| Desde los tiempos de
la redada de "Los 41" que eran cuarenta y dos ha corrido mucha
agua bajo los puentes, pero la intolerancia sigue dando sus feroces
dentelladas. Recordemos a un alcalde priísta que prohibió una reunión gay
en Guadalajara; a una anticondónica alcaldesa panista de Mérida; a los
legisladores panistas y cerveristas que prohibieron el sexo oral; a los
panistas tapatíos partidarios de "la falda hasta el huesito"; al alcalde
de Veracruz, panista y organizador de redadas; los letreros en los
balnearios de Aguascalientes y el prodigioso alcalde de esa ciudad que
ordenó a los travestis que se vistieran modesta y decentemente. De esta
manera, los usuarios podían llevarse al motel a su tía Matildita o a su
abuela Merceditas. En fin... sigue la mata dando |
Un hecho histórico relevante sobre la situación
represora contra los homosexuales en México es el famoso suceso de "los
cuarenta y uno". El 20 de noviembre de 1901, en la Ciudad de México,
durante el régimen de Porfirio Díaz, la policía hace una redada en una
fiesta privada de cuarenta y un homosexuales jóvenes pertenecientes a
las familias porfirianas más notables , quienes son encarcelados,
humillados y desterrados a Yucatán, donde se les confina para realizar
trabajos forzados. Al respecto, en un ensayo Carlos Monsiváis afirma que,
de acuerdo con un rumor popular "nunca desmentido", entre estos
festejantes se encontraba Ignacio de la Torre y Mier, el yerno de Porfirio
Díaz, a quien, junto con otros detenidos con "influencias políticas", se
le permite escapar.
A pesar de los esfuerzos de Díaz por acallar
a la prensa y evitar el "escándalo" familiar, la cobertura periodística
dio tintes de chisme nacional a la noticia. Así, Juan Carlos Bautista, en
su ensayo "El México festivo de la diversidad. Tolerancia y marcha gay",
en el que hace un recuento histórico y literario de los cambios en la
situación social de la comunidad homosexual mexicana, aborda los sucesos
en torno a "Los 41" y, en el apartado titulado "El número escarlata", da
cuenta de una nota informativa de la época:
La noche del
domingo fue sorprendido por la policía, en una casa accesoria de la 4a.
calle de la Paz, un baile que 41 hombres solos verificaban vestidos de
mujer. Entre algunos de esos individuos fueron reconocidos los pollos
que diariamente se ven pasar por Plateros. Éstos vestían elegantísimos
trajes de señoras, llevaban pelucas, pechos postizos, aretes, choclos
bordados y en las caras tenían pintadas grandes ojeras y chapas de
color. Al saberse la noticia en los boulevares, se han dado toda clase
de comentarios y se censura la conducta de dichos individuos. No damos a
nuestros lectores más detalles por ser en sumo grado
asquerosos.
El
hecho marca un hito estigmatizador y estereotipador a partir del cual,
hasta la actualidad se asocia popularmente el número 41 con la
homosexualidad "afeminada". Sobre esto, Monsiváis afirma: "La redada
adquiere de inmediato perfiles legendarios [...] El número 41 se asocia
automáticamente con la homosexualidad". Mientras que Bautista señala:
"Desde entonces decir ‘41’ fue igual a decir afeminado, el contrahecho que
renuncia a los atributos de su sexo, crimen inconcebible para una sociedad
machista."
El número 41, sinónimo
de homosexual: de la
nota roja a la
telenovela
Sin embargo, no sólo el rumor popular hizo
que el número 41 se incrustara rápidamente en el imaginario colectivo como
sinónimo de homosexual. Esto también fue posible gracias a la amplia
producción cultural que inmediatamente se desató sobre el suceso, la cual
abarcó el grabado, el periodismo, el teatro, la literatura, la pintura, e
incluso, más recientemente, la televisión.
Una de las
producciones culturales más famosas en torno a la detención de los jóvenes
homosexuales porfirianos son los ejemplares del periódico Hoja
Suelta, publicados en 1901, para pasar así a la historia como el
antecedente periodístico sensacionalista más antiguo del siglo xx sobre
los homosexuales en nuestro país1 . La primera entrega en la
Hoja Suelta se tituló: "Los 41 maricones encontrados en un baile de
la calle de la Paz el 20 de noviembre de 1901." Conformada de un anverso y
un reverso, presenta sendos grabados de José Guadalupe Posada ilustrando
la noticia redactada en forma de cuartetos debidos a la pluma de alguno o
algunos poetas de la época2 . En el anverso, la ilustración
el grabado más conocido de la serie dedicada al suceso muestra a
un grupo de hombres, todos de bigotes relamidos, bailando alegremente en
parejas, a decir de los versos:
"Disfrazados la mitad/ De simpáticas
muchachas/ [...] /La otra mitad con su traje,/ Es decir de masculinos,/
[...]". Con el subtítulo "Aquí están los maricones muy chulos y
coquetones", los versos rezan: "Hace aún muy pocos días/ Que en la calle
de la Paz,/ Los gendarmes atisbaron/ Un gran baile singular.// Cuarenta y
un lagartijos/ Disfrazados la mitad/ De simpáticas muchachas/ Bailaban
como el que más.// La otra mitad con su traje,/ Es decir de masculinos,/
Gozaban al estrechar/ A los famosos jotitos.// Vestidos de
raso y seda/ Al último figurín,/ Con pelucas bien peinadas/ Y moviéndose
con chic."
En el reverso, Posada dibuja a algunos de
estos hombres vestidos de mujer y con caras de enfado, barriendo las
calles, vigilados por gendarmes y observados por una muchedumbre de
sombrerudos con expresiones de regocijo. Al igual que el texto del
anverso, el del reverso asume un tono socarrón y abunda en detalles sobre
la vestimenta de las "simpáticas muchachas", alude al motivo de la reunión
y describe las reacciones de los convidados a la fiesta en el momento en
que irrumpe la policía en el domicilio privado:
"Abanicos elegantes/
Portaban con gentileza,/ Y aretes ó dormilonas/ Pasados por las orejas.//
Sus caras muy repintadas/ Con albayalde ó con cal,/ Con ceniza ó
velutina..../ ¡Pues vaya usté á adivinar!// Llevaban buenos corsés,/ Con
pechos bien abultados/ Y caderitas y muslos....../ Postizos....pues está
claro.// El caso es que se miraban/ Salerosas, retrecheras/ Danzando al
compás seguido/ De música ratonera.// Se trataba, según dicen, / De
efectuar alegre rifa/ De un niño de catorce años,/ Por colmo de
picardías.// Cuando más entusiasmados/ Y quitados de la pena,/ Se hallaban
los mariquitos/ Gozando de aquella fiesta.// Pum! que los gendarmes
entran/ Sorprendiendo á los jotones!/ Y aquello si fué de
verse..../ ¡Qué apuros y que aflixiones!// Algunos quieren correr,/ O
echarse dentro el común/ Otros quieren desnudarse/ A otros les dá
el patatús.// Una alarma general..../ Lloran, chillan, y hasta ladran,/
¡Qué rebumbio! ¡Qué conflictos!/ Pero ninguno se escapa.// A todos, uno
por uno/ La policía los recoje,/ Y á Tlapisquera derecho/ Se los va
llevando al trote".
Una segunda Hoja Suelta, menos
conocida, se publicó sobre el caso con el título: "El gran viaje de los 41
maricones para Yucatán." Posada ilustra el hecho presentando en primer
plano a dos figuras femeninas una de las cuales porta capa con
caperuza , que se cubren los rostros con pañuelos (¿esposas y
familiares llorando al despedir a los transgresores del orden sexual de la
época?, ¿los mismos transgresores vestidos de mujeres ocultando su
vergüenza?). A la izquierda un niño se lleva las manos a la cara y oculta
el rostro bajo un sombrero (¿el hijo de alguno de los detenidos?, ¿el
"niño de catorce años" que, según la nota, sería rifado?). Los detenidos
aparecen en el centro, de espaldas (dos vestidos de "masculinos", un par
vestidos de mujer, y otros dos con sombrero de copa), dirigiéndose hacia
un tren del cual sólo se ve una chimenea que exhala una gruesa hilera de
humo que cruza casi todo el grabado. A la derecha, los gendarmes vigilan,
macana en mano, y al fondo un grupo de sombrerudos observa la escena. En
el texto, como subtítulo, se lee:
"Las impresiones de viaje/
Resaladas cual no hay más/ De todos los maricazos/ Que mandan a
Yucatán." En los cuartetos se describen, en primera persona y en femenino,
con el mismo tono burlón de la primera Hoja Suelta, los apuros que
pasaron los arrestados durante su traslado en tren a los campos de
trabajos forzados en Yucatán: "Sin considerar tantito/ A nuestro sexo tan
casto,/ Ni el estado interesante/ Que casi todas guardamos,// Hechas
horrible jigote/ A todas nos encajaron/ En un carro de tercera/ Del trensote Mexicano.// Revueltas cual chilaquiles/ Fuímos con jergas
soldados/ Que injuriaban leperotes/ Nuestro pudor con descaro.// Al
pobrecito Sofío/ Le dieron muchos desmayos/ Con los continuos meneos/ De
este tren tan remalvado".
Además de estos ejemplares de la Hoja
Suelta, Posada también realizó la ilustración titulada "El
feminismo se impone" que, a diferencia de las anteriores, se publicó en
1907 en La Guacamaya periódico en el que el grabador mexicano
colaboró de 1901 a 1911 , y en la que se muestra ya entronizado
el 41 como número estigmatizador de una homosexualidad estereotipada. En
esta ilustración se presenta un gran número 41 alrededor del cual se
encuentran sartenes colgando y un grupo de hombres, con bigotes, vestidos
de mujer, haciendo labores "femeninas" como cocinar, planchar y bordar,
además de mostrar a uno de ellos arrullando a un bebé y a otros dos frente
a frente, en actitud de pareja, uno con abanico en mano y vestido de mujer
y el otro vestido de hombre.3
Así pues,
el alto poder seductor de las ilustraciones de Posada en una población
mayoritariamente analfabeta, e incluso en "la minoría letrada", contribuyó
a reproducir en la imaginería popular la "asociación automática" entre el
número 41 y la homosexualidad, abriendo con ello el camino para la
creación de otras producciones culturales que, voluntaria o
involuntariamente, favorecieron la reproducción de representaciones
culturales homófobas en la población mexicana. Monsiváis señala que, en
1902, las hermanas Moriones (empresarias de teatro), para celebrar las
cien representaciones de la zarzuela Enseñanza libre, deciden
montar la obra con los "papeles cambiados"; es decir, los actores
interpretando papeles femeninos y las actrices papeles masculinos,
siguiendo la costumbre de la época. Monsiváis anota que la puesta en
escena es calificada de "repugnante" por los periodistas quienes, además,
acusan a las empresarias de preparar el montaje de una zarzuela de autores
mexicanos titulada Los cuarenta y uno. Las hermanas Moriones
contrargumentan apelando a la costumbre de celebrar de ese modo las cien
representaciones y agregan que no ensayan ninguna zarzuela con ese título
"infamante".
En cuanto a la literatura, el ensayista
afirma que en 1906 Eduardo A. Castrejón publica el libro Los cuarenta y
uno. Novela crítico-social, en la que narra, en palabras de
Castrejón,
la "bacanal" en la que participaban "aquellos jóvenes aristócratas
prostituidos" y su detención, escarnio y envío a los campos de trabajos
forzados en Yucatán. Monsiváis cita un momento de la novela en que
Castrejón condena, diríamos ahora, homófoba y heterosexistamente a "Los
41", y los describe como: "‘[...] jóvenes inflamables, repudiables,
odiosos para el porvenir y por todas las generaciones, escoria de la
sociedad y mengua de los hombres honrados amantísimos de las bellezas de
la mujer’".
Asimismo, Monsiváis relata la manera en que
el pintor Antonio Ruiz "El Corzo", a través de un óleo, ridiculiza a
algunos escritores, poetas y pintores homosexuales, y a sus promotoras y
mecenas: "[...] allí, amparado bajo un gigantesco 41, desfila un conjunto
de ‘preciosas ridículas’: Novo, Villaurrutia, Rodríguez Lozano,
Montenegro, Antonieta Rivas Mercado, Lupe Marín".
Del mismo
modo, en su ensayo Bautista cita un pasaje del libro Símbolos y
números, de Francisco L. Urquizo, en el que demuestra la homofobia
cultural que ha resultado de la sinonimia que en nuestro país se hace del
"número escarlata" con el homoerotismo: "‘En México el número 41 no tiene
ninguna validez y es ofensivo para los mexicanos [...] La influencia de
esa tradición es tal que hasta en lo oficial se pasa por alto el número
41. No hay en el ejército División, Regimiento o Batallón que lleve el
número 41. Llegan hasta el 40 y de ahí se salta al 42. No hay nómina que
tenga renglón 41. No hay en las nomenclaturas municipales casas que
ostenten el número 41. Si acaso y no hay remedio, el 40 bis. No hay cuarto
de hotel o de Sanatorio que tenga el número 41. Nadie cumple 41 años, de
los 40 se salta hasta los 42. No hay automóvil que lleve placa 41, ni
policía o agente que acepte ese guarismo’".
En lo que respecta a las representaciones
mediáticas sobre "Los 41" en la televisión, en 1994 Televisa difundió la
telenovela histórica El vuelo del Águila. Basada en un original de
Enrique Krauze y Fausto Zerón-Medina, y producida por Ernesto Alonso, tal
serie presenta la vida y obra de Porfirio Díaz en seis periodos,
distribuidos en doce videocasetes. En el volumen 8 la telenovela recrea
diversos aspectos interesantes de la vida de Ignacio de la Torre y Mier
("Nacho"), como su relación conyugal con Amada Díaz, hija de Porfirio
Díaz; su participación y detención en la fiesta de "Los 41" en la calle de
la Paz; su exención de la lista de inculpados y una conversación con su
suegro a raíz de su arresto. Sin embargo, la serie no ubica estos hechos
en el año en que sucedieron (1901), sino en el periodo titulado El Poder
(1876-1900), concretamente a finales de 1891.4
Al inicio del volumen en cuestión se
presenta una escena en la que Manuel Romero Rubio secretario de
Gobernación y suegro de Porfirio Díaz trata de apaciguar la
curiosidad de su hija, Carmen Romero Rubio de Díaz, sobre las pláticas
sostenidas entre él y Díaz acerca del comportamiento de Ignacio de la
Torre. Ante la insistencia de Carmen, Manuel termina diciendo: "Nacho
resultó un tanto ... un tanto extravagante, y su extravagancia debe
quedar en familia." En escenas posteriores se muestra el abandono de Amada
por parte de Nacho cuando éste manda decir con la criada que no irá a
cenar, y cuando Amada confiesa a su amiga Virginia tener "problemas
íntimos" con Nacho, perspicaz e insistente, Virginia termina concluyendo:
"O sea que él no te atiende como debe."
Más adelante se presenta la escena de la
fiesta y la redada: los gendarmes y "agentes de la secreta", macanas y
pistolas en mano, merodean sigilosos en el exterior de una elegante casa
del centro de la ciudad. En el interior, Ignacio de la Torre, maquillado y
vestido de odalisca, se divierte con los invitados comiendo uvas de un
racimo, de las que da una en la boca a otro joven, para después mostrar
con coquetería, dando una vuelta sobre sí mismo, su vestido a los
asistentes a la fiesta: jóvenes vestidos de frac y jóvenes disfrazados de
geishas, hadas, princesas... que bailan y se abrazan alegres. En el
momento en que está a punto de iniciarse una riña entre Nacho y un joven
vestido de gitana (el primero da una bofetada al segundo, después de una
breve discusión), irrumpe en el salón un joven vestido de hada gritando:
"¡La policía muchachos! ¡La policía!" Los gendarmes y agentes entran en la
casa y, ante el desconcierto de los festejantes, los arrestan a punta de
empujones y jaloneos, tirándoles gorros y pelucas que revelan sus cabellos
cortos y sus facciones masculinas. Nacho logra esconderse en la biblioteca
de la casa, pero su risa nerviosa y borracha lo delatan; es descubierto
detrás de las cortinas y conducido entre empellones sin dejar de reír,
divertido y nervioso a la vez.
En la siguiente escena Porfirio Díaz es
informado por Manuel Romero Rubio del incidente y le pide a éste manejar
el asunto con "discreción" para evitar que la prensa se entere. Romero
Rubio explica que son cuarenta y dos detenidos, y le extiende a Díaz una
lista con "nombres importantes, la mayoría conocidos", incluyendo a Nacho.
Díaz observa la lista y tacha un renglón diciendo: "Son cuarenta y uno."
"Cuarenta y dos, Señor." "Cuarenta y uno, don Manuel." "Comprendo.
Cuarenta y uno." "Haga hasta lo imposible por evitar el escándalo. Hable
con las familias y, a los que pueda, déjelos salir discretamente."
En una
escena posterior, en su despacho Díaz exaltado, indignado y
asqueado reprende fuertemente a Nacho por lo ocurrido y decide hacer
como que ignora sus "porquerías" y "anormalidad" con el único propósito de
salvar patriarcalmente el honor familiar y presidencial: "No lo entiendo.
¡Y no trates de explicármelo porque esas porquerías jamás las podré
entender!, ¡ni quiero! Hay cosas que no, ¡nomás no!...¿Amada lo sabe?" "No
hemos hablado de ello." "Ni lo hagan." "Pero, lo sabrá, lo escucha."
"¡Baja la voz!" "Lo escuchará en algún sitio. Es un chisme nacional."
"Pues que se quede en eso, en un chisme... ¡Es que no, es que no me cabe
en la cabeza!" "Fue una tontería mi general. Una fiesta de disfraces que
se malinterpretó." "Mira Nacho, no me tomes por un imbécil, ¡punta de
maricas! ¡Y no te hagas el ofendido tampoco! No te he salvado del
escándalo ni de los líos con la ley porque te considere un hombre digno,
ya ni siquiera un hombre, sino porque la familia del Presidente de la
República, ¡mi familia!, debe ser intachable, ¡in-ta-cha-ble! ¡¿Lo oyes?!"
"Si...si hay algo que yo pueda hacer..." "Sí, cerrar la boca, no
comentarlo con nadie, y menos con Amada. Y aparentar que eres un hombre
normal, honorable. Porque, oye muy bien Nacho, otro escandalito de estos y
te juro que no te va a quedar vida suficiente para arrepentirte."
"Señor... yo le doy mi palabra..." "¡¿De qué me sirve a mí la palabra de
un mamarracho?! ¡No quiero tu palabra, no la necesito! Porque estoy seguro
de que has entendido lo que te estás jugando... Y no te me vas a esconder.
Actúas como si nada hubiera pasado. Incluso con la familia... Y esta
conversación, nunca la tuvimos. ¡Entendiste!... Nuestra relación
continuará igual, ¿¡entendiste!? Buenas noches." "Buenas... noches...
General."
En su ensayo titulado "Los cuarenta y uno",
Carlos Bonfil aborda el suceso y describe cómo: "A lo largo de las décadas
siguientes, el mito se afianza y en la representación satírica de los
homosexuales se incluyen amalgamas nuevas." En su abordaje sobre este mito
mexicano, Bonfil hace un breve recuento histórico sobre las nuevas
representaciones del homosexual en los ámbitos social y cultural, desde el
homosexual como encarnación de "los vicios más visibles de la burguesía"
en el periodo revolucionario, hasta el incremento de la tolerancia y el
respeto hacia los gays a mediados de los noventa. Al respecto señala:
"Asistimos hoy a un agotamiento paulatino de la eficacia del choteo y de
la discriminación antigay. El éxito de películas como Filadelfia y
Fresa y chocolate revelan en las mayorías una inesperada
permeabilidad respecto al tema de la tolerancia. Algo comienza a
desaparecer: la posibilidad de que una película o una obra de teatro
abiertamente homófobas puedan ser valores seguros en la taquilla." Sin
embargo, reconoce que "la comunidad gay en México dista mucho de ser
homogénea" y ejemplifica con la alta proporción de gays adeptos al
conservador y homófobo Partido Acción Nacional según encuestas de "las
pasadas elecciones". Sobre esto, Bonfil concluye:
"En el mejor de los casos, tal
autoflagelación delata una añoranza por épocas pasadas, probablemente por
aquel clima de clandestinidad e intolerancia que prevaleció en la época
del baile de los 41."
La resignificación de
los vencidos: el 41 y
el orgullo gay
Así como se ha denostado al "número
escarlata" en la vida cotidiana y cultural de nuestro país, también han
habido homenajes vindicadores y reivindicadores al número homosexual por
parte de los depositarios del estigma. De diversas maneras, la comunidad
gay mexicana ha subvertido el estado de las cosas a través de la
resignificación cultural de la condena popular y de la revaloración de lo
discriminado, del mismo modo que la comunidad gay mundial realizó la
resemantización del triángulo rosa invertido usado por los nazis para
marcar a los homosexuales en los campos de concentración durante la
segunda guerra mundial al adoptarlo como icono gay.
Así, a mediados de los años ochenta y
principios de los noventa existieron en la Ciudad de México tres
discotecas gays que en su nombre aludían a "Los 41", las cuales se
anunciaban en la sección "Guía de lugares" de las revistas gays de la
época. La más antigua se llamaba L’ Fameux (41) y se encontraba en
la Zona Rosa. Las otras dos eran Disco Club 41, enfrente de la
Plaza de la Solidaridad, y El famoso 42, que se ubicaba en
República de Cuba, en el Centro Histórico. En la actualidad existe El
42, en Poza Rica, Veracruz.
En el ámbito editorial, a principios de los
noventa el Centro de Información y Documentación de las Homosexualidades
en México Ignacio Álvarez (cidhom) del Colectivo Sol ac dirigido por
Juan Jacobo Hernández, fundador a finales de los setenta del grupo gay
Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (fhar) publica la revista
gay 41, Soñar Fantasmas, de la cual se editan sólo cuatro números
en 1992 y 1993. Ilustrado con el anverso del primera Hoja Suelta
publicada sobre "Los 41", en el texto de presentación, titulado
"Recuperar nuestra historia", se afirmaba lo siguiente a propósito del
significativo nombre de la revista: "Que la mención del número 41 nos
alude a los homosexuales mexicanos, es más que evidente. ¡Zafo!, decíamos
como reflejo condicionado cuando de niños o adolescentes nos tocaba ese
número en la lista de la escuela. Al asignarnos ese número se nos
convierte en maricones, como bien apunta el grabador Posada, promotor
involuntario de la cabalística cifra. Recuperarlo, junto con la retahíla
de nombres que se nos adjudica, es parte del intento por recuperar nuestra
historia, rica en aconteceres, producciones y personajes dentro de los
cuales se incluyen los ‘41 maricones, tan chulos y coquetones’. La mayoría
de ellos, para tu información, acabaron muriendo de malaria, diarreas y
malos tratos, desterrados por el porfirismo a los campos de trabajos
forzados de Valle Nacional y Yucatán. Lados oscuros de la historia que
encubre la anécdota jocosa, irreverente del reventón en que fueron
detenidas, vejadas, maltratadas y desterradas esas manas mártires."
No es
casual que el logotipo de 41, Soñar Fantasmas5
incluyera, al lado de la "cabalística cifra", un triángulo rosa
invertido. Más recientemente, la revista gay Atractivo retomó el
tema en un artículo titulado "Los 41, sinónimo de homosexualidad". El
autor, Jorge Aguilar, recrea los sucesos estableciendo parangones con el
ambiente gay actual para lograr la identificación de los jóvenes
gays lectores con los jóvenes homosexuales de principios de siglo: "Todos
se entregaban a los placeres de la danza y del amor, besándose,
estrechando sus cuerpos, mientras en las entrepiernas, lujuriosos volcanes
estaban a punto de estallar. Risas discretas, caricias ardientes que
aumentaban con la euforia del vino. Era una de tantas fiestas homosexuales
en la Ciudad de México de la época porfirista, organizada por los
herederos de grandes fortunas, pero con gustos eróticos muy refinados y
muchos de los invitados eran jóvenes de clase media o de plano obreros
apuestos, que concurrían ante la tentadora posibilidad de ligarse a alguno
de aquellos hombres pudientes, que les ayudaran a hacer más llevadera su
existencia, consiguiéndoles un trabajo remunerativo [sic] en la
burocracia o dándoles dinero."
Al igual que en El vuelo del Águila,
Aguilar afirma que Ignacio de la Torre era "un hacendado de gran fortuna".
En el apartado titulado "A falta de discoteca un leonero", describe
cómo fue descubierto el "reventón" que, según informa, se realizó: "en la
calle Ezequiel Montes, conocida en aquel tiempo como de la Paz. El
gendarme comisionado en la esquina de la cuarta calle, vio que llegaban a
una de las casas numerosos carruajes, de los que descendían algunas damas
solas o acompañadas de respetables señores. Todo aquel movimiento le
pareció sospechoso desde un principio y se acercó para tratar de ver lo
que pasaba. Bueno, ha de haber dicho, es un baile; nada más que las
damiselas tenían un no se qué, que lo confundían y no era para menos, si
algunas lucían bigote. Raudo y veloz se fue corriendo a la Octava
Comisaría [...]"
Más adelante describe los sucesos
posteriores: la irrupción de la policía en el domicilio privado y la
detención de los jóvenes homosexuales que "fueron a parar a la comisaría
en medio de burlas de los gendarmes"; la difusión de la noticia en los
periódicos y en la Hoja Suelta con los grabados de Posada; los
detalles sobre "los travestidos de la fiesta [que] se hacían llamar con
nombres de actrices famosas de la época [...] o de prostitutas muy
conocidas [...]"; el castigo impuesto por el "gobernador del Distrito
Federal", quien "Los mandó a barrer las calles, acusados de faltas
administrativas como vagancia y embriaguez"; y el escamoteo del nombre de
Ignacio de la Torre en la lista de detenidos. Al respecto Aguilar escribe:
"El Imparcial, vocero del gobierno porfirista, fingió demencia al
principio, pero viendo que el asunto cobraba dimensiones inesperadas,
aclaró solamente, que entre los detenidos no había personas pertenecientes
a familias muy distinguidas [y cita:] ‘Creemos necesario rectificar esas
opiniones. La verdad es que en la referida reunión, excesivamente inmoral
y escandalosa, sólo se encontraban [sic] un grupo de más de 40
hombres, muy conocidos por sus costumbres depravadas, y que en más de una
vez han figurado en escándalos por el estilo.’"
Posteriormente, Aguilar narra el arbitrario
envío a Yucatán de los detenidos que carecían de influencias o dinero, y
su exposición "al populacho" "vestidos de mujer a la fuerza" en
cada estación del ferrocarril para recibir "insultos y piedras por el
grave delito de haberse amado como hombres". El artículo finaliza con una
reflexión irónica y muy certera: "Después vino el olvido.
Desafortunadamente no vivían en el Greenwich Village de Nueva York,
como para aspirar a ser recordados por las generaciones futuras de sus
iguales, en las marchas del orgullo gay. No [...], fueron hijos del
infortunio y la miseria y de ellos [sic], únicamente se les
recuerda como los 41, sinónimo de homosexual y adjetivo calificativo de
mayate, gay, chichifo, padrote, mujercito, putérmico, puñal, diva,
travesti, maricón, joto, lilo, mariquita, loca, etcétera. Esa fue la
losa que cayó sobre sus tumbas desconocidas, en algún lugar desconocido
del sureste mexicano."
La crítica velada de Aguilar hace referencia
a las llamadas "revueltas de Stonewall", nombre con el que se
conoce al acto de resistencia civil de travestis y drag queens
quienes, del 27 al 31 de junio de 1969, enfrentaron los embates de las
fuerzas públicas atrincherados en el bar gay Stonewall, ubicado en
la calle Christopher en Greenwich Village, Nueva York, para poner fin al
hostigamiento y la extorsión policiacas. Tal suceso marcó el origen
simbólico del Movimiento de Liberación Gay en Estados Unidos, el cual es
conmemorado en México y en el mundo cada año, a fines de junio, con la
Marcha del Orgullo Gay.
Sin embargo, "Los 41" no sólo han sido
homenajeados y reivindicados en el suelo nacional por los hacedores de la
cultura popular gay, sino también fuera de nuestro país por parte de
académico/as de los estudios lésbico-gays y de los estudios queer.
Tal es el caso del recién concluido simposio internacional El
centenario de los 41: sexualidad y control social en Latinoamérica,
1901, el cual como informó oportunamente la periodista Patricia
Vega en su columna "Alebrijes" se realizó del 15 al 17 de noviembre
del presente en la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans, organizado por
el investigador estadunidense Robert McKee Irwin, quien "decidió celebrar
la efeméride" con ese evento "por el carácter transgresor del hecho". En
tal simposio participaron destacados/as académicos/as mexicanos y
estadunidenses: "pioneros en el campo de los estudios históricos de la
sexualidad, que integran una nueva generación de crítica cultural
latinoamericana que no rehuye asuntos polémicos como prostitución,
crímenes sexuales, homosexualidad, travestismo, enfermedades mentales y de
transmisión sexual, y prisiones de hace un siglo".
"Los 41" y la Marcha del
Orgullo por el Respeto al
Derecho a la Diversidad
Sexual
Hoy, a cien años de la represión contra "Los
41", y de su incursión en la imaginería homófoba popular, mucho se ha
avanzado en el país en materia de tolerancia y respeto hacia los
homosexuales, pero también hacia las lesbianas, bisexuales y transgéneros
(travestis y transexuales), quienes ahora se han agrupado solidariamente
bajo el estandarte de la diversidad sexual.6
A lo largo
del último siglo las comunidades de la diversidad sexual se han hecho
presentes y han ido ganando terreno en los diferentes ámbitos sociales. A
través de diversas expresiones culturales y políticas han logrado
reivindicar una visión propia de la vida y la cultura; luchando para ser y
estar, y para que la diferencia cultural derivada de la diferencia de
orientación sexual no signifique necesariamente desigualdad. La sociedad
civil, por su parte, entre homófoba y solidaria, intolerante y respetuosa,
prejuiciosa e informada, retrógrada y progresista, cada vez muestra más
signos de apertura hacia las formas de vida y manifestaciones culturales
de las personas sexualmente diversas, a su derecho a existir de manera
diferente.
A un siglo de que fueran arrestados, vejados
e injustamente castigados los jóvenes homosexuales que pasaron a la
historia como "Los 41", existe en la Ciudad de México un movimiento social
de la diversidad sexual que, con problemas y divisionismos inherentes a
cualquier movimiento social, avanza hacia el mejoramiento de la situación
social y de la reivindicación de los derechos humanos de las personas
sexualmente diversas. Por eso, el pasado 30 de junio, en la más reciente
Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual y Transgenérico (la número
XXIII), rebautizada significativamente como Marcha del Orgullo por el
Respeto al Derecho a la Diversidad Sexual, miles de homosexuales,
lesbianas, bisexuales y transgéneros los todavía considerados
"transgresores" de esta época , se manifestaron desde el Paseo de la
Reforma hasta el Zócalo con el objetivo de demandar la aprobación de la
iniciativa de ley de Sociedades de Convivencia. Formulada por la diputada
Enoé Uranga del Partido Democracia Social (PDS) , y presentada
ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, tal iniciativa
legalizaría las uniones entre personas del mismo sexo, por lo que
representa un avance en la defensa de los derechos de homosexuales y
lesbianas que deseen brindar a su pareja la protección y algunas de las
prerrogativas de la ley que se prescriben y aplican a las parejas
heterosexuales.
Además, la XXIII Marcha del Orgullo por el
Respeto al Derecho a la Diversidad Sexual, aunque tarde, recordó y rindió
homenaje a las "manas mártires". Tal homenaje incluyó la participación de
un contingente conformado por "Los 41", un grupo de hombres y mujeres
jóvenes sexualmente diversos quienes, a bordo de un tráiler, desfilaron
bailando al ritmo no de polcas ni valses como los jóvenes homosexuales
decimonónicos, sino al ritmo de la música disco y las canciones de Paulina
Rubio. Al arribar la Marcha del Orgullo al Zócalo, los y las manifestantes
realizaron un festival político-cultural que incluyó la participación de
varios grupos y artistas de la diversidad sexual. También "Los 41"
subieron al escenario y bailaron al ritmo de una canción de principios de
siglo entonada por el actor Tito Vasconcelos. En un momento del mitin,
Vasconcelos, quien también fungía como maestro de ceremonias, recordó a la
multitud congregada en la Plaza de la Constitución el suceso de "Los 41"
y, en clara analogía con la reciente situación derivada del cierre de
bares y discotecas gays y lésbicas en la delegación Cuauhtémoc, expresó
que "la Dolores Padierna de ese tiempo, Porfirio Díaz, envió a la policía
a detener a cuarenta y un homosexuales que estaban en una fiesta
privada".
Todos/as somos 41
Si bien se
ha avanzado en materia de respeto a las comunidades de la diversidad
sexual, todavía queda mucho por hacer para terminar con la intolerancia,
la homofobia y la violación de los derechos humanos en los ámbitos civil,
religioso, gubernamental, etcétera. Hoy, a cien años de la discriminación
contra "Los 41", ya no existe un sistema gubernamental que mande realizar
trabajos forzados a los homosexuales en Yucatán, pero existe una Comisión
de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (para no variar) "cuyo titular
pidió confinar a los infectados [de sida] y ‘disparar a matar’ en caso de
que rebasen la línea de seguridad". Ya no existe un "populacho" enardecido
que insulta y arroja piedras a los homosexuales expuestos como fenómenos
en cada estación de ferrocarril, pero existe un sector de la sociedad que
ha asesinado por odio homófobo a 217 homosexuales en todo el país entre
1995 y 2000 (treinta y cinco personas en promedio anualmente), como lo
reportó el último informe de la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de
Odio por Homofobia.
Ya no existen jóvenes homosexuales
"quebradizos" que acaban "muriendo de malaria, diarreas y malos tratos,
desterrados por el porfirismo a los campos de trabajos forzados de Valle
Nacional y Yucatán", como informó 41, Soñar Fantasmas; pero existen
jóvenes gays que acaban brutalmente asesinados en la ciudad de Colima ante
la negligencia de las autoridades "procuradoras de justicia" y de las
"defensoras" de los derechos humanos. "Si un grupo de personas
homosexuales dice estar aterrorizada, su miedo es muy personal, nadie
puede garantizarle la vida a nadie", declaró sobre el caso Jesús Antonio
Sam López, procurador de justicia del Estado.
Ya no existe un patriarcal Porfirio Díaz que
reprende enérgicamente a su hijo político homosexual por sus "porquerías"
y actos "anormales"; pero existe un presidente de la Unión Nacional de
Padres de Familia que, en su discurso de toma de posesión del cargo, se
manifestó en contra de la más reciente Marcha del Orgullo por el Respeto
al Derecho a la Diversidad Sexual y se propuso luchar "para que la moral
se restablezca y evitar que este tipo de manifestaciones se lleven a
cabo"; y que, además, declara oponerse a que "estos desviados sexuales
quieran ser ejemplo de las nuevas generaciones" y compara "a los
homosexuales con los narcotraficantes y con los secuestradores, por
tratarse de personas que realizan ‘actos antinaturales y aberrantes’".
Tampoco existe una Hoja Suelta que dé cuenta de "los
acontecimientos de sensación" como la detención y escarnio de los "mariquitos" de principios de siglo, pero existe una prensa
sensacionalista que presenta de manera escandalizada y morbosa los logros
que en materia de expresión pública y reivindicación de derechos han
conseguido desde entonces los puñales: "Apuñalan la ciudad.
Aprovechan algunos Marcha del Orgullo Gay para exhibirse en calles del
DF"; "Marcha de homosexuales por las calles de México. ¡¿Cuándo íbamos a
imaginar esto?!"
Todavía poco valorados en sus dimensiones
histórica, política y cultural, incluso por los/as propios/as activistas
de la diversidad sexual contemporánea, los sucesos de "Los 41" representan
no sólo un hito estigmatizador en la historia de los homosexuales en
México, sino también un ejemplo de la intolerancia y la injusticia que el
sistema cultural heterosexista puede ejercer contra ese segmento de la
diversidad sexual que no se ajusta a los cánones de lo "normal" ni de lo
"aceptable". El homenaje realizado a "Los 41" por parte de las comunidades
de la diversidad sexual debe hacerse extensivo a cualquier homosexual,
lesbiana, bisexual y transgénero pasado y contemporánea, conocido y
anónima, activistas y no activistas, veteranas y jóvenes, quienes, a lo
largo de los últimos cien años, con su decidida actitud de ser fieles a sí
mismos/as, han tenido el valor de enfrentar el heterosexismo y la
homofobia para vivir plenamente según su deseo.
Notas
1
La Hoja
Suelta, así como otros periódicos de la época editados por Antonio
Vanegas Arroyo e ilustrados por José Guadalupe Posada, eran medios
informativos concebidos para el consumo popular en el que se narraban de
manera sensacionalista los sucesos más sonados del momento. En el libro
José Guadalupe Posada. Ilustrador de la vida mexicana se afirma:
"Era Vanegas Arroyo un personaje singular que se había especializado en la
edición de gacetas populares en las que se informaba acerca de los sucesos
que más impresionaban el alma sencilla de la gente: catástrofes, crímenes,
escándalos, incendios, procesos sensacionales, peregrinaciones, milagros
[...] Con las ilustraciones de Posada, el atractivo que ejercían esas
hojas se acrecentó, ya que la gran mayoría de la población, que no sabía
leer ni escribir, e incluso la minoría letrada, podía escuchar en el
lenguaje de las ilustraciones los acentos más dramáticos del
relato."
2
No sólo Posada
trabajaba para los diversos proyectos periodísticos de Vanegas Arroyo; si
bien el grabador se encargaba de las ilustraciones, los textos eran
responsabilidad de escritores del momento: "Posada formalizó un contrato
con el editor Antonio Vanegas Arroyo, posiblemente por 1890 pues de
esa fecha datan los primeros grabados reproducidos en La Gaceta
Callejera, y que se refieren a motines antirreeleccionistas, en
cuya empresa trabajó hasta su muerte. Figuraban también los poetas Armando
Molina, Gabriel Corchado, Rafael Romero, Abundio García y Constancia S.
Suárez. Con este convenio principió una labor editorial que inundó el país
de toda suerte de publicaciones profanas y religiosas."
3
Se ignora si la
imagen corresponde a la ilustración de un texto, ya que en la fuente
revisada la imagen aparece sola.
4
Es de suponer que
el cambio de fechas se debió a necesidades de adaptación para otorgar a la
telenovela continuidad narrativa, y no debido a la ignorancia de los
realizadores. Con todo, aún cuando esta suposición fuera cierta, el
tratamiento telenovelesco no justifica la falta de respeto y de valoración
histórica al descontextualizar los sucesos de su dimensión temporal real y
ubicarlos a finales del siglo XIX, sobre todo si se considera que los
hechos ocurrieron a inicios del siglo XX ("el siglo de la modernidad"), el
cual, como se reconoce en la propia telenovela, prometía grandes cambios
para el país.
5 En el ensayo
citado, Bonfil menciona una serie de obras literarias de temática
homosexual entre las que incluye 41 o el muchacho que soñaba en
fantasmas, de Paolo Po. Así, es evidente que el título de la revista
gay hace referencia a esa obra.
6
"[...] desde
nuestro punto de vista, la diversidad sexual en el contexto local debe
hacer referencia a las sexualidades disidentes de la sociedad mexicana, ya
sea que se expresen a través de las acciones sociales y políticas de los
sujetos sexuales politizados, o bien a través del ejercicio cotidiano de
los sujetos sexuales no politizados. En el primer caso es preciso tomar en
cuenta el discurso social y político de las minorías eróticas y su lucha
por el reconocimiento de aquellas sexualidades disidentes que tienen o
empiezan a tener un sustento social y político, es decir, las que cuentan
con una base en los movimientos sociales y que están en discusión en el
contexto de los derechos civiles y los derechos humanos. En el segundo
caso es necesario examinar la manera en que los significados sexuales se
concretan en la vida cotidiana de las personas que no participan en
movimientos políticos, y la forma en que sus identidades y prácticas
sexuales se ven afectadas por los grupos, las instituciones y los ámbitos
socioculturales específicos en los que se desarrollan" (Hernández Cabrera,
Porfirio Miguel. "Los estudios sobre diversidad sexual en el pueg". En
Gloria Careaga y Salvador Cruz (comps.) Sexualidades diversas:
aproximaciones para su análisis, Fundación Arcoiris, por el Respeto a
la Diversidad Sexual ac/Programa Universitario de Estudios de Género-unam/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2001,
pp. 21-30 (p.
26).
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A
las tres de la mañana del domingo 18 de noviembre de 1901, en la céntrica
calle de la Paz (hoy calle Ezequiel Montes) la policía interrumpe una
reunión de homosexuales, algunos de ellos vestidos de mujer. (En esta
crónica, me atengo a la excelente investigación hemerográfica de
Antonio S. Cabrera). La escena, inventada con brío en cada recuento
periodístico, es sucesiva o simultáneamente patética o apocalíptica,
al gusto de una época que, a través del escándalo se acerca
deleitosamente a sus prohibiciones. De ellos, 22 visten masculinamente y
19 se travisten. Este es el repertorio imaginado o extraído de las
noticias policiales (no publicadas): faldas, perfumes caros, pelucas con
rizos, en una recámara una cama adornada donde hay un niño de mercería,
la rifa de un joven agraciado (Bigotitos Rizados), caderas y pechos
postizos, aretes, choclos bordados, maquillajes de blanco o de colores
estridentes, zapatos bajos con medias bordadas, abanicos, trajes de seda
cortos, ajustados al cuerpo con corsé.
Las crónicas de los
primeros días insisten: son 42 los detenidos. Luego, quedan 41, así
nomás, y eso aviva el rumor que será leyenda que será "verdad
histórica": el prófugo, que paga a precio de oro su libertad y al
que se le permite huir por las azoteas, es don Ignacio de la Torre,
casado con la hija de Porfirio Díaz. Más que ningún otro hecho, la
presencia del Primer Yerno de la Nación señala la Redada y le confiere
el ingreso firme a la memoria histórica, pese a la imprecisión de las
noticias, la ausencia de foto y el que del grupo sólo tres proporcionan
su nombre verdadero: Jesús Solórzano, Jacinto Luna y Carlos Zozaya.
A la presencia mitológica
de Nacho de la Torre se unen los pertenecientes "a familias
conocidas y de buena posición". El Popular ataca: "además de
eso, va resultando que todos son pollos gordos, algunos riquillos que la
portan; criados en paños azules".
Los ataques a la moral
no debieron ser tantos, porque en la siguiente etapa, el número de los
enviados a Yucatán, de leva en el Ejército, ya se ha reducido
considerablemente. Son apenas 19. Sin temor de calumniar la honradez
proverbial del aparato de justicia en el México de 1901, es seguro que
22 o 23 víctimas de la Redada compran su libertad, El Popular (24 de
noviembre de 1901) explica la merma sin demasiada convicción:
Ya escrito lo anterior
(los acontecimientos) y con datos adquiridos de buena fuente, sabemos, y
esto lo declaramos porque es honrado hacerlo, que entre muchos de los
aprehendidos por la policía en el baile de la Cuarta calle de la Paz,
había algunos individuos que fueron víctimas de un verdadero chasco
pues que en las primeras horas de la noche del domingo se repartieron en
varias cantinas unas tarjetas firmadas por una señora Vinchi en las que
se invitaba a un baile en la casa citada esa misma noche.
Como era natural, hubo
algunos que supusieron se trataba de unos tantos bailes que se dan en
ciertas casas y acudieron para llevarse el gran chasco que ahora deben
lamentar hondamente.
¡Oh ingenuidades de la
prensa vendida! El redactor de El Popular sabía seguramente que
ningún lector le creería, pero la estrategia del ocultamiento sólo
tiene un propósito: que el costo entero de la Redada lo paguen los
travestis. Y esto se consigue con alguna variante. La prensa se
escandaliza ante el reclutamiento forzado. Así, Daniel Cabrera se
indigna y escribe en El Hijo del Ahuizote el artículo "La
aristocracia de Sodoma al servicio nacional":
...pero si podemos
decir que hasta hoy las autoridades políticas han considerado al
servicio de las armas como un castigo, han confundido los cuarteles con
las casas de corrección y con las cárceles y a los abigeos, a los
vagos, a los incorregibles, les penan haciéndoles cargar el fusil, como
en tiempos atrás se hacía empuñar la pata a los huéspedes de las
Acordadas.
El ejército no puede
recibir en sus filas a individuos que han abdicado de su sexo, la Nación
no debe honrar con el ahogo ni a quienes se han degradado con los usos
del colorete y los vestidos de las prostitutas, ni a los que les
sirvieron de parejas.
Afortunadamente, la
mordaza que ponen en nuestro labio el respeto al pudor y las buenas
costumbres, no puede impedirnos protestar por honra del Ejército,
guardián de la paz y parte de la sociedad en que vivimos, contra la
consignación de los pederastas al servicio de las armas nacionales. (24
de noviembre de 1901)
¿Qué distancia hay
entre esto y la fórmula planteada por el gobierno de Bill Clinton al
fracasar el reconocimiento de los gays en el ejército norteamericano:
"Don't ask, don't tell"? Como sea, la protesta funciona y el
25 de noviembre El Popular publica una aclaración: "Los
vagos, rateros y afeminados que han sido enviados a Yucatán, no han
sido consignados a los batallones del Ejército que operan en la campaña
contra los indios mayas, sino a las obras públicas en las poblaciones
conquistadas al enemigo común de la civilización".
La lista de los 41
nunca se divulga y a ningúno de los personajes conocidos se le delata
por escrito. Se aplasta la perversión, pero si los pervertidos son
ricos sus nombres se confían a los patíbulos del chisme. A los gays de
la élite los invisibilizan sus vínculos con el poder, y sólo padecen
las asechanzas del rumor, aureola de la degradación y fiesta de los
necesitados de superioridad moral instantánea. Y nadie desmiente nunca
(sería disminuir el hecho nefando) la presencia en la fiesta de Nacho
de la Torre, del que en los años siguientes se divulgan sus
excentricidades, su fortuna, sus desplantes. En La Feria de la Vida (1937),
José Juan Tablada evoca a De la Torre, relata sus relaciones con
Porfirio Díaz, "visiblemente ceremoniosas y tirantes", y lo
defiende tibiamente de su prestigio negativo: "En cuanto a otros
rumores que la envidia desató en torno de aquel personaje, él mismo
los invalidaba por los actos bien enérgicos de un cabal sportman,
entre ellos su decidida admiración por el bello sexo, con todas sus
consecuencias".
Tablada también cuenta
cómo, en su hacienda de San Nicolás Peralta, De la Torre les enseña a
sus huéspedes "todos los zapatos que puedan calzar el pie de un
hombre moderno y elegante." Un burgués allí presente exclama:
--¡Pero, válgame, mi
señor don Ignacio, ¡qué cantidad de zapatos!
El prócer sonrió
ligeramente y luego, volviéndose a nosotros, exclamó como resignado:
--Dicen que ésta es...
mi biblioteca!
De la Torre, jinete
consumado, es hacendado en Morelos y con él trabaja por un tiempo
Emiliano Zapata, que según la leyenda viene por vez primera a la ciudad
de México como caballerango de don Nacho.
Queda una pregunta: ¿por
qué el poder absoluto del dictador no elimina los rumores sobre su
yerno? De seguro porque ciudad todavía chica infierno divulgado. ¿Y a
qué otras personas se les endilga el milagrito de los 41? Además de
Antonio Adalid la información es vaguísima. El periodista y cronista
Alfonso Taracena cita con encono al periodista Chucho Rábago, y el
chismerío antiguo de Sinaloa incluye a un hacendado, el solterón
Alejandro Redo, que manda construir un aviario de grandes dimensiones en
donde pasa las tardes. Los demás "aristócratas pervertidos"
muy posiblemente se asilan en sus matrimonios o emigran.
La gran redada
Lo más significativo de
la Redada de los 41 es, reiteradamente el hecho mismo de la detención
arbitraria y sin asideros legales de un grupo que se divierten una noche
de sábado. Se alegó que los 41 "carecían de permiso" para
efectuar la fiesta. En las crónicas de época jamás se menciona la
exigencia de permisos o notificaciones previas de reuniones. Por eso no
extraña el comentario de El Hijo del Ahuizote (noviembre de
1901). En unas frases, Daniel Cabrera explica el por qué del silencio
social en torno a la homosexualidad: "la mordaza que ponen en
nuestro labio el respeto al pudor y las buenas costumbres". Es por
vez primera explícitos sobre "los sodomitas". En México no
está prohibida la homosexualidad porque la legislación penal se ha
tomado en lo básico del Código Napoleónico que por distintas razones
(entre las que se mencionan la necesidad de un Código no sujeto a
nociones de pecado, la homosexualidad de Cambaceres, que lo promulga, el
miedo a describir "lo más nefando") no menciona el
comportamiento específico. En lugar de esto, desde el Código Penal de
1871 se establece en México la consigna exterminadora de la justicia,
que dura hasta hoy: el delito es los ataques a la moral y las buenas
costumbres, probados sólo por la interpretación de las vaguedades de
la ley.
"¿Por qué me
hiciste así, Dios mío, y no como a mi hermana?"
Antes de la Redada, las
atmósferas son tan opresivas que no admiten la verbalización. La vergüenza
aisla, para acudir a la cita tan repetida de Sartre. Entonces, la
solidaridad posible, la mayor, casi la única, es el trato de un
avergonzado con los demás y la conversión del avergonzado en
desvergonzado (la salud mental a mano por vía del cinismo). La
disciplina de trato ("Veo a los que son como yo, para no sentirme
tan distinto por unas horas") esboza una comunidad y, por eso, un
baile en 1901 es casi literalmente la Marcha del Orgullo Gay de 2001. Lo
posible se aproxima a su manera a lo deseable. También es casi seguro
que por los viajes de una minoría, ya un buen número de los 41 se
considera parte de una cofradía internacional.
¿Qué piensan de sí
mismos los detenidos en el baile de Los 41? A estas alturas es imposible
entrevistarlos y a través de las circunstancias de la época es
imposible no entrevistarlos. Se consideran seres alojados en la
anormalidad que es simultáneamente el presidio de los pecadores y el edén
de los gozadores; se piensan mujeres atrapadas en cuerpo de hombres; se
sienten víctimas de un perverso designio de Dios; se juzgan
desviaciones que arrasan por instantes con los controles de la formación
católica. Nacieron así y se han construido no como homosexuales
(el término no circula), sino como la especie doble o triplemente
degradada: los maricones, sean clandestinos o no tengan ya nada que
perder. Si, de acuerdo a Didier Eribon, todo homosexual aprende a hablar
dos veces, en su segundo aprendizaje los invertidos del porfiriato,
anhelan el equilibrio entre la hipocresía (que es sobrevivencia) y el
apetito sexual que cuando se desata hace añicos las imposiciones de la
Decencia.
El término maricones
es la sentencia implacable y es la salvación a través de la
parodia y el ánimo orgiástico. Si no existe el espacio para el mínimo
orgullo, si lo hay para un sentido del humor desesperado y capaz por sí
solo de proporcionar a contracorriente la salud mental al alcance. Este
sería el mensaje: "Si no me río de mí mismo no reafirmo mi
humanidad". Y de acuerdo a las evidencias en la generaciones
siguientes el punto de partida es la conversión del determinismo en
relajo, de la culpa en desfile de modas, de la condena en ridiculización
de las convenciones idiomáticas. Se habla en femenino no tanto por la
sin razón genuina ("Las locas están locas") como para
asomarse con palabras al acto sexual. Si, por así decirlo, los maricones
no chotean al Destino (que así los hizo), y no se ríen de paso de
algunos de los dogmas que tan cruelmente los expulsan, jamás adquieren
la identidad que es a un tiempo el abandono de las esperanzas y el
regocijo ante el espectáculo de la sobrevivencia. Las autoridades
refrendan su moralidad con arrestos, humillaciones y golpizas; mediante
la persistencia de su conducta los maricones intuyen borrosamente
sus derechos.
El aplastamiento
religioso, social, cultural, penal, prohíbe el examen de la condición
maricona, pero admite el vértigo, la libertad de movimientos en las
horas del ghetto, el vestuario, los chistes autolacerantes, las acciones
coreográficas. La reflexión podría ir así: "Soy un condenado
desde el nacimiento, pero la cruz de mi parroquia admite los indultos
sucesivos de la diversión, el relajo, el coito, el disfraz que es la
adquisición por unas horas de la segunda piel". Y las
compensaciones psíquicas se hallan en los bailes, los ligues, las
reuniones, el travestismo verbal. El relajo es la demolición
provisional de las cárceles del hostigamiento y los gays ven el espejo
de su identidad en lo que sólo si los reprime reconoce su existencia. A
fin de cuentas, también la identidad negativa es una sucesión de imágenes.
Aunque no lo parezca,
la Redada, por así decirlo, inventa la homosexualidad en México. Para
empezar, ya los que comparten las inclinaciones están al tanto de su
suerte: pudieron formar parte de los 41, y se salvaron al menos esa vez.
Al precisar el límite social y penal de los homosexuales, la Redada
hace vislumbrar las fragilidades del determinismo. Si el estigma cubre a
todos, los castigos físicos sólo a unos cuantos les llegan, y no todos
ni muchos menos tendrán que barrer las calles en algún momento. Por más
desconfiado que sea, por más en secreto que viva, cada homosexual luego
de la Redada ya no se siente solo: en el espíritu de la orgía
interrumpida, le acompañan los otros 41, y los secundan también los
gendarmes. Diversión y represión. Si los homosexuales ya existían y
el Baile delata una mínima pero ya y sólida organización social la
Redada, al darle el nombre ridiculizador a la especie (Los 41), modifica
el sentido de esa colectividad en las tinieblas: de anomalías aisladas
ascienden a la superficie del choteo, y esta primera visibilidad es un
paso definitivo.
"De la que te
salvaste"
Lo más significativo
del episodio de Los 41 es, desde luego, la Redada con su negación
absoluta de los derechos humanos y civiles. A partir de ese momento, se
sienta jurisprudencia y lo que viene es legal porque ya lo fue: redadas
continuas, chantajes policiacos, torturas, golpizas, envíos a las cárceles
y al penal de las Islas Marías. Sólo se necesita una frase en el
expediente: "Ofensas a la moral y las buenas costumbres". No
hace falta más, no hay abogados defensores (en el caso de los jotos ni
siquiera de oficio), no hay juicios, sólo caprichos judiciales dictados
por el prejuicio y "el asco". Y la sociedad, o la gente que se
entera, encuentra normales o admirables esos procedimientos.
La Gran Redada le
inventa a los gays de México un pasado que es, en síntesis, la
negociación con el presente. Vienen del momento de felicidad destruido
por la gendarmería, y la comunidad surge a pesar suyo al agrupar a
todos los susceptibles de razzias. De la madrugada del 18 de noviembre
de 1901 a 1978, en la marcha conmemorativa del 2 de octubre, cuando
desfila un contingente gay, los gays viven presos del pánico de la
Redada, y que esto no es psicologismo lo prueba la continuidad de los
atropellos policiacos y de la Redada moral: los insultos, el desprecio,
la ira y la congoja de los padres. Y sólo cuando el término gay se
populariza la Redada se ve interrumpida, no porque se elimine el ánimo
persecutorio, sino porque la mínima protección de las leyes obliga a
pasar de las razzias a la segregación que se va armando de voz pública.
Misterios de la semántica:
con la palabra gay se introduce casi al mismo tiempo la defensa de los
derechos humanos de los por ella representados.
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