Comienzo feliz, final triste

Desde el corazón de Junior  (PERÚ)

 

 

 Me llamo Junior, soy de Perú, tengo 19 años y soy gay. Esta es mi historia.

Yo vivía en el norte del Perú, en una provincia llamada Piura.

Cursando el 1º de secundaria empecé a darme cuenta de mi opción sexual, y no tenia conocimiento del significado de la palabra “gay”.

Pasando los años mi familia se iba dando cuenta de mi opción, y en el instituto secundario empezaron las críticas y las burlas de mis compañeros.

 Llegando el 5º de secundaria, por cierto, la etapa más feliz de mi vida, mis amigos más cercanos sabían que era gay y me aceptaban sin problema.

 A la hora del recreo, yo siempre miraba a un chico que para mí era el chico más lindo que había conocido. ¡Pucha! Pensé que era amor.

 Todos los días ansiaba que llegase la hora del recreo para verlo. Y un día me enteré de casualidad que ese chico vivía a la vuelta de mi casa.

 Y una vez que yo pasaba por su calle me llamó y me citó. Curiosamente me citó por la tarde en el cementerio, que estaba en las afueras del barrio. No era morboso, sino que en las tapias y jardines cercanos muchas parejitas se citaban al anochecer.

 Por supuesto ese atardecer fui a la cita. Fue el día mas lindo de mi vida. Fue mi primer beso con un chico y mi primera vez.

 Todo marchaba bien. Llevábamos un mes, dos meses y tres meses.

 De repente, él empezó a comportarse diferente. Ya no me buscaba y se le veía como distante,

 Decidí llamarle y no me contestó. En cambio se conectó por el MSN, y me dijo algo que me hirió mucho. Me dijo que había estado conmigo por una apuesta que había hecho con sus amigos.

 En ese momento me sentí la persona más infeliz del mundo. Empecé a sentirme solo. Lloré mucho y lo más triste es que nunca estuvo mi mama ni papa para contarles mi primera desilusión. Yo no podía contarle lo que había pasado, lo que me había pasado a mis padres.

 Pero por lo menos conté con el apoyo de mi mejor amiga, Lis, a la cual aun recuerdo mucho, aunque estemos en distintas ciudades ahora.

 Terminado el cole los últimos meses no lo volví a ver, aunque mis amigos decían que siempre lo veían y una vez me llamó y me dijo que lo perdonara, que todo lo había hecho en un momento de cólera.  Pero tras mi perdón no volvió a saber nada más de mí.

 En esa época decidí trasladarme a la capital.

 Llegado a Lima mi vida cambió. Lo olvidé en tan solo tres años. Empecé a estudiar en un instituto.

 Cuando llevaba dos años en ese centro, sucedió lo mismo. Conocí a un chavo, pero esta vez me dije “será distinto”

 Siempre salíamos a la hora de receso. El estaba en otro pabellón, pero nuestras miradas se cruzaron muchas veces. Cada vez que sus ojos me miraban mi corazón latía más rápido y la adrenalina aumentaba.

 El 18 de agosto de 2009 este chico se atrevió a llamarme. Ese día tartamudeé mucho sin saber que contestarle.  Cuando le iba a declarar mis sentimientos tocó la campana para entrar al aula. Entonces él me dio su mano y dijo: “A la hora de la salida hablamos”.

 En las horas siguientes no atendía ninguna clase y la espera de que sonase la campana se me hizo eterna.

 En la verja estaba esperándome y me sonrió. Comenzamos a caminar sin rumbo y en una banca del metro nos sentamos, como en una nube.

 Como el no lograba declararse, saqué fuerzas contra mi propia timidez y yo me declaré, pidiéndole de ser algo más que condiscípulos o amigos. Y aceptó.

 Desde ese día toda mi vida cambió y salíamos a pasear, al cine, a todas partes. Hicimos el amor y fue un arcoíris de ternura.

 Hasta que una noche, cuando llevábamos tres meses de pareja, una maldita llamada telefónica cambió todo. Alguien le dijo nítidamente “hola amor”. Desde ese día todo fue distinto. Yo cambié, mi vida empezó a ser más dura. Yo no soportaba los celos y todo se derrumbó.

 Hasta ahora me duele mucho. Extraño su pelo, sus cosas, las bromas que hacíamos, sus necedades amables y sobre todo, su amor.

 Desde hoy miro todas las noches las estrellas contándolas y al saber que no lo tengo hasta el cielo me duele.

Me cambié de instituto, dejé las clases y no lo he vuelto a ver. Por ahora estoy solo… destruido y sin ganas de vivir. Aunque se perfectamente que la vida sigue y lo único que tenemos es el seguir caminando, avanzando… aunque sea en medio de la niebla más opaca.

 

 

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ISLA  TERNURA CARTAS  DE  NAVEGANTES DESDE EL CORAZÓN