|
La Edad Media española
fue una época contradictoria, en la que se sucedieron períodos
de intensa belicosidad y fanatismo intolerante con otros de gran
avance cultural y tolerancia, por lo que la suerte de los
homosexuales debió ser variopinta, en principio, si bien sólo se
ha demostrado la existencia de persecuciones masivas contra
homosexuales al final de la Edad Media con la definitiva
implantación de la monarquía renacentista, cuyas leyes responderían
a un movimiento social favorable a la uniformización y la exclusión
social que se venía gestando desde antes.
Algunos autores
opinan que cabría mejor hablar de prácticas homosexuales que de
hombres homosexuales, pues durante la Edad Media no se manifestaría
claramente la existencia de personas que podamos considerar gays
en un sentido moderno de la palabra, de modo que la homosexualidad
estaría más centrada en los hechos que en la identidad.
Sin embargo, otros
investigadores, entre los que destaca la autoridad de John Boswell,
consideran que sí existen indicios para postular la existencia de
subculturas homosexuales en el medioevo, precisamente en la España
de las tres culturas, las cuales aglutinarían a las personas que
practicaban preferentemente la homosexualidad.
Por otro lado, los
conceptos morales acerca de la sexualidad también han cambiado
mucho a lo largo de la historia como lo atestigua el hecho de que
Maimónides, el gran médico y teólogo hebreo de origen cordobés
del siglo XII, creyera punibles las relaciones homosexuales
masculinas entre un adulto (es decir, mayor de 30 años, según la
tradición judía) y un joven, pero se mostrara menos riguroso con
la pederastia, pues su doctrina parece más permisiva si se trata
de muchachos preadolescentes, como se desprende de su célebre
"Tratado de la cohabitación" sobre las relaciones
sexuales escrito para el sultán Saladino en Egipto.
De aquella época
se conservan diversos poemas homoeróticos de las culturas
hispanojudía e hispanoárabe, así como códigos y tratados
morales que mencionan la homosexualidad, si bien de manera más
bien tolerante, cuando no indiferente. La actividad sexual que
aparece reflejada en la literatura de la Alta Edad Media es
distinta en cada una de las tradiciones culturales: Los sefardíes
la limitan a los besos y las caricias, mientras que los musulmanes
no. Además, los poetas hebreos consideran siempre relaciones con
un halo romántico entre varones adultos y jóvenes adolescentes.
Comencemos con la
tradición sefardí: Sus temas poéticos homosexuales son
recurrentes durante la época que va del siglo XI al XIII, de tal
manera que cada poeta conoce las obras de los demás, son todos
ampliamente leídos y se trata de autores muy integrados en la
sociedad y la cultura de la época.
El poeta hebreo del
siglo XI Yishaq Ben Mar-Saul, nacido en Lucena, es el primero del
que se conocen poemas homosexuales. La fuerza expresiva de Mar-Saul
es palpable a lo largo de todo el poema que se presenta a
continuación, a pesar incluso de que sólo podemos apreciar una
parte de él, pues ha sido objeto de múltiples traducciones.
|
Gacela
deseada en España
prodigiosamente
formada,
Tienes
autoridad y dominio
sobre
todas las cosas vivas.
De forma
encantadora como la Luna
con espléndida
estatura.
Rizos de
púrpura
sobre
brillante templo.
Como José
en su forma
como
Adoniah el cabello
De ojos
bellos como David,
me ha
matado como Uriah.
Él ha
encendido mis pasiones
y
consumido mi corazón con fuego.
Por él
yo he sido dejado
sin
entendimiento y juicio
¡Llorad
conmigo avestruces,
gavilanes
y halcones!
El amado
de mi alma me ha matado
¿Es
esta una sentencia merecida?
Por él
mi alma está enferma,
confundida
y anhelando.
Su
palabra sobre mi corazón
es como
rocío sobre tierra seca
¡Arráncame
del abismo de la destrucción
cuando
me pierda en el infierno! |
En esta obras se
aprecia la convención literaria de la época de utilizar la metáfora
de la gacela (sevi, en sefardí) para designar poéticamente al
joven muchacho que es objeto del deseo. Como vemos, el autor
muestra con intensidad su desolación ante el amor que su amante
abandonó. Además, el objeto de esta pasión es un varón cuyo género
se manifiesta abiertamente sin que haya intención de ocultarlo.
También
conservamos poesía homoerótica sefardí del siglo XII, escrita
por Isaac Ibn Abraham.
|
El
secreto del amor cómo puede ser guardado
El corazón
y las lágrimas son delatoras.
El corazón
es disuadido de lo que ambiciona,
Calla y
es pasión por él sitiado,
Incapaz
de obtener su deseo.
Si
presume de alcanzar las estrellas,
Su
orgullo es derribado, rendido.
Amado
como un ciervo, con el corazón de una pantera,
Si tú
deseas matar,
Mi corazón
está en tus manos como arcilla.
Pero no
convoques al destino aciago sobre él,
Pues en
su medio se abriga tu nombre.
Amado,
como una cuerda escarlata sus labios,
Ardiente
como el fuego por ellos está su incensario,
Y en
ellos está la obra de su sello.
Vive por
ellos, porque a ellos los esperan --
Un largo
sufrimiento por ellos
Cómo ha
endurecido el espíritu de mi destino.
Un
instante y la separación puede convertirlo en odioso
Para mis
amigos que conocen sus pensamientos.
Si el
errar incierto nos ha separado
Eso ha
aumentado el amor.
Esperaré
por la gacela
Hasta
dejar en el jardín mis placeres
Aunque
mi culpa esté presta para acusarme.
|
Estas poesías
muestran apasionados sentimientos homosexuales que, en algunos períodos
de nuestra historia, pudieron manifestarse abiertamente, gracias
sin duda a la influencia favorable del avance cultural y la
tolerancia.
En cuanto a la
sexualidad gay percibida por los hispanoárabes, quienes poseían
con frecuencia el poder dominante en España durante la Alta Edad
Media, existe abundante documentación que muestra que su actitud
fue de amplia aceptación. John Boswel, en su admirado libro
Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad, escribe:
"No es extraño
que los gays florecieran en las ciudades de España. Hasta cierto
punto, esto podría atribuirse a las actitudes de la cultura islámica
en general. Aunque el Corán y los primeros escritos religiosos
del Islam sostenían actitudes moderadamente negativas respecto de
la homosexualidad, la sociedad islámica en general ignoraba estas
desaprobaciones y la mayoría de las culturas musulmanas trataron
la homosexualidad con indiferencia, cuando no con admiración.
Casi sin excepción, las obras clásicas de la poesía y la prosa
árabe, de Abú
Nuwas
a Las mil y una noches, trataron con respeto
o aceptaron ocasionalmente a los gays y su sexualidad. La lengua
árabe contiene un inmenso vocabulario de terminología erótica
gay, con docenas de palabras sólo para describir diferentes tipos
de prostitución masculina. En la poesía árabe de amor es una
convención corriente el tono erótico con el que un hombre se dirige
a otro; incluso los poemas escritos sobre o para mujeres
emplean a menudo pronombres masculinos y metáforas de belleza
masculina: no es raro encontrar poesía dedicada a una mujer en la
que el objeto del afecto del poeta se elogia en términos tales
corno 'oscuro mostacho sobre perlados dientes blancos' o 'el
primer vello aterciopelado sobre la damasquina piel'. Los poemas
sobre el aspecto físico de la primera barba de un joven
constituyen todo un género de la poesía árabe. El que esta
literatura y estos fenómenos sociales no sean simple reflejo de
las restricciones sociales a la exhibición y admiración públicas
de las mujeres queda demostrado por el hábito, en muchas zonas
del mundo musulmán (especialmente en España), de vestir a las
chicas bonitas para que parezcan muchachos bonitos, esto es, con
el pelo corto y ropas masculinas: es obvio que las mujeres que
participaban en esta insólita forma de travestismo estaban en
disposición de que se las apreciara como mujeres.
En la España de la
Alta Edad Media, esta tendencia se vio exagerada, si cabe. Era común
toda variedad de relación homosexual, desde la prostitución al
amor idealizado. La poesía erótica sobre relaciones
ostensiblemente homosexuales constituye el grueso de la poesía
hispanoárabe. Escribían esta poesía todo tipo de personas de
todos los estamentos. Los reyes escribían poemas de amor a / o
sobre sus súbditos masculinos y recibían a cambio poesía erótica.
Los poetas se escribían versos de amor entre sí o los escribían
a otros de condición más humilde. También la gente común repetía,
aunque no componía, canciones que celebraban el amor y la
sexualidad gays. Cuando al-Mutamid, rey de Sevilla en el siglo XI,
escribió, refiriéndose a su paje, 'Lo hice mi esclavo, pero la
humildad de su mirada me convirtió en su prisionero, de tal modo
somos ambos y al mismo tiempo esclavo y señor uno de otro',
expresaba un sentimiento con el que sus súbditos podían
simpatizar y probablemente ellos mismos habrían compuesto o
recitado versos similares."
Cabe mencionar que
este tipo de sexualidad señor-paje que persigue ennoblecer la
autoridad del primero sobre el segundo y darle un rostro más
humano, es un motivo erótico típicamente medieval y que algunos
autores han considerado presente también en el homoerotismo
samurai del Japón medieval, como se ha observado en el capítulo
primero.
Una de las
consecuencias de este argumento erótico, tanto en Europa como en
Asia, que quizás resulte algo extraña a la mentalidad moderna,
era que los señores enamorados promocionaban el ascenso social de
sus amantes. Por otra parte, en la misma época existe también el
erotismo entre pajes que se muestra en las historias de Saikaku
Ihara como ocurriría también en la España medieval. En efecto,
la investigación de Boswell continúa así:
"Al-Mutamid se
enamoró también del poeta Ibn Ammar, de quien no soportaba estar
separado, 'ni siquiera una hora, ni de día ni de noche', y a
quien convirtió en uno de los hombres más poderosos de España.
Un poco antes, en ese mismo siglo [el XI], el reino de Valencia
había sido gobernado por una pareja de ex-esclavos que se habían
enamorado y habían ascendido juntos en las filas del servicio
civil hasta colocarse en una situación tal como para gobernar por
sí mismos. Los historiadores musulmanes, llenos de admiración,
caracterizaron su gobierno conjunto como una relación de plena
confianza y mutua devoción, sin un indicio siquiera de
competencia o de celos, y su amor fue celebrado en verso por
poetas atraídos a su corte desde toda España.
La sociedad
hispano-musulmana combinaba la sexualidad sin compromiso de Roma
con la tendencia griega a la idealización apasionada de
relaciones afectivas. Su literatura erótica más intensa podía
celebrar relaciones, ya sublimadas, ya sexuales, pero, en todo
caso, siempre tan dispuestas - cuando no más - a involucrar
relaciones homosexuales, como heterosexuales."
Un prejuicio común
acerca de la vida social en la España medieval establece que la
cultura musulmana en este país era relajada o decadente en
comparación con la del Próximo Oriente o la del Magreb. Quizás
este juicio se apoye inconscientemente en la ola de intolerancia
que vive el mundo musulmán del siglo XX, de tal modo que sólo
sería posible una convivencia multicultural como la que se dio en el
medioevo hispánico en una sociedad desorganizada. Boswell
argumenta contra esta idea:
"Sería un
error suponer que esta predilección cultural por el erotismo
homosexual era consecuencia de la secularización o de la
decadencia de la religión. El Islam hispánico se distinguió por
su rigidez en cuestiones legales y morales, produjo notables
juristas y teólogos y, en general, estaba regido por musulmanes a
los que se consideraba fanáticos en el resto del mundo islámico.
Las referencias imaginarias al amor homosexual eran moneda
corriente en los textos místicos islámicos tanto en España como
fuera de ella. Muchos de los autores de poesía erótica gay de la
Península Ibérica eran maestros del Corán, líderes religiosos
o jueces; casi todos escribieron versos religiosos convencionales
al mismo tiempo que poesía amatoria."
Además, en aquella
España de las tres culturas, los cristianos tampoco demostraban
una actitud adversa hacia la homosexualidad. En el libro citado,
John Boswell añade:
"Grandes
cantidades de cristianos vivían en ciudades españolas
conquistadas por los musulmanes, y el contacto cultural entre
musulmanes y cristianos era, en toda la península, constante y
cada vez más permeable. Los guerreros cristianos, como el famoso
Cid, pelearon tanto a favor de los musulmanes como contra ellos;
los reyes cristianos imitaban la ropa musulmana, mantenían en sus
cortes a médicos y maestros árabes, realizaban tratados con los
gobernantes musulmanes contra cristianos, e incluso se casaban con
descendientes de familias musulmanas.
Dado lo que se
suele suponer que fue, en general, la actitud cristiana ante las
relaciones homosexuales, era de esperar una cierta reacción
cristiana contra las costumbres musulmanas, pero las leyes de las
comunidades y de los reinos cristianos durante este período
guardan un asombroso silencio acerca de la cuestión de la
conducta homosexual cuando, sin embargo, legislaban detalladamente
sobre otros aspectos de la sexualidad, tales como la bestialidad.
En algunas regiones los cristianos buscaron el martirio a fin de
evitar toda 'contaminación' de la fe por la asimilación
musulmana, pero ni siquiera las quejas cristianas más hostiles
acerca de la influencia musulmana mencionan la 'sodomía'. Por
otra parte, ciertas fuentes musulmanas critican al clero cristiano
su particular adicción a estas prácticas."
Por último, la
complejidad de la sociedad medieval española daba pie a numerosos
intercambios culturales basados en distintos aspectos de la
conducta, incluyendo la sexualidad gay. Cabe decir que el ideal
homoerótico de la época era una fuerza capaz de atravesar las
barreras étnicas y religiosas:
"Las fuentes
españolas no sugieren que los cristianos pusieran límites a las
relaciones físicas con musulmanes. Gran parte de la poesía erótica
gay más popular está escrita en un dialecto árabe
vulgar que contiene muchas palabras y expresiones de lengua
romance [cristiana], lo que sugiere que fue compuesta en un
entorno familiar a ésta, cuando no formado en parte por
cristianos.
Muchos musulmanes
tenían amantes cristianos. Al-Mutamin [no el anterior Al-Mutamid,
rey de Sevilla, sino un rey musulmán de Zaragoza que gobernó en
el mismo siglo] estaba enamorado de su paje cristiano; y ar-Ramadi,
uno de los poetas más destacados del siglo XI, no sólo comenzó
a usar ropa distintiva de la minoría cristiana cuando se enamoró
de un joven cristiano, sino que incluso se convirtió al
cristianismo y abrazó a su amante después de la ceremonia."
Podemos concluir
después de este rápido vistazo a la historia medieval española,
que la compleja sociedad de la época demostraba un alto grado de
consenso, sin importar la religión, a favor de la aceptación de
la homosexualidad en su seno y que este hecho era, incluso, fuente
de riqueza cultural.
Jaime
Montes Norniella
|