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LA EPOPEYA DE GILGAMESH
Siguiendo a
Mircea Eliade, el mito narra una historia sagrada; relata un
acontecimiento sucedido en el tiempo primordial, el fabuloso
tiempo de los orígenes; cuenta cómo, gracias a las hazañas de
seres sobrenaturales, se ha originado una realidad, ya sea el
Cosmos o solamente una parte de él. El mito es siempre el
relato de una creación.
Según lo creado
hay varios tipos de mitos: cosmogónicos, cuando versan sobre la
creación del mundo; teogónicos, cuando se refieren al origen
de los dioses; antropogónicos, si son relativos al origen del
hombre, etc.
Por otra parte,
las leyendas son manifestaciones literarias que proceden de la
tradición oral y relatan hechos sorprendentes, apoyándose en
viejos mitos, en hechos sobrenaturales o maravillosos o en
acontecimientos históricos que la fantasía popular adorna o
desfigura.
En las leyendas
no se busca normalmente el efecto instructivo y moral, como en
los mitos, sino la admiración ante el misterio. Las leyendas se
refieren a un pasado, pero no a un tiempo primordial -como el de
los mitos, sin contexto histórico-, sino que siempre hacen
alusión a alguna época o periodo. El lugar se indica con
precisión y los personajes son individuos determinados, a veces
históricos,. y de cualidad heroica.
La
Epopeya de Gilgamesh
Se conservan
cinco textos sumerios sobre Gilgamesh, rey de Uruk, que parece
ser que vivió y reinó hacia mediados del tercer milenio a. C.
y fue deificado en época posterior.
Los escribas
babilonios entretejieron e interpretaron estos textos para crear
una epopeya completa. La versión definitiva que ha llegado
hasta nosotros data, al parecer, del sigo VII a. C. (hacia el
650 a. C.).
La versión mas
completa de la epopeya de Gilgamesh aparece e n doce tablillas en
escritura cuneiforme de la biblioteca de Asurbanipal, en Nínive.
Gilgamesh, descrito como "dos tercios de dios y un tercio
de hombre", oprime a sus súbditos en Uruk, y cuando éstos
acuden a los dioses para pedirles un homólogo que mantenga a
raya a Gilgamesh, los dioses crean a Enkidú, el salvaje típico
cubierto de pelo y que vivía entre las bestias. Enkidú pierde
sus características al mantener relaciones con una prostituta,
que lo introduce en la civilización.
Enkidú llega a
Uruk y entabla combate con Gilgamesh; tras medir sus fuerzas en combate, Gilgamesh
y Enkidú se hacen amigos íntimos y realizan juntos heroicas
empresas como matar al gigante Humbaba, que custodiaba el Bosque
Sagrado de los Cedros. Tras esta aventura, la diosa Istar (una
diosa equiparable a la Afrodita griega) se enamora de Gilgamesh
y le propone ser su consorte pero él la rechaza. Istar se venga
mandando sobre Uruk al "Toro del Cielo" o "Toro
Celeste", una enorme y peligrosa bestia a la que Enkidú y
Gilgamesh dan muerte.
Es entonces
cuando los dioses deciden que Enkidú debe morir por haber dado
muerte a Humbaba y al Toro del Cielo. Ante la suerte que corre
Enkidú, Gilgamesh comprende la realidad de la muerte y se
propone descubrir el secreto de la vida eterna. 
Atraviesa el Rio
de la Muerte para visitar al único hombre que ha conseguido la
inmortalidad, el anciano Utnapishtim (una especie de Noé quien
file protagonista de un Diluvio Universal muy similar al
descrito en el Génesis). Gilgamesh le pide a Utnapishtim el
secreto de la Inmortalidad y éste es el verdadero tema central
de la Epopeya; el anciano le muestra una planta que proporciona
la eterna juventud y Gilgamesh vuelve con ella a su reino con el
objetivo de dársela a su
pueblo.
Pero, cuando ya
están llegando el barquero del Río de la Muerte y él a Uruk,
Gilgamesh deposita la flor sobre el suelo para beber agua en un
río y una serpiente la coge y la devora, rejuveneciendo al
instante. Gilgamesh comprende entonces la inevitabilidad de la
muerte y lo inútil de esperar la inmortalidad. Éste es el
mensaje de la epopeya de Gilgamesh tal y como se expresa en su
versión más completa, la Babilonia.
Un poco al margen
de este tema central de la epopeya, me gustaría incluir un
fragmento que revela la profunda amistad forjada entre Gilgamesh
y Enkidú, una de las más firmes amistades de la ficción
universal. A la muerte de su amigo, el héroe manifiesta así su
profundo dolor:
-¡ Escuchadme,
ancianos, escuchadme:
soy yo quien llora por Enkidú, mi amigo! Me lamento
amargamente, como una plañidera:
Oh hacha de mi costado, confianza de mi mano, puñal de mi
cinto, escudo protector; ¡única de mis fiestas, cinturón de
mi gozo, un perverso demonio ha surgido y te me ha arrebatado.
Oh Enkidú, amigo mío, mulo vagabundo, onagro de la estepa,
leopardo del desierto, tú, con quien, juntos, habíamos
escalado las montañas; habíamos capturado y matado al Toro
Celeste, habíamos abatido a Humbaba, que vivía en el Bosque de
los Cedros. Y ahora, ¿qué sueño se ha apoderado de ti? ¡Has
perdido el conocimiento y ya no me oyes! Y él, en efecto, ya no
podía levantar la cabeza; cuando tocó su corazón éste ya no
latía.
Entonces cubrió el rostro de su amigo como el de una novia,
como un águila se lanzó sobre él, como una leona a la que han
privado de sus cachorros, va y viene sin cesar delante y detrás
de él. Arranca y esparce sus cabellos con bucles, rasgo y tira
al suelo sus hermosos vestidos como si fueran una abominación.
(Del "Poema
de Gilgamesh", ed. Federico Lara Peinado, Tecnos, Madrid,
1998)
En este fragmento
se puede apreciar la riqueza del poema y la enorme simbología
erótica de algunos versos ("hacha de mi costado",
cintaron de mi gozo", "leopardo del desierto",
etc).
Esta profunda amistad entre dos héroes y el profundo dolor de
uno de ellos cuando muere el otro es un terna repetido en otras
epopeyas tales como la Ilíada; recuérdese la amistad entre
Aquiles y Patroclo y la profunda pena de Aquiles cuando Héctor
dio muerte a su amigo-amante y, por cierto, Aquiles también se
cortó el pelo sobre el cadáver de Patroclo, como hizo
Gilgamesh .
Para terminar,
una anécdota: se cuenta que, cuando Alejandro
Magno llegó a Babilonia, le narraron la historia de
Gilgamesh e inmediatamente se identificó con el héroe,
diciendo, además, que Hefestión era su Enkidú.
Alejandro volvería
a repetir el sentimiento de profunda pena y prolongado luto
(corte de pelo incluido y pira funeraria de diez mil talentos de
oro erigida en su funeral), por la muerte de quien él
acostumbraba a llamar "mi Patroclo"; cuando murió
Hefestión, en el 324 a. C., Alejandro estuvo a punto de perder
la razón y sólo le sobrevivió siete meses, muriendo el diez
de junio del año 323 a. C. en Babilonia, la tierra de
Gilgamesh.
Ana
Santos Carro.
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