Un amor soñado...

 

Desde el corazón de Sebastián

 

Lo conocí en el ultimo año de la escuela, recuerdo que lo vi entrar con ese caminar tan seguro que me cautivó, recuerdo, que lo miré discretamente pasar junto a mi asiento, dejando tras de él, ese agradable aroma masculino, y esa soberbia característica que el posee, la misma que nos distanció durante largos meses.

 

Camilo me habló de improviso después de escucharme recitar un poema frente a la clase, me felicitó por mi actuación y me pidió que le prestara la música que había utilizado, era la primera vez que tenía su voz grave tan cerca, pude mirar como se distribuía armoniosamente bajo unos rizos negros, sus ojos verdes y almendrados, sobre una piel blanca, mas abajo se dibujaba su boca que se movía agitada, como las alas de una paloma, que lentamente me iban embrujando e invitando a besar sus hermosos labios rojos.

 

-Sí, -le dije nervioso-, ni una palabra mas; se dio media vuelta y se fue bamboleándose como un niño de la mano de su padre, mientras mis ojos desorientados y nerviosos no sabían donde mirar; su firme espalda sostenía unos hombros esculpidos, de los que nacían unos brazos fuertes que terminaban en las dos grandes manos de un artista prodigioso para la música, la izquierda la llevaba metida en un bolsillo de su apretado pantalón gris que relucía las nalgas mas hermosas que jamás he visto, Camilo me obligaba a mirarlo a veces descaradamente, simplemente no podía contenerme ante el encanto de su metro ochenta, su pícara sonrisa y su masculinidad. Precisamente lo que mas me gustaba de Camilo, mas me separaba de él, nunca durante los diez meses de la escuela le declaré abiertamente mis sentimientos, solo miradas cómplices y sonrisas espontáneas que aparecían cada vez que nuestros ojos se topaban sin querer, y es que él me confundía puesto que su novia era muy guapa, y pues yo, un tipo inseguro de su cuerpo y de sus sentimientos no podía luchar contra los gustos de un heterosexual.

 

Cuando llegó el término del año todos asistimos a la fiesta, en donde nos encontramos y charlamos largamente, en un momento le recordé que me debía dinero, y que tal vez nunca más nos volveríamos a ver.

-Uffff. Me he olvidado –me dijo-

-Y que hacemos pues Camilo, yo necesito que me pagues ahora.

-Piensa en como te podría pagar.

Mi mente comenzó a divagar entre mis fantasías mas románticas, hasta las situaciones mas pervertidas que mi imaginación había recreado en innumerables noches de soledad; de un momento a otro le pedí que saliéramos fuera del salón para estar mas solos, y le dije que ya tenía pensado cual sería su penitencia para saldar su deuda, le pedí que se acercara y al oído le susurré; Un beso –le dije-; el se alejó con cara de sorprendido y luego sonrió, yo me sonrojé y miró hacia los lados y rápidamente puso sus labios sobre los míos; objeté su beso, aquello no había sido nada, estaba muy excitado y yo quería su lengua o nada, me tomó el hombro y me dijo que saliéramos de allí, me llevó hasta un baño alejado de donde estaban nuestros compañeros. Cerró la puerta y me puso a mi junto a ella, puso su mano en mi mentón y bruscamente puso su boca sobre la mía, mi lengua salió en busca de la suya y mis dientes no dudaron en mordisquear sus labios, fue un beso rápido, pero intenso, una mano estaba en mi cuello, presionando sobre la puerta y su otra mano sostenía mi ilusa mano que quiso acariciarlo, -Eso querías –me dijo-; Quiero más -le respondí-, y con mi otra mano acerqué su boca  a la mía, y sus manos se hicieron mas suaves, cuando literalmente me liberó, pude abrazarlo y recorrerle su cuerpo juvenil rebosarte de testosterona, y tocar por primera vez aquello que aún me enloquece, después de besarlo bajé rápidamente hasta su pantalón y liberé aquel prisionero de su pantalón.

El me suplicaba que no lo hiciera, que lo dejara ir, mas mi boca no escuchó razones.

 

Pasaron tres días para que mi celular sonara y con desgano contesté un numero que desconocía.

-Sebastián?

-Si, quien habla?

-Camilo, hey, sabes necesito dinero; ¿podemos vernos?

Mi corazón saltaba nerviosamente, anoté su dirección en una servilleta y corrí a encontrar a mi dulce príncipe.

 

Toqué a su puerta y me abrió intranquilo, me preguntó, traes el dinero; Sí, -le respondí-, me hizo pasar nerviosamente a su casa; le entregué el dinero y lo guardó en su pantalón, me preguntó como quería que se lo pagara y con un beso le respondí. Pasamos a su cuarto, yo me tendí sobre la cama, él nervioso cerró la puerta y se rascó la cabeza, luego se abalanzó sobre mi y me besó cálidamente y recorrí su cuerpo con locura, estando desnudos, sus miedos se disiparon un poco y mas cuando mi boca no dejo un lugar sin recorrer; él prácticamente era mi esclavo por unas horas y solamente obedeció, yo tumbado de bruces sobre la cama podía sentir su agitación y sus ansias al poseerme, mi delgado cuerpo le deseaba y simplemente aguante la respiración y me deje llevar por el profundo placer que comencé a sentir, Camilo se movía con destreza, mientras yo sostenido con mis brazos sobre las húmedas sabanas giraba mi cabeza buscando su mezquina lengua que no quiso nadar en mi boca.

 

Encuentros como este se repitieron durante meses, yo era su patrón por unas hora y el mi esclavo del sexo por unos cuantos pesos, entre cada prestación me fui enamorando cada vez mas de él, y me conseguía dinero para poder tener su cuerpo pegado al mío aunque fuese por interés, unas horas; horas en las que el jugaba a amarme y en las que yo me derretía por un poquito de amor.

 

Un día me llamó y yo no tenía dinero, estaba endeudado y enamorado, me dijo que no importaba, que ahora yo le debería a el, esa tarde después de amarnos yo me iba a levantar, pero el me detuvo y me abraso cariñosamente.

-Donde vas?

-Me voy –le respondí- Ya no me queda más dinero.

-Quédate un rato mas, mi madre no volverá esta noche.

Ese rato más, se transformó en una noche completa, en un instante se levantó, fue hasta su closet y saco una caja, la llevó hasta la cama y la abrió, allí estaba cada uno de los “prestamos” que yo le había hecho. Lo miré sin comprender, el me miró tiernamente y me dijo te amo.

Desde ese día mi esclavo, se transformo en mi dulce príncipe, como la canción My Swett Prince de Placebo, Camilo mi gran amor, que un día fue mi fantasía más inalcanzable hoy es mi pareja: nos casamos bajo un rito muy propio y privado en el cual nos juramos amor eterno, hoy después de ocho años, solo nos tenemos el uno al otro, disfrutamos y sufrimos juntos cada momento de la vida. De esta maravillosa vida que tengo junto a My Swett Prince.

 

A Camilo, mi gran y único amor.

 

********

 

Esta historia es para mi queridísimo Camilo, es real hasta la fiesta de despedida, solo en mi recuerdo e imaginación te conservaré por siempre, aunque jamás haya tenido de ti más que una caricia ruda, pero no me importa Camilo, te amaré por siempre, vivo por tu recuerdo, que es lo que me da fuerza y esperanza de que algún día te encontraré, y casado o no, serás mío, como ahora, aunque sea sólo en mi imaginación.

 

Con amor

Sebastián (Chile)

 

Puedes comentarle la historia en el buzón del autor "Sebastián"

 

 

 

ISLA  TERNURA CARTAS  DE  NAVEGANTES DESDE EL CORAZÓN