Jaume Santandreu, un sacerdote atípico: El cura gay de los pobres

por José M. Vidal

 

A Santandreu lo ha silenciado la jerarquía eclesiástica por su homosexualidad, pero sigue oficiando para los marginados.

UN CURA ATÍPICO

Santandreu? Es un cura maricon, dedicado a la marginación, que blasfema de Dios y sale en la tele hablando mal del obispo». Así define un clérigo del aparato a su compañero de presbiterio Jaume Santandreu, un cura iluminado y trasgresor que, desde hace 40 años, se juega la vida en el lumpen, que no oculta su homosexualidad y que escandaliza a la casta clerical y a la sociedad bienpensante mallorquina. Su propia vida es una denuncia explícita de la acomodación de los seguidores del Nazareno, «que nació en Belén, apostó por los marginados y los pecadores, sus preferidos, y por eso lo mataron».

EN CAN GAZA (Mallorca/España). Desde hace 10 años, Jaume Santandreu acoge a drogadictos y enfermos en una finca a pocos kilómetros de Palma de Mallorca. Ahora mismo da cobijo a 40 personas a las que facilita habitación, comida, ropa limpia y algo de dinero a quien no cobra pensión. Le ayudan su sobrina y algunos voluntarios. FOTO: Caty Cladera


A Jaume Santandreu también intentaron matarlo eclesialmente con el ostracismo y el silencio. Sin conseguirlo. A sus 65 años y recién jubilado sigue siendo el refugio de los más tirados y un auténtico dolor de muelas para la jerarquía. «El obispo me la sopla», sentenció en la tele hace un tiempo.

Realmente, como cura, Santandreu resulta un personaje atípico. Se declara agnóstico pero se confiesa un «enamorado de Jesús de Nazaret, el fusteret (chapuzas) y un servidor del Evangelio». Por eso, cree en el Magnificat, en las Bienaventuranzas, en el Juicio Final y en el Padre Nuestro. El meollo del Evangelio de los pobres. De la Iglesia, en cambio, no quiere saber nada, porque «traicionó el Evangelio. La ONU debería obligarla a democratizarse o a desaparecer, porque es una gran secta».

Dice que el Papa está «chocho», tacha a los obispos de «mediocres», considera a Rouco «la repugnancia personificada», despotrica contra el Opus y no se corta al afirmar que «los eclesiásticos más homófobos son los homosexuales de la Iglesia que no han salido del armario». «Me repugna pensar que los cardenales que firman los panfletos contra los homosexuales, por la noche se acuestan con...», añade.


LA SOLEDAD DE MANTERO


Como es lógico, conoce a Mantero, el cura de Huelva que salió del armario hace dos años. «Di la cara por él, pero yo nunca lo haría de una forma tan solemne como él. Me temo que no midió bien sus fuerzas. La libertad tiene un precio que nunca perdona: la soledad».

Nacido en Manacor en 1938, Jaume Santandreu i Sureda creció en el seno de una familia de campesinos que tuvo cinco hijos. Sus padres, muy avanzados para la época, los hicieron estudiar a todos. Hoy, una hermana es monja y otra, maestra. El resto murió. Al igual que su padre, al que admira, y su madre, recientemente fallecida y con la que nunca cortó el cordón umbilical.

Para escapar del arado y conseguir educación superior, Jaume se fue al seminario. Como tantos chavales de su época. Pero también por vocación. «Nací cura desde las entrañas de mi madre», afirma. Lo que no esperaba allí era ser «torturado». A los seis años, sostiene con lágrimas en los ojos, fue repetidamente violado por un sacerdote. Y al abuso se añadió el trauma de tener que declarar ante un tribunal eclesiástico con sólo 11 años. «Tuve que jurar sobre una Biblia que iba a decir la verdad y que jamás contaría lo que había ido a declarar».

Una prueba viviente de que ya en tiempos de Juan XXIII existía una norma vaticana que prohibía bajo pena de excomunión divulgar los casos de pederastia del clero católico, ley que hace sólo unas semanas destapó la prensa norteamericana.

En el seminario, además, Santandreu descubrió sus tendencias, si bien consiguió sublimarlas siempre. «Y eso que me enamoré de un compañero más mayor». Era por entonces un seminarista convencido, piadosísimo y hasta medio santo. De los que llevaban cilicio y tenían la sensación de levitar cuando rezaban. Inteligente y bueno, en el seminario fue creciendo en sabiduría y bondad, aunque con su secreto a cuestas. Optó por el celibato y se ordenó en 1960.

Durante tres años fue un cura normal, metido en el movimiento de los Cursillos de cristiandad, uno de los movimientos pastorales que hacía furor en aquella época. Iba por los pueblos dando misiones y convertía a los campesinos mediante su verbo encendido y los testimonios, en vivo y en directo, de otros campesinos ya conversos.

Joven, apuesto y de verbo fácil, Santandreu era el clásico cura que arrastraba a las masas. Para propagar el movimiento en Latinoamérica, lo mandaron a Perú, donde estuvo cinco años y de donde regresó transformado. «Allí descubrí la miseria, el sexo y la democracia. Y se me cayeron todos los dogmas. Perdí los cristos».

Era la época de los curas guerrilleros de Colombia (Camilo Torres y compañía) y la del Che en la vecina Bolivia. De hecho, antes de volver a España, lo último que hizo fue oficiar una misa por Ernesto Che Guevara, ejecutado el día antes. Volvió transformado.

Para no cobrar de Franco ni depender de la Iglesia, se hizo cura obrero y se encarnó como camarero y sindicalista en el sector de la hostelería con cinco compañeros. Entre ellos Paco Obrador, el que fuera alcalde socialista de Calviá y actual presidente del Consejo Económico y Social. Entró en Bandera Roja, una organización comunista afín a Cristianos por el Socialismo.

Poco a poco, sus compañeros fueron subiendo, mientras él cada vez bajaba más. Hasta que saltó de los obreros al lumpen. «Con los obreros, sólo se pueden conseguir burgueses situados. Lo único diferente es el lumpen». Y a ellos dedicó su vida en diversos centros que iba creando y dejando a medida que se institucionalizaban: Can Pere Antoni, Can Ribes, Es Puig des Bous, l'Hospital de Nit, Es Refugi y, ahora, Can Gaza.

Desde hace 10 años, Can Gaza es su casa. Se trata de un casal antiguo, de tres pisos, en medio de un terreno de dos hectáreas, que le donó la madre de la señora Amparo Benito Cañellas, con la condición de que lo dedicase a los más pobres. Un oasis de paz a pocos kilómetros del centro de Palma. Allí, Santandreu recoge a yonquis y enfermos. Hoy tiene 40.

En la casa no hay puertas ni llaves ni cerrojos. Ha convertido a los yonquis en una familia y al casal en un hogar donde viven con dignidad la última etapa de sus vidas. Una especie de comuna autogestionaria. Con turnos para hacer la comida, fregar, limpiar, lavar o cuidar ovejas, gallinas y cerdos. Y sin subvenciones de ningún tipo. Sólo con la ayuda de la gente que les lleva desde cerdos enteros, a leche, arroz, aceite o jabón. La casa funciona en torno a Santandreu (que es el padre, el guía, el cacique y el pastor), unos cuantos voluntarios y su sobrina.

La mitad son yonquis. La otra mitad enfermos desahuciados, muchos de sida. Cuando llegan Santandreu les dice: «No sois niños, no tendréis niñeras. No sois presos, no tendréis guardianes. Ésta es vuestra casa». Y como en su casa se sienten todos. Tienen una habitación, comida, ropa limpia, un poco de dinero el que no cobra pensión y, sobre todo, mucho cariño y mucha paz. «Estamos viviendo en la última estación. Por eso hay calma. Aquí ya nadie espera trenes. La única esperanza es la del día a día», explica Santandreu. Y sin embargo, Can Gaza no parece un moridero, sino el hogar de los tirados que, al llegar aquí, dejan de serlo.


SUS INQUILINOS


Como dice José, uno de los inquilinos de la casa, «andar en la calle, entre cartones, es lo más duro del mundo». Ibrahim asiente con la cabeza. Es de Sierra Leona, tiene 27 años y sufre una profunda esquizofrenia. Dice que está embarazado de una sirena y quiere quedarse en España «para bailar de gogó de discoteca, fumando porros y tomando pastillas». Llegó a España en 1995, tras ver cómo mataban a toda su familia.

El padre Santandreu dirige todo esto con cercanía, cariño y respeto.«Para meterte en una jaula de lobos tienes que saber ser más lobo que ellos», explica. No sólo atiende a los 40 de Can Gaza. Es el cura de los marginados, una institución en Mallorca. A él, y sólo a él, acuden muchos pobres cuando quieren celebrar algo. Y él los casa, bautiza a sus hijos o los entierra con dignidad. Donde le pidan: en la calle, en un parque, en una taberna o en una iglesia. Hace poco casó a dos homosexuales. «¡Si vieras cómo lloraban al sentirse acogidos en una iglesia y queridos por Dios!».

A los que quieren y aún pueden desplazarse, les administra sus «sacramentos de contrabando» en la parroquia de Santa Brígida, pegada a la Fundación Miró y muy cerca del palacio de Marivent.«Soy el vicario de la Reina», dice entre risas. El año pasado celebró más de 250 sacramentos aunque dice que ha puesto fin a esta actividad porque no tiene suplente en Can Gaza y, con la edad, van mermando las fuerzas.

De lo que no claudica es de sus profundas convicciones políticas.«Soy de izquierdas, republicano y catalanista». Milita en Esquerra Republicana de Cataluña y es amigo de Carod Rovira.

Como catalanista que «habla mallorquín y escribe en catalán» tiene publicadas más de 20 obras. Desde novela y autobiografía a poesía. Con premios y el reconocimiento de la crítica. Escribe poemas para sus pobres y, a veces, se los lee. Y los ojos de los maltratados por la vida brillan por un momento de amor y gratitud.

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Nota: Jaume Santandreu ha ganado el 1er premio "Terenci Moix" de narrativa gay con la novela "Armarios en el Vaticano" /Julio 2004

 

FUENTE: Suplemento de EL MUNDO/ Crónica 448 / Domingo 16 de mayo de 2004

 

 

 

 

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