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Te
vi. Te di la piel y la retina.
Me
devolviste el reto, el mudo apoyo.
Vi
que serías cielo y serías hoyo.
Vi
tu cara fugaz y diamantina.
Toque
tu superficie cristalina
y
desengaño fuiste del arroyo:
pensé
que eres entrada y en ti poyo
busque
para mi puerta repentina.
Piel
y retina, combinado incesto
de
pupilas y cielos encantados,
de
diamantes y ríos encendidos
fueron
mi sueño y mi pensar enhiesto,
por
una puerta mágica pasados
y
en tu mudez atroz adormecidos.
Enrique
de Rivas |