Cuarenta y una de las fotografías de jóvenes
sicilianos tomadas a fines del siglo XIX y comienzos del XX por el barón
Wilhelm von Gloeden (1856-1931) se están exhibiendo en la galería
neoyorquina Throckmorton Fine Art. Si bien en la cosmopolita sociedad de
Nueva York la exposición fue saludada por casi todo el mundo (The New York
Times, por ejemplo, le dedica un elogioso y extenso artículo), los voceros
de la derecha cristiana y de algunos grupos conservadores han puesto el
grito en el cielo: para ellos se trata de pornografía
infantil.
Desde la Grecia clásica y hasta el primer tercio del
siglo XIX el desnudo masculino fue masivo en el arte occidental. En su
clásica Vida de pintores, Vasari cuenta que Miguel Angel
consideraba que el cuerpo masculino era "algo divino, ya que a través de
él accedemos a la belleza más excelsa". Recién con la consolidación de la
familia burguesa, a mediados del siglo XIX, el desnudo femenino se
popularizó en el arte occidental.
El barón Von Gloeden fue un
adelantado: en una época en la que la mayoría de los retratos se hacían en
el estudio, casi todas sus fotos fueron tomadas en exteriores, con luz
natural; recreó una Grecia imaginaria (anticipándose a Hollywood varias
décadas). A su estudio concurrieron Eleonora Duse, el rey Eduardo VII, el
banquero J.P. Morgan y Oscar Wilde. Influyó en artistas tan disímiles como
Cecil Beaton, Alma Tadema, Andy Warhol y Robert Mapplethorpe.
El
barón tomó estas fotografías durante la época victoriana, que, si bien
parecía más puritana que la actualidad, era menos paranoica: hacia 1900 ni
el más moralista creía que estas imágenes de muchachos desnudos eran
pornografía infantil.
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