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Desde el corazón de Jorge (URUGUAY) |
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Considero que mi vida tiene un antes y un después de una persona en particular con quien mantuve una relación de noviazgo y pareja que duró 2 años y algunos días: Damián. Tuve una vida tranquila, monótona, un tanto aburrida, dependiente, encerrado en mi mismo donde hacia todo en función de los otros, hasta los 26 años. La historia es hasta clásica. Hijo de padre y madre divorciados cuando yo era un niño...infancia con pocos recuerdos felices, una adolescencia un tanto traumática por vivir en casa de terceros, lejos de mi madre durante 4 largos años por culpa de mi padre. Cuando tenía 15 años volvimos juntos. Estudios, noviazgo desde los 18 años y casamiento a los 22. Casi 5 años de casado. Divorcio a los 26. El motivo: asumí mi condición de gay el día en que conocí a un chico del cual me enamoré profundamente, a quien quise con locura y por quien me jugué como nunca lo había hecho por nadie. Damián. Nos conocimos y a los 18 días exactos murió su madre, con tan sólo 36 años, fui yo para él su consuelo y su refugio. El para mi, el motivo de mis desvelos. Llegué a amarlo como nunca había amado a nadie. La relación duró 2 años y unos días, de los cuales 1 año y medio convivimos. Nuestro
noviazgo comenzó en junio de 1999...era la primera persona con la cual
hablaba abiertamente de mi orientación sexual, con el descubrí lo que
era el verdadero placer tanto afectivo como sexual, con el no necesite de
nada ni nadie para asumir plenamente mi homosexualidad. Descubrí además
que podía amar a un hombre. Planificamos
irnos para España, y nos preparamos para emigrar...él no tenía
posibilidades económicas pero quería ser técnico en informática, y yo,
quería que el fuera alguien, que estudiara, que saliera adelante.
Entonces le pague sus estudios en lo la profesión que adoraba, computación...(siempre
me dijo que era su primer amor) España, vida juntos, fracaso del
emprendimiento por temas de legalización. En el medio de todo esto, “crack” familiar al enterarse de mi orientación sexual. Mi madre –uno de mis grandes apoyos afectivos- dejó de hablarme y se alejó totalmente, entre maldiciones y deseos de muerte hacia mi persona. Eso fue terrible para mí y me llevó por primera vez a pensar en el suicidio. Recién volví a reencontrarme con ella en octubre de 2001, por fortuna hemos ido con ella recomponiendo de a poco la relación madre e hijo, pero hubo mucho sufrimiento de por medio. Mi único sostén sentimental, mi única familia, él. Vuelta a Montevideo, convivencia, crisis económica del país, de nuevo pensando en emigrar y cimentar una vida juntos. El objetivo: Miami. Viajo solo en abril de 2001, regreso a rehacer papeles en junio, renovamos el compromiso de irnos juntos pronto, en cuanto yo consiguiera trabajo...aparentemente el punto mas alto en lo sentimental. El me juró su amor, fidelidad y deseos de estar juntos de nuevo. Cartas y llamadas diarias. El 13 de julio, ya yo en EEUU, llega la carta fatídica: “no te amo, no eres el hombre de mi vida”, parecía que había llegado el día de mi muerte, no lo podía creer, deje todo, mi trabajo, mis posibilidades (nuestras) de progreso, y con el poco dinero que quedaba me volví a Uruguay por amor, para recuperar lo que estaba perdiendo sin saber la razón. No hubo respuesta positiva de la contraparte, por el contrario, destrato, mayor alejamiento, sin explicaciones, sin llamadas, ni siquiera para saber como estaba. Parecía
que nada hubiera valido nada para él. No podía yo pedirle que sintiera
algo que ya no sentía, no podía exigirle amor, pero si una explicación,
si que me tratara al menos como a una persona, sí a que me acompañara en
ese momento de dolor por perderlo.... yo, deprimido, luchando de todas
maneras por lo que amaba, angustiado, triste, amargado, sin esperanzas.
Solo conté con la ayuda incondicional de un amigo al que le debo mas que
la vida: Miguel. El único que me dio su tiempo, su consuelo, su comprensión,
su afecto, su amistad incondicional, de esas que hoy escasean en el mundo.
Fue y es mi gran amigo, mi consejero (aunque a veces no le haga caso). La historia de Damián tuvo un final puesto por él (el fatídico 11 de septiembre del 2001 cuando en EEUU caían las torres gemelas, para mi caía mi última esperanza...)”no me llames mas, no quiero verte mas, no me escribas, adiós”...en el peor momento de mi vida, (justo cuando había intentado quitármela frente a él, por no tener ya esperanzas. Me faltó valor para hacerlo) Esta
historia no tuvo un final puesto por mi, a pesar de su falta de amor, de
su falta de nobleza.... no he encontrado a nadie que me haga olvidar a ese
ser que amé profundamente y al que aún extraño, no debería, pero que
extraño. A pesar de sus silencios, ya no insistí, solo escribí una
carta donde le hacía saber que pese a todo, y sabiendo que no tenía
siquiera un verdadero amigo para llorar cuando las cosas le fueran
adversas, cuando otros lo hubieran usado y tirado como una cosa, como
lamentablemente a veces pasa en este mundo gay....cuando eso le sucediera,
podía contar conmigo sin reproches, aunque sea como un alguien que lo
quiso mucho y que lo valoró más de lo que creo merecía. Lamentablemente
para mí, aún hoy recuerdo con una mezcla de cariño y sabor amargo,
a quien fue mi primer y verdadero gran amor. El
saldo favorable...el haber vuelto a tener a mi madre. Los padres también
sufren por esto a raíz del miedo y el desconocimiento. Vale recordar que
el miedo es el origen de todos los perjuicios. Hoy mi madre se ha
convertido en mi principal “defensora”, y lo hace con “uñas y
dientes”. Asumió y acepta sin cuestionamientos mi condición de
homosexual. Tuve también la comprensión de mi ex esposa y mi “familia política” con quienes mantengo una buena relación. Haberlo conocido a Gastón, justo cuando ya casi no tenía esperanzas....y también Grandes amigos a quienes conozco y me apoyan.. Espero
no haberte aburrido con mi historia, ojalá parte de estas líneas sirvan
para saber que pese a que un gran amor nunca se olvida, que a veces las
heridas quedan abiertas y no sanan en un solo día, el futuro puede
depararnos la esperanza de reconstruir al menos en parte, nuestras vidas.
Gracias por el tiempo que dedicaste para leer estas líneas, un beso
enorme *
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