DIOS HABLA DE MUCHOS MODOS

José Mantero*

Polimeros kai politropos  (Dios habla de muchos modos)


¿Qué más dará que uno sea heterosexual o hilandera de Velázquez, gay o camionero de área de servicio, bisexual o maquinista de la general, transexual o Buster Keaton vestido de corto? ¡Qué más da! Lo importante, lo definitorio incluso, es que esté uno capacitado para querer, para amar, para estar con alguien y sentir que tu vida no se deconstruye en el vórtice de un absurdo e irracional solipsismo que, sí, lleva a la perdición.

Porque de eso precisamente se trata, de algo tan serio y al tiempo tan legítimo, necesario y natural como amar. Las personas heterosexuales, gays y lesbianas, bisexuales o transexuales no son sólo aquéllas que sienten atracción sexual hacia determinado sexo el propio, en el caso gay sino esencialmente aquéllas que están estructuralmente preparadas para amar, en una determinada orientación. O en otra, que tanto monta.

Menuda está cayendo en las Españas unas, grandes y libres desde que, el día 1, apareció en la revista Zero mi entrevista. El camino que me lleva hasta este medio comienza con la aparición en Facanías publicación valverdeña del Centro Cultural Católico de una columna mía titulada Orgullo Gay. Poco tiempo después recibí una llamada del redactor jefe de Zero preguntándome si estaría yo de acuerdo en concederles una entrevista. Tras meditar, reflexionar y calibrar la invitación y las consecuencias que podría acarrear (y acarrearme) decidí responderles afirmativamente. El resto ya lo conoce el lector. 

Pues lo dicho, menuda está cayendo: dimes y diretes (normal) y por encima de todo el tremendo acoso mediático planeando sobre mi cabeza, mis convecinos e incluso mi propia familia, a la que en ningún momento se ha dejado de bombardear, en alguna ocasión de manera cruel, mórbida e inhumana.¿También es esto normal?

Se oye de todo: que si me convierto en icono gay, que si es una causa por la que vale la pena apostar alma y vida (sí), que si qué sé yo cuántas historias. De vivir en la tranquilidad no ya del anonimato sino de la vida lógica de un ciudadano de a pie, me encuentro de golpe y porrazo con ¿la fama? Disculpe el lector mi risa. Una cena de restaurante en la que todos los ojos se me vuelven; una remake de Starsky y Hutch en determinada cadena de televisión que me entrevista y a poco se ve obligada a ponerme escolta personal, en fin... La bomba, lo dice todo el mundo.

Lo que yo honestamente me pregunto es dónde estaban todos hace bien poco cuando en Valverde del Camino y desde Facanías denunciábamos otros y yo la explotación laboral de las clases trabajadoras, particularmente en el sector del calzado. En aquella ocasión no me vi obligado a desaparecer unos días, siquiera unos minutos, cuando un par de discretas cámaras de algún medio informativo se acercaron sin ningún tipo de apresuramiento al pueblo.

Entonces podía entrar en cualquier cafetería y saludar a mis amigos sin mirar hacia atrás. Entonces entraba y salía tan ricamente de todos sitios. Entonces no tenía que desconectar mi teléfono móvil porque desde las siete de la mañana a algún preclaro encéfalo se le ocurre que hay tomate. Entonces.

Entonces y ahora. España, la casposa, la que viste de duelo y el rey no tiene consuelo, María de las Mercedes, se rasga las vestiduras antes de la penitencia cuaresmal, porque a alguien se le ha ocurrido decir que es gay, y que es sacerdote católico, y que eso no es ni mucho menos contra natura perdóneme Monseñor Asenjo: gloriosas sus declaraciones acerca de la homosexualidad como «desorden moral».

Perdóneme, pero acuérdese así mismo, cuando rece completas y concluya pidiendo a Dios una noche tranquila y una muerte santa, de pedirme perdón también a mí, a todos los gays y lesbianas de España y del mundo y, por encima de todo, a Dios Padre por haber negado una vez más, una de tantas, la vida que tiene ante sí , cuando precisamente habría mucha tela que cortar en lo que respecta a la mismísima natura.

Entonces y ahora. Dichoso ahora de la España profunda, no la de la pandereta sino la de algo más siniestro, destructor y morboso: la carnaza. La que disculpa, tolera y perdona la injusticia subyacente a la economía sumergida, los sobresueldos y la violencia pero siente un pánico atroz ante los aires sencillamente humanos, ante la tentación de alguien de muchos, gracias a Dios de vivir como El Totalmente Otro les da a entender, como saben o simplemente como les da la gana porque así lo sienten o lo estiman oportuno. La que cierra los ojos frente a la pobreza y desmesurada y desacompasadamente abre los de sus objetivos frente a la realidad de una orientación sexual. Spain is different? Tal vez. Es tragicómico.

Pero, sí, ahí seguirán las muchísimas familias de los mineros de las cuencas de Río Tinto y Tharsis, viviendo más que en precario y sin percibir horizonte alguno de futuro económico, laboral ni familiar. Ahí seguirán las extranjerías en larguísimas colas frente a un despacho cualquiera, a la intemperie no ya del frío sino de la sociedad y el mismo Estado. Ahí seguirán. Probablemente sin cámara que llevarse a la pose y sin perro que les ladre. Pero no son carnaza, morbo.

Esas otras son también mis causas, y no en exclusiva el mundo gay y lésbico. Esas otras causas también he defendido y defiendo. Pero sencillamente no había grabación de «recursos». Sic transit gloria mundi.

A un cura se le ocurre manifestar libremente su homosexualidad y adiós a otras historias. Bueno, la boda principesca del glamour y la fanfarria, pero poco más.

Polimeros kai politropos, comienza el exordio en griego de la carta a los Hebreos en el Nuevo Testamento. De muchos modos y en muchas partes habló Dios... ¿Puede Dios estar hablando ahora en eskhatoi, en los últimos tiempos y días a través de esto que está pasando, que me está pasando? Juzgue quien corresponda, que a todos nos toca por cierto. Polimeros kai politropos habló, habla y seguirá hablando el que nos creó heterosexuales, gays y de todo signo.

Vivimos, se dice, en el seno de una sociedad tolerante. Me pregunto qué se entiende como tolerancia cuando ésta se da únicamente en los escritos, apariciones estelares y demás poses cara a la galería y luego en la vida somos los más terribles de los intolerantes.¿Qué pasa? Eso, que por qué ha pintao tus ojeras la flor del lirio real...

Tolerancia y respeto, sólo de nombre, no son tales, voto a tal. Es nominalismo puro y duro. Es terrible. Dios dirá e irá dictando seguramente lo que ocurrirá a partir de ahora, no ya respecto a mi sino a todo lo que se mueve, habla y piensa. Pero que no se me venga con la fanfarria de la tolerancia cuando es simple barniz.

Habrá que concluir, en la vivencia del nominalismo este dichoso, con el admirado Gilbert Becaud: L important c est la rose. Lo importante es la rosa. Pero stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus? *

* De la primera rosa sólo nos queda el nombre, ¿nos conformamos sólo con nombres?

 

José Mantero es (era, ya que ha sido expulsado)  sacerdote de un pueblo de Huelva (España)  que en febrero de 2002 confeso públicamente su homosexualidad.

 

 

 
Información sobre el caso Mantero
Entrevista con el Padre Mantero

 

 

 

ISLA  TERNURA  AREA DEL CONOCIMIENTO LEYES & RELIGIONES