LA MENTALIDAD DE LOS PRIMITIVOS CRISTIANOS ROMANOS EN TORNO A LA HOMOSEXUALIDAD EN EL PRIMER SIGLO DE LA ERA CRISTIANA

 

 

 2. LA CUESTIÓN BÍBLICA Y DOCTRINAL EN TORNO A LA HOMOSEXUALIDAD

Ciñéndonos exclusivamente a una visión doctrinal analizaremos en el Antiguo  y Nuevo Testamento  las argumentaciones doctrinales sobre el tema, base ideológica de la mentalidad moral en materia sexual de los primeros cristianos.

Referencias en el Antiguo Testamento

En primer lugar tenemos una serie de referencias en el AT sobre comportamientos homosexuales que es de suponer que los primeros cristianos habrían de tener en cuenta habita cuenta que los libros judíos pasan a formar parte de su literatura y de su historia, estas referencias serían las siguientes: 

La primera palabra a la que haremos referencia será la de sodomía:

Tal vez sea una de las palabras que con más frecuencia aparece en la Biblia, unas 48 veces distribuidas por todos sus libros. El origen de la palabra lo encontramos  en el Gn. 19:1-29 dentro de un determinado contexto en el que se cuenta cómo Dios envía a unos ángeles a Sodoma, éstos aceptan la hospitalidad de Lot y se quedan en su casa, el pueblo de Sodoma, por su parte, cuando se entera de la noticia, llega a casa de Lot con la intención de que les entregue a sus invitados con el fin de “conocerlos” y violentarlos.[2] 

A partir de este momento cierta tradición intertestamentaria y más tarde eclesial entenderá que el “pecado” de los habitantes de Sodoma eran los “vicios” sexuales que es de suponer cometían (por que a decir verdad no se llegó a cometer nada). Esta tradición en la interpretación pasa a la cultura occidental y así por ejemplo podemos leer en dos diccionarios al uso la siguiente definición del término:

Sodomía.  De Sodoma, antigua ciudad de Palestina, donde se practicaba todo género de vicios deshonestos. / .       f. Concúbito entre varones o contra el orden natural. [3]

Sodomita.  De Sodoma, ciudad de Palestina.  (De «Sodoma», por los vicios atribuidos a los naturales de esta ciudad. Adj. y n.) Se aplica a la persona que comete sodomía.[4]

 Sodomía. Relación libidinosa entre personas del mismo sexo, o contraria en Cualquier forma a la naturaleza. (V. «*perversión sexual».)[5]

Pero más que las interpretaciones tradicionales nos interesa detenernos en el texto. En él nada se dice sobre que se practicase ningún tipo de relación (los ángeles no se dejaron) y tampoco informa de cualquier otro tipo de relación que se hubiese mantenido en el pasado, es más,  la totalidad del pueblo de Sodoma quiere “conocer” y violentar ( violar y hacer daño) [6] a los (para ellos) extranjeros, no una minoría de un 1% o un 10% sino todo el conjunto del pueblo quiere claramente romper las leyes de la hospitalidad semítica y atacar a los extraños. 

Tanto es así que el propio Lot horrorizado ofrece a cambio a sus hijas (“que no conocen varón”) consintiendo así que antes violen a éstas que hacer daño a sus invitados.[7] 

Que finalmente este comportamiento sea condenado por el biblista utilizando la alegoría de una destrucción del pueblo por “bolas de fuego y azufre” nos dice más a favor de una condena de la violencia o de la falta de hospitalidad que una condena hacia unas relaciones consentidas de mutuo acuerdo sean estas del tipo que sean.[8]  

Es más, haciendo una relectura del Génesis en su totalidad, podemos observar cómo inmediatamente antes del relato de las dos ciudades castigadas por Dios aparece el relato de la hospitalidad de Abraham cuando hospeda a los tres ángeles[9], con lo que la inclusión de Sodoma por parte del redactor del Génesis es más una figura que sirve de contraposición y que se utiliza como contraste resaltando de esta manera aún más el buen comportamiento del Patriarca.[10]  

En la misma línea didáctica encontraríamos el relato del levita Efraim [11] quien no encontraba hospitalidad en Gabaa hasta que un anciano residente extranjero (como Lot) le acoge en su casa, una vez allí una multitud de hombres de la ciudad se agolpan en la puerta pidiendo que salgan los extranjeros para poder “conocerlos”, por lo que el anciano se encuentra en la obligación de ofrecer a su hija a cambio del respeto para con sus invitados. Los paralelismos como se puede observar son bastante significativos, no obstante ninguna tradición patrística o eclesiológica posterior trató de darles unas connotaciones sexuales.

Esta idea además es la que se recoge en las restantes 48 referencias bíblicas[12] sobre la palabra sodomía, siempre unida a la crítica hacia la falta de hospitalidad. Ejemplo de ello puede ser el siguiente texto de Ezequiel:

Mira cual fue la iniquidad de Sodoma, tu hermana: Tuvo gran soberbia, hartura de pan y gran ociosidad ella y sus hijas. No dio la mano al pobre, al desvalido; se ensombrecieron e hicieron lo que a mis ojos es abominable, y cuando le vi, las quité de en medio...” [13]

E incluso adentrándonos en el NT podemos observar como las palabras de Jesús al respecto ahondan en la idea de hospitalidad:

Si no os reciben o no escuchan vuestras palabras, saliendo de aquella casa o de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies. En verdad os digo que más tolerable suerte tendrá la tierra de Sodoma y Gomorra en el día del Juicio que aquella ciudad.” [14]

Como se puede observar, cualquier tipo de crítica nace más de una condena hacia la falta de caridad (en un sentido teológico) que hacia cualquier tipo de genitalidad.[15]

Incluso se puede aludir en el Eclesiástico y en el Libro de la Sabiduría a los sodomitas acusándoles de pecado de orgullo pero nunca  relacionándolo con lo sexual. [16]

El mismo Boswell realizando una aproximación paralinguistica al término “conocer” (palabra motivo de toda la controversia) observa cómo de las 943 apariciones en el AT, tan sólo 10 son específicamente al conocimiento carnal, de esta manera se puede llegar a entender como los habitantes de Sodoma querían “conocer” a aquellos que traspasan las murallas de la ciudad sin el conocimiento de los ancianos  suggewmeqa avntoiz) bastande diferente a los verbos que se utilizan para hacer referencia a las hijas de Lot (egnwsan / cresasqe) que tienen una clara connotacion sexual.

Llegados a este punto y para terminar con Gn., 19, tendríamos que hacer referencia al cuando y por qué del cambio de actitud por el que se termina adscribiendo el relato a una cuestión sexual, la explicación estaría en una serie de factores políticos, religiosos, sociales y económicos que se dan en la Alta Edad Media y que conforman una determinada moral sexual, moral que realizará una relectura de la Biblia tratando de buscar argumentos en los que apoyarse, no dudando para ello de falsear por medio de malas traducciones aquellos aspectos de la Biblia que pudieran ser especialmente significativos para sus fines. 

A este respecto y dado que un análisis escaparía del todo a los objetivos de nuestro trabajo, que se centra en un análisis de la literatura contemporánea que era leída por los primeros cristianos, (y por que la cuestión ya ha sido investigada con anterioridad), remitimos al lector al capítulo cuarto de la obra de Boswell “El nacimiento de la intolerancia” [17] en donde se explica el surgimiento de esta nueva moral.

En el Deuteronomio aparece otra alusión a la sodomía:"No haya rameras entre las hijas de Israel ni sodomita entre  los hijos de Israel” [18]

Esta traducción es la que más se consolida en las Biblias protestantes, de hecho la edición de Valera lo es, su origen, en nuestra opinión, debe de estar en una mala traducción de los originales hebreos a los que recurren los protestantes para realizar sus “biblias” diferenciadas de las católicas, quienes frente a los términos Kadesha para el femenino y kadesh para el masculino, traducen este último como sodomita a falta de encontrar un apelativo mejor para referirse al hombre que “vende” su cuerpo no por dinero, sino en un extraño trueque religioso. 

De hecho hoy traduciríamos kadesh como “prostituto cúltico” gracias a nuestros conocimientos de las sociedades antiguas, algo bastante inalcanzable para unos traductores protestantes del siglo XVI.

Es de suponer que estos traductores tratando de evitar a la Vulgata en donde podemos encontrar el anterior pasaje como: “Nom erit meretrix de filiabus Israel, nec scortator de filiis  Israel”[19],  no tienen en consideración la traducción de San Jerónimo como de kadesh como scortator, o simplemente piensan que scortator (hombre prostituído) es un sodomita sin otro tipo de clarificación.

En otras ediciones de la Biblia, católicas éstas, tal vez por seguir más al pie de la letra al mencionado santo, podemos leer lo siguiente: “Ningún hombre ni ninguna mujer Israelita deberá consagrarse a la prostitución practicada en cultos paganos”[20] ; “No habrá hieródula entre las israelitas, ni hieródula entre  los israelitas”[21]

De esta forma el texto se centra más en una condena hacia prácticas cúlticas paganas que hacia una condena de orientaciones sexuales específicas.

No obstante sí existe en la Biblia una referencia directa hacia las relaciones del mismo sexo entre hombres, ésta se puede encontrar en dos versículos diferentes del Levítico: “No te ayuntarás con hombre como con mujer, es una abominación”[22] ;" Si uno se acuesta con otro como lo hace con mujer, ambos hacen cosa abominable y serán castigados con la muerte; caiga sobre ellos su sangre”[23]

En el mismo sentido y con las mismas palabras se expresan todas las demás Biblias consultadas incluidas las protestantes. Todas ellas son traducciones directas de la Vulgata en donde textualmente podemos leer:  “Cum masculo noncommiscearis cuitu femineo, quia abominatio est.”[24]; “Qui dormierit cum masculo coitu femineo, uterque operatus est nefas, morte moriantur: sit sanguis eorum super eos.”[25]

¿Se puede decir en este punto que sí existe una moral sexual israelita que condena y en los términos del Levítico la homosexualidad?

Para poder contestar a esta pregunta tendríamos que situarnos en el origen de este libro, y por extensión en el origen del Pentateuco. Este conjunto de libros o “rollos” (Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio), llamado Torá por los Judíos y Ley de Moisés por los primitivos cristianos tal y como lo denomina el AT, encierra cinco tradiciones y cronologías diversas[26]:

Por un lado tenemos El Documento Yahvista (Y), llamado así porque el Génesis llama a Dios Yahvé. Fue redactado durante el reinado de Salomón o un poco después por unos escribas del reino de Judá. El documento Elohista (E) que llama a Dios Elohim, nació hacia el año 750 a.c. en el reino norte, poco antes de su caída. Estos dos documentos terminarán fusionándose hacia el 700 a.c. formando el texto Jehovista (JE) que mantiene su tradición en Judá. El cuarto documento es el denominado Deuteronomista  (D) redactado bajo el reinado de Ezequías. Finalmente El Documento Sacerdotal (P), también llamado La Ley de santidad nació durante el destierro de Babilonia (587-538 a.c.) y encierra fundamentalmente lo que hoy conocemos como Levítico. Finalmente todos estos documentos terminan agrupándose en uno solo hacia el año 400 a.c. al que los judíos dieron el nombre de Torá.[27]

Puestas así las cosas nos encontramos con un libro, el Levítico redactado por los sacerdotes durante el cautiverio del pueblo de Judá. En este contexto los sacerdotes intentarán por todos los medios conseguir que la tradición se mantenga aún en las penosas circunstancias en las que se encuentran, para ello elaboran un conjunto de normas y de ritos que marquen la diferencia externa entre ellos y el pueblo al que está sometidos. 

De esta forma podemos decir que el Levítico está constituido por tres leyes: Ley sobre los sacrificios, Ley de la pureza y Ley de la santidad, y por una referencia a la historia del pueblo en clave salvífica de su Alianza con Dios. El cumplimiento de las tres leyes marcaba sin duda el sometimiento a un ritual distintivo de cualquier otro pueblo. Todos estos rituales se elaboran con la intención de hacer cumplir el Génesis en cuanto al mandato divino (Gn., 1:28): Sed fecundos, multiplicaos, llenad la tierra, someted, dominad)[28], verbos que además son especialmente relevantes en el caso de estar dominados por los babilonios.[29] (Están dominados, sometidos, sin tierra...).

En este contexto la tradición sacerdotal consideraba a las relaciones entre hombres como no reproductivas[30] y por lo tanto malas para el pueblo, esto es constituían una abominación, esto es una (en hebreo) “toevah”, una impureza, una contaminación pagana (de hecho la misma palabra toevah sirve para designar ídolo). Por todo ello, práctica no reproductiva y contaminación las leyes levíticas lo prohíben.[31]

Una vez aclarado el significado de la prohibición, tendríamos que preguntarnos cómo influye (si es que lo hace) en los primeros cristianos, si afecta de algún modo a su moralidad. 

La respuesta desde un punto de vista teológico es negativa: En el concilio de Jerusalén (49 d.c.) Tras duros debates tal y como se nos cuenta en Los Hechos de los Apóstoles[32], se decide que los cristianos, en su nueva Fe no están obligados a cumplir los prefectos del levítico, incluida la circuncisión o el respeto al Sabat, para ellos la Nueva Ley era la que anunciaba Jesucristo[33] (Ley que estaba escrita en los Evangelios)  las que las cuestiones de pureza o impureza física quedaban de lado frente a la pureza espiritual o del alma tal y como lo refería San Pablo[34]

La utilización del Levítico como argumento es más una cuestión de la exégesis medieval que de la antigua y siempre bajo unos prejuicios e ideología determinados.[35]

Como colofón creo que puede ser significativo citar un ejemplo aparentemente homo erótico que aparece en la Biblia, ello no significa que este tipo de relaciones estuviesen consentidas, pero sí nos puede dar una idea de la cierta naturalidad de ciertos planteamientos, naturalidad que relacionaría más al pueblo hebreo con la realidad histórica circundante. 

Este ejemplo es el de las relaciones entre el rey David y Jonatán, ocurre en la época en la que la relación varonil entre guerrero y amante era común y, además, noble. El triángulo trágico de pasión, celos e intrigas políticas entre Saúl, Jonatán y David, es una franca expresión de amor entre personas del mismo sexo:“... ¡Angustiado estoy por ti, Jonatán hermano mío!, ¡Con cuanta dulzura me trataste!, para mí tu cariño superó al de las mujeres...”[36]

El autor bíblico indudablemente, está al tanto de la varonil belleza clásica de David: “...era rubio, de hermosos ojos y muy bella presencia”[37]

En un relato de amorosa lealtad: “...el alma de Jonatán se apegó a la de David y le amó Jonatán como así mismo (...) Jonatán hizo pacto con David pues lo amaba como a su alma...”[38] 

Con encuentros furtivos: “...me iré y me ocultaré en el campo (...) ven vamos al campo (...) tu vienes al mismo sitio donde te escondiste el día aquel y te colocas junto a esa piedra...”[39]

Besos y lágrimas:  “... ambos se abrazaron y lloraron, derramando David muchas lágrimas...”[40]

Pacto de guerrero y amante que David mantiene hasta la muerte de Jonatán: "... Jonatán juró una vez más a David por el gran amor que le tenía, pues le amaba como a su propia vida...”[41]  

B) REFERENCIAS EN EL NUEVO TESTAMENTO:

Pero si el AT no era una sólida base doctrinal para los primeros cristianos, sí lo era el NT, en él podemos rastrear las alusiones que a esta cuestión se hace referencia:

Una de las palabras que aparecen en la Biblia es la alusión a la “carne extraña”:

Es el término que el libro de Judas (Jds.:7) utiliza para referirse a cuestiones directamente sexuales, en este sentido y ya que aludimos a la traducción que de una palabra concreta se hace y no a un relato extenso, citaremos varias ediciones de la Biblia que pueden resultar sugerentes: “Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, que de igual modo que ellas, habían fornicado yéndose tras carnes ajenas, fueron puestas para escarmiento, sufriendo la pena del fuego perdurable.”[42]

Esta es la tradición más clásica por parte de una traducción tildada en muchos casos de conservadora que desde un punto de vista exclusivamente oficial católico es superada por las traducciones de la Biblia de Jerusalén (tomada por la Iglesia como la mejor erudición de los biblistas católicos), aquí el texto es el siguiente: “Y lo mismo Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, que como ellos fornicaron y se fueron tras una carne diferente...”[43]

Es de señalar que existe una nota en el versículo citado en donde se comenta que la “carne diferente” a la que se hace alusión no es humana puesto que el pecado había sido el de querer abusar de los ángeles, cuestión que anteriormente hemos referido.

De hecho creemos que ambas traducciones se ajustan bastante bien a lo que se escribe en la Vulgata: “Sicut Sodoma, et Gomorrha, et finitimae civitates simili modo exfornicatae, et abeuntes post carnem alteram, factae sunt exemplum, ignis aeterni poenam sustinentes”[44]

No puedo decir lo mismo de otras traducciones al uso en donde se puede llegar a leer lo siguiente: “También Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas  se entregaron a las inmoralidades sexuales, y se dejaron llevar por los vicios contra la naturaleza...”[45]

O incluso: “... habiendo ido en pos de vicios contra naturaleza...”[46]

 Parecido a:  “... dejándose arrastrar por relaciones contra la naturaleza...”[47]

Habida cuenta que la epístola de San Judas fue escrita originariamente en griego habremos de recurrir a éste para sacar algo en claro. Así y siguiendo las indicaciones del argentino Renato Lings[48] a las que anteriormente Boswell había trazado caminos para su investigación, así el término preciso es el de sarkoz eteraz (idéntico al carnem alteram de la Vulgata).

La gran pregunta que quedaría por resolver es cómo ciertos eruditos han efectuado el paso de “sarkós héteras” al de “contra la naturaleza”, cuando ni por análisis lingüístico ni por contextualización histórica obtendríamos algo parecido.

Por otro lado están las palabras de san Pablo (a priori eludo darles traducción), éstas se encontrarían en los siguientes textos: “...no os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros (...) poseerán el reino de Dios.”[49]

 “...la ley no es para los justos sino para los que carecen de religión, para los parricidas (...), para los fornicarios y sodomitas...”[50]

Las palabras que nos ocupan, afeminados y sodomitas para el primer texto y sodomitas en el segundo son traducidas en otras Biblias como:

-- “Blandos” para afeminados y  “los que se echan con varones” para sodomitas[51]

 -- “Homosexuales” en los tres casos según traducción de la Biblia de Jerusalén[52] 

Intentando buscar un origen lingüístico a toda esta cuestión, habremos de recurrir a la Vulgata, en donde podemos leer los siguientes términos:

-- “...neque moles (...) neque masculorum concubitores” en 1 Cor., y “masculorum concubitoribus” para 1Tim.,[53]

De todo ello podemos deducir una buena traducción, pero dado lo impreciso del término hemos de retroceder a la versión griega original, tal y como lo escribió Pablo de Tarso, así encontramos que todos estos términos se reducen a dos, uno de ellos es palakoz, y la otra es arsenokoitai, respectivamente “blando” y “varón-camas”. 

Desde el momento en el que Boswell[54] dedica un capítulo en su libro denominado “La lexicología en San pablo” no es mi intención repetir aquí lo que ya este autor ha dejado claro tan sólo recordar como el término de “blando” es extremadamente ambiguo y tal vez se refiera a “débiles en la Fe”, problema que le interesaría mucho más al Apostol[55]

El segundo término se trata de una palabra inventada por Pablo (no existe referencia en la literatura griega de la época a esa palabra, existiendo otra serie de nombres en griego para designar relaciones entre hombres bien sean pedagógicas, eróticas o puramente sexuales). 

Las razones de la invención las busca Boswell en la intención del autor de referirse a algo diferente ¿Ridiculización de un erastes que ocupa el papel de un erómeno?[56], ¿algo relacionado con la prostitución cúltica?[57], realmente es muy difícil de saber, y no es mi intención entrar en el debate que se limitaría, por otra parte, a repetir las ideas del autor que he citado, en todo caso, creo que la carga de la prueba recae en quien lanza la primera hipótesis, con lo que aquellos que traducen el término por homosexual habrían de explicar y defender sus argumentos.

Finalmente hay una calificación en San Pablo de las relaciones entre hombres, directa y específica, esta es la de relación contra natura

Este término lo encontramos en la Epístola a los Romanos expresado en estos términos: “...igualmente los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrasaron en la concupiscencia de unospor otros, los varones de los varones, cometiendo torpezas, y recibiendo en sí mismos el pago debido a su extravío.”[58]

Todas las versiones de la Biblia consultada se expresan en similares términos, nacidos de la traducción latina de San Jerónimo: “...Relicto naturali usu feminae...”[59]

El vocablo, el de uso natural o no natural, nace del griego fusin/ para fusin. Con lo que tendríamos que hablar del concepto de naturaleza/natural en la Antigüedad (no en la filosofía actual como algunos intentan hacer). Del valor normativo o no, de lo “natural” en la teología de San Pablo. Si la condena, que se está refiriendo a una determinada práctica, se puede generalizar o no a la condición de homosexual. 

Si como práctica que es, es condenable por otros motivos ajenos a las relaciones entre personas (violación, prostitución cúltica...). Todo esto teniendo siempre en cuenta que el concepto de “ley natural” se origina más de mil años después de la carta del Apóstol, y que en todo caso lo opuesto a natural (normal) es “poco frecuente” y no antinatural. 

Todas estas cuestiones junto con un análisis semántico y paralingüistico de los términos lo afronta Boswell en su obra[60], con lo que en todo caso remitimos al lector al libro en cuestión y eludimos volver a repetir ideas ya sugeridas. 

Por nuestra parte y frente a lectura del citado versículo, sí hacer una serie de consideraciones al respecto:  La primera de ellas, la tomamos de E. Miller[61]: Pablo habla de varones que hacen lo mismo, pero con otros varones (sexo anal). 

El “así mismo” que vincula 1:26 y 1:27, no refiere, entonces, al concepto moderno de orientación sexual, sino, en todo caso, a la práctica de sexo anal por parte de parejas heterosexuales y varones entre sí. Siendo este tipo de práctica “impura” (diferente a pecaminosa).

La segunda consideración nace del término paulino de “impuro”, término unido al de “ley” y por tanto desde una perspectiva judía haría referencia solamente a aquellos actos que imposibilitan la entrada en el “Templo”[62]

A medida que nos adentramos en la carta de Pablo, vemos como va exponiendo (deconstruyendo) su argumento, y así desde una perspectiva cristiana señalará que “nada hay de suyo impuro”[63]

Circunstancia que vuelve a ocurrir en La carta a Tito:  “Todo es limpio para los limpios”[64]. En este sentido el “todo” (omnia de la Vulgata, traducido directamente del griego) pasa a convertirse inexplicablemente en algunas ediciones  en “todos los alimentos”[65], con lo que se imposibilita de esta forma valorar el verdadero sentido de las palabras de Pablo.

La tercera consideración es la utilización de para fusin, más adelante en la misma Carta a los Romanos, en otro contexto bien diferente: “Porque si tu fuiste cortado de un olivo silvestre y contra naturaleza injertado en un olivo legítimo...”[66]

Pablo se está refiriendo a la actuación Divina, la que no se ajusta a naturaleza, por tanto Dios está actuando contranatura. De ahí es presumible pensar, a mi juicio, que la actuación contra la naturaleza, o contra el “orden natural” de las cosas, no es en sí un pecado.

Otra consideración al respecto, es que apelando a las actitudes judías en el citado Rom., 1:24-27, Pablo habla de los actos sexuales de los gentiles  como hechos que implican estigma social y pérdida de honor. Sin embargo más adelante[67], Pablo se gloria en la Cruz  como lo hizo en Gálatas[68] , demostrando que es precisamente en la Crucifixión de Jesús (la experiencia más vergonzosa imaginable) donde Dios cumplió nuestra  Redención. De aquí que los cristianos puedan “jactarse”[69] de su Salvación lograda a través de un acto vergonzoso. Pueden mantener una esperanza de “que no expone a la vergüenza”[70].

Comentar como los comentaristas paulinos[71] están cada vez más de acuerdo en que el argumento sutil y profundo de San Pablo, que apela alternadamente a los lectores judíos y gentiles, solamente alcanza su meta en la llamada a la hospitalidad mutua, y a dejar de lado los prejuicios tradicionales:  “Así pues, recibiros los unos a los otros como también Cristo nos recibió, para Gloria de Dios”[72].

Una negativa de hospitalidad al modo de Sodoma no debe caracterizar a las cinco Iglesias de Roma. Los judíos podían mantener sus tradiciones sobre las prácticas gentiles impuras, pero no podían imponer tales distinciones a los gentiles convertidos.

Finalmente señalar una frase apodíctica de Pablo a partir de la cual se deben entender todos sus restantes comentarios: “Porque toda ley se resume en este sólo mandato:  Ama a tu prójimo como a ti mismo”[73]

Puestas así las cosas y como conclusión se puede llegara decir que doctrinalmente hablando no existía ningún tipo de norma en materia sexual que condenase la homosexualidad en tiempos de los primeros cristianos, en todo caso la existencia de la interpretación de los prefectos levíticos en clave de “impureza” en relación a ciertas prácticas entre hombres,  tema de la impureza, en todo caso, que se zanja definitivamente en el Concilio de Jerusalén a propuesta de Pablo cuando se dictamina que ningún gentil convertido estaba obligado a seguir las tradiciones y códigos judíos. 

Habrá que adentrarnos en el pensamiento teológico medieval para ir encontrando diversas ideas y argumentaciones que harán referencia a las Escrituras para justificarse, elaborando así un código moral que afectó (y afecta) a Occidente pero que por lo que se ve pasó inadvertido para los propios protagonistas de la Historia. [74]

Tal y como se hizo en el apartado anterior, creo que puede ser ilustrativo la inclusión de algún ejemplo del NT que nos hable de cierta normalidad en las relaciones homoeróticas con el fin de poder ilustrar mejor la idea de que en el origen del cristianismo no existía una condena hacia este tipo de comportamiento. 

El ejemplo al que haremos referencia es el de Cristo y el centurión Romano: “...Estaba a punto de morir un siervo de cierto centurión que le era muy querido. (...) Y respondiendo el centurión, dijo: Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo;di sólo una palabra y mi siervo será curado (...) En verdad os digo que en nadie de Israel he hallado tanta fe.”[75]

Las traducciones de la Biblia han utilizado el término siervo para indicar la relación que éste tenía con el centurión, no obstante en la Vulgata se hace referencia en estos términos “puer meus”[76]

Tal vez esto no aclare demasiado las cosas salvo la idea de que si se tratase de un “hijo” el término utilizado sería el de “filium”, por lo que hemos de suponer que se está refiriendo a un muchacho “muy querido” [77]  (qui illi erat pretiosus). 

Como Lucas escribe en griego tenemos que ir a la fuente si queremos algo más de claridad, allí la palabra es “pais” cuya traducción sería la de “muchacho esclavo”, con lo que el centurión busca ayuda en Jesús para su ¿muchachito esclavo muy querido?, algo que no es de extrañar si pensamos además que otra de las traducciones posibles del término es la de “niño amado”, o más concretamente lo que hoy denominamos erómeno. 

El hecho finalmente de que Cristo alabe la Fe del centurión y no tenga que decir nada de sus relaciones personales creo que es significativo[78] y que nos habla de esa normalidad en las relaciones entre hombres de la antigüedad que la historiografía ha intentado romper o cuando no falsear. 

 

* * * * * * *

 

Páginas

 

ISLA  TERNURA PLAYA BUCEANDO EN OTRAS ÉPOCAS