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La alta incidencia de
suicidios entre los adolescentes gay, lesbianas
o que cuestionan su identidad sexual ha llevado
a Jorge valencia a tomar cartas en el asunto
Durante su adolescencia Jorge Valencia
(un actor conocido en EE.UU.) nunca comprendió por qué su mejor amigo, un
joven simpático y lleno de energía al que todos
admiraban, se consumió en silencio en un estado
de depresión que culminó el día en que se quitó
la vida. "Es evidente que en su desesperación,
nunca se sintió cómodo para hablar con su
familia o sus allegados sobre sus problemas y
pensó que nadie lo podía ayudar", dice Valencia,
quien prefiere no divulgar el nombre de su
amigo. "Ojalá él hubiese sabido que la ayuda sí
existe".
Como la tragedia del suicidio
afecta profundamente no sólo a su víctima, sino
a todo el que le rodea, Valencia vivió años de
tristeza y frustración por no haber podido
ayudar a su amigo. Hasta el día en que este
actor de origen mexicano participó en un evento
del Proyecto Trevor y decidió poner manos a la
obra. Hoy, como director ejecutivo de esta
organización sin fines de lucro en Los Ángeles,
Valencia y su equipo de especialistas y
consejeros se dedican a educar a la comunidad
sobre la alarmante incidencia de suicidios entre
los jóvenes gay, lesbianas o que cuestionan su
orientación e identidad sexual. "Si el suicidio
es la tercera causa más común de muerte entre
jóvenes de 15 a 24 años, los casos se triplican
entre los adolescentes homosexuales", explica
Valencia. "Por eso nuestra labor es tan
importante".
Pero la gestión más
significativa del Proyecto Trevor reside en la
intervención en momentos de crisis que brinda de
forma gratuita y totalmente confidencial.
Mediante su línea telefónica de apoyo a nivel
nacional, todo aquel que busca
consuelo, empatía o consejería por estar al
borde del suicidio puede encontrar una luz al
final del túnel. "No vamos a decirle al joven
'tú eres gay' o que hay algo malo o bueno con su
situación", afirma Valencia. "Es normal para un
chico tener sentimientos encontrados con
respecto a su sexualidad. Lo que queremos es
mantenerlos vivos y seguros a toda costa, para
que luego puedan identificar a su propia red de
apoyo".
Y es que para los adolescentes,
en especial para aquellos que se sienten en
conflicto con su orientación sexual y al margen
de su familia y la sociedad, es crucial contar
con alguien de mente abierta que los escuche. Ya
sea algún familiar, un amigo, miembro de su
iglesia o algún profesional de la salud, es
importante que un adolescente en crisis tenga
con quien compartir sus dudas y preocupaciones.
Sin embargo, según los expertos, el arraigo
social a los estereotipos negativos y los
rígidos conceptos morales que definen la
homosexualidad como algo nocivo o patológico
perpetúan el ambiente de hostigamiento y hasta
la violencia que sufre frecuentemente la
comunidad lésbica, gay, bisexual o transgénero
(LGBT, por sus siglas en inglés).
"Hasta
en la escuela, los maestros y consejeros
muestran resistencia a hablar de la
homosexualidad por [un falso] miedo a
promoverla", afirma Víctor Martínez, director de
prevención y educación de la unidad LGBT de la
organización Bienestar Servicios Humanos en el
sur de California. "Como si fuera la gripe que
se va a contagiar". Como resultado de esta
opresión y rechazo surgen los sentimientos de
vergüenza y desahucio que le provocan al joven
el pensamiento de que no hay otra salida que no
sea la muerte.
Entre los adolescentes
hispanos, el problema parece agravarse ante el
imperante machismo y el conservadurismo
religioso que caracteriza a la cultura
latinoamericana. "Me infundieron la idea de que
ser homosexual era la perversión más baja y el
peor de los pecados", recuerda el ecuatoriano
Francisco Guayasamín, que ya de adulto ha
logrado superar sus sentimientos suicidas. "Mi
padre adoptivo decía que prefería un hijo muerto
a uno homosexual. Pensé que no tenía futuro y
era mejor morir".
Para Juan, un joven de
Austin, TX, que prefiere mantenerse en el
anonimato ante la imposibilidad de compartir con
su familia que es gay, su situación lo ha
llevado no sólo a considerar el suicidio, sino a
terminar toda relación con sus familiares. "Me
perturbaba escuchar el menosprecio que sentían
al ver a un personaje gay en la televisión",
comenta Juan sobre la falta de modelos positivos
de la comunidad gay o lésbica en los medios de
comunicación. "¿Cómo iban a reaccionar conmigo?
Con la ayuda de mis amigos comprendí que no soy
el único que se siente así".
Los expertos
también hacen hincapié en que el suicidio no
siempre es inmediato. "Algunos jóvenes emprenden
comportamientos autodestructivos, como el abuso
de las drogas o el sexo sin condón", acota
Martínez. "Otros, que son echados de sus casas
se van a la calle a prostituirse para
sobrevivir. Esta conducta, si bien no es un plan
de suicidio, a largo plazo conlleva el mismo
resultado".
Afortunadamente, son
iniciativas como la del Proyecto Trevor y
Bienestar Servicios Humanos las que les tienden
una mano amiga a los adolescentes homosexuales
más consumidos por el rechazo y la violencia. En
el caso de Bienestar, que tiene acceso a
recursos en toda la nación, los jóvenes de la
comunidad LGBT y aquellos que viven con el virus
VIH o SIDA pueden también recibir ayuda y
tratamiento. Ya sea mediante sus múltiples
grupos de apoyo, servicio de referidos médicos o
durante sus eventos culturales, además de ayudar
a jóvenes en crisis, Bienestar promueve la
aceptación de estos grupos minoritarios en la
sociedad en general. "Queremos celebrar la
diversidad de la comunidad latina", asegura
Martínez. "Y abrir un espacio de aceptación
tanto para el joven como para su entorno
familiar y social".
El suicidio de
adolescentes se puede evitar. "Hay esperanza y
gente dispuesta a ayudar", afirma Valencia,
"para que el mundo no pierda más personas buenas
por la desesperación".
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