El gran pintor y escultor tuvo varios amores, entre ellos Gherardo Pierini, a quién inmortalizo en su escultura de la "Victoria", y a quién dedicó apasionados sonetos. 

Sin embargo, quizás el mas grande de todos fue el amor que sintio en su vejez por Tomasso Cavalieri,  al que dedico tambien hermosos sonetos. Miguel Angel murio en los brazos de Tomasso.

 

Sonetos, mancebos y Tomasso.

 No es nuevo que Miguel Angel durante su larga vida amó a varios muchachos, en especial a uno que lo acompañaría durante toda su vida y hasta el final de sus días. De la lectura correcta de sus sonetos íntegros, 79 en total, destacan los nombres de los siguientes mancebos, sus "garzoni":

Urbino
Luiggi del Riccio
Febo di Poggio
Giovanni da Pistoia
Gherardo Perini

Pero de todos ellos, el nombre que resalta por encima, es el del noble de sentimientos: Tomasso Cavalieri.Tomasso

A Tomasso lo conoció Miguel Angel a finales de 1532, cuando Tomasso tenía 17 años y Miguel Angel 57 y la amistad se fue dando entre ellos de manera paulatina, pasando de lo espiritual a lo carnal y viceversa.

Se sabe que en vida le hizo un retrato a Tomasso, retrato que se considera hoy perdido; sin embargo, revisando la obra pictórica de Miguel Angel podemos encontrar que hoy se conserva un retrato de 1533, llamado "cabeza ideal", dibujo en gis rojo. 

El dibujo se realizó en el momento en el que Miguel Angel amaba con más fuerza y pasión a Tomasso y yo no dudo en poder asociar esos rasgos con los de Tomasso, sobre todo si seguimos la lectura conjunta de sus sonetos que al joven Cavalieri dedicó.

De sus 79 sonetos íntegros, el 43% están dedicados a hombres y de ese 43%, el 82% están dedicados a Tomasso Cavalieri y el 13% a los jóvenes citados. 

Entre ellos, uno dedicado a la muerte del pendenciero Febo di Poggio, quien murió asesinado en una riña.


Al final de esta página aportamos algunos de esos sonetos:

Y nos faltaría la lectura de 22 sonetos más dedicados al joven Cavalieri.

Para una buena y sana lectura de los sonetos íntegros de Miguel Angel, puedes conseguir la traducción que de ellos hace Luis Antonio de Villena, editados por la Editorial Cátedra, en el número 69 de su colección Letras Universales (Madrid, España, 1987)

 

Soneto XIV

Si el deseo inmortal que alza y modera
los demás pensamientos, aflorase los míos,
quizá a quien en la casa de Amor despiadado
reina, tornarle podría en apiadado.
Mas pues que el alma por ley divina
mucho vive, y el cuerpo muere en breve,
no puede el sentido su alabanza o valor
describir del todo, si del todo no entiende.
Entonces, ¡ay de mí!, ¿cómo será entendido
el casto deseo que al corazón enciende,
por quienes siempre a sí en los demás se ven?
Mi jornada mejor no me es posible
con mi señor que atiende a las mentiras,
pues diciendo verdad, es embustero quien no cree.

 

Soneto XVI 

Tú sabes que sé, mi señor, y sabes
que me aproximo más para gozarte,
y sabes que sé que sabes quién soy:
¿a qué pues más retardo en saludarse?
Si verdad es la esperanza que me das,
y verdad mi gran deseo concedido,
el muro rómpase alzado entre los dos,
que son más fuertes los daños ocultos.
Si sólo amo de ti, mi señor querido,
lo que de ti más amas, no te enojes,
si un espíritu del otro se enamora.
Lo que en tu bella faz aprendo y busco,
mal lo comprende el ingenio humano:
Quien saberlo quiera, ha de morir entonces.                                     

 

Soneto  XVII  

Si yo hubiera creído a la primer mirada
al cálido sol de esta fénix alma
por fuego renovarme, como acostumbra ella
en la vejez extrema, en el que entero ardo,
cual velocísimo ciervo, lince o leopardo
sigue su bien y del dolor escapa,
a los actos, sonrisas y honestas palabras
corriendo habría ido, mas soy presto tarde.
¿Pero porqué dolerme, si veo
en los ojos de este ángel único y contento
mi paz, mi reposo y mi entera salud?
Peor hubiera sido -quizá- primeramente
verlo y oírlo, que ahora con igual vuelo
consigo me arrastra a seguir su virtud.  

 

Soneto XVIII

Solo con fuego el herrero el hierro extiende
por hacer su trabajo igual a su concepto,
ni sin fuego artista alguno el oro
al sumo grado lo refina y vuelve;
ni el singular fénix se rehace
si no ardió primero; por lo que, si ardiendo muero,
espero más claro resurgir entre aquellos
a quienes muerte enaltece y no ofende el tiempo.
Del fuego que hablo me es gran ventura
aún para renovarme en mí tenerlo,
contándome ya casi entre los muertos.
O bien, si al cielo asciende por natura,
a su elemento, y estoy convertido en fuego
¿cómo ocurrirá que consigo no me suba?                                        

 

Soneto XIX

Tan amigo a la fría piedra le es su fuego interno
que, si con un golpe, la circunscribe,
aunque la queme y despedace, aún vive
uniendo con ello otras para lugar duradero.
Y si resiste en la hornaza, vence al estío
o al invierno, y alcanza mayor valor que
antes, como purgada entre las altas y divinas
almas que al cielo volviese del infierno.
Librado de mí, si me disuelve el fuego,
que dentro me es como un juego oculto,
ardo y me apago y aún puedo vivir mucho.
Entonces, si vivo hecho humo y polvo,
eterno bien seré, si me endurezco al fuego;
y quien me golpea no es hierro sino oro.

 

ISLA TERNURA DESDE EL CORAZÓN AMORES DE LEYENDA