editorial, a principios de los noventa el Centro de Información y Documentación de las Homosexualidades en México Ignacio Álvarez (cidhom) del Colectivo Sol ac ­ dirigido por Juan Jacobo Hernández, fundador a finales de los setenta del grupo gay Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (fhar) ­ publica la revista gay 41, Soñar Fantasmas, de la cual se editan sólo cuatro números en 1992 y 1993. Ilustrado con el anverso del primera Hoja Suelta publicada sobre "Los 41", en el texto de presentación, titulado "Recuperar nuestra historia", se afirmaba lo siguiente a propósito del significativo nombre de la revista: "Que la mención del número 41 nos alude a los homosexuales mexicanos, es más que evidente. ¡Zafo!, decíamos como reflejo condicionado cuando de niños o adolescentes nos tocaba ese número en la lista de la escuela. Al asignarnos ese número se nos convierte en maricones, como bien apunta el grabador Posada, promotor involuntario de la cabalística cifra. Recuperarlo, junto con la retahíla de nombres que se nos adjudica, es parte del intento por recuperar nuestra historia, rica en aconteceres, producciones y personajes dentro de los cuales se incluyen los ‘41 maricones, tan chulos y coquetones’. La mayoría de ellos, para tu información, acabaron muriendo de malaria, diarreas y malos tratos, desterrados por el porfirismo a los campos de trabajos forzados de Valle Nacional y Yucatán. Lados oscuros de la historia que encubre la anécdota jocosa, irreverente del reventón en que fueron detenidas, vejadas, maltratadas y desterradas esas manas mártires."

No es casual que el logotipo de 41, Soñar Fantasmas5 incluyera, al lado de la "cabalística cifra", un triángulo rosa invertido. Más recientemente, la revista gay Atractivo retomó el tema en un artículo titulado "Los 41, sinónimo de homosexualidad". El autor, Jorge Aguilar, recrea los sucesos estableciendo parangones con el ambiente gay actual para lograr la identificación de los jóvenes gays lectores con los jóvenes homosexuales de principios de siglo: "Todos se entregaban a los placeres de la danza y del amor, besándose, estrechando sus cuerpos, mientras en las entrepiernas, lujuriosos volcanes estaban a punto de estallar. Risas discretas, caricias ardientes que aumentaban con la euforia del vino. Era una de tantas fiestas homosexuales en la Ciudad de México de la época porfirista, organizada por los herederos de grandes fortunas, pero con gustos eróticos muy refinados y muchos de los invitados eran jóvenes de clase media o de plano obreros apuestos, que concurrían ante la tentadora posibilidad de ligarse a alguno de aquellos hombres pudientes, que les ayudaran a hacer más llevadera su existencia, consiguiéndoles un trabajo remunerativo [sic] en la burocracia o dándoles dinero."

Al igual que en El vuelo del Águila, Aguilar afirma que Ignacio de la Torre era "un hacendado de gran fortuna". En el apartado titulado "A falta de discoteca un leonero", describe cómo fue descubierto el "reventón" que, según informa, se realizó: "en la calle Ezequiel Montes, conocida en aquel tiempo como de la Paz. El gendarme comisionado en la esquina de la cuarta calle, vio que llegaban a una de las casas numerosos carruajes, de los que descendían algunas damas solas o acompañadas de respetables señores. Todo aquel movimiento le pareció sospechoso desde un principio y se acercó para tratar de ver lo que pasaba. Bueno, ha de haber dicho, es un baile; nada más que las damiselas tenían un no se qué, que lo confundían y no era para menos, si algunas lucían bigote. Raudo y veloz se fue corriendo a la Octava Comisaría [...]"

Más adelante describe los sucesos posteriores: la irrupción de la policía en el domicilio privado y la detención de los jóvenes homosexuales que "fueron a parar a la comisaría en medio de burlas de los gendarmes"; la difusión de la noticia en los periódicos y en la Hoja Suelta con los grabados de Posada; los detalles sobre "los travestidos de la fiesta [que] se hacían llamar con nombres de actrices famosas de la época [...] o de prostitutas muy conocidas [...]"; el castigo impuesto por el "gobernador del Distrito Federal", quien "Los mandó a barrer las calles, acusados de faltas administrativas como vagancia y embriaguez"; y el escamoteo del nombre de Ignacio de la Torre en la lista de detenidos. Al respecto Aguilar escribe: "El Imparcial, vocero del gobierno porfirista, fingió demencia al principio, pero viendo que el asunto cobraba dimensiones inesperadas, aclaró solamente, que entre los detenidos no había personas pertenecientes a familias muy distinguidas [y cita:] ‘Creemos necesario rectificar esas opiniones. La verdad es que en la referida reunión, excesivamente inmoral y escandalosa, sólo se encontraban [sic] un grupo de más de 40 hombres, muy conocidos por sus costumbres depravadas, y que en más de una vez han figurado en escándalos por el estilo.’"

Posteriormente, Aguilar narra el arbitrario envío a Yucatán de los detenidos que carecían de influencias o dinero, y su exposición "al populacho" ­ "vestidos de mujer a la fuerza" ­ en cada estación del ferrocarril para recibir "insultos y piedras por el grave delito de haberse amado como hombres". El artículo finaliza con una reflexión irónica y muy certera: "Después vino el olvido.

Desafortunadamente no vivían en el Greenwich Village de Nueva York, como para aspirar a ser recordados por las generaciones futuras de sus iguales, en las marchas del orgullo gay. No [...], fueron hijos del infortunio y la miseria y de ellos [sic], únicamente se les recuerda como los 41, sinónimo de homosexual y adjetivo calificativo de mayate, gay, chichifo, padrote, mujercito, putérmico, puñal, diva, travesti, maricón, joto, lilo, mariquita, loca, etcétera. Esa fue la losa que cayó sobre sus tumbas desconocidas, en algún lugar desconocido del sureste mexicano."

La crítica velada de Aguilar hace referencia a las llamadas "revueltas de Stonewall", nombre con el que se conoce al acto de resistencia civil de travestis y drag queens quienes, del 27 al 31 de junio de 1969, enfrentaron los embates de las fuerzas públicas atrincherados en el bar gay Stonewall, ubicado en la calle Christopher en Greenwich Village, Nueva York, para poner fin al hostigamiento y la extorsión policiacas. Tal suceso marcó el origen simbólico del Movimiento de Liberación Gay en Estados Unidos, el cual es conmemorado en México y en el mundo cada año, a fines de junio, con la Marcha del Orgullo Gay.

Sin embargo, "Los 41" no sólo han sido homenajeados y reivindicados en el suelo nacional por los hacedores de la cultura popular gay, sino también fuera de nuestro país por parte de académico/as de los estudios lésbico-gays y de los estudios queer. Tal es el caso del recién concluido simposio internacional El centenario de los 41: sexualidad y control social en Latinoamérica, 1901, el cual ­ como informó oportunamente la periodista Patricia Vega en su columna "Alebrijes" ­ se realizó del 15 al 17 de noviembre del presente en la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans, organizado por el investigador estadunidense Robert McKee Irwin, quien "decidió celebrar la efeméride" con ese evento "por el carácter transgresor del hecho". En tal simposio participaron destacados/as académicos/as mexicanos y estadunidenses: "pioneros en el campo de los estudios históricos de la sexualidad, que integran una nueva generación de crítica cultural latinoamericana que no rehuye asuntos polémicos como prostitución, crímenes sexuales, homosexualidad, travestismo, enfermedades mentales y de transmisión sexual, y prisiones de hace un siglo".

"Los 41" y la Marcha del Orgullo por el Respeto al Derecho a la Diversidad Sexual

Hoy, a cien años de la represión contra "Los 41", y de su incursión en la imaginería homófoba popular, mucho se ha avanzado en el país en materia de tolerancia y respeto hacia los homosexuales, pero también hacia las lesbianas, bisexuales y transgéneros (travestis y transexuales), quienes ahora se han agrupado solidariamente bajo el estandarte de la diversidad sexual.6 A lo largo del último siglo las comunidades de la diversidad sexual se han hecho presentes y han ido ganando terreno en los diferentes ámbitos sociales. A través de diversas expresiones culturales y políticas han logrado reivindicar una visión propia de la vida y la cultura; luchando para ser y estar, y para que la diferencia cultural derivada de la diferencia de orientación sexual no signifique necesariamente desigualdad. La sociedad civil, por su parte, entre homófoba y solidaria, intolerante y respetuosa, prejuiciosa e informada, retrógrada y progresista, cada vez muestra más signos de apertura hacia las formas de vida y manifestaciones culturales de las personas sexualmente diversas, a su derecho a existir de manera diferente.

A un siglo de que fueran arrestados, vejados e injustamente castigados los jóvenes homosexuales que pasaron a la historia como "Los 41", existe en la Ciudad de México un movimiento social de la diversidad sexual que, con problemas y divisionismos inherentes a cualquier movimiento social, avanza hacia el mejoramiento de la situación social y de la reivindicación de los derechos humanos de las personas sexualmente diversas. Por eso, el pasado 30 de junio, en la más reciente Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual y Transgenérico (la número XXIII), rebautizada significativamente como Marcha del Orgullo por el Respeto al Derecho a la Diversidad Sexual, miles de homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgéneros ­ los todavía considerados "transgresores" de esta época ­, se manifestaron desde el Paseo de la Reforma hasta el Zócalo con el objetivo de demandar la aprobación de la iniciativa de ley de Sociedades de Convivencia. Formulada por la diputada Enoé Uranga ­ del Partido Democracia Social (PDS) ­, y presentada ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, tal iniciativa legalizaría las uniones entre personas del mismo sexo, por lo que representa un avance en la defensa de los derechos de homosexuales y lesbianas que deseen brindar a su pareja la protección y algunas de las prerrogativas de la ley que se prescriben y aplican a las parejas heterosexuales.

Además, la XXIII Marcha del Orgullo por el Respeto al Derecho a la Diversidad Sexual, aunque tarde, recordó y rindió homenaje a las "manas mártires". Tal homenaje incluyó la participación de un contingente conformado por "Los 41", un grupo de hombres y mujeres jóvenes sexualmente diversos quienes, a bordo de un tráiler, desfilaron bailando al ritmo no de polcas ni valses como los jóvenes homosexuales decimonónicos, sino al ritmo de la música disco y las canciones de Paulina Rubio. Al arribar la Marcha del Orgullo al Zócalo, los y las manifestantes realizaron un festival político-cultural que incluyó la participación de varios grupos y artistas de la diversidad sexual. También "Los 41" subieron al escenario y bailaron al ritmo de una canción de principios de siglo entonada por el actor Tito Vasconcelos. En un momento del mitin, Vasconcelos, quien también fungía como maestro de ceremonias, recordó a la multitud congregada en la Plaza de la Constitución el suceso de "Los 41" y, en clara analogía con la reciente situación derivada del cierre de bares y discotecas gays y lésbicas en la delegación Cuauhtémoc, expresó que "la Dolores Padierna de ese tiempo, Porfirio Díaz, envió a la policía a detener a cuarenta y un homosexuales que estaban en una fiesta privada".

Todos/as somos 41

Si bien se ha avanzado en materia de respeto a las comunidades de la diversidad sexual, todavía queda mucho por hacer para terminar con la intolerancia, la homofobia y la violación de los derechos humanos en los ámbitos civil, religioso, gubernamental, etcétera. Hoy, a cien años de la discriminación contra "Los 41", ya no existe un sistema gubernamental que mande realizar trabajos forzados a los homosexuales en Yucatán, pero existe una Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (para no variar) "cuyo titular pidió confinar a los infectados [de sida] y ‘disparar a matar’ en caso de que rebasen la línea de seguridad". Ya no existe un "populacho" enardecido que insulta y arroja piedras a los homosexuales expuestos como fenómenos en cada estación de ferrocarril, pero existe un sector de la sociedad que ha asesinado por odio homófobo a 217 homosexuales en todo el país entre 1995 y 2000 (treinta y cinco personas en promedio anualmente), como lo reportó el último informe de la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia.

Ya no existen jóvenes homosexuales "quebradizos" que acaban "muriendo de malaria, diarreas y malos tratos, desterrados por el porfirismo a los campos de trabajos forzados de Valle Nacional y Yucatán", como informó 41, Soñar Fantasmas; pero existen jóvenes gays que acaban brutalmente asesinados en la ciudad de Colima ante la negligencia de las autoridades "procuradoras de justicia" y de las "defensoras" de los derechos humanos. "Si un grupo de personas homosexuales dice estar aterrorizada, su miedo es muy personal, nadie puede garantizarle la vida a nadie", declaró sobre el caso Jesús Antonio Sam López, procurador de justicia del Estado.

Ya no existe un patriarcal Porfirio Díaz que reprende enérgicamente a su hijo político homosexual por sus "porquerías" y actos "anormales"; pero existe un presidente de la Unión Nacional de Padres de Familia que, en su discurso de toma de posesión del cargo, se manifestó en contra de la más reciente Marcha del Orgullo por el Respeto al Derecho a la Diversidad Sexual y se propuso luchar "para que la moral se restablezca y evitar que este tipo de manifestaciones se lleven a cabo"; y que, además, declara oponerse a que "estos desviados sexuales quieran ser ejemplo de las nuevas generaciones" y compara "a los homosexuales con los narcotraficantes y con los secuestradores, por tratarse de personas que realizan ‘actos antinaturales y aberrantes’". Tampoco existe una Hoja Suelta que dé cuenta de "los acontecimientos de sensación" como la detención y escarnio de los "mariquitos" de principios de siglo, pero existe una prensa sensacionalista que presenta de manera escandalizada y morbosa los logros que en materia de expresión pública y reivindicación de derechos han conseguido desde entonces los puñales: "Apuñalan la ciudad. Aprovechan algunos Marcha del Orgullo Gay para exhibirse en calles del DF"; "Marcha de homosexuales por las calles de México. ¡¿Cuándo íbamos a imaginar esto?!"

Todavía poco valorados en sus dimensiones histórica, política y cultural, incluso por los/as propios/as activistas de la diversidad sexual contemporánea, los sucesos de "Los 41" representan no sólo un hito estigmatizador en la historia de los homosexuales en México, sino también un ejemplo de la intolerancia y la injusticia que el sistema cultural heterosexista puede ejercer contra ese segmento de la diversidad sexual que no se ajusta a los cánones de lo "normal" ni de lo "aceptable". El homenaje realizado a "Los 41" por parte de las comunidades de la diversidad sexual debe hacerse extensivo a cualquier homosexual, lesbiana, bisexual y transgénero pasado y contemporánea, conocido y anónima, activistas y no activistas, veteranas y jóvenes, quienes, a lo largo de los últimos cien años, con su decidida actitud de ser fieles a sí mismos/as, han tenido el valor de enfrentar el heterosexismo y la homofobia para vivir plenamente según su deseo.

Notas

1 La Hoja Suelta, así como otros periódicos de la época editados por Antonio Vanegas Arroyo e ilustrados por José Guadalupe Posada, eran medios informativos concebidos para el consumo popular en el que se narraban de manera sensacionalista los sucesos más sonados del momento. En el libro José Guadalupe Posada. Ilustrador de la vida mexicana se afirma: "Era Vanegas Arroyo un personaje singular que se había especializado en la edición de gacetas populares en las que se informaba acerca de los sucesos que más impresionaban el alma sencilla de la gente: catástrofes, crímenes, escándalos, incendios, procesos sensacionales, peregrinaciones, milagros [...] Con las ilustraciones de Posada, el atractivo que ejercían esas hojas se acrecentó, ya que la gran mayoría de la población, que no sabía leer ni escribir, e incluso la minoría letrada, podía escuchar en el lenguaje de las ilustraciones los acentos más dramáticos del relato."

2 No sólo Posada trabajaba para los diversos proyectos periodísticos de Vanegas Arroyo; si bien el grabador se encargaba de las ilustraciones, los textos eran responsabilidad de escritores del momento: "Posada formalizó un contrato con el editor Antonio Vanegas Arroyo, posiblemente por 1890 ­pues de esa fecha datan los primeros grabados reproducidos en La Gaceta Callejera, y que se refieren a motines antirreeleccionistas­, en cuya empresa trabajó hasta su muerte. Figuraban también los poetas Armando Molina, Gabriel Corchado, Rafael Romero, Abundio García y Constancia S. Suárez. Con este convenio principió una labor editorial que inundó el país de toda suerte de publicaciones profanas y religiosas."

3 Se ignora si la imagen corresponde a la ilustración de un texto, ya que en la fuente revisada la imagen aparece sola.

4 Es de suponer que el cambio de fechas se debió a necesidades de adaptación para otorgar a la telenovela continuidad narrativa, y no debido a la ignorancia de los realizadores. Con todo, aún cuando esta suposición fuera cierta, el tratamiento telenovelesco no justifica la falta de respeto y de valoración histórica al descontextualizar los sucesos de su dimensión temporal real y ubicarlos a finales del siglo XIX, sobre todo si se considera que los hechos ocurrieron a inicios del siglo XX ("el siglo de la modernidad"), el cual, como se reconoce en la propia telenovela, prometía grandes cambios para el país.

5 En el ensayo citado, Bonfil menciona una serie de obras literarias de temática homosexual entre las que incluye 41 o el muchacho que soñaba en fantasmas, de Paolo Po. Así, es evidente que el título de la revista gay hace referencia a esa obra.

6 "[...] desde nuestro punto de vista, la diversidad sexual en el contexto local debe hacer referencia a las sexualidades disidentes de la sociedad mexicana, ya sea que se expresen a través de las acciones sociales y políticas de los sujetos sexuales politizados, o bien a través del ejercicio cotidiano de los sujetos sexuales no politizados. En el primer caso es preciso tomar en cuenta el discurso social y político de las minorías eróticas y su lucha por el reconocimiento de aquellas sexualidades disidentes que tienen o empiezan a tener un sustento social y político, es decir, las que cuentan con una base en los movimientos sociales y que están en discusión en el contexto de los derechos civiles y los derechos humanos. En el segundo caso es necesario examinar la manera en que los significados sexuales se concretan en la vida cotidiana de las personas que no participan en movimientos políticos, y la forma en que sus identidades y prácticas sexuales se ven afectadas por los grupos, las instituciones y los ámbitos socioculturales específicos en los que se desarrollan" (Hernández Cabrera, Porfirio Miguel. "Los estudios sobre diversidad sexual en el pueg". En Gloria Careaga y Salvador Cruz (comps.) Sexualidades diversas: aproximaciones para su análisis, Fundación Arcoiris, por el Respeto a la Diversidad Sexual ac/Programa Universitario de Estudios de Género-unam/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001, pp. 21-30 (p. 26).

 


Volver arriba 

 

La Gran Redada, por Carlos Monsiváis                         / 8 noviembre 2001

 

A las tres de la mañana del domingo 18 de noviembre de 1901, en la céntrica calle de la Paz (hoy calle Ezequiel Montes) la policía interrumpe una reunión de homosexuales, algunos de ellos vestidos de mujer. (En esta crónica, me atengo a la excelente investigación hemerográfica de Antonio S. Cabrera). La escena, inventada con brío en cada recuento periodístico, es sucesiva o simultáneamente patética o apocalíptica, al gusto de una época que, a través del escándalo se acerca deleitosamente a sus prohibiciones. De ellos, 22 visten masculinamente y 19 se travisten. Este es el repertorio imaginado o extraído de las noticias policiales (no publicadas): faldas, perfumes caros, pelucas con rizos, en una recámara una cama adornada donde hay un niño de mercería, la rifa de un joven agraciado (Bigotitos Rizados), caderas y pechos postizos, aretes, choclos bordados, maquillajes de blanco o de colores estridentes, zapatos bajos con medias bordadas, abanicos, trajes de seda cortos, ajustados al cuerpo con corsé.

Las crónicas de los primeros días insisten: son 42 los detenidos. Luego, quedan 41, así nomás, y eso aviva el rumor que será leyenda que será "verdad histórica": el prófugo, que paga a precio de oro su libertad y al que se le permite huir por las azoteas, es don Ignacio de la Torre, casado con la hija de Porfirio Díaz. Más que ningún otro hecho, la presencia del Primer Yerno de la Nación señala la Redada y le confiere el ingreso firme a la memoria histórica, pese a la imprecisión de las noticias, la ausencia de foto y el que del grupo sólo tres proporcionan su nombre verdadero: Jesús Solórzano, Jacinto Luna y Carlos Zozaya.

A la presencia mitológica de Nacho de la Torre se unen los pertenecientes "a familias conocidas y de buena posición". El Popular ataca: "además de eso, va resultando que todos son pollos gordos, algunos riquillos que la portan; criados en paños azules".

Los ataques a la moral no debieron ser tantos, porque en la siguiente etapa, el número de los enviados a Yucatán, de leva en el Ejército, ya se ha reducido considerablemente. Son apenas 19. Sin temor de calumniar la honradez proverbial del aparato de justicia en el México de 1901, es seguro que 22 o 23 víctimas de la Redada compran su libertad, El Popular (24 de noviembre de 1901) explica la merma sin demasiada convicción:

Ya escrito lo anterior (los acontecimientos) y con datos adquiridos de buena fuente, sabemos, y esto lo declaramos porque es honrado hacerlo, que entre muchos de los aprehendidos por la policía en el baile de la Cuarta calle de la Paz, había algunos individuos que fueron víctimas de un verdadero chasco pues que en las primeras horas de la noche del domingo se repartieron en varias cantinas unas tarjetas firmadas por una señora Vinchi en las que se invitaba a un baile en la casa citada esa misma noche.

Como era natural, hubo algunos que supusieron se trataba de unos tantos bailes que se dan en ciertas casas y acudieron para llevarse el gran chasco que ahora deben lamentar hondamente.

¡Oh ingenuidades de la prensa vendida! El redactor de El Popular sabía seguramente que ningún lector le creería, pero la estrategia del ocultamiento sólo tiene un propósito: que el costo entero de la Redada lo paguen los travestis. Y esto se consigue con alguna variante. La prensa se escandaliza ante el reclutamiento forzado. Así, Daniel Cabrera se indigna y escribe en El Hijo del Ahuizote el artículo "La aristocracia de Sodoma al servicio nacional":

...pero si podemos decir que hasta hoy las autoridades políticas han considerado al servicio de las armas como un castigo, han confundido los cuarteles con las casas de corrección y con las cárceles y a los abigeos, a los vagos, a los incorregibles, les penan haciéndoles cargar el fusil, como en tiempos atrás se hacía empuñar la pata a los huéspedes de las Acordadas.

El ejército no puede recibir en sus filas a individuos que han abdicado de su sexo, la Nación no debe honrar con el ahogo ni a quienes se han degradado con los usos del colorete y los vestidos de las prostitutas, ni a los que les sirvieron de parejas.

Afortunadamente, la mordaza que ponen en nuestro labio el respeto al pudor y las buenas costumbres, no puede impedirnos protestar por honra del Ejército, guardián de la paz y parte de la sociedad en que vivimos, contra la consignación de los pederastas al servicio de las armas nacionales. (24 de noviembre de 1901)

¿Qué distancia hay entre esto y la fórmula planteada por el gobierno de Bill Clinton al fracasar el reconocimiento de los gays en el ejército norteamericano: "Don't ask, don't tell"? Como sea, la protesta funciona y el 25 de noviembre El Popular publica una aclaración: "Los vagos, rateros y afeminados que han sido enviados a Yucatán, no han sido consignados a los batallones del Ejército que operan en la campaña contra los indios mayas, sino a las obras públicas en las poblaciones conquistadas al enemigo común de la civilización".

La lista de los 41 nunca se divulga y a ningúno de los personajes conocidos se le delata por escrito. Se aplasta la perversión, pero si los pervertidos son ricos sus nombres se confían a los patíbulos del chisme. A los gays de la élite los invisibilizan sus vínculos con el poder, y sólo padecen las asechanzas del rumor, aureola de la degradación y fiesta de los necesitados de superioridad moral instantánea. Y nadie desmiente nunca (sería disminuir el hecho nefando) la presencia en la fiesta de Nacho de la Torre, del que en los años siguientes se divulgan sus excentricidades, su fortuna, sus desplantes. En La Feria de la Vida (1937), José Juan Tablada evoca a De la Torre, relata sus relaciones con Porfirio Díaz, "visiblemente ceremoniosas y tirantes", y lo defiende tibiamente de su prestigio negativo: "En cuanto a otros rumores que la envidia desató en torno de aquel personaje, él mismo los invalidaba por los actos bien enérgicos de un cabal sportman, entre ellos su decidida admiración por el bello sexo, con todas sus consecuencias".

Tablada también cuenta cómo, en su hacienda de San Nicolás Peralta, De la Torre les enseña a sus huéspedes "todos los zapatos que puedan calzar el pie de un hombre moderno y elegante." Un burgués allí presente exclama:

--¡Pero, válgame, mi señor don Ignacio, ¡qué cantidad de zapatos!

El prócer sonrió ligeramente y luego, volviéndose a nosotros, exclamó como resignado:

--Dicen que ésta es... mi biblioteca!

De la Torre, jinete consumado, es hacendado en Morelos y con él trabaja por un tiempo Emiliano Zapata, que según la leyenda viene por vez primera a la ciudad de México como caballerango de don Nacho.

Queda una pregunta: ¿por qué el poder absoluto del dictador no elimina los rumores sobre su yerno? De seguro porque ciudad todavía chica infierno divulgado. ¿Y a qué otras personas se les endilga el milagrito de los 41? Además de Antonio Adalid la información es vaguísima. El periodista y cronista Alfonso Taracena cita con encono al periodista Chucho Rábago, y el chismerío antiguo de Sinaloa incluye a un hacendado, el solterón Alejandro Redo, que manda construir un aviario de grandes dimensiones en donde pasa las tardes. Los demás "aristócratas pervertidos" muy posiblemente se asilan en sus matrimonios o emigran.
 

La gran redada

Lo más significativo de la Redada de los 41 es, reiteradamente el hecho mismo de la detención arbitraria y sin asideros legales de un grupo que se divierten una noche de sábado. Se alegó que los 41 "carecían de permiso" para efectuar la fiesta. En las crónicas de época jamás se menciona la exigencia de permisos o notificaciones previas de reuniones. Por eso no extraña el comentario de El Hijo del Ahuizote (noviembre de 1901). En unas frases, Daniel Cabrera explica el por qué del silencio social en torno a la homosexualidad: "la mordaza que ponen en nuestro labio el respeto al pudor y las buenas costumbres". Es por vez primera explícitos sobre "los sodomitas". En México no está prohibida la homosexualidad porque la legislación penal se ha tomado en lo básico del Código Napoleónico que por distintas razones (entre las que se mencionan la necesidad de un Código no sujeto a nociones de pecado, la homosexualidad de Cambaceres, que lo promulga, el miedo a describir "lo más nefando") no menciona el comportamiento específico. En lugar de esto, desde el Código Penal de 1871 se establece en México la consigna exterminadora de la justicia, que dura hasta hoy: el delito es los ataques a la moral y las buenas costumbres, probados sólo por la interpretación de las vaguedades de la ley.
 
 

"¿Por qué me hiciste así, Dios mío, y no como a mi hermana?"

Antes de la Redada, las atmósferas son tan opresivas que no admiten la verbalización. La vergüenza aisla, para acudir a la cita tan repetida de Sartre. Entonces, la solidaridad posible, la mayor, casi la única, es el trato de un avergonzado con los demás y la conversión del avergonzado en desvergonzado (la salud mental a mano por vía del cinismo). La disciplina de trato ("Veo a los que son como yo, para no sentirme tan distinto por unas horas") esboza una comunidad y, por eso, un baile en 1901 es casi literalmente la Marcha del Orgullo Gay de 2001. Lo posible se aproxima a su manera a lo deseable. También es casi seguro que por los viajes de una minoría, ya un buen número de los 41 se considera parte de una cofradía internacional.

¿Qué piensan de sí mismos los detenidos en el baile de Los 41? A estas alturas es imposible entrevistarlos y a través de las circunstancias de la época es imposible no entrevistarlos. Se consideran seres alojados en la anormalidad que es simultáneamente el presidio de los pecadores y el edén de los gozadores; se piensan mujeres atrapadas en cuerpo de hombres; se sienten víctimas de un perverso designio de Dios; se juzgan desviaciones que arrasan por instantes con los controles de la formación católica. Nacieron así y se han construido no como homosexuales (el término no circula), sino como la especie doble o triplemente degradada: los maricones, sean clandestinos o no tengan ya nada que perder. Si, de acuerdo a Didier Eribon, todo homosexual aprende a hablar dos veces, en su segundo aprendizaje los invertidos del porfiriato, anhelan el equilibrio entre la hipocresía (que es sobrevivencia) y el apetito sexual que cuando se desata hace añicos las imposiciones de la Decencia.

El término maricones es la sentencia implacable y es la salvación a través de la parodia y el ánimo orgiástico. Si no existe el espacio para el mínimo orgullo, si lo hay para un sentido del humor desesperado y capaz por sí solo de proporcionar a contracorriente la salud mental al alcance. Este sería el mensaje: "Si no me río de mí mismo no reafirmo mi humanidad". Y de acuerdo a las evidencias en la generaciones siguientes el punto de partida es la conversión del determinismo en relajo, de la culpa en desfile de modas, de la condena en ridiculización de las convenciones idiomáticas. Se habla en femenino no tanto por la sin razón genuina ("Las locas están locas") como para asomarse con palabras al acto sexual. Si, por así decirlo, los maricones no chotean al Destino (que así los hizo), y no se ríen de paso de algunos de los dogmas que tan cruelmente los expulsan, jamás adquieren la identidad que es a un tiempo el abandono de las esperanzas y el regocijo ante el espectáculo de la sobrevivencia. Las autoridades refrendan su moralidad con arrestos, humillaciones y golpizas; mediante la persistencia de su conducta los maricones intuyen borrosamente sus derechos.

El aplastamiento religioso, social, cultural, penal, prohíbe el examen de la condición maricona, pero admite el vértigo, la libertad de movimientos en las horas del ghetto, el vestuario, los chistes autolacerantes, las acciones coreográficas. La reflexión podría ir así: "Soy un condenado desde el nacimiento, pero la cruz de mi parroquia admite los indultos sucesivos de la diversión, el relajo, el coito, el disfraz que es la adquisición por unas horas de la segunda piel". Y las compensaciones psíquicas se hallan en los bailes, los ligues, las reuniones, el travestismo verbal. El relajo es la demolición provisional de las cárceles del hostigamiento y los gays ven el espejo de su identidad en lo que sólo si los reprime reconoce su existencia. A fin de cuentas, también la identidad negativa es una sucesión de imágenes.

Aunque no lo parezca, la Redada, por así decirlo, inventa la homosexualidad en México. Para empezar, ya los que comparten las inclinaciones están al tanto de su suerte: pudieron formar parte de los 41, y se salvaron al menos esa vez. Al precisar el límite social y penal de los homosexuales, la Redada hace vislumbrar las fragilidades del determinismo. Si el estigma cubre a todos, los castigos físicos sólo a unos cuantos les llegan, y no todos ni muchos menos tendrán que barrer las calles en algún momento. Por más desconfiado que sea, por más en secreto que viva, cada homosexual luego de la Redada ya no se siente solo: en el espíritu de la orgía interrumpida, le acompañan los otros 41, y los secundan también los gendarmes. Diversión y represión. Si los homosexuales ya existían y el Baile delata una mínima pero ya y sólida organización social la Redada, al darle el nombre ridiculizador a la especie (Los 41), modifica el sentido de esa colectividad en las tinieblas: de anomalías aisladas ascienden a la superficie del choteo, y esta primera visibilidad es un paso definitivo.
 
 

"De la que te salvaste"

Lo más significativo del episodio de Los 41 es, desde luego, la Redada con su negación absoluta de los derechos humanos y civiles. A partir de ese momento, se sienta jurisprudencia y lo que viene es legal porque ya lo fue: redadas continuas, chantajes policiacos, torturas, golpizas, envíos a las cárceles y al penal de las Islas Marías. Sólo se necesita una frase en el expediente: "Ofensas a la moral y las buenas costumbres". No hace falta más, no hay abogados defensores (en el caso de los jotos ni siquiera de oficio), no hay juicios, sólo caprichos judiciales dictados por el prejuicio y "el asco". Y la sociedad, o la gente que se entera, encuentra normales o admirables esos procedimientos.

La Gran Redada le inventa a los gays de México un pasado que es, en síntesis, la negociación con el presente. Vienen del momento de felicidad destruido por la gendarmería, y la comunidad surge a pesar suyo al agrupar a todos los susceptibles de razzias. De la madrugada del 18 de noviembre de 1901 a 1978, en la marcha conmemorativa del 2 de octubre, cuando desfila un contingente gay, los gays viven presos del pánico de la Redada, y que esto no es psicologismo lo prueba la continuidad de los atropellos policiacos y de la Redada moral: los insultos, el desprecio, la ira y la congoja de los padres. Y sólo cuando el término gay se populariza la Redada se ve interrumpida, no porque se elimine el ánimo persecutorio, sino porque la mínima protección de las leyes obliga a pasar de las razzias a la segregación que se va armando de voz pública.

Misterios de la semántica: con la palabra gay se introduce casi al mismo tiempo la defensa de los derechos humanos de los por ella representados.

  

* * * * * * *

ISLA  TERNURA PLAYA BUCEANDO EN OTRAS ÉPOCAS