Evocando las primeras caricias

Desde el corazón de Sigfrid  (ARGENTINA)

 


 Mi primer amor, hasta lo que recuerdo, fue en jardín de infantes. Corta edad para poder decir que era ese el sentimiento, pero así era. Era un amigo y yo me sentía extrañamente más ligado a él que a cualquier cosa. Incluso imaginaba a esa edad el vivir juntos y demás. Por desgracia no puedo contar lo que entonces ocurrió porque no lo recuerdo,...pero si recuerdo que no fue grato para mi madre el que yo le preguntase si algún día podría casarme con él.

No fue el primer golpe no-físico-pero-brutal que recibí en mi vida, pero desde entonces empecé a nutrirme con oscuridad, aún sin saberlo.

El siguiente amor fue de algo más grande. Fue a los 13,...y ese fue hasta ahora el más duro. Me enamoré de una amiga, con quien solo teníamos de diferencia 1 día. 

Sé que tal vez no interese por ser un amor hetero, pero, disculpen si sigo contando.

Éramos como 2 gotas de agua. Competíamos mucho, llegando a resultados iguales en iguales tiempos y condiciones. Ambos éramos imaginativos, sumamente sensibles, profundos observadores, tímidos, callados, con un lado férreo también, y habíamos soportado muchas clases de golpes (curiosamente similares, pues ella también a temprana edad se había enamorado de una amiga) en la vida.

Tenía que pasar, y me enamoré de ella,...demasiado. Lo que recibí fue a cambio un silencio invernal, y una ventisca destructiva si bien tranquila. El 0 absoluto...la distancia. Años después me enteré que era el miedo en ella (de sus propios labios) porque creía ser lesbiana hasta entonces, y en realidad temía darse cuenta de que era al contrario, si bien lo sentía.

El tiempo pasó, y ese mismo año, un tanto para escapar de aquello que estaba despedazándome en vida, preferí irme cuan lejos pude a vivir con mi padre. Fue un error que duró casi 5 años....en los cuales, nunca la olvidé, y siempre la amé muchísimo. De hecho hacía de todo a través de mis amigos a fin de poder curar cada herida que a ella le ocurría. A través de ellos me enteraba yo.

Cuando regresé a la ciudad nos reencontramos, y si bien quise allí enterrar el que nos conocíamos, con el tiempo las cosas fueron transmutándose, y fuimos amigos como si nada ocurriese. No sé qué fue de mi, pero ya no siento lo mismo,...aunque no deja de ocurrirnos a ambos que el vernos es como mirar un espejo, ni el tener una vaga idea de lo que el otro hace a distancia, y llamarnos y justo estar esperando la llamada, al lado del teléfono.

Me enamoré de nuevo, luego de eso, de un chico. Creo que con él aprendí más de mi mismo de lo que hasta entonces sabía, si bien no llegó a más y creo que mis propios problemas lo hicieron sufrir (pues él si me quería realmente). Terminé dejándolo... Hoy ya pasó mucho tiempo, y reflexioné que realmente quería estar con él. De hecho, he vuelto a buscarlo, sabiendo que no tenía una sola probabilidad. Pero mejor es lamentar un no cierto que la incertidumbre de nunca saber la respuesta, por más que se intuya.

Con él aprendí que realmente podía amar a un hombre mucho, podía quererlo, y realmente me era igual que estar con una mujer (que hasta entonces, había tenido encuentros casuales, pero nunca se me había planteado la posibilidad de algo duradero). 

Me di cuenta hasta qué punto no es el cuerpo lo que me importa, ni el género, si no la esencia y el alma que estén adentro. Él fue una gran lección en mi vida. Sobre todo, me enseñó a mi a pedir perdón, y que el recibirlo, tanto como el darlo, es algo carísimo. Si se tiene, no valorarlo es un crimen.

No son estas historias muy completas,...pero espero que lleguen a cumplir la consigna. Esos fueron los amores que tuve más grandes. He tenido otros, incluso algunos han durado bastante...(porque aprendí, es posible amar a una persona, y al mismo tiempo querer ser capaz de amar a otra), pero estos han sido los 3 más marcantes en mi vida.

 

 

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ISLA  TERNURA CARTAS  DE  NAVEGANTES DESDE EL CORAZÓN