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Un
pueblo pequeño, una vida pequeña |
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Desde el corazón de César (HONDURAS) |
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Como ves, Rick, he seguido tu consejo y me decidí a escribir una especie de resumen de mi vida por si puede servir para otros jóvenes. No es que sea una historia especial, pero también me ha sido útil para evocar mis propias ideas. Ante todo cuento que soy de un pequeño pueblo cercano a Pedro Sula (esta es la segunda ciudad de mi país). Allí la gente se dedica a sobrevivir como puede, normalmente cultivando cosas en el campo, y para comprar nos íbamos con mi familia caminando hacia Sula. Somos siete hermanos, cuatro varones y tres hembras. Yo soy del medio. Y me olvidaba, tengo 17 años. Lo importante es que las cosas en un pequeño pueblo son bien difíciles, especialmente para un cipote (así se les dice a los pequeños) que desde chico ha sabido que le gustaban los niños de su edad, como es mi caso. No es que sea afeminado, ojo, porque soy normal en ese sentido.. bueno y en todos sentidos, claro. Pero es que la sociedad de mi país es muy machista y lo que tenga que ver con los gays esta muy mal visto y eso aun peor en un pueblo. Yo siempre he sabido que soy gay, y desde bien peque me gustaba mirar a los otros cipotes cuando nos bañábamos todos en el riachuelo. No es que mirase sus partes intimas, sino que tenia como una especie de sentido romántico, y viendo sus torsos y sus alegrías y sus piernas, me agradaba y recreaba imaginando que alguno de ellos podía llegar a ser mi amigo mas especial, mi compañero de aventuras, sin ponerle mas etiquetas porque a los siete o los ocho años yo no conocía nada de la vida como para pretender cualquier otro tipo de relación.. Todo era soñar con la amistad y el sentirme sobre todo querido. El concepto de sexo era un concepto animal (por que bien sabíamos lo que hacían los animales entre si, claro) Nuestra sociedad también es muy vergonzosa en cuanto a las intimidades. Y por descontado que en mi familia si se llegase a saber que soy gay poco menos que me echarían a la calle en medio de la vergüenza. De mi infancia, además de ese sentido romántico de buscar el amigo especial, recuerdo que tuve una especia de intento de abuso cuando tenia unos nueve años o diez años. Resulta que había llegado una feria a un pueblo de al lado con unas norias, una calesita y unos botes de hamaca y otras atracciones que eran movidas por muchachotes que las hacia girar y moverse. Pues lo cierto es que yo no tenia ni una moneda, igual que mis panas, y por la tarde nos íbamos a ver las cosas sin poder lógicamente subirnos a las diversiones. Una de las tardes, cuando aun era muy temprano para que la feria iniciase sus diversiones y cuando la mayoría del pueblo estaba durmiendo la siesta o escondido a las sombras escapándose de los calores o a la espera de la lluvia imprevista y refrescante, me acerque yo solo a la feria. Y como no había nadie, me monté en uno de los botes no para balancearme, cosa imposible porque los cuidadores desmontaban las cuerdas que eran de las que el "navegante" tiraba para hacer que el bote se meciese, sino para imaginar que me lo pasaba bien, aunque estuviese inmóvil a medio metro del suelo. Al poco de estar metido en el bote, que era de igual tamaño a uno pequeño de los de verdad, se acercaron dos de los muchachos, tendrían unos quince o dieciséis años, que iban con los feriantes. Y empezaron a platicar conmigo primero en forma casual, que si de donde era, que si me gustaba la feria, cosas tontas.. pero luego dijeron que si yo quería me ponían las cuerdas para jalar y hacer mover el bote. y con eso se subieron sentándose a mi lado. Y como si tal cosa, uno de ellos me tomo la mano y la colocó en su entrepierna que ya mostraba un exagerado bulto. Y el otro metió la mano debajo de mi trasero y empezó a acariciarme por debajo de las nalgas. Fue un instante en que recuerdo que yo me sentía como en una película porque no me llegaba a creer lo que estaba pasando. No había violencia sino que ellos lo hacían como lo mas natural. Además recuerdo lo vacío que parecía todo el pueblo, y me asombraba que no apareciese nadie por ninguna parte. Tampoco es que me sintiese violado, sino que realmente era como una alucinación. Sin pensármelo dos veces, me solté de la mano que sujetaba la mía y salté afuera de la barca. Y salí corriendo con las risotadas de fondo de los muchachotes. No pienses que eso me marcó, porque luego pensando con el paso del tiempo, lo tomé mas como una aventura poco simpática que como un intento de abuso. Lógicamente no lo puedo aceptar ni a mi se me ocurriría hacer jamás nada similar. Eran unos adolescentes brutos con las neuronas salvajes de unos animalitos campestres sin otras consideración éticas. Cuando alcancé la adolescencia fui también consciente de otra cosa y es que yo les gustaba a los demás. Me refiero tanto a niñas como a niños. Eso me resultaba novedoso porque siempre he sido mas bien tímido y con una apariencia melancólica. Tal vez era eso. Y tal vez esa apariencia junto con mi rostro aniñado han hecho que la gente se sienta confiada conmigo y se acerque instintivamente y me cuente sus cosas y vea en mi una persona amistosa. A los catorce sentí por primera vez las punzadas del amor. Fue de un alumno dos años mayor que yo que iba al mismo instituto. Has de tener siempre en cuenta que en la sociedad hondureña el ser gay esta muy mal visto, estamos en una sociedad tremendamente machista y en mas de una ocasión aparecen noticias de policías o soldados que le dan una paliza a algún travestido que se encuentran en su rondas nocturnas. No quiero ni imaginar lo que sucede con los gays jóvenes que puedan estar en una cárcel. El hecho es que yo me sentí como hipnotizado de los ojos, de las manos, del rostro entre angelical y de diablillo de Cristian, que así se llamaba. Y comencé a hacer las tonterías inconscientes que se hacen en tales ocasiones. Hacerme el encontradizo, cruzármelo en el patio casualmente, quedarme embobado como espectador de los partidos de fútbol que se hacían los sábados en las canchas del instituto. Era inevitable que se diese cuenta. Y una tarde, cuando regresaba a mi colonia andando como siempre, tras las clases, ya alejado del edificio de estudios, me estaba esperando y se ofreció a acompañarme un trecho. Y cuando llegamos al parque de la cocacola (hay una especie de anuncio pedestal de una enorme botella de ese refresco) nos sentamos un rato a la sombra de unos mangos. Y poco a poco empezó a sacarme el tema de que me había visto como interesado en el fútbol y cosas por el estilo. Todo ello de una forma muy sutil, como dejando siempre la puerta abierta para recular en caso de que el tema se hiciera complicado.. Era un si pero no. Y así me pregunto si ya tenia enamorada, o si había jalado alguna vez o si hacia juegos de competición de pajoteadas (masturbaciones individuales pero en grupo). Todo era muy forzado y sobre todo mi vergüenza de hablar de esos temas (nuestra sociedad también es tremendamente recatada) hacían que cada tanto me subiesen los colores. Pero mientras intentaba responder como buenamente podía intentando disimular cualquier afección a la vez pensaba que por algo Cristian había sacado esos temas. El me decía que no tenia que ser vergonzoso, que esas cosas había que tener confianza para hablarlas entre amigos. Y ya cuando nos despedimos, porque cada cual tenia que estar en su casa ya que estábamos retrasados, recuerdo el detalle de su mano que rozo suavemente la mía prolongando un destacado instante mas allá de la duración de un apretón de manos. Y su ultima frase fue la afirmación de que "seguro que usted y yo vamos a ser buenos amigos" (Tengo que explicarte que aquí nos tratamos de usted aunque exista mucha amistad entre las personas). La siguiente "cita" fue el sábado, tras su partido de fútbol. Cada cual nos marchamos con nuestra mara (pandilla) y yo me quede esperando en el parque y al poco rato llegó Cristian. Todo fue bastante romántico, no porque se hablase de nada especial sino porque yo me sentía la persona mas especial del mundo ya que él había venido solamente para estar conmigo y eso cambiaba el sentido de las cosas. ¿Seria finalmente el amor que llegaba en forma de un joven de ojos color mar y un aura de antiguo guerrero romano? Quedamos dos o tres veces ya fuera de clases y de deportes. Es decir alguna que otra tarde en que nos sentamos a comprar agua helada de sabores y nos dimos paseos por las afueras de Sula. Lo que me llamaba la atención es que el jamás hablo de sentimientos, de lo que pensaba de la homosexualidad sino siempre de temas generales, y de temas mas o menos eróticos. Pero el amor ciega al enamorado y yo pasaba todo por alto. Pero sobretodo lo indudable es que me sentía a gusto a su lado y por lo que yo notaba, la sensación era mutua. Un sábado, quedamos citados para que al siguiente viniese a mi pueblo. A mi me daba vergüenza que conociese mi casa porque es una casa de colonia de realojamiento, es decir lo mas humilde de lo mas humilde. Pero esa era mi realidad y no podía negarla. Quedamos en las afueras, donde la terminal de autobuses y yo salí a esperarlo. Mi madre nos había preparado una garrafita de refresco de tamarindo que ella misma hacia triturando las vainas y poniéndolas a remojo, para luego filtrarlo y poner todo en el frigidaire del colmado de al lado para que estuviese fresco. Así que nuevamente dimos paseos, esta vez por la zona arbolada, la que esta cercana del rio. Y entre risas y bromas y confesiones mutuas intrascendentes se paso la tarde. Estábamos tendidos ambos sobre la hierba, en un paraje apartado y bucólico, ambos mirando el cielo entre las ramas de los árboles. Y de repente, se tendió sobre mi suavemente y comenzó a acariciarme los cabellos y las mejillas y me dio un beso que fue como un roce. Era mi primer beso y fue precioso e inesperado. Pero viendo que yo respondía positivamente, poco a poco Cristian fue acelerándose y cada vez se fue haciendo mas violento. No de violencia prepotente sino como si se fuese transformando en otra persona y ya pretendió bajarme los pantalones mientras decía que tenia que dejarme hacer, que me iba a gustar, que.... No pude soportarlo mas y me incorporé, porque era como si delante de mis narices las circunstancias de la vida estuviesen destruyendo un sueño. Yo buscaba alguien que me amase desde el respeto, no alguien que únicamente buscase su desahogo sexual. No es que vaya de virgen de los martirios por la vida, Rick, sino que era sentir como pasaba de ser un príncipe amado y respetado para una persona a ser un objeto de desahogo animal para esa persona. Lo mas lacerante fue que ante mi negativa a ser penetrado, ya que eso era lo que intentaba, Cristian se enfado y se transformó en un "machito" hondureño. Que yo no tenia derecho a andarme con remilgos, que para que le calentaba la polla si luego no le dejaba disfrutar y una serie de afirmaciones que cada cual mas me resultaba un mazazo que la anterior. Regresamos en silencio y
le acompañe nuevamente a la estación de autobuses. Y cuando se alejó
las lagrimas corrían por mis majillas en silencio. Aprendí en esa ocasión
que las lagrimas mas dolorosas son las que se vierten en silencio. Pase un terrible fin de semana, no solo por haberse quebrado un sueño sino también porque estaba aterrado de que Cristian dijese que yo era "una cholita" en el instituto. Imaginaba las risotadas y al resto del alumnado señalándome con el dedo durante todo el curso. Sinceramente pensé en suicidarme porque me sentía menos valioso como persona que una basura del vertedero. Llegó el lunes y en el instituto no sucedió nada especial. A lo lejos vi a Cristian, como siempre, rodeado por sus amigos y flirteando con las chicas (eso también me resulto doloroso, aunque no debía de ser así) como por encima del bien y del mal, y si llego a dirigirme la mirada en alguna ocasión no llegue a percatarme de ello. Para no dejar esta parte de la historia sin final, te cuento que a los dos años abandono los estudios porque dejo a una muchacha embarazada y tuvo que casarte de urgencia. Alguna que otra vez lo he visto en un baile "galleando" con otras mujeres y bastante colgado del alcohol. Ni me alegro ni me entristezco. Y ya me acerco al momento actual, porque no me gusta que todo parezca negro en mi vida corta. Hace un año que hice un curso preparatorio de computadores, en una academia que tiene una organización juvenil. Ya se que en mi familia nunca podrán comprar una computadora, pero para los estudios o para trabajar en una oficina es fundamental. Y allí conocí a un muchacho (Joel) también algo mayor que yo. Y nos gustamos desde el primer momento. El acaba de entrar en la universidad donde hace los estudios poco a poco ya que durante medio día trabaja en un supermercado de cajero. Es una persona seria, trabajadora y sensible. Y nuevamente, y espero que esta vez sea la definitiva, el amor llamó a mi puerta. Me ha regalado una rosa en la primera cita y lo que mas me gusta es que (como yo a veces) se sonroja con pequeñas cosas que pueden ser tonterías. Ha tenido una enamorada cuando era pequeño pero cuando se dio cuenta de que era gay se lo contó y cortaron la relación. Ahora ella es una de sus buenas amigas y también me conoce y nos caemos bien. Y sobre todo es tremendamente atento conmigo, esta siempre pendiente y sabe también respetar mis silencios o cuando no me siento bien y no me apetece hablar sabe hacerme compañía sin ser insistente. Es hermoso tanto por fuera como por dentro que es lo que en verdad me importa. Por ahora nadie sabe nada de mi orientación, ni tengo en mente salir del closet. Pero eso no quita que haya entregado mi alma y mi cuerpo y mi ilusión a mi compañero, aunque nos veamos ocasionalmente por nuestra propia situación. Yo quiero terminar mis estudios, y sobre todo apoyar a Yo no se que me traerá el futuro, pero lo cierto es que mi presente es de ilusión y eso me hace feliz. Y eso es lo que me apetecía contártelo, y a través de tu pagina a los otros navegantes de la ISLA. Es una pequeña historia, en un pequeño pueblo, de una pequeña persona y de una gran ilusión, a pesar de los tropezones. Al fin y al cabo, creo que así es la vida, con sus luces y sus oscuridades. Yo apenas estoy comenzando a vivir.
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