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Como en las antologías poéticas, en las
novelas libertinas tambien es factible encuentrar referencias a la homosexualidad. En ellas pululan los personajes homosexuales que
cantan loas de la sodomía e invitan al lector a replantearse la
actitud hostil de la sociedad. La
primera novela que hace una elección por la homosexualidad es la más
celebre del siglo. Es
"La historia de Don Bougre, portero de los Chartreux / L’Histoire de dom
Bougre, portier des Chartreux". Como si el nombre de Bougre,
que quiere decir homosexual, no anunciase claramente el contenido, la
portada de la edición original que aquí reproducimos, da como lugar
de impresión a "Rome, chez Philotanus", es decir
"Philo - Ama & Anus - Ano", el que "ama los
anos", alusión al celebre poema del Abad Grécourt contra los
Jesuitas.
A
pesar de los enormes esfuerzos desplegados por la policía para acosar
este libro, tuvo innumerables ediciones, la mayoría ilustradas, como
la que aquí mostramos, asimismo impresa en Roma y "revisada,
corregida y aumentada bajo la mirada de San Pedro". El
cantante Charles Collé comenta una famosa anécdota en este sentido.
Habiendo solicitado a una duquesa su tenía el "Don
Bougre.." ella respondió que no "gustaba de libros que se leían
con una mano". Pero
era lógico que se leyese el Dom Bougre de esta manera, dado que había
sido escrito con "una mano".. como se señala en el frontispicio... En
el principal episodio homosexual, el Hermano Saturnino, que mas
adelante tomará el nombre de Don Bougre, es sorprendido en trance de
masturbarse por el Padre André, que le sugiere otra forma de
satisfacerse. «
Hermano
Saturnino... porqué os entretenéis como un rustico? Tenemos
tantos novicios... es un entretenimiento de hombre honesto...»
 Atribulado
por la sugestión del Padre, el aludido se cuestiona: «
Si se trata de algún Novicio, mi fe puede mirar por ello, pero esa no
es mi caza...»
responde de inmediato. Pero
rápidamente cambia su visión: «
He razonado muy prestamente, y no he gustado de ello:.. esto no es mas
que un mal trozo. El prejuicio es un animal que hay que apacentar. Hay
un muchacho por el que tenia cierto rechazo, el azar me lo hizo probar
y lo encontré delicioso. No hay nada mas encantados que un precioso
Giton, blanco de piel, espaldas bien formadas, hermosas corvas,
nalgas duras y redondas, un culo de un
ovalo perfecto, estrecho, cerrado, propio, sin vello... cada uno toma
el placer en donde lo encuentra; el mío es enhebrar a una mujer
cuando se presenta la oportunidad, un bello muchacho aparece, le
daría patadas en el culo.. no, me niego, no, los golpes de la vida.
Vamos a las escuelas de los famosos Sabios de Grecia, vamos a las mas
honestas gentes de nuestra tiempo para aprender a vivir...»
El
se hace entonces invitar a una pequeña fiesta... que
preside un monje gordo, el padre Casimiro, que es descrito de esta forma..:
"El padre Casimiro era de una talla mediocre, de mirada oscura,
portando un vientre de Prelado.. el cuerpo redondo, la panza gorda y
bien atendida: tenía unos ojos que os enculaban de cien maneras, y
cuya mirada hosca solo se enternecía a la vista de un muchacho
hermoso. Entonces s
el Bougre entraba en celo, relinchando y jadeando, su pasión por el
caso Antiphisico, estaba muy establecido, que era terrible hasta para
los mismos saboyanos »
La
alusión a los pequeños deshollinadores saboyanos no deja lugar a
ninguna duda... El
padre Casimiro está inspirado en nuestro buen gordo, el Adab
Desfontaines, cuya mirada que "encula" puede ser descubierta
en los detalles de el grabado que aquí mostramos. Se
trata, no obstante, de un personaje muy simpático. Como se ve en la
escena aquí descrita, permite que Saturnino bese a su sobrina a
cambio de cierta complacencia.... Después de este ejercicio, los
monjes empiezan la conversación: «..
el sujeto hizo la "Bougrerie; Casimiro tomo la defensa como un
tierno padre asume la de un niño querido, entregándose a fondo en su
materia... Luego pasó revista a los personajes gays (Bougres)
celebres desde Adán hasta los jesuitas; hace referencia a los Filósofos,
a los Papas, a los Emperadores, a Cardenales, hizo elogios de cada uno
en particular; comenta la injusticia y ceguera de aquellos que se
levantan contra un placer adoptado y practicado por los mas grandes
hombres, por los mas grandes genios, y se remonta a la aventura de
Sodoma; sosteniendo que el suceso había sido falseado, por
celos, y cediendo de repente al entusiasmo, acaba su elogio con estos
versos:
[…]
Sodoma,
no ha sido por un fuego funesto
que
fueron consumidos tus habitantes felices:
Es
por un fuego Divino, es por un fuego celestial:
Sodoma,
que yo no soy ahora de tus muchachos ! »
También
se encuentra el punto de vista de los sodomitas en Thérèse
philosophe, pero en esta obra se reseña y critica con desprecio
por parte de un personaje homófobo.
Es
la novela favorita del Marqués de Sade. Aquí mostramos el
Es por un fuego Divino, es por un fuego celeste: ¡Sodome, que no era yo entonces de tus
enfans! "
Se encuentra también el punto de vista de los sodomitas en Thérèse filosofo, pero esta vez traída y criticado con desprecio por un personaje
homófobo.
Es la novela favorita del marqués de Sade. Se ve aquí el frontispicio, en que quiere estar inclusifde todos los géneros de
fouterie, incluido, cierto, la sodomía,
(< ï o,
en el cual apreciamos que están incluidos todos los tipos de
relaciones, y que comprende, sin duda, la sodomía...
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| Detalle
del frontispicio,
donde se aprecia una relación sodomítica |
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| Aquí
vemos otra edición, en este caso inglesa, con similares
escenas, de la que abajo incluimos un detalle |
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Es a través de los comentarios de una vieja puta que detesta a
los homosexuales - un estereotipo de las novelas libertinas - que se
aborda el discurso que mantienen los sodomitas, discurso militante de
una curiosa modernidad: «
Yo no hablo del gusto de estos monstruos que no tienen mas placer que
el antiphysico, sea como agentes, sea como pacientes »,
dice la vieja puta. « Italia los produce hoy día menos que Francia
».
[…]
yo remarco no obstante que MM, los antiphisycos se burlan de nuestras injurias y
defienden vivamente sus gustos, sosteniendo que sus antagonistas no se conducen
por los mismos principios que ellos.
-
Nosotros buscamos todos los placeres, dicen estos herejes, por las vías
en que creemos encontrarlos.
Es
el gusto (placer) que guía a nuestros adversarios, lo mismo que a
nosotros. Ahora, ustedes convendrán que nosotros no somos los
maestros de tener tal o cual gusto. Pero, díganos, cuando los gustos
son criminales, puesto que atentan contra la naturaleza, es necesario
rechazarlos. Encima de todo: en materia de placeres, porque no
seguir su gusto?. No hay culpables. Por otra parte, es arma de ataque
contra los antiphysicos el que sean contra naturaleza, puesto que es
la misma naturaleza la que nos inclina a tal placer.
Y
se dice, uno no puede procrear semejantes, continuando. Que pobre
razonamiento. Donde están los hombres de uno y otro gusto que
toman el placer de la carne con la vista puesta en hacer niños?
En
fin, señores, los antiphysicos alegan miles de buenas razones para
hacer creer que ellos no han de ser ni compadecidos ni censurados »
Otra
obra en la cual la homosexualidad ocupa un lugar preponderante es
"Hic-et-Hec", es decir "El y ella", o
"El alumno de los reverendos padres jesuitas de Avignon",
impreso en Berlín, sin duda en honor de Frederic.
Desde
las primeras líneas se sabe a que atenerse en relación al héroe,
cuando el mismo nos revela sus orígenes:
«
Yo debo el día a una distracción de un Reverendo Padre Jesuita que,
paseando con mi madre, limpiadora de la casa, erró en la oscuridad el
sendero estrecho que normalmente recorría (es decir el culo) en favor
de la gran senda que le era menos familiar (es decir la vagina) »
Después
de su educación con los jesuitas - dejo a vuestra imaginación la naturaleza
de las lecciones que el muchacho recibe - Hic-et-Hec es contratado
como instructor por M. de valboullant,
caballero que ha traido de
Italia unos gustos especiales. Poco celoso de su esposa, la utiliza
para atrapar a nuestro héroe, que sorprendido en flagrante adulterio,
relata así la aventura:
«
.. vimos aparecer a Valbouillant en camisón, con un puñal en la
mano, que sostenía desde la empuñadura y asiéndome la mano izquierda
me dijo:
-
No se me ultraja impunemente; pero soy humano, y debes elegir entre
estos dos puñales, blandiendo el que tenia y mostrándome el otro con
el que Júpiter batía a Ganímedes... […]
»
Es
evidente que Hic-et-Hec escogió el menos amenazante de los dos
puñales.
«
.. De Valbouillant estaba bien hecho, había apenas treinta años, su
cuerpo fresco y rollizo era de una blancura deslumbrante: la visión
de su trasero hizo que regresara mi vigor. Yo me precipité sobre el,
me introduje sin problema, y mis movimientos secundando sus esfuerzos
le hacían penetrar mas profundamente en la gruta ardiente de su
esposa.
-
Ah, querido abad - gritaba él - que placer, tu duplicas mi gozo !
Yo
continué con ardor, y pronto una triple emisión coronó nuestra
felicidad. Ahora, mas calmado, el me beso con placer para pagarme las
delicias que yo le había hecho probar.
-
Me asombráis - dijo su mujer - yo pensaba que un agente gustaba un
placer vivo por la presión que sentía en la vía estrecha; pero no
puedo concebir que el paciente solo pueda sentir; en relación inversa
del grosor de lo que admita le debe de causar un tal dolor que sin
duda debe embotar toda voluptuosidad.
-
Ah, querida mía, estas en un error, el rol del paciente es al menos
tal dulce en el juego como el del agente, la sensación interior es
revitalizante, y he conocido mujeres que prefieren recibir a su amigo
de esta forma
»]

A
finales del siglo, la literatura erótica tomó tal amplitud que se
hizo autoalusiva.
Por
ejemplo, en "Félicia ou mes
Fredaines" el personaje es un muchacho dotado de un espléndido
trasero y victima en repetidas ocasiones de las atenciones de los
sodomitas, de nombre Monrose, el mismo nombre que el mencionado paje
de las hermosas nalgas de la "Doncella de Orleáns"
de Voltaire.
Se
encuentra asimismo en una novela titulada "La Cauchoise" la
descripción de una bibliotecaria libertina que comprende, además de
"Dom Bougre" y de "Therese Philosophe" otras obras
sodomíticas como "El Rey de Sodoma" y la "Oda
a los bougres".
Aquí
mostramos al joven Monrose en una imagen donde la interpretación se arriesga
a ser falsa si no la apoyamos sobre el texto. El
personaje que sorprende esta tentativa de enculamiento no esta furiosa
porque lo repruebe, sino porque esta celosa y porque desearía hacer
otro tanto.
Otras
consecuencias de la popularidad de esta literatura es que las tramas
narrativas se repiten y se parecen igual que las imágenes que las
acompañan.
Afortunadamente
algunos autores hacen prueba de una buena imaginación. En su novela
"El Diablo en el cuerpo", Andrea de Nerciat da un nuevo giro
a dos situaciones que un puede - sin juego de palabras. calificar de
"enculadas".
La
eterna escena de seducción de un muchacho por un eclesiástico toma
un camino cómico cuando se trata de un joven peluquero algo tonto.
Héctor, así se llama, es invitado a practicar su arte sobre la
cabeza de una "pequeña muñeca" toda calva que le muestra
el canónigo bajándose los pantalones (lógicamente, esta muñequita
es su miembro). Como se puede ver, al poco tiempo, la pequeña muñeca
se anima y encuentra un peinado de su agrado.
Otra
innovación es que el mismo Héctor, deviene en prostituto al servicio
de un conde luego de una marquesa, que cuenta esta última
historia del canónico para defender sus gustos.
Es
la marquesa que le demanda: "Tu eres por tanto decididamente
"bardache" (afeminado). Tu pones a nivel del suelo los
prejuicios honorables que han sustentado este estado"
El
responde con seguridad: Estaría bien loco, por mi parte, de someterme
a lo que dicen los escrupulosos... Los antiguos tenían mas sentido
que nosotros: no solamente eran tolerantes, en la sociedad, hacia los
amores masculinos.. Incluso no los excluían de algún culto
religioso. Su Júpiter no prefería a Ganímedes, nuestro patrón, a
todos los deseados del Olimpo? Su Apolo no vivía con el
encantador Jacinto? y el Dios que es el padre de la poesía, no le
vemos desolado cuando, con un golpe fatal, mata a su pequeño
muchachito?
Prosiguiendo
el discurso de la iniciación de Héctor, el autor se arriesga a otro
cliché, el de la hostilidad que las putas han mostrado en su visión
de los sodomitas de la que hemos indicado un ejemplo en Thérèse
philosophe.
Héctor
y su amigo Gauthier, también aprendiz de peluquero - vemos que la reputación
de los peluqueros no ha surgido en la actualidad - que suplementan sus
ingresos prostituyéndose, alquilan una habitación para entregarse a
experiencias sexuales.
El
cuenta la escena de esta manera:
«…había
sentido un placer increíble, y yo creía inocentemente, por tanto,
que el no va mas de la felicidad terrenal era los juegos de un
muchacho peluquero joven y fresco. […] Apenas había terminado
mi experiencia jesuítica, cuando dos ruidosas carcajadas femeninas,
se escucharon tan cercanas a nosotros, que incluso parecía que partían
de nuestra misma habitación, y nos indicaron que las reidoras habían
visto todo […]
-
Hablad pues.. eh! Señores bougres¡ (nos dijeron). Es para burlaros
de nosotras que venís a ensartaros bajo nuestras barbas, como si
faltase en esta vivienda, quienes venden sus piezas por monedas"
Pues
la mala suerte hace que la habitación que han alquilado se encuentre
en el edificio de un burdel y los dos amigos conocen una nueva iniciación
en los brazos de dos prostitutas que se acercan a meterse "bajo
sus barbas"
Cabía
esperar que esto representase la vuelta a las mujeres y a la
normalidad, pero de eso nada. Nuestros dos pícaros se encuentran con
la sífilis y, asqueados de las féminas, se embarcan nuevamente en el
servicio de los hombres.
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