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La prostitución
masculina
¿Era la prostitución la única forma de comercio carnal que
existió en la Sevilla Moderna? Esta es la pregunta que nos
intriga. Si la Iglesia de la época llegó a
tolerar la prostitución femenina era, entre otras cosas, para evitar
males mayores como la relación homofílica (
1 ).
El criterio de los moralistas al respecto era severo, pues el pecado
iba contra el bien de la república y constituía una de las peores
lacras de la sociedad.
Desgraciadamente, en el caso de Sevilla, hay pocos documentos
para el estudio. Las relaciones sodomíticas caían bajo la
jurisdicción civil en el Corona de Castilla, a diferencia de los
reinos aragones, en los que fue el Santo Oficio quien se ocupó de su
persecución y castigo (
2 ).
Así como para Zaragoza o Valencia existe una documentación lo
suficientemente concreta como para haber hecho posible diversas
investigaciones, para el caso de Sevilla nos estrellamos con el
triste destino que corrieron los papeles de la Audiencia, destruidos
o vendidos al peso en su gran parte.
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Boceto
de "El Bosco" donde se representa a un hombre en un
cesto con el culo sobresaliendo por donde salen pájaros, en representación
de la sodomía. Encima aparece un bufón aporreando al personaje
con un laúd, lo que en la simbología representa a la lujuria.
Por los lados aparecen niños que cazan los pájaros y los
despluman. |
En consecuencia, sólo se
disponen de notas y alusiones aisladas, breves pinceladas que apenas
si dejan entrever un cuadro del mayor interés. Una fuente de primera
mano es la autobiografía del padre Pedro
de León, jesuita, conocedor de las confesiones de los
sentenciados a muerte en la cárcel de Sevilla durante treinta y ocho
años (1578-1616).
De tales retazos podemos deducir la existencia en Sevilla de
verdaderas redes de prostitución masculina puestas al servicio de
personajes adinerados tocados del "pecado nefando" y que estaban
dispuestos a pagar bien a jovencitos, a esclavos o a necesitados
para satisfacer sus pulsiones carnales.
Antes de continuar con los hechos históricos, debemos precisar
la terminología que estamos empleando. Encabezamos este
apartado bajo el epígrafe moderno de "homosexualidad", pero no sería
muy correcto usar este término en el siglo XVI (
3 ).
Entonces se hablaba de "pecado nefando" o contra
natura, una de cuyas variantes, la más popular, era la
sodomía. La sodomía consiste en el coito, ya con una persona
indebida, es decir del mismo sexo -sodomía perfecta-, ya con una
persona del sexo opuesto pero en un lugar indebido, es decir
extra vas naturale -sodomía imperfecta-. La idea que domina
en este pecado es la de la penetración y particularmente, la de
penetración anal. La imagen de la fornicación por el orificio más
sucio monopolizó rápidamente toda la carga afectiva que contenía
la idea de lujuria (
4 ).
El coito anal se transformó en el acto contra natura por
antonomasia; Realmente cualquier tipo de actividad sexual no
reproductiva, durante la edad media, era penalizada como pecado y,
por tanto, como delito.
El que fuera confesor en la Cárcel de Sevilla, el jesuita Pedro
de León, denominó "mariposas" a los que practicaban la
sodomía. Las mariposas, tentadas por la atracción de la llama,
vuelan adelante y atrás, cada vez acercándose más y más al fuego. En
un primer vuelo, una mariposa revolotea cerca de las llamas de un
fuego y sólo se quema un ala. Pero la tentación del fuego es
demasiado grande. Revolotea cada vez más cerca y se quema otra parte
de sí hasta que al final se quema totalmente. Los sodomitas que no
se enmiendan, llevados por el pecado acabarán por fin en el fuego
como mariposas, aseguraba el padre León. Así contaba un caso que
atendió en la Cárcel Real de Sevilla en 1592:
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"La historia de este alguacil -un tal Quesada- es que él
tenía casa de juego y acogía allí algunos mocitos de los
pintadillos y galancitos, y a unos procuraba palparlos y
tocarles las manos y caras, y a otros procuraba inducir al
pecado consumado.
Al fin vino a parar en el fuego y como suelo decir (y aquel
día que lo mataron lo dije), que los que no se enmiendan y se
andan en las ocasiones de pecar son como las mariposillas, que
andan revoloteando por junto a la lumbre: que de un encuentro
se le quema un alilla, y de otro un pedacillo, y de otro se
quedan quemadas; así los que tratan de esta mercaduría una vez
quedan tiznados en sus honras y otra vez chamuscados y, al
fin, vienen a parar en el fuego."
"Compendio...", Apéndice de los
ajusticiados (pág. 480)
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Este fuego no era una metáfora. El pecado
nefando se castigaba con la hoguera si era mayor de
edad o con azotes si menor. Según el "Apéndice" del padre León, en
los treinta ocho años de su ministerio (1578-1616) hubo unos 114
casos en Sevilla. Para él, una vez probado el placer prohibido, era
muy difícil dejarlo y tenía mal remedio. Hablando de un clérigo de
misa encartado dice que "la experiencia nos ha demostrado cuán
pocos son los que se enmiendan de este vicio bestial, y el fuego
solamente es el que hace este oficio".
Los tribunales de Granada y Sevilla, junto con el Tribunal de la
Casa de la Contratación, instruyeron 175 casos de sodomía entre 1560
y 1699, en los que sentenciaron a unos cincuenta sodomitas a la
hoguera. Y esos eran los descubiertos.
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| Imagen
de San Sebastián, uno de los iconos de la homosexualidad con el
devenir del tiempo (
5 ) |
Como con las prostitutas
arrepentidas, debemos suponer que eran muchísimos más los ocultos,
los que permanecían "en el armario", según la expresión actual. Esto
lo confirmaba el P. León cuando decía "que no son los mayores
pecadores los que mueren quemados, que otros hay que nos los
prenden".
El lugar más habitual de la actividad en Sevilla eran la Huerta
del Rey y las casas de juego del Arenal, por donde merodeaban los
putos "agentes" o "pacientes", como se les
llamaba entonces. A muchos se les distinguía por sus vestidos,
pinturas y afeites, otros permanecían en la clandestinidad. Cita
Pedro de León a un "mocito hermoso", Francisco Galindo, que
"andaba con tantas galas que parecía más mujer que hombre; las
cuales dicen que le daban los que usaban con él de aquella
desventura, porque siempre servía de mujer y era el
paciente".
Los pecadores eran de toda clase social y origen: nobles,
clérigos, frailes, taberneros, maestros de escuelas, napolitanos,
franceses, negros, mulatos, turcos ...; "mocitos galanes",
"caballeritos" de 17 años y niños -incluso los del Hospital de la
Misericordia- aparecen embaucados o violados por depravados, aunque
la ley los castigaba duramente: potro, azotes, exhibición y la
hoguera. Salvo a los menores de edad, a los que se azotaba, se
enviaba a galeras, se les encerraba y se les llevaba a ver cómo
ardía el cómplice.
La amenidad y la frescura de la Huerta del Rey, que
Morgado describe como "hermoso sitio de Sevilla", le habían
convertido en el refugio de las clandestinidades sociales más
comprometidas del siglo XVI. Con frecuencia apunta en este sentido
la Huerta del Rey en la obra del Padre León, y siempre como aliada y
cómplice de las peores debilidades. Un ejemplo valga por todos:
"Don Diego Maldonado, que pertenecía a una religión de un hábito
de Italia, donde se le debía de haber pegado la lacra, andaba
siempre con mocitos galanes y convidándolos a meriendas, y a las
huertas, y tal se encontró con uno a quien convidó a merendar en la
Huerta del Rey. Estando debajo de la higuera comiendo higos, después
de algunas palabras tiernas y amorosas, descompúsose él a quererle
besar y pedirle que le dejase hacer su gusto con él, a lo cual el
mozo dio voces diciendo: ¡al punto! ¡que me quieren forzar!, y cosas
semejantes". Al oirse los gritos, el alguacil, que estaba
preparado con anterioridad para prenderlo, corrió hacia él y lo
llevó a la cárcel.
En una ciudad donde gentes de tantas procedencias y costumbres
iban y venían, donde además era perceptible un superávit masculino
notable, no es demasiado de extrañar el que las relaciones sexuales
entre varones fuesen relativamente frecuentes. No faltaron altos
varones que acabaron pagando con su vida su voluntad de llevar hasta
el final su inclinación sexual. Veamos algunos casos
ilustrativos.
En la Biblioteca Colombina y Capitular de Sevilla se conservan
unas Efemérides que refieren la quema del noble Alonso
Téllez Girón y su paje, acusados de sodomitas, el 30 de abril de
1597, además de haber asesinado a su esposa, doña Inés de Guevara.
Don Alonso era Alguacil Mayor de Sevilla y administrador de los
ducados de Osuna y Alcalá.
| "1597 [...] en lunes 28 de abril el lic. Pedro Velarde
Alcalde del Crimen de la Chansilleria de Granada [...]
procedio contra D. Alonso Celles Gixon sobre la muerte de Dña
Ines de Guerara su muger defunta y sobre lo demás conttenido
en su proceso: lo condeno aque fuese llevado por las calles
públicas de Sevilla [..] hasta el campo fuera de la puerta de
Jerez donde se le diese primero garrote y luego quemado por el
pecado nefando [...] y en perdida de todos su bienes; yba D.
Alonso en mula de silla, vestido de luto y con el su paje con
quien cometia el delito con ropa blanca en albarda a los quales
dos quemaron en el quemadero de la Inquisicion en treinta
deste mes de abril" |
En agosto de 1567 fue ejecutado don Alonso Henríquez de Guzmán
por el mismo delito: "1567 [...] en 29 de dicho ajusticiaron a
Don Alonso Henrriques de Guzmán por el pecado nefando y a un mancebo
con quien estando preso lo comettia..."
En diciembre de 1544 fueron quemados por "el pecado nefando" nada
menos que veinte hombres, posiblemente un grupo clandestino más o
menos organizado para captar adeptos o comprar los servicios de
prostitutos profesionales. Hacia 1578, el poeta Vicente Espinel se
escandalizaba de la floración de sodomitas sevillanos: ¡Oh! Caso horrendo, mísero y terrible
/ es ver la
juventud del suelo vándalo / envuelta en sodomía
incorregible;/ el melífluo mozuelo oliendo a sándalo / con
blanduras del rostro y alzacuello, / moviendo al cielo a ira,
al mundo a escándalo.
Y eso que, incluso en los bajos fondos, la sodomía tenía peor
reputación que el robo, si seguimos el texto de "Rinconete y
Cortadillo", de Cervantes, que se desarrolla precisamente en la
Sevilla del Quinientos:
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"Y ¿con sólo eso que hacen, dicen esos señores -dijo
Cortadillo- que su vida es santa y buena?
-Pues ¿qué tiene de malo? -replicó el mozo-. ¿No es peor
ser hereje o renegado, o matar a su padre y madre, o ser
solomico?
-Sodomita querrá decir vuesa merced -respondió Rincón.
-Eso digo -dijo el mozo.
-Todo es malo -replicó Cortado-. Pero, pues nuestra suerte
ha querido que entremos en esta cofradía, vuesa merced alargue
el paso, que muero por verme con el señor Monipodio, de quien
tantas virtudes se cuentan."
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La sodomía llegó a ser conocida como el crimen contra
naturam, peccatus, crimen nefandum, pecado nefando, crimen cometido contra el
orden natural, nefando pecado contra natura, el pecado, la sodomía,
crimen atrocisimus. Y a un sodomita se le llamaba sodomita,
sodomista, sodomético, sométicos, puto, marica, maricón o
bujarrón.
Este último término tendía a connotar un "placer por la penetración
anal" y un amor por los muchachos jóvenes.
Sigamos viendo casos. En 1585 fueron ejecutados Salvador Martín y
Alonso Sánchez; su historia es sumamente reveladora de la realidad
sevillana. Habían sido inducidos a la sodomía por Diego Maldonado,
aficionado a relacionarse con mozuelos a los que pagaba
generosamente por sus servicios y con los que solía reunirse para
organizar orgías en la Huerta del Rey. Al ser detenido, Maldonado
delató a Francisco Galindo, sodomita y alcahuete que trabajaba para
caballeros y clérigos de la ciudad; Galindo, a su vez, encartó al
verdadero cerebro de la red, Machuco el Negro; era un antiguo
esclavo que había conseguido adquirir la carta de libertad gracias
al dinero que le pagaban sus clientes para buscarles
partenaires, y que tenía como ayudante principal en sus
tareas a un mulato.
A 1590 corresponde otro de los casos más sonados que dejaron al
descubierto la organización de una red clandestina de prostitución
masculina. Un alguacil de apellido Quesada detentaba de forma oculta
una casa de juegos que, en realidad, no era más que la tapadera de
un burdel masculino. A él procuraba atraer a "algunos mocitos
pintadillos y galancitos", género que ofrecía a personas de buen
caudal, como el hijo del arrendador de la renta del pescado o un
canónigo de la Catedral de Granada.
Muchos otros casos de sodomía apuntó el
padre
León en su "Compendio", en los que de forma menos
explícita y entre líneas se puede observar el contorno de unas
prácticas sexuales más extendidas de lo que en principio se pudiera
pensar.
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"Francisco de Zárate y Mateo de Salvatierra a 14 de
febrero [de 1579] fueron quemados por tocamientos deshonestos
que entre sí tuvieron estando acostados juntos en una cama.
Oyéronlos, que estaban retozando el uno con el otro y hablando
palabras deshonestas y palpándose. Estos dos eran mozuelos de
hasta diecisiete años y venían en una compañía de soldados, y
su capitán, con su asesor, los condenó a quemar."
"Juan de Quevedo, en 30 de marzo [de 1579], quemado por el
pecado nefando. Este hombre era maestro de escuela en Utrera y
con los muchachos, sus discípulos, pecaba."
"[N.N.] 17 de junio de 1579, por bestialidad con una
borrica, fue quemado y ahorcada la borrica como manda la
ley." |
Otras fuentes son coincidentes a este respecto. El 19 de abril de
1600 fueron quemados nada menos que quince acusados de sodomía, un
número que nos hace pensar en una comunidad activa y secreta. Tres
años más tarde era un sacerdote, Francisco Inhiesta, el procesado
por sostener la errónea opinión de que la sodomía no era pecado si
se pagaba al cómplice, tal y como él había hecho en numerosas
ocasiones aprovechando el momento de la confesión.
Tal era la obsesión por extirpar el pecado nefando que alguna que
otra vez fueron condenados personas inocentes, por malos entendidos.
Así nos cuenta el padre León un caso tragicómico que el conoció a
fines del XVI. Se trata de dos pobres arrieros que llegaron a
Sevilla con sus mercancías. Uno de ellos tuvo necesidad de tomar un
purgante y tal dosis ingirió que le quedaron "aquellas partes
secretas abrasadas". Así que no tuvo más remedio que encamarse
en la posada. Allí recibe la visita de su compañero:
| "¿Qué
teneis, fulano, que no habeis parecido por allá? El
enfermo le respondió: Pecador de mí, cómo tengo de aparecer,
que estoy en esta cama padeciendo lo que Dios sabe de unas
quemaduritas que me hice en el baño con un diablo de no sé qué
medicina que me dieron en el baño para limpieza. Dóila yo al
diablo, y nunca yo allá hubiera ido. Veámoslas (dijo el
amigo). Y el cuitado enfermo le dijo: Cerrad esa puerta. Y
cerrada asentóse en la cama el pobre enfermo y alzó la pierna
para que le pudiese ver bien las llamas que tenía. Y
estándoselas mirando púsole la mano en una de ellas, y apenas
se la había puesto cuando le dijo: ¡Quedito, cuerpo de Dios,
que me lastimáis! La moza del mesón que estaba con cuidado por
haberle oído decir al enfermo "cerrad esa puerta", estuvo
acechando por un agujero de otro aposento, pared en medio. Y
viendo que el enfermo tenía las piernas en alto y el amigo
tocándoselas y oyese decir al enfermo: Quedito, que me
lastimáis, púsosele en aquella cabeza que estaban cometiendo
el pecado nefando. Y bajó corriendo a su ama, y contóle lo que
había visto y oído. El ama le mandó que luego al momento fuese
a dar cuenta a la justicia, como lo hizo. Y al punto vino el
alcalde de la justicia y hallólos en el dicho aposento en
buena conversación, y préndelos, y presos tomóles la confesión
a cada uno de ellos. Confesaron la verdad que queda referida,
de que le estaba mirando las llagas contraídas en el baño, a
lo cual el alcalde dijo: ¡Abujarrones! que aun estándoos
muriendo no podéis apartaros de este pecado. Mandó el alcalde
de la justicia que le llamasen al verdugo para darles
tormento." Tras múltiples torturas, confesaron lo que no
habían hecho "y estando ya confesos, los sentenció a quemar y
la Audiencia confirmó la sentencia de
fuego". |
Concluyendo. En la pícara Sevilla del Siglo de Oro,
Babilonia en la jerga de la germanía, no habían de faltar
refinamientos sexuales de toda calidad, forma y condición. Al fin y
al cabo, el oro todo lo consigue (y lo corrompe, según voces de la
época), y en pocas urbes del mundo corrió nunca tanto oro como a
orillas del Betis.
Pero no creamos que era sólo en Sevilla. El "sexo contra
natura" tuvo un desarrollo notable en esta época en España. El
profesor Carrasco, en su obra "Inquisición y represión...", ha
documentado la siguiente información. Entre 1450 y 1700, el Tribunal
Inquisitorial instruyó 380 casos por sodomía en Valencia, otros 791
en Zaragoza y 453 en Barcelona. En Valencia, el tribunal sentenció a
la hoguera a 37 hombres entre 1566 y 1775, la gran mayoría entre
1616 y 1630, justo durante el auge de la Contrarreforma. Los
tribunales no condenaron a la pira a ningún sodomita después de
1630; en lugar de eso los condenaron al cadalso, a que se les
administraran latigazos o al destierro perpetuo del Reino. En
Castilla este cambio ocurrió en la última década del siglo XVII.
NOTAS
(1)
Que la Iglesia siempre fue consciente de que
existía la homosexualidad incluso en sus propias filas sí es algo
documentable. Basta leer la norma base del monacato occidental, que
es la Regla de los Monjes, escrita por San Benito Abad hacia el 540
dC. En su capítulo XXII, intitulado "Cómo han de dormir los monjes"
se lee: "Duerma cada cual en su cama. Reciban de su abad la ropa de
cama adecuada a su género de vida. Si es posible, duerman todos en
un mismo local, pero si el número no lo permite, duerman de a diez o
de a veinte, con ancianos que velen sobre ellos. En este dormitorio
arda constantemente una lámpara hasta el amanecer... Los hermanos
más jóvenes no tengan las camas contiguas, sino intercaladas con las
de los ancianos." Tantas cautelas -luz encendida, el abad en medio,
jóvenes con viejos- no pretendían sino evitar tentaciones
libidinosas. Un reflejo de esta obsesión
lo encontramos en las primeras Constituciones del
Colegio-Universidad de Santa María de Jesús (1506), embrión de la
Universidad de Sevilla. Escritas por el fundador, el canónigo
Fernández de Santaella, castigaba muy severamente al colegial que
durmiera en la habitación de un compañero.
(2)
Solamente en el Reino de Aragón,
en conformidad con un breve de Clemente VII (1524), eran juzgados
por los tribunales de la Inquisición, mientras que en Castilla,
las Indias y los demás dominios hispanos eran materia de competencia
de los tribunales civiles. Hay que precisar que aun en Aragón
tal delito podía ser juzgado indistintamente por la Inquisición o
los demás tribunales de justicia, pero los perpetradores de tales
faltas tenían una gran ventaja si eran juzgados por la Inquisición:
era una de las raras oportunidades de salvar el pellejo. Los
sodomitas procesados por la Inquisición eran tratados con energía
pero, al mismo tiempo, con benignidad. Así, el Tribunal reconocía
atenuantes y la posibilidad del arrepentimiento del procesado. En
tales casos le perdonaría la vida pero se haría merecedor de alguna
sanción severa, la misma que podría incluir el encierro en prisión
por algún período de tiempo determinado o el ser enviado a galeras,
el destierro, la confiscación de bienes o la imposición de alguna
multa en proporción a la situación económica del procesado, recibir
entre 100 y 200 azotes además de lo cual se recibirían penas
espirituales. En cambio los tribunales civiles aplicarían la pena
capital, sin mayor posibilidad de arrepentimiento, si se conseguía
demostrar que una persona había incurrido en tales faltas. Mientras
en los tribunales civiles se condenaba a la pena de muerte a todo
sodomita en el Tribunal de la Inquisición sólo a un porcentaje
minoritario. Por ejemplo, en el Tribunal de Valencia se procesó a
359 entre 1565 y 1785 de los cuales 37 (10.3%) fueron relajados,
según Rafael Carrasco op. cit.
(3)
La primera vez que aparece el
vocablo "homosexualidad" en diccionarios de la Real Academia es
en el Usual de 1936 (pág. 694) y lo define simplemente como
"sodomía".
(4)
Tradicionalmente se ha entendido
la lujuria como "appetitus inorditatus delectationis
venerae", es decir como un apetito desordenado de los placeres
eróticos. La tradición cristiana subdividió este pecado en la simple
fornicación, el estupro, el rapto, el incesto, el sacrilegio, el
adulterio y el pecado contra natura, comprendiendo bajo esta última
especie, la polución voluntaria, la sodomía y la bestialidad. La
lujuria sería siempre un "pecado mortal" pues involucra directamente
la utilización del otro, del prójimo, como un medio y un objeto para
la satisfacción de los placeres sexuales.
(5)
La iconografía de San
Sebastián, mártir de Roma, ha ido adquiriendo a lo largo de los
siglos muchas de las caracteristicas que hoy reconocemos propias de
la historia de la homosexualidad, que observamos como
características del imaginario gay. Esto ha sido objeto de una tesis
doctoral ("Homoerotismo en la iconografía de San Sebastián Mártir:
una visión desde el presente", José Manuel Bujan Bran, 1995,
Universidad del Pais Vasco). El trabajo analiza los distintos
elementos de la iconografia sebastiniana (representación del cuerpo,
de las vestiduras, del cabello...), tratando de asentar
científicamente lo que durante siglos fue una opinión extendida, es
decir, que las representaciones de San Sebastián debían mucho al
homoerotismo de las esculturas de la antigüedad. (Ver
más imágenes de San Sebastián)
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Bibliografía
Federico Garza Carvajal: Quemando mariposas:
sodomía e imperio en Andalucía y México, siglos XVI-XVII /
Ed. Laertes, Barcelona, 2002
Francisco Tomás y Valiente: "El crimen y pecado
contra natura". Veáse "El Derecho penal de la Monarquía
absoluta. Siglos XVI, XVII y XVII" (Ed. Tecnos, Madrid 1969) y
"Manual de historia del derecho español" (Ed. Tecnos, Madrid
2001)
Rafael Carrasco: Inquisición y represión sexual en
Valencia. Historia de los sodomitas (1565-1785).- [Ed. Laertes
Barcelona, España, 1985]
" Poder y prostitución en Sevilla", (siglos XIV-XX),
tomo I / Francisco Vázquez García, Andrés Moreno Mengíbar/Universidad de Sevilla, 1998 (2ª edición)
"Grandeza y miseria en
Andalucia. Testimonio de una
encrucijada histórica 1578-1616", Pedro de León, 1616
/Edición, introducción y notas de Pedro Herra Puga / Granada
1981 [Contiene íntegramente el "Compendio de algunas
experiencias en los ministerios de que usa la Compañía de
Jesús..." y su Apéndice de los ajusticiados. Recoge muchos
casos de condenados por el pecado nefando en Sevilla]
"La
ciudad del Quinientos" /Francisco Morales Padrón /coleccion
Historia de Sevilla. Universidad de Sevilla 1977
* * *
* * * *
Fuente:
http://www.personal.us.es/alporu
Agradecemos
a la excelente página "Alma Mater Hispalense" su autorización
para incorporar a ISLA TERNURA este trabajo de investigación de su
autor D. Alfonso Pozo Ruiz
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