Sin el permiso de nadie
Con el argumento de que la población
adolescente "no está preparada" para la vida sexual, por mucho
tiempo se ha silenciado y reprimido a la sexualidad juvenil.
La expresión de la sexualidad en esa etapa aún provoca pánico
y preocupación en la población adulta. La desconfianza es tal,
que se ha llegado a pensar que proporcionar información y
anticonceptivos a las y los adolescentes es invitarlos a dar
rienda suelta a sus "instintos sexuales". Pero el hecho es que
la población de jóvenes no está pidiendo permiso para expresar
y desplegar su sexualidad.
Hoy, más de la mitad de esa
población inicia su vida sexual antes de cumplir la mayoría de
edad. Y gracias a los prejuicios adultos sobre la sexualidad
juvenil, lo hace sin contar con la información y los elementos
de protección necesarios para garantizar el ejercicio de una
sexualidad plena. De ahí que las y los jóvenes hayan comenzado
a apropiarse del concepto "derechos sexuales" como una forma
de reivindicar su autonomía en la toma de decisiones sobre su
cuerpo y su vida sexual.
Cuando se habla de sexualidad adolescente o juvenil muchas
alarmas se encienden. Pocas relaciones provocan tal carga de
prejuicios, temores y falsedades como la conjunción de ambos
vocablos.
E independientemente del signo ideológico del
interlocutor, a la sexualidad adolescente se le ha visto
preponderantemente como un "problema".
Para el punto de vista
conservador, el sexo entre adolescentes es una aberración,
pues no está en su naturaleza, aún "infantil e inocente",
interesarse en las actividades sexuales. Si la mayoría de la
población adolescente lo hace, es por la perniciosa influencia
exterior de la moda, los medios de comunicación y la pérdida
de valores. La sexualidad no es algo propio de esa edad, se
afirma.
Pero las
luces de alarma se encienden no sólo del lado
conservador, sino que también pedagogos, educadores, sexólogos y
autoridades sanitarias han comenzado a ocuparse de la
sexualidad adolescente sólo a partir de los problemas de salud
pública que se desprenden de su ejercicio "irresponsable".
Si
bien se le considera algo "natural", termina por subrayarse su
lado "peligroso", negativo, por sus posibles consecuencias: un
embarazo no deseado; una infección de transmisión sexual,
incluido el VIH/sida; un aborto con consecuencias fatales; una
preñez deseada pero precoz, que conlleve riesgos de salud;
conflictos que amenazan la integridad familiar; violencia y
abuso sexuales; etcétera. Por ello se insiste mucho en
promover la "sexualidad responsable" de hombres y mujeres
jóvenes adolescentes, como si la relación sexual adulta
fuera responsable "por naturaleza".
No son derechos
"especiales" Es verdad que en la medida en que la discusión de
la sexualidad ha ido adquiriendo un tono más franco y abierto,
se ha empezado a reconocer que los jóvenes no sólo
tienen una vida sexual activa, sino que además tienen derecho
a ejercerla. Pero aún es poco lo que se dice y hace acerca de
la importancia de la expresión sexual en el desarrollo de la
identidad y la personalidad juveniles.
Es por ello que
algunos jóvenes, cansados de ser objeto de estudios y
declaraciones firmadas por los adultos, han tomado en sus
manos la discusión sobre su propia sexualidad.
En agosto de
2000, se reunieron en Tlaxcala representantes juveniles de 78
agrupaciones mexicanas provenientes de casi todas las
entidades del país, y elaboraron la Declaración de Derechos
Sexuales de los Jóvenes, documento donde plasman su
aspiración a vivir una sexualidad libre y responsable,
placentera y protegida, respetuosa y equitativa.
El documento
divide estos derechos en tres grandes grupos: a) Educación e
información; b) Ejercicio y disfrute de la sexualidad y c)
Salud y servicios.
El orden enunciado tiene una lógica muy
concreta: para tener una relación sexual satisfactoria es
necesario contar con educación e información al respecto, y
para evitar las consecuencias indeseables de dicha relación se
requieren servicios de salud adecuados y al alcance de
todos.
No se trata de demandar el establecimiento de
derechos "especiales", sino de extender el alcance de los
derechos humanos universalmente reconocidos al ejercicio de la
sexualidad. De ver cómo se traducen en el terreno de la vida
sexual los derechos a la educación, a la protección de la
salud, a la información, a la igualdad, a la no
discriminación, a la privacidad, a elegir el número y
espaciamiento de hijos, y el derecho de expresión, todos ellos
contenidos en la Constitución de la
República.
Significativamente, los representantes
de dichas organizaciones se manifiestan por una sexualidad
libre de mitos, miedos, culpas y vergüenza, y se pronuncian
por una sexualidad con equidad de género y por el
reconocimiento de la diversidad sexual, (es decir el respeto y
la igualdad en el trato entre hombres, mujeres, homosexuales,
lesbianas, bisexuales y transgéneros).
Asimismo apoyan el
principio de no discriminación motivada por la edad, el estado
de salud, la raza, el estado civil, la forma de vestir o las
limitaciones físicas.
De igual manera, piden el respeto a
la autonomía de las personas para decidir sobre el propio
cuerpo, libre de coerciones, explotación sexual o violencia,
así como un ejercicio sexual informado no ligado
necesariamente a la reproducción para lograr la integridad
corporal.
La globalización
del reclamo
En cuanto al acceso a los
servicios de salud sexual y reproductiva, demandan calidad,
confidencialidad, no discriminación y trato humano, así como
acceso a los anticonceptivos y métodos para prevenir las
infecciones de transmisión sexual y el VIH, además de la
libertad para interrumpir embarazos no deseados en
instituciones de salud pública.
Se trata de un conjunto de
aspiraciones legítimas y posibles, que se apoyan en el marco
constitucional, expresadas por jóvenes que han dejado atrás
las actitudes mojigatas de algunas instituciones
tradicionales, que viven con una conciencia de sus necesidades
y están demandando que éstas sean atendidas.
Recordemos que
según los censos del 2000, aproximadamente 25 por ciento de la
población mexicana se ubica entre los 15 y los 25 años de
edad, y más de 70 por ciento de ella se concentra en áreas
urbanas.
Ésta constituye, numéricamente hablando, el grupo
etáreo más importante de México. Según datos del INEGI, en
1997, 55 por ciento de las mujeres entre los 15 y 19 años de
edad que habían tenido relaciones sexuales lo habían hecho sin
usar anticonceptivos, y según Conapo anualmente, alrededor de
400 mil mujeres menores de 19 años tienen su primer hijo.
Las
y los jóvenes no quieren seguir siendo víctimas de la
ignorancia en cuestión de anticonceptivos o del rechazo a la
hora de ir a solicitar condones en algún centro de
salud.
Declaración de
Tlaxcala
Agosto del 2000
*
Derecho a
la autonomía sobre mi cuerpo y mi vida sexual. Decido que
hacer con mi cuerpo y mi vida sexual y exijo respeto a mi
libertad. v Derecho a disfrutar de una vida sexual placentera. Yo
disfruto de mi cuerpo y del ejercicio de mi vida sexual, y
necesito un ambiente libre de culpas y coerción.
* Derecho a
manifestar públicamente mis afectos. Expreso mis sentimientos
y afectos en espacios públicos, fomentando así una cultura de
convivencia armónica.
*
Derecho a decidir con quién
compartir mi vida y mi sexualidad. Decido libremente con quien
o quienes compartir mi vida, mis sentimientos, mis afectos y
mi erotismo. Deben ser reconocidas y respetadas las formas de
unión o convivencia que yo elija.
* Derecho a
la privacidad en mi vida sexual. Tengo derecho al respeto de
mis espacios privados y a la confidencialidad en mi vida
sexual. Ninguna persona o institución tiene derecho a
transgredirlos.
* Derecho a vivir libre de
violencia sexual. Nadie debe ser objeto de coerción o
violencia sexual en su familia, con su pareja, en el trabajo o
en cualquier otro ámbito en el que se desarrolle. Los sistemas
de impartición de justicia deben protegerme y garantizarme el
ejercicio libre de mi sexualidad.
* Derecho a
la libertad reproductiva. Decido tener o no hijos, cuántos y
cuándo de acuerdo a mis posibilidades y deseos. Para apoyar mi
decisión, tengo derecho a información y servicios de
salud.
* Derecho a la igualdad y a la equidad. Todas las
personas somos libres e iguales en derechos y esto incluye el
ejercicio de nuestra sexualidad.
* Derecho a vivir libre de toda
discriminación. El ejercicio de mi libertad no debe ser
condicionado por mi edad, género, sexo, orientación sexual,
estado de salud, religión, estado civil o forma de vestir. El
Estado debe garantizarnos la protección contra cualquier forma
de discriminación.
* Derecho a información completa,
científica y laica sobre sexualidad. Para decidir libremente
sobre mi vida sexual necesito información sobre placer, vida
afectiva, equidad e igualdad, reproducción, perspectiva de
género, diversidad y/o cualquier otro tema de la
sexualidad.
* Derecho a educación sexual. La
sexualidad es parte integral de nuestro desarrollo, la
educación sexual debe estar presente en todos los programas
educativos para la infancia y la juventud de las instituciones
públicas y privadas, fomentando la equidad, la igualdad, el
respeto.
* Derecho a servicios de salud sexual y salud
reproductiva. Tengo derecho a que el Estado me proporcione
atención gratuita, oportuna, confidencial, de calidad, y sin
ningún tipo de prejuicios en todos los servicios de
salud.
* Derecho a la participación. Tengo derecho a participar
en los espacios de toma de decisión que tienen que ver con mi
sexualidad y mi reproducción, desde el diseño, implementación
y evaluación de programas, políticas públicas e instituciones
sociales.
Esta Declaración es el reflejo de
los planteamientos de los
participantes de 28 estados de la República Mexicana,
representantes de 78 organizaciones civiles e instituciones
gubernamentales que asistieron al Foro Nacional de Jóvenes por
los Derechos Sexuales, realizado en La Trinidad, Tlaxcala, que
convocó el Instituto Mexicano de la Juventud, la Dirección de
Programas para la Juventud del Gobierno del Distrito Federal,
Acción Educativa por la Salud Sexual, A.C. y ELIGE Red de
Jóvenes por los Derechos Sexuales y
Reproductivos.
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