ENKIDU EN SU LECHO DE MUERTE

 

 

 

 

"Oidme, ancianos, y prestad oido a mí

Por Enkidu, mi amigo, lloro,

gimiendo amargamente como una plañidera.

El hacha de mi costado, confianza de mi mano,

el puñal de mi cinto, el escudo que me cubría,

mi túnica de fiesta, mi más rico tocado

¡Un demonio perverso apareció arrebatándomelos!

Oh, mi amigo menor, tú cazaste

el onagro de las colinas, la pantera del llano

¡Enkidu, mi amigo menor, cazaste

el onagro de las colinas, la pantera del llano¡

Nosotros vencimos a todos, escalamos los montes,

prendimos al toro y lo matamos,

afligimos a Huwawa, que vivía en el bosque de los cedros

¿Que sueño se apoderó de ti?

Ignoras y no me oyes".

Pero Enkidu no alza sus ojos,

Gilgamesh toca su corazón, pero no late

 

Poema de Gilgamesh, tablilla VIII, columna II

 

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