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Solo
tenía... |
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Desde el corazón de Yukito (México) |
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Es
tan difícil pensar como inician los sabores y sinsabores de la vida, ¿Por
qué referirnos de esta manera? Por que lo que un día puede ser felicidad
extrema, otro día puede ser desdicha, tal vez no estén de acuerdo
conmigo, pero eso es lo que experimento. La
historia inicia en la escuela durante la adolescencia, donde la necesidad
afectiva es mayor al ver que alrededor pululan, las parejas enamoradas,
entusiasmadas o tal vez solo dejándose llevar por la necesidad
determinada por el desequilibrio hormonal, que exige algún contacto
sexual. Alrededor
las amistades mis cercanas, enajenadas con sus amistades nuevas,
prospectos de pareja... y si el mejor amigo en plena conquista con una
chica, que porque no decirlo, “quería conmigo” yo sabía que “tu
querías con ella” y como no era mi prospecto, me hice a un lado, grave
error, ahora que lo pienso. La
soledad arruinaba (y a veces hasta la fecha) mi estado de ánimo, el
cambio de escuela, con características tan diferentes a mi estilo de vida
anterior, y con esa dificultad que padecen los adolescentes de poderse
adaptarse, era irónico, en la escuela anterior, era el mas popular, y
muchas personas querían estar conmigo, amistades admiradoras, una novia,
que por una tontería la perdí. Y ahora totalmente solo e insignificante. Y
ahí estabas, mi bendición y mi maldición, es curioso pensar, que tu no
te fijabas mucho en mi presencia, y mas entretenido, estabas en tu amigo (
y después supe que no lo veías como tal), me fui acercando a ti, que ya
no recuerdo como, yo te desagradaba, por ser “tan metiche” decías,
sin darme cuenta nuestra amistad se fue solidificando, nos acoplamos, yo
hablaba y tu escuchabas, eras de las pocas , por no decir, casi única,
persona que me dedicaba tiempo, y eso me hacía sentir bien, uno de mis
peores defectos es generar cierta dependencia hacía ciertas personas, más
aún cuando me aceptan, toleran y cumplen mis mandatos. Irnos
juntos, hacer tareas en casa, tu me rendías pleitesía y en fin en pocas
palabras me entusiasmo, como en situaciones anteriores, donde había
amigas, que cumplían y cubrían
mis necesidades de poder, (hazme mi tarea, guárdame mis cosas, ayúdame),
en toda relación, llámese amistosa, de pareja, laboral, las personas se
acoplan de tal manera como el llamado: “Atracción de polos opuestos”
uno grita, el otro escucha, uno manda otro obedece. Se
dio la codependencia, aunque mas tarde supe, que realmente tu te
diste a la tarea de que se diera lo que mas tarde pasó, empezaste a
conquistarme con ello, a manipularme y siendo el mas fuerte, terminé
siendo el más débil, porque lograste de mi lo que te propusiste. Es como
el dicho aquel que dicta: “No diste paso sin guarache”, ahora eso me
llena de coraje, aunque a final de cuentas yo decidí aceptarlo. Ya
venía sucediendo que solías abrazarme y yo lo veía hasta cierto punto
normal y los demás no me decían
nada, nuevamente la soledad, la baja autoestima, las restricciones en
casa, me fueron empujando a aceptar el afecto que tu me brindabas, tu un
año mayor que yo y mi gran ignorancia de la vida, me hicieron apegarme
mas a ti, cuando hacíamos tareas, al dormir, me abrazabas y me daba pequeños
besos, que aunque me provocaban incertidumbre quería pensar que no había
nada de malo. Y cuando una noche llegaste mas allá, besando toda mi cara,
yo llegue a tus labios, mi primer beso, no como lo esperaba, la
curiosidad, la necesidad afectiva, pretextos, no lo se, pero fue el inicio
de mi tormento. Intente
alejarme, era confuso, jamás me había fijado en personas de mi propio
sexo, tal vez en juegos de niños exploras tu cuerpo y el de otros, pero
no con atracción, solo por
curiosidad, ahí estaba, con miedo, arrepentimiento, pero ahí estuviste
rogándome, literalmente que no te dejara, no me permitiste alejarme, cada
vez que lo hacía, me hostigabas, puede sonar falso, hipócrita, pero me
fui acostumbrando, lo curioso es que rápidamente empezamos a explorar
nuestra sexualidad. Nadie mas parecía interesarme en mi, (tal ves por los
rumores) en darme los cuidados
que tu me dabas, las lisonjas que dedicabas a mi persona, entonces,
empezaron a murmurar, eso me empezó a doler, no sabes cuanto y no te
importo, solo pensabas en ti, quise nuevamente alejarme empezaste a
acosarme nuevamente, no se que me paso, no tuve el valor y así siguió,
esa fue mi imagen, así quedó. Empezamos a llevar una relación donde
muchas veces nos llegaron a ver, aunque siempre quise creer que nadie
reparaba en nosotros, ahora pienso en todas las veces que realmente se
habrán enterado y nos observaron
haciéndonos “arrumacos”. Pasaron
los años, seguimos, empecé a
aceptar la situación “ocultándonos” de mis pocas amistades, familia,
conocidos, disfrazándolo de amistad ante mis padres, que lo aceptaron,
aunque era un secreto a voces, creí enamorarme, me fui a otro lugar, me
alcanzó, hubo violencia, sexo, aunque realmente no llegue a disfrutarlo
con totalidad, ya que los sentimientos de culpa nunca me abandonaron. Hubo
otras relaciones, aunque la costumbre, me hacían comparar el trato con el
que me daba, además sirvieron
para tapar un poco mi relación con mi “amigo”, creía que jamás
terminaría aunque quería que terminara, siempre me rogaba, imploraba,
lloraba, me sentía tan mal y en una honda depresión, anexando a esto mi
necesidad económica que tu cubrías; me había alejado de varias personas
por que me lo pidieras, eran celos excesivos, aunque creo que a ti nunca
te importo que lo pensaran, por el contrario, creo que lo gozabas. Eras el
que mas disfrutaba el sexo, lo analizo y no lo entiendo, mis momentos de
felicidad, fueron mínimos e hice muchas cosas que definitivamente jamás
creí haría.
Pasaron
tantas cosas, hasta que un día intentaste remplazarme, yo me obsesione,
mi dignidad y orgullo no me permitían pensar que tu me “batearas”
siempre creí que sería yo, entonces los papeles cambiaron, no intentabas
dejarme, pero si desplazarme, vengándote de lo mucho que intente
rechazarte y empezó una relación enfermiza, con celos, violencia física
y psicológica, ya he dicho
que me gustaba mandar, ser fuerte y descubriste que eras tu quien tenía
el poder, pero lo agradezco, porque permitió alejarme, tu creíste que
jamás te dejaría, te sentiste fuerte, por fin pude retirarme, tras
varios años, creíste que rogándome como siempre volvería y no pasó.
Dejaste pasar los meses y nada cambió en mí había tomado una decisión:
“Te dejaba”, nunca mas dude, ya no quería, era algo casi mágico, no
te necesitaba, no te quería, al principio te odié por lo que viví, pero
después pensé que también fue mi responsabilidad. Recuerdo que en una
discusión te dije, que no me trataras mal, porque iba a aburrirme y te
dejaría, a lo cual contestaste “Nunca vas a dejarme”, por fin lo
lograba, sentía tanta paz, ya no necesitaba que me necesitaras, me
halagaras, me dieras cosas o cumplieras mis más mínimos caprichos.
Han
pasado ya varios años, ha intentado buscarme, me ha rogado, recriminado,
pero ya no dudo, he tenido ya varias relaciones heterosexuales, en una de
ellas, me enamore como jamás lo creí, me di cuenta lo que realmente es
enamorarse, no de una necesidad, ni por interés ni por adulaciones, sino
por la capacidad de compaginarse, con la madurez de lo que es realmente
enamorarse. Y aun cuando tengo fallos, se que actúo con plena conciencia,
pensando con discernimiento en las consecuencias de mis actos. Cabe
aclarar que no sufro de homofobia o recelo de las personas homosexuales,
por el contrario, las respeto, tengo amigos que estimo, escucho y
comprendo. El fin de este “escrito” o necesidad catártica,
es recordar la importancia que tiene la información sobre las
relaciones de pareja, no solo hablar del la promiscuidad, las enfermedades
de transmisión sexual o los embarazos no deseados, sino también de lo
afectivo, de la orientación sexual, de las confusiones que uno tiene ante
las relaciones de pareja, si nos engañan, manipulan, como darnos cuenta;
hablar de cómo las
restricciones de casa o la carencia de afecto, del rechazo que sentimos en
la escuela por no ser populares, nos puede empuja a actuar con falta de
madurez. Y si alguien lee esto, no cometas el mismo error, de dejarse llevar por el momento, por el deseo o la necesidad afectiva o económica, ya que lo arrastraras cuando seas adulto y eso duele mucho, aunque pueden creer que no es justificable, y que no fui ninguna víctima, comprendan que me falto orientación y madurez, ya que solo tenía...15 años.
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