GILGAMESH  Y ENKIDÚ

-¡ Escuchadme, ancianos, escuchadme: soy yo quien llora por Enkidú, mi amigo! Me lamento amargamente, como una plañidera: Oh hacha de mi costado, confianza de mi mano, puñal de mi cinto, escudo protector; ¡única de mis fiestas, cinturón de mi gozo, un perverso demonio ha surgido y te me ha arrebatado.
Oh Enkidú, amigo mío, mulo vagabundo, onagro de la estepa, leopardo del desierto, tú, con quien, juntos, habíamos escalado las montañas; habíamos capturado y matado al Toro Celeste, habíamos abatido a Humbaba, que vivía en el Bosque de los Cedros. Y ahora, ¿qué sueño se ha apoderado de ti?
¡Has perdido el conocimiento y ya no me oyes! Y él, en efecto, ya no podía levantar la cabeza; cuando tocó su corazón éste ya no latía.
Entonces cubrió el rostro de su amigo como el de una novia, como un águila se lanzó sobre él, como una leona a la que han privado de sus cachorros, va y viene sin cesar delante y detrás de él. Arranca y esparce sus cabellos con bucles, rasga y tira al suelo sus hermosos vestidos como si fueran una abominación.

 


LA EPOPEYA DE GILGAMESH

Siguiendo a Mircea Eliade, el mito narra una historia sagrada; relata un acontecimiento sucedido en el tiempo primordial, el fabuloso tiempo de los orígenes; cuenta cómo, gracias a las hazañas de seres sobrenaturales, se ha originado una realidad, ya sea el Cosmos o solamente una parte de él. El mito es siempre el relato de una creación.

Según lo creado hay varios tipos de mitos: cosmogónicos, cuando versan sobre la creación del mundo; teogónicos, cuando se refieren al origen de los dioses; antropogónicos, si son relativos al origen del hombre, etc.

Por otra parte, las leyendas son manifestaciones literarias que proceden de la tradición oral y relatan hechos sorprendentes, apoyándose en viejos mitos, en hechos sobrenaturales o maravillosos o en acontecimientos históricos que la fantasía popular adorna o desfigura.

En las leyendas no se busca normalmente el efecto instructivo y moral, como en los mitos, sino la admiración ante el misterio. Las leyendas se refieren a un pasado, pero no a un tiempo primordial -como el de los mitos, sin contexto histórico-, sino que siempre hacen alusión a alguna época o periodo. El lugar se indica con precisión y los personajes son individuos determinados, a veces históricos,. y de cualidad heroica.

 

La Epopeya de Gilgamesh

Se conservan cinco textos sumerios sobre Gilgamesh, rey de Uruk, que parece ser que vivió y reinó hacia mediados del tercer milenio a. C. y fue deificado en época posterior. 

Los escribas babilonios entretejieron e interpretaron estos textos para crear una epopeya completa. La versión definitiva que ha llegado hasta nosotros data, al parecer, del sigo VII a. C. (hacia el 650 a. C.).

La versión mas completa de la epopeya de Gilgamesh aparece en doce tablillas en escritura cuneiforme de la biblioteca de Asurbanipal, en Nínive. Gilgamesh, descrito como "dos tercios de dios y un tercio de hombre", oprime a sus súbditos en Uruk, y cuando éstos acuden a los dioses para pedirles un homólogo que mantenga a raya a Gilgamesh, los dioses crean a Enkidú, el salvaje típico cubierto de pelo y que vivía entre las bestias. Enkidú pierde sus características al mantener relaciones con una prostituta, que lo introduce en la civilización.

Enkidú llega a Uruk y entabla combate con Gilgamesh; tras medir sus fuerzas en combate, Gilgamesh y Enkidú se hacen amigos íntimos y realizan juntos heroicas empresas como matar al gigante Humbaba, que custodiaba el Bosque Sagrado de los Cedros. Tras esta aventura, la diosa Istar (una diosa equiparable a la Afrodita griega) se enamora de Gilgamesh y le propone ser su consorte pero él la rechaza. Istar se venga mandando sobre Uruk al "Toro del Cielo" o "Toro Celeste", una enorme y peligrosa bestia a la que Enkidú y Gilgamesh dan muerte.

Es entonces cuando los dioses deciden que Enkidú debe morir por haber dado muerte a Humbaba y al Toro del Cielo. Ante la suerte que corre Enkidú, Gilgamesh comprende la realidad de la muerte y se propone descubrir el secreto de la vida eterna.

Atraviesa el Rio de la Muerte para visitar al único hombre que ha conseguido la inmortalidad, el anciano Utnapishtim (una especie de Noé quien file protagonista de un Diluvio Universal muy similar al descrito en el Génesis). Gilgamesh le pide a Utnapishtim el secreto de la Inmortalidad y éste es el verdadero tema central de la Epopeya; el anciano le muestra una planta que proporciona la eterna juventud y Gilgamesh vuelve con ella a su reino con el objetivo de dársela a su pueblo. 

Pero, cuando ya están llegando el barquero del Río de la Muerte y él a Uruk, Gilgamesh deposita la flor sobre el suelo para beber agua en un río y una serpiente la coge y la devora, rejuveneciendo al instante. Gilgamesh comprende entonces la inevitabilidad de la muerte y lo inútil de esperar la inmortalidad. Éste es el mensaje de la epopeya de Gilgamesh tal y como se expresa en su versión más completa, la Babilonia.

Un poco al margen de este tema central de la epopeya, me gustaría incluir un fragmento que revela la profunda amistad forjada entre Gilgamesh y Enkidú, una de las más firmes amistades de la ficción universal. A la muerte de su amigo, el héroe manifiesta así su profundo dolor:

-¡ Escuchadme, ancianos, escuchadme:
soy yo quien llora por Enkidú, mi amigo! Me lamento amargamente, como una plañidera:
Oh hacha de mi costado, confianza de mi mano, puñal de mi cinto, escudo protector; ¡única de mis fiestas, cinturón de mi gozo, un perverso demonio ha surgido y te me ha arrebatado. Oh Enkidú, amigo mío, mulo vagabundo, onagro de la estepa, leopardo del desierto, tú, con quien, juntos, habíamos escalado las montañas; habíamos capturado y matado al Toro Celeste, habíamos abatido a Humbaba, que vivía en el Bosque de los Cedros. Y ahora, ¿qué sueño se ha apoderado de ti? ¡Has perdido el conocimiento y ya no me oyes! Y él, en efecto, ya no podía levantar la cabeza; cuando tocó su corazón éste ya no latía.
Entonces cubrió el rostro de su amigo como el de una novia, como un águila se lanzó sobre él, como una leona a la que han privado de sus cachorros, va y viene sin cesar delante y detrás de él. Arranca y esparce sus cabellos con bucles, rasgo y tira al suelo sus hermosos vestidos como si fueran una abominación.

(Del "Poema de Gilgamesh", ed. Federico Lara Peinado, Tecnos, Madrid, 1998)

En este fragmento se puede apreciar la riqueza del poema y la enorme simbología erótica de algunos versos ("hacha de mi costado", cintaron de mi gozo", "leopardo del desierto", etc). 


Esta profunda amistad entre dos héroes y el profundo dolor de uno de ellos cuando muere el otro es un terna repetido en otras epopeyas tales como la Ilíada; recuérdese la amistad entre Aquiles y Patroclo y la profunda pena de Aquiles cuando Héctor dio muerte a su amigo-amante y, por cierto, Aquiles también se cortó el pelo sobre el cadáver de Patroclo, como hizo Gilgamesh.

Para terminar, una anécdota: se cuenta que, cuando Alejandro Magno llegó a Babilonia, le narraron la historia de Gilgamesh e inmediatamente se identificó con el héroe, diciendo, además, que Hefestión era su Enkidú.

Alejandro volvería a repetir el sentimiento de profunda pena y prolongado luto (corte de pelo incluido y pira funeraria de diez mil talentos de oro erigida en su funeral), por la muerte de quien él acostumbraba a llamar "mi Patroclo"; cuando murió Hefestión, en el 324 a. C., Alejandro estuvo a punto de perder la razón y sólo le sobrevivió siete meses, muriendo el diez de junio del año 323 a. C. en Babilonia, la tierra de Gilgamesh.

Ana Santos Carro.

 

Poema  " A Enkidu en su lecho de muerte"

ISLA TERNURA DESDE EL CORAZÓN AMORES DE LEYENDA