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El amor es ciego y su lazarillo es la locura |
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Desde el corazón de Gregory (COLOMBIA) |
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Para Arx
Fue tan efímero y tan brutal a la vez. Recuerdo el momento, el instante y la fracción de segundo cuando todo comenzó, de manera perfecta. Fue a decir verdad el momento más hermoso y misterioso de mi vida. Nunca entendí ni entenderé que fue exactamente lo que paso o porque paso, pero una cosa si se… pasó…
Esa mañana parecía ser tan gris y monótona como cualquier otra, no había razón alguna para que las cosas cambiaran de forma tan drástica y mucho menos por algo que llevaba haciendo ya desde meses atrás. ¿Pero cómo controlar la reacción de la mente y el cuerpo? ¿Cómo controlar los sentimientos y las acciones de los demás para que coincidan con los deseos de uno? No… no hay forma y gracias a ti descubrí eso, aunque hubiera preferido no hacerlo, o por lo menos no de esa forma.
La mañana en el colegio era tan fría y somnolienta como todas las anteriores y todas las que seguían, pero por alguna razón, tú no lo fuiste. A dos sillas de distancia te sentaste como siempre lo habías hecho, en tu puesto habitual. La manera más sencilla de explicar lo que paso sería decir que me hechizaste, que derramaste una poción rosa de escarchas y resplandor sobre una foto mía para así asegurarte de que yo te notase brillando entre todos los demás esa mañana. En mi estado de irremediable somnolencia vi como te volteaste a mí y por un segundo juraría que me sonreíste, pero aun si lo hubieras hecho, no me hubiera sentido especial, sonreír está en la misma escala que estrechar la mano, hace mucho perdió su magia.
Y aun sabiendo esto, tiempo después terminaría por dejarme llevar por esa embrujadora sonrisa tuya que no hacía sino obligarme a obedecerte.
Con el timbre que anunciaba el primer cambio de hora me desperté. Pensé que había soñado, y de hecho lo hice, pero nunca pude recordar que fue eso que en mis sueños vi, y solo puedo asegurar que ese fue el último de mis sueños que no te incluyera a ti por un largo tiempo.
Entre la algarabía del cambio de hora busque a mi alrededor a alguno de los compañeros para asegurarme de haber hecho todas las tareas o terminar las que faltasen en su defecto. No te busque a ti, tu nunca fuiste un alumno destacado, o por lo menos no en esos momentos y quien se imaginaria que si terminarías por serlo. Pero sin buscarte, te encontré. Estabas hablando con la persona que yo necesitaba en esos momentos, y por alguna razón, en esos momentos deje de necesitarla. Ya no quería terminar mis tareas y hasta se me había borrado de la mente, todo fue desplazado y ocupado por tu imagen. Sentí en perfecta línea como de mi mente bajaba el sentimiento más hermoso que alguna vez sentí hasta mi estomago, dejándolo vacio y produciendo el famoso cosquilleo que tanto tiempo tenia sin sentir.
Tan grande fue, que me aturdió. Me limpie los ojos e intente mirar a otro lado, pero como una brújula orientada a ti, simplemente no pude evitar dejar de mirarte por mas un instante. Quise creer muchas cosas y dar explicaciones a lo que pasaba, lo cual no comprendía. Pero en el fondo, yo sabía lo que pasaba, lo que no sabía era porque. Tampoco quería que pasase, entonces me esforcé por negarlo, por negarte. Yo no era en esos momentos un primíparo en el amor, aun poseía húmeda la cicatriz de mi anterior decepción amorosa y la más fuerte que he tenido por una mujer, que en escala es de igual tamaño a la que tú me dejarías meses después.
Y así transcurrió toda la mañana, una intensa batalla entre mis ojos que solo deseaban mirarte, mi mente que se esforzaba por dejar de desearte, mis manos que ansiaban rozarte y mi corazón que, confundido, solo deseaba apagarse.
En casa no pude evitar seguir pensando en el asunto. No podía creer que tan grandes sentimientos los estuviese sintiendo por un hombre, por un amigo, por alguien a quien, aunque poco, he conocido durante toda mi vida, por ti. Pero aun pensando en lo que pasaba, e intentando dejar de pensarte, me di cuenta que solo terminaba volviendo a pensar en ti de una u otra forma, como si fuera un ciclo infinito e interminable del que no podía, o quería, salir.
Mi almohada fue mi amiga esa noche. Sabía que no podía comentarle a nada lo sucedido esa mañana. Ese tipo de cosas solo se hablan con el mejor amigo o amiga de toda la vida en quien confías totalmente, pero yo… yo nunca tuve uno de esos. Solo mi almohada me podía ayudar. Tenía que entender, tenía que comprender lo que pasaba y asegurarme de no estar equivocado.
Me puse a la tarea de hacer un análisis exhaustivo de la situación y determinar sus causas y consecuencias. Y a pesar de todo lo que pensé esa noche entre mis cobijas, nunca imaginé ni me aproxime a lo que estaba pasando, le huía a la verdad. En mi mente, aunque no era católico ni me consideraba afiliado a ninguna religión ni tribu social/filosófica, simplemente no cabía la concepción de que me gustase otro hombre.
Entre las pocas cosas que sabía, era que no discriminaba a los homosexuales o bisexuales y que consideraba que la preferencia sexual era simplemente otro gusto, como la música o la comida, y que todos somos iguales a todos al final. Pero nunca me puse en su lugar realmente, nunca pensé en la posibilidad de que yo perteneciera a ese grupo. Tenía miedo. Tenía miedo y no sabía por qué. Pero luego descubrí que lo que me daba miedo era la duda, la incertidumbre de no saber quién era yo realmente.
Días y semanas pasaron y ese hechizo que hiciste se hizo cada vez más fuerte en mí. Dentro de mí, algo me llamaba que me decía que fuera contigo, que te hablase, que fuéramos amigos, que hiciera todo contigo, que… que te dijera todo lo que me pasaba. Pero no podía, la timidez me ganaba y no podía controlarlo. Otra parte de mi cuerpo me evitaba hacer todo eso y me susurraba al oído que me fuera corriendo, que huyera de todo. Pero al final, la tercera opción siempre ganaba. Prefería quedarme quieto, inmóvil ante lo que pasaba y dejar que las cosas se resolvieran solas, que el rio continuara en su caudal.
Pero el rio iba en mi contra, y me quería arrastrar, o por lo menos eso me hacía sentir. Como ya había mencionado, teníamos amigos en común… en aquel tiempo muchos… Debido a mi cambio de curso durante ese año, no conocía a muchos de ese salón, solo a pocos y no muy profundamente… y esos pocos que conocía, eran tus grandes amigos, tus mejores amigos y quienes luego descubriría, eran como tu oxigeno, o para ser más exactos, tú eras una extensión de ellos.
Con cada día que pasaba yo me hablaba mas contigo, ya no sabía si inconscientemente estaba haciéndolo porque era lo que deseaba, si lo hacía solo por hacerlo o si lo hacía por no ser descortés. Pero el punto es que desarrollamos un moderado grado de confianza, la misma que estaba desarrollando con tus otros dos amigos, a quienes aunque conocía de antes, realmente no había hablado mucho antes. Recuerdo que el tema de todos los días era cada quien hablar de sus novias o conquistes, de la fiesta del fin de semana o del los últimos chismes que pasaban en el circulo social. Yo realmente no solía hablar mucho, me limitaba a escuchar. Nunca estuvo en mi el hablar y contar de mis experiencias personales a todo el mundo, usualmente me limito a un grupo demasiado selecto de personas, y a pesar de que quería que tu estuvieses allí, aun no lo estabas, ni tu ni los otros dos.
Con el paso del tiempo fui descubriendo quien eras, pero más importante aún, de quien era yo. Para ese entonces ya lo había pensado y re-pensado y había llegado a la conclusión de que yo era bisexual. Me di cuenta que cosas como el amor son tan grandes y poderosas, que condenarlas a ciertos grupos es estúpido. Así como el amor se puede sentir por alguien feo, bonito, alto, bajito, pobre, rico, gordo, delgado, entonces también se puede sentir por alguien sin que importe su sexo, por un hombre o por una mujer. Después de todo, el amor es ciego, y su lazarillo es la locura.
Descubrí tu fachada, me di cuenta como esa imagen tan fuerte y varonil de macho alfa era simplemente un disfraz y que por dentro eras alguien tan dulce, tierno, tímido y débil… Solo en esos momentos, cuando derrumbe tus barreras y obstáculos, me di cuenta y acepte mi situación, me había enamorado de ti. Entonces lo que sentía ya no eran ansias por estar contigo y hablarte y pasar tiempo juntos, quería besarte, desnudarte y hacerte mío por siempre. Quería meterme bajo tu piel y fundir nuestras almas y cuerpos en uno solo por toda la eternidad.
Pero con esa gran luz que es el amor, llegarían entonces esas sombras de la decepción, la duda y el desamor.
Llegaron las vacaciones y por fin ese grado que tan largo parecía, termino. Para entonces habían pasado unos tres o cuatro meses desde que nuestra historia comenzó. Ya teníamos cierto grado de confianza mayor, aunque no el suficiente aun, y teníamos un montón de amigos en común. Más importante aun, entre tú, yo, dos amigos, y seis amigas mas, teníamos un grupo bastante bien formado con el que siempre salíamos y armábamos todos los planes. El –GC- le llamábamos todos. Una de nuestras amigas se había mudado para una zona muy turística de la ciudad para esas vacaciones, entonces todos los fines de semana el plan era ir todo el GC a visitarla, ir a playa, piscina, comer y pasarla bien. Las vacaciones apenas comenzaban y yo ya sabía que para bien o para mal, la gran mayoría de ellas las iba a pasar contigo. Claro que para ese tiempo, yo quería era dejar de sentir todo eso y olvidar todo porque no quería sufrir otra decepción amorosa por tu culpa y el pensar en todo el tiempo que iba a estar contigo, era más bien un martirio que cualquier otra cosa.
Entre planes, salidas y rumbas llegó diciembre y nuestro GC se iba haciendo más pequeño, la gente comenzaba a viajar a visitar familia o a conocer. Recuerdo que esa noche, la última de las salidas del GC, solo estábamos nosotros los cuatro hombres y tres de las mujeres. Para ese entonces ya dentro del GC se habían formado, y roto, varias relaciones amorosas, por lo que cada quien tenía sus preferencias para estar y hablar. Eso sí, todos, menos tu y yo. Nosotros éramos los más calmados del grupo en ese sentido. Claro que había algunas diferencias, yo no tenía excusa para eso, en cambio tu sí. En el transcurso de noviembre-diciembre de ese año te habías conseguido una novia que vivía en una ciudad vecina. Supuestamente la amabas y quería mucho, pero los que más te conocíamos sabíamos que no era así, sobre todo por el hecho de que se hicieron novios por tu hermano, que fue quien hizo todo y técnicamente los cuadró.
Recuerdo que ya era bien tarde, y estábamos caminando por la playa. Había bastante gente y la música que se escuchaba de todos los lugares se mezclaba con la fuerte brisa decembrina y el suave sonido de las olas llegar a la playa, que dejaban un olor a sal húmeda en el aire, todo eso bajo el hermoso cielo estrellado y la luna llena, hacían de la noche una perfecta noche romántica. Nuestros amigos, ni cortos ni perezosos, ya tenían abrazadas a nuestras amigas mientras caminaban en la arena. Uno de ellos con su "enredo" de las vacaciones y el otro con uno de sus "enredos" y uno de sus futuros "enredos", lo cual nos dejo a nosotros dos solos y sin nadie para disfrutar la romántica velada.
Aunque a decir verdad yo ni cuenta me había dado y tampoco es que me importara, pero tu si lo notaste. Venias hablando conmigo, y cuando te diste cuenta, me interrumpiste y dijiste esas palabras que nunca olvidare: "Mira, todo el mundo está abrazando, nosotros deberíamos aprovechar." Y enseguida pasaste tu mano por mi espalda y por una fracción de segundo la descansaste en mis hombros pero rápidamente la retiraste. Quedé atónito con la situación y pensé que mis oídos y ojos me engañaban y no entendía lo que pasaba. Por puro reflejo trague saliva y te pedí que me repitieras lo que dijiste, que no había oído, cosa que no es del todo mentira, realmente no había captado bien lo que pasaba. Y lo hiciste, como genio a su amo me concediste mi deseo y repetiste tus palabras, poniendo de nuevo tu brazo en mi hombro, esta vez de forma más lenta y menos sutil, pero que aun así dejaba ver lo nervioso que estabas.
Enseguida retiraste el brazo y me sonreíste… De nuevo tu sonrisa me envolvió de una manera tan indescriptible que entre mis visiones y delirios causados por ella, creí que te sonrojabas, entonces yo también te sonreí y tal vez me sonroje también.
Esa fue nuestra noche mágica, o por lo menos la mía. Desde ese momento una felicidad desbordante me lleno y perduró conmigo por toda esa noche. No sabes el millar de veces que quise tocar el tema esa noche, o lanzarte alguna indirecta en cuanto a ese tema. Quería decirte la verdad, confesarte todo lo que pasaba, lo mucho que me gustabas y lo enormemente enamorado que estaba de ti. Pero no fui capaz, y esa noche, después de tanta felicidad, lloré en mi cama. No recuerdo si lagrimas brotaron de mis ojos, pero te puedo asegurar que mi mente, mi corazón y mi alma se secaron de llorar por ti.
Esa semana fui un mar de sentimientos. Mi corazón cambiaba con la marea y si ahora me sentía feliz e hiperactivo, luego me sentiría triste y deprimido. Pero al final de la semana llegaría el día que cambiaría eso.
Era la fiesta de alguna de nuestras conocidas, y como no podía faltar, compramos trago entre todos para beber y pasarla bien. Yo siempre tomo, pero esa noche tenía muchas razones para tomar, o mejor dicho, tenía una gran razón para hacerlo: tu. Aun no sabía qué hacer ni cómo actuar, pero me había propuesto a que de alguna u otra forma, todo iba a terminar esa noche. La duda me estaba consumiendo por dentro y alimentándose de mi corazón, provocando que creciera hasta el punto que ya no podía mas, esa noche la duda iba a morir, iba a extinguir esa sanguijuela en mi corazón.
Dicen que cuando uno desea algo con todas sus fuerzas, el universo entero se conspira para hacer el deseo realidad, pero detallando, esa frase solo lleva a la mediocridad y la pereza, por eso decidí que si algo pasaba o dejaba de pasar esa noche, tenía que ser por mi y porque yo moví las piezas, pero sin darme cuenta el universo movió una pieza por mi antes.
Tú, el niño más hermoso y juicioso de todos, estaba dispuesto a tomar y jugar con el papel de rebelde esa noche. Nadie se lo creyó del todo, pero nadie tampoco refutó. Las horas pasaron una detrás de la otra, todas cargando el mismo letrero blanco escrito en letras rojas: "Aun No". Así que esperé y esperé al momento justo. Irónicamente estaba esperando a que alguien, o algo, mas me diera una señal y me impulsara hacia adelante para dar el primer paso, pero yo estaba dispuesto a creer que yo era el rey de esa noche, el elector entre posibilidades y el dueño de mi futuro.
La señal: necesitábamos más trago. Como un rayo me impactó la frase, y si hay un dios, le entendí que era ahora o nunca. Yo me ofrecí a comprarlo y arrastrado te llevé conmigo. Sonreíste y sé que lo recordarías después porque luego me lo dirías, pero en esos momentos tu sonrisa era traducida por mi mente como una estrechada de manos fuera de lugar o cualquier otra cosa absurda nada cercano a la verdad.
No había trago. No encontramos tienda y tocó caminar más de lo que debíamos, y aun así, no encontramos nada de lo que teníamos q comprar. Así que cansados, sin ganas de regresar y sin ganas de seguir buscando, nos sentamos. Uno al lado del otro mirándonos las caras y riéndonos de lo primero que se nos ocurriera. Luego habría de lamentar el haber tomado esa noche, por culpa de eso, los detalles se mezclaron entre si y confundieron en los recuerdos, creando hermosas y delicadas nubes de recuerdos, que de un segundo al siguiente nos trasportaron de posición, sin darme cuenta estaba ahora sentado pegado y mirando las estrellas con mi cabeza pero mirándote a ti con mis ojos sin que te dieras cuenta.
Al día siguiente luego habría de esclarecer los detalles paso a paso de lo que lentamente paso después, pero nunca supe de verdad si esos detalles y esos recuerdos fueron reales, o solo un intento de mi mente por llenar los vacios de algo que por tanto tiempo esperé y deseé.
Con mi mano en tu pierna, y la tuya sobre la mía, nos besamos lentamente debajo de la luz de la luna y las estrellas que ahora nos miraban a nosotros. Sentí que estaba soñando y por algunos segundos esperé el despertar despierto en mi cama, o sentado en una silla aún en la fiesta. Pero no pasó, aun me encontraba besándote y acariciándote el cuello y la nuca mientras te tocaba el cabello lentamente de la forma en que por meses quise. Fue nuestro primer beso y definitivamente el más hermoso de todos.
Parecía imposible como las cosas habían pasado, pero más increíble aun era por fin todo había terminado. Pero cada final es un comienzo mas, e ingenuamente nunca percibí lo que conllevaría tal beso y la sucesión de eventos que como el aleteo de una mariposa, habría de crear tornados en mi vida algunos meses después.
De esta forma termino esta carta para ti. No quería, ni podía o debía, escribir todo lo que sucedió después, solo como comenzaron las cosas, porque debo decir que el antes incluyo toda la magia y hermosura que yo deseaba para mi vida. Y ya un año y medio desde que todo ocurrió, y aun no te he olvidado, ¿Como habría de hacerlo? Aun sigo pensando en muchas cosas, aun sigo pensando en ti. Pero es que he llegado a la conclusión de que tú eres como esa fruta tan deliciosa de la que me encanta comer, pero esa que al final del día me causa los peores dolores de estomago y cabeza que me hace arrepentirme de haberla probado. Y por eso, no sé si probarte otra vez… no es que desconfíe de ti, pero desconfío de mí, no sé si puedo resistirte una vez más.
Y con esto me despido, cuídate mucho y tu sabes que yo te quiero mucho, y que fuiste de las mejores cosas que pasó en mi vida. Te mando un beso y te deseo lo mejor… cuídate mi Arx.
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