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He
de contarte ante todo que tengo 18 años, y que desde siempre he
sido muy romántico y soñador. También he sido un poco corazón
loco, es decir que desde que me di cuenta que me gustaban los
hombres, no me ha dado vergüenza el mirar un buen cuerpo, una
sonrisa agradable o un gesto apenas perceptible de esos que te
parecen indicar que la otra persona puede ser un sueño.
No
vayas a pensar que esto indica que he estado a la caza de
cualquier amigo, conocido, o chico desconocido con el que haya
podido coincidir en la calle o en el autobús. Y como vivo en
una ciudad grande, el encontrar tentaciones terrenales es sin duda muy
frecuente. Pero siempre he tenido claro que el corazón es un capitán
indomable y con tendencia al naufragio. Por eso en
momentos de duda intento que quien lleve el timón sea el
cerebro...
Y
esto a nuestra edad, dicho sea de paso, a veces es bastante difícil. En verdad las hormonas tiran mucho.. jeje. Pero en fin,
siempre he intentado mantener cierto equilibrio al menos.
Así
las cosas, por centrarme, hace mas o menos un año conocí a un
estudiante de un Instituto cercano al mío, que era hermano de una
compañera de mi clase. Y bueno, lo que pasa, que comenzamos a
charlar, a coincidir en los fines de semana con el grupo, a ir al
cine.. etc.. etc.
Total,
que poco a poco nos hemos ido enamorando... Cuando escribo esta
palabra, pienso en que bonita es esa palabra: enamorarse, amor,
enamoramiento... Pero sigamos con la carta.
Si
tuviera que definir a Ángel lógicamente diría que es lo mejor del
mundo: simpático, detallista, dulce, valiente - también hermoso,
al menos para mi gusto - divertido, alocado, a veces un poco
huraño, soñador y con los pies en la tierra, según el momento.
¿Que otra cosa puede decir quien mira con la mirada del
amor? Solamente cosas tiernas...
Es
lógico que también a veces tenemos discusiones, y mantenemos
diferentes gustos, puntos de vista y hasta nos enfadamos.. pero
siempre pasan rápidamente esas tormentillas.
Antes
que se me olvide, Ángel tiene 19 años, es un estudiante bueno,
aunque algo distraído a veces en las cosas de los libros, hace natación
dos veces por semana e intenta sacarle sonidos a una
guitarra eléctrica (aunque le suelo hacer la broma de que sus
sonidos parecen los gritos de un gato retorciéndose.. jiji)
Y
contada esa introducción, entro al motivo de esta carta.
Hace
dos meses llego a mi clase un profesor suplente del de Tecnología.
Un recién licenciado que causo estragos entre la población femenina y (supongo) parte de la masculina... En nuestra forma de
hablar, la frase es que "estaba como un quesito", o
"como un bollicao" o mas antiguamente "como un
tren".
La
suplencia - que duró apenas una semana - fue como la visita de un
tornado. Y en lo que a mi se refiere, he de reconocer que mas que
tornado resulto un cataclismo virtual.
El
"profe" (Fernando) por una parte soportaba los comentarios entre
susurros de las chicas, pasando por encima de ellos con total
indiferencia. Parecía un hombre estatua de coraza de acero en lo
que a piropos, frases entredichas y miradas calientes y
penetrantes hacia su frente, perfil y trasera. Por cierto, no
llevaba anillo de casado o de compromiso.
Y
mi parte de culpa se redujo en esa vorágine de amagos de ligue que
las chicas lanzaban a mis propias miradas disimuladas pero
fantasiosas. Lo reconozco.
A
todo esto, por descontado que nunca comenté el tema con Ángel... Mis
ensoñaciones con el "profe" como personaje
central nunca pasaron - durante la suplencia - de eso: de ser fantasías
alocadas bajo el epíteto de un simple juego. Tal y
como a veces podemos soñar "películas" cuando vemos a
alguien interesante en una discoteca, en un cine, en una acampada
o en la pantalla de la tele.
Cuando
ahora reflexiono sobre todo esto - y te aseguro que le he dado
muchas vueltas a mi cabeza pensando en esta historia - sigo sin
poder responderme a la cuestión de como el corazón puede a llegar
a deslumbrarse por una persona cuando ese corazón esta SIN DUDA
enamorado de otra persona.
Dieron
las casualidades de que un fin de semana mi pareja, mi ángel terrenal A. se fue con su familia a una casita que tienen en el
campo, en Badajoz, de donde ellos son originarios. Y dieron las
casualidades de que ese finde bajé a Madrid (soy de un barrio de
las afueras de la capital) con tres de mis mejores amigos y otras
dos amigas (una de ellas la hermana de mi ángel), ya que uno de
ellos quería aprovechar las rebajas de los Grandes Almacenes para
comprarse unos pantalones de oferta. Y el plan era hacer la
compra, darnos algún paseo y luego ir a la disco donde a veces nos
apetece despendolarnos.
Todo
iba según lo planeado, pero ya en plena movida discotequera, una
de las chicas se puso mala y le dio la vomitona. La verdad es que
se paso de chupitos y calimocho. Así que al final nos
quedamos únicamente yo y otro colega en la pista. Por descontado
que mi amiguete se perdió entre las luces atendiendo a sus ligues
(intentos) buscando el "derecho a roce", ya que para eso
tiene bastante labia.
Y
la casualidad hizo que el ex-profe Fernando apareciese por la disco.
Acompañado por otro treintaañero que no me dio la impresión de
ser nada especial.
Como
yo estaba cerca de la barra, sentado en unos bancos a los lados
(la sala tiene la pista circular y en su perímetro tiene como
unos asientos donde la basca descansa o acumula sus cazadoras y
abrigos, con pequeñas mesitas para los vasos) cuando él se
aproximo a pedir unas cervezas (me fijé en lo que bebía) nuestras
miradas se cruzaron y una sonrisa apareció en su rostro y agitó
la mano haciendo un saludo que pareció de los contentos.
Por
una parte, lo inesperado del encuentro, y por otra el sentir que
su alegría no era artificial, sin motivo enrevesado alguno, hizo
que yo mismo me sintiese alegre.
Creo
que la magia de los "amores a primera vista" tiene algo
que ver con esa sensación interior que la presencia y actitud de
alguien provoca en nosotros: el hacernos sentirnos especiales,
diferentes, únicos...
Para
que no te confundas, no estoy diciendo que me enamorase del profe:
Al menos no era algo tan claro, sino como el entrar en una especie
de paréntesis en una situación especial y sobre todo nada
prevista. Yo estaba logrando la atención de un personaje
soñado como utópico. Y ese personaje estaba allí delante mío,
sonriendo y habiéndome saludado con calidez, dos meses después
de haber terminado su suplencia.
-
Caramba - dijo - que sorpresa mas agradable - al acercarse a mi
sitio, tras entregarle el botellin a su acompañante, y comentarle
algo al oído, y esperar un instante a que se alejase.
Pronto
me enteré que su amigo era un primo de fuera de Barcelona que había
venido para unos asuntos de la empresa en donde trabajaba, y que
el "profe" le estaba mostrando la
"noche".
"Cuidado,
me dije", estas mostrando preocupaciones sobre temas
candentes". En verdad - mirado desde la perspectiva del
tiempo - pretendía averiguar si el estaba "libre"
o con compromiso, o si era un picaflor inveterado. Y sobre todo si
"entendía" o no, llave primaria para cualquier
apertura.
Tal
vez por el mareo de la música, por la sorpresa, por los sueños
irredentos cuando el personaje "profesoril" pasó por el
Insti, o por el matiz de "travesura" de toda la situación, o por la labia del mismo, o por la
simpatía, etc..etc..
¿Cuantos factores intervienen en tales circunstancias? ¿Cuantos
pueden desencadenar la ebullición de las tentaciones ?
Otra
área de reflexión surge cuando uno se pregunta si alguien que
"entiende" se percata de cuando la persona que tenemos
delante circunstancialmente también "entiende"...
?Llevamos una especie de señales invisibles que emitimos ante los
"semejantes", cual esas hormigas que emiten vibraciones
especificas de su raza al cruzarse con hormigas similares?
Mas
en concreto ¿tenia claro mi ex profesor que yo soy gay?
¿Si se dio cuenta - como así parecía - es que el también era gay
o bisexual? ¿ O simplemente todo era una especie de espejismo en
donde yo había caído tras recorrer el desierto impersonal lleno de
gente de una discoteca en donde yo estaba prácticamente solo en
esos momentos ?
Bien
avanzada la madrugada, y tras charlar sin control de tiempo, como
en una nube, me propuso marcharnos y dar un paseo. Cosa que
acepté de la manera mas natural.. Madrid tiene su encanto cuando
comienza a amanecer por su zona mas antigua, la que bordea la
Plaza Mayor y los jardines de la Plaza de Oriente.
Me
despedí - tras mucho buscarlo y localizarlo en una de las
esquinas mas oscuras e impenetrables, morreando como un naufrago
pidiendo alimentarse de otra boca - de mi amiguete. Y salimos al
incipiente día.
Estoy
seguro de que en algún momento hablamos de mi relación afectiva
con Ángel. Y también de mis otras pasadas relaciones, mas bien ensayos, y de
mis escasas dudas tanto de mi orientación como del conocimiento de
la misma que tienen mis amigos mas íntimos, como de los poetas,
como de los grupos de tecnopop, como de la física y la química y
la alquimica, como de los olores agradables de las ciudades y los
campos.. el olor de la lluvia en los tejados, de la tierra mojada,
el sonido del mar...
Mis
palabras brotaban como un manantial y enhebradas en risas y
sensaciones casi oníricas... ¿La textura de los sueños que
vivimos despiertos es de algodón o de arpillera?
Desayunamos
en la cafetería del Pasaje San Gines, y sí, estábamos cansados,
mutuamente lo reconocimos. Pero no tan cansados como para no ir a
su casa - casualmente cercana a los vaivenes de nuestra gigantesca
caminata - tal y como Fernando dejó caer en algún momento impreciso.
¿Cómo
es posible que yo aceptase y además que lo viese como la cuestión
mas natural del mundo?. En mi interior estaba convencido
que no había ningún problema en entrar a la casa de un
"desconocido", y sobre todo que no veía - ¿tal vez no
quería convencerme que me estaba aproximando a una especie de
acantilado? ¿No estaba cometiendo la imprudencia de dejarme caer
en unos brazos ajenos sin el menor atenuante?
Antes
de poner el grito en el cielo los lectores críticos, he de
señalar que en ningún instante dejé de ser conciente de mi
compromiso afectivo con Ángel, es decir que quede aquí constancia
que ni se me pasó por la cabeza "ponerle los cuernos" ni
cometer acción alguna que fuese en su perjuicio. Tal y como
reconozco esto, también reconocería de darse el caso contrario.
La
situación, ya en el pequeño estudio de Fernando, era como moverse
en un universo virtual, como estar no estando, como levitar... y
de pronto me encontré besándonos, abrazados en el amplio sofá de
gastado terciopelo verde y fundamento hundido del saloncito
de la pequeña vivienda de soltero. Con una ambientación de música
de jazz (música que nunca me ha llamado la atención, dicho sea de
paso) que en esos momentos me parecía idónea para la situación.
Nuevamente
casualidades. Un mensaje a su móvil - de sus padres, pues lo leyó
en voz alta - fue un primer timbrazo para comenzar a evaporarse la
magia, el encanto del paisaje (del espejismo, mas bien).
Y
la casualidad mas fuerte y definitiva, en un segundo en que metí la mano en el bolsillo de mi
pantalón (para reinstalar una lógica protuberancia que había crecido y que me avergonzaba y que deseaba
recolocar para hacerla menos notoria) mis dedos apretaron,
aferraron, un llavero especial.
Un
llavero con una figurita de osito panda pequeñísimo y regordete,
con unas alitas de angelito selvático, de muñequito de cuento de
hadas, que había sido el regalo de mi Ángel al cumplirse los
primeros seis meses de nuestra relación.
Y
el aterrizaje en la realidad llegó en cascada. El despertar de la
alucinación, que hizo que me incorporase, me sonrojase, me
disculpase como quien sacude la cabeza tras un mal sueño, como
quien respira hondo al apartarse del borde de la sima en que una ráfaga
de viento le ha estado a punto de despeñar...
Con
la comprensión de Fernando, y mi aceptación y reconocimiento
de la realidad, de mi realidad, salí "a toda
pastilla". Y a toda pastilla llegue a mi casa, y
como si hubiese pasado por todos los fangos de los caminos
anegados, me pegué una ducha renovadora y limpiadora de
actitudes.
Y
me acosté (en la seguridad de mi cama solitaria) luchando
con crudeza para dormir, ya que el verdadero descanso tardó
mucho, muchísimo, en llegar a mi espíritu, dándole mas y mas
vueltas a todo lo sucedido, evocando como en una moviola los minúsculos
detalles.
No
he comentado nada de todo esto con Ángel Por una parte a veces
pienso que debería haberlo hecho, pero por otra parte bien mirado
tampoco ha pasado nada de importancia.. En todo caso es una pregunta
que no he sabido responderme. ¿Debería hacerlo
comentado con él? ¿El no haberlo hablado es una señal de
poca confianza? ?O simplemente es evitar hacerle algún tipo
de daño a mi verdadero amor?
Y
sobre todo, (como ves las preguntas e inquietudes son muchas.. tal
vez señal del difícil proceso de mi maduración) la gran
duda es que habría pasado de no haberme "zafado" de la situación
a tiempo? ¿Que habría sucedido después en el caso
de que hubiese caído en los brazos de mi
"espejismo"? ¿Me habría enamorado de Fernando?
¿Habría
sentido todo el asco del mundo para conmigo mismo, y mas después de haber traicionado la fidelidad de
Ángel? ¿Seria únicamente una
aventura puntual y luego "como si no hubiese pasado
nada? ¿Seria capaz de mirarme nuevamente al espejo al
despertarme en una cama ajena sin otra disculpa de que así habían
sido las cosas? O que todo había sido un traspiés, un error, una
caída?
Se
perfectamente que de nada vale analizar las cosas que
"hubieran podido ser".. Pero también el pensar la cosas
que no han llegado a suceder, pero "casi" es una forma
de aprender. Al menos eso me parece a mi.
En
fin, que cada cual piense acerca de su actitud en el caso de
haberse encontrado en mi lugar.. Es también una buena manera de
ejercitar la imaginación y las "glándulas" de reflexión,
¿no crees?
Satur
(España)
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